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“El PVC o policloruro de vinilo es un material cada vez más utilizado en la industria de la construcción debido a sus diversas aplicaciones y características. Desde tuberías y perfiles hasta ventanas y revestimientos, el PVC ofrece una solución duradera y económica para una amplia gama de soluciones constructivas”. De esta manera la periodista Paula Díaz da inicio a un artículo aparecido en la revista En-obra (https://www.en-obra.com) el 8 de noviembre de 2018 titulado “Aplicaciones y características del PVC en construcción” y nos da pie para desarrollar la nota de hoy, dedicada a productos de origen plástico usados en la realización de obras civiles, de entre los cuales destaca, también, el que aparece promocionado en nuestra postal del día de hoy por la empresa Donsen “tuberías y conexiones de polifusión”: el polipropileno o PP.
A sabiendas que el PVC es más conocido que el PP y fue descubierto mucho antes, nos moveremos brevemente hacia sus respectivos orígenes para así poder compararlos en lo que puedan tener en común y establecer las características que los diferencian.

Wikipedia nos aporta con relación al PVC que “fue descubierto por accidente por lo menos en dos ocasiones durante el siglo XIX: en 1835, por primera vez, por Henri Victor Regnault, y en 1872 por Eugen Baumann. En ambos casos, el polímero apareció como un sólido blanco en las botellas de cloruro de vinilo después de la exposición a la luz solar. Regnault produjo cloruro de vinilo cuando trataba dicloroetano con una solución alcohólica de hidróxido de potasio y accidentalmente, el poli (cloruro de vinilo), por medio de la exposición directa del monómero a la luz del día. Sin embargo, no advirtió la importancia de sus descubrimientos, ni comprendió que el polvo blanco contenido en el vaso de precipitados de vidrio era el polímero del líquido obtenido al comienzo. Baumann tuvo éxito en 1872 al polimerizar varios haluros de vinilo, y fue el primero en obtener algunos de estos en la forma de producto plástico”.
Mas adelante, a principios del siglo XX, los químicos Ivan Ostromislensky (ruso) y Fritz Klatte (alemán) “intentaron utilizar el PVC en productos comerciales, pero sus esfuerzos no tuvieron éxito debido a las dificultades de transformación del polímero”. No obstante, Ostrominlensky si consiguió en 1912 las condiciones para la polimerización del cloruro de vinilo y, desarrolló técnicas convenientes en escala de laboratorio. Por otro lado, Klatte trabajando como investigador para la empresa Chemische Fabrik Griesheim-Elektron “descubrió en 1918 los procesos que aún se emplean en la actualidad para la producción de cloruro de vinilo a través de la reacción en estado gaseoso, del cloruro de hidrógeno y del acetileno, en presencia de catalizadores”. Klatte patentó un método para la polimerización del policloruro de vinilo con luz solar, lo que es considerado en muchos casos como el nacimiento oficial del PVC. Pero igual a sus antecesores, Klatte no tenía aplicaciones para este naciente nuevo producto y por esa razón su patente no fue utilizada y expiró en 1925 sin que nadie haya hecho uso de ella. El PVC no logró salir del laboratorio porque Europa estaba sumida en la Primera Guerra Mundial.

Será en 1926 cuando “Waldo Semon, en colaboración con la B. F. Goodrich Company, desarrolló un método de plastificación del PVC mediante la mezcla con aditivos que ayudó a que el material fuese más flexible y más fácil de fabricar. Conjuntamente con Reid de la Union Carbide and Chemical Carbon Company, obtuvieron patentes para la producción de PVC que pueden ser considerados como los puntos de partida para la producción industrial de este material. (…) El desarrollo de un PVC de Alto Impacto constituye uno de los descubrimientos de mayor importancia en la segunda mitad del siglo XX, en relación con este material”.
De tal manera, una vez que Semon patenta el proceso en 1933 y supera con creces en 1934 su proyecto original logrando inventar más de cien métodos de fijación de goma sintética sobre metal, se extenderá la comercialización de este material, aunque sus usos eran todavía restringidos y lo serían hasta los años 50, cuando Estados Unidos comienza a aprovechar las ventajas de las tuberías de PVC.

“En los años de bonanza económica posteriores a la Segunda Guerra Mundial, un gran porcentaje de las nuevas viviendas que se construyen se equipan con este tipo de conducciones, muchas de las cuáles siguen hoy en perfecto estado y funcionamiento. El éxito del producto fue tal varias empresas comenzaron a competir por un mercado cada vez más amplio. Conscientes de la potencialidad del PVC, cada empresa dedicaba una parte de sus recursos a sus departamentos de investigación, y el resultado fue que, en poco tiempo, se consiguieron nuevos tipos de plásticos flexibles. De ahí hasta los años 80, el PVC vivió una enorme difusión en todo tipo de productos del hogar, instrumental médico, protección de cables, mangueras, envases o juguetes, y también aumentó su presencia en canales de riego y otras conducciones de agua. Su escaso riesgo de fisura, su durabilidad, la alta resistencia a la presión del agua, a golpes y a la corrosión, fueron convenciendo, poco a poco, a los escépticos que defendían el empleo de las tradicionales tuberías de hierro. (…) En los últimos 30 años el PVC se ha consolidado como un material completamente fiable e inocuo, y la gran mayoría del que se fabrica se utiliza para la construcción de tuberías de alcantarillado, conducciones de aguas residuales, riego y agua potable. La investigación, además, ha logrado diversificar las tuberías de PVC en diámetros diversos y ha llevado al mercado el cloruro de polivinilo clorado (CPVC), capaz de soportar elevadas temperaturas”. (larga cita que hemos extraído de la página https://www.aristegui.info de la empresa AM Group).

En resumen, el PVC se usa para hacer una variedad de productos plásticos, entre los que se incluyen tuberías, alambres y revestimientos para cables, además de materiales de embalaje existiendo desde el punto de vista industrial dos tipos: los rígidos: para envases, ventanas, tuberías -las cuales, como ya hemos mencionado, han reemplazado en gran medida al hierro (que se oxida más fácilmente)-; y los flexibles: cables, juguetes y muñecas actuales, calzados, pavimentos, recubrimientos, techos tensados. “Se utiliza mayoritariamente en aplicaciones de larga duración (sólo la industria de la construcción absorbe el 55% de la producción total de PVC). El 64% de sus aplicaciones tienen una vida útil entre 15 y 100 años (tubos, ventanas, puertas, persianas, muebles, etc.); un 24% entre 2 y 15 años (electrodomésticos, automóvil, tapicerías, mangueras, juguetes, etc.)”.
Con relación al polipropileno (PP), aunque sus aplicaciones han sido menos desarrolladas que el PVC, se suele afirmar que se trata de un material 100% reciclable mientras que el PVC no lo es en la misma medida, por lo que el PP es claramente una alternativa más segura. Aunque podríamos denominarlos de forma genérica como “plásticos”, el PVC y el PP poseen diferentes propiedades químicas, características y aplicaciones. El polipropileno es uno de los plásticos más neutros, ya que contiene solamente dos elementos: carbono (C) e hidrógeno (H), y es fruto de la polimerización del propileno, mientras que el PVC se produce a partir de la polimerización del etileno y su composición química, además del hidrógeno y carbono propios de todo hidrocarburo, también incluye cloro en un porcentaje considerable.


Con una historia más corta que el PVC, el PP, que sigue también la senda trazada por las investigaciones desarrolladas desde 1826 en torno a los polímeros, se origina en 1954 cuando el italiano Giulio Natta, continuando los trabajos elaborados por Karl Ziegler en Alemania en torno al polietileno, logró obtener polipropileno de estructura muy regular denominado isotáctico. Su comercialización en Europa y Norteamérica se inició rápidamente en 1957, en aplicaciones para utensilios domésticos. Posteriormente, gracias a su trabajo en el estudio de catalizadores para la polimerización estereoselectiva de polialquenos terminales, Ziegler y Natta recibirían el Premio Nobel de Química en 1963.
La página https://roymaplast.com nos auxilia explicando que, “Los trabajos de Natta y Ziegler que permitieron conseguir polímeros de etileno a partir de las olefinas, abrieron el camino para la obtención de otros polímeros. Este plástico, también con una estructura semicristalina, superaba en propiedades mecánicas al polietileno, su densidad era la más baja de todos los plásticos, y su precio muy asequible, pero tenía una gran sensibilidad al frío, y a la luz ultravioleta, lo que le hacía envejecer rápidamente. Por este motivo su uso se vio reducido a unas pocas aplicaciones. Pero el descubrimiento de nuevos estabilizantes a la luz, y la mayor resistencia al frío conseguida con la polimerización propileno − etileno, y la facilidad del PP a admitir cargas reforzantes, fibra de vidrio, talco, amianto y su bajo precio, dieron gran auge a la utilización de este material. (…) La amplia gama de propiedades del polipropileno, lo hace adecuado para una gran variabilidad de aplicaciones en diferentes sectores, y marca la parada ante los materiales del futuro, además de suponer una alternativa, mucho más económica. Debido a esto, el empleo de este material está creciendo de manera continua gracias al desarrollo de nuevos y mejores productos”.

Ahora bien, los productos ofrecidos por la empresa Donsen (protagonista de nuestra postal), se inscriben dentro del segmento del polipropileno random (PPR), polímero termoplástico de propileno de alta tecnología del cual se fabrican tuberías y conexiones. Entre sus propiedades mecánicas se destacan sus valores de rigidez, dureza y resistencia. Se trata de un material de fácil y rápida instalación usado comúnmente para agua potable y caliente, sistemas de calefacción del suelo y de radiadores, igual que en cualquier sistema de distribución de agua y aire comprimido. Es idóneo para instalaciones de agua fría o caliente en casas, edificios residenciales, hoteles y hospitales. Dada su especificidad y el desarrollo de que ha sido objeto, para los casos mencionados, el PPR ha logrado superar al PVC más no al CPVC, su versión más desarrollada para soportar altas temperaturas.

En cuanto a la polifusión es un método de soldadura simple y rápida que se realiza manualmente usado para unir tubos de polipropileno random (PPR) y sus accesorios. “Esta técnica une las piezas calentándolas hasta fusionarlas, lo que no necesita de elementos adicionales de unión y no permite fugas de tuberías”, se nos explica en https://donsenvenezuela.com.
Sintetizando, el amplio y frondoso desarrollo de los plásticos, se ha instalado con cada vez más solidez en la industria de la construcción dentro del camino que apunta hacia el futuro y donde la búsqueda de mejores resultados no se detiene. Su durabilidad, fácil manejo, alta resistencia, versatilidad y costos altamente competitivos así lo corroboran. Los esfuerzos por hacerlos cada vez más sostenibles serán claves para alcanzar el punto óptimo deseable.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal. Revista Vitrina Ferretera, nº69, 2019
1 y 2. https://historiasdeempaques.wordpress.com/2014/02/09/policloruro-de-vinilo-pvc/
3. https://www.bibliocad.com/es/biblioteca/tubos-de-pvc_24808/
4. https://depotmx.com/categoria-producto/conexiones/pvc-conexiones/sanitario/, https://tuberiasdepvc.wordpress.com/tag/conductores-hidraulicos/ y https://www.pinterest.com/pin/726557352372375978/
5. https://caelca.com.co/blog/cronologia-de-la-historia-del-plastico/ y https://www.timetoast.com/timelines/21079
6. https://historiasdeempaques.wordpress.com/2015/05/09/el-polipropileno/
7 y 8. https://donsenvenezuela.com/

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Para la Fundación Museo de Arquitectura (FMA), creada en 1988 por Hélène de Garay, Celina Bentata, William Niño, Martín Padrón, Juan Pedro Posani, Jorge Rigamonti, José Miguel Roig, Leszek Zawisza y Fernando Tábora, quienes asumieron también el rol de directores, la organización y apertura en el mes de abril de 1989 de la exposición “Alvar Aalto en Venezuela” significó la primera actividad de envergadura y el inicio de una alianza estratégica importante tanto con el Museo de Bellas Artes de Caracas (MBA) como con el Museo de Arquitectura Alvar Aalto de Finlandia. Se trató de una muestra itinerante que llegó a nuestro país gracias a las gestiones de la FMA y que contó con los auspicios de sus dos aliados a los que se sumó la entusiasta participación del excelentísimo Embajador de Finlandia en Venezuela Sr. Pertti Ripatti.
Junto a la exhibición, la FMA se encargó también de organizar el Primer Seminario de aproximación crítica a la obra del maestro finlandés, para lo cual se programaron 10 sesiones los días martes y jueves entre el 11 de abril y el 10 de mayo a un costo de Bs. 200 la entrada general (50 para miembros de la FMA y 100 para estudiantes), con un temario por demás interesante del cual quienes participaron obtuvieron el correspondiente certificado de asistencia. Colaboraron para que ello fuera posible la Universidad Simón Bolívar, la Universidad Central de Venezuela, la Universidad José María Vargas, el Instituto de Diseño Villasmil, la Fundación Neumann y el Instituto de Diseño de Caracas.


Entrando más en detalle, podemos decir que el seminario se inició el martes 11 de abril con la Conferencia Magistral titulada “Una aproximación a la obra de Alvar Aalto” a cargo de Leszek Zawisza (U.C.V.), organizándose el jueves 13 el primer panel titulado “A propósito de conceptos vinculados con la creatividad”, donde participaron Edilia V. de González, J.A. Sanz Astort, Jesús Trobo, Julio Coll Rojas, Henrique Hernández y Mirna Salamanqués. El martes 18 de abril le correspondió a Juan Pedro Posani (U.C.V.) dar la charla que se tituló “Alvar Aalto en el desarrollo de la arquitectura moderna”, dándose el jueves 20 el segundo panel llamado “La creatividad en Alvar Aalto” con la participación de Edilia V. de González, J.A. Sanz Astort, Jesús Trobo y Julio Coll Rojas. El martes 26 de abril sería el turno de José Miguel Roig (U.S.B.), Enrique Larrañaga (U.S.B.) y William Niño (U.J.M.V.) quienes ofrecieron “Tres aproximaciones a la obra de Alvar Aalto”, realizándose el jueves 27 el tercer panel, “Alvar Aalto y el diseño del objeto”, donde intervinieron Domingo Álvarez, Sete Bentata, Enrique de Mayo, Julia Villasmil, Mercedes Gartner, María Teresa Novoa, Carlos Cruz-Diez y Freddy Balza. El martes 2 de mayo José Luis Colmenares (U.J.M.V.) dictó la conferencia “Alvar Aalto en la arquitectura moderna heroica” y, el jueves 7, Julián Ferris, Carlos Gómez de Llarena, Carlos Celis Cepero, José Miguel Galia, Ernesto Fuenmayor y Jesús Trobo integrarían el cuarto panel en torno al tema “Herencia épica y regional como fundamento del diseño”. La última semana el panel se realizaría el martes 9 de mayo con la participación de Oscar Tenreiro, Alejandro Stein, Rafael Pereira, Martín Padrón y Jorge Castillo exponiendo sus particulares visiones en torno a “La luz como forma. La función y la tecnología en Alvar Aalto”, corriendo la sesión de cierre del jueves 11 a cargo de Jesús Trobo y Enrique Vila tratando el tema “La creatividad en la pedagogía de la arquitectura”.
Basta revisar los nombres de quienes participaron y los temas tratados en el seminario para llegar fácilmente a la conclusión de que se trató de un evento de notable trascendencia dentro de la arquitectura local.


De lo que se recoge en la Presentación redactada por los organizadores para el catálogo de la exhibición, Alvar Aalto (1898-1976), “desde la perspectiva de la creación artística” no sólo es considerado como “una de las personalidades más trascendentes del llamado ‘Período Heroico de la Arquitectura’ sino uno de los hitos de la cultura occidental del siglo XX”, lo cual le daba un particular brillo al esfuerzo que se realizó.
Por otro lado, en la “Introducción” publicada con el título “Ideas en torno a la Exposición del arquitecto Aalto”, se señala que “La llegada de la exposición de Aalto a nuestro medio debe ser encarada de manera tal de sacar el máximo de frutos de ella, y no dejar que sea un acontecimiento museístico más”, subrayándose que “la vigencia del pensamiento y la acción de este gran maestro finlandés del S.XX, está hoy más presente que nunca”, dada su “lucha incansable… por crear el ambiente de vida y respeto por este habitante de la tierra tan disminuido y pospuesto”, y porque “preconizó el respeto por la naturaleza” profesó con sabiduría y ejemplo la importancia de la relación hombre-entorno y cultivó como pocos la noción del “habitar” heideggeriano, rasgo distintivo de la condición humana.
El catálogo, además, incluyó los textos “Arquitectura ‘orgánica’” de J.J. Richards, publicado en L’Architecture da’Aujourd’hui, nº118, oct-nov 1971; “El largo camino de Alvar Aalto, arquitecto finlandés” de Carlos Santi publicado en Domus, nº254; “Un encuentro personal con la obra de Aalto” de Jesús Trobo; “Método de construcción y empirismo de la razón” de Brian Brace publicado en L’Architecture da’Aujourd’hui, nº191, junio 1977; y “Fuentes y orígenes, al paso del pasado de Aalto” de Cristina Tonelli publicado también en L’Architecture da’Aujourd’hui, nº191, junio 1977. Con ello se dejaba en quienes lo adquirían un rico material que complementaba la aproximación a la obra del maestro finlandés expuesta en el MBA.


Sobre la temprana presencia de Alvar Aalto en Venezuela y su influencia desde el punto de vista de la enseñanza de la arquitectura dan cuenta el hecho de que Carlos Raúl Villanueva, al preguntársele en la revista Punto nº1 (enero 1961) acerca de cuáles eran a su juicio “Las mejores obras del siglo XX”, haya incluido entre las 13 seleccionadas dos del maestro nórdico: la Biblioteca de Viipuri (1934) y el Centro Cívico de Säynätsalo (1955). También lo corrobora la aparición en el nº15 (noviembre 1963) del artículo “Alvar Aalto” escrito por Federico Gutheim, extraído del libro que éste escribiera en 1960 para la colección Masters of World Architecture.
Pero muy particularmente resalta el hecho de que el nº26 (enero-febrero 1966) Punto dedicara buena parte de su contenido (15 páginas) a Aalto y Finlandia a través de los artículos “Arquitectura finlandesa” de Juan Pedro Posani, “Alvar Aalto” de Carlos Raúl Villanueva y “La arquitectura finlandesa y su fondo histórico” de Nils Erick Wickberg.
A poco que se indaga se descubre que dicha profusión de textos en el nº26 de Punto no fue casual. Acompañaron el montaje de la muestra “Arquitectura de Finlandia”, auspiciada por el Museo de Arquitectura de Helsinki, abierta entre el 27 de febrero y el 27 de marzo de 1966 en la Sala de Exposiciones de la FAU UCV, para cuyo acto inaugural se contó con la presencia del profesor Aulis Bloms de la Universidad Tecnóloga de Helsinki y del Embajador de Finlandia en Venezuela Heiki Hannikainen. Esta exhibición, claro antecedente de la que hoy nos ha ocupado, contó con un catálogo de más de 50 páginas y ameritó la presencia para asesorar su montaje del arquitecto H. Gullichsen y su ayudante S. Houvinen enviados por el Museo de Arquitectura de Helsinki, todo lo cual no hace sino resaltar la importancia que tuvo.
Al morir Aalto, el 11 de mayo de 1976, Punto en su número 56-57 (junio de 1976) se hizo eco publicando una extensa nota que daba cuenta, una vez más de la trascendencia de su legado, puesto al día en 1989 en los espacios del MBA de Caracas.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal y 1. Colección Crono Arquitectura Venezuela
2 y 3. Catálogo de la exposición Alvar Aalto en Venezuela, Fundación Museo de Arquitectura/Museo de Bellas Artes de Caracas, 1989
4. Revistas Punto nº1 (enero 1961), nº15 (noviembre 1963), nº26 (enero-febrero 1966) y nº56-57 (junio 1976)

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Con la aparición de la revista veintiuno. Cultura y tendencias, cuya portada correspondiente al número 1, octubre-noviembre 2004, ilustra nuestra postal del día de hoy, la Fundación Bigott, sumó a su ya tradicional Revista Bigott otra publicación cultural en este caso con intenciones claramente innovadoras.
Dirigida por el narrador, ensayista y crítico Antonio López Ortega (director a su vez de la mencionada Revista Bigott), editada por Edmundo Bracho, con la coordinación editorial de Miriam Ardizzone, la dirección de arte y diseño gráfico de Manuel González Ruíz y Alejandro Calzadilla y la edición de fotografía a cargo de Nelson Garrido, veintiuno nace prácticamente con el siglo (de allí su nombre) con altas ambiciones pero consciente también de que “en materia de revistas culturales, cualquier momento del pasado venezolano fue mejor -más próspero, más acucioso- que el momento en que vivimos”, como bien señalará López Ortega en el primer editorial. Y es que superar el legado forjado por “íconos institucionales como la Revista Shell, El Farol, Revista M, Revista Bigott; … hitos de hondo alcance educativo como Tricolor; … tribunas propiamente literarias como Sardio, Techo de la Ballena, CAL, Zona Franca, Falso Cuaderno, y tantas otras que marcaron promociones y apuestas estéticas” no constituía tarea fácil. Más aún si se tomaba en cuenta de que “el país contó con revistas especializadas en teatro, danza contemporánea, cine, televisión, música”, casi todas desaparecidas ya en 2004, que dejaron el listón muy en alto y una tradición difícil de rescatar.

Sin embargo, como siempre suele ocurrir en estos casos y más allá de los diagnósticos sombríos que en el campo editorial se pudieran establecer, los editores de veintiuno apostaban al futuro, a los nuevos desafíos y a explorar nuevos esquemas de interpretación dentro de una Venezuela que mostraba una realidad compleja y muy politizada. Para ello buscó ser “expresión de los nuevos tiempos: reflejar el país que vivimos, reflejar su diversidad cultural, reflejar el debate de ideas, reflejar lo que nos trasciende como colectivo más allá de las coyunturas”. Y añade López Ortega en el Editorial: “Nuestro discurso cultural debe acompañarse de la crítica si quiere valorarse a sí mismo, pues nada hacemos con aplaudir ciegamente todo lo que se presenta en escena”.
Para alcanzar tan altas aspiraciones se apuntaría a lograr el mejor periodismo venezolano, se contaría con destacados investigadores y se recurriría a “los mejores escritores, columnistas y críticos, consciente de que en ellos está el mejor pensamiento del país”.
Así, “Veintiuno no será ajena a ningún signo o género de la cultura venezolana, sino que más bien arrojará una necesaria mirada cultural sobre otros campos del conocimiento; Veintiuno querrá ser vitrina de la cultura venezolana hacia el mundo pero también vaso comunicante a través del cual el mundo pueda acercarse a nuestras particularidades y limitaciones”, señalará López Ortega para terminar diciendo: “El templo del espíritu se construye en la diversidad de las ideas y la modernidad en democracia es inconcebible sin ejercicio crítico. Veintiuno quiere abonar todo terreno que contribuya a ese propósito”.

Sin lugar a dudas, el nº1 de veintiuno y la totalidad de las 17 entregas bimensuales que estuvieron en nuestras manos entre 2004 y 2007, cumplieron a cabalidad con los objetivos fijados por sus creadores. Baste decir que en aquel primer ejemplar participaron, entre otros: Juan Villoro, Ana Teresa Torres, Edgardo Rodríguez Juliá, José Carvajal, Armando Coll, Fernando Yurman, Tulio Hernández, Elías Pino Iturrieta, Gisela Kozak Rovero, Hugo Prieto, Luis Laya, Omar Hernández, Marcelino Bisbal y Sebastián de la Nuez.
Su gran formato de 32,4 por 24,9 centímetros, la calidad de su papel e impresión a cargo de La Galaxia, y el innovador diseño gráfico que la caracterizó (siempre acompañado de un impecable trabajo fotográfico y un bien dosificado despliegue de color), sirvieron, junto al alto nivel de sus contenidos para formar una colección de alto valor estético. El costo de veintiuno al momento de salir a la luz era de Bs. 6.000 y al aparecer por última vez en junio-julio de 2007 su precio ya se había colocado en Bs. 8.000, signo claro de la inflación que el país ya empezaba a padecer. El primer número tuvo 88 páginas (cifra que pronto se redujo a 80 y se mantuvo así a través del tiempo) y contó, a pesar de ser una revista institucional, con una alta carga de publicidad donde destacaba la presencia de anuncios, entre otros, de bancos, vehículos, licores, sitios nocturnos, líneas aéreas y telefonía celular.
Las secciones que estructuraron la revista en su número 1, que sufrieron pocas modificaciones en el tiempo, fueron: Editorial, Opinión, Zona Franca, Reportaje, Dossier, Entrevista, Portafolio, Arte(s), Urbanismo, Crónica(s), Relato, Poesía, Libros, Discos, y Perfil.


Siempre contó veintiuno con un tema central que se anunciaba en la portada y era desarrollado por diferentes autores en el Dossier. El correspondiente a la primera entrega llevó por título “DEMASIADA IDOLATRÍA. El culto a la personalidad” y fue trabajado a través de diferentes ensayos realizados por Fernando Yurman (“EL OJO DEL ESPEJISMO. Personalidad y personalismo en una patria de paternidad atrofiada.”), Tulio Hernández (“POSESIÓN E INSTRUMENTALIDAD DEL HÉROE CRIOLLO. El mito bolivariano de Guzmán Blanco a Chávez Frías”), Elías Pino Iturrieta (LA ETERNA FESTIVIDAD DE SAN SIMÓN. Puesta en escena de los ‘hombres salvadores’ de las repúblicas”), y Gisela Kozac Rovero (“DE LAS MISSES A LAS ANTIMISSES. Recorrido por un culto fuera de la mujer venezolana”).


En las otras 16 entregas los temas centrales, siempre expresados en un tono provocador, serían: A PURA PIEL. Discursos del cuerpo (nº2); ESTO NO ES UN LADRILLO. Hábitat y vivienda (nº3); LENGUA. Sistema y comunicación (nº4); SEXO. Del dicho al hecho (nº5); ¿CUÁL IZQUIERDA? (nº6); Y TU, ¿QUÉ PECADO ERES? Edición Aniversaria (nº7); EL GUSTO VENEZOLANO EN TIEMPOS DE CRISIS. Lo bello, lo malo y lo feo (nº8); TAN GRANDE COMO UNA MINORÍA (nº9); ALGO HUELE MAL EN VENEZUELA. Miradas sobre la corrupción (nº10); EN LA RECTA DEL ÉXITO (nº11); SOBRE EL HUMOR Y OTRAS COSAS IGUAL DE SERIAS (nº12); VIDA FUTURA. Visiones y versiones de lo que viene (nº13); ESTO NO ES BRUJERÍA. Los nuevos credos (nº14); LIBERTAD VS IGUALDAD (nº15); EL GRITO AL CIELO. Formas y razones del miedo en Venezuela (nº16); y CARACAS. Ciudad que no se ve (nº17).
Como se podrá notar, muchos de los títulos como, por ejemplo, el del nº9 son premonitorios. También cabría destacar que desde el nº10 comienza a parecer parte del Índice en la portada y que ya desde el primer número se nota un particular interés por abordar temas urbanos: allí la sección titulada “Urbanismo” le permitió a Omar Hernández escribir el artículo “Dilemas de carrito” donde expone: “Sobre políticas deficientes resumidas en el maltrato al usuario, el transporte público de la metrópolis viene haciendo un recorrido harto excluyente. Frente al diario deterioro del servicio, ¿cómo queda parado el ciudadano de a pie?, ¿acaso se dilucidan soluciones desde el parabrisas?”.


El interés por lo urbano y su construcción será la excusa para centrar la atención de los números 3 y 17. La sección de “Fotografía” del nº12 estará protagonizada por Ramón Paolini, Marco Negrón será uno de los nueve entrevistados del nº13 con relación al tema de la ciudad, y Hannia Gómez será la protagonista de la sección “Entrevista” del nº17, CARACAS. Ciudad que no se ve, acompañada de Luis Brito, Jean Herrera, Andrés Manner, Nicola Rocco, Antolín Sánchez quienes coparon la sección “Fotografía”.
Veintiuno. Cultura y tendencias de la Fundación Bigott fue galardonada en la III edición del Premio Nacional del libro de Venezuela 2005 como “Mejor revista cultural que reseñe obras de autores venezolanos”, reglón dedicado a toda “Revista editada por institución, colectivo cultural o particulares, enfocada en el ámbito cultural y que difunda y promueva la lectura de escritores nacionales”. Dicho premio lo compartió con la Revista Plátano Verde editada por A&B.
En resumen, se trató veintiuno de otra interesante experiencia que desarrolló una intensa actividad y puso en práctica la “vigilancia crítica por encima de la pereza y los fáciles preceptos (y la) valoración crítica por encima del gesto intrascendente”. Tuvo, si se quiere, corta vida, corroborando los sombríos presagios que fueron asomados por sus editores desde un comienzo en cuanto al acontecer nacional que la terminó arropando como a otros tantos emprendimientos similares. Sin embargo, marcó una tendencia y se convirtió en referencia de un nuevo periodismo mostrando otra manera de enfocar el tema cultural. A pesar de su breve existencia ofrece un valioso aporte al legado hemerográfico venezolano.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal, 1, 2 y 3. Revista veintiuno, Fundación Bigott, nº1, octubre-noviembre 2004