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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 76

Debe constituir para un arquitecto una sensación muy especial el tener la responsabilidad de proyectar un edificio de carácter fundacional dentro de una ciudad recién creada. Y sin duda se debe poseer talento para lograr con escasos 30 años de edad manejar las claves que puedan permitir a dicha obra trascender en virtud de la sensibilidad con que se escucha al entorno y a la vez son manejados los códigos y elementos que la convierten no sólo en un hito sino en elemento constructor de un lugar.
Todas estas consideraciones se encuentran tras cualquier aproximación que se quiera hacer a la actual sede de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) diseñada inicialmente por Jesús Tenreiro Degwitz (1936-2007) para albergar EDELCA (Electrificación del Caroní, empresa tutelada por la CVG creada en 1963), una de las piezas claves para impulsar el desarrollo de una región que se vislumbraba como la gran oportunidad de demostrar que al petróleo se le podía dar un buen uso.

Quizás valga la pena recordar que Ciudad Guayana (bautizada en realidad con el nombre de Santo Tomé de Guayana), ejemplo de ciudad planificada y laboratorio en el que un equipo de profesionales venezolanos con la asistencia del Joint Center for Urban Studies de MIT-Harvard pudieron cristalizar conceptos desarrollados a comienzos de la segunda década del siglo XX, se funda el 2 de julio de 1961 cuando el entonces Presidente de la República Rómulo Betancourt coloca la primera piedra de un conglomerado urbano que abarcaría además de San Félix y Puerto Ordaz, a Matanzas, Castillito, Carhuachi, La Ceiba, Alta Vista, Yocoima, Macagua y Chirica, en la confluencia de los ríos Orinoco y Caroní.


Así, en el “Plan Director de Desarrollo Urbano de la Ciudad de Santo Tomé de Guayana” de 1961 se establecen un conjunto de áreas especiales: AltaVista, Punta Vista y San Félix que se esperaba constituirían “los tres centros poblados que por su valor geográfico, funcional o histórico producirán el impacto más significativo en la formación de la ciudad”. El sector de AltaVista, considerado como el sitio de localización del centro administrativo y comercial más importante de la urbe, cuyo crecimiento se daría a partir de una estructura de “células” que contendrían los generadores de actividades, estaba conformado por una serie de “macromanzanas” dispuestas según un orden lineal que se interconectarían a través de un sistema de circulación rápido y eficiente. Es en uno de estos grandes lotes donde se decide localizar el edificio para EDELCA, si no el primero, si el más importante en la naciente ciudad.


Justamente es la soledad que le tocó vivir durante muchos años en AltaVista lo que acrecienta los valores que acompañan su diseño. Tenreiro ante el compromiso de proyectar un “fragmento” (como él prefería denominar a las edificaciones que componen la ciudad), opta por asumir el arquetipo de la pirámide escalonada propia de las culturas precolombinas mesoamericanas para dar la mayor contundencia a la decisión de darle forma a los siete niveles de planta rectangular que conforman la sede corporativa. El resto de las decisiones que conllevaron a incorporar un rico espacio interno, las terrazas que acompañan a cada nivel y el agradable, amén de ligero, espacio sombreado que se disfruta en su transitable planta baja (de donde proviene la imagen que acompaña la postal de hoy), otorgándole a la pieza el carácter que posee, se podrían complementar con la respuesta que el propio Tenreiro le dio a William Niño en la entrevista que le hiciera a propósito de la exposición “Los Signos Habitables”, realizada en la Galería de Arte Nacional en 1985, al solicitarle una síntesis de las intenciones que guiaron el proyecto:
“En esta cosa había una intención particular y específica: ofrecer un edificio que se conectara con la atmósfera del lugar (donde estuvo el edificio solo durante tanto tiempo), que se conectara con esa atmósfera. De manera que una de las intenciones más importantes era la identificación con lo climático y con lo solar. El edificio tenía que mantenerse allí como un signo, estuvo efectivamente aislado muchos años. Lo otro era una proposición de una arquitectura tropical que no identificara el sol como un enemigo sino como un amigo. Entonces hecho, yo creo que en cierto modo se lee en la manera como el edificio se escalona, la forma como se integra la vegetación. Y hay, además, ya en el plano constructivo, la intención que no se pudo lograr, que era realizarlo total e integralmente con acero liviano de Sidor, utilizando armaduras y diseños estructurales que permitieran absorber las cargas y los esfuerzos.”

50 años han pasado desde la inauguración del edificio y su vigencia está fuera de toda duda, más allá de que la infraestructura y sus alrededores han sido objeto de ciertas modificaciones como el cercado que hoy lo rodea y la instalación en su fachada de una valla con el logotipo distintivo de la CVG.

“Toda obra que se haga ‘en su tiempo’ tiene probabilidades de trascenderlo. Lo más importante es que se trate de hacer un trabajo bien hecho, sin ocuparse mucho del que si va a ser o no intemporal. Así como antes te decía que no tiene mucho sentido ocuparse de que una cosa sea bella, sino hacerla bien, así mismo te digo que la intemporalidad se da si está bien hecha”, cita extraída de otro momento de la entrevista con William Niño, sintetiza una postura que sin dejar de lado la importancia del saber hacer, del cultivarse, del conocer y del saber tomar con un alta dosis de sensibilidad la decisiones correctas, retrata perfectamente a este admirado e importante arquitecto venezolano a quien Federico Vegas dedicó un sentido escrito a raíz de su fallecimiento en 2007 que recomendamos leer. (http://prodavinci.com/blogs/jesus-por-federico-vegas/)

Fueron tres las obras de gran envergadura que logró realizar Jesús Tenreiro (Premio Nacional de Arquitectura, 1991) a lo largo de una carrera en la que siempre se quejó de las pocas oportunidades que se le daban de llevar adelante su actividad profesional hasta las últimas consecuencias. Sin embargo el tiempo ha demostrado que la calidad superó con creces la cantidad. El que los planos y una maqueta del edificio de EDELCA-CVG hayan pasado a formar parte de la colección permanente Latin America in Construction: Architecture 1955–1980 (Latinoamérica en Construcción: Arquitectura 1955-1980) del Museo de Arte Moderno de Nueva York, MoMA), colaborará a reafirmar su atemporalidad no conscientemente buscada pero indudablemente alcanzada.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal, 3, 5, 6 y 7. https://iamvenezuela.com/2017/04/sede-de-la-corporacion-venezolana-de-guayana-cvg/
4 y 8. Latin America in Construction: Architecture 1955–1980, Museo de Arte Moderno de Nueva York, MoMA, 2015
Postal Nº 75
ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 75

El proyecto y construcción de la Embajada de los Estados Unidos de América en Caracas (1989-1996) en la urbanización Lomas de Valle Arriba, forma parte de un episodio que queda fuera de lo que han calificado Lorenzo González Casas, Orlando Marín, Jorge Villota y Henry Vicente como “Distritos Petroleros” que durante las décadas de 1940 y 1950 pudieron detectarse dentro del desarrollo urbano de la ciudad (ver “Arquitecturas itinerantes en CCS: entre los Estados Unidos y Venezuela”, http://prodavinci.com/blogs/arquitecturas-itinerantes-en-ccs-entre-los-estados-unidos-y-venezuela/, primer texto enmarcado en el proyecto CCScity450 adelantado por el área de Teoría e Historia de la Arquitectura de la USB en conjunto con la Fundación Espacio y el Archivo de Fotografía Urbana).
En aquellos años “las multinacionales petroleras se vieron obligadas a reforzar y reformular su posición, así como la naturaleza de sus vínculos con el país, lo que propició la construcción de modernos Edificios-Sede en la capital, imagen legible de lo que hemos denominado Distritos Petroleros de Caracas, enmarcando así los diversos territorios en los que se fueron desenvolviendo, bajo una condición urbana particular, intereses, servicios y dinámicas asociados a dichas petroleras.
Estos ‘Distritos’ fueron trasladándose en el mapa de la ciudad a medida que se iban mudando las corporaciones petroleras pero todos ellos compartieron un imaginario común de ‘intensificación de la modernidad’, sustentado en un singular nivel de equipamiento y servicios respecto a otros territorios urbanos. Un ‘estilo de vida’ nuevo, identificable con las nociones de ‘campamento’ y de suburbio, y con criterios de representación opuestos a una ‘otredad’, anacrónica, que no conjugaba con el afán ‘modernizador’ de dichos Distritos”.
Así, por ejemplo, la presencia de la Embajada de los Estados Unidos en el primer Distrito Petrolero que se registra en la ciudad (el correspondiente a el sector La Candelaria-San Bernardino), le permite a Henry Vicente en “Distritos petroleros en CCS” (http://prodavinci.com/blogs/distritos-petroleros-en-ccs-por-henry-vicente-garrido/, segundo artículo de la serie) afirmar lo siguiente: “Nodo fundamental de este distrito fue la presencia de la Embajada de Estados Unidos en San Bernardino. Ocupaba el edificio Valderrey (1948), obra del ingeniero Emilio Solórzano Yánez. Y es que podemos trasladar a la idea de Distrito Petrolero la noción del ‘radio’ de disposición en el que debían situarse las residencias de los empleados de la embajada. Residencia y trabajo reunidos.”
Si bien la proximidad vivienda-trabajo en lo concerniente a los funcionarios de las embajadas pasa a ocupar un segundo plano a medida que transcurre el tiempo y el automóvil se impone como medio de locomoción, sin embargo la que fue considerada en su momento como la “nueva embajada de los Estados Unidos” (1959) diseñada por el arquitecto Don Hatch, también ve directamente influida su localización por la propuesta de desarrollar un “tercer distrito” en la zona de Los Palos Grandes-La Floresta, del cual quedaron sólo registros aislados, pasando a ser el de la sede diplomática sólo un episodio, un hito más que un nodo.

De esta manera, cuando el Departamento de Estado norteamericano toma la decisión de construir treinta años más tarde de inaugurado el sobrio edificio de La Floresta un nuevo asiento para su representación diplomática en Venezuela, busca localizarlo en un lugar lejano del caos urbano, aislado y de difícil acceso. Se recupera en cierta forma la ubicación en un suburbio pero se apuesta con mayor énfasis por un objeto en contacto con el entorno agreste que también caracteriza la ciudad, que aproveche la oportunidad de verla sin que necesariamente sea visto desde ella.
El diseño del edificio, cuyos croquis engalanan la postal de hoy, se le asignó al arquitecto nacido en 1925 en Riga, Letonia, Gunnar Birkerts. Colaborador de Eero Saarinen entre 1951 y 1956 y luego socio de Minoru Yamasaki, Birkerts ha desarrollado la mayor parte de su carrera profesional en Detroit, Michigan. Se unió a la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Michigan en 1959 donde enseñó hasta 1990 siendo distinguido como Profesor Emérito de dicha universidad y la Asociación de Escuelas de Arquitectura lo honró con el premio ACSA Distinguished Professor en 1989-90. Ha proyectado los museos de Arte Contemporáneo de Houston (1970-72) y Kansas City (1991-94), el Centro Corporativo de la IBM, Nueva York (1970-72), la Domino’s Tower, Ann Arbor (1984-98) y el Banco de la Reserva Federal de Minneapolis, Minnesota (1967-73), entre otros. Su último proyecto (2014) es la Biblioteca Nacional de Letonia en Riga. La Editorial GA le dedicó un número monográfico a su firma Gunnar Birkerts and Associates (1982) y también se han publicado Gunnar Birkerts. Process and Expression in Architectural Form (1994) y más recientemente (2009) Gunnar Birkerts-Metaphoric Modernist.

Birkerts propone para la embajada un edificio alargado, de 9.000 m2 de construcción (casi el triple del área de la anterior sede) contenidos en cinco pisos, sólido, empotrado en el lecho rocoso característico del lote donde se ubica, que se debate entre convertirse en un bunker o mimetizarse al verde paisaje que lo rodea. El proyecto, colocado sobre dos mesetas producto de un voluminoso movimiento de tierra, cuenta con una estructura en hormigón armado vaciado in situ, sin juntas internas, capaz no sólo de soportar fuertes movimientos sísmicos sino también “posibles ataques terroristas”. La oficina de Leslie E. Robertson Associates (LERA), a quienes se les encargó el cálculo estructural señalan en su portal web lo siguiente: “La estructura está construida para soportar una variedad de cargas, incluyendo la carga sísmica de la Zona Tres del Código de Construcción Uniforme, la carga por explosión, la carga del viento y la presión lateral aplicada por tres niveles de tierra contra la cara posterior del edificio.”

Cabe señalar que Birkerts visitó Venezuela en varias oportunidades pero fue en abril de 1994 cuando dio una conferencia en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber y fue entrevistado para el número 57 de Arquitectura HOY por Enrique Fernández-Shaw, texto que recomendamos leer a quienes quieran aproximarse más aún al sentido que caracteriza su obra.
La Embajada de los Estados Unidos en Caracas forma parte de la saga de calificados edificios realizados por dicho país a lo largo del mundo y que en este caso reafirma el valor estratégico que ha tenido Venezuela para norteamérica.
También es, sin duda, una importante pieza que, aunque escapa al ámbito temporal en el que se centró la curaduría de la exposición “Arquitectura norteamericana en Caracas 1925-1975: OUR architects”, actualmente abierta en los espacios de la Sala TAC del Trasnocho Cultural (Paseo Las Mercedes), sin duda la complementa.
ACA
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Postal y 3. Arquitectura HOY, nº 57, 16 de abril de 1994
Postal Nº 74
ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 74

La Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV (FAU UCV) prácticamente desde su creación ha prestado particular atención a las actividades de extensión cultural y dentro de ellas a la captación de importantes exposiciones itinerantes que son ofrecidas por embajadas e instituciones de relevancia con sede en el país. Algunas de ellas ya han sido objeto de atención desde estas páginas por lo que hoy continuaremos dando cuenta de ello refiriéndonos a la que quizás ha sido una de las muestras más relevantes presentadas en los espacios expositivos de la FAU durante la primera década de este siglo: Horta & after. 25 maestros de la arquitectura moderna en Bélgica, abierta entre el 22 de noviembre y el 16 de diciembre de 2005, momento en el que se encontraba al frente de la Coordinación de Extensión el profesor José Guerra Cogorno.
Horta & after, lejos de ser una exhibición aislada, formó parte de la organización conjunta entre la FAU UCV y la Facultad de Arquitectura y Planificación Urbanística de la Universidad de Gante del Simposio Internacional “Arquitectura Moderna en Bélgica y Venezuela” impulsado de manera particular por sus respectivos decanos Azier Calvo Albizu y Mil De Kooning, quienes asumieron la responsabilidad de dictar sendas conferencias realizadas en el auditorio de la FAU. Debe sumarse, también, como pieza importante en la organización del evento a la profesora Ronny De Meyer, quien junto al decano De Kooning se desplazó a Venezuela para el momento de la apertura de la exposición en la que también hicieron acto de presencia la Sra. Christine Stevens y el Sr. William de Baets, Embajadora y Primer Secretario de Bélgica en Venezuela.
Dos gestos, que hablan de manera muy positiva sobre el valor que tienen los intercambios académicos bien entendidos, rodearon la realización de la muestra. El primero fue la inclusión dentro del montaje de una impecable maqueta realizada por Víctor Sánchez Taffur del pabellón que representó a Venezuela en la Exposición Universal de Bruselas de 1958, proyecto del arquitecto y entonces profesor de nuestra escuela de arquitectura Dante Savino.
El segundo, la edición especial del ejemplar nº 70 de Vlees & Beton -serie de monografías sobre el arte, la arquitectura y el diseño a cargo de Ranko Horetzky (Zagreb), Mil De Koonong y Ronny De Meyer (Gante)- que contiene la versión en inglés y español del importante texto “Operating instructions for architecture. A century of architecture in Belgium” (“Manual de instrucciones para la arquitectura. Un siglo de arquitectura en Bélgica”), a cargo del Profesor Emérito Geert Bekaert (Doctor Honoris Causa de la Universidad de Gante). Este ensayo elaborado en 1999 especialmente para el libro Horta & after. 25 Masters of Modern Architecture in Belgium (ediciones números 39-49 de Vlees & Beton) que acompañó la exposición del mismo nombre cuando se abrió por primera vez en la 4ª Bienal Internacional de Arquitectura de Sao Paulo, ofrece una panorámica visión teórica de lo acontecido dentro de la arquitectura Belga a lo largo del siglo XX, convirtiéndose en lectura obligatoria para quienes quieran aproximarse a un país que no se caracteriza por pertenecer al circuito más rutilante de la arquitectura internacional o “la república de la arquitectura” como el propio Bekaert la califica.
Transcribamos el primer párrafo y parte del segundo del ensayo para hacernos una idea de la manera como Bekaert se aproxima a su objeto de estudio, cuya vigencia y posibilidad de servir para comprender nuestras realidades “periféricas” luce totalmente pertinente: «La tiranía de las profesiones está, afortunadamente, en declive. Leemos libros sin pensar en literatura y hablamos de edificios sin categorizarlos inmediatamente como arquitectura o, al menos, es nuestro sueño. En La république mondiale des lettres (1999), Pascale Casanova analizó la naturaleza global de esa tiranía. Ella se refiere a la literatura, pero su análisis también se aplica a todas las demás disciplinas artísticas e incluso científicas. Una inesperada consecuencia de esta globalización es que un escritor, artista o arquitecto, normalmente sólo puede hacerse a un nombre propio en la medida en que la nación a la que pertenece es reconocida en esa «república global». La gente dice a la ligera que un país como Bélgica, que no tiene un lugar en la república de la arquitectura, no tiene arquitectos.
Ésta es una gran frustración para los críticos e historiadores nacionales. Su principal objetivo parece sr que esta república acepte a su país. Se trata de una empresa poco gratificante, ya que se va en busca de cualidades que no tienen mucho que ver con la arquitectura, y se corre el riesgo de considerar sólo el carácter nacional específico. Esto lo acerca a uno a las ideologías del regionalismo, crítico o no, que busca la cualidad de la arquitectura en su variedad regional. Resulta innegable que hay variedad. Pero a partir del mmento en que sólo se tiene en cuenta este aspecto casi idolatrante de ver las cosas, se comienza a perder de vista lo más importante.» La portada del ejemplar nº 70 de Vlees & Beton que fungió de catálogo para la muestra abierta en Caracas, elemento representativo del evento, conforma la imagen que hemos escogido para ilustrar nuestra postal del día de hoy.
Sobre los 25 Maestros presentes en la exposición valga señalar que están encabezados por Víctor Horta y Henry van de Velde (quizás los más conocidos internacionalmente por su peso en los albores del Movimiento Moderno) acompañados por: Víctor Burgeois, Louis-Herman De Konink, Huib Hoste, Marcel Leborgne, Gaston Eysselinck, (Fernand, Gaston y Maxime) Brunfaut, Julien Schillemans, Renaat Braem, Léon Stynen, Jacques Dupuis, Groupe EGAU (Charles Carlier, Hyacinthe Lhoest y Jules Mozin), Willy Van Der Meeren, Lucien Engels, Peter Callebout, Charles Vandenhove,, Pal Neefs, Marc Dessauvage, AWG/Bob van Reeth, TOP Office/Luc Deleu, Paul Robbrecht y Hilde Daem, Stéphane Beel, Xaveer De Geyter, y NRA/Willem Jan Neutelings. En el libro que registra la muestra en extenso, cada arquitecto es objeto de particular atención a través de un breve ensayo que ofrece las coordenadas sobre las cuales comprender su obra a cargo de diferentes críticos y académicos de origen belga.
El simposio internacional y la exposición en Caracas fueron patrocinados por: el Ministerio de Cultura de la Comunidad Flamenca; la Embajada de Bélgica en Venezuela; la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela; el Departamento de Arquitectura y Planificación Urbanística de la Universidad de Gante y el Instituto para Estudios de Arquitectura y Diseño belgo-croata.
El catálogo Horta and after, del cual quedan aún algunos ejemplares, puede ser adquirido a través de http://www.edicionesfau.com.
ACA