The AA Book 2022: On Location destaca las agendas y prácticas que se han cruzado tanto física como metafóricamente en toda la Architectural Association (AA) durante el año académico 2021-22. La publicación presenta cientos de proyectos de estudiantes de cada unidad y programa dentro de la escuela, que juntos documentan la pluralidad de agendas exploradas, intereses desarrollados, enfoques probados y preguntas planteadas y abordadas por nuestra comunidad este año.
Con aportes de:
Estudiantes y personal de la Architectural Association (AA).
Las cinco unidades de habitación de Le Corbusier reunidas por primera vez en una obra
Continuando la serie iniciada por Jean Prouvé / 5 casas a medida, este libro recorre la historia de las cinco unidades de habitación construidas por Le Corbusier: en Marsella, Rezé, Briey, Firminy y Berlín. Cada unidad es objeto de una descripción detallada, que presenta el contexto de la construcción, la organización interna, las fachadas y la vida del edificio. Las numerosas fotografías que acompañan a los textos fueron tomadas especialmente para las necesidades del libro.
Resumen
Durante su vida, Le Corbusier construyó sólo cinco unidades de habitación –en Marsella, Rezé, Berlín, Briey y Firminy–, muy pocas en comparación con las setenta que proyectó el arquitecto y que iban a suponer, con este nuevo modelo tipológico de vivienda, una auténtica revolución en urbanismo.
Si estos logros son excepciones, ya pertenecen a la historia social y cultural del siglo XX: en efecto, responden a un contexto de escasez de viviendas durante el período de reconstrucción (Marsella y Rezé) y de industrialización siderúrgica y regiones mineras (Firminy y Briey); por otro lado, forman parte de la continuación del Movimiento Moderno de la década de 1930, que después de la guerra encontró un terreno propicio para expresarse a gran escala (Interbau 57 en Berlín). Manifestaciones de un ideal de vida moderna que promueve el desarrollo de nuevos equipamientos en la vivienda (agua corriente, calefacción central, cocina equipada, etc.) y servicios colectivos en la edificación (tiendas, escuela, equipamientos deportivos, teatro al aire libre), las unidades habitacionales han sabido adaptarse a los cambios hasta formar parte decididamente de la contemporaneidad, pero también como patrimonio arquitectónico.
Este libro recorre su historia presentando el contexto de su orden, el progreso del sitio de construcción, así como su vida y su evolución. Las fotografías que acompañan a los textos, fruto de un diálogo entre los habitantes y los autores, muestran cuánto sigue viva la lucha de Le Corbusier por la vivienda social y cómo su utopía se ha convertido en una realidad en evolución.
El escritor italiano Andrea Bajani recorre las viviendas que ha habitado, de niño y de adulto, temporal o mentalmente, con una arquitectura de dormitorios y sueños.
Anatxu Zabalbeascoa
Andrea Bajani, retratado por la revista ‘Domus’ en su casa de Génova.
¿Nuestras casas saben bien cómo somos? Creo que este verso de Juan Ramón Jiménez es el que más he utilizado para escribir sobre la vivienda como retrato, deseo, castillo o escaparate. El escritor Andrea Bajani (Roma, 47 años) desarrolla esa idea de la casa como retrato en El libro de las casas (Anagrama), recorriendo la geografía —de Roma a Turín— y la arquitectura —de un sótano a una casa señorial— de su vida. Pero el libro no solo habla de él.
Esta singular novela disecciona la arquitectura —a partir de su capacidad para aislar o empujar, acoger o expulsar, dar un paso atrás o aparentar— y el urbanismo. Para hacerlo, se aparta de las personas —adjetivándolas, o llamándolas por su papel en el relato: yo, esposa, hija, padre, madre— y convierte a las viviendas en protagonistas con nombre propio en mayúsculas: Casa de Familia, Casa del Abuelo que nunca existió, Casa del Adulterio, Casa Señorial de Familia o Casa de la Felicidad.
Otras casas son más metafóricas, y, siendo reales, no han sido habitadas por Bajani más que mentalmente. Pero construyen el contexto cronológico-mental de la historia, ubican la mente de quienes protagonizaban aquellos momentos de su vida. Así, aparece sin nombrarlo el zulo donde fue secuestrado Aldo Moro. O Casa de la Muerte del Poeta introduce a Pier Paolo Pasolini también sin nombrarlo. Y describe el barrio donde se encontraba. “Si en otros barrios se construyen edificios de varias plantas, en el Idroscalo no pasan de la primera. No son empresas constructoras, sino manos desnudas e inexpertas. Pero el sueño sigue siendo el mismo: el sueño pequeñoburgués de ser protagonista del progreso teniendo casa propia”.
Bajani, en otra de sus viviendas.
Eso, fijarse en las casas en lugar de en las personas para describir las vivencias, produce un efecto igualador. Casi todas las reflexiones personales podrían ser universales. Veamos: “La Casa de Familia se ha formado por la unión de dos mobiliarios preexistentes. Es fácil saber qué objetos son de Yo y qué objetos son de Esposa e Hija, es fácil reconstruir las dos casas originales”. Está en un barrio de Turín donde hay “pastelerías, domingos de dulces, restaurantes con familias bien vestidas, pero todo sin ostentación. A dos metros de la estación central”.
En la Casa del Colchón habitan estudiantes. Pasan frío. Y “nadie habla de revolución, lo importante es no volver a casa de los padres”. La Casa Señorial de Familia, en cambio, “aunque está solo a dos calles, se sitúa bastante más arriba en la escala social: supone pasar de clase media acomodada a burguesía rica y con solera”. Tiene “suelos de mármol y, donde no hay mármol, parqué como Dios manda. Para Esposa es como volver a la clase de la que proviene; para Yo, es cumplir un sueño pequeñoburgués”. En el barrio donde está la casa “la fruta se ofrece a los vecinos bien dispuesta y sin polvo: la buena educación se extiende al reino vegetal. Los precios rara vez se muestran, es cuestión de buena crianza. Son elevados y eso tranquiliza: el precio selecciona al cliente”. En el portal, “la portera limpia ese suelo dos o tres veces al día. Contagiada del señorío con el que se codea, se ensaña con los criados y trata de usted a los propietarios. También a los obreros, pero es una amabilidad detergente”. Y Bajani, el “Yo” del libro, “mantiene la casa, la limpia de ácaros e insectos y contiene la hemorragia de los gastos”.
La Casa de los Recuerdos Fugados “es la caja negra de lo que Yo no recuerda, contiene aquello que hasta la memoria ha expulsado, aunque haya ocurrido. Es lo que le permite a Yo decir constantemente Yo, sabiendo que miente”. Y La Casa del Sótano, Sucursal de la Playa, le sirve a Bajani para hablar de su propia familia tanto como de urbanismo: “El concepto básico es que la costa, la playa, produce beneficio. Urbanísticamente, supone construir a gran velocidad y con mucho hormigón. Socialmente, la idea de veranear se adapta al capitalismo: ya no es el chalé, sino el bloque de viviendas, ya no son unos pocos, pálidos y bien vestidos, sino todos, vestidos igual”.
Las paredes levantadas por Bajani encierran dolor y amor, vidas ficticias y reales, búsquedas y equivocaciones; seres humanos pasivos e ilusiones perdidas, miedo, muerte y enfermedad. También esperanza y autoconocimiento. Hay abrazos tras un divorcio y abrazos que no se sabe que van a ser los últimos. Lo habrán visto, el libro de las casas de Bajani cuenta, en realidad, su vida.
NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ
El libro de las casas
Andrea Bajani
Anagrama
2022
Nota de los editores
La historia de un hombre −y de un país− a través de las casas en que ha vivido. Un intenso retrato humano a través de los espacios habitados.
La historia de un hombre a través de las casas en las que ha vivido. Un personaje del que no llegamos a saber el nombre –es simplemente Yo–, pero sí todos los detalles de su vida. Que se va reconstruyendo en una sucesión de fragmentos: la compleja relación con su violento padre, la presencia de la madre atemorizada, la tortuga que vive en el patio, la emigración de la familia al norte, las estancias en ciudades extranjeras, el matrimonio, el ascenso social, la relación con una amante, el espacio íntimo en el que se refugia para escribir… Cada una de esas etapas, cada una de las emociones de ese personaje –la educación sentimental, los anhelos, las decepciones, el amor, las traiciones, la soledad…–, están relacionadas con una casa.
De fondo, dos acontecimientos históricos, dos hechos sangrientos, proporcionan el contexto: el secuestro y asesinato de El Prisionero y el asesinato de El Poeta, que no son otros que Aldo Moro y Pier Paolo Pasolini, cuyas muertes violentas definen los años de plomo de Italia. Y es que, si la novela es ante todo la historia de un hombre a lo largo de su vida, también es, en cierto modo, la historia de Italia en los últimos cincuenta años, porque los fragmentos que constituyen esta novela se enmarcan entre los setenta del pasado siglo y un futuro más o menos lejano en el que solo la tortuga seguirá viva.
Andrea Bajani ha escrito una novela singularísima y fascinante, en la que, a través de los espacios que habitamos, se reconstruye la historia de un ser humano con todas sus contradicciones, miedos y deseos. No es una simple pirueta: es el retrato de un alma a través de las casas en que ha vivido.
Comentarios
«En esta espléndida novela, Andrea Bajani convierte la casa, o más bien las casas, en que vivió en el lugar privilegiado de su historia» (Lella Baratelli, Maremosso).
«Una novela con una estructura original que recorre una existencia (…) y con ella cincuenta años de la historia de Italia» (Cristina Taglietti, La Lettura).
«Solo quien mantiene una relación auténtica con los demás puede hablar con tanta solvencia de la soledad que nos rodea» (Nicola Lagioia).
«Una demoledora y brillante indagación para encontrar nuevas respuestas a la eterna pregunta: “¿Quién eres?”» (Claudia Durastanti).
«Bajani va más allá de la simple ficción para hacer gran literatura» (Massimo Recalcati).
«Bajani explora como nadie había hecho los lugares donde nos descubrimos, amamos, sufrimos y finalmente nos convertimos en nosotros mismos» (Sandro Veronesi).
«Junto con Rachel Cusk, Ottessa Moshfegh, Annie Ernaux, Joyce Carol Oates y Richard Powers, Andrea Bajani es uno de los escritores vivos que más admiro» (Edmund White).
«La escritura de Bajani tiene una energía incontenible» (Enrique Vila-Matas).
En palabras de Lorenzo González Casas, el siglo XX «fue una era inédita de globalización de la arquitectura», en la que la idea de lo moderno se propagó por el mundo. En el ámbito venezolano, la pasada centuria estuvo marcada por el petróleo, la modernidad, la gran ciudad y el establecimiento de una «nueva tradición disciplinar en arquitectura», que lidia con la tensión entre lo permanente y lo transitorio. Tomando en cuenta estas variables, el presente volumen trae a discusión asuntos centrales en torno al debate arquitectónico, la búsqueda que se planteó desde la disciplina y el escenario presente. La metodología propuesta por sus investigadores se basó en seleccionar tres pares dialécticos que identificaron como esenciales para la comprensión de la arquitectura venezolana del siglo XX: de la búsqueda de un lenguaje propio a la importación de ideas y personalidades; de la metáfora mecánica de la técnica y la industria a la metáfora orgánica del paisaje natural, y de la disciplina del hacer nuevo a la disciplina de la conservación patrimonial. El lector encontrará en los capítulos de La arquitectura en el siglo XX venezolano una valiosa herramienta para la interpretación y valoración de esta materia en nuestro país.
Ciudad, urbanización y urbanismo en el siglo XX venezolano
Arturo Almandoz Marte (coord.)
Fundación para la Cultura Urbana
2022
Nota de los editores
La transformación del paisaje urbano, los elementos que son parte de ese complejo proceso y sus efectos son los temas que abordan los ensayos reunidos en Ciudad, urbanización y urbanismo en el siglo XX venezolano. La revisión y el balance de estos asuntos tienen como eje, por supuesto, las ideas de ciudad y urbanismo y, a la vez, toman en cuenta tres elementos: la revolución petrolera, la urbanización y la modernización, tríada esencial para caracterizar la centuria en análisis desde la perspectiva de los estudios urbanos, tal como explica Arturo Almandoz Marte, coordinador del volumen. El orden y desarrollo de los capítulos del libro responden «a procesos demográficos y territoriales, junto a componentes de la ciudad y sectores del urbanismo», incluyendo aspectos sobre el entramado social y los imaginarios asociados a los tópicos centrales de la investigación. El grupo de especialistas convocado en esta publicación ofrece una visión que atiende las consecuencias de la improvisación y la modernización accidentadas, sin dejar de resaltar los logros y grandes avances en la materia.
Tal y como se ha repetido tantas veces “cuando se habla de revistas venezolanas de gran calidad y belleza la primera que suele venir a la mente es El Cojo Ilustrado”. Esta legendaria publicación periódica, cuya portada del primer número engalana nuestra postal del día de hoy, apareció por primera vez el 17 de enero de 1892 al mes siguiente de la desaparición de El Zulia Ilustrado, primera revista del país en reproducir imágenes fotográficas y fotograbado y su más claro antecedente que, tras 35 números con periodicidad mensual apareció por primera vez el 24 de octubre de 1888.
El alto listón dejado por su predecesora fue asumido por los editores de El Cojo Ilustrado, con Jesús María Herrera Irigoyen (1847-1929) a la cabeza, apostando ya no a una revista de carácter regional sino abriendo las puertas a la cultura y lo que en torno a ella acontecía tanto a nivel nacional como internacional. Se editó en Caracas en la Tipografía a vapor “El Cojo” en formato de ¼ recortado (32 x 23 cms.), a tres columnas y sobre papel glasé de tan buena calidad que todavía hoy en día se conservan los originales en muy buen estado y que además permitió, al igual que El Zulia Ilustrado, la reproducción de imágenes fotográficas, fotograbados y cromofotograbados a muy buena definición, industria ésta que ya mostraba un importante desarrollo en Europa y Norteamérica. Apareció con puntualidad cada quince días, era distribuida en todo el país, su abono mensual costaba 4 bolívares y el número suelto, 2 bolívares llegando a contar con más de 3000 suscriptores a nivel nacional e internacional. Cada ejemplar tenía entre dieciséis y cuarenta páginas.
1. Manuel Echezuría (izquierda) y Jesús María Herrera Irigoyen (derecha).
Sobre el nacimiento de la revista se conoce, de acuerdo a lo publicado en https://museodellibrovenezolano.libroria.com/el-cojo-ilustrado/, que tuvo lugar en “la fábrica de cigarros ‘El Cojo’, fundada en 1873 (cuyo) nombre se tomó de uno de los socios de la cigarrería: Manuel Echezuría que era conocido con ese apodo. El otro socio era Agustín Valarino. Los cigarros ‘El Cojo’ pronto se transformaron en una empresa pujante con sucursales en todo el país, (y) es allí donde aparece Jesús María Herrera Irigoyen, (quien) es nombrado gerente de la sucursal de Caracas. En 1881 Herrera Irigoyen comienza a publicar un pequeño folleto, como propaganda para la fábrica de cigarros, pero un año después la empresa compra una tipografía, con la intención de imprimir lo necesario para los cigarros, además de diversificar sus productos. Tres años más tarde con la muerte de Echezuría, Herrera Irigoyen compra la empresa y pasa a ser el único propietario de ‘Tipografía a vapor El Cojo’” uno de los primeros talleres de fotograbado mecánico del país y punto de partida para la fundación de la revista artístico-literaria que hoy nos ocupa.
Aunque detrás del proyecto de la revista siempre estuvo Herrera Irigoyen, el primer director de El Cojo Ilustrado fue Manuel Revenga. Será a partir del n°66 (1894) que el nombre de Revenga se acompañará con el de Herrera Irigoyen, hasta 1895 en que éste aparecerá como único director hasta el número 559 del 1 de abril de 1915 que marcará su fin.
Cuidando siempre que la portada de cada ejemplar estuviese hermosamente ilustrada, El Cojo Ilustrado, dentro de una línea claramente cultural, recogía “artículos diversos sobre arte, historia, literatura y crónicas. También se incluían relatos de vidas de personajes, poemas o cuentos, obras de artes, arquitectura, curiosidades y noticias mundiales y un calendario con las fechas destacadas. La intención de la revista era unificar al país con los ideales liberales, (mostrando) un discurso que apoya a la familia, el ideal de Nación, el progreso y la civilización, la democracia, la educación y la paz; destacó sobre todo por promover la idea de la mujer como cabeza de familia para lo que se incluían secciones como moda y belleza”.
Como señala Oscar Palacios Herrera en el artículo dedicado a Jesús María Irigoyen aparecido en el Diccionario de Historia de Venezuela (https://bibliofep.fundacionempresaspolar.org), “por las páginas de la revista desfilaron 3 generaciones de escritores venezolanos: desde Eduardo Blanco, Julio Calcaño y Felipe Tejera, hasta Rómulo Gallegos, José Tadeo Arreaza Calatrava y Francisco Pimentel. Quizás la que llenó el período más destacado de El Cojo Ilustrado fue la generación intermedia, en la que tanto influyó el modernismo literario y el pensamiento positivista, a la que pertenecieron -entre muchos otros nombres relevantes- prosistas como Manuel Díaz Rodríguez, Pedro Emilio Coll y Luis M. Urbaneja Achelpohl; ensayistas como César Zumeta, Pedro Manuel Arcaya y Laureano Vallenilla Lanz; poetas como Rufino Blanco Fombona, Andrés Mata y Alfredo Arvelo; historiadores como José Gil Fortoul, Eloy González y Francisco González Guinán”. Además, la publicación contó con la colaboración de fotógrafos de la talla de Henrique Avril y Luis Felipe Toro “que recorrían el país para mostrar su progreso, por lo que con frecuencia se orientaban a trabajadores, tecnología, productividad y numerosos paisajes”, convirtiéndose en cronistas gráficos de la Venezuela de finales del siglo XIX y comienzos del XX.
2. Páginas interiores del nº1 de El Cojo Ilustrado.3. Algunos de los grabados aparecidos en el nº1 de El Cojo Ilustrado. Izquierda: «La France». Centro: Entrada al Pasaje Linares (vista sur). Derecha: «Torero» de Arturo Michelena.
El primer número, de dieciséis páginas, además de presentarse dirigido por Ravenga, mostrará en su portada a J.M. Irigoyen C.A., Empresa El Cojo, Caracas, Venezuela, como Editores Propietarios. También se dejará claro su condición bimensual y que estaría bajo la responsabilidad de Empresa El Cojo, Caracas, Venezuela. La hermosa y potente imagen que la protagoniza corresponde al grabado “El llanero domador” descrito junto al resto de ilustraciones que recoge la página 2 precisándose que el “original se debe al pincel del inspirado pintor Celestino Martínez (q.e.p.d.) y la copia a pluma, al hermano de éste, Gerónimo Martínez, representa una de las más típicas escenas de nuestros llanos”. Continuará la descripción señalando lo siguiente: “Los hijos de nuestras pampas figuran en nuestra historia de la Independencia como valerosos adalides que nunca cejaron ante empreño de arma alguna, por enorme que fuese, y que siempre fieles a la santa causa de nuestra libertad, ayudaron de continuo con su sangre a que germinara en la patria tierra la semilla fecunda de nuestra ciudadanía”. Finalizará el texto apologético preparado sobre el grabado de la portada de esta forma: “Al mismo tiempo de bello adorno y artístico regalo, quiera la suerte que sirva este dibujo de lema simbólico que nos enseñe a todos a domar los vicios de diverso linaje que sin descanso hacen venir a menos los hechos de nuestra vida nacional”, como se verá, toda una declaración de principios de los editores, quienes, evadiendo en lo posible oponerse durante 23 años a los gobernantes de turno (Raimundo Andueza Palacios, Guillermo Tell Villegas, Joaquín Crespo, Ignacio Andrade, Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez y Victorino Márquez) y, por tanto, cualquier vinculación política, se esforzaron siempre por liderar reformas que de algún modo implicaran beneficios positivos para el bienestar del país.
El Sumario del nº1 de El Cojo Ilustrado recoge como textos los siguientes: “Prospecto”, que puede considerarse como el editorial con que se presenta tanto el ejemplar como la publicación en general; “Nuestros grabados”, donde de las 14 imágenes que acompañan el número se describen 8 de ellas, de entre las cuales cabe destacar los grabados de los recién inaugurados Hospital de Niños (también conocido como Hospital Linares, devenido luego en Hospital Militar y finalmente hasta hoy en sede de la Cruz Roja Venezolana) y Pasaje Linares, ambos acompañados de una destacada reseña dedicada importante benefactor caraqueño; una fotografía del interior del Hospital Vargas (Departamento de Mujeres) terminado el año anterior; y un grabado titulado “Torero” basado en un estudio a pluma de Arturo Michelena; “Flores y jardines en Caracas” de Adolf Hernst; “Las Reputaciones” de F. de Sales Pérez; “Política europea” (extracto de las revistas y periódicos recibidos últimamente); “Poesías” de Luis López Méndez; “El Tocador” de la Baronesa Staffe (primera entrega de la transcripción traducida del libro del mismo nombre que significó un best seller para su autora); “Estrofas” de Alirio Díaz Guerra; “Sección científica” (El bacilo de la fiebre tifoidea); “Sección biográfica” (dedicada a Luis López Méndez, A. Ernst, Jesús María Suárez y Francisco de Sales Pérez); y el Capítulo I de “Su cara mitad” (novela escrita por F. Barret, traducida al castellano por Francisco Sellén).
4. Portada del último número (559) de El Cojo Ilustrado del 1 de abril de 1915. Imagen: Episodios de la guerra (la Gran Guerra había llegado)
Las claras intenciones de los editores de convertir la publicación en referencia venezolana de la industria del fotograbado, de competir abiertamente con periódicos similares del extranjero y de ser “adalides de toda reforma que de algún modo implicara positivos beneficios para el bienestar de la Patria y de sus hijos”, se ve subrayado por la visión nacionalista que se refleja en el “Prospecto” del primer número, del cual extraemos los siguiente: “Así como para la parte ilustrada, de más está decir que los editores desean con vehemencia que las hojas de esta publicación al texto dedicadas, sean palenque donde brille de preferencia el patrio talento; y para ello excita á los escritores, hombres de ciencia y arte, é industriales venezolanos, á que contribuyan con sus producciones á realzar esta obra de progreso. Todo documento que tenga relación con la Historia Patria, con la de nuestras ciencias, artes é industrias, las lucubraciones de todo linaje que de algún modo representen interés nacional ó revistan carácter genuinamente venezolano, serán acogidas con entusiasmo y deleite, pues la crónica de nuestros heroicos hechos, así como la que demuestre el orijen y desarrollo de nuestra vida intelectual, está aún por comenzarse”.
La ventana que se abre desde el mismo nº1 a la participación e interés por la mujer y sus temas en sus páginas, lo evidencia la traducción parcial del libro El Tocador de la Baronesa Staffe (seudónimo de Blanche Augustine Anyele Soyer) autora de un libro muy leído titulado La elegancia en la vida social, la cual vendrá encabezada por lo siguiente: “en obsequio a nuestras lectoras, traduciremos de él los más notables capítulos que servirán de guía y norma a nuestras bellezas caraqueñas. Publicamos a continuación el primero”. Sobre este asunto es altamente recomendable la lectura del texto de Cecilia Rodríguez Lehmann en el interesante artículo “Autorías transoceánicas. Una baronesa en un boudoir caraqueño del siglo XIX”, publicado en https://tropicoabsoluto.com, donde analiza cómo los editores de El Cojo Ilustrado, pese abrir esa interesante puerta, no están exentos de los prejuicios propios de la época en cuanto a cómo se visualiza la participación de la mujer venezolana en un medio de divulgación, cómo se introdujo la autoría femenina extranjera en el contexto del entresiglo venezolano y qué papel jugaron esa voces femeninas transoceánicas en el rediseño del campo intelectual venezolano.
5. Diversas publicaciones que tienen a El Cojo Ilustrado como tema.
Para cerrar, no queremos pasar la oportunidad de señalar que El Cojo Ilustrado y sus páginas han sido objeto tanto de recopilaciones como de varios estudios que han dado lugar a diferentes libros entre los cuales merecen ser destacados los siguientes:
El Cojo Ilustrado. 1era. Edición facsimilar. Fotociencia. Caracas. 1960. 12 paquetes de folletos.
El Cojo Ilustrado. Edición facsimilar. Ediciones Emar. Impreso en España. 1977 (edición completa en formato reducido). 44 tomos
Martín Perea Romero y José Agustín Catalá. Catálogo de El Cojo Ilustrado. Ediciones Centauro. Caracas. 1975
Mario Milanca Guzmán. La música en El Cojo Ilustrado, 1892-1915. Dirección de Cultura UCV. Caracas. 1993. 2 tomos.
Mirla Alcibíades R. Literatura y Nación en El Cojo Ilustrado: La “íntima satisfacción» de Jesús María Herrera Irigoyen. Fundación Bigott. Caracas. 2017
Gabriel González. La fotografía en El Cojo Ilustrado. Burbuja Editorial. Caracas. 2005.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal, 2 y 3. El Cojo ILustrado, nº1, 17 de enero de 1892.