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Reflection on Color
Carlos Cruz-Diez
Yale University Press
2023
Idioma: inglés
Descripción
Texto seminal de Carlos Cruz-Diez, mejor conocido por sus trabajos experimentales que exploran el color y sus propiedades. Formado como pintor, Carlos Cruz-Diez (1923–2019) desarrolló una plataforma conceptual para su trabajo basada en fenómenos ópticos y cromáticos, lo que lo llevó a adoptar un nuevo enfoque revolucionario para su trabajo a partir de 1959. Basándose en los experimentos cromáticos de Figuras como Sir Isaac Newton, los impresionistas y Josef Albers, Cruz-Diez exploró la percepción del color como una realidad autónoma que evoluciona en el espacio y el tiempo, sin ayuda de forma ni soporte, en un presente perpetuo. Publicado originalmente en español en 1989 como Reflexión sobre el color, la obra detalla las teorías del color de Cruz-Diez y rastrea la evolución estética y conceptual de su práctica. Aunque el libro fue traducido al inglés en vida de Cruz-Diez, nunca tuvo una amplia distribución. En este texto, Cruz-Diez explora ocho de sus principales investigaciones sobre los fenómenos del color, incluida su serie Physichromie and Chromosaturation. Generosamente ilustrado con ejemplos del trabajo de Cruz-Diez, este importante texto presenta la escritura y el pensamiento de Cruz-Diez a una nueva generación de artistas y académicos. Distribuido para la Fundación Cruz-Diez
Nota de la Fundación Cruz-Diez
¡Estamos felices de presentar la versión en inglés de Reflection on Color!
En el marco de las celebraciones del centenario del nacimiento de Carlos Cruz-Diez, el centro de documentación Cruz-Díez y la Fundación Cruz-Diez unieron fuerzas con Yale University Press para poner esta nueva edición a disposición de los lectores de habla inglesa.
Este emblemático ensayo de Cruz-Diez inicialmente publicado en español en 1989, presenta el pensamiento del artista a una nueva generación de artistas y académicos. Al detallar sus teorías del color, el maestro del color y la luz trazó su práctica estética y evolución conceptual en este libro.
ACA

2016• Se concluye la construcción del edificio Kenex Plaza, ubicado en la Avenida Samuel Lewis con calle 59, urbanización Obarrio, Ciudad de Panamá, Panamá, diseñado por el arquitecto Fernando Ponce de León (1984-2018), con la intervención del maestro Carlos Cruz-Diez (1923-2019)
Este edificio corporativo está integrado por locales comerciales, oficinas y un restaurante en el último nivel. Tiene planta baja, tres niveles de estacionamiento, una mezzanina rodeado por una terraza, 5 niveles de oficinas y como remate, un local comercial que está ocupado por un reconocido restaurante oriental.
La fachada de los tres niveles del estacionamiento esta recubierta con una cromo-estructura de colores rojo, verde y azul creadas por el maestro Cruz-Diez, fabricada por su taller en Panamá.
Fernando Ponce de León, venezolano de nacimiento, estudio diseño de interiores en The Academy of Art, San Francisco, California, EEUU. y obtiene el título de arquitecto en la Universidad José María Vargas.
En los años ´90 inicia su destacada actividad profesional como arquitecto de interiores en Venezuela, realizando, entre otros proyectos, en el área de oficinas el Showroom Haworth, Banque Paribas, Delta Airlines, Chubb Group of Insurance Companies, British Airways, Continental Airlines, Landmark Graphics, Halliburton y el lobby del Diario el Tiempo de Puerto la Cruz. Los restaurantes Moma, Matisse Café y Fisherman Restaurante. Unidades médicas en la Clínica Ávila, Leopoldo Aguerrevere, Santa Sofía y en el Hospital de Clínicas Caracas.
Incursionó en el urbanismo proyectando la Urbanización Loma Linda, de 9.000 metros, en donde diseño 28 viviendas.
Emigró a Panamá en donde realizó destacados proyectos de arquitectura y arquitectura interior. Lamentablemente Fernando Ponce de León falleció en un accidente automovilístico en ese país a los 34 años de edad.
HVH

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2022• El día 30 de marzo se inaugura en la plaza pública de acceso a la Universidad Jorge Tadeo Lozano, Bogotá, Colombia, la obra “Anillo de Inducción Cromática, París 2012” del maestro Carlos Cruz-Diez (1923-2019).

La obra de Cruz-Diez, concebida especialmente para este espacio público, donada por él en el año 2014, fue instalada utilizando más de 400.000 piezas de cerámica especialmente fabricada en Francia e instalada con la participación del Atelier Cruz-Diez París.
La plaza de la universidad tiene 4.368 m2 y está ubicada entre las carreras 3ª y 4ª con calles 22 y 23. Forma parte del conjunto universitario proyectado por Bermúdez Arquitectos: el Edificio de Postgrados Guillermo Rueda Montaña (Primer Premio Nacional de Arquitectura 1998) y el Edificio Biblioteca-Auditorio-Rectoría.
La universidad honra al llevar su nombre a Jorge Tadeo Lozano (1771-1816), noble neogranadino, que se destacó por sus aportes científicos en botánica y química, así como por su participación política, al haber llegado a ser una figura clave en la independencia de Colombia.

El maestro Cruz-Diez ha realizado varias obras más en Colombia, entre otras: los vitrales de la Iglesia San Norberto en Bogotá, proyectada por Carlos Campuzano Castelló y consagrada en el 2011; en el Cerro Nutibara, en Medellín, una “Cromoestructura vegetal” realizada con el color de flores y plantas; pasos peatonales en Barranquilla y CalI.
En otros países también creo notables pasos peatonales, como los de Los Ángeles y Miami, EEUU; Mahón, Menorca, las Islas Baleares, España; Lima, Perú y los de Chacao, Caracas.
Carlos Cruz-Diez realizó y participó en obras de arquitectura tales como: la Residencia Gamero, en Caracas, en 1974, proyectada por Jorge Castillo y Ralph Erminy; en 1975. Interviene los dos silos de 35 metros de altura y 4.000 m2, construidos por la empresa de ingeniería Guinand & Brillembourg, ubicados en las instalaciones del Puerto de La Guaira, adyacentes a la Av. Soublette; también en 1975 concluye su Muro de Color Aditivo a lo largo del río Guaire, en Caracas, hecho sobre la pantalla estructural que soporta la Autopista Francisco Fajardo: en 1976 se instala su “Physichromie double face”, en la Plaza Venezuela, París 16, Francia. La obra es una cinta ondulante de 18 metros de longitud y 3 metros de altura; en 1988 incorpora su obra “Inducción Cromática” de 43 metros de altura y 7 metros de ancho en la fachada de la Torre Stratos, en Valencia, estado Carabobo, proyectada por los arquitectos Carlos Yáñez Carpinello (Universidad de Chile) y Juan Carlos Láncara (USB 1982). Este mural fue realizado utilizando piezas cerámicas especialmente fabricadas para el artista plástico por Cerámica Carabobo; en 1989 se inaugura la Redoma del Sol Naciente, ubicada en la intercepción de la Avenidas Los Leones, Libertador y Herman Garmendia, de la cuidad de Barquisimeto, estado Lara. La obra tiene 32 paneles rectangulares, de color negro y amarillo, dispuestos radialmente en una circunferencia de 80 metros de diámetro, los cuales cambian de color dependiendo de la hora del día; en noviembre de 1997 el Presidente de la República, inaugura con presencia del maestro Cruz-Diez, la obra “Arco de Inducción Cromática para la Margarita”, ubicada en la Av. Rómulo Betancourt, Porlamar, Isla de Margarita. La obra está formada por tres arcos metálicos, interrumpidos, de 7 metros de altura, que reflejan el juego cromático característico del artista.
En 1997 honrando la vida y trayectoria del maestro se inaugura el Museo de la Estampa y del Diseño Carlos Cruz Diez, ubicado en el Paseo Vargas de Caracas, el cual tiene entre sus objetivos básicos proyectar el talento emergente nacional. Este museo fue diseñado por el arquitecto Horacio Corse Forteza (FAU UCV promoción 36B / 1989).
Fuentes consultadas: Cruz-Diez Foundation (www.cruzdiezartfoundation.org); El Espectador, Daniela Cristancho Serrano, Internet; archivo Crono Arquitectura Venezuela
HVH

La revista El Farol aparece por primera vez en Caracas el mes de junio de 1939, tal y como reza en la portada de su nº1 que hemos reproducido para ilustrar nuestra postal del día de hoy. Surge como órgano divulgativo de una empresa petrolera pero también se mostró desde sus inicios como una publicación de corte cultural que sin duda llenó un vacío ante la ausencia de variedad de opciones de ese tipo en el país.
Cuando la Standard Oil of New Jersey de Venezuela y la Lago Petroleum Corporation deciden lanzar El Farol sólo circulaban como revistas que podían tener alguna vocación cultural: Élite, fundada en 1917, de carácter variado, única que dejó por fuera contenidos políticos en la época gomecista e introdujo la fotografía de acontecimientos, nuevo concepto de reportaje gráfico en Venezuela; Pitorreos y el semanario humorístico Fantoches creados en 1918 y 1923, respectivamente, que mantuvieron siempre el humor como arma de doble sentido que no cesaba de criticar al régimen, lo que a la primera le valió el que tuviera una duración de tan sólo un año tras ser censurada y cerrada por el gobierno del Benemérito; Cultura Venezolana, publicada por primera vez en 1920, revista de información cultural, científica y filosófica, de sencillo formato con propósitos diferentes a la crítica política desarrollada en la época; y la más importante de todas, la Revista Nacional de Cultura que empieza a circular en 1938 después de la muerte de Gómez y cuyo director fundador Mariano Picón Salas le imprimió una vocación claramente dirigida al mundo intelectual y artístico.
Al momento de la aparición de El Farol Venezuela estaba saliendo del largo período que tuvo a Juan Vicente Gómez como controlador del poder y ya Eleazar López Contreras había dado los primeros pasos para lograr encaminar la reinstitucionalización del país. Aunque El Farol, dado su corte corporativo, si bien evadió siempre las manifestaciones de tipo ideológico en su contenido, logró dar cabida en medio de ese ambiente, por un lado, a la exaltación y difusión de los valores tradiciones venezolanos y, por otro, a ofrecer a una diversidad de artistas la oportunidad de ilustrar sus portadas.
Será a partir de 1943 que la revista sea asumida por la Creole Petroleum Corporation (que, como se sabe, surge de la fusión de la Lago Petroleum y la Stándard Oil of Venezuela) hasta finales de 1975 cuando aparece su último número, cuando ya era inminente la nacionalización de la industria que se decretaría el 1 de enero de 1976. Fue una publicación de circulación interna subsidiada para su distribución gratuita que además podía ser adquirida por el público en general a través de una suscripción. En sus inicios se producía mensualmente, desde 1955 se comenzó a publicar bimestralmente y finalmente, a partir de 1963, se editó trimestralmente llegando a alcanzar un tiraje que oscilaba entre 30.000 y 50.000 ejemplares. Sus medidas se mantuvieron en el tiempo, siguiendo un formato aproximado de 31 x 23 cms.
Otra característica de la revista es que utilizaba el color en la parte exterior (portada y contraportada) mientras en la tripa se empleaba una impresión a blanco y negro, lo cual va a variar hacia la década de los 50 cuando se incorporan diversas tonalidades en el interior de la misma. Las imprentas a cargo de la reproducción de los ejemplares estaban sujetas a los requerimientos específicos que los editores demandaban. Otro detalle interesante es que las obras artísticas que ocupaban la portada lo hacían en su totalidad, clara señal de que primaba la forma sobre el texto. Únicamente se superponía el logotipo que daba nombre a la revista y la fecha de salida.
Tal y como señala Ariana Elizabeth García Balbi en “Relación entre las Artes Plásticas y el diseño gráfico a través de las portadas de la revista El Farol (1939 -1975)”, trabajo con el que obtuvo la Licenciatura en Arte (2012), “La Litografía y Tipografía del Comercio fue la encargada de imprimir las primeras tapas de El Farol, porque era una de los pioneras en realizar reproducciones a cuatro colores con la técnica litográfica. Luego en 1949 se comienza a imprimir en Unión Gráfica y finalmente en 1954 la reproducción estuvo a cargo de Cromotip mediante la técnica de off-set, este taller se consideraba, para la época, como el de mejor calidad. (…) Notamos una variación en el empleo del tipo de papel utilizado, que puede explicarse según las necesidades y los requerimientos específicos de cada portada. En este sentido, para las tapas y contratapas se empleaban papeles estucados, con los cuales se lograban colores más vivos y se brindaba un acabado sedoso, tanto al tacto como a nivel visual. Además, sus propiedades materiales le otorgaban a la reproducción de imágenes, como las obras de arte, mayor calidad. Con el paso del tiempo se utilizaron papeles satinados de mayor densidad.”
El número 1 de El Farol estuvo organizado en secciones: sociales, cultura, literatura, nuevo personal y seguridad industrial, entre otras. Presentó en la portada una obra del artista plástico venezolano Tomás Golding, que muestra una imagen de carácter figurativo de una playa caribeña en la que aparecen dos mujeres saliendo de su vivienda y dirigiéndose a realizar su faena cotidiana. La carátula no ofrece mayores complicaciones en cuanto a su diagramación más allá de la sutileza y ubicación proporcionada de la identificación (arriba a la izquierda) en un lugar que no afecta lo que la protagoniza. Sin embargo, como apunta Sean Nesselro de Moncada en “PANORAMA PETROLERO: El regreso de Cruz-Diez a El Farol”, artículo aparecido en las memoria de las I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017, con el primer número se “estableció una plantilla que definiría la primera década de la revista: fue una fantasía de un paraíso tropical y primitivo, la cual fue no sólo un programa visual tan como una misión ideológica” precisando que: “A Nelson Rockefeller, miembro de la junta directiva de la Creole, le impresionó esta fantasía cuando viajó a Venezuela en 1937 para reconocer las actividades de la compañía”.
Será la propia Nesselro de Moncada quien complemente: “El número inaugural de El Farol fue publicado en respuesta a una crisis internacional de relaciones públicas, resultado de la reciente expropiación de las reservas petroleras mexicanas en 1938 y una campaña de huelgas petroleras en Venezuela, en las cuales la clase trabajadora demandaba un aumento del salario, mejores condiciones laborales, y el derecho a la creación de un sindicato. En un momento de tumulto tanto regional como global, las compañías petroleras como la Creole tuvieron que justificar su presencia en países como Venezuela, la Creole lo hizo a través de la creación de una revista con la que se comprometía por ‘el bienestar del país’, en las palabras de Nelson Rockefeller. Con El Farol los ejecutivos de la Creole fabricaron una plataforma en la que se podían unir (conceptual y literalmente) las operaciones de la industria petrolera con la historia, la cultura, y la identidad de la Venezuela moderna. En este sentido, este primer número de El Farol abre con unas ‘Palabras Preliminares’, en donde se articula la estrategia formulada por Rockefeller: ‘aspiramos a recoger en nuestras páginas las palpitaciones más intensas del alma nacional, y…ratificamos…lo sincero de nuestra patriótica devoción’. El contenido de este primer número –y de todos los números de la revista– combinan relatos de las nuevas operaciones y campos petroleros de la compañía, con artículos sobre la historia y cultura del país, mezclando así los intereses de la industria con un emergente sentido de ‘patriótica devoción’.”

Para Sagrario Berti en “Alfredo Armas Alfonzo, El Farol y Ricardo Armas”, texto de 2014 aparecido en http://sagrarioberti.com/alfredo-armas-alfonzo-el-farol-y-ricardo-armas/, el período 1948-1958, cuando Alfredo Armas Alfonzo trabajó en la revista, “es decisivo en la historia económica y sociocultural del país y consideramos que con El Farol se comienza a edificar el imaginario de identidad nacional. En sus páginas se difunde la idea de modernidad y progreso, representado en: fotos de extracción de hidrocarburos, gerentes de la industria o cifras de productividad petrolera. Estos temas están enlazados con reportajes sobre: el origen de la arepa, pesebres, carnaval, cultura afro-venezolana, restos y tiestos prehispánicos, comunidades indígenas o paisajes. Según el profesor Miguel Tinker Salas, en El Farol: ‘las costumbres de los llaneros, la forma de vida de los andinos, y las expresiones culturales de los orientales dejan de ser simples testimonios culturales regionales aislados y pasan a formar parte de un repertorio amplio que refleja una cultura nacional’. Este conjunto de prácticas sociales y culturales fue cobrando importancia y, para esta generación (incluye a Armas Alfonzo) y otras empezó a definirse lo que implicaba ser un venezolano”.
Con el tiempo, las portadas de El Farol, como ya se anunciaba con la inclusión de la pintura de Golding en el nº 1, le abrieron paso a la presencia de jóvenes artistas venezolanos. Entre otros, Arturo Lares ocupará la portada de agosto de 1943, Héctor Poleo la de agosto de 1946 y Rafael Rivero la de noviembre de 1946. También en su contenido “entre los años treinta y cuarenta, aparecieron artículos sobre el Salón de Arte Venezolano y otros pintores como Héctor Poleo, Rafael Monasterios y Mateo Manaure… . Pero quizás aún más notable fue la contratación de artistas locales como empleados de la revista. Entre ellos estaba Carlos Cruz-Diez, quien se unió al personal de la revista en los años cuarenta como ilustrador y, eventualmente, como Director Artístico. Se conoció el diseñador norteamericano Larry June, quien había llegado a Caracas dos años antes a la invitación de la Creole para trabajar en el equipo de El Farol. Asumió responsabilidad por el plano de la revista y, según su pupilo Cruz-Diez, llevó una actitud alegre a la tipografía. Con la llegada de Cruz-Diez y June, y el lanzamiento de la publicación hermana Nosotros en 1946 –que adquirió la mayoría de las secciones de sociales, deportes, y promociones de los empleados de la Creole– El Farol empezó a definirse como una publicación cultural además de un órgano empresarial.”
Cruz-Diez, lejos aún de su compromiso con la abstracción, asumiría en aquel entonces para dos portadas ilustraciones de carácter decididamente figurativo inspirados “en parte por el florecimiento del realismo social en el hemisferio”, como señalará Nesselro de Moncada. Más adelante diseñaría la carátula del número 150 (febrero de 1954), dedicado a la metamorfosis de Caracas bajo el Nuevo Ideal Nacional de Marcos Pérez Jiménez, con base a una fotografía de la nubes de Calder ubicadas en el interior del Aula Magna de la Ciudad Universitaria de Caracas y, ya plenamente comprometido con la abstracción, el paradigmático número “El Farol: La calidad de la vida 1” de 1974.



A pesar de lo señalado, la dirección artística propiamente dicha de la revista no estuvo formalizada hasta 1957, pese a que en el número 97 de 1947 se hace mención tangencialmente de Luis E. Mejías Donzella como responsable de dicha actividad. Es el año 57 el momento en que aparece por primera vez mencionado el creativo a cargo de la revista, lo cual se mantuvo hasta el último número. Como primer director artístico estuvo Gerd Leufert desde 1957 hasta 1959 (período en que diseñó la carátula de varios números). A partir del 59 Nedo Mion Ferrario (Nedo M.F.) se encargaría del área (y del diseño de diferentes portadas) hasta 1973. Luego en 1974, de regreso a la revista, Cruz-Diez asume la dirección creativa y un año después Oscar Vásquez se encargará de esta labor hasta finalizar la edición de El Farol con el número 252 en 1975. A lo dicho cabría añadir que desde la partida de Cruz-Diez a París en 1955, de la mano de Gerd Leufert y Nedo M.F., ambos recién llegados a Venezuela procedentes de Europa, El Farol va de la mano con la “continua legitimación del diseño abstracto», marcando así un período que podría calificarse de “modernista”. En aquellos años Mateo Manaure ocupará la portada de la entrega de julio-agosto de 1957.
La arquitectura, también se manifiesta en El Farol durante los años 50 y 60. Sin ser demasiado exhaustivos hemos detectado que: en 1955, nº 161, diciembre, Fruto Vivas publica por primera vez el artículo “El campesino, arquitecto por la gracia de Dios”. Después en 1961, (nº 192, enero-febrero), ejemplar prácticamente monográfico, aparecen: “Creación de ciudades y Leyes de Indias” de Carlos Raúl Villanueva, “La casa colonial, sus orígenes y desarrollo” de Carlos Manuel Möller, “Riqueza y pobreza de los templos coloniales” de Graziano Gasparini, “Nuestras fortificaciones coloniales” de Jerónimo Martínez Mendoza, “La vivienda en las áreas industriales” de Julián Ferris y “La arquitectura en Venezuela” de Diego Carbonell. En 1963, nº 205, abril-junio, Villanueva publica “Santa Teresa y el Teatro Municipal”; en 1966, nº 217, W.J. Alcock “El problema de la recreación en la Caracas del futuro”; y en 1967, nº 222, Miguel Casas Armengol, Decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad del Zulia, “Situación actual y perspectivas de la universidad venezolana”.
Con esta nota dedicada a El Farol quisimos dejar constancia, aunque sea breve, del que sin duda es un ícono dentro de la historia editorial del país.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal, 2, 3 y 4. https://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/nesselrode_panorama