
Para visualizar la imagen en mejor resolución VER AQUÍ

Para visualizar la imagen en mejor resolución VER AQUÍ

El mapa turístico de las carreteras de Venezuela de 1958, editado por ARS y distribuido por Mobil Oil Company, intenta describir todo el potencial económico, diversidad cultural, y riqueza natural del país a finales de los años 50, una época donde, a partir del uso del automóvil y el crecimiento de la renta petrolera, se inició un súbito proceso de transformación estructural que sentó la bases para el desarrollo nacional, y donde se prestó especial atención a las grandes compañías petroleras que operaron en Venezuela, cuya presencia moldearía las prácticas así como los valores sociales y culturales del venezolano.
Según se indica en la viñeta del mapa, este súbito crecimiento se refleja en que, a partir del censo de 1950, el país había crecido en un millón y medio de habitantes llegando a alcanzar 6.512.000 almas en 1959. Para ese entonces Venezuela se organizaba territorialmente en 20 Estados, 2 Territorios Federales y 1 Distrito Federal. Las vías de comunicación y carreteras alcanzaban más de 24.500 kilómetros y los aeropuertos alcanzaban casi un centenar, distribuidos en todo el territorio contabilizado los oficiales y los privados, dando una idea del nivel de desarrollo, actividad y creciente movilidad al interior del país.
El mapa ilustrado a todo color de 64 x 94 cm., que muestra la red de carreteras que vinculaban toda la geografía de Venezuela, es muy representativo de la época, pues marca la introducción de la empresa Mobil Oil Company de Venezuela en la ciudad de Caracas a partir de 1958. Cabe recordar que desde 1957, la compañía norteamericana ya venía operando en el oriente del país con la venta de combustibles y lubricantes derivados del petróleo bajo del nombre de MobilGas.
Por esta razón, este plano obsequiado como cortesía en las estaciones de servicio resultó fundamental en la promoción de la marca y sus productos en Caracas, que se ideó bajo una interesante estrategia de marketing. Producido por Ediciones ARS para la compañía identificada con el logo del pegaso rojo, el mapa invitaba a viajar por el país desde la capital buscando tocar la fibra íntima del venezolano, mostrando su idiosincrasia.
Adornado con una cartela coronada por dos orquídeas moradas y al pie un curioso carruaje dorado tirado por caballos, que hace referencia a la evolución del automóvil, la viñeta muestra la información sobre la situación geográfica de Venezuela, la población, superficie, división política, vías de comunicación, y principales puertos, entre otros detalles. Los bordes se dibujan como si el plano fuese un pergamino antiguo, mientras que en el perímetro están señalados los grados de latitud y longitud que permiten referir al país al del sistema de coordenadas del globo terráqueo.
En él se mezclan dos niveles de información: la primera referida a las carreteras y vías de comunicación terrestre como forma de facilitar el tránsito a partir de la capital por todo el territorio venezolano; y la segunda, referida a la promoción del país y del turismo, mostrando sus bondades, sus principales actividades económicas y productivas asi como su flora, fauna, paisajes, y su gente destacando la diversidad de etnias, con distintos rasgos, tradiciones, vestimentas y costumbres.
Dentro de las actividades productivas se ilustran refinerías, pozos de extracción de petróleo, puertos de carga, industrias, actividades forestales, minería, las zonas de extracción de diamantes, zonas de diversos cultivos como el maíz, la cría de ganado vacuno y sectores de pesca de río y mar. De la misma forma se muestra desde la diversidad de su flora y fauna, hasta sus tradiciones llegándose a señalar fenómenos naturales como los rayos sobre el río Catatumbo.
El reverso del mapa muestra itinerarios turísticos o excursiones saliendo desde Caracas hacia el interior: desde Caracas a los Andes, descrita como la región de las nieves perpetuas y de la pesca de truchas; un paseo de 175 km. desde la capital hasta los Valles de Aragua y el monumento a Carabobo; una travesía de 705 km. desde Caracas hacia la ciudad de los crepúsculos, la tierra de sol amada y el lago de Maracaibo; una ruta de 542 km. desde Caracas hacia Coro y Punto Fijo, contando con el atractivo de los médanos de Coro; otra travesía de 384 km. desde Caracas a San Fernando de Apure, descrita como “paraíso de cazadores”; un paseo de 170 km. desde Caracas a “las mágicas playas de Barlovento” y, finalmente, otro paseo desde Caracas a Oriente (Cumaná) y la isla de las Perlas, «paraíso de pescadores» de 853 km. En la parte inferior se ofrece una tabla de distancias en kilómetros, entre Caracas y las ciudades del interior. Pero sin duda, lo más llamativo son las ilustraciones del venezolano y su vestimenta en traje típico asociados al recorrido por cada región. Cabe añadir que el plano, curiosamente, prescinde de toda la parte sur del Territorio Amazonas, entendemos que por la inexistencia en esa zona de comunicación terrestre para la época, lo cual no deja de ofrecer la sensación de un mapa incompleto al cual lo omitido pudo haberle aportado buena información sobre rubros propios de la selva venezolana.
El impreso de ARS ediciones forma parte de los productos elaborados por ARS Publicidad fundada en 1938 por Carlos Eduardo Frías. Una agencia que produjo diversas publicaciones siendo una de las principales referencias de la modernidad publicitaria venezolana y que por muchos años lideró con éxito el mercado de comunicación de marcas, por su creatividad, dinamismo y conocimiento del país. ARS creo grandes campañas, pero además tuvo el olfato para incorporar a su equipo creativo personajes de la talla de Alejo Carpentier, Arturo Uslar Pietri, el crítico Roberto Guevara y el artista Carlos Cruz-Diez en distintas épocas.
El plano en sí, además de un producto publicitario, es una breve guía turística ilustrada, cuya estrategia comunicacional logra relacionar el auge del automóvil y el turismo combinando la información práctica de distancias, rutas y recorridos por el territorio con lo pictórico, mostrando la realidad del país y su idiosincrasia para promover la empresa petrolera y su producto “estrella” para el momento, el lubricante MobilOil.
Para 1958 Mobil Oil Company contaba con más de 40.000 estaciones de gasolina en el mundo y sus productos derivados del petróleo estaban presentes en más de 75 países.
Este original mapa ilustrado que da cuenta de la diversidad y especificidad de cada región del país, es una curiosidad, que forma parte del repositorio de la American Geographical Society Library, de las bibliotecas de la Universidad de Wisconsin-Milwaukee.
IGV

Para visualizar la imagen en mejor resolución VER AQUÍ

El Concurso Nacional de Propuestas de Espacios Públicos “Amenidades Urbanas”, avenida Bolívar, Caracas, convocado a inicios de 2015, podríamos decir que, pese a la escala aparentemente inocua de las intervenciones que involucraba, marca una ineludible polémica con respecto a cómo debe entenderse la planificación y el diseño urbano, el rol que en todo ello debe jugar tanto la participación ciudadana como la profesional, y la manera cómo ha sido tratado en medio del discurso político el que ha sido considerado históricamente uno de los espacios públicos emblemáticos dentro de la trama urbana caraqueña.
En tal sentido, es ineludible remontarse a 1939 cuando es publicado el Plan Monumental de Caracas o Plan Rotival para encontrar allí el germen de una serie de decisiones que transformaron el hasta entonces apacible centro de la capital. Dicho plan, al plantear la intervención de las manzanas comprendidas entre las avenidas Este-Oeste 6 y Este-Oeste 8 con el objeto de crear en medio un eje flanqueado por edificaciones, dentro de una propuesta general que privilegiaba la vialidad vehicular, aportaría a la bisoña capital venezolana el boleto de entrada a la modernidad.

Aunque no nos detendremos a analizar al detalle los lineamientos generales de aquel plan, si vale la pena resaltar que dentro de su espíritu académico no dejó de contemplar la importancia de entender el eje central como punto neurálgico de un sistema del que partían toda una serie de intervenciones y como elemento ordenador del mismo. Tampoco es menos importante el considerar que la avenida que allí se proponía, pese a su carga compositiva, sus dimensiones y su condición de elemento separador del casco histórico, tenía unas connotaciones muy distintas a las que finalmente se le dio en cuanto a la consideración del tránsito y la forma urbana, cuya desvirtualización, que derivó en su conversión en una vía expresa, se inició en 1947 al crearse la Compañía Anónima Obras Avenida Bolívar (con el objetivo inicial justamente de impulsar el proyecto de urbanización derivado del llamado Plan Rotival) y cuando luego se proyecta y construye el Centro Simón Bolívar a partir de 1949.



En todo caso, para comprender de manera integral el origen, evolución y planes desarrollados sobre el eje de la avenida Bolívar y hacerse una opinión propia con relación al tema, no existe mejor documento que el libro El Plan Rotival. La Caracas que no fue. 1939-1989. Un plan urbano para Caracas, coordinado por Marta Vallmitjana, con la participación de Marco Negrón, Ciro Caraballo, Juan José Martín Frechilla, María Fernanda Jaua, Silvia Hernández de Lasala, Max Pedemonte y Jesús Sanoja Hernández, publicado en 1991 luego de que se montara en 1989, como conmemoración de los 50 años del mencionado plan, una excelente exposición en los espacios de la FAU UCV.
De lo que no cabe duda es que las expropiaciones que dieron origen a la demolición de las manzanas afectadas según lo establecido por el Plan Rotival, pero muy particularmente el haber convertido en vía rápida a la avenida Bolívar (acentuado cuando luego se terminó empalmando con la Autopista del Este, hoy Francisco Fajardo), hicieron que el importante eje junto a los terrenos aledaños que conformarían su borde se convirtieran con el pasar de los años en “tierra de nadie”, pasando a ser objeto de múltiples planes y proyectos de muy desigual talante que nunca lograron resolver el tema del carácter que en definitiva debía cobrar como espacio urbano metropolitano.



Será en 1984 cuando, mediante decreto presidencial, quedó instituido el uso de parque para los terrenos propiedad del Centro Simón Bolívar ubicados al norte y al sur de la avenida, a lo que se sumaría posteriormente una normativa que reglamentaría en detalle dicho uso durante diez años. Ello, traducido en la elaboración de un Plano General a cargo de los arquitectos Carlos Gómez de Llarena y Moisés Benacerraf, retomará el interés por entender el espacio como una totalidad. Así, el planteamiento de lo que se denominó como Parque Vargas, entre otras cosas, buscó minimizar dentro de lo posible la condición expresa de la avenida abriendo la posibilidad de rescatar las conexiones norte sur que el Plan Rotival siempre consideró de vital importancia para dar continuidad a la trama urbana fundacional. Pero lo que particularmente conviene resaltar de él es que, si bien se aleja visiblemente los lineamientos originales del Plan Monumental en cuanto a la definición del borde mismo de la avenida con volúmenes relativamente importantes, otorgándole un aspecto parecido a otros espacios similares en el mundo en los que predomina la vegetación (las referencias a Les Champs Elysées de París o el Paseo de La Castellana en Madrid son inevitables), dejó sembrada la semilla “de su propia aniquilación, o tal vez, de su propia revitalización, en tanto que se deja propuesta, para el futuro, la posibilidad de redensificar los bordes actualmente propuestos, tanto desde el punto de vista de los volúmenes edificables posibles, como desde el punto de vista de los usos que eventualmente requería una Avenida de esa naturaleza”, afirmará premonitoriamente Silvia Hernández de Lasala en el ensayo “Violaciones sucesivas. Notas sobre la arquitectura de la avenida Bolívar de Caracas, después del Plan Monumental de 1939”, publicado en el libro que ya citamos.


El Parque Vargas con el transcurrir del tiempo pasaría a denominarse “paseo” y acarrearía, a causa de la no implementación de las medidas correspondientes, una situación de indefinición para la otra mitad de la manzana que había quedado sin desarrollar a lo largo del eje de la avenida Bolívar, lo cual sin duda afectó la revitalización del espacio y aceleró su deterioro. Es así como sorpresivamente desde el gobierno, sin que mediara un necesario debate sobre el destino de la avenida que, valga decirlo, anteriormente tampoco se había dado, se toma la polémica decisión de ubicar allí desde 2011 el desarrollo de una parte importante de las edificaciones de la Gran Misión Vivienda Venezuela, una vez que se hubo consumado la desaparición del Centro Simón Bolívar. El trecho comprendido entre el Nuevo Circo y Parque Central, tanto al norte como al sur de la avenida, sería ocupado por bloques habitacionales sin servicios complementarios adecuados, que buscarían alojar a los damnificados de las lluvias de 2011 e incorporar dicho uso en los terrenos más importantes de la ciudad, acrecentando así su condición de colcha de retazos en la que poco a poco se ha convertido.
Es bajo lo que se podría considerar, siguiendo a Hernández de Lasala, como una nueva “violación sobre la violación”, que los terrenos ocupados por lo que pudo desarrollarse del Parque Vargas empezaron a ser vistos como posibles espacios de esparcimiento y desahogo de las viviendas construidas, asumiéndose como escala de referencia un ámbito intermedio entre la local y la metropolitana. Y es dentro de este contexto que hay que entender el llamado que el 12 de enero de 2015 se dirige a “colectivos, oficinas o estudios venezolanos de arquitectura y/o afines” (a los que se podrían sumar jóvenes estudiantes y colectividad en general), quedando “exentas, en su defecto, firmas personales o representaciones individuales”, para participar en el Concurso “Amenidades Urbanas”.
Fueron por tanto muy elaborados los argumentos y debatibles las justificaciones cargadas de ideología que los organizadores del concurso (Pico Estudio y PGRC, apoyados en la Gran Misión Saber y Trabajo y con el patrocinio del Gobierno del Distrito Capital, la Alcaldía de Caracas y el Movimiento por la Paz y la Vida) debieron redactar para dar soporte a un evento que, sin embargo, tuvo una significativa participación de hasta 366 trabajos del más variado nivel.
En tal sentido, a sabiendas de que se estaban contraponiendo dos visiones de ciudad, de su planificación y de la manera como se concibe, proyecta y construye el espacio público, no es extraño encontrar en los documentos elaborados tanto por los organizadores como en el propio veredicto del jurado (que se pueden revisar en https://amenidadesurbanas.tumblr.com/), frases, algunas polivalentes y otras discutibles, como las siguientes: “El objetivo de este Concurso es despertar el interés en enriquecer a la urbe caraqueña, con intervenciones arquitectónicas que vitalicen los espacios en desuso para transformarlos en lugares de encuentro, que mejoren la convivencia ciudadana e inviten al sano esparcimiento”; “El modelo de gestión para el desarrollo de los Proyectos de Arquitectura estará relacionado a la metodología del diseño participativo, a partir de fórmulas de trabajo que implican la ampliación de información, aprendizaje, acuerdos y cooperación basados en el intercambio y transferencia de conocimientos y experiencias con la comunidad y diversos actores de la ciudad”; “Amenidades Urbanas consiste en una estrategia de vitalización urbana basada en el principio del Derecho a la Ciudad, para la activación de dinámicas que inviten a la ocupación colectiva del espacio público, a partir de la generación de una oferta permanente de servicios para el disfrute cotidiano desde lo lúdico, relacionada al esparcimiento, la recreación, el descanso, la educación y el deporte”; y, la que tal vez llama más la atención, “Amenidades Urbanas no es tanto un concurso destinado a una búsqueda de proyectos cerrados sino de potencialidades, por lo cual está diseñado para convertirse en un semillero de proposiciones abiertas y no de intervenciones ya terminadas, totalmente preparadas para ser construidas de manera inmediata, sin ser refrendadas por otros procesos más allá de nuestra evaluación. Entendemos que es por eso por lo que el concurso no aparece con un plan general ordenador diseñado apriorísticamente sino que tiene una vocación de ir construyéndolo a partir de esas potencialidades, derivadas de las propuestas premiadas o mencionadas en el veredicto del jurado”.



El jurado convocado para evaluar los trabajos entregados el 30 de marzo de 2015, integrado por: Antonio Salas, Alejandro Haiek, Melissa Parra, Marcos Coronel, José Naza Rodriguez, Diego Peris (España), David Barragán (Ecuador) y Carmelo Rodríguez (España), con el apoyo como consejeros de Juan Pedro Posani y Domingo Álvarez, declaró ganadores, dentro de las diferentes zonas y modalidades sometidas a escrutinio, a los siguientes grupos: lotes B1 (Deporte) y D1 (Artes): Ricardo Sanz, Rodrigo Marín, Anastasia Carvallo y Sergio Fernández (Caracas); lote C3 (Deporte): Daniel Madrid, Andrés Rengifo, Orlando Rosales, César Figueroa, Claudia Millán, Andrés Benítez, Silvia Uzcátegui, Robert Montilla, Genesis Loizaga, Rafael Suarez, Freddy Mendoza, Gerardo González, Carlos Alcalá, José Sulbarán, Mariano García, Luis Morillo y Cristóbal Mendoza (Barquisimeto); y lote D3 (Descanso); Antonio Bockh, Marco Henríquez, Gabriel Martín y David Tovar (Puerto La Cruz). Además, se otorgaron siete menciones. Cabe añadir que, más allá de no haberse logrado cubrir todas las variantes previstas, el concurso previó no sólo premiar a los ganadores y menciones sino también otorgar una bonificación a todos los trabajos que, cumpliendo con las bases, fueron entregados.

Después de realizado el evento, en 2018, se constituyó la oficina “Amenidades Urbanas” que tuvo la responsabilidad de elaborar (a posteriori y tras consulta pública con la contribución de expertos, investigadores, comunidades del entorno e instituciones públicas) un plan maestro a cargo de Camilo González (director) y el apoyo de Verónica Rodríguez, Damián Castillo, Rafael Solano, Miguel León, Guillermo León, Ana Vielma, Aurynes Rojas, Ángel Rodríguez, Javier Barrios, Fabricio Mora y Génesis Lozada. Desde allí se le ha dado curso a la realización del proyecto del grupo ganador encabezado por Ricardo Sanz y Rodrigo Marín (del cual recogemos uno de los dibujos entregados para ilustrar nuestra postal del día de hoy), que tuvo por objetivo proponer espacios culturales y una plataforma deportiva. También a los proyectos de un dispositivo de juegos (Rafael Suárez de 439 estudio) y de un mercado itinerante (Marcos Colina, Gresly Monsalve y Darianna Urbina de Abono arquitectura).



El trabajo de Sanz y Marín fue publicado por https://www.plataformaarquitectura.cl/cl/906383/amenidades-urbanas-sector-deportivo-ricardo-sanz-sosa-and-rodrigo-marin-briceno y del texto remitido por los autores rescatamos lo siguiente: “La obra aquí publicada corresponde al lote deportivo, y para su desarrollo, decidimos comprometernos con las actividades de recreación y ejercitación más comunes del ciudadano venezolano, entendidas más como dinámicas de tipo lúdico que fomenten el espíritu de cohesión comunitaria y de salud, que de competencia y formación deportiva profesional.(…) En efecto, en un lote que, por sus dimensiones, difícilmente podía asumirse la práctica deportiva de forma estricta, tenía más sentido ofrecer un conjunto de actividades, que, articuladas de manera flexible, respondieran a los distintos intereses de los habitantes del sector. (…) Los dos elementos que se utilizaron de forma sistemática fueron el concreto para las superficies, y el acero, para los dispositivos.(…) El primero, busca construir una topografía de discretos desniveles, que resuelve, las conexiones entre la calle y la edificación, las jardineras, los asientos y los anclajes para las estructuras livianas; propone también el tema de la rampa de patinaje, y el tenis de mesa, como una pieza escultórica maciza que pueda resistir el impacto del uso público.(…) El segundo por su parte, se presenta como una estructura de tubería continua que recorre la plaza, baja, sube, circunda un árbol, y que va determinando el espacio, orientando los recorridos y sugiriendo sus usos. Unas barras paralelas, una baranda, un riel para patinar; hay una estructura que sostiene un aro de baloncesto, y unos columpios protegidos tras una reja para mecerse suavemente, y mirar la ciudad (o el juego) sin temor de recibir un pelotazo. (…) La multiplicidad y flexibilidad, busca satisfacer a todas las edades. Los jóvenes y adultos que persiguen mejorar su condición física tienen un espacio en la figura de gimnasio a cielo abierto, pero la ambigua articulación de límites, construye esa plataforma de juegos capaz de albergar la siempre cambiante aspiración del niño, que, de un momento a otro pasa de ir tras una pelota a treparse sobre algo, en inquieta e inagotable emoción”.

Como corolario de este polémico evento quedará flotando la pregunta acerca de si se debe participar o no en concursos sesgados ideológicamente o formulados bajo premisas que pudieran estar equivocadas y añadir las siguientes ¿Qué competencia arquitectónica no peca de ello? o ¿Concursar significa necesariamente compartir los lineamientos de los promotores o más bien aprovechar las pocas oportunidades que se presentan para ofrecer posturas, ejercitar la imaginación, darse a conocer, abrir una fuente de trabajo u ofrecer resultados viables y atractivos que logren convencer a un jurado?
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal, 8, 9, 10 y 11. https://amenidadesurbanas.tumblr.com/resultados.
1 y 2. https://oscartenreiro.com/2013/12/21/una-pequena-historia-necesaria/
4. Colección Crono Arquitectura Venezuela.
6. http://hanniagomez.blogspot.com/2007/03/1993-13-crnicas-quirrgicas.html, http://hanniagomez.blogspot.com/2016/02/retroceso.html y https://www.vayacamping.net/francia/ile-de-france-es/paris-es-es/campos-eliseos-champs-elysees
7. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.

Para visualizar la imagen en mejor resolución VER AQUÍ

Es inevitable percibir a través de la imagen que recoge el espacio central de la quinta “Mágica” de Alejandro Pietri (1924-1992) que engalana nuestra postal del día de hoy, la presencia de la fantasía y la imaginación desbordada que en diversas ocasiones mostró este talentoso arquitecto venezolano a lo largo de su trayectoria. El uso del color tanto en la cubierta acristalada que filtra y refleja la luz, como en los peldaños de la impactante escalera en caracol que protagoniza el ambiente y cerramientos del mismo, su verticalidad y proporciones, a lo que se suma el tratamiento de los diversos elementos presentes entre los cuales destacan las esbeltas columnas que sostienen en parte los niveles superiores, remiten por un lado a la arquitectura islámica y por el otro al barroquismo que siempre vinculó a Pietri con su maestro en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Oklahoma: Bruce Goff.
Esta obra, cuyo proyecto fue realizado en el año 1990, terminó de construirse en 1992 poco después del fallecimiento de su autor, por lo que puede ser considerada como obra póstuma. El encargo provino de un sobrino de Pietri y la finalización le correspondió llevarla a cabo al constructor Iñaki Odriozola.

Ubicada en una parcela de 2.383,8m² en la calle Vicuña del Valle Arriba Golf Club en Caracas, la quinta “Mágica” se concibe en torno al espacio que hemos descrito y su escalera, la más importante de una serie de ellas que aparecen a lo largo de la planta, comunica el área social y los diferentes niveles directamente con la terraza jardín que funge de remate y desahogo del edificio. De allí cuelgan una serie de plantas ubicadas en jardineras que aportan otro toque particular al espacio a doble altura cubierto por la cúpula central. Los niveles intermedios fueron destinados a albergar las zonas privadas y sus servicios de apoyo siempre cuidando el contacto e integración con el exterior.


La “Mágica” conforma junto a “La Margarita” (su vivienda personal ubicada en San Román, de 1963) y la “Girahara” (diseñada también para su sobrino Andrés Sosa Pietri en Santa Paula, 1970) una trilogía residencial que los arquitectos dominicanos Omar Rancier y Juan Mubarak en el texto “Alejandro Pietri. Un arquitecto redescubierto”, publicado en https://arquitexto.com/2019/04/alejandro-pietri/, no dudarán en calificar como “fantástica de antología”. Y añadirán: “En estas tres residencias es que se evidencia de una manera más clara la influencia de Bruce Goff por la imaginería y los efectos aleatorios en términos de materiales, luces y parafernalia. La Mágica, convertida en su legado póstumo, es arquitectura en su más profunda expresión lúdica, las vidrieras, las rejas, los muros, la conformación de sus espacios es poesía tridimensional y exagerada. Las imágenes de este exuberante diseño basta para explicar la bizarría de Pietri”.
Por otro lado, la quinta «Mágica» cierra un interesante recorrido vital que se hizo visible, permitiéndonos determinar su envergadura, gracias al libro Alejandro Pietri. Arquitecto, de Silvia Hernández de Lasala en colaboración con Alfredo Brillembourg Tamayo, publicado en 1995 por la Fundación A.S.P.


La obra de Pietri “redescubierta” en República Dominicana por el interés que despertó el rescate del pabellón venezolano por él diseñado para la Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre de 1955 realizada en ese país, ha permitido ratificar la condición de arquitecto “difícil” o “incómodo” que en su momento develara la publicación del libro dedicado a su obra. En particular, el ya mencionado Omar Rancier, decano de la Facultad de Arquitectura y Artes de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), en la página ya señalada de Arquitexto que se dedicó a rescatar y sensibilizar sobre la obra de Pietri, firma, a modo de colofón luego de repasar su trayectoria, apoyándose en el libro de Hernández de Lasala, un discutible artículo titulado “Lo fractal en la arquitectura de Pietri”, de donde hemos decidido extraer los siguiente: “En los últimos años hemos estado interesados por la geometría de la naturaleza y sus posibles aplicaciones a la arquitectura y al urbanismo. Pocas veces hemos encontrado un arquitecto con un catálogo tan avanzado en los términos que actualmente conocemos como teoría fractal o de la filosofía contemporánea aplicada a la arquitectura como el que encontramos en Pietri. Todas las formas de iteración fractal o de autosemejanza estructural, así como los pliegues deleuzianos los descubrimos en la sombrilla organicista en que se forma y en la cual se regodea Pietri en su obra que data de muchos años antes de que Mandelbrot popularizara su interesante propuesta de una geometría alternativa. Y esto lo explica Brillembourg sin la más mínima conciencia de ello cuando escribe: ‘En todos los proyectos de Alejandro, bien sean estructurados de forma circular o una combinación de éstas, existe un desinterés por la demanda convencional de la simetría’”.
Pietri, alineado como mencionáramos con la arquitectura organicista y bizarra de Goff, “de alguna forma, continua la tradición personalísima y barroca de Antonio Gaudí” comentará Rancier. A ellos podrían sumarse en un segundo nivel sus preferencias (de cuando estudiaba en Oklahoma entre 1947 y 1950) manifestadas por Frank Lloyd Wright, Eric Mendelson y Oscar Niemeyer. Y, en tercer lugar, aparecerían Le Corbusier y Mies van der Rohe producto de las enseñanzas impartidas por Carlos Raúl Villanueva, Martín Vegas y José Miguel Galia cuando termina su carrera en 1955 en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV.

Se podría decir que prácticamente recién graduado se presenta lo más prolífico e interesante de la producción arquitectónica de Pietri. En tiempos de dictadura será el encargado de proyectar las estaciones de Maripérez y El Cojo (Macuto) del Teleférico al Ávila (1956), tres pabellones con los que Venezuela estaría representada en sendas ferias internacionales: dos de ellos construidos (Bogotá -1954- y Santo Domingo -1955-) y uno no construido (Damasco -1957-), y será el encargado de proponer el plan maestro y proyectar las más importantes edificaciones a partir de 1956 para la frustrada Exposición Internacional que se llevaría a cabo en Caracas en 1960.

Tres edificios residenciales de Pietri pueden encontrarse dentro del paisaje urbano caraqueño con acentos muy diferentes en cuanto a lo que proponen, lo que habla sin duda de su versatilidad: el Centro Residencial Plaza en Los Palos Grandes (1970), el edificio Moros I en la urbanización San Antonio (1971) y el edificio Los Morochos en El Paraíso (1956), este último toda una lección en el manejo espacial y estructural de la tipología, digno de ser tomado en cuenta.
Pietri, reiterará Rancier, “es uno de los ‘arquitectos difíciles’ cuya obra, incomprendida se ha olvidado, y que se comienza a descubrir y colocar en el sitial que se merece, como sucedió en su momento con Terragni o con Asplund, por mencionar dos arquitectos europeos revalorizados al ser redescubiertos”.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal, 1, 2, 3 y 6. Silvia Hernández de Lasala. Alejandro Pietri. Arquitecto, 1995
4. Colección Crono Arquitectura Venezuela
5. https://arquitexto.com/2019/04/alejandro-pietri/
7. Colección Crono Arquitectura Venezuela y Colección Fundación Arquitectura y Ciudad