1968• Simón Alberto Consalvi, presidente del Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes INCIBA, selecciona a Marisol Escobar para representar a Venezuela en la XXXIV Bienal de Venecia y designa al Maestro Carlos Raúl Villanueva en calidad de Comisario de la Muestra de nuestro país, teniendo a cargo el montaje de las obras de la artista en el Pabellón de Venezuela diseñado por el reconocido arquitecto veneciano Carlo Scarpa. Marisol Escobar (1930-2015), tan sólo Marisol en el medio artístico, reconocida internacionalmente, ya había expuesto con éxito en reconocidos museos y galerías, y en el MoMA, en compañía de Pablo Picasso y Marcel Duchamp.
Al momento de ser seleccionada Marisol por Simón Alberto Consalvi como única representante nacional y no un grupo de artistas, como era la costumbre, se rompió una tradición existente desde 1956, año en que Venezuela inauguró su Pabellón y participo por primera vez en la Bienal, además fue la primera mujer de las artes en Venezuela en representar al país. En el conjunto de obras que expuso se destacaba La Fiesta (The Cocktail Party, 1965-1966) y una escultura de Andy Warhol (1962-1963), su amigo neoyorquino.
1972• La División de Extensión Cultural de la FAU, dirigida por el profesor Antonio Granados Valdés, organizó una Exposición Homenaje de Alumnos al Maestro Villanueva con dos modalidades a ser expuestas y premiadas: dibujo y maqueta. El jurado integrado para premiar el mejor dibujo estaba compuesto por Luis Guevara Moreno, Orlando Flores y Antonio Granados Valdés, quienes le otorgaron el primer premio al bachiller José Manuel Rodríguez y concedieron nueve menciones a los alumnos Raimundo Agudo, Gastón González, Nelson Gavlovski, Ángel Guillermo Azuaje, Francisco Larrauri y Iván León.
El jurado para seleccionar la mejor maqueta estuvo integrado por los profesores Eduardo Castillo, Pablo Lasala y Carlos Díaz Porta, quienes otorgaron un premio único al modelo del Pabellón de Venezuela en la Expo de Montreal de 1967, realizado por los alumnos María E. Blanco, Henry Barrios, José Cesarino, Edgar Parra, Gustavo Poleo, Slava Ramírez e Iliana Silvy. Esta misma maqueta fue una de las que integraron parte del material que Venezuela facilitó al Museo de Arte Moderno MoMA de Nueva York, en el año 2015, para la exposición “Latinoamérica en Construcción: Arquitectura 1955-1980”.
El Maestro Carlos Raúl Villanueva hizo acto de presencia el día de la inauguración de la Exposición Homenaje que le hicieron los alumnos de la FAU. Tristemente esa fue la última ocasión en que estuvo presente en el edificio que proyectó para la Facultad de Arquitectura y Urbanismo y que tanto amó. El momento fue registrado fotográficamente por el alumno Ramón Paolini y las fotos publicadas por el profesor Antonio Granados Váldes en el No 46 (junio-1972) de la revista Punto.
1964• Luego de dos años de construcción se inaugura el Edificio Sede de la Fundación La Salle, ubicado la parte alta de la urbanización Marípérez, diseñado por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva (1900-1975).
Edificio Sede de la Fundación La Salle. C.R. Villanueva. Vista de la fachada norte desde la actual Cota Mil. Fotografía: Paolo Gasparini
La Sede de la Fundación La Salle tiene una planta de servicio a la cual se le accede desde la urbanización Maripérez, plantas libres de carácter rental, una planta con el acceso principal a través de la fachada norte en la cual el Maestro Villanueva ubicó, además de la entrada techada, una sala de recepción y una cafetería, y un último nivel en donde están las oficinas de la Fundación La Salle, una biblioteca y una sala de reuniones.
En el Edificio Sede de la Fundación La Salle todos los niveles fueron concebidos como “plantas libres” para permitir la organización más conveniente a quien la rente. En el centro de estas están dispuestas en abanico la circulación vertical, los servicios de cada nivel y los sanitarios, de tal manera que se facilita la subdivisión de las plantas. Las fachadas norte y sur tienen ventanales corridos y disponen de protección solar a modo de “brise soleil” hechos en concreto armado.
1. Portada y contraportada del nº46 de la revista Punto.
PUNTO nº46
División de Extensión Cultural
Facultad de Arquitectura y Urbanismo
Universidad Central de Venezuela
Junio 1972
La aparición del número monográfico 46 de la revista Punto dedicado a Carlos Raúl Villanueva, significó para Antonio Granados Valdés, su editor, el contar con la oportunidad de rendir un merecido y algo postergado homenaje al reconocido maestro venezolano, figura central dentro de la arquitectura del siglo XX en el país. También sirvió para realzar los méritos de quien dentro de la Academia desarrolló una fructífera labor como docente y siempre apoyó incondicionalmente la sostenida aparición de la publicación periódica bandera de la FAU, de la que fue el más consecuente colaborador y apoyo desde sus difíciles comienzos hacía ya más de diez años.
2. Páginas interiores de la revista Punto nº46.
La obra de Villanueva, quien para cuando sale Punto 46 ya se encontraba enfermo y fallecería tres años después, más allá del libro Carlos Raúl Villanueva y la arquitectura de Venezuela de Sibyl Moholy-Nagy aparecido en 1964, no había sido objeto de una amplia recopilación, cosa que Granados intentó realizar con base en la información proveniente de diversas fuentes, pero principalmente de la reproducción de partes del mencionado libro de Moholy-Nagy, de material previamente publicado en la propia revista y de los archivos del propio arquitecto los cuales se mostraban parcialmente al público quizás por primera vez. A ello se sumaron los aportes fotográficos, entre otros, de: Carlos García Toledo, Alfredo Boulton, Alfredo Brandler, Paolo Gasparini, Ramón Paolini, Graziano Gasparini, Gorka Dorronsoro, José Calvo Otero y el propio Granados. También aparecerán formando parte de la revista los dibujos y caricaturas que sobre Villanueva elaboraran Alexander Calder y Ramón León.
3. Páginas interiores de la revista Punto nº46.
Como se señala en el “Editorial”, en Punto 46 se publicó “la totalidad” de la obra arquitectónica del Maestro “desde el Hotel Jardín de Maracay (1929), su primera construcción, hasta la más reciente, como lo es, el Museo Soto de Ciudad Bolívar, incluyendo algunas nuevas edificaciones de la Ciudad Universitaria de Caracas y la ampliación del Museo de Bellas Artes, ahora, por fin, en plena realización, e incluso proyectos de obras no construidas”. Sin embargo, llama la atención cómo el primer trabajo que aparece registrado, el “Proyecto para un club en Costa Rica” realizado en 1928, curiosamente, luego no será mencionado en posteriores antologías realizadas sobre Villanueva.
4. Páginas interiores de la revista Punto nº46.
El valor de este ejemplar de Punto cobra relevancia, no sólo por ser el primer intento por mostrar a plenitud lo hecho por Villanueva como proyectista sino también por el enfoque didáctico que se le trató de imprimir, dirigido fundamentalmente a los jóvenes estudiantes de arquitectura. En tal sentido, en las primeras páginas aparecen los dibujos y la maqueta que obtuvieron premios en la «Exposición Homenaje» que se montó en la planta baja de la FAU UCV, correspondiéndole al bachiller José Manuel Rodríguez el primer premio de dibujo y el segundo al bachiller Andrés Norgaard, donde actuaron como jurados Luis Guevara Moreno, Orlando Flores y Antonio Granados Valdés. El premio único de maqueta le fue adjudicado al modelo sobre el Pabellón de Venezuela en la Expo de Montreal de 1967 realizado por los alumnos María E. Blanco, Henry Barrios, José Cesarino, Edgar Parra, Gustavo Poleo, Slava Ramírez e Ilana Silvy, siendo en este caso los miembros del jurado Eduardo Castillo, Pablo Lasala y Carlos Díaz Porta.
Dentro de la misma línea didáctica, en la revista se recogen datos biográficos, fotos que testimonian momentos importantes de su trayectoria y algunas semblanzas y artículos que analizan el aporte del Maestro de mano de algunos de sus más directos colaboradores y discípulos, así como de estudiosos de su trabajo quienes resaltan, por encima del valor incuestionable de su obra, los más variados aspectos de su personalidad creadora y la importancia de su aporte en el desarrollo cultural del país. Precedidos por un sentido relato elaborado por Granados donde pone en evidencia su aprecio y admiración por Villanueva, los textos “Una ciudad de todas las artes en Venezuela” de Sir John Rothenstein (Director de la Tate Gallery, Londres), “La arquitectura de Villanueva” de Ricardo Porro, “Aula Magna” de Juan Pedro Posani, “Análisis de la obra arquitectónica de Carlos Raúl Villanueva” de Rodolfo García Pablos, “Es uno de los jóvenes de mayor edad…” de Américo Faillace, “Villanueva” de Julio Coll Rojas, “A propósito del homenaje al doctor Carlos Raúl Villanueva” de Gorka Dorronsoro y “Acepto que…” de Juan Pedro Posani, sumados a los mensajes “La arquitectura es Acto Social por excelencia…” y “Jóvenes estudiantes de nuestra muy querida Universidad” (especialmente redactado para Punto 46), junto a “La arquitectura, sus razones de ser. Las líneas de su desarrollo”, “Tendencias actuales de la arquitectura”, “La ciudad del pasado, del presente y del porvenir”, “Algunas observaciones del desarrollo actual de la Arquitectura Iberoamericana” y “Reflexiones personales”, escritos por Villanueva y publicados con anterioridad en la revista (que en su totalidad ya habían sido recopilados en los números 3 y 13 de la Colección Espacio y Forma de octubre de 1960 y agosto de 1965, respectivamente), ofrecen una panorámica completa del personaje acorde con los objetivos trazados por el editor.
5. Páginas interiores de la revista Punto nº46.
Sin embargo, son los textos inéditos de los ensayos ganadores del “Concurso Internacional” convocado por la revista centrado en valorar la obra del Maestro, cuyo primer premio recayó sobre el crítico y arquitecto japonés Makoto Suzuki con “El concepto de espacio cubierto” y el segundo sobre el también crítico e historiador francés Bruno Vayssiere con “Carlos Raúl Villanueva”, los que constituyen verdaderas piezas de colección al ofrecer miradas diferentes a las que convencionalmente habían caracterizado la aproximación a su obra.
Bueno sería decir que, si bien el ejemplar especial de Punto que hoy nos ha ocupado contiene una valiosa información inédita para aquel momento, pecó de un lamentable descuido en términos de diagramación y orden a la hora de presentar las 205 páginas que conforman su contenido. La sempiterna costumbre de “cortar y pegar” material proveniente de diversas fuentes, que tanto le sirvió a Granados para resolver la salida de muchos de los números de la publicación periódica, al aplicarse e intercalarse en la dedicada a Villanueva produce una clara desorientación en el lector.
6. Los tres números de la Colección Espacio y Forma dedicados a Carlos Raúl Villanueva.
Las expresivas portada y contraportada de la revista incorporan dibujos a color del Maestro que formarían parte luego del nº16 de la Colección Espacio y Forma de julio de 1972 lanzado un mes después de la aparición del número de Punto 46. Todo ello, como ya adelantamos, formaría parte de los diversos homenajes que la FAU le ofreciera aquel año cuando Villanueva salía de “un obligado e involuntario reposo” y la Escuela de Arquitectura recién recuperaba el ritmo luego de haber transitado durante los dos años anteriores el proceso de Renovación Académica de la que el reconocido profesor fue partícipe entusiasta.
Apolo en la democracia se trata del último libro publicado por Walter Gropius (1883-1969), el célebre fundador de la Bauhaus, antes de su fallecimiento. El que lo hayamos seleccionado como parte de nuestros “textos fundamentales” obedece al hecho de que su edición para todos los países de habla española junto a su traducción (a cargo de Norberto Silveti Paz), fue realizada en 1968 por la editorial venezolana Monte Ávila Editores, siendo el Prólogo escrito para la ocasión por el maestro Carlos Raúl Villanueva.
1. Ediciones en alemán (1967) e inglés (1968) de Apolo en la democracia.2. Ediciones en italiano (2009) y húngaro (1981) de Apolo en la democracia.
Fue lanzado un año después de su publicación en alemán, cuyo título fue Apollo in der demokratie (Kupferberg. Mainz & Berlin), y en simultáneo con la edición en inglés (McGraw-Hill) Apollo in the democracy (subtitulado The cultural obligation of the architect). El libro venezolano se realizó en tapa dura, en formato de 25,5 x 18,5 cms, tiene 148 páginas y fue impreso por Editorial Arte. La cubierta la diseñó John Lange.
3. Walter Gropius con su esposa Ise Frank.
La selección, ordenamiento y preparación del material que conforma Apolo en la democracia (alocuciones, artículos y conferencias llevadas a cabo por Gropius entre 1956 y 1965, a excepción de “Construcción de un teatro” y “Estructuración de Edificios para Museos” que se remontan a 1934 y 1946, respectivamente), estuvo a cargo de Ise Frank (1897-1983), su compañera desde 1923 cuando se casó con quien entonces era director de la Bauhaus y ella secretaria, editora y organizadora, compartiendo la autoría de algunos de los escritos de su marido (lo cual no fue reconocido sino muchos años después), asumiendo posteriormente la edición de todo lo producido por él.
El índice del libro está conformado por el “Prólogo” (como ya se mencionó, elaborado por Carlos Raúl Villanueva en 1968), la “Introducción” (escrita por Gropius en 1966) y los siguientes textos: “Apolo en la Democracia” (1956) -que da el nombre a la publicación-; “La ‘Brújula Interior’” (1958); “‘Unidad en la Multiplicidad’. Una paradoja de la Cultura” (1958); «‘El ‘Árbol de la Vida’ y las ‘Espirales de Venta’” (1961); “El Arquitecto en el Espejo de la Sociedad” (1961) -el que expresa con mayor claridad el ideario de Gropius-; “Un Nuevo Pacto con la Vida” (1963); “Tradición y Continuidad en la Arquitectura” (1965) -el más extenso y mejor ilustrado y donde se desmonta la idea de que la “funcionalidad” postulada por Gropius no respondía a un enfoque utilitarista, sino que implicaba una dimensión trascendente que la emparentaba con la noción de “tradición”-; “Japón, País de la Arquitectura” (1960) -en el que lejos de propugnar un universalismo transnacional incluye la cualidad nacional de toda nueva arquitectura-; “Estructuración de Edificios para Museos” (1946); “Construcción de un Teatro” (1934); “Encuentros: Peter Behrens, Frank Lloyd Wright, Ludwig Mies van der Rohe, Le Corbusier, Igor Strawinsky” (1963). “Referencias”; e “Índice de Ilustraciones”.
4. Páginas interiores de la edición en español de Apolo en la democracia.
Como se podrá notar se trata de un abanico amplio de tópicos que permiten por su diversidad considerar el libro como resumen de una trayectoria, reflexión madura sobre diferentes asuntos y revisión de algunos de los postulados fundamentales que Gropius enarboló a lo largo de toda su vida tanto en su rol de docente como en el de profesional. Es así como son abordados temas cruciales de la segunda posguerra como la producción de calidad en la sociedad industrializada y en el universo de la mercantilización. También, a la tendencia cada vez más arraigada y extendida hacia la especialización, Gropius opone una concepción «total» del hombre y de la arquitectura que ya había anunciado años antes en Alcances de la arquitectura integral (1943). Entre otros temas tratados en el libro, el ideal de belleza en la era de la máquina, el principio de unidad en la diversidad, el papel del arquitecto en la sociedad moderna y la perennidad de las tradiciones constructivas cobran un lugar preponderante. Para cerrar, el volumen se completa con unos «encuentros» con figuras relevantes de la arquitectura y la cultura del siglo XX a los cuales Gropius, en tono anecdótico, refiere en momentos cuando tuvo la oportunidad de compartir experiencias y dedica elogiosas palabras.
5. Primera página del prólogo escrito por Carlos Raúl Villanueva para la edición en español de Apolo en la democracia.
En el “Prólogo” escrito por Villanueva, quien transitaba si se quiere una etapa particular en su vida, con un bajón en su actividad profesional luego de los intensos años transcurridos entre de 1930 a 1958, encontramos una importante cercanía con los planteamientos hechos por Gropius a quien venía siguiendo desde hacía mucho tiempo. Así, luego de destacarlo dentro de los grandes maestros, por su “prosa concisa pero elocuente, estrictamente utilitaria y verdaderamente explicativa”, y de afirmar que cuando escribe “lo hace con un objetivo muy determinado”, percibiéndose en sus páginas “siempre con claridad el problema que le interesa discutir”, Villanueva considera que el asunto central de Apolo en la democracia “es el de la razón de ser y de existir de la belleza en un mundo caótico y confuso. La Belleza, como posibilidad en todas las cosas, y como derecho colectivo, constituye, como apremio extraordinario, el valor que debe ser institucionalizado nuevamente en la civilización que se está forjando”.
Detecta Villanueva, dentro del discurso del maestro alemán, “un reproche lleno de angustia e impregnado de amargura” hacia el mundo capitalista norteamericano, el cual a través de “un mercantilismo arrollador” considera como causante de “profundos desajustes, incomprensiones y deformaciones” de lo que inicialmente había sido su apuesta por “el amanecer del nuevo diseño, sabio y racional”, impulsado desde la creación de la Bauhaus.
Sin embargo, Villanueva resalta de la trayectoria humana de Gropius tres aspectos totalmente actuales y que sin duda comparte: “la exigencia perentoria de la responsabilidad social, la necesidad de la reforma periódica de la enseñanza, (y) la urgencia de una metodología del diseño ajustada a las nuevas dimensiones de los problemas”. Aquí tal vez vale la pena recordar que un año después de la aparición del libro se desencadenará el proceso de Renovación Académica dentro de la Escuela de Arquitectura de la UCV, que tuvo en Villanueva uno de sus principales puntales, basada justamente esos tres temas subrayados dentro de la actividad vital de Gropius y que ya venían siendo practicados a nivel profesional por algunos jóvenes arquitectos venezolanos.
Concluirá Villanueva en un momento de su escrito cómo “la actualización de las estructuras, realizada con audacia, sin prejuicios y como prueba de participación y de conciencia de cada quien”, propiciada por Gropius, se convierte en una lección actual y permanente.
6. Páginas interiores de la edición en español de Apolo en la democracia.7. De izquierda a derecha, Walter Gropius, Le Corbusier, Marcel Breuer y Sven Markelius discuten durante una sesión de trabajo con motivo de la construcción del edificio de la Unesco en París, año 1952. Foto extraida del capítulo «Encuentros» de la edicion en español de Apolo en la democracia.
Tras destacar como temas “gropiusianos” el del caos urbano patente tanto el mundo desarrollado como subdesarrollado, “que no admite … otra solución fuera de un auténtico control de los cambios de uso mediante la propiedad colectiva de la tierra urbana”; el de “la importancia, para el arquitecto, de practicar desde el comienzo, con la autoridad derivada de la experiencia compartida en el equipo, en la prefabricación y la industrialización”; o el de su preocupación por la pasividad del arquitecto frente a los cambios y a los saltos cualitativos y cuantitativos (“…la sordera del corazón y de la mente, de que padece el arquitecto de hoy”), Villanueva concluye que “la audacia de la previsión y la previsión de la audacia es, en el fondo, lo que más nos atañe, en nuestro difícil y atormentado desarrollo, de la enseñanza de este grande, ilustre maestro”.
8. Ediciones en inglés (revisada de 1962, la primera fue de 1956 por Routledge) y en español (1956, Ediciones La Isla) de Alcances de la arquitectura integral de Walter Gropius.
Sobre el cómo se le abrió a Monte Ávila Editores la oportunidad de publicar el libro sabemos a través de Walter GROPIUS proclamas de modernidad. Escritos y conferencias, 1908-1934, editado por Joaquín Medina Warmburg en 2018, que “En el Bauhaus Archiv de Berlín ha quedado constancia de un ambicioso proyecto de la editorial Nueva Visión: a comienzos de 1957 se pusieron en contacto con Gropius para pedirle las ilustraciones originales de la monografía de Argan (publicada ese mismo año por Nueva Visión) y de paso le anunciaron su intención de traducir y editar en 1958 la serie completa de los Bauhausbücher, en relación con lo cual le consultaron sobre la viabilidad técnica y legal del proyecto, que finalmente no prosperó. Fue Ediciones Infinito -otra editorial bonaerense nacida en 1954 como escisión de Nueva Visión- la encargada de publicar en 1963 un único volumen de aquella legendaria colección: La nueva visión, de László Moholy-Nagy. Infinito había traducido y editado ya, por mediación de Hardoy, una antología de artículos de Gropius con el título de Arquitectura y planeamiento (1958). Simultáneamente publicaron el Pioneros del diseño moderno: de William Morris a Walter Gropius, de Nikolaus Pevsner. Hardoy había intentado publicar la versión en español de su Scope of total architecture, de 1955, pero una tercera editorial porteña, Ediciones La Isla, se le adelantó con la compra de los derechos y lo publicó como Alcances de la arquitectura integral en 1956. El éxito de ventas de todos estos libros hizo que Infinito, esta vez a través de Carlos Méndez Mosquera -antiguo secretario de redacción de Nueva Visión y cofundador de Infinito junto a Hardoy-, propusiera a Gropius ya en 1960 la traducción de su conferencia ‘Apollo in democracy’ (1956), pero en este caso fue la editorial venezolana Monte Ávila la que finalmente se hizo con los derechos del libro con el mismo título, cuya versión en español editó en 1968”.
Para finalizar y como explicación del título del ensayo que a su vez permitió denominar el libro (que en resumen “trata de la creación de lo bello y de la intensidad de su eco dentro de la sociedad democrática”), Gropius en la “Introducción” apunta con clara vocación nietzscheana: “El eterno péndulo de la posición del espíritu en la cultura y la arquitectura oscila del polo dionisíaco al apolíneo, de la ebriedad y el caos a la contención y la armónica medida. Hasta en el artista individual hallamos estos antagonismos polares en permanente lucha y equilibrio. El Apolo de los antiguos era aristócrata y aliado cultural de los príncipes y las clases privilegiadas. El mecenas se desarrolló conforme a su modelo. La democracia del siglo XX tiene que sustituir al mecenas por la voluntad cultural del ciudadano. En ella Apolo se convierte en un nuevo símbolo cultural, haciendo contrapeso frente al poderío materialista de la técnica. Todos estamos llamados a colaborar en esa imagen”.
ACA
Procedencia de las imágenes
Encabezado, 4, 5, 6 y 7. Walter Gropius. Apolo en la democracia (1968)
1, 2 y 8. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad