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IVECA, Ingenieros Venezolanos C.A., con Roberto Salas Capriles al frente, fue una de las empresas constructoras que tuvo una destacada actividad a lo largo de la década de los años 1950. Como muchas otras firmas del ramo, IVECA empezó a anunciarse en la que es considerada la primera revista de arquitectura que apareció en el país, A, hombre y expresión, registrándose en su primer número (1954) como elemento central de su propaganda una fotografía de la “estructura de los servicios de la escuela de enfermeras” (edificio hoy ocupado por el decanato de la Escuela de Medicina Luis Razetti, cercano al Hospital Clínico), lo cual indica que contó con el privilegio de participar en la realización de la Ciudad Universitaria de Caracas (CUC).

El proyecto de la Escuela de Enfermeras, de acuerdo a lo indagado por Silvia Hernández de Lasala en En busca de lo sublime. Villanueva y la Ciudad Universitaria de Caracas (2006), “se desarrolló a lo largo de trece años, aproximadamente entre 1944 y 1957, aunque en el Plano de Urbanismo y Jardines del 16 de octubre de 1952 ya prácticamente todos los elementos, incluyendo las áreas exteriores, se encontraban perfectamente definidos y con la forma que tendrían en el futuro”, perteneciendo el edificio correspondiente a las áreas sociales y de servicio -recogido de forma elocuente en la foto una vez concluida la construcción de su estructura- a la última etapa (1952). En tal sentido, “se evidencia la nueva importancia que se le asigna al papel de la estructura en la concepción de diseño, sobre todo en los grandes pórticos de concreto que soportan la cubierta inclinada del comedor -similares a los que utilizaría años más tarde en el Paraninfo y en la central telefónica del Edificio de Comunicaciones en la Plaza del Rectorado. Las áreas sociales están cubiertas por bóvedas de diferentes magnitudes, entre las cuales destaca la de mayor luz que cubre el gran vestíbulo del comedor, que recuerda otros casos similares en que las áreas relacionadas con estos usos se cubren con el mismo tipo de estructuras: la Escuela Técnica Industrial y el Comedor Universitario. La profusión de estructuras distintas en este pequeño edificio apoya la idea de una necesidad de experimentación eterna que en casos como éste dio lugar a algunos problemas no completamente resueltos desde el punto de vista formal, como aquellos surgidos del encuentro de las bóvedas y los pórticos de los techos inclinados”.

Quizás como reconocimiento a la calidad del acabado de obra que IVECA demostró en su actuación dentro de la CUC y del cultivo de una buena relación, fue que Villanueva le concedió también el honor de ser la firma encargada de construir su vivienda personal, ubicada en la avenida Los Jabillos de La Florida: la Casa Caoma, cuya obra se inició (de acuerdo a Paulina Villanueva, hija del Maestro) el 14 mayo de 1952 y se terminó el 29 enero de 1953. La estructura de Caoma fue proyectada por el propio Villanueva y calculada por el ing Daniel Ellemberg (quien también revisó anteriormente los cálculos estructurales realizados por Willy Ossott para la Escuela Técnica Industrial y participó en el equipo de calculistas del Aula Magna), seguramente vinculado a la empresa.

Un segundo aviso publicitario de IVECA aparece en el nº 2 de A, hombre y expresión (1955), en este caso con un diseño gráfico más elaborado (a cargo de Juan Pedro Posani), mostrándose como imagen de acompañamiento y logro constructivo la Unidad de Habitación Cerro Grande, proyectada por Guido Bermúdez (autor del anteproyecto como Tesis de Grado de arquitecto), Carlos Brando y Pedro Lluberes en 1951, incluida dentro del Plan Nacional de la Vivienda 1951-1955 del Banco Obrero y terminada de construir en 1954. La complejidad y envergadura de esta obra, un superbloque de 13 pisos y azotea que alberga 144 apartamentos: 96 tipo dúplex y 48 simples, conservada aún en muy buen estado vuelve a sumar puntos a favor de IVECA como empresa altamente fiable en el ramo.

Posteriormente, IVECA también participa en la construcción de El Helicoide de la Roca Tarpeya (1956-1961) proyecto, como se sabe, de Jorge Romero Gutiérrez, Dirk Bornhorst y Pedro Neuberger. También hemos podido conocer, según testimonio de Neuberguer en la entrevista titulada “El Helicoide. Repostería del modernismo” (TODO EN DOMINGO -revista dominical de El Nacional- Nº184, 13 de abril 2003, que puede consultarse en http://www.el-nacional.com/revistas/…reportaje1.htm), cómo dentro del trágico destino que ha acompañado a este enorme centro comercial, “Los accionistas de Iveca C.A. (compañía propiedad de Roberto Salas Capriles, principal accionista de la obra) salieron del país y el Helicoide quedó sin financiamiento”.
Coincidiendo en fechas con la construcción de El Helicoide, en 1957, aparecen en enero y julio los números 4 y 5 de A, hombre y expresión y en cada uno de ellos el anuncio, ahora en tono absolutamente geométrico-abstracto, de IVECA, cuando la coordinación y propaganda de la revista estaba a cargo de Clara Urdaneta. Este diseño que le atribuimos a Urdaneta es el que engalana nuestra postal del día de hoy.

Con respecto a Clara Urdaneta (1933-2017), quien para entonces contaba con escasos 24 años demostrando que estaba para asumir importantes responsabilidades, sabemos que fue la primera esposa de Juan Pedro Posani de quien tomó el apellido con el que se conoció posteriormente como relevante escritora, cineasta y productora. Clarita, como sus allegados la solían llamar, participó en los años 60 en el movimiento guerrillero venezolano de cuya experiencia, la cual consideró como un fracaso y de la que, con coraje, tomó distancia y manifestó público arrepentimiento, dejó un importante testimonio a través de tres libros: Los farsantes (Publicaciones Seleven, 1976), La casa está llena de secretos (Publicaciones Seleven, 1980) y Ulises (Editorial Domingo/Fuentes, 1984). Anteriormente se había dado a conocer con otra obra: Pito de Oro (Colección Testimonios, 1973) donde persigue como propósito denunciar la poderosa maquinaria que ha engendrado y alimentado uno de los conflictos más graves experimentados en el país: el tráfico y consumo de drogas. Luego, en 1981, coordinaría la edición de Apenas Ayer. 20 años de fotografía de Luis F. Toro, hermosa publicación de la Fundación Neumann, diseñada por John Lange.
En 1968 estuvo involucrada activamente dentro del equipo encabezado por Jacobo Borges que montó la producción Imagen de Caracas, en los terrenos que hoy ocupa Parque Central. Sobre su persona giró buena parte del logro alcanzado por esta importante, compleja y a la vez efímera experiencia, hasta el punto de que el propio Borges ha reconocido que sin ella Imagen de Caracas no hubiese sido posible ya que: “Lo que no conseguía Clarita no lo conseguía nadie”, dando fe de lo exigente que fue la producción en cuanto a todo lo que ella involucraba y demandaba y el increíble hecho de haberse podido concretar gracias al tesón y empeño puesto por Clarita.
También dentro del mundo audio visual Clara Posani, como siempre firmó, dirigió la película La noche del embustero (1973) y aparece como productora de Los tracaleros (1977), dirigida por Alfredo Lugo.
De la nota “Fin de un ciclo, fin de una vida que lo experimento y dio su testimonio... Adiós a Clarita Posani” escrita a raíz de su fallecimiento por Roberto Lovera De Sola, que se puede visitar en https://josefinaweidner.wixsite.com/laweidnercosmica/single-post/2017/02/08/Fin-de-un-ciclo-fin-de-una-vida-que-lo-vivio-y-dio-su-testimonio, extraemos lo siguiente: “Clarita (…) fue un gran ser humano, lleno de ternura con sus tres hijos y por sus amigos. Un ser que amó su tiempo y una mujer escritora destacada, entre las del ultimo medio siglo, en que la literatura escrita por mujeres tiene en gran lugar en las letras venezolanas y en las latinoamericanas. Un sitio donde no se puede dejar de mencionar a Clarita Posani”. Y todo ello comenzó, en buena medida, dentro de la actividad que en el área de diseño gráfico y propaganda desarrolló siendo muy joven en A, hombre y expresión junto a Carlos Raúl Villanueva, Ramón Losada y Juan Pedro Posani, teniendo desde 1954 a IVECA como uno de sus anunciantes.
ACA
Procedencia de las imágenes
Revista A, hombre y expresión
Colección Crono Arquitectura Venezuela

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Con la publicación en 1999 (hace ya 20 años) del catálogo que recogía los trabajos presentados en 1996 durante la primera edición del Premio AXIS a la excelencia en diseño, el Centro de Información y Documentación (CID) de la FAU UCV daba un importante paso y llenaba un notable vacío que tenía justamente en el reconocimiento y registro permanente de la actividad más importante que se realiza en su Escuela de Arquitectura su principal deuda.
De lo que se extrae en la presentación de la edición, cuya portada ilustra la postal del día de hoy, escrita por el profesor Gustavo Flores, tenemos que: “Los premios AXIS han sido creados para señalar anualmente lo más destacado de la producción de proyectos de los estudiantes cursantes de diseño en las distintas unidades docentes de nuestra escuela de arquitectura. Se retoma así la tradicional exposición anual de trabajos de diseño de las unidades docentes, pero ahora solicitándoles sólo los mejores trabajos de los diez semestres de diseño. Este conjunto de proyectos compiten por un premio al mejor trabajo de Diseño en la Escuela de Arquitectura, durante un año lectivo, en cuatro categorías: de primero a tercer semestre; de cuarto a sexto semestre; de séptimo a noveno semestre; y los trabajos especiales de décimo semestre”.
La creación del Premio AXIS surgió por iniciativa de la por entonces Directora de la Escuela de Arquitectura, la profesora Paulina Villanueva, quien contó con el apoyo incondicional de la también profesora Ana María Marín al frente del CID y de todo su equipo, con particular mención como colaboradoras en la producción de la primera exposición de Carla Henríquez, Gabriela Rodríguez y Valerie Wormald.
El catálogo en tapa dura y pequeño formato (21 x 15 cms), realizado bajo la coordinación editorial de María Antonia Rodríguez, impreso en papel glasé con una alta calidad, de cuidado, sobrio y elegante diseño gráfico a cargo de Martha Sanabria con el acompañamiento en la diagramación y montaje de Catherine Goalard, tuvo un tiraje de 1.000 ejemplares. Registra, con fotografías de Jorge Andrés Castillo, la participación de 101 estudiantes cursantes de la asignatura Diseño Arquitectónico en las ocho agrupaciones docentes existentes para aquella fecha en la Escuela de Arquitectura (seis Unidades Docentes, una Experiencia y un Taller), cuyos trabajos fueron seleccionados para participar en la exhibición. Además de la importancia de las fotografías, el catálogo se convierte en una pieza de gran valor por cuanto contiene brevemente expuestos los postulados que guiaron cada experiencia de diseño representada por los correspondientes ejercicios.

Se contó como jurado del evento, con un grupo de profesores del más alto nivel conformado por: Carlos Gómez de Llarena y Jorge Rigamonti (en representación del Sector Diseño FAU UCV), Gustavo Flores (representando al IDEC FAU UCV), Alberto Sato (por el Sector de Historia FAU UCV), y Emile Vestuti y Enrique Larrañaga (representado la Carrera de Arquitectura de la USB), quienes adjudicaron los siguientes Premios Únicos: Categoría I al Bachiller Raúl Bergamini, alumno de Diseño 3 de la profesora Virginia Solórzano (Unidad Docente 01); Categoria II a la Bachiller Andrea Parga, alumna de Diseño 6 del profesor Alfredo Mariño (Unidad Docente 01); Categoria III al Bachiller Manuel Bolívar, alumno de Diseño 8 del profesor Oscar Tenreiro (Taller Firminy); y Categoria IV al Bachiller Enrique Fernández-Shaw, alumno de Diseño 10, guiado por el profesor Azier Calvo A. (Unidad Docente 07).


El catálogo también contiene las bases que rigieron esta primera edición del Premio, en cuyos fundamentos se expone como misión la de “reconocer aquellos trabajos que por su aporte se hayan destacado dentro de la disciplina del Diseño, en el desarrollo académico del estudiante. Este estímulo a las futuras generaciones de Arquitectos ayuda a promover la búsqueda de la disertación en todos lo ámbitos de acción del hecho proyectual, orientándola así hacia la consecución de la excelencia académica”.
Testimonio de un momento en el que los medios de representación aún no habían sido avasallados por la presencia de los medios digitales, tanto la exposición como su catálogo ofrecen también la oportunidad de encontrar lo que ya comenzaba a ocurrir en los albores del uso de programas de dibujo para la computadora.
Desde entonces hasta hoy, la Escuela de Arquitectura no sólo adoptó el nombre de Carlos Raúl Villanueva, vio la desaparición de algunas y le abrió paso a otras unidades y experiencias docentes, incorporó a la Unidad Docente Extramuros de Barquisimeto y ha buscado cambiar el sentido de la asignatura que se premia intentando superar el campo del Diseño para apuntar al del Proyecto, sino que ha hecho todo lo posible, con todas las dificultades del caso, por darle continuidad a esta iniciativa, contándose, a pesar de presentar algunos altibajos, ya con XVI Ediciones, siendo la última la correspondiente al año 2016, momento desde el que se ha vuelto peligrosamente a entrar en mora.
Asímismo, dentro de las bases del Premio se han incorporado ligeras modificaciones siendo la más notoria la creación de un categoría sólo para trabajos de Primer Semestre, separándolos de los de segundo y tercero reconociéndose hoy no cuatro sino cinco categorías.
Lo que no se repitió fue el poder contar con un registro en físico de la calidad del que se elaboró para su primera edición lo cual se echa en falta. Sin embargo, se pueden visitar los resultados de las ediciones que van de la VII a la XVI, sin el acompañamiento de los programas de las experiencias en las cuales se inscriben, en https://www.fau.ucv.ve/axis/. De la II a la VI no tenemos noticias de su paradero.

Hoy, según el mencionado enlace, encontramos que, la actividad que se distingue integra y expone “a través del proyecto como proceso y vehículo, todos los conocimientos que los estudiantes de arquitectura desarrollan durante su formación. (…) Considerando que el proyecto es el medio de realización y exposición del pensamiento y la labor arquitectónica, un proceso cuyo producto define y orienta lo edificable, el Premio AXIS se propone desde el proyecto y en él busca coherencia entre idea y diseño, dominio técnico y capacidad de enunciar, a plenitud, la posible y necesaria realidad de lo que ha de ser edificado. Es también un momento de evaluación de la docencia en Diseño, en virtud de la relación profesores-estudiantes sobre la que se funda el taller de proyectos y referido a la propuesta académica en torno a la cual se reúnen todos los participantes del acto docente. Por ello, el AXIS reconoce, a través de los trabajos premiados, la labor de grupos docentes que propician y acompañan un excelente desempeño estudiantil”. Toda una declaración de principios que hace de la convocatoria regular al Premio una tarea necesaria a la que hay que preservar a toda costa y retomar cuanto antes.
ACA

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