Archivo de la etiqueta: postal

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 156

Con el diseño y construcción de «A. Planchart y Cia./Sucr. C.A.» se reafirma lo que Lorenzo González Casas en “Autopía: Modernismo motorizado en Caracas” (https://ccscity450.com.ve/ensayo/autopia-modernismo-motorizado-en-caracas/) califica como “la omnipresencia de los carros” en el paisaje urbano caraqueño y con ello la creciente demanda en el desarrollo de una nueva tipología edilicia para su venta y consumo.

Desde que William H. Phelps, en enero de 1909, con apoyo de Enrique Arvelo y Edgar Anzola, comenzó la distribución de los vehículos Ford a través la C.A. El Automóvil Universal, hasta que el arquitecto norteamericano Clifford Charles Wendehack (1886-1948) proyecta para el entonces emergente empresario Armando Planchart el showroom o concesionario de automóviles de la General Motors Company que hoy nos ocupa (cuya fotografía engalana la postal del día de hoy), el registro en la evolución de la señalada tipología configurada por “espacios que colocaban los autos fuera de su entorno asfáltico natural, como en vitrinas de joyería magnificadas”, permite a González Casas compilar para 1925 una red comercial “con al menos 40 marcas de automóviles y 24 concesionarios en todo el país”.

Así, el edificio diseñado por Wendehack, ubicado en la desaparecida urbanización El Conde (frente al Puente Mohedano), aparece si se quiere en el momento en que la bonanza económica había detonado un significativo auge en la venta de automóviles marcando un antes y un después en el tratamiento del tema, dado el carácter arquitectónico que cobró, con predominio del art déco como estilo seleccionado para darle lustre a la monumentalidad con que se presenta resolviendo la esquina vidriada donde los lustrosos automóviles se exhiben en un gran espacio de dos alturas. Ofrecía este concesionario, como otros que se desarrollaron, espacios para dar servicio a los autos, venta de repuestos, depósitos y oficinas administrativas.

A Wendehack se le atribuye también el diseño (casi simultáneamente con el showroom encargado por Planchart) del nuevo edificio para El Automóvil Universal en Quinta Crespo, destacando a partir de entonces la presencia en el paisaje caraqueño de otras instalaciones de este tipo tales como el edificio Cars, proyectado por la General Motors Overseas Operations en el Paseo Los Ilustres, de 1948 (promovido por Armando Planchart) y el de los automóviles De Soto (a solicitud de Alberto Phelps), por Donald Hatch, entre las esquinas de Pilita a Mamey, de 1953. No obstante, tal y como subraya González Casas en su ensayo: “dos ejemplos de especial interés fueron el de Chrysler-Plymouth, del mismo Hatch, inspirado en los objetos vidriados de Mies van der Rohe, construido en 1955 en Plaza Venezuela y demolido para dar paso a la torre Phelps, y el de Angloven, de planta circular y osada estructura, en Bello Monte, proyectado en 1954 por la oficina de Vegas y Galia (este último piloto de autos de carrera y campeón nacional en 1960)”.

Armando Planchart (1906-1978), para quien Wendehack diseña el concesionario de Puente Mohedano, refuerza justamente con este episodio su ascendente carrera de exitoso empresario, la cual se gestó desde muy joven acompañada con una notable capacidad de trabajo que lo llevó a convertirse en un eficiente vendedor de automóviles en San Cristóbal, luego de trabajar como “office boy” para un banco tras haber tenido que dejar los estudios formales a los doce años, tal y como relata Eduardo Casanova en https://www.analitica.com/opinion/opinion-nacional/armando-planchart/. Su empuje en el negocio automotriz hizo “que la General Motors, a pesar de su juventud lo promoviera a ‘dealer’ independiente. No pasó mucho tiempo sin que se convirtiera en el representante en el país de los mejores autos de su tiempo, especialmente de los famosos ‘Cadillacs’, que se convertirían en los más buscados por los ricos y poderosos”. Producto de ello es el edificio que hoy abordamos el cual también nos muestra la presencia de una persona que tomó siempre muy en cuenta el valor agregado que otorga la buena arquitectura.

“Armando Planchart es el más claro ejemplo de que ser rico no es malo. No heredó otra cosa que una gran capacidad de trabajo y dos condiciones que lo acompañaron toda su vida: la generosidad y un excelente sentido del humor”, enfatizará Casanova. Su asombroso olfato para los negocios le permitió reunir una considerable fortuna la cual orientó en buena parte hacia el apoyo de importantes obras benéficas y el patrocinio de la cultura y el arte, lo cual se evidencia a través de las diferentes obras que comisionó, tales como: la Plaza Las Tres Gracias, de la urbanización Los Chaguaramos, en 1946, obra del arquitecto catalán Joseph Mimó I Mena; el ya mencionado Edificio Cars, construido en un terreno con frente a la citada plaza, inaugurado en 1951; y su casa personal, “El Cerrito”, mundialmente reconocida, proyecto del arquitecto italiano Gio Ponti, la cual fue terminada en diciembre de 1957, donde cobra particular relevancia la participación de su esposa Anala en todo el proceso de gestación de la obra.

No es de menor valor señalar en este marco que para la inauguración de su local comercial en Puente Mohedano, Planchart organizó una exposición simultánea, de 26 cuadros del pintor Manuel Cabré y que al año siguiente se celebró el Primer “Salón Planchart”, evento patrocinado por su empresa, que reforzó y estimuló, conjuntamente con el Salón Oficial Anual de Arte Venezolano, el reconocimiento y difusión de nuestro arte.

Wendehack, por otro lado, fallece el año siguiente en que «A. Planchart y Cia./Sucr. C.A.» abre sus puertas, por lo que se convierte en una de las últimas obras que realizara y junto a la Casa Club del Valle Arriba Golf Club en el cierre de su incursión en nuestro país, desde que por primera vez participara (tras la indefinición que se produjo en la convocatoria de un concurso previo) a instancias de William H. Phelps (condiscípulo en sus estudios en el Lawrenceville School de New Jersey) en el proyecto de la Casa Club del Caracas Country Club entre 1928 y 1929, ya convertido en el arquitecto más importante especializado en el diseño de ese tipo de edificios en su país, desde la apertura de su propia oficina en 1923 en Nueva York.

El Caracas Country Club, diseñado en estilo spanish revival, le abrió a Wendehack las puertas desde que llegó a Venezuela en 1928, para poder realizar una serie importante de obras “empezando por una serie de casas-modelo para la venta en el propio club, con cinco tipologías que eran todas variaciones de un mismo tema, en torno siempre a una torre cilíndrica. De allí pasará a diseñar otras casas memorables que van desde el neotudor de la quinta Peña Viva y el neonormando de la quinta Berberena…”, tal y como apunta Hannia Gómez en el artículo dedicado a Wendehack dentro del catálogo “Our architects. Arquitectura norteamericana en Caracas. 1925-1975” de la exposición del mismo nombre realizada en 2017.

Con respecto al edificio de «A. Planchart y Cia./Sucr. C.A.» sólo añadir que durante la gestión del ingeniero Norberto Barrios como presidente del Centro Simón Bolívar (1966-1969) se adquiere el inmueble, el cual posteriormente sería demolido para completar el trazado de la nueva avenida Este-Oeste 10 o Avenida Vicente Lecuna. Años después en parte del terreno donde estuvo ubicado, se construyó la Torre Este del Conjunto Parque Central.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 155

Entre el importante número de exposiciones sobre arquitectura que se realizaron en Venezuela durante la década de los años 90 del siglo XX, “ALCOCK Arquitecto. Obras y Proyectos 1959-1992”, abierta el 14 de octubre de 1992, se constituyó sin lugar a dudas en la experiencia museológica más completa.

Esta afirmación se relaciona, por un lado, con la feliz coincidencia que se dio entre la finalización el 6 de febrero de 1992 en Caracas, luego de tres semanas de reuniones con especialistas de varios países, de un seminario por parte de la UNESCO cuyo objetivo fue analizar los nuevos retos que se le planteaban a la institución museística en el contexto latinoamericano del momento, donde se concluyó, entre otras cosas, que la función del museólogo (profesional indispensable para el cumplimiento de la misión de un museo) no se encontraba suficientemente definida y ubicada, y que, por tanto, debían realizarse ingentes esfuerzos para apoyar su formación; y, por el otro, con la realización en simultáneo entre la Galería de Arte Nacional (GAN) y la Universidad José María Vargas (UJMV) de un seminario-taller para estudiantes de arquitectura y museología de dicha casa de estudios con el fin de concebir, diseñar y ejecutar un proyecto museológico integral, cuyos resultados no fueron otros que la muestra a la cual ya nos hemos referido más arriba.

Exposición ALCOCK Arquitecto. Obras y Proyectos 1959-1992. Izquierda: Catálogo-libro bilingüe ALCOCK, Obras y Proyectos 1959-1992. Derecha: Cuaderno de gran formato Taller Alcock. Un aporte a la museología de la arquitectura

También lo inicialmente afirmado tiene su asidero en el hecho de que la fructífera relación lograda arrojó como resultado en la práctica no sólo una ejemplar experiencia entre formación académica y trabajo museístico (cuyo fruto más visible fue la exposición), sino porque se produjeron dos excelentes publicaciones que han permitido que lo entonces mostrado trascienda hasta nuestros días: el cuidado catálogo-libro bilingüe ALCOCK, Obras y Proyectos 1959-1992, con textos de Hannia Gómez y William Niño Araque y fotografías de Gorka Dorronsoro, Paolo Gasparini y Edgar Vergara (Diseño Gráfico de Bettina Bottome y Antonio Huizi, Editor A, C.A./Fundación Galería de Arte Nacional, impreso por Ex Libris C.A., noviembre 1992); y el hermoso cuaderno de gran formato Taller Alcock. Un aporte a la museología de la arquitectura, fruto de la experiencia conjunta realizada entre la UJMV y la Fundación GAN, que recoge los dibujos y fotos de los modelos resultantes de dicho seminario dirigido por los profesores Ana María Marín, William Niño Araque, Rosita De Lisi y Joaquín Russo, cuya Coordinación Editorial estuvo a cargo de María Elena Huizi (GAN) y Ana María Marín (UJMV) -a su vez Coordinadora General del trabajo- (Diseño Gráfico de Producciones Novarq s.r.l. y Juan José Abreu, impreso por Tipografía Guanarteme C.A., octubre 1992). El impecable dibujo realizado por los estudiantes de arquitectura Francisco Benetti y Adriana Loaiza, que acompaña nuestra postal del día de hoy, proviene justamente de esta segunda publicación.

Lo cierto es que “ALCOCK Arquitecto. Obras y Proyectos 1959-1992” tuvo, además, un especial significado dentro de la programación de la Fundación Galería de Arte Nacional ya que se trataba de la primera exposición antológica dedicada a un arquitecto contemporáneo activo en nuestro país: Walter James (Jimmy) Alcock (1932). Cabría recordar que la realizada entre noviembre de 1988 y finales de febrero de 1989 en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, de una magnitud similar (“Villanueva, el Arquitecto”), rindió homenaje a Carlos Raúl Villanueva tras 13 años de haber fallecido.
El Taller Alcock, germen y motor fundamental para que este modélico ensayo rindiera frutos, posibilitó, según se recoge en el texto elaborado para el cuaderno reseñado por el entonces decano de la Facultad de Arquitectura y Artes Plásticas de la UJMV, José Luis Colmenares y los profesores que lo guiaron, “la conexión de las aulas con otros ámbitos de difusión del conocimiento, brindando la oportunidad de acceder a un grupo de profesores y estudiantes de una ‘joven escuela’ a una actividad analítico-investigativa, hasta ahora perteneciente exclusivamente al territorio de los historiadores”. Señalándose más adelante: “… el Taller Alcock ha sido concebido no únicamente como una unidad de producción de material para la exposición ALCOCK Arquitecto, Obras y Proyectos 1962-1992 (…) la investigación nos comprometió en una estrategia docente que abarcó el establecimiento de una serie de talleres (…) concebidos como recintos para la investigación, siendo este el instrumento y la forma más apta para generar e inducir el conocimiento, en oposición a su mera recepción y transmisión de la manera tradicional, garantizando así, la cabal representación y comprensión de la obra arquitectónica, a través de las más adecuadas técnicas de expresión gráfica y tridimensional, lo que pretendemos acerque al público general a esta esquiva disciplina a partir de una lectura más clara de sus contenidos, y de un discurso de proyecto construido con imágenes hermosas en sí mismas”.

En total, participaron en el Taller 80 estudiantes distribuidos en cuatro frentes: Modelos tridimensionales (32), Perspectiva y Axonometría (13), Dibujo como experiencia (21), e Investigación y Museología (14). Además, para la publicación que recoge la experiencia se elaboró un interesante «Glosario» que podría considerarse como un pequeña y sustanciosa guía dirigida a quienes no están familiarizados con los términos asociados al lenguaje expresivo y gráfico allí contenido utilizado para representar la obra de Alcock, clasificada a su vez en tres categorías: el edificio público (donde se representan 6 obras a través de dibujos y maquetas), la vivienda multifamiliar (5 obras) y la casa (8 obras), precedidas de textos elaborados para introducir cada una.

Jimmy Alcock. Edificio Altolar-Loma Verde, Colinas de Bello Monte, 1967

La postal remite también al edificio Altolar-Loma Verde, ubicado en la urbanización Colinas de Bello Monte cuya construcción (concluida en 1967) fue emprendida en dos etapas: la primera correspondiente al Altolar (de planta curva) y la segunda al Loma Verde (de planta recta), articulados de tal manera que constituyen una unidad formal y espacial. Constan de 44 apartamentos dúplex, 8 apartamentos de una sola planta en los dos últimos pisos del Altolar y en la ultima del Loma Verde, tres niveles de circulación y cinco plantas dispuestas horizontalmente, que derivan su forma a un extenso muro de contención que soporta el terreno modificado de la colina sobre la cual se apoyan.  Alcock asumió como partido de diseño colocar el volumen del edificio, siguiendo la dirección de las curvas de nivel, en el borde de la colina aplanada favoreciendo las visuales urbanas a distancia y a la vez creando un hermoso espacio intermedio interno de características tropicales, sombreado y lleno de vegetación en el cual ubicó el acceso, las circulaciones verticales y horizontales. El edificio, toda una lección de cómo responder a la dimensión de la ciudad a partir de su sensible manifestación en el paisaje, fue seleccionado (junto a la obra de otros arquitectos venezolanos) para representar al país en la exposición “Latin América in Construction; Architecture 1955-1980” (marzo 29–julio 19, 2015), aprovechándose parte del material elaborado para la muestra de 1992.

La exposición “ALCOCK Arquitecto. Obras y Proyectos 1959-1992”, estuvo abierta hasta el 28 de noviembre de 1992, tiempo muy breve -como normalmente ocurre- si se compara al esfuerzo realizado tras ella. Estuvo acompañada durante el mes de noviembre de la realización de una serie de Foros (“La arquitectura de Jimmy Alcock”, “La arquitectura y el espacio tropical desde la perspectiva de la literatura” y ”El arte y la arquitectura en la experiencia de Alcock”); un grupo de Talleres (“De cómo ver la arquitectura”, “Acuarela y lavado” y “Fotografía”); una visita guiada por el propio Jimmy Alcock y William Niño a las obras del primero; y un Ciclo de Charlas realizadas en la UJMV entre noviembre y diciembre por Enrique Larrañaga, Abner Colmenares y Martín Padrón. Propuso, como señala la Fundación Galería de Arte Nacional en uno de los textos introductorios del libro-catálogo, “el concepto de curaduría múltiple, cuyos aportes, desde diversas perspectivas de investigación, la académica, la editorial y la museística, nos permiten demostrar que los eventos de Arquitectura logran (…) un alcance que va más allá del recinto físico de nuestro museo y que nos permite observar la ciudad como una extensión museística, que atesora en sus edificaciones un conjunto de obras cuyo valor histórico, estético, mitológico y afectivo las incorporan a nuestro patrimonio cultural”. Se trató, en resumen, de una trascendental experiencia que pese a la pervivencia de las instituciones que estuvieron involucradas, lamentablemente, no ha logrado repetirse.

ACA

Procedencia de las imágenes

Todas. Catálogo-libro bilingüe ALCOCK, Obras y Proyectos 1959-1992. (Editor A/Fundación Galería de Arte Nacional, 1992) y Cuaderno Taller Alcock. Un aporte a la museología de la arquitectura (Facultad de Arquitectura y Artes Plásticas de la Universidad José María Vargas/Fundación Galería de Arte Nacional, 1992)

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 154

Con la exposición Venezuela. Arquitectura y trópico 1980-1990 la Fundación Museo de Arquitectura dio un importante paso en el fortalecimiento de sus actividades iniciadas en 1988 cuando es creada y nombrados como Directores-fundadores: Celina Bentata, Helene de Garay, William Niño, Martín Padrón, Juan Pedro Posani, Jorge Rigamonti, José Miguel Roig, Leszek Zawisza y Fernando Tábora.

Para el momento en que se concibe la muestra (1991), la Fundación, gestada como “Institución privada sin fines de lucro, orientada hacia la difusión de la Arquitectura”, ya tenía en su haber la organización de al menos 6 eventos expositivos, realizados con la colaboración de otras entidades en las que se contó con la participación de algunos de sus protagonistas: “Figuras de Ciudad”, con Giovanni Chiaramonte, Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, julio 1988 (conferencia y catálogo); “La Casa Como Tema”, Museo de Bellas Artes, octubre 1989 (conferencias y catálogo); “Alessandro Anselmi. Dibujos y proyectos”, Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, mayo-julio 1990; y “Nuevos caminos de la Arquitectura Española” con la participación de 4 destacados arquitectos españoles, junio 1990 (precedida el año anterior del “Primer Seminario sobre Arquitectura Española” organizado en los espacios de Parque Central).

Venezuela. Arquitectura y trópico 1980-1990 se estructuró como parte de la representación de nuestro país en la V Muestra Internacional de Arquitectura de la Bienal de Venecia, Italia (1991), y, en vista del interés que suscitó fue albergada casi de inmediato por la Maison de l’Architecture de París, Francia, en el marco del “Rencontre du Venezuela à Paris”, entre el 13 de noviembre de ese año y el 15 de enero de 1992 con el auspicio del CONAC y el patrocinio de la Unión Latina. La curaduría corrió a cargo de María Teresa Novoa y estuvo acompañada de un catálogo bilingüe (español-inglés) de 68 páginas cuya portada ilustra nuestra postal del día de hoy.

La muestra, que podríamos decir tuvo un importante antecedente en otra titulada “Los Signos Habitables” (1984) organizada por William Niño Araque en los espacios de la Galería de Arte Nacional (ver Contacto FAC nº 103 del 18-11-2018), permitió ir perfilando nuevos rumbos dentro de la arquitectura venezolana desprendidos de la gesta marcada por Carlos Raúl Villanueva y los arquitectos que hicieron de la década de los años 50 la más destacada dentro de la historia constructiva del país e ir valorando la presencia de nuevas figuras surgidas a partir de la instauración de la democracia, signadas en este caso por un tema común: el trópico y las diferentes maneras como es interpretado a través de variadas respuestas edificadas.

Así, Venezuela. Arquitectura y trópico 1980-1990  brindó la oportunidad a la Fundación Museo de Arquitectura de promover la obra de buena parte de sus integrantes y “tras bastidores” a William Niño una nueva ocasión para manifestar de qué manera se podría entender “lo caribeño” y “lo tropical” (categorías que buscaban alejarse de “lo climático” y su carga funcionalista) dentro de la construcción de lo que desde mediados de la década de los 80’ denominó como una “posible” Escuela de Caracas. Obras de diferentes escalas que evidencian su carácter público o privado, usos residenciales, cívicos o religiosos, espacios urbanos y proyectos paisajísticos diseminados por todo el territorio se dan cita en la exposición tras las figuras de Max Pedemonte, Manuel Delgado, Miguel Carpio, Lissette Ávila de Delgado/Esther Fontana de Áñez, Celina Bentata, Edmundo Díquez/Oscar González/José Alberto Rivas, James Alcock, Helene de Garay, Jesús Tenreiro Degwitz, Jorge Rigamonti y Fernando Tábora con la finalidad de mostrar un amplio abanico de soluciones concretas a problemas concretos, ancladas en la autonomía disciplinar, con un peso importante en lo expresivo y lo formal, y con una clara consideración de las variables del lugar.
Sin embargo, quizás sea Alberto Sato, autor del texto introductorio del catálogo de la exposición titulado «Arquitectura. Forma y Trópico», quien nos brinde con mayor claridad la clave con la cual poder repasar en las obras expuestas un importante cambio de actitud ante el medio, el cual pasa de convertirse en una simple reacción de defensa a través de mecanismos que más bien asemejan escudos, resueltos mediante el uso de ábacos y complejas ecuaciones, a ser considerado como tema o pretexto tendiente a descifrar los cautivantes secretos de la luz tamizada y su potencialidad plástica.

En ese contexto la arquitectura venezolana objeto de la muestra permite a Sato afirmar cómo, tomando el testigo de lo iniciado en los años 50, se consuma «la construcción de la sombra (como) fragmento o totalidad de un programa arquitectónico: un sabio juego de los volúmenes bajo la luz produce sombras; es desde allí donde la luz se observa con calma; los detalles de la arquitectura son apreciables y el trópico se disfruta, sea desde la galería de una casa, el atrio de un edificio de oficinas, el claustro de un monasterio, una ventana recedida, un muro irregular de ladrillos, una reja, una pérgola; recurren al ancestro del abrigo, no del frío sino del calor.»

En otras palabras, podría decirse que se profundiza una exploración sobre los espacios intermedios que se traduce en la consideración cuidadosa y constante de la transición entre el interior y el exterior a través de la utilización de diversos dispositivos que trabajan a favor del descanso de una retina fatigada por el sol y que terminan muchas veces generando «lugares».Venezuela. Arquitectura y trópico 1980-1990 ajustada en su rango temporal (1980-1992) e incorporando nuevas obras vuelve a ser montada en 1993, promovida por la Fundación Museo de Arquitectura, en el marco del VI Seminario de Arquitectura Latinoamericana (SAL) realizado en Caracas. Junto a “Ricardo Porro Arquitecto de América en Europa” ocupó entonces los espacios del Museo de Artes Visuales Alejandro Otero. Allí se volvió a ofrecer como escaparate de una arquitectura del lugar que abrió paso a lo que Niño denominó como “éticas tendenciales de actuación” las cuales, poco a poco, empezaron a justificar e incluir manifestaciones un tanto alejadas de lo que originalmente se vislumbraba como un “deber ser” atado a la caracterización mediante “atmósferas” de “lo caribeño” y “lo tropical”, clara demostración de cómo lo prescriptivo deriva rápidamente de considerar que somos “lo uno o lo otro” a reconocer que mas bien somos “lo uno y lo otro”.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 153

Aceras y Brocales. Una página para debatir el hábitat, cuya primera aparición en la sección “La Vida” dentro del diario Últimas Noticias data del 22 de septiembre de 2005 (y que hemos elegido para ilustrar nuestra postal del día de hoy),  se convierte por muchas razones en clara muestra de los avatares que han acompañado estos 20 años de gobierno “revolucionario”.
Para empezar sería bueno señalar cómo en su estreno, a través del texto “¿Qué es Aceras y Brocales?” se declara, transcurridos seis años de que Chávez asumiese el poder, la imposibilidad de que “… la gran tarea, convocada por este proceso revolucionario, de ordenar el territorio, dar calidad de vida a las ciudades, rescatar el valor primordial de la vivienda” pueda emprenderse, “sin que los arquitectos, ingenieros, estudiantes y el pueblo participen en ella con ideas, crítica e imaginación creativa”. Quedaba asentada así por un lado la “militancia” ideológica de los cuatro arquitectos responsables de la página (Juan Pedro Posani, Henrique Hernández, Alfredo Roffé y Alejandro López, los dos primeros distinguidos con el Premio Nacional), su condición de arquitectos “comprometidos”, esperanzados en que el futuro (que ya estaba transcurriendo) depararía mejores resultados a los vividos hasta el momento y algo que a la larga se perderá definitivamente: la convocatoria y amplia participación a un proceso necesitado de ideas e imaginación pero sobre todo de crítica.
En segundo lugar, la nota antes señalada también anunciaba el interés de contraponerse y provocar a lo que podría considerarse con el statu quo y a la vez demarcar un territorio que ya el titulo de “Aceras y Brocales” atisbaba. Es decir, la propia selección del nombre “… es, en más de un sentido, sarcástico, porque, de manera excesiva, va en contra de una concepción elitesca, sifrina, hermética, de la actividad del arquitecto. Y para exagerar le pusimos, (…) lo más balurdo, ordinario e inconveniente (…) con toda intención e ironía, para quitarnos esa imagen arrogante y esnobista del arquitecto, que manejando un lenguaje esotérico e inaccesible se dedica a algo que los comunes mortales no pueden comprender en profundidad.”

En tercer lugar, los editores de Aceras y Brocales exponían que les interesaba “hablar sencillamente de cosas serias relacionadas con el acto eterno y hermoso de construir”, colocando siempre a la ciudad, el ambiente y sobre todo la vivienda como ejes temáticos fundamentales.

Con toda esta carga implícita transcurrió la primera y más fructífera etapa de la página, que podríamos decir abarcó hasta el 31 de enero de 2008 (nº 121), momento en el que sale misteriosa y repentinamente de la redacción Posani por razones que luego se develarían y que nos pondrían frente a los derroteros autoritarios e intolerantes a la crítica que siempre han acompañado a los que nos gobiernan desde 1999.

Posani, quien seguramente corría con la mayor carga a la hora de elaborar los textos que aparecían en la página, ya para entonces fundador y primer director del recién creado Museo de Arquitectura (MUSARQ), proyecto por el cual siempre luchó, nunca dejó de poner en práctica el espíritu crítico que todo genuino militante de izquierda debe profesar, pensando ingenuamente que ello no traería consecuencias. Así, en un texto seguramente escrito por él titulado “Algunas explicaciones necesarias” (aparecido en el nº 122), se señala: “Hemos recibido algunas observaciones oficiosas al contenido de esta página que precisan unas explicaciones. Nos interesa sobremanera el éxito de este ensayo revolucionario que ya ha transformado a Venezuela y que debería transformarla aun más hasta llegar a convertirla en el país que todos los ciudadanos progresistas y moralmente sanos deseamos. Para ser coherentes con ello, estamos convencidos de que un instrumento absolutamente pertinente y necesario es el ejercicio de la crítica y la autocrítica. Creemos que la modestísima labor realizada por el colectivo de esta página, durante los cortos años de su existencia, es justamente eso: el ejercicio de la crítica constructiva, dirigida a señalar errores y a plantear soluciones, conjuntamente con destacar los éxitos y aciertos.

Pero se nos dice que nuestro estilo es demasiado agresivo y descalificador, se nos reprochan algunos adjetivos y un supuesto desequilibrio en las afirmaciones que hemos venido haciendo sobre el sector de la vivienda y el hábitat, que ha sido para nosotros un tema privilegiado. Si se nos señalaran razonadamente, estamos muy dispuestos a reconocer nuestros posibles excesos. Tal vez sirva como explicación la angustia ante las metas no logradas, las afirmaciones equivocadas y los errores evidentes cometidos durante el período revolucionario que comenzó en 1999. Quedan firmes los hechos a los cuales nos hemos referido: el sector vivienda es uno de los sectores públicos con el cual se han cosechados menos éxitos y donde se concentran muchas críticas. ¿Deberíamos callarnos frente a las evidencias porque con ello se le hace el juego a los adversarios? (‘¿por qué no te callas’ les recuerda algo?)”. Y cierra con esto: “Todo lo anterior viene a cuento porque a partir de esta semana se retira uno de los compañeros que han escrito en estas páginas. La razón es parte de una realidad pesada y compleja con múltiples interpretaciones. Una de ellas es que nos falta mucho para aplicar correctamente la muy actual consigna del Presidente, la de las tres R. Y esto va directo a quien le toca: a las autoridades revolucionarias que deben aprender a tolerar las críticas, a convertirlas en aprendizaje y a no dejarse llevar por tentaciones retrógradas. En ello nos jugamos el destino del nuevo socialismo del siglo XXI, que queremos verdaderamente democrático y no una mala repetición de las prácticas cuartorrepublicanas”. Todo un testimonio absolutamente premonitorio a la luz de lo que hoy vivimos.

Como complemento, en el nº 124 del 21 de febrero de 2011 aparece en “Explicando las explicaciones” lo siguiente acerca de la salida de Posani: “… hay autoridades que todavía son incapaces de admitir críticas, de discutir y razonar para aceptarlas o rechazarlas, en aras del proceso revolucionario. Este es un momento en que el manejo de la crítica –quien la hace y quien la recibe– es especialmente delicado y exige una seria revisión para evitar la intolerancia disfrazada de disciplina revolucionaria. Puesto en la disyuntiva de tener que salir del Museo de Arquitectura o retractarse de su posición crítica, ha escogido una vía intermedia. Ni un extremo ni el otro. Por eso simplemente se ha retirado, esperamos que temporalmente, del grupo redactor de Aceras y Brocales. Por lo demás, sigue siendo nuestro gran amigo y un revolucionario contumaz.”

Pese a este incidente, lo que pudo haberse traducido en una actitud solidaria de renuncia por parte del resto del equipo de redacción trocó, quizás con la intención de no perder un espacio que se creía importante, en una paulatina autocensura que fue invadiendo poco a poco la página.

Muy probablemente Posani siguió “tras bastidores” escribiendo durante un tiempo buena parte de los textos de Aceras y Brocales pero la actitud crítica languideció. Más adelante, la página sufre otra dura pérdida: muere Henrique Hernández el 8 de marzo de 2009 apareciendo como parte del equipo editor hasta el nº 176 del 12-3-2009. A ello seguirá el deceso en diciembre de 2011 de Alfredo Roffé siendo el último número en que está su firma el 303 del 22 de aquel mes.

Este proceso paulatino de pérdida de fuerza hacen que la página, aún hoy bajo la sola responsabilidad de Alejandro López (quien en 2018 sustituirá a Posani en la dirección general del MUSARQ), vaya apagándose hasta convertirse, a pesar de haber transcurrido en total casi 14 años, en un remedo de lo que fue, de donde se debe rescatar el esfuerzo por crear un blog que contiene todos los números del 1 al 453 del 8 de enero de 2015, cuya consulta permite un estudio más minucioso que el comprendido en esta nota. En resumen, Aceras y Brocales ha perdido poco a poco su periodicidad (hay que recordar que la página se publicaba, al menos hasta el nº 453, todos los jueves) y reaparece sin solución de continuidad dando cabida a otras voces, acompañando así la creciente conversión del diario que siempre la ha alojado en órgano de propaganda y divulgación complaciente del régimen.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 152

Después de la realización de los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964 (también conocidos como Juegos de la XVIII Olimpiada), le correspondió a la Exposición General de Primera Categoría de Osaka (1970) certificar ante el mundo que el renacimiento de Japón y su conversión en potencia industrial era un hecho, después de la humillante capitulación y dantesca destrucción de que fuera objeto durante la Segunda Guerra Mundial. Ya para entonces descollaba la figura de Kenzo Tange como máximo representante de la arquitectura de ese país a quien se le otorgó el protagonismo en cuanto al diseño de las más destacadas instalaciones deportivas de Tokio (las piscinas y el gimnasio -el estadio olímpico de 1958 objeto de una remodelación le fue asignado a Mitsuo Katayama-), condición que se repetirá al ser el encargado de realizar el master plan de Osaka junto a Uso Nishiyama.

Tampoco estaría de más recordar que cuando se organiza Expo Osaka ’70, Japón ya había entrado a formar parte del debate arquitectónico internacional a raíz del surgimiento de lo que se conoció como el movimiento metabolista (o metabolismo) que fusionó las ideas sobre megaestructuras arquitectónicas con las del crecimiento biológico orgánico, dándose a conocer por vez primera en el Congreso Internacional de Arquitectura Moderna (CIAM) de 1959, siendo probadas sus ideas provisionalmente por estudiantes del estudio MIT de Kenzo Tange. Posteriormente, durante la preparación de la Conferencia Mundial de Diseño de Tokio (1960), un grupo integrado por el crítico de arquitectura Noboru Kawazoe, los jóvenes arquitectos Masato Otaka, Fumihiko Maki, Kiyonori Kikutake y Kisho Kurokawa y los diseñadores Kiyoshi Awazu y Kenji Ekuan (entre otros), liderados por Tange, prepararon la publicación del manifiesto titulado “Metabolismo 1960: Propuestas para un nuevo urbanismo” serie de cuatro ensayos titulados: Ocean City, Space City, Towards Group Form and Material and Man que también incluía diseños para vastas ciudades que flotaban en los océanos y torres de cápsulas enchufables que podrían incorporar el crecimiento orgánico. Asímismo, el movimiento involucró a otros arquitectos como Arata Isozaki y Sachio Otani que se sumaron a algunos de los ya mencionados al llamado hecho por Tange a trabajar en Osaka.

Si bien el grupo metabolista logró alcanzar un gran impacto y difusión a raíz del lanzamiento de su Manifiesto sus ideas siguieron siendo en gran medida teóricas y la escala de sus intervenciones se redujo a edificaciones pequeñas e individuales, convirtiéndose Osaka’70 en la oportunidad donde se pudo concentrar y visibilizar en buena parte su trabajo. Tange al ser encargado del master plan encontró en la feria una excelente oportunidad para cristalizar la realización de las ideas urbanas que los metabolistas habían estado desarrollando en los años cincuenta y sesenta. Además invitó a doce arquitectos, incluidos Isozaki, Otaka, Kurokawa y Kikutake para diseñar elementos individuales. También le pidió a Ekuan que supervisara el diseño de los muebles y el transporte, a Shigeo Fukuda y Yusaku Kamekura que intervinieran en el diseño gráfico y a Kawazoe que curara la Exposición Mid-Air que estaba ubicada en el techo del enorme espacio que identificará el evento, para la cual se convocó a una selección de arquitectos del mundo para diseñar pantallas entre quienes se encontraban Moshe Safdie, Yona Friedman, Hans Hollein y Giancarlo De Carlo.

Expo Osaka 1970, Japón. Izquierda: Plano del conjunto. Derecha: Vista aérea

Osaka’70 cuyo tema fue «Progreso y Armonía para la Humanidad» apuntando directamente a las nuevas generaciones, había sido elegida como sede por la Oficina Internacional de Exposiciones (BIE según sus siglas en inglés) en 1965. Precedió a la Expo’68 de Montreal y antecedió a la Expo’92 de Sevilla. Contó con la participación de 76 países (Venezuela incluida), una colonia (Hong Kong), tres estados de los Estados Unidos y una ciudad alemana, y fue visitada desde su apertura el 15 de marzo hasta su clausura el 13 de septiembre por más de 64 millones de personas, lo cual da una muestra del éxito obtenido.

Debido a la forma del terreno de 330 hectáreas seleccionado, Tange y su equipo de arquitectos concibieron la exposición como un organismo vivo y cambiante con una «columna vertebral central que podría servir como el centro de una ciudad futura» y la organizaron basándose en dos tramas, una paralela a la avenida principal de conexión y la otra girada 45 grados. La zona más importante recorría de norte a sur el recinto, que abarcaba una carretera principal en dirección este/oeste.

Expo Osaka 1970, Japón. Festival Plaza. Arquitectura: Tomoo Fukuda, Koji Kamiya y Kenzo Tange. Cálculo: Yoshikatsu Tsuboi Institute y Kawaguchi & Engineers

Tange imaginó que la Expo debería concebirse principalmente como un gran festival donde los seres humanos pudieran reunirse. Bajo esta premisa los diseñadores que lo acompañaban pensaron que, a diferencia de anteriores exposiciones, deberían apostar por un lugar de encuentro y celebración abierto, surgiendo así la «Festival Plaza», una gran plaza cubierta por un gran techo de cristal (que en cierta forma rememora al Crystal Palace elemento central de la Gran Exposición de Londres de 1851), ubicada al norte de la carretera que tenía la puerta principal en su extremo sur. Al norte de la puerta principal, y fundamental para el Festival Plaza, se encontraba la Torre del Sol (creada por el artista japonés Tarō Okamoto y símbolo de la Expo), desde la cual los visitantes podían acceder a pasarelas peatonales que les llevaban hacia cualquier punto del recinto.

La gran cubierta, una estructura basada en un malla de doble capa de 10,8 x 10,8 metros con una profundidad de  de 75,6 metros de ancho y 108 metros de longitud, con una altura de 30 metros y con el único apoyo de sólo seis columnas de entramado, fue diseñada por Tomoo Fukuda, Koji Kamiya y Kenzo Tange y calculada por el Yoshikatsu Tsuboi Institute y Kawaguchi & Engineers, quienes la concibieron como gran marco espacial metálico. Mamoru Kawaguchi inventó una rótula sin soldadura para distribuir de forma segura la carga y elaboró un método para ensamblar en el suelo toda la estructura del techo de 4800 toneladas  la cual se elevó a su posición final por medio de gatos neumáticos que subían a lo largo de las seis columnas principales.Todo un sueño metabolista hecho realidad.

El concepto de planificación fue comparado con un árbol: la idea era pensar en los pabellones nacionales como flores individuales que tenían que estar conectados a la totalidad a través de ramas y un tronco en común. Así, la «Festival Plaza» sería el tronco y  las zonas peatonales y sub-plazas, las ramas. Estos elementos fueron reforzados con el color, con el tronco y las ramas en blanco liso y los pabellones en sus propios colores, que fueron determinados por los arquitectos nacionales.

Vistas generales de la Expo Osaka 70 donde se pueden apreciar algunos de los pabellones

Los pabellones se convirtieron en todo un laboratorio que permitió experimentar con ideas que se gestaron en los años 60: los marcos espaciales, la prefabricación, la integración tecnológica, las estructuras a tracción, las cúpulas, los inflables, el metabolismo y los viajes espaciales fueron algunos de los temas que se destacaron. Dennis Crompton, fundador de Archigram, manifestó que realmente disfrutó su tiempo allí porque «fue la primera vez que muchas de esas ideas aparecieron en forma construida».

Dentro de este marco, Venezuela se presentó compartiendo una estructura con Panamá, Uruguay y Perú: la llamada “Plaza Internacional II-B”, diseñada por las oficinas japonesas “Environmental Design Associates” y “Toshi Kenchiku Sekke Firm”, tal y como se recoge en Architectural Review 148, nº 882, agosto, 1970, p. 96, de donde hemos extraído la foto que acompaña nuestra postal del día de hoy. Los 80 metros cuadrados que ocupó Venezuela en una edificación compartida, cuya estética estructural se asemeja mucho a la que predominó en el evento, dan a entender que se trató de una participación a la cual el gobierno de Rafael Caldera no le prestó mayor atención quedando muy lejos del esfuerzo y calidad mostrados en la Expo 67 de Montreal. Tampoco ha sido posible obtener mayores datos relacionados al contenido de la muestra enviada y las gestiones que dieron como resultado el que al menos se hiciera acto de presencia.

Commemoration Park de Osaka, ubicado en el área donde en 1970 se llevó a cabo la Expo donde aún se conserva la Torre del Sol, creada por el artista japonés Tarō Okamoto

El recinto de la Expo ’70  es ahora el «Commemoration Park». Casi todos los pabellones fueron demolidos, pero unos pocos monumentos permanecen, incluyendo una parte del techo de la «Festival Plaza». La estructura más famosa y recordada sigue intacta: la Torre del Sol.  En el marco de lo distópico y del ambiente de ciencia ficción que también rodearon el evento cabe apuntar que al finalizar la Exposición, se enterró una cápsula del tiempo la cual no se puede abrir hasta pasados 5.000 años, coincidiendo con el año 6970. La cápsula fue donada por Matsushita Electric Industrial Co.

ACA

Procedencia de las imágenes

Todas. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 151

1950 señala el inicio de un década que con el pasar del tiempo se ha convertido en mítica dentro de la historia del país. A menos de dos años del derrocamiento de Rómulo Gallegos, el primer presidente electo por el voto popular, directo y secreto, gobierna una Junta Militar que ya había impuesto severas medidas políticas para consolidarse en el poder y que verá como quien para el momento la presidía, el coronel Carlos Delgado Chalbaud, es secuestrado y asesinado en el mes de noviembre de ese año inaugural. A raíz de este funesto episodio, Germán Suárez Flamerich, acompañado de Luis Felipe Llovera Páez y Marcos Pérez Jiménez encabeza, ratificando la promesa de elecciones libres, la Junta de Gobierno, nuevo nombre que se le asigna a la Junta Militar.

En agosto la población larense de El Tocuyo es sacudida por un violento terremoto que literalmente la destruye. En el transcurso del año se inicia la construcción del Aula Magna en la Ciudad Universitaria (Carlos Raúl Villanueva) y del Paseo Los Próceres (Luis Malaussena), se publica La Caracas de ayer y de hoy, su arquitectura colonial y la reurbanización de “El Silencio” de Carlos Raúl Villanueva, y en octubre se crea el Área Metropolitana en momentos en que la capital tiene cerca de 500.000 habitantes. Por primera vez se efectúa una transmisión de imágenes por televisión, se estrenan dos hitos del cine venezolano: La balandra Isabel llegó esta tarde de Carlos Hugo Christensen y La escalinata de César Enríquez y en París se crea el grupo Los Disidentes, primer movimiento que reivindica el arte abstracto en rechazo a la interpretación académica de la pintura.

Dentro de lo que ya se consideraba un país en bonanza, con el mayor PIB de la región y el petróleo como principal motor de la economía (el 3 de enero, por ejemplo, la Creole Petroleum Corporation inaugura formalmente la refinería de Amuay, en la costa oeste de Paraguaná, para el momento una de las 5 más grandes del mundo), la modernización se entroniza y Caracas llega a ser la ciudad de mayor crecimiento de Latinoamérica. La influencia norteamericana será cada vez mayor y empieza a conocerse lo que se ha denominado como la “american way of life”, donde el confort y comodidades que ofrece el sentirse rodeado de servicios de calidad y una oferta amplia de los mismos hace la vida más placentera a las capas trabajadoras, medias y pudientes de la población.

En este contexto, el 29 de marzo de 1950, la empresa norteamericana Sears Roebuck & Co. (fundada en Chicago en el año 1886), constituida en nuestro territorio como Sears Roebuck de Venezuela  S.A., abre en la urbanización Colinas de Bello Monte, Caracas, la primera tienda por departamentos del país construida por la Oficina Técnica Gutiérrez & Cía. S.A.

Este gran almacén, que copia el modelo impuesto por la mencionada compañía en los Estados Unidos desde hacía muchos años, consistente en ofrecer dentro de un mismo establecimiento diversos rubros (desde ropa y calzado pasando por telas, cosméticos y perfumería, electrodomésticos menores, línea blanca, herramientas y ferretería, jardinería, mueblería, discotienda, óptica, estudio fotográfico, electrónicos, dulcería y heladería, accesorios para vehículos, neumáticos y taller de servicios, entre otras cosas), tenia 11.600 m2 distribuidos en dos pisos, con un estacionamiento para 400 automóviles. El aviso aparecido en la prensa nacional que anuncia su “gran inauguración” es la imagen que ilustra nuestra postal del día de hoy.

1. Primera tienda de la Sears Roebuck de Venezuela  S.A., Colinas de Bello Monte, Caracas. 1950

Sears aparece, como ya dijimos, en momentos en que Venezuela experimenta un violento crecimiento económico, lo cual ya había dado pie a que surgieran algunas edificaciones que permitían la agrupación de comercios de diversa índole, preámbulo de lo que serán posteriormente los centros comerciales. Así, tal y como apunta Lorenzo González Casas en “Compraventas en CCS: De la bodega esquinera al mall”, artículo aparecido en el portal Prodavinci el 25 de octubre de 2017: “La enorme operación urbanística de la avenida Central, iniciada con la propuesta de Plan Monumental de 1939, tuvo en el conjunto de El Silencio, inaugurado en 1944, una exitosa muestra de la aparición de una planta baja comercial continua, con 207 locales, apoyada por el uso de aceras cubiertas, un formato que se ha elogiado más que repetido en el país. Las nuevas arterias darían oportunidad de crear frentes comerciales continuos, con algunas penetraciones para dar acceso a comercios al interior, como en el caso de los edificios Karam y Phelps en la avenida Urdaneta”. Y, más adelante, señalando el más inmediato antecedente temporal próximo a la apertura de Sears, “había sido en el Este donde poco antes había surgido el que pudiera ser considerado el primero de los centros comerciales en la ciudad; el Gran Avenida, entre Sabana Grande y la Plaza Venezuela, en lo que es hoy la estación del Metro Plaza Venezuela. (…) El Gran Avenida –inicialmente denominado ‘Quinta Avenida’ fue proyectado en varias etapas por la oficina de Carlos Guinand, Moisés Benacerraf y Emile Vestuti, desde finales de la década del cuarenta. Allí se localizaron 34 prestigiosas firmas de joyería, modas, floristería, estudios de belleza, gastronomía, café, antigüedades y cristalería, en un volumen curvo continuo, tipo strip, de una planta, con voladizo horizontal, un paramento superior para colocar la publicidad de los locales, dos muros verticales perpendiculares a la fachada, a modo de vallas, en los cuales se identificaba el conjunto ante un estacionamiento frontal de tipo dentado en una calle de servicio paralela a la vía principal”.

De tal forma, entre el Gran Avenida y la apertura del Pasaje Zingg (1951-53, Arthur Kahn), del Centro Comercial del Este (1953, Diego Carbonell) y del primer “shoping center” a gran escala con automercado en la urbanización Las Mercedes (1954, proyectado Don Hatch y Claudio Creamer), Sears impone, a diferencia de la presencia de locales independientes característico de aquellos, la filosofía de ofrecer “marcas propias con una calidad de primera y a precios insuperables” bajo un mismo techo agrupados por departamentos. Además, nos acotará González Casas, “es de recordar que Sears incorporó en sus programas de mercadeo la posibilidad de la compra a plazos, mediante un carnet similar al de las tarjetas de crédito. Ello facilitó la comercialización de sus marcas, sobretodo en artículos costosos de línea blanca y marrón. En 1951 las ventas de Sears en el país fueron de $10 millones y aumentaron a $15 millones en 1952, alimentadas por temporadas especiales de rebajas como ‘Jefe por nueve días’ y ‘la semana del joropo’”.

2. Segunda tienda de la Sears Roebuck de Venezuela  S.A., Las Delicias, Maracaibo. 1952. Arquitecto Tomás José Sanabria

En 1952 Sears abre una segunda tienda en Maracaibo, diseñada en este caso por Tomás José Sanabria (la de Caracas, de quien desconocemos su autor, presumimos que fue encargada a alguna firma norteamericana), según las exigencias de la compañía, desarrollando el programa en 12.000 m² de exhibición, distribuidos en un solo nivel. Contaba con más de 80 metros lineales de área de vitrinas y con todos los departamentos y servicios de la tienda de Bello Monte en Caracas.

Para 1953 Sears había establecido cinco tiendas en todo el país y con el pasar de los años llego a tener 9. A la de Bello Monte se le sumaron Pro-Patria y El Marqués en Caracas. A la de Maracaibo se añadió la de Ciudad Ojeda en el estado Zulia y en el resto del territorio nacional las otras tiendas se encontraban en Maracay, Valencia, Barquisimeto y Puerto La Cruz.

3. Modificaciones sufridas por la estructura original de la tienda Sears de Colinas de Bello Monte, Caracas. Arriba: Maxy’s, tienda por departamentos. Abajo: Ciudad Banesco (uso actual), arq. Haydeé Araujo

Lamentablemente y debido a la devaluación del bolívar en 1983 tras el «viernes negro», Sears Roebuck & Co. decide retirarse del mercado venezolano y vende todos sus activos al Grupo Cisneros, cambiando su nombre a Maxy’s con un formato similar, cadena que posteriormente también cerraría sus puertas.

Actualmente, el edificio que una vez fuera la tienda de Bello Monte, totalmente remodelado y transformado de la mano de un grupo de arquitectos encabezados por Haydeé Araujo, se convirtió en la sede de Ciudad Banesco. Por su parte, la tienda de Maracaibo se convertiría en un supermercado de la cadena CADA y luego de la expropiación por parte del gobierno paso a ser un Abasto Bicentenario, siendo sujeto de otra drástica remodelación que convirtió parte de su área comercial en estacionamiento.

ACA

Procedencia de las imágenes

Todas. Colección Crono Arquitectura Venezuela