1907• En el inmueble que ocupara el Gran Hotel Venezuela, proveniente de su antigua sede ubicada entre Madrices y Marrón, reabre sus puertas en Caracas el Hotel Klindt, cuya propiedad y administración estuvieron a cargo de una familia alemana cuya cabeza era el señor Pedro Klindt. Ubicado entre las esquinas de Principal y La Torre, con sus ventanas abiertas hacia la Plaza Bolívar, fue considerado durante muchos años como el mejor hotel de la capital. Su construcción se le atribuye al ingeniero español Franco López.
1. Vista general de las instalaciones del hotel Guaicamacuto, Litoral Central
Hotel Guaicamacuto
El Guaicamacuto se distingue entre las instalaciones hoteleras impulsadas por la CONAHOTU, por ser el hotel de mayor capacidad encargado por la Corporación de entre todos los ejecutados, por constituirse en un giro dentro de la producción arquitectónica de su proyectista, Luis Malaussena (1900-1963) y por haber sido el único que no fue inaugurado a tiempo a pesar de haber sido anunciada su terminación para 1957, cosa muy extraña dentro de las obras programadas por la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.
Ubicado en un enclave de excepcional condición paisajística y ambiental, una pequeña península frente al mar Caribe en el sector de Caraballeda, Litoral Central, actual estado Vargas (anteriormente Departamento Vargas del Distrito Federal), su gestación y primeros estudios, según consta en la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento (MF) del año 1953, comienzan a raíz de la inauguración aquel año de la Autopista Caracas-La Guaira, buscándose con urgencia “la construcción de un nuevo hotel que sustituya las funciones que hasta el presente cumplía el ‘Hotel Miramar’, de Macuto, hoy insuficiente, debido al incremento de la población flotante que se desborda hacia el litoral”.
Para 1954, como reza en la correspondiente Memoria y Cuenta del MF, se concluye el anteproyecto de parte del arquitecto Luis Malaussena y “se iniciaron conversaciones con la Oficina Técnica Bernardo Nouel, para el estudio y proyecto de una dársena para embarcaciones deportivas”. También se estima su próxima construcción en la «Urbanización Caribe», y se precisa que “constará, según lo hasta ahora proyectado, de ciento cuarenta (140) habitaciones, previéndose una ampliación de ochenta (80) más; una suite especial, diez (10) apartamientos residenciales; hall de recepción, salas de espera y de estar; locales para agencias de viaje, tiendas, librería, barbería y salón de belleza; bar, fuente de soda, salones especiales, salón de juegos, terrazas cubiertas, piscina y bar anexo y vestuarios; dormitorios para la servidumbre de huéspedes y demás dependencias indispensables a los servicios del hotel, como recepción, gerencia, contabilidad y salones y dormitorios de empleados”. Ese mismo año, destinados para el entonces denominado “Hotel Naiguatá”, se le contratan definitivamente a la Oficina Técnica Bernardo Nouel Ingenieros C.A. “el estudio y proyecto de las obras de acondicionamiento de una dársena que sirva de abrigo a embarcaciones deportivas y acondicionamiento de la playa frente a los terrenos del establecimiento, a un costo de Bs. 73.560,00; se firmaron los contratos de proyecto y supervisión del referido hotel con el doctor Luis Malaussena y la firma ‘Simca’ respectivamente, y la construcción, de las fundaciones del edificio principal y sus anexos lo realiza la Empresa Venezolana de Ingenieros y Construcción S. A. a un costo de Bs. 3.351.050,00”.
2.Versión el plano de conjunto del hotel Guaicamacuto3. Versión de la planta principal del hotel Guaicamacuto, tomada de los planos originales del proyecto4. Dibujo isométrico del hotel Guaicamacuto, tomado de los planos originales del proyecto y de fotografías de la obra5. Versión de la fachada sur-oeste del hotel Guaicamacuto, tomada de los planos originales
El proyecto que adelanta Malaussena permite detectar, sumado al del hotel Maracay y al del Círculo de las Fuerzas Armadas, según resalta Silvia Hernández de Lasala en Malaussena. Arquitectura académica en la Venezuela moderna (1990), “la actitud más alejada de la arquitectura académica de toda su obra, y su lenguaje está más bien ligado a lo que se conoce como estilo internacional”. Dicha actitud, que pudiera asociarse a la ya manifiesta voluntad de asumir el estilo más adecuado al uso de la edificación que se enfrenta, sus características funcionales o los rasgos propios del contexto en que se ubica, debe atribuirse finalmente a “la presencia en el equipo de Luis Malaussena de los tres jóvenes arquitectos alemanes contratados por él para la época en que fueron desarrollados esos proyectos”. Se trata de: Federico Beckoff, Klaus Heufer y Karl Peter Jebens de los cuales los dos primeros posteriormente desarrollarán en Venezuela una prolífica obra.
Otro punto a considerar dentro del carácter y desarrollo final del proyecto del hotel, adelantado dentro de la oficina de Malaussena entre 1953 y 1955, es “la espectacular expansión desarrollada en la época por las grandes cadenas hoteleras internacionales … particularmente… la Hilton, cuyo hotel en Estambul, proyectado por Skidmore, Owings & Merril y Sedad H. Elden, muestra un asombroso parecido en su aspecto al hotel Guaicamacuto”, siendo sus fechas de construcción casi simultáneas.
De lo que se recoge en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (Iván González Viso, María Isabel Peña y Federico Vegas, 2015), “el edificio de siete pisos (…) es resultado de la articulación de tres categorías de volúmenes. La primera, un paralelepípedo rectangular destinado a apartamentos y habitaciones con dos núcleos de circulación ubicados al sur, el cual parece flotar sobre el terreno; la segunda, volúmenes de menor tamaño y altura destinados a servicios, usos sociales o recreacionales, con formas singulares que les otorgan un carácter propio; y la tercera, los corredores cubiertos con losas de concreto y columnas metálicas, que conectan elementos del conjunto y enmarcan visuales del paisaje tropical y del paisajismo interior. Las fachadas, concebidas como una retícula, permiten balcones profundos, protegen la fachada y proporcionan la imagen de un hotel de playa…”
6. Diversas vistas del hotel Macuto Sheraton (antes Guaicamacuto)
Como ya dijésemos, aunque la obra ofrece ser entregada de acuerdo a la Memoria y Cuenta del MF de 1956 “para la próxima etapa”, por problemas surgidos durante el año 1957 que derivaron en la caída de la dictadura en 1958, el hotel todavía en 1960, aunque “sus construcciones e instalaciones principales se encuentran prácticamente terminadas” tiene pendiente la conclusión de sus obras finales las cuales están a cargo del Ministerio de Obras Públicas. Su programa inicial ha sido significativamente incrementado. De la Memoria y Cuenta de 1960 rescatamos que finalmente se construyó sobre un terreno de 85.000 metros cuadrados y cuenta con un área de construcción de 40.000 metros cuadrados siendo considerado como “uno de los más lujosos de la cuenca del Caribe. Sus instalaciones son de primera clase. Tiene 279 habitaciones y 79 apartamientos, una playa artificial de 60.000 metros cuadrados y un puerto propio para yates de gran calado, con capacidad para 50 embarcaciones”. Oficialmente, al ser abierto, la instalación registra un total de 306 habitaciones.
En vista de la cuantiosa inversión que el hotel ya había demandado y tras la búsqueda de su puesta en funcionamiento lo antes posible, en 1960 el Ejecutivo Nacional autorizó a la CONAHOTU “para negociar, con diversas empresas especializadas en hotelería de turismo internacionales, la celebración de un contrato para la administración y operación de dicho establecimiento. Esta Corporación consideró las proposiciones de 17 firmas internacionales”. Tras el nombramiento de una Comisión evaluadora “integrada por representantes de los Ministerios de Fomento, Hacienda y Obras Públicas y de la Oficina de Coordinación y Planificación de la Presidencia de la República, para que, conjuntamente con el Presidente de la CONAHOTU, estudiara las proposiciones recibidas, a fin de recomendar la firma a la cual habría de adjudicarse el contrato de administración… (se) recomendó celebrar el contrato, para la operación del Hotel Guaicamacuto, con la Sheraton Corporation of America”, quedando establecido entre sus cláusulas que “el hotel tendrá el rango ‘De Luxe’ y la Sheraton deberá mantenerlo y operarlo en ese nivel” y, además, que “con el fin de obtener una mayor eficiencia publicitaria en el exterior, se ha considerado conveniente cambiar el nombre del hotel por uno que tenga más expresión como incentivo turístico en el ambiente internacional. El nuevo nombre incluirá el de la empresa operadora”.
El Guaicamacuto es inaugurado en 1963 y fue conocido entre esa fecha y finales de 1999 (cuando el estado Vargas sufre una inmensa catástrofe natural) como hotel «Macuto Sheraton», viviendo desde su apertura hasta finales de los años 80 su período de mayor esplendor, convirtiéndose en referencia internacional y lugar de disfrute de la ciudadanía, a la que se le permitía el acceso de sus generosas áreas públicas.
7. The Harman Group. Proyecto de rehabilitación, renovación y ampliación del hotel. 2015
Sumido desde 1999, junto al hotel Meliá Caribe (ubicado en el mismo sector), en el más absoluto abandono, empieza a ser objeto de atención por parte del gobierno en 2015, momento en que se le ofrece la oportunidad a The Harman Group (consorcio norteamericano con sede en Filadelfia y Nueva York dedicado a la ingeniería estructural y la planificación de estacionamientos) de realizar un proyecto que contemple la rehabilitación, renovación y ampliación de ambos hoteles. Dicho proyecto propone la incorporación de un centro de convenciones a tres niveles (que incluye un salón de baile de 1300 m2, un salón de baile junior de 750 m2, cocinas y escaleras), un gran lobby cúbico de vidrio (3800 m2) y una nueva estructura para un estacionamiento. Así, ambas instalaciones sumarían una oferta de 400 habitaciones y recuperarían de nuevo el importante rol que jugaban como promotores de un turismo de alto nivel.
8. Estado de avance de las obras de rehabilitación, renovación y ampliación del hotel a cargo de ABU Project, SL. 2016
Las obras, cuya gerencia de construcción se contrata a la empresa ABU Project, SL (radicada en Palma de Mayorca, España), se inician en noviembre de 2015 y ofrecen un importante empuje hasta diciembre de 2016, cuando, por razones ligadas a falta de continuidad en los pagos y oscuridad en el manejo de los recursos asignados (registradas con lujo de detalles por la prensa local), se paralizan los trabajos ofrecidos a ser terminados para el presente año de 2019 cosa que no ocurrirá. La comunidad de Vargas que tiene cifradas esperanzas en que se reactiven las obras y se genere un importante número de empleos como apoyo al sector turismo, sigue a la espera a que este importante hotel, sembrado en la memoria colectiva sea definitivamente recuperado como símbolo y referencia de la arquitectura del litoral caraqueño.
ACA
Procedencia de las imágenes
Colección Crono Arquitectura Venezuela
2, 3, 4 y 5. Silvia Hernánez de Lasala, MALAUSSENA. Arquitectura académica en la Venezuela moderna, 1990
1949•Abre sus puertas el Hotel Astor, ubicado en el encuentro de las avenidas Gamboa y Caracas, Plaza La Estrella, urbanización San Bernardino.
Algunos años después dejó de funcionar como hotel, fue remodelado en su interior manteniendo su estructura externa y transformado en el Edificio Astor, de vivienda multifamiliar.
Este edificio fue declarado Bien de Interés Cultural.
Al que hoy se le conoce como “Hotel Country Trujillo”, es la instalación de menos renombre de cuantas formaron parte del grupo emprendido por el Ministerio de Fomento y administrado por la CONAHOTU durante la década de los 50 del siglo XX, entre otras cosas por su localización en la capital del estado menos próspero de los andes venezolanos, por lo limitado de sus servicios y por no haber sido diseñado por un arquitecto de los que para la época ya empezaban a destacar dentro del ejercicio de la profesión, cuya selección mayoritariamente pasó por las manos de Daniel Camejo Octavio.
Conocido como “Hotel Carmona” cuando se daban los primeros pasos dentro de su incorporación al plan hotelero nacional (nombre que se le asignó asociándolo a la calle y sector donde se ubica), se planificó asumiendo los estándares de diseño internacionales de acuerdo a su escala y magnitud y, por su localización estratégica, para formar parte, junto a los hoteles Llano Alto (Barinas), Moruco y Prado del Río (Mérida) y El Tamá y Aguas Calientes (Táchira), del circuito sub-regional andino que ya contaba para aquel entonces con una red de carreteras bastante completa.
Según consta en la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento del año 1953, como resultado de la política emprendida por dicho despacho, “se dio comienzo a la construcción del ‘Hotel Carmona’, de Trujillo, para lo cual el Gobierno Nacional suscribió acciones por un valor de setecientos mil bolívares (Bs. 700.000,00), que junto con lo aportado por el Gobierno del Estado, permitirá que en esta ciudad se construya un hotel digno de ella”.
Su proyecto original estuvo a cargo del arquitecto Oscar Lupi quien lo hace a instancias de la Dirección de Edificios, Departamento de Arquitectura, del Ministerio de Obras Públicas (MOP). Por los problemas resultantes de “las deficiencias arquitectónicas en el sentido hotelero” de la propuesta original y a raíz de la celebración de una reunión con el arquitecto Lupi “para subsanar esas deficiencias, no llegándose a ningún acuerdo pues el mencionado arquitecto pide le sean remunerados sus servicios, y se opondrá dentro del M.O.P. a que sean realizadas allí” (según se recoge en la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento del año 1954), será directamente Fomento, a través de la Asesoría Técnica de Ingeniería, quien encargará al arquitecto del departamento Alberto Chávez, conjuntamente con el ingeniero inspector de la obra, la responsabilidad de hacer las modificaciones necesarias y completar las especificaciones de arquitectura y materiales de construcción en los acabados. Chávez, colombiano graduado en los Estados Unidos, radicado en el país desde inicios de la década de 1950, se dedicará a la docencia del diseño en la Escuela de Arquitectura de la UCV y al ejercicio profesional privado, proyectando un buen grupo de viviendas unifamiliares.
La misma Memoria y Cuenta citada apuntará: “Se da el contrato de la piscina a Inveco. Por atraso de la obra se hacen recomendaciones al Contratista y se elabora un programa de trabajo para que la misma fuese concluida para fines de noviembre de 1954, habiéndose inaugurado en diciembre del mismo año y puesto en servicio en la 2a. quincena de enero del año en curso. Se convoca a una Asamblea para aumentar el capital social de la Compañía en Bs. 700.000,00 y las acciones correspondientes a este aumento son tomadas por el Ministerio de Fomento. (…) En esta misma Asamblea se acordó cambiarle el nombre de Hotel Carmona por el de Trujillo.”
Finalmente el hotel Trujillo es inaugurado el 22 de enero de 1955 formando parte de la primera etapa del plan de establecimiento de la Red Hotelera Nacional impulsada desde la Dirección de Turismo del Ministerio de Fomento. Al momento de su apertura contaba con un área de construcción de 2.950 M2 distribuidos entre un volumen de dos pisos (que contiene las habitaciones) y una planta baja (donde se localizan las áreas sociales y los servicios comunes). Estaba compuesto por 32 habitaciones, 28 dobles (de 44,88 M2 cada una) y 4 suites (de 64,86 M2 ubicadas en los extremos de cada una de las dos plantas); salón de usos múltiples, restaurante, piscina (de aproximadamente treinta metros de largo por quince de ancho), parque infantil, cancha de bolas criollas y jardines, entre otros servicios, y se incluiría en la categoría de “hotel de turismo”. Se encuentra ubicado (como ya se asomó) en la avenida Carmona frente al parque Los Ilustres sobre un terreno de 10.000 M2, de los cuales una parte es en pendiente pudiendo permitir una posible ampliación.
Desde su inauguración sus sencillas áreas lo convertirán en punto de “descanso familiar y de disfrute ambiental…” de la sociedad trujillana. Ello permite detectar, a su escala, un aspecto común a todos los hoteles de la CONAHOTU: la integración a la comunidad donde se encuentra y el ofrecer sus servicios para su amplio disfrute.
Podría decirse que el Trujillo pertenece al grupo de hoteles que se caracterizan por ser edificaciones “en altura”: cuerpo conformado por un paralelepípedo rectangular destinado a las habitaciones, con volúmenes de menores dimensiones de baja altura y variantes de pasillos techados como elementos conectores de dichos volúmenes. Su sencillo esquema organizativo presenta para la resolución de las habitaciones lo que se denomina como “crujía simple” (pasillo de circulación que sirve a las habitaciones dispuestas en un solo lado), el cual permite aprovechar para todas ellas las vistas hacia la ciudad. Su concepción estructural está basada en pórticos y placas de concreto armado con tabiquería de bloques. Contaba con materiales y acabados resistentes y duraderos (pisos de granito en las habitaciones, oficinas y áreas de servicio, baños con cerámica, fuente de soda y su área circundante en cerámica tipo terracota y, en el área de la piscina, cerámica antiresbalante), adaptados a la categoría que le corresponde (tres estrellas) y un nivel de lujo relativamente modesto.
Su ubicación en una zona de clima intermedio (temperado) permite reconocer cómo dicha variable es considerada dentro del diseño. Su orientación franca al norte, hacia donde se ubican los balcones de las habitaciones a modo de retícula horadada en su fachada, responde al acceso y a las visuales largas. La ventilación cruzada se incorpora gracias a su organización en crujía simple y los pasillos de acceso ubicados al sur, relacionados con la piscina, actúan como filtros ante el ruido proveniente de dicho uso.
Junto a los hoteles El Tamá, Cumanagoto y Miranda, el Trujillo fue en su momento incorporado al plan de privatización emprendido por el Fondo de Inversiones de Venezuela a inicios de la década de los años 90 con el objeto de rescatar su antiguo esplendor y ser repotenciado, para lo cual en 1991 se inventarió y elaboró un informe que valoraba su excelente ubicación, buen estado de mantenimiento, funcionalidad y “amplitud de las habitaciones en comparación con instalaciones turísticas afines”.
Hoy, bajo la denominación (como ya señaláramos) de hotel Country Trujillo, tras ser objeto de sucesivas remodelaciones y ampliaciones (se le aumentó un piso al edificio, se le agregó un ascensor y se ampliaron los servicios), hechas sin el debido cuidado, padece de serios problemas de mantenimiento. Cuenta, según consta en páginas dedicadas a promocionarlo, con “52 habitaciones distribuidas en 16 con cama matrimonial, 33 con dos camas y 3 suites. Las habitaciones cuentan con aire acondicionado integral, agua caliente, tv cable, teléfono, nevera ejecutiva, room service. Servicio de restaurant y bar, piscina, áreas verdes, salón ejecutivo (para 120 personas), servicio de tintorería, peluquería, servicio de taxi, parque infantil, ascensor, centro de navegación, mini tienda, salón recreacional, amplio estacionamiento con vigilancia, entre otros”. Además está ubicado a pocos kilómetros del Monumento de la Virgen de la Paz y del Aeropuerto Internacional Antonio Nicolás Briceño de Valera. Sin embargo, algunos de los que lo han visitado recientemente opinan que “debe cerrar para ser renovado”, cuenta con “buenas instalaciones pero deterioradas”, “es un lindo lugar, pero puede mejorar” o el consolador “excelente relación precio-calidad”, dándose siempre a entender que se trata de una muy buena instalación lamentablemente venida a menos.
Nota Esta aproximación al hotel Trujillo ha sido posible en buena medida gracias al apoyo que hemos conseguido en el Trabajo de Grado para obtener el título de Magister Scientarium en Historia de la Arquitectura de la UCV de Juan Manuel De Ascencao De Jesús, titulado “Arquitectura hotelera estatal en Venezuela: 1952-1958” presentado el año 2005. De allí procede la foto que encabeza esta nota y los dibujos que la acompañan. Las otras imágenes fueron bajadas de internet.
La Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento del año 1953, recoge lo siguiente: “El proyecto para la construcción del ‘Hotel Miranda’, en la ciudad de Coro, con capacidad para sesenta y seis (66) dormitorios dobles, fue concluido, adelantándose los preparativos para la iniciación de los trabajos de su construcción, cuyo costo se ha estimado, aproximadamente, en dos millones doscientos mil bolívares (Bs. 2.200.000,00)”.
Y en efecto, el mismo año la Revista del Colegio de Ingenieros de Venezuela (CIV) dedica la portada y 8 páginas del nº 212 (noviembre) a presentar el “Proyecto de un hotel de turismo en la ciudad de Coro” el cual había sido contratado a la Oficina Técnica Eduardo Arnal (OTEA) -encabezada por el ingeniero Eduardo Arnal- donde a una nota introductoria, en la que se señala por un lado la trascendencia de la concepción por parte dell Ministerio de Fomento de una red hotelera nacional que contará con su apoyo tanto en lo económico como en lo técnico para que se desarrollen “hoteles de turismo” y, por el otro, la largamente sentida necesidad en la ciudad de Coro por contar con una instalación de gran nivel, destinada a sus visitantes, más aún con el auge que se esperaba una vez abiertas “las carreteras pavimentadas a Puerto Cabello y Paraguaná y los desarrollos petroleros en las zonas cercanas a ella, incluyendo las refinerías de Punta Cardón y Punto Fijo”, sigue la descripción de toda una serie de aspectos que permiten su cabal comprensión.
2. Perspectiva del anteproyecto
Así, dentro de los completos «Estudios preliminares» realizados por OTEA, publicados en la Revista del Colegio de Ingenieros de Venezuela, se puede detectar en primer lugar “la definición del tipo de hotel planeado”; en segundo lugar “la elección del sitio para el hotel”; en tercer lugar “la investigación del movimiento de pasajeros en la ciudad de Coro”; en cuarto lugar “la formulación del programa arquitectónico”; en quinto lugar el “presupuesto aproximado y justificación económica de la inversión necesaria”; y, finalmente, una serie de “conclusiones y recomendaciones”.
Cierra la presentación del hotel Miranda en la publicación mostrando la “memoria descriptiva del proyecto” acompañada de los planos correspondientes a plantas, cortes y fachadas, a detalles de puertas y ventanas y al abastecimiento de agua (esquema de ramales), lo cual permite encontrarse con un valioso documento de gran utilidad para hacerse una buena idea de todo un proceso que permitió dar inicio a su construcción el 1-9-54, luego de que el Ministerio de Fomento otorgara, entre las dos firmas que se presentaron a la licitación, la buena pro a la empresa De León & Magdaleno por un monto de Bs. 2.500.475,67, quien tras más de un año de trabajos en los que tuvo que superar diversos problemas técnicos cumplió entregando la obra para su inauguración el 5 de diciembre de 1955 a un costo definitivo de Bs. 5.500.00,00 (como se verá, más del doble de lo originalmente presupuestado).
Podríamos resumir, por tanto, que el hotel Miranda se concibió como una instalación “de 1ª calidad” dotado de todos los servicios y comodidades necesarias para el alojamiento de viajantes de negocios, con suficientes atractivos de recreo para turistas o viajeros en vacaciones que además debía prestar servicios sociales, públicos u oficiales a los residentes de la ciudad de Coro y ofrecer locales comerciales tanto para huéspedes como para vecinos que generarían ingresos adicionales destinados a cubrir la inversión, colaborar en labores de mantenimiento y producir ganancias.
3. Plano de situación dentro de la ciudad4. Planta baja del conjunto
Su céntrica localización, la cual pasó por un proceso de adquisición de las parcelas vecinas a la originalmente destinada, con el objeto de dar cabida en una manzana mayor al hotel-club que se buscaba hasta alcanzar los 14.300 m2 de terreno, da frente a la Avenida Francisco de Miranda (que conecta con el casco histórico de Coro, donde se ubican en un cuerpo bajo los 12 locales comerciales con estacionamiento al frente), la Avenida del Aeropuerto -hoy Josefa Camejo- (hacia donde se presenta el volumen de tres plantas a doble crujía con orientación norte-sur que contiene las 66 habitaciones -6 suites incluidas- y parte de sus instalaciones de apoyo, retirado suficientemente para lograr el aislamiento necesario que requiere su uso), y la calle Hernández (paralela a la Miranda que junto a la paralela a la del Aeropuerto funciona como calle de servicios). En definitiva el resultado es una edificación de varios cuerpos en “U” articulados que bordean las zonas verdes, recreacionales y deportivas del hotel.
El programa que dio como resultado un área de construcción de 4.220 m2, orientó el desarrollo de un hotel “en varias plantas, destinando la Planta Baja a los servicios comunes del mismo y a los locales comerciales y las plantas superiores a las habitaciones para los huéspedes, lográndose así una eficaz circulación vertical, una mayor intimidad y aislamiento de los dormitorios y utilizando al máximo la orientación más favorable y el aprovechamiento de los vientos dominantes para obtener una ventilación natural adecuada”. Las tres zonas que componen la planta baja (recepción, servicios y comercios) “tienen acceso diferente y son independientes unas de otras, pero están íntimamente ligadas por corredores de circulación que conectan los ambientes relacionados entre sí”. Llama la atención la consideración de los proyectistas a las variables funcionales de las que destacan el cuidado por lograr el confort ambiental necesario para las zonas destinadas a las habitaciones y las de disfrute social. Así, la memoria descriptiva puntualiza cómo los “locales comerciales sirven a la vez de pantalla, para aislar las zonas de reposo y parque del tránsito intenso de la Avenida (Miranda) y de los rayos directos del sol poniente. La orientación de estos locales condujo a la elección de las paredes pantalla en diente de sierra y al empleo de un alero continuo apoyado en dichas pantallas, para evitar así que el sol penetre en las vidrieras de exhibición y en los locales. Para facilitar su uso por los huéspedes del hotel se proveyeron de entradas y vidrieras adicionales al fondo, conectadas con un pasillo cubierto”, a lo que se suma: “Todas las habitaciones con vista al Norte tienen terrazas individuales techadas defendidas del sol poniente con pantallas racionalmente orientadas. Las habitaciones con vista al Sur, que se pueden ratar (sic) a un precio más reducido para halagar a los viajantes de comercio, no tienen terrazas, pero sus ventanas están defendidas del sol con pantallas y aleros proporcionados especialmente a fin de no permitir a los rayos del sol penetrar por ellas”.
El hotel Miranda aunque quedó fuera del grupo de instalaciones diseñadas por arquitectos destacados o que se abrían paso dentro de la profesión (seleccionados en su mayoría por Daniel Camejo Octavio) y un tanto al margen del reconocimiento que ello implica se constituye, sin embargo, de mano de su ingeniero-proyectista, en una respuesta clara resuelta bajo criterios absolutamente racionales ajustada a un esquema funcionalmente correcto y a los patrones que privaban internacionalmente para el diseño hotelero. También cumplió con las expectativas que la ciudad albergó con su apertura y se constituyó, en uno de las edificaciones que dieron pie a la creación de la CONAHOTU en 1955, luego de que el Ministerio de Fomento detectara que la política hotelera seguida por ellos no daba los resultados que se esperaban. En tal sentido, de la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento de ese año se recoge: “…en base de la experiencia adquirida, se llegó a la conclusión de que era necesario crear una organización capaz de dirigir en forma centralizada y eficaz los hoteles en que tenía participación el Ministerio de Fomento estableciendo al mismo tiempo normas de operación. Por estos motivos, el Ciudadano Ministro resolvió la. creación de la Corporación Nacional de Hoteles y Turismo, empezando con la fusión de las siguientes compañías: Compañía Anónima Hotel Miranda (Coro); C.A. Hoteles y Turismo de Nueva Esparta, Hotel Bella Vista (Porlamar); y Compañía Anónima Hotel Barinas (Barinas). Para la fecha de la fusión, se encontraban estos tres hoteles en construcción.”
A pesar de las auspiciosas expectativas creadas, en fecha tan temprana como 1960, la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento precisa: “Hotel Miranda. Las operaciones de este hotel se han reducido de manera notable como consecuencia del descenso de las actividades industriales en aquella región. Ha sido el único hotel de la red donde no fue posible rebajar las pérdidas finales, no obstante las rigurosas medidas de reajuste económico ejercidas en dicho establecimiento”.
Más adelante gracias a la inversión pública el Miranda amplió en 20 el número de habitaciones en una nueva ala y mejoró sus instalaciones y servicios lo cual aumentó su área de construcción a 7.196 m2. También fue modificada la forma original de la piscina. No obstante los esfuerzos hechos, el hotel entra dentro de las instalaciones que en 1991, de manos del Fondo de Inversiones de Venezuela, se busca privatizar con la finalidad de detener el deterioro en el que de nuevo había caído. Lo acompañan el Tamá, el Cumanagoto y el Trujillo.
5. Vista actual desde el acceso6. Vista actual desde la piscina
Hoy en día se le conoce como hotel Miranda-Coro Cumberland, posee calificación de tres estrellas y forma parte de una cadena que opera varias instalaciones a lo largo del país. Mantiene, por tanto, una actividad constante y a la vez modesta dadas las circunstancias económicas que atraviesa Venezuela pero su privilegiada ubicación, adecuada escala y completa infraestructura aún permiten presagiar tiempos mejores.
Nota Esta aproximación al hotel Miranda ha sido posible en buena medida gracias al apoyo que hemos conseguido en el Trabajo de Grado para obtener el título de Magister Scientarium en Historia de la Arquitectura de la UCV de Juan Manuel De Ascencao De Jesús, titulado “Arquitectura hotelera estatal en Venezuela: 1952-1958” presentado el año 2005.
ACA
Procedencia de las imágenes
1, 3 y 4. De Ascencao De Jesús, “Arquitectura hotelera estatal en Venezuela: 1952-1958”, Trabajo de Grado para obtener el título de Magister Scientarium en Historia de la Arquitectura, 2005
2. Revista del Colegio de Ingenieros de Venezuela, nº 212, noviembre 1953