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7º TALLER INTERNACIONAL DE LA VIVIENDA
Fecha:
Viernes 27 y sábado 28 de septiembre
Lugar:
Salón Doral I, II y III
Hotel Lidotel
Isla de Margarita
ACA
VENEZUELA TENDRÁ UN REPRESENTANTE EN LA BIENAL DE ARQUITECTURA DE SAO PAULO

Tomado de www.panorama.com.ve
El arquitecto venezolano, Maximilian Nowotka, ha sido el único venezolano – en esta ocasión – en ser invitado a participar en la 12ª Bienal Internacional de Arquitectura de São Paulo, que se inaguró el martes 10 de septiembre en Brasil y estará hasta el próximo 8 de diciembre.
Nowotka con su proyecto Diario / Daily, forma parte de la exposición principal de la Bienal “Arquitecturas diarias” en el Centro Cultural São Paulo.
El evento muestra proyectos de arquitectura, urbanismo, instalaciones, fotografías, publicaciones y videos de 70 arquitectos y oficinas de arquitectura de más de 20 países que tratan de reimaginar cómo la vida cotidiana da forma al mundo
La duodécima edición de la Bienal Internacional de Arquitectura de São Paulo propone que profesionales y público en general reflexionen sobre la vida cotidiana, la dimensión más trivial de la realidad en la arquitectura y el entorno construido del siglo XXI.

El proyecto venezolano, Diario / Daily, es un relato de lo que sucede día a día. Busca documentar mediante dibujos, gráficos, conversaciones, documentos de obra, fotografías y otros soportes, las reinterpretaciones de lo cotidiano desde cuatro ejes fundamentales: la obra construida, el anteproyecto, el concurso público y el auto-encargo especulativo.

A modo de cuadernos, cada uno de ellos muestra historias que documentan procesos, ideas y narraciones de la cotidianidad diversa, desde lo banal y lo ordinario, lo simple y lo nostálgico, hasta lo técnico y lo habitado.
Cada diario compromete y pone en crisis las formas convencionales de mostrar un proyecto, evidencia las relaciones y condiciones de cada tipo de ejercicios a los que normalmente está sometido un arquitecto en su práctica.
Nota
Tomada de http://www.iabsp.org.br/bia/
La propuesta curatorial de la 12ª Bienal Internacional de Arquitectura de São Paulo (12ª BIA), bajo el título TODOS LOS DÍAS/EVERYDAY, propone destacar el protagonismo de la vida cotidiana, la dimensión más trivial de la realidad, en la arquitectura y el urbanismo en el siglo XXI. El poder discreto de la vida cotidiana radica en su capacidad para traducir la forma en que vivimos, usar los recursos naturales y mantener el espacio en prácticas comunes que hacen que el proyecto sea algo relevante y una preocupación compartida, dicen los curadores de esta edición.
La 12ª BIA consta de dos exposiciones que ocupan dos edificios manifiestos de la vida cotidiana de São Paulo:
TODOS LOS DÍAS en Sesc 24 de mayo (2017, Paulo Mendes da Rocha y MMBB), del 10 al 29 de septiembre de 2019, y
ARQUITECTURAS DE LA VIDA COTIDIANA, en el Centro Cultural de São Paulo (1982, Eurico Prado Lopes y Luiz Telles), del 13 de septiembre al 8 de diciembre de 2019.
ACA
… que en 1987, en los espacios del Museo de Bellas Artes (MBA) de Caracas, se llevó a cabo la VIII Bienal Nacional de Arquitectura?

Cuando aquel año el Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV) -presidido por Italo Balbi- junto al Ministerio de Estado para la Cultura a través del Consejo Nacional de la Cultura (CONAC) -con Paulina Gamus a la cabeza de ambas entidades- y el Concejo Municipal y la Gobernación del Distrito Federal a través de la Fundación para el Desarrollo de las Artes (FUNDARTE) -siendo Miguel Ángel Contreras Laguado gobernador y a la vez presidente encargado de la Fundación-, convocan a participar en la VIII Bienal Nacional de Arquitectura, se estaban conmemorando el XXV aniversario de la creación de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Los Andes (ULA), el centenario del nacimiento de Le Corbusier y se entraba en el año en que se celebraría el cincuentenario del Museo de Bellas Artes de Caracas que tenía en ese momento a Oswaldo Trejo como director.
Se trataba del octavo llamado en 24 años de un evento que se supone debía ser cada dos, lo cual habla a las claras de una intermitencia que luego incluso se agudizará. También marca esta Bienal un punto de inflexión en cuanto a la manera y significado que tendrá el ser distinguido con el Premio Nacional de Arquitectura, es decir, desde 1963 hasta 1987 la selección del mejor edificio u obra le daba automáticamente a su autor o autores el Premio, pasando a partir de este momento a ser otorgado el mismo, anualmente, a través del CONAC a fin de equiparar el reconocimiento a la Arquitectura como expresión artística y cultural (junto a las Artes Plásticas, la Fotografía, el Cine, la Danza, la Literatura, el Teatro, la Música, las Humanidades, los Saberes Tradicionales y la Artesanía), premiándose de esta manera una trayectoria y no un elemento o hecho puntual. Las Bienales a partir de la IX se empezaron a caracterizar por el otorgamiento de un Gran Premio a la mejor obra del conjunto seleccionado para la ocasión por un calificado jurado.
Así pues, este último eslabón del que podríamos llamar como primer ciclo a cargo del CAV, retomó la sana costumbre de realizarse después de una suspensión de siete años (desde 1980) y tuvo como tema “La arquitectura del Lugar”. Se montó en tres meses y superó los 160 trabajos aceptados, lo cual indica que el tiempo transcurrido operó como una represa que al fin abrió un aliviadero. Se modificaron las bases de confrontación y a las categorías habituales (Arquitectura Urbana, Vivienda Multifamiliar, Vivienda Unifamiliar, Vivienda y Obra de Interés Social y Arquitectura Paisajista amén de los premios Metropolitano y los Regionales), se sumaron distinciones que abarcaron todos los campos donde la arquitectura se desarrolla, reconociéndose la Restauración y Conservación, el Reciclaje y Acondicionamiento de Edificios, la Docencia, la Investigación y la Crítica e Historia.
Como bien señala Shully Rosenthal, presidente de la VIII Bienal, “más que un evento de promoción a los mejores trabajos en cada renglón, (lo mostrado) en esta oportunidad trasciende del ámbito de los Arquitectos y se muestra al público en general, como el esfuerzo que a diario realizamos en esta actividad creadora de los espacios donde el hombre se desenvuelve, visualizando en esta muestra de la Arquitectura de los años 80 la recuperación del espacio urbano, la importancia adquirida por el peatón, el nuevo sistema de transporte dentro de la ciudad, la búsqueda de nuevas soluciones tecnológicas de fuerte contenido formal, un adecuado conocimiento del contexto, la mejor interpretación a los problemas ambientales, las condiciones plásticas, todo esto conjugando y configurando nuestro paisaje cultural.”
Al revisarse todos los factores que incidieron en el llamado y montaje del acontecimiento, podría perfectamente decirse que se convirtió en el escenario que permitió ver, analizar y presentar la arquitectura venezolana de toda una década, momento en que el rescate del tema del lugar ocupaba un sitial predominante en el debate arquitectónico latinoamericano y donde asuntos como la identidad se convertían junto a él en punta de lanza desde los Seminarios de Arquitectura Latinoamericana (SAL). También le permitió a William Niño Araque, a la sazón curador de la exposición, continuar desarrollando tópicos que poco a poco le permitieron configurar una especie de plataforma desde la cual efectuar una posible lectura de lo más significativo. O, en otras palabras, seguir ejercitándose en una especie de gimnasia crítica que le permitía hablar con mayor insistencia de “La ciudad recobrada” (título del ensayo central del extenso y muy bien documentado catálogo del evento, cuya impecable publicación fue coordinada por Martín Padrón), y con ello de la Bienal como escenario de encuentros, la arquitectura como arte, el valor recobrado para el juicio estético y la consideración de la forma y sus amarres simbólicos para finalmente declarar que si durante la década de los años 70 se podía hablar de una “posible” Escuela de Caracas, en la de los 80 ya se vislumbra una alternativa que “al ‘Potenciar’ los instrumentos propios del conocimiento arquitectónico (permite) identificar durante los últimos años, una línea crítica y reflexiva que no pretende agotarse en los límites de un trabajo concreto, sino que aspira a introducir los factores espaciales en el marco más general de un reflexión sobre la identidad artística y los propios instrumentos que la arquitectura puede desarrollar.”
Así, para Niño Araque serían de destacar un grupo heterogéneo y dispar de obras “que enmarcan la producción estéticamente más interesante de cuanta se ha producido en el ámbito profesional de la última década. Con una proximidad a lo que en el resto de la experiencia plástica han sido las corrientes del minimalismo, el conceptualismo o la post-figuración, el proyecto para la nueva sede de la Galería de Arte Nacional, las estaciones del Metro de Caracas, el Edificio de la Electricidad de Caracas, la proposición para el ‘Foro Libertador’, el ejercicio ideado para la ‘Catedral del Agua’ en Ciudad Guayana, la Plaza Bicentenario o el Monasterio de Güigüe, Estado Carabobo, son algunas de las realizaciones o proyectos que van más allá del trabajo bien hecho a partir de la contradicción entendida entre la arquitectura y la creación estética en general producida en nuestra sociedad consumista y poco informada.”


En virtud de la vasta amplitud de la muestra, la decisión del jurado seleccionado para otorgar el Premio Nacional en esta ocasión, integrado por los arquitectos José Miguel Galia, Leszek Zawisza, Fruto Vivas, Gustavo Legóburu y Celina Bentata, no fue sencilla de tomar. Sin embargo, con plena justicia, la máxima distinción se le dio al Metro de Caracas y al arquitecto Max Pedemonte por la obra realizada por la División de Arquitectura de ese organismo premiando lo que Pedemonte denominó como las “Rutas Paralelas”, el conjunto de operaciones realizadas para construir y complementar la infraestructura peatonal a lo largo de las rutas del sistema de transporte subterráneo. Como ya adelantamos, correspondiendo a una segunda etapa desde que el Premio Nacional lo empieza a otorgar el CONAC, la IX Bienal se realizó en 1998, la X en 2001, la XI en 2014, la XII en 2016 y la XIII en 2019, es decir, 5 eventos en 32 años superándose con creces la falta de periodicidad mostrada durante los primeros 8 llamados. Las causas para que ello haya ocurrido y las consecuencias que ha traído pueden muy bien ser motivo de otra nota que las analice.
ACA

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En el año 1920, del 1 al 7 de marzo, se realizó en Montevideo, Uruguay, el primer Congreso Panamericano de Arquitectos (CPA) dando pie a que se pueda hablar de uno de los eventos de este tipo más longevos que existen, habida cuenta que, por ejemplo, los célebres Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (CIAM) se fundaron en 1928 perdurando hasta 1959.
Proyectado inicialmente para realizarse en 1916 y postergado hasta 1919, momento en el que el gobierno uruguayo asume el auspicio y expide las correspondientes invitaciones a los demás estados americanos, al encuentro inaugural (celebrado finalmente un año después) asistieron, además del país anfitrión, representantes de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Estados Unidos y Paraguay.
Así, en Montevideo se le dio por primera vez forma a la estructura general de estos eventos teniéndose como ambicioso temario: el embellecimiento de la ciudad típica americana; el alojamiento rural; la enseñanza de arquitectura en escuelas dedicadas a su estudio; la creación de centros de arte panamericanos para la instrucción de arquitectos en todas las fases de su profesión; materiales de fabricación apropiados para los respectivos países americanos; la regulación de la profesión; el modo de fomentar la cultura artística y la comprensión de la arquitectura; y la responsabilidad profesional.
También durante la pionera cita uruguaya se constituyó el Comité Permanente de los Congresos Panamericanos, siendo en 1950, durante el número VII celebrado en La Habana, donde se aprobó la creación de la Federación Panamericana de Asociaciones de Arquitectos (FPAA), con el cometido de “reunir formalmente a los arquitectos de todos los países americanos sin distinciones raciales, religiosas o políticas”. Desde entonces corresponde a la FPAA, quien cuenta con sede propia justamente en Montevideo (donde funciona la Secretaría General), logo que la identifica y una clara estructura organizativa, convocar y montar, en concordancia con el país que los acoja, los eventos que con periodicidad fluctuante se han podido realizar hasta la fecha.


En tal sentido, quizás valga la pena refrescar que al de 1920 siguieron los Congresos de 1923 (Santiago de Chile, donde participa por primera vez Venezuela), 1927 (Buenos Aires), 1930 (Río de Janeiro), 1940 (Montevideo), 1947 (Lima, primero realizado fuera del Cono Sur), 1950 (La Habana), 1952 (Ciudad de México), 1955 (Caracas, en el que las ciudades universitarias como recintos de la modernidad asumen claro protagonismo -ver Contacto FAC nº 27 del 14-05-2017-), 1960 (Buenos Aires), 1965 (Washington, primera cita en territorio norteamericano), 1968 (Bogotá), 1970 (Puerto Rico, donde se reestructura la FPAA), 1972 (Sao Paulo/Asunción), 1975 (México), proponiéndose en 1980 Caracas como sede por segunda vez en esta ocasión para celebrar el encuentro número XVI. A continuación de Caracas le correspondió a Panamá (1984), La Habana (1988), Montevideo (1992), Brasilia (1996), México (2000), Isla de Guadalupe (2004), Copán, Honduras (2008), Brasil (2012) y Paraguay (2016). Al día de hoy, como se habrá visto, van 25 ediciones previéndose para el próximo año 2020 la celebración en Lima del Congreso XXVI con el cual se conmemorará el año centenario bajo el lema “Arquitectura y ciudad para el siglo XXI. De la historia hacia el futuro”.
Caracterizados por centrar el debate y la discusión sobre temas previamente seleccionados, que han buscado no descuidar aspectos tales como la formación del arquitecto y el rol que deben desempeñar las asociaciones gremiales y las universidades, los Congresos Panamericanos de Arquitectos han buscado poner sobre el tapete tópicos que en cierta forma sintonizasen con preocupaciones compartidas y a la vez acordes con la actualidad del momento en que les tocó realizarse. Si lo cultural y lo social vistos de forma amplia caracterizaron las primeras jornadas, impregnados luego por el debate ideológico de entreguerras, con el tiempo aparecieron asuntos asociados al cambio de escala, la renovación urbana y la planificación propios de los años 50 y 60, el compromiso social del arquitecto, el subdesarrollo, la dependencia y el medio ambiente tratados durante los años 70 y 80, la oportunidad de centrarse en temas específicos como la salud (La Habana, 1988), regresándose a aspectos esenciales como el redescubrimiento de la identidad cultural americana, mayormente discutida durante los años 90, el mestizaje, la cultura y la creación o la vinculación de la arquitectura con los derechos humanos y la sostenibilidad propios de lo que va de siglo.

El XVI Congreso realizado en Caracas del 19 al 25 de abril de 1980, cuyo logo ilustra nuestra postal del día de hoy, se realizó en los espacios de Parque Central (donde previamente estuvo instalado el Comité Organizador presidido por el arquitecto Ernesto Fuenmayor) promovido por la FPAA, el Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV) con el acompañamiento de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA) y patrocinado por Sanitarios Maracay. El evento fue cubierto ampliamente por la revista CAV en sus números 45 (marzo 1980) y 46 (mayo-agosto 1980), los cuales son referencia obligada para conocer con lujo de detalles lo allí sucedido.
De acuerdo a lo que se recoge en el nº 148, año 1980, de ARQUITECTURA (revista de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay -SAU- https://www.sau.org.uy/arquitectura-248-1980/, la cual también cubrió el acontecimiento, “El Congreso fue abierto por el Presidente de la República de Venezuela Luis Herrera Campins, quien expuso conceptuosas ideas sobre el problema del Hábitat y la Ciudad Capital y cerrado por el Ministro de Desarrollo Urbano Ingeniero Orlando Orozco”.
Asistieron al evento, junto a la venezolana, delegaciones de Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Uruguay, Cuba, Jamaica, Puerto Rico, EE.UU., Canadá, Trinidad y Tobago, Honduras, Guatemala, El Salvador, Panamá, Paraguay, Rep. Dominicana y Costa Rica (22 países del total de 27 miembros de la FPAA), resultando ausentes México, Bahamas, Barbados, Nicaragua y Guyana. Estuvieron presentes como observadores un grupo de arquitectos españoles, registrándose un total de 1257 delegados del continente.

Cabe señalar que para la fecha era el destacado arquitecto venezolano Julián Ferris quien desde 1975 presidía la FPAA y que justamente por decisión de la plenaria de este Congreso le daría paso a la designación del uruguayo Juan José Casal Rocco como nuevo presidente para el período 1979-1983, eligiéndose por unanimidad para la Secretaría General al también uruguayo Julio C. Zuppardi, lo cual dejaba en dicho país una importante responsabilidad internacional si se tiene en cuenta que para la fecha las secciones regionales ya aglutinaban a cerca de 80.000 profesionales de la arquitectura.
El evento y sus debates giraron en torno al tema “El hábitat y sus condicionantes”, el cual se sustentó en las ponencias centrales presentadas por tres de los cuatro órganos regionales (RAGA -Regional de Arquitectos del Grupo Andino-, CECA -Región Centro América y Caribe- y CONO SUR -Argentina, Brasil, Chile, Uruguay y Paraguay-), que dieron origen a la “DECLARACIÓN DE CARACAS. El hábitat y sus condiciones”. Venezuela aportó a las discusiones previas que originaron el documento presentado por la RAGA el trabajo «Caracas, su problemática urbana», preparado conjuntamente entre la Oficina Metropolitana de Planeamiento Urbano (OMPU) y el Instituto de Urbanismo (IU) de la FAU UCV. También es relevante señalar que la no participación de la Región Norte (Canadá, EE.UU. y México) presentando su correspondiente ponencia central, se vió influenciada por la decisión de la Federación de Colegios de Arquitectos de la República Mexicana de retirarse de la FPAA el mes anterior a la realización del Congreso argumentando «la necesidad de una fuerte coordinación o fusión entre la III Región de la Unión Internacional de Arquitectos y la FPAA, a fin de lograr los objetivos comunes de los arquitectos de este continente».

De dicha Declaración, digna de un estudio particular que podría abarcar diferentes planos, que puede consultarse en la revista CAV nº 46, podría decirse que estuvo conformada por una introducción en la que se exponía la idea central que le daba sentido al Congreso consistente en resaltar el impacto producido por el hombre en su hábitat y, en particular, en la ciudad, dando como resultado importantes alteraciones comprensibles tras una serie de rasgos que asemejan a la mayoría de los países latinoamericanos: dependencia, subdesarrollo, desigualdad, pobreza y centralismo.
Bajo este marco se pasan a detallar las características de la estructura regional y urbana propias de nuestro países, para darle cabida de seguidas a una serie de consecuencias de tipo económico, social y físico, que a su vez permitirán formular un grupo de interrogantes que se pueden resumir en si existe la superficie necesaria en torno a las ciudades para soportar las demandas próximas, a qué costo, y si las estructuras urbanas actuales tienen capacidad de absorber el excedente de población a que están sometidas. En otras palabras, se preguntará (con plena vigencia al día de hoy) “¿Hasta cuándo el ser humano la naturaleza misma soportarán el creciente y constante deterioro ambiental?” o “¿Qué tiempo soportarán las Ciudades en condiciones de deterioro y descomposición hasta su destrucción?”.
Teniendo a la participación de la comunidad y a LA TIERRA como puntales, los arquitectos centran su participación desde los gremios y las universidades con especial énfasis en la formación de arquitectos como frentes fundamentales a la hora de tomar conciencia y enfrentar la gravedad de los problemas señalados.
Finalmente quedarán formuladas una serie de recomendaciones de “Política y planificación” y “Técnicas” que permitirán a los Arquitectos del continente demandar “que el sistema económico internacional cambie sustancialmente, y que los países desarrollados colaboren activamente con los países subdesarrollados, haciéndose eco de los llamamientos que en este sentido se han hecho en la Naciones Unidas”.
A modo de conclusión reproducimos lo señalado por los editores de ARQUITECTURA: “Podemos decir que los Poderes públicos, el Sector Privado y la comunidad venezolana en general, participaron con mucho interés en el esclarecimientos de los problemas que plantean las urbes metropolitanas. Esta ubicación dentro del problema, es tal vez, el aporte más valioso que nos ha dejado el Congreso junto con el compromiso de estudiar los graves problemas que afectan la calidad de vida del hombre americano, al punto de comprometer su propia supervivencia”.
ACA
Procedencia de las imágenes
2 izquierda. https://www.grupoconstruya.com/notas/Informes_Detalles?CCTN=3404&CINF=314
3. Colección Crono Arquitectura Venezuela
4. ARQUITECTURA (revista de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay -SAU- nº 148, año 1980, https://www.sau.org.uy/arquitectura-248-1980/
5. Revista CAV, nº 46 (mayo-agosto 1980