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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 232

Pocos edificios proyectados como centros recreacionales han tenido tan presente la carga de representatividad o, en otras palabras, el problema del carácter como el Círculo de las Fuerzas Armadas. La institución a la que iba dirigido dentro del momento histórico que vivía el país -gobernado justamente por un régimen militar-, el lugar que ocuparía dentro de la ciudad, las características del programa y el perfil del arquitecto a quien se le encomienda el diseño de la edificación, conforman las cuatro variables que mejor nos ayudan a comprender el por qué ha sido así.

El compromiso de dotar a la institución castrense de un lugar que no tuviera nada que envidiarle a los más aristocráticos clubes de la capital, cuya misión, de acuerdo a la nota que acompaña la presentación de «El Circulo de las Fuerzas Armadas» en Venezuela bajo el Nuevo Ideal Nacional. 2 de diciembre de 1952-19 de abril de 1954 (1954), fuese «contribuir a una mayor identificación entre los profesionales de las Fuerzas Armadas y al incremento de la vida social entre ellos y sus familiares», se había fijado como un objetivo inicial muy claro propuesto desde la misma Presidencia de la República.

Por otro lado, el sitio escogido para ubicar el Círculo, aledaño al Paseo de Los Próceres perteneciente al conjunto urbano «La Nacionalidad», un espacio público longitudinal que, según Silvia Hernández de Lasala en Malaussena. Arquitectura académica en la Venezuela moderna (1990), recuerda el eje Trocadéro-École Militaire, en París, lo obligaba a sobrellevar el peso ideológico y semántico que lo acompañaba: exaltación de los valores patrios y sistema compositivo típicamente beaux art.

De esta manera, cuando a Malaussena (proyectista igualmente de «La Nacionalidad») se le encarga el Círculo de las Fuerzas Armadas, toma inmediatamente dos decisiones muy acordes con su formación académica. En primer lugar trata de desvincular la obra, por obvias razones de solemnidad y representatividad que el uso recreacional no ofrecía, del influyente grupo urbano al que pertenece y, en segundo lugar, para reforzar lo anterior, decide adoptar el lenguaje propio de la modernidad y optar para subrayar este hecho con la colaboración de tres jóvenes arquitectos alemanes recién llegados al país: Federico Beckhoff, Klaus Heufer y Klaus Peter Jebens.

1. Plano General del sistema urbano «La Nacionalidad». Luis Malaussena (1950-53)
2. Luis Malaussena. Círculo de las Fuerzas Armadas, Los Próceres (Caracas), 1954. Vista de la fachada principal desde el eje de «La Nacionalidad».

No es de extrañar, por tanto, que el Círculo de las Fuerzas Armadas se manifieste como un evento independiente, un tanto casual y autónomo del contexto que lo circunda hecho que se lee desde la implantación hasta el esquema compositivo adoptado pasando por su propia apariencia..

3. Luis Malaussena. Círculo de las Fuerzas Armadas, Los Próceres (Caracas), 1954. Izquierda: Dibujo isométrico. Derecha: Corredor de acceso al patio de monta.

Malaussena, más allá del salto expresivo que se produce en el Círculo de las Fuerzas Armadas con relación al rigor de su obra anterior, se comporta en esencia de la misma manera, es decir, selecciona el estilo más conveniente dentro de un amplio repertorio posible, siendo en este caso el «internacional» el que mejor se adaptaba a la caracterización festiva e informal -dentro de los límites que «lo militar» también impone- que se le debía dar al edificio. Por otro lado, el hecho de que nos encontramos ante una actitud eminentemente ecléctica y no militante con los cánones del Movimiento Moderno nos lo demuestra la incorporación de elementos de inspiración prehispánica y colonial en zonas muy precisas del conjunto: en el diseño de una curiosa pared calada y en la ambientación del Patio de Monta, respectivamente, se recurre a la reinterpretación libre de nuestras principales vertientes históricas, como bien apunta Hernández de Lasala en la obra ya citada.

4. Luis Malaussena. Círculo de las Fuerzas Armadas, Los Próceres (Caracas), 1954. Izquierda: Vista del área de la piscina. Derecha: Vista interior.
5. Luis Malaussena. Círculo de las Fuerzas Armadas, Los Próceres (Caracas), 1954. Entrada al Salón Venezuela.

El conjunto, desarrollado en un espacio de 25 hectáreas como parte de la gran superficie antiguamente ocupada por las haciendas llamadas “Conejo Blanco”, cuya idea general se planteó en 1943, y su construcción comenzó en 1950 a cargo del Ministerio de Obras públicas, siendo inaugurado por el gobierno del General Marcos Pérez Jiménez el 2 de diciembre de 1953 y finalizado en 1957 (Salón Venezuela), obedece a una organización en la que claramente se puede diferenciar un área de residencia temporal destinada a oficiales en tránsito por la capital (que se orienta estrictamente norte-sur) y el resto de las instalaciones donde se desarrollan las actividades culturales, sociales o de esparcimiento (situadas paralelamente al eje de «La Nacionalidad»). La piscina, vital punto de animación compartida, terminada de construir en 1954 por la Compañía “Malausena y Silveira” junto al hotel, sirve como elemento vinculante entre éste último y el resto del edificio todos realizados con concreto pre-mezclado suplido por la empresa Mixto-Listo, C.A. El núcleo central de la composición lo conforma un patio en torno al cual se agrupan los usos socio-culturales más importantes, desprendiéndose y amarrándose, mediante una interesante red de pasillos techados, por un lado, el Patio de Monta y, por el otro, las áreas de servicio y mantenimiento. Este mismo sistema de elementos conectores que producen sombra y controlan la escala son utilizados alrededor de la piscina y de forma muy adecuada en la definición y protección del acceso al edificio a modo de marquesinas.

En el Círculo Militar, sin duda, se logra una acertada articulación de los diferentes volúmenes que lo conforman (casi tantos como funciones hay), manifestándose por tal razón un claro predominio del espacio abierto por sobre el cerrado y un cambio permanente de sensaciones entre el interior y el exterior de acuerdo a cómo sea seleccionado cualquiera de los múltiples e interesantes recorridos posibles: siempre aparecerá algún patio o algún jardín que jugará un importante papel en el reforzamiento de esta sensación.

La yuxtaposición de lenguajes y la multiplicidad de materiales escogidos para la ambientación son dentro de este edificio dos de sus rasgos más notorios. De aquí que sus proximidades y lejanías con la arquitectura del siglo XIX sean claras, no tanto por la coherencia en cuanto al estilo seleccionado, pudiéndose percibir en este caso un eclecticismo más libre y menos estricto, sino por la búsqueda de la estimulación constante de los sentidos. Mármoles de todos los matices, murales de cerámica y pintados, retablos de finísimas maderas, cobres, bronces, cristales, espejos, lámparas y tapicerías, recursos con los que se buscaba dar elegancia y confort a la construcción, sumados a los murales que valoran el mestizaje y la identidad, obra de Pedro Centeno Vallenilla (1904-1988), se mezclan y a la vez encierran gran parte del éxito y aceptación que ha tenido de parte de los usuarios, revelando en el fondo, de nuevo, el hondo calado que tiene la formación del arquitecto proyectista y las nunca desplazadas tendencias del gusto general.

Nota

En fecha tan reciente como 2007, el ahora denominado Instituto Autónomo Círculo de las Fuerzas Armadas (IACFA), convocó un concurso por invitación que consistió en proponer un grupo de nuevas edificaciones (hotel cinco estrellas de 350 habitaciones, teatro para 3500 personas, sala de convenciones y estacionamiento para cerca de 400 vehículos) para a ser ubicadas en parte de los terrenos pertenecientes a la sede social. Dicho certamen fue ganado por Lasala & Lasala Design Studio oficina que desarrolló el correspondiente proyecto el cual fue entregado en 2011 y puede ser consultado en https://www.lasalaylasala.net/nuevas-edificaciones-iacfa-1.

6. Lasala & Lasala Design Studio. Propuesta ganadora del Concurso para un hotel, teatro y centro de convenciones (2007-2011), luego denominada «Gran Hotel Venezuela», ubicada en parte de los terrenos pertenecientes al Círculo de las Fuerzas Armadas

Con aportes recibidos del “Convenio China-Venezuela” (también conocido como el “Fondo chino”), el conjunto de 90.000 m2 de construcción (denominado “Gran Hotel Venezuela”) comenzó a ejecutarse en 2014, según voceros del gobierno, como una obra “llave en mano”, que tendría, luego de su inicio, la terminación garantizada para finales de 2019.

Actualmente se encuentra con el esqueleto estructural metálico concluido y avanzando muy lentamente a nivel de albañilería alejándose, como de costumbre, del cronograma inicialmente previsto para lo cual seguramente se esgrimirán las consabidas excusas. Como si de una creación de las Fuerzas Armadas se tratara por el simple hecho de tener bajo su responsabilidad la supervisión, a los arquitectos proyectistas ni se les menciona. Tampoco sabemos con qué fidelidad se está respetando el proyecto entregado.
Teniendo en mente lo que está ocurriendo en La Rinconada con el estadio de beisbol o ha ocurrido con la red de ferrocarriles, entre otros muchos casos, ¿quedará también en el limbo el momento (si lo hubiera) en que se podrá disfrutar de esta “magna obra»?

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 2, 4 y 5. GOBIERNO NACIONAL. Venezuela bajo el Nuevo Ideal Nacional. 2 de diciembre de 1952-19 de abril de 1954 (1954).

1 y 3. Silvia Hernández de Lasala, Malaussena. Arquitectura académica en la Venezuela moderna (1990)

6. https://www.lasalaylasala.net/projects#/new-iacfa-buildings-ccs/

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 231

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL

Aunque el concepto de “árbol para vivir” cobra su mayor impacto en el desarrollo del grupo de viviendas proyectado en 1994 para la Cooperativa de Trabajadores de Pequiven en Lechería, estado Anzoátegui, allí José Fructuoso (Fruto) Vivas (La Grita, 1928) no hace otra cosa que volver a poner en práctica a gran escala buena parte de la teoría que había estado esbozando desde su obra más temprana. Dentro de ese marco, la casa diseñada en 1975 para el Dr. Homero Marín ubicada en la urbanización La Trinidad, Caracas, es la que, después de “El Tarantín”, proyectada para su hermana en Barquisimeto, primero recogió una serie de ideas que buscaban, por un lado, aproximar la arquitectura a la naturaleza a través del hecho constructivo-estructural y, por el otro, la convicción profesada por Vivas de que “todo acto humano es político y el de construir lo es de sobremanera” (como bien ha acotado Juan Pedro Posani), cuestiones que van más allá de una preocupación estética por lo impregnadas que se encuentran de innovación.

La casa, cuyo dibujo ilustra nuestra postal del día de hoy, reseñada por primera vez por Posani en la revista Punto nº 61 (junio 1979), luego en Guía de edificaciones contemporáneas en Venezuela. Caracas. Parte 1 de Mariano Goldberg (1980) y más recientemente en la nota elaborada por Iván González Viso dentro de Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015), aglutina diferentes temas que quizás valga la pena repasar. El primero tiene que ver con una muy particular relación cliente-arquitecto que permitió al primero enorgullecerse de un resultado que satisfizo plenamente sus expectativas básicas y a la vez contar con una “invención” propia de la creatividad de un imaginativo profesional, y al segundo (al arquitecto) aprovechar la oportunidad para poder experimentar con la utilización racional y no necesariamente convencional de los materiales, lo que condujo a la realización de un verdadero prototipo que podría considerarse como todo un manifiesto en el uso de estructuras límite, cabalmente acompañado de calidades espaciales y ambientales verdaderamente ejemplares y, si se quiere, originales.

1. Dos dibujos de Fruto Vivas explicativos de la concepción y construcción del «arbol para vivir» proyectado como vivienda multifamiliar para Lechería, estado Anzoátegui, 1990

Justamente es ese “construir con la materia óptima necesaria, con la forma de máxima eficiencia” que va asociado al concepto de estructura límite, para dar “a la edificación el carácter mutante propio de la vida”, ofreciéndole a la ciudad la oportunidad de que «cambie como cambian los bosques, sin morirse, en un mundo dialéctico de íntima relación pero a la escala gregaria del hombre, donde sea posible el amor social en estructuras urbanas y en armonía con la naturaleza”, lo que se encuentra en el corazón del concepto bioclimático de “árbol para vivir” que Fruto Vivas incipientemente esbozara en la casa Marín y luego desplegara en el edificio multifamiliar de Lechería.

“La estructura límite -dirá Vivas en otra ocasión- está muy ligada a la idea del andamio al ser aplicada a la vivienda. Pongo el ejemplo del andamio para hacer una objetivación de una estructura liviana aplicable en la vivienda. Nosotros llamamos estructura límite a aquella estructura que está en el máximo de su optimización: donde menos material no se puede poner, pero está en su máxima rigidez. Es una estructura óptima”. 

Buckminster Fuller, Archigram, Yona Friedman y hasta Christopher Alexander resuenan para quienes se han aproximado a la búsqueda tanto a escala doméstica como urbana emprendida por Vivas. En el primer ámbito, el planteamiento para la casa Marín se basa en una estructura metálica colgante pensada para que de ella se trepe la vegetación que en principio permitiría al sistema asumido adaptarse a cualquier accidente topográfico. La vivienda, en la cual se utilizaron materiales industrializados disponibles comercialmente, está desarrollada en tres niveles (+0,90, +2,20, +3.50) y dispone de una sala, comedor, cocina-pantry, habitación de servicio ubicados en los dos primeros y, agrupados en el nivel mas alto (+3,50): la habitación principal con vestier y baño; una habitación con el baño incorporado para la hija y otra habitación, compartida, para los dos con el baño afuera.

2. Fruto Vivas. Cortes y fachadas de la Casa Marín, La Trinidad, Caracas, 1975

Formal y volumétricamente, como señalará González Viso, la casa “se plantea como dos grandes módulos en voladizo (comedor y servicios; estar y dormitorios) suspendidos por cuatro apoyos metálicos vinculados por un marco espacial desde donde se desprenden los tirantes que la soportan. Construida con marcos portantes tubulares metálicos, tabiques de resinas fenólicas y pisos de madera, la casa muestra una clara racionalidad constructiva, consecuencia del uso de un módulo geométrico asociado a la prefabricación. Al interior, la luz es protagonista, controlada por ligeras celosías y romanillas, ubicadas en cielos y muros. Con un mínimo grado de sofisticación, Vivas recurre a … formas simples de fácil ensamblaje mecánico, poniendo de manifiesto en esta obra, la tecnología más moderna para su época”.

El deseo de poder convertirse en su momento en modelo de un sistema para el desarrollo masivo de viviendas que debería tener importantes repercusiones a largo plazo, no se cumplió a cabalidad. Tampoco el haber tomado todas las previsiones en el sentido de economizar materiales y optimizar la estructura logró abaratar el costo final de la casa, lo que impulsa a Mariano Goldberg de calificarla de “costoso prototipo”. Esta contradicción es justificada por Posani cuando apunta que los prototipos arrojan por lo general costos elevados: “Emplean poco material, pero la mano de obra relativamente especializada que exigen, es escasa, impredecible y cara. Al salirse mínimamente de la rutina tradicional, aún para reducirla o simplificarla, las empresas aprovechan para elevar sus precios. Al no estar dentro del mercado ‘normal’ de materiales y de mano de obra, el tiempo de construcción -aún siendo obras pequeñas- se eleva paradójicamente hasta convertirse casi en una caricatura de esas grandes obras monumentales que arrastraban su construcción por años y años”. Y cierra: “…al esbozar el futuro, hay que sustraerse a las condiciones normales de trabajo… Al  proponer procesos constructivos ‘anormales’ (menos peso, menos material, menos mano de obra, menos tiempo) el costo sube vertiginosamente”, cosa que si bien ocurre con los prototipos se amortiza cuando los mismos derivan hacia la construcción masiva.

3. Imágenes recientes de la Casa Marín, La Trinidad, Caracas

La relación entre Homero Marín y Fruto Vivas a raíz de la satisfactoria realización de la vivienda familiar del primero, le permite a Posani afirmar que Vivas “sabía lo que el cliente necesitaba y de allí su identificación con lo que se le construyó alrededor, con la alegre y aparente irresponsabilidad de quien domina tanto su oficio que ya se permite la soltura y la audacia del virtuosismo”. Esta actitud fresca, entusiasta y siempre jovial, permite delinear el perfil de este talentoso maestro de la arquitectura venezolana “cuyo mayor éxito, en el fondo, -según Posani- ha sido el promover ideas, el de agitar ideales y de afirmar con júbilo su fe en el Hombre, en los hombres, en cada hombre con quien se ha topado”.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. https://www.plataformaarquitectura.cl/cl/758152/clasicos-de-arquitectura-arbol-para-vivir-fruto-vivas/54778dbde58ece4c59000006?next_project=no

2. Revista Punto nº 61 (junio 1979)

3. http://guiaccs.com/obras/casa-marin/

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 230

“Cualquier descripción de la sociedad venezolana y su relación con Norteamérica debe incluir la poderosa influencia del automóvil, el cual representó un encuentro y encantamiento a gran escala con el mundo de la máquina y una forma relativamente sencilla de demostrar un entusiasmo sin límites por la tecnología”.

Esta frase extraída del texto “Autopía: modernismo motorizado en Caracas” que publicó Lorenzo Gonzalez Casas en el portal Prodavinci el 29 de agosto de 2017, refleja con claridad el espíritu que permeaba la capital en torno a una idea de modernidad donde el automóvil era un elemento fundamental del desarrollo, planteamiento que impulsa la aparición del plano que ilustra nuestra postal del día de hoy: “Caracas y sus alrededores” de 1946, patrocinado por las empresas petroleras ESSO (Standard Oil Corporation) y Creole Petroleum Corporation, correspondiente a la cuarta edición, impreso en Estados Unidos y producido por la firma General Drafting Co. con sede en New York, el cual fue difundido ampliamente al ser obsequiado en todas las estaciones de servicio ESSO del país.

Como señal de la visión que los editores del plano tenían de la ciudad, hemos extraído la siguiente cita contenida en el mismo: “Santiago de León de Caracas, nombre original de la villa enclavada en el corazón del valle del mismo nombre, capital del Distrito Federal y de la República. Su fundación por Diego de Losada en el siglo XVI (1567) constituyó un indudable acierto: un clima benigno y un paisaje pleno de bellezas, de color y de luz. Hoy, la Caracas moderna se ufana, con justicia, de ocupar un puesto de avanzada entre las mas cultas ciudades de América-Hispana”.

El desplegable, impreso en los tempranos años cuarenta, tenía como objeto promocionar el turismo por Venezuela a través del uso del automóvil así como el consumo de gasolina y sus productos derivados. A la vez ponía al alcance del público en forma masiva, la posibilidad de conocer la gran red de transporte terrestre y aéreo del norte de Venezuela, enfatizando la importancia de la capital.

La Standard Oil Company Inc. –trust de petróleo surgido en Ohio, Estados Unidos, fundado en 1870 por John D. Rockefeller- que patrocinó esta mapa, fue una empresa inicialmente dedicada a la refinación de petróleo que como bien señala Alejandro E. Cáceres en “Creole Petroleum Corporation. La gran fusión petrolera de los años cuarenta” (artículo aparecido en debatesIESA, 2012-1, enero-marzo), logró “desarrollar un exitoso modelo de negocios basado en sus relaciones con empresas ferrocarrileras, para el transporte de sus productos, y la capitalización de economías de escala, al incrementar su capacidad de producción y disminuir sus costos. Con este modelo, aunado a sus tenaces prácticas de negocios con sus competidores, al culminar la década de 1870 Standard controla el noventa por ciento del negocio refinador en Estados Unidos”.

Como información complementaria (siguiendo a Cáceres), sabemos que en 1943, la Standard Oil New Jersey fusiona sus operaciones de producción en Venezuela en la Creole Petroleum Corporation donde convergen tres empresas que operaban desde comienzos de los años veinte: la Standard Oil Company de Venezuela (1921), “constituida por accionistas estadounidenses que previamente habían obtenido el derecho de explotar concesiones en el occidente y el oriente de Venezuela”; la Lago Petroleum Corporation (1923), “subsidiaria de Pan American Petroleum and Transport Company empresa estadounidense con operaciones en California y México” y que en Venezuela “adquiere los derechos de explotación petrolera en occidente» absorbiendo en 1925 “a las empresas británicas British Equatorial Company Ltd. y British Zulia Oil Company, con concesiones en los estados Monagas, Sucre y Zulia» y que desarrolla las concesiones costa afuera en las aguas del Lago de Maracaibo; y el Creole Syndicate (1920), que “surge en Estados Unidos… para controlar las concesiones petrole­ras en Venezuela, subcontratando empresas operadoras para su explotación, tal como lo hizo en el Lago de Maracaibo con la Gulf Oil Corporation”.

Retomando el hilo, podemos decir que el año de impresión del plano “Caracas y sus alrededores” coincide históricamente, como bien apunta González Casas, con “dos experiencias de planificación fundamentales para la capital y el país pivotaron en torno al tema de la movilidad: el Plan Nacional de Vialidad y una serie de planes para Caracas. El Plan Nacional de Vialidad fue preparado en 1947 y constaba de una red nacional de carreteras, aeropuertos y puertos”. De la misma forma “el Plan contemplaba dos decisiones que afectaron substancialmente a Caracas: el desarrollo de un sistema carretero centrado en la región capital, y la selección del automóvil como principal modo de transporte”. No estaría de más agregar que en fecha tan temprana como 1940 el Concejo Municipal del Distrito Federal había aprobado el “Plan Director de Calles y Avenidas” el cual posteriormente fue corregido, mejorado y reformulado por el Plan Municipal de Vialidad de 1951.

En todo caso, para la fecha de publicación del plano la posibilidad de llegar en automóvil a los más apartados lugares del país “era más que una aventura: era un mensaje de progreso” tal y como lo señaló el cronista de la ciudad Guillermo José Schael citado por Gonzalez Casas.

No obstante, aprovechando el impulso aportado por el impacto que el vehículo ya empezaba a producir en Venezuela y con el objetivo de promover el desarrollo del país, las recién asociadas empresas petroleras diseñaron a través de la Creole Petroleum Corporation una campaña publicitaria a nivel nacional donde produjeron un mapa desplegable que reunía cuatro planos de distinta escala e índole.

El primero, el “Mapa de Carreteras del Norte de Venezuela”, que privilegia el transporte terrestre y aéreo con una escala gráfica en kilómetros, indicando en rojo “las rutas mas convenientes para ir de un lugar a otro”.

Segundo plano del «Mapa del Norte de los Estados Unidos de Venezuela. IV Edición». Esso, 1946

El segundo, el “Mapa de Venezuela central con las alturas a nivel del mar”, de carácter turístico, que ilustra con dibujos figurativos la vocación económica y valores de las regiones, ciudades y pueblos del norte de Venezuela, desde Valencia hasta Caucagua y desde Caracas hasta San Juan de los Morros.

El tercero (reproducido en la postal) representa “Caracas y sus alrededores”, mostrando el valle y sus principales carreteras, calles, vías y senderos así como rutas del ferrocarril. La preeminencia de la vialidad en el contexto geográfico del valle es característica de este mapa, pero también se muestran ríos, quebradas, y edificaciones de interés turístico como el Panteón Nacional, el Observatorio Cagigal, la Plaza Bolívar o el Hipódromo de El Paraíso. Curiosamente el plano destaca los clubes de golf del Country Club y Valle Arriba, así como el Club Hípico y el Hotel Ávila, mostrando la presencia, participación e intereses norteamericanos en la ciudad. Destaca una línea roja, que representa la Carretera del Este, vínculo de la ciudad entre el poniente y el oriente, así como las principales urbanizaciones.

Desde el punto de vista de la organización político territorial, la ciudad aparece dividida por una línea punteada remarcada en amarillo, que la corta a la mitad, separando el Distrito Federal y el Estado Miranda.

Cuarto plano del «Mapa del Norte de los Estados Unidos de Venezuela. IV Edición». Esso, 1946

El cuarto plano muestra en detalle el casco fundacional de la ciudad desde Monte Piedad hasta Sabana Grande, con énfasis en ilustraciones de fachadas de edificaciones y monumentos, así como en edificaciones de interés señaladas en color rojo. La nomenclatura de las esquinas destaca como el principal elemento de identificación para ubicarse en la trama de damero.

Carátula del «Mapa del Norte de los Estados Unidos de Venezuela. IV Edición». Esso, 1946

El desplegable presenta las distancias aproximadas entre ciudades de la república y “algunas sugestiones” (un error de traducción que proviene de la palabra “suggestions” y que debió decir “sugerencias”) de seguridad a los conductores en su transito por el país y recomienda que antes de emprender su viaje el vehículo esté “equipado con el mejor combustible Esso” no desaprovechando la ocasión para hacerse propaganda.

El plano tuvo gran aceptación y múltiples ediciones a lo largo de los años mostrando pequeñas variaciones y actualizaciones. La campaña publicitaria de la empresa también publicó planos desplegables denominados “hojas de ruta” con énfasis en las conexiones entre regiones o ciudades del país como Valencia-Barinas, Barinas-Mérida-San Cristóbal (Los Andes), Isla de Margarita o Caracas-Cumaná.

El aporte de las empresas transnacionales de petróleo en la construcción de carreteras desde el inicio de sus operaciones en Venezuela, contribuiría  significativamente en el proceso de expansión del sistema vial y la ocupación del territorio a tal punto que el impacto del automóvil en la ciudad haría que, un año mas tarde, en 1947, los tranvías de la capital operativos desde 1908, dejaran de funcionar, así como la línea del ferrocarril que partía de la Estación del Ferrocarril Central hacia el este, que se muestra aún en el plano. La misma suerte correría el Ferrocarril Caracas-La Guaira en 1952.

A partir de este momento la ciudad se alteraría drásticamente, introduciendo cambios sugeridos por el Plan Arterial dirigido por el planificador norteamericano Robert Moses en 1948 recogidos por el Plan Municipal de Vialidad de 1951, enfatizando el trazado de las autopistas del Este, del Valle y Caracas-La Guaira y su conexión mediante vías expresas algunas de ellas deprimidas.

Cabe recordar como mecanismo de chequeo del plano que hoy presentamos y para visualizar los cambios que en un lapso de sólo 5 años se producirían, lo que registra Juan José Martín Frechilla en “Diálogo Municipal con Pedro Pablo Azpúrua” contenido en Diálogos reconstruidos para una historia de la Caracas moderna (2004): “hasta 1951 se habían construido o estaban en construcción, por iniciativa del sector público: la avenida Bolívar (con la pista principal concluida en 1949); la primera parte de la avenida Sucre (entre la Plaza Catia y la Diego de Losada); la avenida Andrés Bello (desde la urbanización San Bernardino hasta la urbanización La Florida), y el puente sobre el Anauco; el ensanche de El Portachuelo de El Cementerio y la avenida Nueva Granada (desde El Portachuelo hasta La Bandera); el acondicionamiento de la avenida México (desde el Parque Carabobo hasta Plaza Morelos); la avenida España (desde Plaza Catia a la avenida Simón Bolívar). Por otro lado, en operación conjunta entre el sector público y el sector privado, se había construido el tramo de la avenida Las Acacias hasta la avenida Roosevelt, cuya prolongación, por cuenta de la municipalidad, había llegado hasta la urbanización Prado de María del Banco Obrero, pasando por la Escuela Normal Gran Colombia. La Urbanizadora Las Acacias, por su parte, había ejecutado “la avenida” de “La Victoria”, prevista también en el plan del 39.” A ello se le sumarían los cambios de zonificación propuestos en el Plano Regulador de 1951, basado en los principios del funcionalismo urbano y la división en zonas homogéneas unidas por un conjunto de vías expresas.

IGV

Procedencias de las imágenes

Todas. Colección Iván González Viso

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 229

Convocado a finales de octubre de 1997 por la Asociación Venezolana de Amigos del Arte Colonial y el Instituto de Patrimonio Cultural, el Concurso de Ideas para el Edificio de Apoyo al Museo de Arte Colonial-Quinta Anauco, cerró la recepción de trabajos el 20 de enero de 1998.

Las bases del concurso establecían la necesidad de proyectar un área complementaria al museo que comprendiera, por un lado, biblioteca, sala de exposiciones, cafetín y librería y, por el otro, un área de 1.200 m2 para el uso de oficinas rentables. Pero el elemento más disonante y difícil de integrar sería la incorporación de un estacionamiento mecánico para un mínimo de 120 automóviles. Así mismo, entre otros requisitos fundamentales, se encontraba el generar una conexión entre la zona del museo y el terreno adyacente donde se planteaba el desarrollo del concurso, ubicado sobre la avenida Panteón en la urbanización San Bernardino, Caracas.

1. Propuesta ganadora del Concurso de Ideas para el Edificio de Apoyo al Museo de Arte Colonial-Quinta Anauco. Miguel Acosta y Clauda Jubes. Perspectiva general desde la avenida Panteón.

El calificado jurado integrado por Tomás José Sanabria, Juan Pedro Posani, Gustavo Legórburu, Graziano Gasparini y Pedro J. Mendoza, luego de varias sesiones de revisión y discusión, emitió su veredicto el 17 de febrero de 1998 acordando declarar ganadora del primer y único premio a la propuesta presentada por los arquitectos Miguel Acosta y Claudia Jubes, quienes se verían recompensados por un monto de tres millones de bolívares donados por la Presidencia de la República (ejercida en aquel entonces por Rafael Caldera) y por la ejecución del anteproyecto. Justamente uno de los dibujos que conformaron la entrega triunfadora es el que hemos escogido para ilustrar nuestra postal del día de hoy.

Como reconocimiento, se otorgaron además 4 Menciones de Honor a los planteamientos presentados por los arquitectos Alessandro Famiglieti, Doménico Silvestro, Francisco Bielsa y Carlos Pou.

El material entregado por todos los concursantes sería exhibido posteriormente en los espacios expositivos de la FAU UCV y un resumen de las propuestas galardonadas fue publicado en el número 239 de Arquitectura HOY del 27 de febrero de 1998.

La potente proposición arquitectónica presentada por Acosta y Jubes apeló a la idea de resolver en un solo contenedor todas las funciones exigidas por los organizadores del concurso, el cual se elevaría para lograr una plaza de acceso sobre la avenida Panteón y sería envuelto por una piel de romanillas que garantizaría la uniformidad de lectura de los dispares usos que conformaban el programa. En otras palabras, la ampliación fue concebida como gran puerta de entrada al Museo de Arte Colonial. En los niveles inferior y superior del edificio se colocarían las áreas complementarias y rentales, respectivamente, ocupando el grueso del volumen el estacionamiento. En la transición entre la base y el bloque suspendido se establecería la conexión con el museo la cual también podría ser accesible independientemente desde la plaza de entrada.

Tratándose de un Concurso de Ideas el jurado premió justamente aquella que se mostraba más clara, sugerente, contundente y bien representada para lo cual tuvo mucha influencia la excelente mano que como dibujante posee Miguel Acosta, autor de las imágenes más seductoras e impactantes.

2. Propuesta ganadora del Concurso de Ideas para el Edificio de Apoyo al Museo de Arte Colonial-Quinta Anauco. Miguel Acosta y Clauda Jubes. Fachada.

Acosta, egresado como arquitecto de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV en 1979, inicia paralelamente su incursión en las artes plásticas en 1975 cuando se inscribe en el taller de dibujo clásico dictado en la Escuela de Arquitectura por Charles Ventrillon-Horber, en el cual permanecerá hasta 1977. Posteriormente, en 1979, cursa el Taller de Pintura a cargo de José Mohamed. Entre 1979 y 1984 reside en París, período durante el cual profundiza sus estudios de arquitectura con un posgrado en la Unité Pédagogique d’Arquitecture de Villeneuve d’Asq de Lille (1980-1982) y desarrolla proyectos junto al arquitecto Ricardo Porro. A su regreso se vincula a la actividad docente en el área de diseño de la escuela que lo formó donde enseñó desde 1984 hasta 2014 combinando dicha actividad con el ejercicio de la profesión y con su pasión por el dibujo, que complementará con la escultura y la pintura.

De lo que se recoge en su biografía publicada en https://miguelacostaarteyarquitectura.wordpress.com/, la diversidad de ámbitos en los que Acosta se desenvuelve “apuntan a una comprensión de la arquitectura y el diseño en su dimensión artística y cultural, y al abordaje de estas disciplinas como unidades intrínsecamente ligadas a las experiencias estéticas que ligan la historia del arte a través de la arquitectura y la ciudad como máximo exponente de la cultura”.

En el ejercicio profesional Acosta siempre ha manifestado un particular interés por participar en concursos lo cual le ha valido, además de ser el ganador del que hoy nos ocupa, la obtención de igual distinción en el convocado para el Teatro de El Hatillo (2001), para el Mercado Popular de Antímano (2013), para el Banco Central de Venezuela en Puerto Ordaz (2015, integrado al equipo de VAV Proyectos y Construcciones) y para la Rehabilitación y Remodelación de la histórica sede de la Oficina Postal de Miami (2015), además del segundo premio en el de la Escuela de Danza de la Ópera de París, Nanterre (1983) y en el del Concejo Municipal del Distrito Sucre (1986) a los que se suma la Mención Honorífica obtenida en el certamen para el Complejo Residencial IPASME (2004). Como fruto parcial de esta experiencia acumulada surgirá su Trabajo de Ascenso a la categoría de Asistente FAU UCV titulado “Distancias y aproximaciones entre dibujo e idea. Experiencia en cuatro concursos de arquitectura” de 2004.

De su práctica profesional vale la pena destacar la Casa Bahía, Isla de Margarita (1988); la quinta Preludio o “Los Músicos”, Monte Elena, Caracas (1990 en colaboración con Rafael Montes), y su participación en el equipo que elaboró el Plan Parroquial de la Parroquia Sucre, Caracas (1994). Entre sus experiencias más ligadas al arte urbano se encuentran los Portales del Parque de los Caobos, Caracas (1996) y el Mural de la Plaza de Los Palos Grandes, Caracas (2008).

La enseñanza del dibujo la ha combinado Acosta con la comprensión, el reconocimiento y el registro de los valores que toda ciudad posee en sus espacios públicos y edificaciones. De allí surgió en 2009 la idea de conformar grupos de 20 participantes (mayoritariamente estudiantes de arquitectura, urbanismo, diseño, ingeniería civil y carreras relacionadas con las artes plásticas) con los que comenzó a recorrer Caracas dibujándola, actividad que se extendió a Mérida y Barquisimeto y también, entre otras, a Barcelona, Berlín, Nueva York, París, Bogotá, Quito y Buenos Aires, dándose así origen a la Fundación “Dibujo de ciudad” que mantiene activa desde Miami donde Acosta reside desde 2016 y cuyos resultados se pueden observar en el blog arriba señalado, en Instagram y Twitter @dibujodeciudad y en Facebook Dibujo de Ciudad.
“La ciudad –ha dicho Acosta- me interesa como territorio donde el ser humano se demuestra, se comprueba. Ese acto de comprobación está en la historia. Pero para verla así, hay que verificar de dónde viene. El crecimiento de una ciudad es similar al de una célula que se subdivide y apodera, prolifera, invade y se multiplica… para descifrarla se requiere de las herramientas del acto creativo a través del dibujo, la pintura, y la integración de las artes a la ciudad…”.

3. Propuesta ganadora del Concurso de Ideas para el Edificio de Apoyo al Museo de Arte Colonial-Quinta Anauco. Miguel Acosta y Clauda Jubes. Vista panorámica donde se incluye a la derecha la Quinta Anauco

El Edificio de Apoyo al Museo de Arte Colonial-Quinta Anauco, como tantos otros concursos realizados en nuestro país, fue relegado al olvido una vez que Acosta y Jubes entregaron el anteproyecto. Sin embargo, el primer material consignado quedará como testimonio de la capacidad para mostrar y convencer a un jurado acerca de un concepto arquitectónico sin necesidad de recurrir a medios digitales, apelando a la precisión que debe tener una propuesta y a la comunicación inteligible de las ideas mediante una representación de un alto contenido expresivo.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 1 y 2. https://issuu.com/miguelacostagonzalez/docs/portfolio__17.5_m

3. Colección Crono Arquitectura Venezuela