Archivo de la etiqueta: Revista PUNTO

VISITAS MEMORABLES

1. Kenzo Tange, con cámara en mano, frente a la Oficina del Gobierno de la Prefectura de Kagawa en el momento de su finalización. 1958

Kenzo Tange (1913-2005)

El que ha sido considerado como el más importante e influyente arquitecto japonés del siglo XX, tuvo la oportunidad de visitar Venezuela en tres ocasiones: la primera en 1976 invitado por los organizadores de la VI Bienal Nacional de Arquitectura (evento que se realizó en los espacios del Museo de Bellas Artes) para participar en un ciclo de charlas donde también figuraban Oriol Bohigas y Fernando Belaúnde Terry; la segunda a finales de 1978, finalizando la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez invitado especialmente por el Colegio de Arquitectos de Venezuela y la Sociedad Bolivariana de Arquitectos; y la tercera en 1980 invitado por el grupo C.A. TEKTO encabezado por Carlos Celis Cepero a la sazón asociado suyo en nuestro país desde el punto de vista profesional (alianza que, aunque tuvo entre sus proyectos posibles realizar un Plano Regulador para Caracas, finalmente dejaría pocos frutos).

El paso de Tange quedó registrado en diversos momentos y espacios diferentes: las revistas ARKETIPOS Nº 1 (1984), 2 (1984) y 3 (1985) que amplían con material fotográfico las dos visitas (que ampliaremos en un próximo Contacto FAC), y, enfocadas en la venida de 1978, una breve nota aparecida en el nº 61 (junio 1979) de la revista Punto y una entrevista realizada por Miguel Coronado y Víctor Houtman publicada en el nº 23 de la revista estudiantil Taller, la cual estuvo acompañada de un breve texto de Tange titulado “Función, estructura y símbolo”, traducido por Houtman del cual lamentablemente no se especificó la fuente y que peca de numerosas imprecisiones producto de la propia traducción.

Cabe añadir que el nº 61 de Punto, casualmente, fue el primero de una nueva etapa que bajo la dirección de Henrique Vera (al frente desde 1976 del recién creado Centro de Información y Documentación -CID- de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV), buscaba imprimirle un giro significativo al enfoque que a lo largo de 60 entregas que ocuparon 18 años le había dado Antonio Granados Valdés a la revista, para lo cual se hizo acompañar de un Comité de Redacción integrado por Mariano Goldberg, Ramón León, Manuel López y Juan Pedro Posani. De allí quizás lo escueto de la nota aparecida en la sección de noticias de la publicación, de la que se deduce que Tange (debido a sus relaciones y contactos en Venezuela) no era considerado objeto de loable reconocimiento para los nuevos editores de Punto, cuando tal vez para Granados hubiera significado un despliegue mayor dada la importancia del personaje. Para confirmar esta apreciación nada mejor que transcribir lo allí aparecido: “Entre los días 7 y 12 de diciembre pasado visitó nuestro país el arquitecto japonés Kenzo Tange. Dentro de su amplio programa de actividades, dictó una conferencia el 8 de diciembre en el Auditorio ‘Carlos Raúl Villanueva’ de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela.(…) La charla versó sobre sus últimos proyectos, entre los cuales se pueden señalar la Embajada y Cancillería de Bulgaria (1972-1974) y el Palacio de Su Majestad el Sha Reza Pahlevi, en Teherán (1977). Las ambigüedades de la conferencia dejaron en el público opiniones controversiales”.

2. Portadas de las revistas Punto nº 61 y Taller nº 23
3. Kenzo Tange en su visita a la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV acompañado de Magalí Ruz Brewer y Henrique Vera

Por su parte, los estudiantes Coronado y Houtman, a sabiendas de la trascendencia y estatura que ya para entonces había alcanzado Tange en todo el mundo y con un importante dejo de admiración no exento de crítica ideológica, logran a través de la para entonces Directora de Extensión de la FAU, Magalí Ruz Brewer, establecer contacto con Tange por mediación de su asistente, el Sr. Omar Take (profesor de arquitectura del Massachusetts Institute of Technology -MIT-), quien acuerda recibirlos en el hotel Tamanaco, donde Tange se hospedaba, el domingo 10 de diciembre a las 7 p.m.

La entrevista, en la que el Sr. Take fungió de traductor, realizada en la suite que ocupaba el destacado arquitecto japonés, se inició con la pregunta: “¿Profesor, qué le motivó a seguir estudios de arquitectura?” de cuya respuesta se desprende que fue el contacto con la obra de Le Corbusier la que hizo a Tange tomar la senda de la profesión en la que tanto destacó.

Hay un momento muy interesante del encuentro en el cual Coronado confiesa que iba dispuesto a presionar a Tange con “mis dudas, con mi realidad, capitalismo, explotación, socialismo, totalización, pero este hombre de hablar reflexivo, profundo, tranquilo, se me mostraba muy lejos de mis problemas, de los problemas de mi pueblo, para él no existía mi realidad”, claro síntoma del clima politizado que se vivía en buena parte de la FAU UCV y que se reflejaba en la formación de quienes por allí pasaban.

Otra muestra de las preocupaciones estudiantiles procedentes del enfoque que se le daba a su enseñanza, es la que se esconde tras otra pregunta formulada por Coronado: “¿Qué entiende usted por Arquitectura Nacional?”, a lo cual Tange, con claridad y concreción responde: “Yo pienso que la Arquitectura hoy es más global, yo no pienso que la Arquitectura es solamente nacional. Los vínculos materiales del mundo hacen una arquitectura del globo”, lo que permitió abrir el intercambio hacia temas tan interesantes como la cultura y la tradición locales y su impacto sobre la arquitectura que el arquitecto produce. Tange al respecto precisará: “Sí, yo creo en elementos particulares a cada cultura, pero nosotros no usamos vestidos japoneses, ni ustedes usan corbatas venezolanas. Hoy vivimos en una realidad más global. Antes de las grandes guerras mundiales el mundo estaba completamente separado, eran más individuales todos los países (…) …ahora las relaciones de los diferentes países del mundo están tan unidos y ligados por los sistemas de comunicación que un mismo programa de televisión lo puede ver todo el mundo, entonces internacional es cuando las realidades se unen, están relacionadas, pero lo global es cuando todo pasa al mismo tiempo…”.

Las ideas expuestas por Tange a los estudiantes, cuya ambigüedad causó polémica en su presentación del Auditorio de la FAU (más allá de las obras que mostró), se encuentran resumidas en el ya señalado texto “Función, cultura símbolo”. Tange se muestra por entonces muy atento a los cambios sociales que produce el desarrollo de los sistemas de comunicación y la tecnología asociada a la informática. También critica las limitaciones que han traído los enfoque eminentemente funcionales caracterizados por su falta de dinamismo y por un elevado determinismo en la relación entre uso y espacio, abogando por la aparición de sistemas espaciales cambiantes e interconectados cargados a su vez de significado. En tal sentido señalará: “Yo me aventuraría a decir que nosotros necesitamos un enfoque simbólico para los espacios arquitectónicos y urbanos como manera para asegurar la humanidad. (…) Me parece a mi que algunos campos de la Arquitectura moderna y el espacio ciudad están necesitando el símbolo del día. (…) El enfoque arquitectónico y urbano incluye al proceso de darle función y al de darle estructura al espacio. Cuando le damos una forma tipificada a una función tipificada aquella función es inmediatamente aparente al ojo y cobra propia identidad. Si seguimos esta noción más allá, nosotros veremos que no solamente podremos expresar a través de la forma su función física sino también su significado metafísico, en este estado cuando a cierto espacio se le da una expresión simbólica a su función necesitamos de un enfoque simbólico”. Y, a modo de resumen: “Existe una poderosa necesidad de simbolismo, y eso significa que la arquitectura debe tener algo que atraiga al corazón humano. Sin embargo, las formas básicas, espacios y apariencias deben ser lógicas”.

De la entrevista realizada por Coronado y Houtman, trasciende que Tange pudo observar Caracas desde el aire mediante un vuelo en avioneta y también desde la montaña (presumimos que tuvo oportunidad de subir a la cima del Ávila en teleférico o ver la ciudad desde alguna de sus colinas), y logró precisar cómo “el carácter de la ciudad es muy interesante porque hay una unidad en el color, todas las paredes blancas y los techos rojos”, dejando deslizar, aparte de tan peculiar observación, que venía con la información de que Caracas significaba “los techos rojos”, cosa que los entrevistadores lograron con dificultad desmentir y aclarar que se trataba de una expresión acuñada por uno de nuestros literatos (Enrique Bernardo Núñez, para ser más precisos) a partir del predominio de cubiertas de tejas en la mayoría de sus edificaciones desde épocas de la colonia.

4. Cuatro importantes obras de Kenzo Tange. Arriba izquierda: Parque y memorial de la paz de Hiroshima, 1950-1956. Arriba derecha: Gimnasio Nacional Yoyogi (Gimnasio Nacional de Tokio), Tokio, 1961-1964. Abajo izquierda: La catedral de Santa María en Tokio, 1964. Abajo derecha: Gran cubierta de la Exposición Universal de Osaka, 1970.

Tange, quien murió a los 91 años, visita Caracas con 65 encontrándose en el punto más importante de su vasta carrera. Para entonces ya había transitado su experiencia como parte del Grupo Metabolista (movimiento del que presentó su manifiesto en el congreso del CIAM de 1959) y formaban parte de su portafolio proyectos tan importantes como: el Parque y Memorial de la Paz de Hiroshima, 1950-1956; su casa de habitación, 1951-1953;  la Prefectura de Kagawa, 1955-1958; el Ayuntamiento de Kurashiki, 1958-1960; el Plan para la Bahía de Tokio, 1960; el Gimnasio Nacional Yoyogi (Gimnasio Nacional de Tokio), 1961-1964; la Catedral de Santa María de Tokio, 1964; el Centro de Prensa y Difusión Shizouka, 1967;  la Expo ’70, Osaka, Japón; y junto a Pedro Ramírez Vásquez y Rosen Morrison la Embajada del Japón en Ciudad de México, 1976. Fue distinguido con importantes galardones como la Medalla de Oro del Royal Institute of British Architects (RIBA), la Medalla de Oro del American Institute of Architects (AIA), la Medalla de Oro de la Academia Francesa de Arquitectura y el Premio Pritzker el año 1987, el más prestigioso de la arquitectura a nivel internacional.

Su obra, en la que desarrolló un profundo conocimiento y destreza en el uso del concreto armado, puede resumirse según sus propias palabras de la siguiente manera:
«(…) Me siento muy afortunado de haber atestiguado la transformación de Japón desde la devastación de la guerra hasta su crecimiento actual. Como arquitecto, no deseo repetir lo que ya he hecho. Creo que cada proyecto es un puente para el próximo, por lo que es muy importante rescatar el pasado para cambiar el futuro (…)»

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. https://www.indesignlive.hk/articles/in-review/tange-by-tange-1949-1959-kenzo-tange-as-seen-through-the-eyes-of-kenzo-tange

2 y 3. Colección Crono Arquitectura Venezuela

4. Arriba izquierda: https://catalogo.artium.eus/dossieres/exposiciones/premios-pritzker-viaje-por-la-arquitectura-contemporanea/parque-y-memorial-de

4. Arriba derecha: https://catalogo.artium.eus/book/export/html/8835

4. Abajo izquierda: https://www.kirainet.com/la-catedral-de-santa-maria-en-tokio/

4. Abajo derecha: https://twitter.com/ekain_arq/status/1217195820812054528

5.

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 132

Desde que aparece el primer número de la revista Punto (enero 1961) su espacio contempló la presencia de diferentes tipos de anuncios, mensajes y propagandas, en su mayoría de carácter institucional, vinculados con la gestión de gobierno que se llevaba a cabo tanto en el mundo universitario como en el contexto nacional, o con la promoción de la cultura en general a través de librerías o negocios afines radicados en la capital.

De allí que sean la Dirección de Cultura y Bellas Artes del Ministerio de Educación promoviendo su grupo de teatro; la divulgación para su venta por parte de la firma Inter Libros de La Historia de la Pintura de R. Cogniat (2 tomos) y la Historia Universal Ilustrada de E.T. Rimli (3 tomos); las últimas obras editadas por la Fundación de Cultura Universitaria; un extracto del mensaje emitido por el Presidente de la República, Rómulo Betancourt, en el acto de promulgación de la Ley para la Reforma Agraria promovido por el Instituto Agrario Nacional; el ofrecimiento de las Cinematecas de la Shell a través de su catálogo y sus sedes de sus documentales cinematográficos a “organizaciones industriales, comerciales y gremiales, escuelas, colegios, liceos e instituciones educativas y culturales en general”; y (nada menos que en la contraportada) la promoción por parte de la Corporación Nacional de Hoteles y Turismo (CONAHOTU) de los “confortables salones” del hotel Maracay que podrían servir a “Directores de Asociaciones, Corporaciones, Empresas, Clubes y particulares … para la celebración de reuniones, Congresos, Convenciones y actos sociales”, los entes anunciantes que de forma sutil abrieron la puerta a este experimento que buscaba garantizar la supervivencia siempre difícil de toda publicación periódica.

No queremos explayarnos en demasía sobre este interesante filón, de entre los muchos que ofrece el análisis de Punto, que permitiría seguirle la pista a los entes que hacen de la revista su medio de promoción, política que mantuvo y amplió posteriormente a firmas de carácter comercial hasta su desvanecimiento progresivo a partir del nº 49-50 (octubre 1973).

Sólo nos interesa focalizarnos, teniendo como excusa la selección de la imagen que acompaña nuestra postal del día de hoy, en la forma como Punto se convirtió en medio para difundir toda una campaña que, en medio de la naciente democracia, podría parangonarse (salvando las distancias) con la “batalla contra el rancho” emprendida durante la dictadura perezjimenista. Si la “batalla” (ampliamente documentada por Beatriz Meza en “Contra el rancho en Venezuela: de la ‘campaña’ de 1946 a la ‘batalla’ de 1951”, Semana Internacional de Investigación FAU UCV, 2008) se concentraba en el ámbito urbano y era encabezada por el Banco Obrero (BO), la que ahora se promovía con particular ímpetu se concentraría en el campo y provenía de la División de Vivienda Rural de la Dirección de Malariología del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social (MSAS), cuyo Programa de Vivienda Rural, iniciado en abril de 1948, cuando a raíz de la erradicación del flagelo de la malaria se apostaba desde el ente encargado de velar por la salud pública a impulsar el resurgimiento del interior del país, nació “con el propósito de mejorar la zona extraurbana del país -donde vive casi la mitad de su población en condiciones precarias-, nivelar las condiciones económicas, sociales, culturales y sanitarias entre la zona rural y la urbana, y equilibrar los factores del progreso de ambas.”

De esta manera, Punto recoge como abreboca de la mencionada campaña en su número 3 (julio 1961) el texto “La vivienda rural y el paisaje venezolano”, firmado por Doménico Filippone (1903-1970), arquitecto napolitano que llega al país en 1946, tras dejar una significativa impronta en tierras italianas, llamado por el gobierno venezolano para participar como consultor en la redacción del Plano Regulador General de Caracas, ciudad donde llevará adelante una fructífera trayectoria palpable a través de edificios como la Casa de Italia (1955-58), el Edificio para la Junta de Beneficencia Pública del Distrito Federal (1951) o la Iglesia de Nuestra Señora de Pompei (1967-69), a la que habría que sumar su permanente presencia en el debate arquitectónico de los años 50 y 60 y su rol fundamental como arquitecto consultor en el desarrollo del ya mencionado Programa de Vivienda Rural del MSAS.

En el texto señalado, ilustrado por la foto de un grupo de viviendas tipo construidas en Marucare (estado Carabobo), Filippone apunta cómo “la División de Vivienda Rural del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social … estudió durante años los elementos autóctonos de arquitectura rural” y confiesa cómo, siendo oriundo “del punto más bello del Mediterráneo donde la cultura latina y la griega se encontraron y se fusionaron”, al llegar a Venezuela su “más fascinante aventura en el sector profesional fue el estudio directo de la arquitectura local del interior del País”, sumándose a quienes durante esos años ya habían emprendido aproximaciones similares. De las interesantes observaciones hechas, apunta Filippone, “se decidió partir del estudio de los métodos locales mejorados por la experimentación en lugar de usar sistemas constructivos consagrados que se consideraron más aptos para ambientes urbanos o de otras latitudes”.

También se atreve a afirmar, luego de disertar acerca de la consideración generalizada del campesino como un “inadaptado social” (cosa que según él sólo ocurre cuando puebla los “cinturones de miseria” alrededor de las ciudades, siendo dentro de su ambiente “moralmente más sano que el habitante urbano”): “Haciendo participar al campesino en la construcción de su casa -sin regalarla porque el Estado no puede regalar a nadie su patrimonio que es de todos- y financiándolos con préstamos, él siente la casa como suya, hecha con su propio esfuerzo; y la quiere, como demuestra el cuido con el cual generalmente la conserva”. Y como para no dejar dudas sobre la competencia existente con los programas de vivienda urbana impulsados por el BO observará: “… los barrios rurales de nueva construcción son más cuidados por sus habitantes que los barrios obreros y es también mayor la recuperación de los créditos”.

La presencia permanente de la Dirección de Malariología en las páginas de Punto se iniciará con el número 5 (enero 1962) donde se publica “Aspectos del programa de vivienda rural”, trabajo presentado al “Congreso Centenario del Colegio de Ingenieros de Venezuela” celebrado en Caracas, del 21 al 28 de octubre de 1961, por «los doctores Arturo Luis Berti, Doménico Filippone y Gilberto Chacín” (texto de lectura obligatoria para aproximarse al tema), y se extenderá, con la misma periodicidad con que aparecía la revista, al nº 34 (enero-febrero 1968), cuando aparece un resumen cuantitativo de los logros del programa que ya había alcanzado para ese momento las 67.818 viviendas.

Las palabras de Filippone, más allá de su asertividad subjetiva sobre asuntos no del todo demostrables, cargadas de convicción y racional conocimiento del tema, contrastan claramente con las utilizadas por quienes redactaban, en tono por demás demagógico, los textos que fueron apareciendo en la campaña desarrollada en Punto, de lo cual da fe nuestra postal, como clara muestra. Decir “sobre los escombros del pasado, nace una vida nueva”, apoyando la frase en la impactante, contrastante y manipuladora imagen que la acompaña (propaganda aparecida en los números 12, 15 y 19), o como también se asevera en otra ocasión (Punto nº 6, marzo 1962), sobrepasando toda mesura en el uso del lenguaje: “Venezuela lucha contra el rancho. ¿Es factible erradicar el rancho en Venezuela? La experiencia demuestra que sí es posible. Actualmente el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social se ha propuesto acabar de una vez por todas con el rancho inmundo que ha diezmado durante siglos el territorio nacional. La tarea será muy difícil porque Venezuela, al igual que la definición de isla, está rodeada de ranchos por todas partes. Los ranchos han constituido durante mucho tiempo un océano de hacinamiento humano, de insalubridad permanente, de desolación y miseria”, nos permiten afirmar que sobran, más allá de las medias verdades, los comentarios.

Otro tópico que quedaría pendiente por desarrollar es el correspondiente al diseño en sí de las “viviendas rurales” proyectadas por Malariología que fueron poblando indiscriminadamente el interior país sin mayor diferenciación de acuerdo a la región donde aparecían y la manera como se agrupaban, (cuyas propuestas para Boconó y Camatagua se recogen en Punto 27, 28, 29 y 30). También sería interesante analizar los “cuadros comparativos de asentamientos tipo” elaborados para explicar diferentes modalidades de acomodo de conjuntos como parte del material didáctico preparado por el Programa Nacional de Vivienda Rural (Punto 31, 32 y 33). La campaña emprendida por el MSAS a través de un programa con un alto componente social y pedagógico, dirigido a localidades cuya población oscilaba entre los 500 y los 2.500 habitantes, de la cual se hace eco Punto durante más de seis años, se encontraba a contracorriente de una sociedad que avanzaba a pasos agigantados hacia el abandono el campo y la consolidación de un desarrollo urbano que finalmente terminó imponiéndose. Si de crear conciencia entre los arquitectos en formación y el cuerpo docente se trataba, también valdría la pena evaluar si realmente ello se logró.

ACA

A PROPÓSITO DEL 11 DE SEPTIEMBRE DE 2001

En las páginas interiores de la revista Punto nº 24 (agosto de 1965), nos topamos con la siguiente reseña (publicada originalmente en The New York Times) de la reconocida crítica Ada Louise Huxtable (1921-2013), relacionada al anuncio del “nuevo proyecto para el sector Oeste de la ciudad”, el World Trade Center, desaparecido de forma dramática hace ya 17 años y que hemos considerado pertinente reproducir a modo de remembranza.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 66

Cuando la Escuela de Arquitectura de la UCV transitaba sus primeros años de vida, sin lugar a dudas ocupan un lugar destacado en la atención de quienes enseñan y aprenden, el seguir los pasos, vida y obra de lo grandes maestros de la arquitectura moderna. Con la aparición de las primeras publicaciones periódicas y del montaje de exposiciones de fotografías o dibujos que llegan al país por los contactos que el Departamento de Extensión Cultural establece con las agregadurías de las embajadas, la divulgación de lo más resaltante de sus trayectorias no sólo se incrementa sino que denota preferencias y desata niveles importantes de idolatría.
A poco que uno se asome en la colección de la revista Punto, por ejemplo, notará que Walter Gropius, Le Corbusier y Frank Lloyd Wright, seguidos de Alvar Aalto y Mies van der Rohe, son objeto de una marcada atención por la cantidad de veces en que aparecen sus escritos, son reseñados sus edificios o es comentada su obra. En ello tuvo mucho que ver la asesoría que recibía Antonio Granados Valdés de parte de algunos profesores de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (C. R. Villanueva a la cabeza) y la habilidad que desarrolló para transcribir textos provenientes de otras publicaciones a nivel internacional.
El caso de Frank Lloyd Wright (1867-1959), de quien hoy nos ocuparemos, es altamente significativo. Así, el nº 8 de la Colección Espacio y Forma de septiembre de 1960, está dedicado a mostrar un trabajo de Ricardo Porro (1925-2014), el reconocido arquitecto cubano quien entre 1957 y 1960 se residenció en Venezuela, colaboró con Villanueva en el Banco Obrero y formó parte del cuerpo docente de la Escuela de Arquitectura, titulado “Forma y contenido en Wright”.
Por otro lado, desde en el mismo nº 1 de Punto (enero 1961), tras la estela del fallecimiento dos años antes del maestro norteamericano y de la apertura post mortem del emblemático Museo Guggenheim de Nueva York, aparecen “Arte de hoy, museo del mañana” de M.T. Magis y “El museo de F.L. Wright” de Bruno Zevi, autor este último que, como se sabe, estudió su obra y contribuyó a divulgarla a lo largo de toda su vida. El trabajo de Wright forma parte importante de la “Muestra fotográfica de arquitectura norteamericana” que se presenta en los espacios de la FAU UCV y es reseñada también en Punto nº 6 de marzo de 1962.
Pero es en 1963 cuando finalmente llega el momento de copar por primera vez la sala de exposiciones de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo con la obra de un importante arquitecto extranjero y le corresponde a Wright ese privilegio. La muestra, también fotográfica, a la que está dedicada nuestra postal del día de hoy, produjo de parte de la redacción de Punto (nº 11, febrero 1963), a objeto de generar entusiasmo y expectativa, el llamado a un concurso escrito para estudiantes sobre la obra del arquitecto estadounidense cuyo premio sería su publicación en la revista. Si bien de sus resultados no nos hemos podido enterar porque la publicación ofrecida no se llevó a cabo, este hecho no deja de ser altamente significativo.
También, en el lapso en que estuvo abierta la exhibición (14 de febrero al 15 de marzo de 1963), como era costumbre cada vez que se realizaba un evento de importancia, se dictó una conferencia en el Auditorio que estuvo a cargo de Juan Pedro Posani en la que analizó “la personalidad del gran arquitecto americano desde un ángulo polémico”, complementada la semana siguiente por una Mesa Redonda en la que participaron, además de Posani, los profesores Augusto Tobito y Jorge Castillo junto al bachiller Rafael Iribarren, ampliamente reseñada en el nº 14 de Punto (septiembre 1963). Cabe resaltar que participaron con sendas intervenciones dentro del encendido debate suscitado los profesores Oscar Tenreiro, Armando Córdova y Henrique Hernández y los bachilleres David Roncayolo, Francisco Bermúdez y Alejandro Galbe. En este mismo número de la revista se incluyó como complemento el texto “La arquitectura y la música” del propio Frank Lloyd Wright.
Dentro de la efervescencia que produjo la exposición coincide (no creemos que por casualidad) el lanzamiento (julio 1963) del nº 1 de la revista estudiantil Taller “una publicación del taller de arquitectura `Taliesin La Floresta´, Caracas”, cuyo Comité de Redacción estaba conformado por los bachilleres Jorge Soto Nones, Nunzio Sassano, Luis Quirós Badell, Alfredo Vera y José Mena y que recoge el artículo “Frank Lloyd Wright: El titán de Taliesin” del propio Soto Nones, claro indicio de la veneración que este grupo le profesaba.
Luego de ese año marcadamente wrightiano, su sombra no desaparece del todo. Se anuncia (Punto, números 22 y 23, marzo y mayo-junio 1965, respectivamente) otra exposición (en este caso de dibujos) organizada por profesores y estudiantes de la Escuela denominada “Diseños de F.L. Wright”, que finalmente se abre entre el 30 de julio y el 18 de agosto y se reseña en Punto nº 24 (julio-agosto 1965).
También, se publican en la misma revista: “La Herencia de Wright” de Vincent J. Scully (nº 18, junio 1964), “Los arquitectos americanos buscan el espacio perdido” de Bruno Zevi (nº 28, agosto-septiembre 1966), “Frank Lloyd Wright ¿Mito o realidad?” de Leonardo Benevolo (nº 32, julio-agoto 1967) y “Wright: un genio solitario” de Michel Ragón” (nº 36, junio 1968).
Posteriormente, llegan al ámbito académico tiempos de cuestionamiento de ídolos y modelos del pasado con la correspondiente sustitución por otros que sin duda repercuten en la radical desaparición de ellos como referencia dentro de nuestras publicaciones.
Sobre la efectiva influencia de Wright dentro de la arquitectura venezolana e internacional y las dificultades de ser «copiado» es posible encontrar un interesante debate años más tarde (1994) en las páginas Arquitectura HOY (entregas nº 64 y 67 del 4 y 25 de junio, respectivamente), cuando se montó una importantísima exposición retrospectiva dedicada a su obra en los espacios del MOMA.
La referencia a Wright, de quien se están preparando justamente este año una serie de eventos relacionados con la celebración de los 150 años de su nacimiento, invita a realizar un repaso similar con Le Corbusier, Gropius, Aalto y Mies, que en algún momento será conveniente hacer, y que, con diferentes matices, seguramente dará el mismo resultado. Quizás sea el maestro suizo el que salga mejor parado a la hora de evaluar su permanencia como referencia a través del tiempo en nuestra academia, pero de ello se puede hablar en otra ocasión.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Revista Punto. nº 11, febrero 1963