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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 137

La aparición del nº 1 la revista CAV permite constatar la confluencia de una serie de circunstancias que ofrecen particular interés para el gremio de los arquitectos en el país.

Por un lado se presenta como el espacio idóneo que aprovecha la Junta Directiva del recién creado Colegio de Arquitectos de Venezuela (conformada por Guido Bermúdez -Presidente-, Carlos Guinand Baldó -Vicepresidente- y Elías Toro -Secretario-) para exponer las razones que dieron lugar a su constitución en sustitución de la Sociedad Venezolana de Arquitectos (SVA) que, como se sabe, funcionó como ente gremial durante 21 años desde el 4 de julio de 1945.

En segundo lugar, permite conocer la continuidad que se le busca dar no sólo a la conducción del gremio sino también a su principal órgano de difusión tras la aparición de 20 números de la revista SVA (1959-1965). En tercer lugar logra hacernos visitar, a través de una rica documentación gráfica y fotográfica, el más importante edificio construido recientemente en el país. Y en cuarto lugar sirve para exponer una de las preocupaciones teóricas que por aquellos años era objeto de discusión en el medio académico y profesional.

El “Sumario” de la publicación permite aclarar buena parte de lo que hemos adelantado. En el mismo se puede registrar la presencia del “Editorial” a cargo de la Junta Directiva; las “Palabras del Presidente del Colegio de Arquitectos de Venezuela, Arq. Guido Bermúdez Briceño, con motivo del acto de toma de posesión de la nueva Junta Directiva, período 1966-67”; el “Banco Central de Venezuela, Arq. Tomás José Sanabria” (de donde proviene la imagen que ilustra la portada y nuestra postal del día de hoy); “Tradición y continuidad en la arquitectura”, por Walter Gropius; el “Noticiero CAV” (dedicado fundamentalmente a dar cuenta del proceso de registro y constitución del Colegio y designación de su Junta Directiva, a lo que se suma la programación del IX Congreso de la UIA, Praga, 1967); y el “Índice números 1-20 (1959-1965)” de la revista SVA.

Como podrá notarse el nº 1 de la revista CAV (accesible en formato digital a través de https://issuu.com/revistacav/docs/ensamble_revista_cav_1_light) se trata de todo un documento de referencia del que podemos rescatar de su «Editorial» la intención convertirla en órgano de difusión de una agrupación profesional que pasó de ser “sociedad” a dar un particular énfasis al asunto de la “colegiación”. De aquí que la publicación intente constituirse en un “primer paso dirigido a más altas metas y que pretenda fundamentalmente actuar como agente catalizador de las motivaciones latentes desde el gremio”, buscando su transformación “en auténtico instrumento para la crítica y eficaz medio de expresión” y “fermento de discusión y polémica en lo interno y vehículo de comunicación con todas las dimensiones y niveles de nuestra vida social en lo externo”.

En lo atinente a todo el proceso que condujo al reemplazo de la SVA por el CAV y el empeño en darle cuerpo a un colegio profesional, las “Palabras del Presidente del Colegio de Arquitectos de Venezuela…” son claras en cuanto a la necesidad de dar viabilidad a las expectativas generadas luego de la aprobación de la Ley de Ejercicio Profesional de 1958, a su necesaria reglamentación para abrirle paso la autonomía de las actividades profesionales vinculadas al hecho construido y a lo expresado en las actas finales de las tres Convenciones Nacionales de Arquitectos realizadas en 1959, 1962 y 1965. En las conclusiones de la Primera (1959), se expresa: “La consolidación de la profesión de Arquitecto en el país justifica el hecho de que quienes la ejercen aspiren ya a constituir un Colegio de Arquitectos, basándose en la convicción de que la Arquitectura se halla suficientemente caracterizada, que su ejercicio representa una legítima función social, cuyo desempeño cabal exige la intervención directa del arquitecto en el señalamiento de sus propios rumbos y que la individualización de esta profesión engendraría una sana emulación que a la postre redundará en beneficio del país”, lo cual es complementado por lo señalado en la Segunda Convención tres años después (y corroborado en la Tercera de 1965): “Existe entre los Arquitectos el convencimiento de que el momento es propicio para iniciar gestiones encaminadas a lograr su Colegiación independiente, sin dejar de reconocer que para la cristalización de esta iniciativa, es preciso superar serios obstáculos; gran parte de la tarea se simplificaría si el Congreso Nacional sancionara la Ley de Ejercicio y Colegiación de la Profesiones Universitarias”. De ambas citas y sus repercusiones al día de hoy, más allá de que el CAV exista, hay aún mucha tela que cortar en cuanto al cabal cumplimiento de todas las aspiraciones señaladas.

La Comisión de Publicaciones que acompañó a la primera Junta Directiva del CAV y permitió la salida de la revista estuvo integrada por: Graziano Gasparini (Presidente), Dirk Bornhorst, Luis Muñoz Tébar, Ilari de Eguiarte, Max Pedemonte, Luis Quiróz y Jesús Tenreiro, fungiendo José Manuel Mijares como Secretario Ejecutivo ostentando el cargo, a su vez, de Director de la Revista. Como Asesor Artístico se contó con Mateo Manaure y también con la colaboración especial de Carmen Díaz. Fue impresa por Editorial Arte y a modo de dato curioso aparece como su dirección la siguiente: “Facultad de Arquitectura y Urbanismo, 9º piso, Ciudad Universitaria, Caracas, Venezuela”, señal de que aún funcionaba donde estuvo por años la SVA y de que también se empezaría, muy seguramente, a gestar la necesidad de contar con una sede propia, meta aún inalcanzada que daría para otra interesante saga.

La documentación mostrada para acompañar el Banco Central de Venezuela no tiene desperdicio y se suma a la aparecida en otros medios de divulgación (la revista PUNTO nº27, por ejemplo) para dar cabal cuenta de tan importante obra. Tampoco revisitar el texto de Gropius y el enterarse de todo el proceso legal de conformación del Colegio. Pero si algún material tiene particular valor para investigadores y estudiosos es el índice de los 20 números que aparecieron de la revista SVA ante el hecho de que cada vez es más difícil consultar todos sus ejemplares, motivo de sobra para emprender una labor de rescate y digitalización de los mismos.

La revista CAV, con sus altos y sus bajos, ha mantenido su continuidad pasando hoy a ser una de las más longevas dentro del difícil territorio de las publicaciones periódicas nacionales sobre arquitectura. Su intermitencia permite detectar diversas etapas que ameritarían un estudio particular por la diversidad de enfoques y énfasis que han caracterizado cada una en función de sus respectivos Comités Editoriales. La última de ellas se produjo, impulsada por la Junta Directivas que ejerció entre 2006 y 2012, luego de un período previo de 14 años de ausencia, lográndose publicar los últimos seis números impresos que se conocen (del 55 al 60) realizados con una gran calidad gráfica, cuidadosa producción e impecable impresión. Como otra curiosidad (preocupante en este caso) en el nº 60 aparece, firmada por Tomás Pérez Calderón, la nota titulada “La Ley de Ejercicio de la Arquitectura y Profesiones afines: un proyecto por etapas” donde se anuncia la introducción el 22 de noviembre de 2012 del mencionado instrumento legal para su consideración por parte de la Asamblea Nacional en virtud de que, a 46 años de lo que subrayáramos de lo contenido en el nº 1 de la revista (y a 54 de la promulgación de la Ley del 58), “Venezuela es el único país de la región en el que el gremio de arquitectos no tiene independencia para la práctica del ejercicio a través del colegio profesional respectivo”. Desde entonces han pasado otros seis años y al parecer aún estamos en mora.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 136

Con la Exposición Universal de Shanghái, la Oficina Internacional de Exposiciones (BIE, según sus siglas en inglés), pone en práctica por primera vez su nuevo sistema de clasificación de eventos de este tipo de acuerdo con la Enmienda del 31 de mayo de 1988 (vigente desde el 19 de julio de 1996) a la Convención relativa a las Exposiciones Internacionales, según la cual se abren dos categorías: las denominadas “Exposiciones Internacionales Registradas” término equivalente tanto para las “Exposiciones Universales” o “Exposiciones Mundiales” cuya duración oscilará entre las 6 semanas y los 6 meses, estarán espaciadas no menos de 5 años, podrán tener un área superior a las 25 hectáreas y las reglas de construcción del pabellón de cada Estado participante se deberán fijar en el reglamento general de cada evento, lo que implica que los Estados participantes no están obligados a construir su propio pabellón a menos que así se indique en el reglamento general; y el resto de las “Exposiciones Internacionales Reconocidas” con una duración mínima de 3 semanas y máxima de 3 meses, que deben tener un tema especializado y una superficie por la que puede extenderse de un máximo de 25 hectáreas.

También en Shanghái se presenta por primera vez la oportunidad de que un país asiático distinto a Japón organice un evento de esta envergadura, oportunidad que sirvió a la pujante China para mostrarse una vez más ante el mundo, luego de la exitosa realización de los Juegos Olímpicos en Beijing en 2008 (su primer gran escaparate internacional), como una de las potencias económicas más poderosas del planeta.

Ubicada en un recinto de 528 há de superficie entre las dos riberas del río Huangpu (el distrito de Puxi -orilla norte- y el de Pudong -orilla meridional-), con los puentes Nanpu y Lupu conectando ambas orillas, aproximadamente a 6 kilómetros al sudoeste del centro turístico y económico de la ciudad de Shanghái, en la Expo participaron 192 países de los cinco continentes (China incluida) y 50 organizaciones internacionales, convirtiéndose, por sus dimensiones y por la cantidad de países participantes y de personas que la visitaron, en la exposición internacional más grande de todas las celebradas hasta ese momento. Estuvo abierta del 30 de abril al 31 de octubre de 2010.

El tema de la Expo fue “Mejor ciudad, mejor vida” y expresó, según sus organizadores, “el deseo común de todas las sociedades de contar con núcleos urbanos acordes con una vida moderna, de bienestar y desarrollo sostenible”. Cada país, organización internacional o nacional y empresa participante fue invitado a exponer su punto de vista particular, desde su propia idiosincrasia y experiencia, sobre este tema y a dar ejemplos e iniciativas de cómo resolver los problemas que atañen a las ciudades de todo el planeta. Para ello se dividió el tema central en cinco aspectos o subtemas principales: Convivencia multicultural en la ciudad, Prosperidad económica en la ciudad, Innovación científica y tecnológica en la ciudad, Remodelación de las comunidades en la ciudad e Interacción entre las áreas urbanas y las rurales.

Venezuela aprovechó la ocasión para presentar una vez más un pabellón propio que se encargó a la firma Baudoin Arquitectos, siendo los profesionales responsables del proyecto (realizado en 2009) Facundo Baudoin y Esteban Karpat (egresados de la USB), quienes contaron con la colaboración de Benjamín Reyes. La estructura, instalaciones eléctricas, mecánicas y sanitarias estuvieron a cargo de Baudoin Arquitectos y VMC Constructions, siendo esta última firma quien llevó a cabo la construcción. El área del terreno asignado fue de 3.000 m2 y el área de construcción de 2.900 m2. Fue inaugurado el 2 de mayo de 2010.

El proyecto, alineado con el cambio en el orden del lema del evento decidido por quienes promovieron la participación nacional (en lugar de “mejor ciudad, mejor vida” se buscaba reflejar “mejor vida, mejor ciudad”), como siempre ha sido, intentó servir de vehículo para promover aquellos aspectos que se consideran más significativos del país, dándole cabida en su contenido a manifestaciones de diversa índole que cumplieran con tal cometido.

Por su parte, el contenedor, tal y como se recoge en http://baudoinarquitectos.blogspot.com/2012/09/pabellon-venezuela-expo-shamghai-2010.html, tras “la inversión del término por el de mejor vida, mejor ciudad, asumida (…), aborda la idea de ciudad como producto del ejercicio del habitar del hombre, reflejo de su cultura y de la construcción social. Aquí la ciudad se recrea en la dinámica política de la construcción del lugar, siendo tan diversa como sus culturas y contra culturas, pasando de la ciudad discontinua, compuesta de áreas a ser atendidas y guetos, a las ciudades continuas, sustentadas en relaciones democráticas, capaces de recrearse”.

La posibilidad de entrar en contacto con “los distintos tipos de ciudades que conforman nuestra geografía”, permite establecer una continuidad temporal y espacial que le da sentido a la escogencia del “símbolo del infinito representado en la botella de Klein (como) elemento formal capaz de manifestar la diversidad de iconos históricos, tecnológicos e identitarios de la geografía venezolana”, dando como resultado “un edificio que se pliega sobre sí mismo dentro de un recorrido continuo”.

De esta manera, “el recorrido del pabellón transmite esta noción de ciudad, comenzando con el bastión militar en el acceso principal que a su vez enmarca la escalinata testigo del ascenso al barrio caraqueño y a través de la cual se llega al hall de entrada y espacio multimedia. Desde allí se pasa a una galería que rodea el patio central del edificio a manera de un Shapono Yanomani. A continuación encontramos el auditorio, referente de la churuata Yekuana en el que destaca la presencia de su columna central, árbol de la vida, imagen de la relación del hombre con el universo. Delineando el auditorio se accede al último espacio de exposición antes de llegar a las áreas exteriores, este espacio vuelca a través de un  balcón sobre el acceso al pabellón, y marca de esta forma el punto de partida al exterior. En las áreas exteriores, se encuentran: la plaza Bolívar, en la parte baja, símbolo de la ciudad venezolana y articulada a ésta, a través del techo jardín, el espacio de terraza, que de manera irónica retoma el planteamiento Corbusiano  entendiendo, ahora sí, la ciudad como la cuna del hombre nuevo”.

La presencia de Venezuela en Shanghái dio la oportunidad de mostrar al mundo el cambio de aires en la concepción y conducción del país, en la interpretación de su historia y en la manera de relacionarse y promocionarse a nivel internacional tras 10 años de gobierno “bolivariano”, prevaleciendo un mensaje ideológico que impregnaba todas y cada una de las muestras presentadas, los mensajes de promoción que se enviaban a través de diversos medios de comunicación y el discurso mismo de los arquitectos proyectistas. El edificio que nos representó, cargado de intenciones y justificaciones que permitieran comprender su solidez ajena a toda vocación efímera, morfología, concepción espacial y sentido que cobraba la manera de recorrerse, es mucho lo que denota de las preocupaciones formales de sus autores y poco lo que aporta en el terreno de la sostenibilidad y manejo de las nuevas tecnologías, remitiéndonos a una imagen, si no anacrónica, más propia de una cierta modernidad a la que paradójicamente buscaba anteponerse con sarcasmo, alejándose así de la senda precedente marcada por Henrique Hernández y Ralph Erminy en Sevilla (1992) y Fruto Vivas en Hannover (2000) obras, ambas, basadas en un relato donde que apelaba más a lo demostrativo que al exceso de palabras.

ACA

Procedencia de las imágenes

Todas. http://baudoinarquitectos.blogspot.com/2012/09/pabellon-venezuela-expo-shamghai-2010.html

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 135

La selección del Campamento Turístico y Ecológico Cayo Crasquí (1991-1993) como motivo de la postal que acompaña el número 100 del Contacto FAC obedece a diferentes razones. En primer lugar porque pone en evidencia una concepción pionera, modélica, renovada y actual de la preservación del medio ambiente producto un diálogo necesario entre arquitectura y naturaleza. En segundo lugar porque coloca sobre el tapete el debate acerca de si los valores permanentes de la arquitectura y su vocación de trascendencia pueden estar asociados a la condición efímera de lo que se propone y construye. Y, en tercer lugar, porque permite recordar a un sensible y talentoso arquitecto que alcanzó notoriedad a pesar de lo limitada que resultó ser su obra construida: Jorge Rigamonti (1940-2008).

El que de entrada estemos en presenta de un “campamento” habla mucho del enfoque que se le imprimió al proyecto. El estar ubicado en uno de los numerosos cayos de origen coralino, localizado concretamente en el centro del Archipiélago de Los Roques, extenso atolón declarado Parque Nacional en 1972, llevó a pensar a su proyectista en que la respuesta arquitectónica debía ser, tal y como se señala en https://www.behance.net/Rigamonti, “… provisional, de la mayor sencillez, de bajo impacto ambiental, construida con materiales biodegradables, maderas y lonas y métodos constructivos artesanales”, buscándose con ello afectar lo menos posible la extraordinaria naturaleza circundante.

De esta manera el conjunto posado levemente sobre un territorio de 30.000 m2, conformado por 25 carpas desmontables que contienen las habitaciones, “diseñadas para soportar fuertes vientos (…) compuestas de techos dobles, paredes de lona dobles, y puertas y ventanas graduables de romanilla de madera, que proporcionan una generosa sombra y ventilación, y hacen posible un óptimo confort climático natural tanto diurno como nocturno”, y un grupo de edificaciones fijas (un módulo principal, uno de empleados, un módulo de playa, uno de servicios y uno de ecología) ubicadas en “los intersticios que dejan los existentes manglares de arena, para aprovechar las vistas y las corrientes de aire, y a la vez dar servicio y privacidad a las 25 carpas que las rodean”, permite hablar de una obra que ofrece todos los servicios propios de una instalación turística que, en virtud de su cuidadoso manejo en la generación de electricidad, obtención de agua potable y tratamiento de las aguas servidas, apunta a la sustentabilidad como uno de sus puntos fuertes en momentos en que dicho término no había cobrado aún resonancia en nuestro país. “La tienda ancestral del nómada árabe y chino y la vivienda temporal de los primeros habitantes del archipiélago, los indios ‘caribes’, fueron elementos inspiradores para crear esta reflexión sobre un desarrollo sustentable, mediante un hábitat de mayor respeto ecológico y un uso limitado pero sin prejuicios de las tecnologías actuales”, se resalta como consideración conceptual determinante en el portal ya citado.

Al momento de su apertura en 1993 el Campamento Turístico y Ecológico Cayo Crasquí fue objeto de particular atención por parte de los editores del semanario Arquitectura HOY hasta el punto que abarcó 3 de las 4 páginas del nº 30 del 11 de septiembre de aquel año: dos de ellas (las centrales) dedicadas a mostrar fotografías de la obra y dibujos del proyecto y la otra (la primera) ocupada por el artículo “Lonas para conservar. El campamento de Los Roques” de Juan Pedro Posani.

El texto de Posani, que se inicia con una disertación acerca del rol jugado por el concepto de parque en la edad moderna y sobre el debate entre progreso y destrucción que ha derivado en el deterioro progresivo de la superficie del planeta, donde los espacios protegidos sirven sólo para mitigar la mala conciencia de una sociedad que no tiene en la protección ambiental un claro y determinante objetivo, encuentra en el campamento diseñado por Rigamonti la oportunidad de señalar una clara excepción que confirma la regla y un camino para demostrar “cómo conservar zonas de la naturaleza sin prohibir su disfrute tiene una sola solución: la del uso inteligente y cuidadoso por parte del público, combinada con las previsiones por parte de las autoridades. Educación del público y buen diseño por parte de los entes a cargo de los parques”.

Con respecto al proyecto vale la pena rescatar lo dicho por Posani en los siguientes términos que compartimos plenamente: “El campamento del Cayo Crasquí (…) está planteado en el diseño y supervisión de Jorge Rigamonti con una delicadeza y una cautela excepcionales. Con el uso de la madera, la lona y el techo de torta, la distribución abierta de las cabañas, la concentración de servicios mínimos, el tratamiento esmerado de los desperdicios y de las aguas tratadas, y la reforestación únicamente con especies locales, Rigamonti ha logrado una presencia claramente contemporánea, pero a la vez cauta y mesurada, que no altera en lo más mínimo el delicado equilibrio ecológico de la isla ni produce perturbaciones visuales. Todo lo contrario, el alegre y discreto aspecto de campamento provisional subraya de manera diáfana el carácter dominante de la inmensidad del mar, la permanencia trascendente de la naturaleza, de los manglares y de los bancos coralinos.”

El conjunto operó abierto al público sólo tres años debiendo cesar sus operaciones en 1996 por formar parte de las propiedades intervenidas por FOGADE -Fondo de Protección Social de los Depósitos Bancarios- luego de la crisis bancaria venezolana de 1994. El tiempo se ha encargado de reabsorber  naturalmente lo que fue pensado para que ello ocurriera quedando hoy muy pocos vestigios de lo que fue levantado inicialmente. De allí que volver a hablar luego de 25 años de una obra que tuvo una vida efímera pero que aún resuena pareciera que va a contracorriente de las aspiraciones de permanencia que siempre acompañan a la gran arquitectura. Revisitar un edificio que quedó en el recuerdo, más que un acto de nostalgia, pasa a ser una necesaria reivindicación que sólo va asociada a obras memorables realizadas ex profeso para que ello ocurriese como lo pueden ser los pabellones expositivos de ferias y exposiciones, referencia ineludible en el caso que nos ocupa. El Campamento Turístico y Ecológico Cayo Crasquí fue distinguido con el Gran Premio Internacional en la IX Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito, Ecuador, en 1994. El impecable registro fotográfico realizado y documentación proyectual archivada quizá deparen para el futuro un posible retorno a las arenas de Los Roques de esta modesta obra, o sirva para impregnar de su espíritu la mayor cantidad de intervenciones en parajes naturales vista (en palabras de Posani) como ejemplo de “que una concepción renovada y actual de la preservación no desdeña el uso de lo que se preserva”.

ACA

Procedencia de las imágenes

Todas excepto página de Arquitectura HOY. https://www.behance.net/Rigamonti

Arquitectura HOY, nº 30, 1 de septiembre de 1993

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 134

En el “Plano de Caracas y sus alrededores” de 1954, el tradicional encuadre cartográfico que se venía utilizando, que sitúa la mancha urbana de la capital al centro del plano, se desplaza ampliando la visión de la ciudad hacia los valles del sureste, suprimiendo la presencia del Ávila como referencia.  El encuadre abarca desde Petare hasta Antímano, y al sur hasta Sartenejas y el pueblo de El Hatillo, centrando la mirada sobre esta zona como futura área de desarrollo y expansión de la ciudad.

Según se explicita en la leyenda, el plano, realizado a color por la Dirección de Cartas Geográficas de la Dirección de Cartografía Nacional a escala 1:20.000 y conformado por 2 hojas de 86 x 62 cm. cada una, está confeccionado tomando como referencia diversas fuentes: la Carta de Caracas a escala 1:25.000 (Cartografía Nacional); la Carta de Caracas a escala 1:10.000 (Cartografía Nacional); la fotografía aérea de febrero de 1954; e información suministrada por la Comisión Nacional de Urbanismo y por la Dirección de Ingeniería Municipal. Ello da cuenta del grado de complejidad que la capital va adquiriendo, al sobrepasar el millón de habitantes.

El plano pone de relieve el contexto geográfico al que deberá enfrentarse el crecimiento de la urbe, y sus limites geográficos naturales y la divide en dos entidades: de un lado la ciudad construida en el valle principal, y del otro sus alrededores, sin establecer limites de crecimiento.

Si lo comparamos con el plano de 1936, elaborado por Eduardo Röhl, notamos que la diferencia entre el valle y el sistema de montañas y colinas ya no es tan notoria, tan visible gráficamente. En este nuevo plano la ciudad se vislumbra tras la ocupación de todo el sistema de colinas al sureste del gran valle: si en el plano de 1936 la ciudad ha dejado de urbanizarse siguiendo la receta histórica del damero, para comenzar a adaptarse a la geografía con formas más o menos uniformes y simétricas, en este plano de 1954 la geografía deja de ser guía y referencia y se convierte en simple contexto de un urbanismo avasallante que avanza ejerciendo importantes modificaciones topográficas y sin pretender crear formas urbanas legibles. Se trata de una red vial que se extiende obteniendo de la topografía el máximo beneficio y la mayor rentabilidad. “El símbolo de esta nueva posibilidad será el Hotel Humboldt, torre solitaria ubicada en la cima del Ávila, revelando la presencia de la ciudad hasta en los lugares más inaccesibles”, acotarán Federico Vegas e Iván González Viso en “Historia de Caracas a través de sus planos” (ensayo introductorio de Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015).

Nótese como casi todos los urbanismos del sureste que aparecen en este plano, se encuentran en etapa de desarrollo, con las calles apenas planteadas; otros están simplemente esbozados. Se trata, sin embargo, de un territorio equivalente al que ocupaba la ciudad en los años 20. Esta expansión que arranca en Las Mercedes y termina en Baruta, y más tarde en El Hatillo, comprende el futuro Chuao, Prados del Este, El Cafetal, Charallavito, Club Hípico, La Trinidad. En ellos, gradualmente, se ha ido abandonado tanto la trama como criterios de uniformidad.

El plano, en resumen, muestra una gran masa construida en el valle central, que luce ocupado en su totalidad, con la única posibilidad de expandirse al sur, conquistando la geografía. La ciudad se extiende a partir de la vialidad como forma característica de crecimiento, como es posible apreciar en la ruta que conecta a Las Mayas, o a Antímano permitiendo nuevos desarrollos de vivienda social en el eje hacia El Valle, donde se aprecia la Urbanización Carlos Delgado Chalbaud, que emerge de forma aislada con una lógica propia. Los cascos urbanos de los tradicionales pueblos de Baruta y El Hatillo, aún parecen lejanos y accesibles solo por caminos rurales, a la espera de un modelo de desarrollo centrado en las posibilidades y restricciones de la topografía. En el plano comienzan a aparecer una redes viales que simplemente se expanden sin ningún criterio formal, modificando la lógica de crecimiento original de Caracas. Ello producirá una transformación profunda en la conceptualización de la forma de ocupación, representación y desarrollo de la ciudad: de la pura trama, representada por el damero, se pasará a la pura red, representada por la vialidad.

IGV

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 133

El Colegio de Ingenieros de Venezuela (CIV), cuya sede principal ubicada aledaña al Parque Los Caobos (Caracas) había sido objeto de un concurso convocado en 1939, ganado por Luis Alejandro Chataing en 1940 y terminado de construir en 1941, demostró al poco tiempo de ser ocupado y puesto en funcionamiento importantes carencias espaciales y funcionales para poder albergar las diversas e intensas actividades que el gremio promovía y asumía.

Es así que, a poco más de 20 años de inaugurada su conservadora edificación de rasgos art déco, el CIV, en vista del importante crecimiento tanto de sus afiliados como de sus programas gremiales, sociales y divulgativos, con la mente puesta en ofrecer un lugar de encuentro y mayor comodidad para sus crecientes dependencias, dentro de un necesario criterio de preservación, vuelve a convocar en 1964 otro concurso destinado a ampliar su infraestructura.

El jurado, integrado por los arquitectos Julián Ferris, Tomás Sanabria, Víctor Fossi, Leopoldo Martínez Olavarría y Oscar Carpio, otorgó el Primer Premio a la propuesta presentada por Jimmy Alcock (FAU UCV, promoción 9-1959) y Carlos Gómez de Llarena (FA ULA, 1967), caracterizada por «envolver» hábilmente las viejas instalaciones, incorporándolas a la composición mediante una especie de podio que baja de norte a sur desde la Calle Real de Quebrada Honda hasta el nivel del Parque Los Caobos, desde el cual es posible comunicarse con él. Los detalles de la realización del concurso se pueden revisar en el Boletín del CIV, Nº 53, mayo 1964.

Arriba izquierda: Perspectiva de la fachada principal. Arriba centro y derecha: Patios internos. Centro: Perspectiva general. Abajo: Planta baja

Tal y como lo describen Hannia Gómez y William Niño Araque en el texto elaborado para el catálogo de la exposición “Alcock. 1959-1992. Obras y proyectos” (Galería de Arte Nacional, 1992), dedicado a la propuesta ganadora del certamen: “El edificio de Chataing es envuelto por el nuevo edificio, un basamento que desciende hasta el parque, perforado de patios y surcado por pasarelas, sobre el cual se eleva el fuerte boque horizontal de oficinas. Entre este basamento surgen, como piezas integradas al juego de volúmenes, los fragmentos art déco del viejo colegio. El nuevo auditorio es el punto de referencia a la vez que la pieza clave de toda la composición, teñida sin lugar a dudas de un cierto tinte corbusiano. El techo del auditorio tiene encima otro al aire libre, como abierta tribuna al parque. Amarrando todo el complejo conjunto de niveles y escaleras de las nuevas áreas sociales y de servicios, transcurre una pasarela como una cinta continua. Esta pasarela, al llegar al frente, se extiende para convertirse en plaza de entrada, cortando el estacionamiento en dos. La plaza se reproduce adentro del edificio como su principal espacio interno”.

Corte transversal

Sin entrar a comentar la predominancia que tendría la ampliación por sobre la preexistencia (la cual se fragmenta y diluye) y la discutible connotación que termina cobrando el término “envolver”, la ambiciosa propuesta presentada por Alcock y Gómez de Llarena apunta a lograr una transformación integral tanto de lo edificado como del lugar donde se inserta, haciendo del recorrido de las instalaciones y los lugares de encuentro (cubiertos y descubiertos) que dicho transitar genera un tema fundamental, sincerando, además, el frente hacia el bulevar Santa Rosa  (hoy Amador Bendayán) como acceso de mayor uso y por tanto ofreciendo hacia él otra imagen de la institución que contrasta con la mostrada por la “modesta” edificación original más bien volcada hacia el parque.
Lamentablemente, como tantas veces ha ocurrido, la realización y puesta en marcha de la construcción del proyecto ganador se topó con innumerables intereses creados lo cual impidió su cabal realización, tomándose sólo retazos del mismo para resolver ciertos problemas puntuales correspondientes a las áreas sociales y de recreación del Colegio. Queda así destacada ésta como una experiencia “a medias” entre lo que debía ser y lo que resultó realizándose. Entretanto, Alcock por un lado y Gómez de Llarena por el otro se han destacado como dos de los más importantes arquitectos de su generación.

ACA

Procedencia de las imágenes

Todas. Alcock. 1959-1992. Obras y proyectos, Galería de Arte Nacional, 1992