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¿SABÍA USTED…

…que en 1958 finalizó la construcción del edificio La Isla en la urbanización Las Mercedes, Caracas?

1. Edificio La Isla, Las Mercedes. Vista desde la calle Orinoco.

El origen de Las Mercedes se encuentra profundamente anclado en la estructura de las antiguas haciendas que ocupaban el valle de Caracas. Antes de que el asfalto definiera sus límites, el territorio hacia el sureste estaba compuesto por unidades productivas de gran importancia, destacando las haciendas Las Mercedes, Valle Abajo y La Trinidad. Estas tierras eran propiedad de familias de rancio abolengo caraqueño, como los Eraso, los Mendoza y los Casas, siendo la más determinante para el futuro desarrollo inmobiliario la familia Eraso.

2. Detalle del «Plano de Caracas y sus alrededores» de Eduardo Röhl de 1934 en el que se señala el espacio ocupado por la hacienda Las Mercedes.
3. Hacienda «Las Mercedes» (c.1930).

Durante el primer tercio del siglo XX, el crecimiento de Caracas hacia el este se mantenía contenido al norte del río Guaire. El río funcionaba no solo como un límite físico, sino como una barrera psicológica que separaba la ciudad consolidada de los terrenos baldíos y agrícolas del sureste. Mientras del lado norte urbanizaciones como el Caracas Country Club, aledaña a la quebrada Chacaíto, comenzaban su andadura en 1929, Las Mercedes permanecía como un espacio de transición rural dedicado fundamentalmente al cultivo.

Sin embargo, la necesidad de expansión urbana, impulsada por la explosión de la economía petrolera que transformó a Venezuela, exigió la conquista de nuevos territorios para una clase media y alta emergente que buscaba alejarse del centro tradicional. En este contexto, la familia Eraso vislumbró el potencial de sus tierras para el parcelamiento urbano, siguiendo el éxito previo de urbanizaciones cercanas como El Rosal desarrollada entre 1937 y 1940 por la empresa Venezolana de Inversiones C.A. (VICA).

4. Dos momentos de lo que fue el puente que permitía el acceso a la Hacienda Las Mercedes y a la vieja Carretera de Baruta. La foto de la derecha es cercana a 1929.
5. Fotografía tomada en fechas cercanas a 1955 donde se puede apreciar, en primer plano, el Puente Las Mercedes; en segundo plano, la recién inaugurada Autopista del Este; y en tercer plano la urbanización El Rosal.

La integración definitiva de estos terrenos al tejido metropolitano fue posible gracias a una obra de ingeniería civil de trascendencia histórica: el puente Las Mercedes. Inaugurado en 1941, este puente fue diseñado por el arquitecto Carlos Guinand Sandoz con un estilo Art Déco que simbolizaba la modernidad que la ciudad aspiraba alcanzar. La construcción de esta estructura de concreto armado, que sustituyó a un precario puente de hierro, permitió la conexión directa entre El Rosal y Las Mercedes, cruzando el río Guaire y habilitando el flujo de vehículos y servicios hacia el sur. Sin este conector, que a modo de cordón umbilical alimentó el crecimiento vertiginoso del sureste de Caracas en las décadas subsiguientes, el desarrollo de Las Mercedes habría quedado relegado a una expansión marginal.

6. Detalle del plano de «Caracas y sus alrededores» publicado por la Esso en 1946. Una vez completado El Rosal, VICA y la familia Eraso deciden asociarse para desarrollar Las Mercedes y Valle Arriba.

Paralelamente a la construcción del puente, la transformación formal de la hacienda Las Mercedes en urbanización comenzaría en la década de 1940, bajo la dirección de la ya mencionada VICA, siendo después de El Rosal su segunda incursión como desarrolladora urbana. La compañía, liderada por el ingeniero civil mexicano Gustavo San Román, se convertiría así en promotora financiera y operativa no sólo de Las Mercedes sino también de Valle Arriba. San Román, quien había llegado a Venezuela atraído por el auge promovido por el petróleo, detectó que el mercado inmobiliario ofrecía oportunidades sin precedentes para desarrollar viviendas que cumplieran con los estándares de confort exigidos por los ejecutivos extranjeros y la burguesía local.

7. Maqueta original de de Las Mercedes, 1940. Entre otros detalles puede apreciarse en la parte superior el Paseo Río de Janeiro, con su alameda doble.

El diseño urbanístico original de las 121 hectáreas que aproximadamente conformaban Las Mercedes fue encomendado a Francisco Iñiguez de Luis y Amós Salvador Carreras, urbanistas de origen vasco, quienes aplicaron conceptos que guardaban una estrecha relación con el movimiento internacional de la «ciudad-jardín». Esta propuesta buscaba armonizar la vida urbana con la naturaleza, promoviendo el uso de viviendas unifamiliares aisladas rodeadas de amplios jardines y retiros. El trazado, que contó con la presencia de un eje central que en sentido noroeste-sureste conectaba el puente Las Mercedes con la base de la colina donde se luego desarrollaría el hotel Tamanaco (punto en el que colocó una rotonda), contempló su mayor desarrollo hacia el norte, creando una retícula rectangular conformada por un sistema de calles paralelas al río Guaire y sus perpendiculares, mientras que hacia el sur el paralelismo de otra retícula similar se dio con respecto al eje principal. Como parte de las decisiones más curiosas y duraderas de esta etapa, el sistema de nomenclatura de las calles adoptó el nombre de ciudades de países extranjeros como las cosmopolitas Nueva York, París, Londres, Madrid o Río de Janeiro o las que rememoran el origen azteca del urbanizador (Monterrey, Jalisco, California y Veracruz), salpicadas del sabor local que aportan Orinoco, Mucuchíes, La Trinidad o Caroní, lo que otorgó a la zona una clara identidad.

8. Vista de la avenida principal de Las Mercedes a comienzos de los años 1950. Al fondo puede observarse el Hotel Tamanaco en construcción.

El éxito de VICA radicó en su capacidad para ofrecer un modelo de suburbio que «saltaba» el río pero mantenía la cercanía con el eje comercial y financiero sobre el que se desarrollaría la Calle Real de Sabana Grande y la futura avenida Francisco de Miranda. En 1947, Las Mercedes ya era reconocida como un testimonio del mejor urbanismo moderno caraqueño, integrando servicios básicos de vanguardia y una infraestructura vial diseñada para el automóvil. También comenzó a ofrecer oportunidades de vivienda y alojamiento confortables a altos gerentes y profesionales vinculados a la industria petrolera.

9. La avenida principal de Las Mercedes en fechas cercanas a 1953 poblada de quintas de estilo «neovasco» y con el hotel Tamanaco terminado.
10. La calle Nueva York de Las Mercedes en la década de 1950. Al final se puede apreciar la Redoma Nicolás Copérnico.

El otro elemento identitario que caracterizó Las Mercedes provino de la influencia de los arquitectos y constructores españoles, particularmente vascos, que tras llegar a Venezuela huyendo de la Guerra Civil y la dictadura de Franco, fueron contratados por VICA para realizar las edificaciones. Este grupo de profesionales trajo consigo una estética que, aunque rural en sus orígenes en el País Vasco, se adaptó con asombrosa plasticidad a la modernidad caraqueña de los años 40 y 50 confiriendo a la urbanización un carácter peculiar. La cabeza visible de lo que se ha conocido como el “estilo neovasco” fue el arquitecto donostiarra Miguel Salvador Cordón (1910-2008), quien arribó a Venezuela en 1939 y permaneció en el país hasta finales de la década de 1970.

11. Izquierda: Edificios Okendo y Elkano. Derecha: Edificio Donosti.
12. Izquierda: Edificio Aralar. Derecha: Edificio Amayur.

Esta arquitectura de amplios techos de tejas a dos aguas y detalles artesanales convivió con un incipiente racionalismo, creando un paisaje urbano ecléctico que hoy, lamentablemente, ha desaparecido en gran medida bajo la presión impulsada por una nueva ordenanza la cual ha conducido a su demolición para realizar nuevos proyectos de alta densidad. Sin embargo, aún persisten en el paisaje de la urbanización como muestras de la convivencia señalada algunas quintas y obras de valor como los edificios Okendo y Elkano (Lorenzo de Basagoiti, 1948), Yuruari y Cuyuní (Lorenzo de Basagoiti, 1948), Donosti (Miguel Salvador Cordón, 1949), Aralar (Urbano de Manchobas, 1950) y Amayur (José Abásolo, 1953).

13. Izquierda: Edificio La Hacienda. Derecha: Edificio San Carlos.

Así, a medida que avanzaba la década de 1950, el lenguaje arquitectónico de Las Mercedes comenzó a virar desde el pintoresquismo neovasco hacia un funcionalismo más riguroso, influenciado por la formación internacional de arquitectos locales, la presencia de firmas norteamericanas y de arquitectos de otras nacionalidades que habían migrado a nuestro país. Ejemplos notables de este viraje lo representan el Hotel Tamanaco Intercontinental (Gustavo Guinand y la firma norteamericana Holabird & Root & Burgee, 1953), y los edificios San Carlos (Tomás José Sanabria, 1954), La Hacienda (Diego Carbonell, 1957) y La Isla (Doménico Filippone, 1958) del cual nos ocuparemos con detalle el día de hoy.

14. Vista aérea de la urbanización Las Mercedes en la actualidad con la ubicación resaltada del Edificio La Isla.
15. Edificio La Isla, Las Mercedes. Vista desde la esquina de las calles París con Caroní.

Proyectado en 1956 por el arquitecto italiano Doménico Filippone Maggio (Nápoles, 1903; Caracas, 1970) y terminado de construir en 1958, el edificio residencial La Isla ubicado en la calle París con calle Caroní y avenida Orinoco, ocupa una parcela triangular única localizada al este dentro del trazado de Las Mercedes, la cual ya insinúa la denominación que el inmueble adoptó. “Aislado…flotando en el maremágnum urbanístico de la ciudad, recogido en el monólogo interno de una arquitectura que sólo de trecho en trecho llega a insinuar hacia la calle las riquezas de su doble personalidad, el edificio La Isla acusa en su planteamiento las ambigüedades, a veces ventajosas de la Arquitectura Moderna”, apuntará Hannia Gómez en el texto que describe el edificio dentro de la publicación La vivienda multifamiliar / Caracas 1940-1970, editada por el Instituto de Arquitectura Urbana (IAU) y FONDUR en 1983.

16. La «doble personalidad» del edificio La Isla.
17. Edificio La Isla, Las Mercedes. Fachada principal hacia la avenida Orinoco.

Dicha ambigüedad se hace presente, por un lado, cuando notamos que hacia el exterior la obra está gobernada por una severa apariencia que transmite la imagen de un bloque de apartamentos que adopta volumétricamente la forma de la parcela, y se expresa a través de sus fachadas enfatizando su horizontalidad remarcada con platabandas, romanillas y barandas, acompañantes de una clara división entre basamento, cuerpo y remate personificados en el semisótano, las plantas tipo y el penthouse.

18. Tomas de la planta baja del edificio La Isla.

Sin embargo, lo que aparenta ser todo orden, coherencia y claridad se trastoca al descubrir en su interior que aquello que asociamos a un bloque continuo, se trata de la conjunción de cuatro pequeñas torres sabiamente articuladas por la prolongación de las vigas de las placas, y “que de su fraccionamiento inesperado surge un magnífico espacio interno a triple altura, poblado de puentes y escaleras, cuya violencia espacial y formal pareciera ser parte de una arquitectura completamente distinta”.

Y, concluirá Gómez: “El expresionismo con que están diseñadas las diferentes plantas de los apartamentos, así como la línea extravagante e ingeniosa de las escaleras y los puentes, van permitiendo el paso de la luz hasta los estacionamientos; y, apuntan hacia la tensa rivalidad entre la vivienda interna y la expresión externa del edificio, bloque continuo, casi perimetral, hacia la calle, espacio comunal, sumatoria de edificaciones, hacia adentro”.

19. Edificio La Isla, Las Mercedes. Corte.
20. Edificio La Isla, Las Mercedes. Plantas. De izquierda a derecha: planta baja, planta tipo y planta terraza (penthouse).

En resumen, La Isla consta de un semisótano destinado a estacionamiento al que se le accede desde la calle Caroní y se relaciona visualmente con el espacio central; tres niveles de apartamentos (planta baja, primero y segundo piso) y un nivel terraza que contiene el penthouse. En cada nivel entre la planta baja y el segundo piso se desarrollan cuatro apartamentos (uno en cada una de las cuatro partes en que se encuentra dividido el edificio) de tres habitaciones y dos baños, sala-comedor con balcón, habitación de servicio con baño, cocina y lavadero, lo cual da un total de 12 unidades. El amplio penthouse consta de tres habitaciones, tres baños incluido el de servicio, áreas sociales, cocina-lavadero, habitación de servicio, habitación auxiliar y una espaciosa terraza.

21. Edificio La Isla, Las Mercedes. Escaleras y detalles.

Verticalmente, el inmueble se conecta a través de dos hermosas escaleras que van de la planta baja al segundo nivel, y de un ascensor. Una de las dos escaleras principales comunica con el semisótano y otra más pequeña e independiente lleva del segundo piso al penthouse.

22. Tomas del interior del edificio La Isla.

La fluidez espacial y el manejo de la luz, dos de los grandes atributos del edificio, se suman a la sensación, una vez que se penetra a su interior de estar en presencia de un vecindario compuesto por los apartamentos y sus conexiones.

23. Dos aproximaciones a la fachada del edificio La Isla.

Resguardado por la frondosa vegetación que lo rodea y por la particular condición geométrica de la parcela, pese a estar rodeado por un intenso tráfico vehicular y afectado por el creciente cambio de uso y densificación que presentan los terrenos vecinos, La Isla sobrevive con coraje gracias al esfuerzo de algunos de sus vecinos y propietarios empecinados en no dejarse llevar por la vorágine que se ha apropiado de la urbanización Las Mercedes a partir de los cambios que se han dado en su zonificación.

24. Toma de enero de 2023 que ilustra los efectos del cambio de zonificación en Las Mercedes. Pese a que la foto apunta en dirección al lugar en el que se encuentra el edificio La Isla, es prácticamente imposible ubicarlo con precisión.

En tal sentido, es importante acotar que fue en 1998 cuando se aprobó para la urbanización una de las ordenanzas base que permitió el cambio de uso de residencial a comercial/oficinas; que en mayo de 2011 hubo una reforma parcial significativa; y que de septiembre de 2015 data la última reforma integral vigente específicamente para la urbanización que se complementará en 2019 con el Plan Especial del Eje Norte (Colinas de Bello Monte-Las Mercedes-Chuao). Los jugosos incentivos que la ordenanza promueve han conducido a la paulatina desaparición de las quintas y edificios de baja altura que poblaron inicialmente la zona y ha permitido la proliferación de objetos que desprecian el espacio público y compiten por mostrarse a cuál más “novedoso”.

25. El edificio La isla y su entorno inmediato en la actualidad.

Así, erigido en símbolo de resistencia en medio un verdadero torbellino urbanístico, conviene observar las fotos de La Isla en fechas cercanas a su construcción frente a imágenes actuales, para explicar el cambio de escala de la zona. Originalmente, destacaba por encima de las quintas unifamiliares de una o dos plantas que lo rodeaban, siendo uno de los primeros ejemplos de densidad media residencial en los albores de la aprobación de la Ley de Propiedad Horizontal de 1958. Hoy ha quedado rodeado por las nuevas torres corporativas de cristal lo que genera un contraste evidente entre dos formas de concebir la ciudad y su arquitectura.

26. Dos vistas recientes del exterior del edificio La Isla.

Debido a sus excepcionales valores arquitectónicos, el edificio La Isla goza de un doble blindaje legal de protección: fue declarado Bien de Interés Municipal por la Alcaldía de Baruta en el año 2005 (Decreto N. 181); y, ese mismo año, el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC) lo registró como Bien de Interés Cultural de la Nación (Gaceta Oficial N. 38.234).

Nota.

27. Doménico Filippone Maggio (Nápoles, 1903; Caracas, 1970).

Para conocer un poco más sobre la vida y obra de Doménico Filippone y su importante trayectoria en nuestro país, invitamos a visitar los siguientes enlaces:

ACA

Procedencia de las imágenes

1. Caracas del valle al mar. Zona 8. 293. Edificio La Isla (https://guiaccs.com/obras/edificio-la-isla/)

2. Caracas del valle al mar. La ciudad del caballo (https://guiaccs.com/planos/la-ciudad-del-caballo/)

3. CARACAS en retrospectiva II (https://www.facebook.com/groups/24371473543/posts/10161113767588544/)

4. Bitácora Venezuela Plus (https://www.facebook.com/BitacoraDeAgora/photos/a.112659453742221/287367976271367/?type=3); y Venezuela Inmortal (https://www.facebook.com/lavenezuelainmortal/photos/a.192793934152881/922602524505348/?type=3&locale=es_LA)

5. Desde la memoria urbana (https://hanniagomez.blogspot.com/2016/02/puente-de-paz.html)

6. Caracas del valle al mar. Petróleo, automóvil y turismo (https://guiaccs.com/planos/petroleo-automovil-y-turismo/)

7. Desde la memoria urbana (https://hanniagomez.blogspot.com/2019/04/puente-de-guerra.html)

8. La Caracas Inolvidable (https://www.facebook.com/groups/586879391415561/posts/9472716419498436/)

9. Wikipedia (https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Las_Mercedes_en_la_d%C3%A9cada_de_1950.jpg)

10. Venezuela y sus recuerdos (https://www.facebook.com/groups/121930817952147/posts/4180258918785963/)

11. Colección Crono Arquitectura Venezuela.

12. Memorias urbanas de la redoma Nicolás Copérnico (https://www.elnacional.com/2023/07/memorias-urbanas-de-la-redoma-nicolas-copernico/): y Colección Crono Arquitectura Venezuela.

13. @arquitecturavzla (https://www.instagram.com/p/Cx_3R0rt-y_/?img_index=1); y Colección Crono Arquitectura Venezuela.

14 y 25. Capturas de Google Earth.

15 y 26. Construido en Caracas (https://construidoencaracas.wordpress.com/2013/05/26/edif-la-isla/)

16, 17, 19 y 20. La vivienda multifamiliar / Caracas 1940-1970, Instituto de Arquitectura Urbana (IAU)/FONDUR. 1983.

18. @francomicucci (https://www.instagram.com/p/DDNKqFnvjIf/?img_index=1)

21. @francomicucci (https://www.instagram.com/p/DDNKqFnvjIf/?img_index=1); y Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.

22. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.

24. BBC News Mundo (https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-64034920)

27. Venezuela e Historia (https://venezuelaehistoria.blogspot.com/2020/10/domenico-filippone-maggio.html)

INVITACIÓN

Edificio La Isla

Habitando la modernidad en la urbanización Las Mercedes

Tomado de @ojmarinc

ARQhistorias invita a descubrir una verdadera joya arquitectónica a través del exclusivo recorrido organizado para todo público.

Se visitará el emblemático edificio La Isla, construido en 1956 según diseño del reconocido arquitecto italiano Doménico Filippone Maggio (Nápoles, 1903; Caracas, 1970).

Este impresionante ejemplo de la arquitectura moderna en nuestra ciudad se ha convertido en un símbolo de resistencia en medio del torbellino urbanístico que experimenta actualmente la Urbanización Las Mercedes en Caracas.

La travesía, dirigida por el arquitecto Orlando Marín (@ojmarinc) y una invitada muy especial, la arquitecta Iliana Germán (@ilianagerman_, @bocaproyectos), permitirá apreciar la estructura y belleza del edificio La Isla y conocer el valor que representa para nuestro patrimonio. Se visitarán sus espacios comunes y uno de sus apartamentos.

Es una oportunidad perfecta para aprender, inspirarse y conectar con la esencia de nuestra ciudad a través de su arquitectura. Se trata de una experiencia que celebra nuestro pasado y enriquece nuestro presente.

¡Te esperamos para explorar juntos esta Isla escondida en medio del bullicio urbano!

Sábado 21 de junio de 2025

10:00 a.m.

Inversión: Ref. 10

Información e Inscripciones: arqhistoriastours@gmail.com

Nota importante: accesible para personas con movilidad reducida (previo acuerdo).

ACA

¿SABÍA USTED…

… que en 1958, hace ya 60 años, se termina la construcción de la Casa de Italia en Caracas?

1. La Casa de Italia. Doménico Filippone, 1958. Vista exterior

La colonia de inmigrantes italianos que, a causa de las penurias que atravesaba esa región de Europa durante la posguerra, se residencia en Venezuela fue la más numerosa de cuantas optaron por venir al país.

Los datos más difundidos señalan que en los años cuarenta y cincuenta del siglo XX casi 300.000 oriundos de Italia entraron por el puerto de La Guaira, 60% de ellos provenientes del sur de la península, acogidos en su mayoría a la política de “puertas abiertas” que se instaura a partir de 1952 durante la dictadura perezjimenista, la cual dejó de lado criterios aplicados desde el gobierno de Isaías Medina Angarita (1941-45) y luego hasta 1948, donde los organismos competentes asumieron la tarea de selección, recepción y ubicación de los extranjeros. Inicialmente, muchos de los inmigrantes italianos fueron enviados a las comunidades agrícolas, pero al abrirse y relajarse la puesta en práctica de normas racionales de distribución de la población migrante, la mayoría terminó trabajando en el comercio, industrias y servicios de las principales ciudades ubicadas en la región centro-norte costera, copando con bastante rapidez el ámbito correspondiente a la industria de la construcción, la segunda en importancia tras la petrolera.

De esta manera, el desbocado crecimiento demográfico y urbano que se manifestaba en Caracas colaboró enormemente a que la numerosa colonia italiana se fortaleciera gracias a su influyente intervención en la edificación de gran cantidad de inmuebles multifamiliares ubicados en diferentes sectores de la ciudad.

Por otro lado, la población ítala residenciada en la capital (cuantitativamente la mayor de todas las de esa nacionalidad presentes en el país), dada la natural coincidencia que suele darse con otras personas alejadas de su lugar de origen, busca establecer relaciones y pasar sus ratos de ocio en compañía de sus familiares y coterráneos en lugares adecuados para ello, lo cual derivará en la correspondiente organización estructurada en torno a inmuebles que las facilitaran.

Llegado el momento de decidir la construcción de una sede social de nueva planta que representara el estatus ya adquirido por los oriundos de Italia, que a su vez se constituyera en lugar de encuentro de tan floreciente colectividad, sus promotores compran un lote ubicado en la céntrica y multiétnica parroquia de La Candelaria -en la Av. Sur 17 (Av. Las Industrias) entre Av. Urdaneta y Av. Este 0- y encargan el proyecto al arquitecto napolitano residenciado en el país desde 1946 Doménico Filippone Maggio (1903-1970).

2. Doménico Filippone en su mesa de trabajo

De Filippone vale acotar que es junto a Gio Ponti el arquitecto italiano de mayor trayectoria de cuantos trabajan en nuestro país con la particularidad de que, a diferencia de Ponti quien desarrolla los proyectos que se le encargan a distancia, Filippone vivirá en Venezuela hasta su muerte.

De su etapa italiana de alrededor de 20 años, transcurridos entre su graduación de arquitecto en la recién establecida escuela de arquitectura de su ciudad natal en 1926 hasta su llegada a Venezuela en 1946, llamado por el gobierno a participar como consultor  de la redacción del plano regulador de Caracas, Filippone dirige inicialmente su actividad profesional hacia la construcción residencial, a la que luego se unió una carrera intensa y exitosa en planificación urbana y en el diseño de obras públicas, de donde destaca el primer premio otorgado por Marcello Piacentini al grupo en el que participó para el plano regulador de Bolonia (1938) por haber “tratado con realismo convincente las tres cuestiones fundamentales: viabilidad, ampliación, restauración y mejora de los monumentos”, tal y como señala Maristella Casciato en el Dizionario Biografico degli Italiani Volume 47 (1997) en “Filippone, Doménico” nota biográfica por ella preparada. También sobresale de su primera etapa el edificio de la Juventud Italiana del Littorio (GIL) en Campobasso, “una arquitectura que recibió un aprecio unánime por la claridad de la distribución y por la atención con que el diseñador había respondido a la coherencia efectiva del paisaje y del entorno arquitectónico”.

Desde su llegada a Venezuela, Filippone lleva adelante una intensa actividad en diversos frentes: “fue consultor y luego funcionario del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social; representó al gobierno en congresos nacionales e internacionales de arquitectura y planificación urbana; fue profesor de planificación urbana en la Universidad Central de Venezuela; colaboró regularmente en la página cultural de los principales periódicos; con su actuación como diseñador, difundió ideas que lograron generar un debate nacional sobre los temas de la arquitectura social y el renacimiento de las actividades productivas en la agricultura”, apuntará Maristella Casciato, para luego referirse a su decisiva labor dentro de la División de Vivienda Rural de la Dirección de Malariología del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social (MSAS), cuyo Programa de Vivienda Rural, iniciado en abril de 1948, coordinará e impulsará decididamente desde 1958 (ver Contacto FAC nº 97 del 07-10-2018).

En Las Italias de Caracas (2012), catálogo de la exposición del mismo nombre montada en la Sala TAC del Paseo Las Mercedes, Caracas, Hannia Gómez al referirse a Filippone comentará: “Sus arquitecturas en toda Venezuela y en Caracas destacan por la inusitada imaginación, por la fluidez y el dinamismo de los espacios que desde sus años italianos caracterizaron su búsqueda arquitectónica, por su innovación formal, y por su amor a la ciudad, haciendo siempre una arquitectura urbana que transforma cada uno de los lugares donde fueron construidas…”.

3. La Casa de Italia. Doménico Filippone, 1958. Izquierda arriba: Plaza de entrada. Izquierda abajo: Altorrelieves de la fachada este del cuerpo alto. Derecha arriba: Planta baja. Derecha abajo: Fachada

De esta manera, al abordar el proyecto para la Casa de Italia, Filippone responde a las apremiantes solicitudes del contexto y a la responsabilidad de manejar valores asociados a la identidad del colectivo que disfrutará el edificio a través de una propuesta decididamente moderna, conformada por dos cuerpos articulados que incorporan la utilización de elementos expresivos que matizan su particular e impura racionalidad. El cuerpo alto, laminar, rematado en su fachada este con un mural alegórico realizado en mármol por el artista italiano Hugo Daini, contiene oficinas administrativas, mientras que en el bajo, recubierto de vidrio con perfiles metálicos, se ubican las áreas sociales rematado en el último piso por el restaurante, espacio referencial.

Sin duda, cierta dosis de teatralidad acompaña el comportamiento de la edificación hacia lo urbano, el tratamiento de las superficies que lo envuelven y el manejo de las relaciones espaciales, acentuada en su interior por un gran ventanal que a modo de terraza pública domina las visuales al norte de la ciudad.

4. La Casa de Italia. Doménico Filippone, 1958. Izquierda arriba: Escalera vista desde abajo. Izquierda abajo: Sala de fiestas. Derecha: Restaurante.

El esquema compositivo permite generar un proporcionado espacio público que da realce al acceso protagonizado por una potente escalinata. Sus diversas plantas libres, la equilibrada combinación de formas autónomas e incluso su consideración a las variables climáticas, resuelta a través de una piel de romanillas metálicas que confiere gran unidad al conjunto, reafirman la presencia de una modernidad atemperada por la caracterización que proveen lugar y uso pero a la vez atenta al vocabulario internacional en boga. La Casa de Italia, sin la rutilancia de muchas de las edificaciones que poblaron Caracas durante la década de los años 50 del siglo XX, no dejó de ser un punto de referencia y una oportunidad aprovechada al máximo por su arquitecto para manifestar que se encontraba en una ciudad y en una latitud del planeta que asimiló y lo asimiló y, por tanto, merecían una muy especial consideración.

ACA

Procedencia de las imágenes

1 y 3 (izquierda abajo). González Viso I.; Peña M.I.; Vegas F. Caracas del Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015

2. https://venezuelaehistoria.blogspot.com/2020/10/domenico-filippone-maggio.html

3 (Izquierda arriba y derecha arriba y abajo) y 4 (izquierda arriba). Las Italias de Caracas, Sala TAC, Caracas, 2012

4 (Izquierda abajo y derecha arriba y abajo). https://www.coleccioncisneros.org/editorial/cite-site-sights/caracas

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 132

Desde que aparece el primer número de la revista Punto (enero 1961) su espacio contempló la presencia de diferentes tipos de anuncios, mensajes y propagandas, en su mayoría de carácter institucional, vinculados con la gestión de gobierno que se llevaba a cabo tanto en el mundo universitario como en el contexto nacional, o con la promoción de la cultura en general a través de librerías o negocios afines radicados en la capital.

De allí que sean la Dirección de Cultura y Bellas Artes del Ministerio de Educación promoviendo su grupo de teatro; la divulgación para su venta por parte de la firma Inter Libros de La Historia de la Pintura de R. Cogniat (2 tomos) y la Historia Universal Ilustrada de E.T. Rimli (3 tomos); las últimas obras editadas por la Fundación de Cultura Universitaria; un extracto del mensaje emitido por el Presidente de la República, Rómulo Betancourt, en el acto de promulgación de la Ley para la Reforma Agraria promovido por el Instituto Agrario Nacional; el ofrecimiento de las Cinematecas de la Shell a través de su catálogo y sus sedes de sus documentales cinematográficos a “organizaciones industriales, comerciales y gremiales, escuelas, colegios, liceos e instituciones educativas y culturales en general”; y (nada menos que en la contraportada) la promoción por parte de la Corporación Nacional de Hoteles y Turismo (CONAHOTU) de los “confortables salones” del hotel Maracay que podrían servir a “Directores de Asociaciones, Corporaciones, Empresas, Clubes y particulares … para la celebración de reuniones, Congresos, Convenciones y actos sociales”, los entes anunciantes que de forma sutil abrieron la puerta a este experimento que buscaba garantizar la supervivencia siempre difícil de toda publicación periódica.

No queremos explayarnos en demasía sobre este interesante filón, de entre los muchos que ofrece el análisis de Punto, que permitiría seguirle la pista a los entes que hacen de la revista su medio de promoción, política que mantuvo y amplió posteriormente a firmas de carácter comercial hasta su desvanecimiento progresivo a partir del nº 49-50 (octubre 1973).

Sólo nos interesa focalizarnos, teniendo como excusa la selección de la imagen que acompaña nuestra postal del día de hoy, en la forma como Punto se convirtió en medio para difundir toda una campaña que, en medio de la naciente democracia, podría parangonarse (salvando las distancias) con la “batalla contra el rancho” emprendida durante la dictadura perezjimenista. Si la “batalla” (ampliamente documentada por Beatriz Meza en “Contra el rancho en Venezuela: de la ‘campaña’ de 1946 a la ‘batalla’ de 1951”, Semana Internacional de Investigación FAU UCV, 2008) se concentraba en el ámbito urbano y era encabezada por el Banco Obrero (BO), la que ahora se promovía con particular ímpetu se concentraría en el campo y provenía de la División de Vivienda Rural de la Dirección de Malariología del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social (MSAS), cuyo Programa de Vivienda Rural, iniciado en abril de 1948, cuando a raíz de la erradicación del flagelo de la malaria se apostaba desde el ente encargado de velar por la salud pública a impulsar el resurgimiento del interior del país, nació “con el propósito de mejorar la zona extraurbana del país -donde vive casi la mitad de su población en condiciones precarias-, nivelar las condiciones económicas, sociales, culturales y sanitarias entre la zona rural y la urbana, y equilibrar los factores del progreso de ambas.”

De esta manera, Punto recoge como abreboca de la mencionada campaña en su número 3 (julio 1961) el texto “La vivienda rural y el paisaje venezolano”, firmado por Doménico Filippone (1903-1970), arquitecto napolitano que llega al país en 1946, tras dejar una significativa impronta en tierras italianas, llamado por el gobierno venezolano para participar como consultor en la redacción del Plano Regulador General de Caracas, ciudad donde llevará adelante una fructífera trayectoria palpable a través de edificios como la Casa de Italia (1955-58), el Edificio para la Junta de Beneficencia Pública del Distrito Federal (1951) o la Iglesia de Nuestra Señora de Pompei (1967-69), a la que habría que sumar su permanente presencia en el debate arquitectónico de los años 50 y 60 y su rol fundamental como arquitecto consultor en el desarrollo del ya mencionado Programa de Vivienda Rural del MSAS.

En el texto señalado, ilustrado por la foto de un grupo de viviendas tipo construidas en Marucare (estado Carabobo), Filippone apunta cómo “la División de Vivienda Rural del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social … estudió durante años los elementos autóctonos de arquitectura rural” y confiesa cómo, siendo oriundo “del punto más bello del Mediterráneo donde la cultura latina y la griega se encontraron y se fusionaron”, al llegar a Venezuela su “más fascinante aventura en el sector profesional fue el estudio directo de la arquitectura local del interior del País”, sumándose a quienes durante esos años ya habían emprendido aproximaciones similares. De las interesantes observaciones hechas, apunta Filippone, “se decidió partir del estudio de los métodos locales mejorados por la experimentación en lugar de usar sistemas constructivos consagrados que se consideraron más aptos para ambientes urbanos o de otras latitudes”.

También se atreve a afirmar, luego de disertar acerca de la consideración generalizada del campesino como un “inadaptado social” (cosa que según él sólo ocurre cuando puebla los “cinturones de miseria” alrededor de las ciudades, siendo dentro de su ambiente “moralmente más sano que el habitante urbano”): “Haciendo participar al campesino en la construcción de su casa -sin regalarla porque el Estado no puede regalar a nadie su patrimonio que es de todos- y financiándolos con préstamos, él siente la casa como suya, hecha con su propio esfuerzo; y la quiere, como demuestra el cuido con el cual generalmente la conserva”. Y como para no dejar dudas sobre la competencia existente con los programas de vivienda urbana impulsados por el BO observará: “… los barrios rurales de nueva construcción son más cuidados por sus habitantes que los barrios obreros y es también mayor la recuperación de los créditos”.

La presencia permanente de la Dirección de Malariología en las páginas de Punto se iniciará con el número 5 (enero 1962) donde se publica “Aspectos del programa de vivienda rural”, trabajo presentado al “Congreso Centenario del Colegio de Ingenieros de Venezuela” celebrado en Caracas, del 21 al 28 de octubre de 1961, por «los doctores Arturo Luis Berti, Doménico Filippone y Gilberto Chacín” (texto de lectura obligatoria para aproximarse al tema), y se extenderá, con la misma periodicidad con que aparecía la revista, al nº 34 (enero-febrero 1968), cuando aparece un resumen cuantitativo de los logros del programa que ya había alcanzado para ese momento las 67.818 viviendas.

Las palabras de Filippone, más allá de su asertividad subjetiva sobre asuntos no del todo demostrables, cargadas de convicción y racional conocimiento del tema, contrastan claramente con las utilizadas por quienes redactaban, en tono por demás demagógico, los textos que fueron apareciendo en la campaña desarrollada en Punto, de lo cual da fe nuestra postal, como clara muestra. Decir “sobre los escombros del pasado, nace una vida nueva”, apoyando la frase en la impactante, contrastante y manipuladora imagen que la acompaña (propaganda aparecida en los números 12, 15 y 19), o como también se asevera en otra ocasión (Punto nº 6, marzo 1962), sobrepasando toda mesura en el uso del lenguaje: “Venezuela lucha contra el rancho. ¿Es factible erradicar el rancho en Venezuela? La experiencia demuestra que sí es posible. Actualmente el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social se ha propuesto acabar de una vez por todas con el rancho inmundo que ha diezmado durante siglos el territorio nacional. La tarea será muy difícil porque Venezuela, al igual que la definición de isla, está rodeada de ranchos por todas partes. Los ranchos han constituido durante mucho tiempo un océano de hacinamiento humano, de insalubridad permanente, de desolación y miseria”, nos permiten afirmar que sobran, más allá de las medias verdades, los comentarios.

Otro tópico que quedaría pendiente por desarrollar es el correspondiente al diseño en sí de las “viviendas rurales” proyectadas por Malariología que fueron poblando indiscriminadamente el interior país sin mayor diferenciación de acuerdo a la región donde aparecían y la manera como se agrupaban, (cuyas propuestas para Boconó y Camatagua se recogen en Punto 27, 28, 29 y 30). También sería interesante analizar los “cuadros comparativos de asentamientos tipo” elaborados para explicar diferentes modalidades de acomodo de conjuntos como parte del material didáctico preparado por el Programa Nacional de Vivienda Rural (Punto 31, 32 y 33). La campaña emprendida por el MSAS a través de un programa con un alto componente social y pedagógico, dirigido a localidades cuya población oscilaba entre los 500 y los 2.500 habitantes, de la cual se hace eco Punto durante más de seis años, se encontraba a contracorriente de una sociedad que avanzaba a pasos agigantados hacia el abandono el campo y la consolidación de un desarrollo urbano que finalmente terminó imponiéndose. Si de crear conciencia entre los arquitectos en formación y el cuerpo docente se trataba, también valdría la pena evaluar si realmente ello se logró.

ACA

1951• Edificio Sede de la Junta de Beneficencia Pública del Distrito Federal

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1951•  El Ministerio de Obras Públicas (MOP) concluye la construcción del Edificio Sede de la Junta de Beneficencia Pública del Distrito Federal, ubicado en la Av. San Martín, diseñado por el arquitecto Doménico Filippone y construido por la Oficina Técnica Gutiérrez & Co. S.A.

HVH