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CLUBES
En los momentos en que se va forjando la modernidad arquitectónica venezolana y con ella los rasgos que podrían identificarla, es interesante seguirle la pista a las señales que emiten una serie de edificaciones destinadas al ocio, el disfrute, el descanso y la recreación. Existe en tal sentido una tipología edilicia que centrada prácticamente en cumplir con dichos requisitos se origina de la voluntad de agrupación de entes si se quiere homogéneos que por iniciativa propia o a través de un promotor buscan salidas para paliar sus diferentes necesidades de intercambio o simple ruptura con la rutina.
Así, se puede hablar de los clubes como aquellos locales e instalaciones cuyo compromiso esencialmente es complementar a un determinado grupo humano de las carencias de contacto social, proveyéndolos de la tranquilidad o esparcimiento que la agitada vida moderna dificulta cada vez más. En este sentido con una base esencialmente recreacional y social, dentro y fuera de la ciudad de Caracas se desarrollan en la etapa que va desde finales de los años 20 hasta los 50 del siglo XX una amplia gama de ellos con perfiles a veces muy precisos dados por la coincidencia de sus usuarios en algún rasgo específico: la procedencia de una región del país o del planeta, los intereses gremiales, la zona de la ciudad donde se vive, el estatus social al que se pertenece, la práctica de algún deporte en particular o el simple deseo de aislarse o alejarse de la metrópoli durante fines de semana y vacaciones.






Sin pretender abarcar en esta nota la amplia gama de manifestaciones que se han podido detectar y registrar durante el lapso señalado, valga decir, para empezar que, asociados a la implantación paulatina del neocolonial como estilo arquitectónico, abren sus puertas casi simultáneamente entre 1928 y 1930, mostrando interpretaciones libres sobre el manejo de los códigos propios de dicho estilo, tres clubes vinculados cada uno a la urbanización a la que pertenecen: el Paraíso (Alfredo Jahn López, sede desde 1970 del Hogar Canario Venezolano) (1), el Florida (atribuido a Manuel Mujica Millán, demolido para dar paso a la construcción de la iglesia de la Chiquinquirá) (2) y el Caracas Country Club (cuya casa-club es diseñada por Clifford Ch. Wendehack y finalizada por Carlos Guinand Sandoz) (3). Más adelante y en la misma tónica, durante la década de los 30’s se inaugurarán en Maripérez el Casablanca Tenis Club (desde 1961 propiedad de la Hermandad Gallega del cual no queda prácticamente ningún vestigio, cuyo autor desconocemos) (4), el club Los Palos Grandes (Guillermo Salas, desde los años 60 sede del Centro Catalán de Caracas) (5) y en los 40’s (1947 para ser más precisos) la Casa Club del Valle Arriba Golf Club (Clifford Ch. Wendehack) (6).



Como se verá, algunas de las comunidades extranjeras que echaron raíces en nuestro país prefirieron comprar las sedes de viejos clubes caraqueños ya consolidados a la hora de invertir en una propiedad e instalaciones perdurables. Sin embargo, hubo otras que apelaron a la construcción de nuevos edificios a partir de los cuales se puede entrar a debatir de qué manera se hizo en ellos presente una manera de entender la región o nación que representaban o, por el contrario, buscaron interpretar las variables propias del lugar en que se insertaron. Son los casos del Club Venezolano Alemán (7) cuya sede definitiva (de escasos 400 m2) es diseñada en 1935 por Carlos Guinand Sandoz en la urbanización El Paraíso adoptando un esquema neoclásico, estrictamente simétrico, de gran sobriedad y pureza en sus líneas, con acento en lo volumétrico y reflejos de la influencia neoplástica (a través de F. Ll. Wright) en la manera como se articulan las cuatro partes que lo componen; el Centro Vasco de Caracas (8), ubicado también en El Paraíso, para quien Miguel Salvador Cordón proyecta en 1950 como casa-club un “caserío” con todas las características lingüísticas de dicha construcción rural propia de Euskadi; o la realización en 1957 de la Casa de Italia (9), localizada en la céntrica parroquia de La Candelaria en un terreno muy comprometido desde el punto de vista urbano, para el que Doménico Filippone ofrece una solución absolutamente moderna con visos corbusianos, generosa con la ciudad y considerada con el clima, a la que se le superponen elementos decorativos alusivos al gentilicio que da nombre al edificio.



Los tres últimos casos señalados muestran la existencia de una clara vinculación entre el grupo étnico que disfrutaría cada edificio y la formación o nacionalidad de los respectivos proyectistas, quienes de diferentes maneras proceden a llevar a cabo sus particulares interpretaciones sobre rasgos arquitectónicos que los podrían identificar o a los cuales podrían ser asociados.
Sin embargo, no siempre ha sido así pudiéndose detectar casos como la Casa Monagas (Vegas & Galia, 1954) (10) o el club Táchira (Fruto Vivas, 1955) (11) en los que a pesar ser edificios encargados por comunidades oriundas de dos regiones muy precisas de nuestro país (y, en el caso de Vivas, seleccionado justamente por su origen andino), sus proyectistas dejan de lado lo vernacular como opción complaciente a seguir para apostar por propuestas más acordes con el lugar en que se insertan apelando a un lenguaje en el que el énfasis en lo estructural (las cubiertas en ambos casos pasan a ser sus temas principales) remite a un compromiso con los valores permanentes de una modernidad otra.
Mención aparte habría que hacer del Club Campestre Los Cortijos (1957, proyecto de Carlos Brando) (12), que, encargado por un grupo conformado por una una clase media emergente y en ascenso, busca incorporar en la ciudad todas las ventajas de estar en el campo. En él su proyectista, formado bajo la tutela de Villanueva, actualiza atinadamente todo el repertorio de elementos que caracterizan la arquitectura tradicional venezolana para dar con una solución ajustada a su época.



Abierta la puerta para seguir indagando cuánto pueden dar de sí las sedes sociales como fuente para determinar la representatividad del edificio con el grupo al que está destinado, se podría también dirigir la mirada hacia los gremios. De esta manera, encontramos como los ingenieros seleccionan por concurso en 1939 (terminada de construir en 1941) una propuesta que señala atisbos de una temprana modernidad no exenta de clasicismo elaborada por Luis Eduardo Chataing sobre la que se construyó el edificio aledaño al Parque los Caobos (13); los profesionales del derecho, también por concurso, seleccionan en 1942 un proyecto de un refinado talante neoclásico para convertirlo en la sede del Ilustre Colegio de Abogados de Caracas, elaborado por Camilo Arcaya que se terminará de construir en 1945 sobre la avenida Páez de El Paraíso (14). Los médicos por su parte, encargan a Diego Carbonell la sede social para su colegio en el Distrito Federal (localizada en la Plaza Las Tres Gracias) terminada de construir en 1956 (15), demostrando ser el gremio que mejor logró asimilar el tránsito por una década donde en Venezuela ser contemporáneo era síntoma de identidad.


Los años de la Dictadura dan cabida a la aparición de dos nuevas tipologías de clubes urbanos ligados en este caso a los estratos sociales o instituciones a los cuales sus programas más interesaban llegar. Así, se construyen en un lapso de tres años por iniciativa del Estado la Casa Sindical en El Paraíso (1953) -proyecto de Enrique García Maldonado- (16) y el Círculo de las Fuerzas Armadas (1950-53) (también conocido como Círculo Militar), sobre la avenida Los Próceres, diseñado por Luis Malaussena (17). Ambos son concebidos para dotar a estos estamentos (la clase obrera y la militar) de espacios para la recreación, la cultura y el esparcimiento con los que hasta esa fecha no habían contado. El mensaje “igualitario” en cuanto a equiparar estas instalaciones con las de los mejores clubes sociales de la capital era claro. Para ello, por un lado, no se escatima en gastos y, por el otro, se recurre a la aplicación de un lenguaje impregnado de modernidad, más conservador en la Casa Sindical y más libre y acorde al contexto en el Círculo Militar. Los clubes extraurbanos ubicados o bien en la playa o bien en la montaña constituyen un capítulo aparte que seguramente abordaremos en otra ocasión.
ACA
Procedencia de las imágenes
1. https://www.facebook.com/HogarCanarioVenezolanoOficial/about/
2. https://mariafsigillo.blogspot.com/2012/06/el-club-florida.html
4, 5, 6, 9, 10, 12, 13, 15, 16. Colección Crono Arquitectura Venezuela
7. Galería de Arte Nacional. Wallis/Domínguez/Guinand. Arquitectos pioneros de una época, 1998
8. https://www.minube.com/rincon/centro-vasco-de-caracas-_-eusko-etxea-caracas-a3685452
11. https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Club_Tachira_Caracas.jpg
17. https://materialesamv.tumblr.com/post/92180234029/c%C3%ADrculo-de-las-fuerzas-armadas-caracas
Postal Nº 75
ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 75

El proyecto y construcción de la Embajada de los Estados Unidos de América en Caracas (1989-1996) en la urbanización Lomas de Valle Arriba, forma parte de un episodio que queda fuera de lo que han calificado Lorenzo González Casas, Orlando Marín, Jorge Villota y Henry Vicente como “Distritos Petroleros” que durante las décadas de 1940 y 1950 pudieron detectarse dentro del desarrollo urbano de la ciudad (ver “Arquitecturas itinerantes en CCS: entre los Estados Unidos y Venezuela”, http://prodavinci.com/blogs/arquitecturas-itinerantes-en-ccs-entre-los-estados-unidos-y-venezuela/, primer texto enmarcado en el proyecto CCScity450 adelantado por el área de Teoría e Historia de la Arquitectura de la USB en conjunto con la Fundación Espacio y el Archivo de Fotografía Urbana).
En aquellos años “las multinacionales petroleras se vieron obligadas a reforzar y reformular su posición, así como la naturaleza de sus vínculos con el país, lo que propició la construcción de modernos Edificios-Sede en la capital, imagen legible de lo que hemos denominado Distritos Petroleros de Caracas, enmarcando así los diversos territorios en los que se fueron desenvolviendo, bajo una condición urbana particular, intereses, servicios y dinámicas asociados a dichas petroleras.
Estos ‘Distritos’ fueron trasladándose en el mapa de la ciudad a medida que se iban mudando las corporaciones petroleras pero todos ellos compartieron un imaginario común de ‘intensificación de la modernidad’, sustentado en un singular nivel de equipamiento y servicios respecto a otros territorios urbanos. Un ‘estilo de vida’ nuevo, identificable con las nociones de ‘campamento’ y de suburbio, y con criterios de representación opuestos a una ‘otredad’, anacrónica, que no conjugaba con el afán ‘modernizador’ de dichos Distritos”.
Así, por ejemplo, la presencia de la Embajada de los Estados Unidos en el primer Distrito Petrolero que se registra en la ciudad (el correspondiente a el sector La Candelaria-San Bernardino), le permite a Henry Vicente en “Distritos petroleros en CCS” (http://prodavinci.com/blogs/distritos-petroleros-en-ccs-por-henry-vicente-garrido/, segundo artículo de la serie) afirmar lo siguiente: “Nodo fundamental de este distrito fue la presencia de la Embajada de Estados Unidos en San Bernardino. Ocupaba el edificio Valderrey (1948), obra del ingeniero Emilio Solórzano Yánez. Y es que podemos trasladar a la idea de Distrito Petrolero la noción del ‘radio’ de disposición en el que debían situarse las residencias de los empleados de la embajada. Residencia y trabajo reunidos.”
Si bien la proximidad vivienda-trabajo en lo concerniente a los funcionarios de las embajadas pasa a ocupar un segundo plano a medida que transcurre el tiempo y el automóvil se impone como medio de locomoción, sin embargo la que fue considerada en su momento como la “nueva embajada de los Estados Unidos” (1959) diseñada por el arquitecto Don Hatch, también ve directamente influida su localización por la propuesta de desarrollar un “tercer distrito” en la zona de Los Palos Grandes-La Floresta, del cual quedaron sólo registros aislados, pasando a ser el de la sede diplomática sólo un episodio, un hito más que un nodo.

De esta manera, cuando el Departamento de Estado norteamericano toma la decisión de construir treinta años más tarde de inaugurado el sobrio edificio de La Floresta un nuevo asiento para su representación diplomática en Venezuela, busca localizarlo en un lugar lejano del caos urbano, aislado y de difícil acceso. Se recupera en cierta forma la ubicación en un suburbio pero se apuesta con mayor énfasis por un objeto en contacto con el entorno agreste que también caracteriza la ciudad, que aproveche la oportunidad de verla sin que necesariamente sea visto desde ella.
El diseño del edificio, cuyos croquis engalanan la postal de hoy, se le asignó al arquitecto nacido en 1925 en Riga, Letonia, Gunnar Birkerts. Colaborador de Eero Saarinen entre 1951 y 1956 y luego socio de Minoru Yamasaki, Birkerts ha desarrollado la mayor parte de su carrera profesional en Detroit, Michigan. Se unió a la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Michigan en 1959 donde enseñó hasta 1990 siendo distinguido como Profesor Emérito de dicha universidad y la Asociación de Escuelas de Arquitectura lo honró con el premio ACSA Distinguished Professor en 1989-90. Ha proyectado los museos de Arte Contemporáneo de Houston (1970-72) y Kansas City (1991-94), el Centro Corporativo de la IBM, Nueva York (1970-72), la Domino’s Tower, Ann Arbor (1984-98) y el Banco de la Reserva Federal de Minneapolis, Minnesota (1967-73), entre otros. Su último proyecto (2014) es la Biblioteca Nacional de Letonia en Riga. La Editorial GA le dedicó un número monográfico a su firma Gunnar Birkerts and Associates (1982) y también se han publicado Gunnar Birkerts. Process and Expression in Architectural Form (1994) y más recientemente (2009) Gunnar Birkerts-Metaphoric Modernist.

Birkerts propone para la embajada un edificio alargado, de 9.000 m2 de construcción (casi el triple del área de la anterior sede) contenidos en cinco pisos, sólido, empotrado en el lecho rocoso característico del lote donde se ubica, que se debate entre convertirse en un bunker o mimetizarse al verde paisaje que lo rodea. El proyecto, colocado sobre dos mesetas producto de un voluminoso movimiento de tierra, cuenta con una estructura en hormigón armado vaciado in situ, sin juntas internas, capaz no sólo de soportar fuertes movimientos sísmicos sino también “posibles ataques terroristas”. La oficina de Leslie E. Robertson Associates (LERA), a quienes se les encargó el cálculo estructural señalan en su portal web lo siguiente: “La estructura está construida para soportar una variedad de cargas, incluyendo la carga sísmica de la Zona Tres del Código de Construcción Uniforme, la carga por explosión, la carga del viento y la presión lateral aplicada por tres niveles de tierra contra la cara posterior del edificio.”

Cabe señalar que Birkerts visitó Venezuela en varias oportunidades pero fue en abril de 1994 cuando dio una conferencia en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber y fue entrevistado para el número 57 de Arquitectura HOY por Enrique Fernández-Shaw, texto que recomendamos leer a quienes quieran aproximarse más aún al sentido que caracteriza su obra.
La Embajada de los Estados Unidos en Caracas forma parte de la saga de calificados edificios realizados por dicho país a lo largo del mundo y que en este caso reafirma el valor estratégico que ha tenido Venezuela para norteamérica.
También es, sin duda, una importante pieza que, aunque escapa al ámbito temporal en el que se centró la curaduría de la exposición “Arquitectura norteamericana en Caracas 1925-1975: OUR architects”, actualmente abierta en los espacios de la Sala TAC del Trasnocho Cultural (Paseo Las Mercedes), sin duda la complementa.
ACA
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Postal y 3. Arquitectura HOY, nº 57, 16 de abril de 1994
NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

El terremoto de Caracas de 1967: 50 años después
Carlos Genatios, Marianela Lafuente, Alfredo Cilento y José Grases (compiladores)
Ediciones CITECI y Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat
2017
La Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat se complace en presentar el libro El terremoto de Caracas de 1967: 50 años después en el cual se compilan artículos, documentos históricos e información técnica que permiten comprender la magnitud y trascendencia de este evento geológico y evaluar nuestras perspectivas en materia de sismología de cara al futuro.
Dedicado al recuerdo de las víctimas del terremoto y a sus familiares, el proyecto ha sido desarrollado por Carlos Genatios, Alfredo Cilento, José Grases y Marianela Lafuente quienes actuaron como compiladores y su publicación fue posible gracias al apoyo de Ediciones CITECI (Centro para la Innovación, el Desarrollo Tecnológico y del Conocimiento en Ingeniería).
El libro se encuentra dividido en diez partes (objeto de la compilación hecha) a los que se añaden los resúmenes curriculares de los autores de los trabajos y unos muy completos Índice de Tablas e Índice de Figuras. Con la “Introducción”, preparada por Marianela Lafuente y Carlos Genatios, se da inicio y se busca orientar a través de la consideración de cuatro aspectos la lectura y comprensión del libro. El primero está dedicado a describir con datos precisos el evento propiamente dicho, la magnitud de la tragedia y las consecuencias inmediatas que ello trajo; en el segundo se señala el hecho de saber que Caracas es una ciudad con historia sísmica fijando con claridad los antecedentes que la acompañan a lo largo de la historia; el tercero sirve para contextualizar la Caracas de hoy, o sea, cincuenta años después donde el aumento de la población, la ocupación del valle y el desarrollo urbano descontrolado son tres elementos que han impactado duramente en la oferta de servicios básicos y donde la población que vive en zonas de barrios ha aumentado del 30 al 50%; y, finalmente, muy relacionado con el punto anterior se señala como cuarto aspecto el enfoque que relaciona amenaza sísmica y vulnerabilidad asomando algunos temas sobre el riesgo en Caracas.
La «Introducción» abre paso a las otras nueve secciones de la publicación que podría decirse ahondan en lo allí señalado y tiene cada una vida autónoma. La segunda titulada “Lecciones y trascendencia del terremoto de Caracas de julio de 1967” estuvo a cargo de José Grases; la tercera “Pobreza, vulnerabilidad y riesgos: los barrios de Caracas” esta firmada por Alfredo Cilento; la cuarta “La creciente vulnerabilidad de la vivienda en Venezuela y Hábitat III” fue elaborada por Marianela Lafuente y Carlos Genatios; siguen “Atención y prevención de eventos sísmicos: reflexiones derivadas de la experiencia” de Roberto R. Centeno Werner; “Sobre vulnerabilidad, resiliencia y el uso de dispositivos mecánicos para la protección sísmica de estructuras” de Carlos Genatios y Marianela Lafuente; “Caracas: vulnerabilidad de accesos y servicios públicos” de Eduardo Páez-Pumar H.; “Microzonificación sísmica como aporte para la mitigación del riesgo sísmico en Caracas” de Michael Schmitz, Julio Javier Hernández y el grupo de trabajo del proyecto de microzonificación sísmica de Caracas; “Vulnerabilidad sísmica de viviendas populares en Caracas” de Oscar A. López, Valentina Páez y Gustavo Coronel D.; y se cierra con “Terremotos y la pista aérea en La Carlota. Notas técnicas preliminares para una propuesta” de Víctor Artís.
El terremoto de Caracas de 1967: 50 años después se encuentra disponible en formato digital y se adelantan las gestiones para su publicación como libro impreso. Su presentación prevista a relizarse el pasado 20 de julio en la sede de la CAF (Altamira) en el marco del Foro «50 Años del Terremoto de Caracas», ha sido pospuesta hasta nuevo aviso.
Nota de los editores
“El sábado 29 de julio de 1967, a las ocho y cinco de la noche, la tierra tembló en Caracas. En esos treinta y cinco largos segundos, alrededor de 250 personas murieron, dos mil quedaron heridas y alrededor de ochenta mil, sin viviendas. Al recuerdo de las víctimas del terremoto y a sus familiares está dedicado este libro.
En 2017, cincuenta años después, Caracas es más vulnerable. Y no sólo Caracas. Gran parte de la población del país se encuentra en zonas de riesgo sísmico. Es imperativo tomar en cuenta las amenazas naturales, a la hora de construir nuevos desarrollos habitacionales y de emprender programas de rehabilitación de barrios. Las medidas de prevención incluyen la revisión y actualización de normativas vigentes, la evaluación de la vulnerabilidad de infraestructuras estratégicas y edificaciones importantes, y el establecimiento de prioridades en los programas de rehabilitación y readecuación sísmicas de estructuras que deben emprenderse. En este libro se discuten temas relacionados con la extensa problemática asociada a la vulnerabilidad de la ciudad de Caracas, la disminución del riesgo de ocurrencia de desastres naturales y el fortalecimiento de la resiliencia. Se recopilan trabajos de reconocidos expertos en el área, que constituyen un importante aporte y muestran las capacidades actuales en la planificación y análisis para la reducción de riesgos sísmicos en el país.”
ACA
Textos fundamentales

Santiago de León de CARACAS 1567-2030
Rafael Arráiz Lucca (ed.)
ExxonMobil de Venezuela
Editorial Arte
2004
Entre los libros más citados dentro de la consulta que hiciéramos el pasado año 2016 a objeto de determinar aquellas publicaciones que podrían constituirse en referencia para seguirle la pista a la evolución del pensamiento sobre arquitectura y ciudad en nuestro país, destacó, tanto por su visión integral como por los textos que lo conforman, Santiago de León de CARACAS 1567-2030.
Esta iniciativa editorial, concebida por Richard Bailey Lazzari desde la Gerencia de Asuntos Públicos y Relaciones Gubernamentales de ExxonMobil de Venezuela S.A. (subsidiaria de ExxonMobil Corporation), quien convoca como Editor y Coordinador a Rafael Arráiz Lucca y que contó con la Curaduría y Coordinación Editorial de William Niño Araque y Pedro Mancilla (a su vez diseñador gráfico con la colaboración de Guillermo Salas), se terminó de imprimir el año 2004 en los talleres de Editorial Arte. Con estas características bien podría sumarse a otro de los aportes de parte de la inversión norteamericana en Venezuela que han sido objeto de indagación y registro con motivo de la celebración de los 450 años de la ciudad de Caracas.
El resultado final fue un objeto de gran calidad tanto en forma como en contenido que permitió a la transnacional del petróleo contar con un obsequio de carácter corporativo y a la vez “hacer una contribución significativa al conocimiento y divulgación de los valores culturales sociales e históricos del país”. Para quienes lo han podido disfrutar y consultar se trata de un documento de enorme provecho, particularmente para estudiosos e instituciones educativas, cuyo tiraje de 2.000 ejemplares buscaba garantizar que ello ocurriera.
Santiago de León de CARACAS 1567-2030, séptimo título del programa editorial de la empresa, está dedicado según palabras de su presidente Mark R. Ward “a las nuevas generaciones de caraqueños que continuarán la obra colectiva de construcción de la ciudad” y “asume el reto de presentar una visión integral del desarrollo urbanístico de la ciudad de Caracas”.
La obra, que cuenta con una “Introducción” de Rafael Arráiz Lucca, está dividida en dos partes. En la primera, “Los caminos del laberinto”, conformada a su vez por ocho textos firmados por Graziano Gasparini, Arturo Almandoz Marte, Mónica Silva Contreras y Ciro Caraballo Perichi, Henry Vicente Garrido, Silvia Hernández de Lasala, William Niño Araque, Lorenzo González Casas y Enrique Larrañaga, se ofrecen otras tantas visiones que, en el orden señalado, permiten construir un recorrido cronológico y a la vez reflexivo de la evolución de la ciudad desde su fundación hasta nuestros días, correspondiéndole a cada autor un período determinado.
La segunda parte, “El laberinto del futuro”, está dedicada a mostrar una visión que tiene como horizonte el año 2030 o, como señala Rafael Arráiz Lucca, a “auscultar la temperatura del porvenir”. Está compuesta por una serie de entrevistas-conversaciones realizadas por los editores, en las que se plantean ideas, propuestas y proyectos, acompañados por un valioso material gráfico y fotográfico, a: Tomás Sanabria, Marco Negrón y Federico Vegas (“Visiones panorámicas”), Frank Marcano y Miguel Chacón (“Visión metropolitana, vocación y mercadeo de la ciudad, gobernabilidad y territorialidad”), David Gouverneur (“Red de espacios públicos y de servicios”), Leopoldo Provenzali, Roberto Pérez Lecuna y Max Pedemonte (“Servicios básicos”), Fernándo Tábora (“Ambiente, ecología, paisaje”), Josefina Baldó y Federico Villanueva (“La ciudad al margen”) y Tulio Hernández, y Tahía Rivero junto a Ruth Auerbach (“La trama cultural”).
Si la primera parte versa “sobre la vida de esta ciudad bendita (…) el lugar desde el que se observa el futuro de la urbe es arquitectónico y urbanístico, aunque es imposible abordar un fenómeno antropológico como el urbano, sin detenerse en asuntos culturales, técnicos, ambientales, sociológicos y de diversa índole, siempre vinculados con la tarea humana por excelencia desde hace siglos: la construcción colectiva de los asentamientos ciudadanos”, acotará Arráiz Lucca en la “Introducción”.
Como valor agregado se ofrece al lector lo que los editores denominaron como una “Bibliografía selecta de Caracas” que sin buscar ser exhaustiva ni definitiva puede servir “de base para quienes quieran continuar investigando sobre la ciudad”.
Este hermoso y voluminoso libro, de tapa dura, formato cuadrado de 31 x 31 cms y de casi 3 Kg de peso (todo un “coffee table book”), encierra en sus 419 páginas un valiosísimo material de estudio que no tiene desperdicio, del cual también vale la pena resaltar las excelentes imágenes cuidadosamente seleccionadas aportadas por una larga de lista de conocidos fotógrafos y por colecciones de diferentes instituciones públicas y privadas. Su condición de producto corporativo impidió que llegase a las librerías por lo que su divulgación y conocimiento han tenido, lamentablemente, un alcance limitado.
Si bien 2004 no marcaba una fecha especialmente significativa dentro de la historia de la ciudad, sí evidenciaba el resurgimiento de una preocupación por su indagación, estudio y reflexión que había encontrado a través de la Fundación para la Cultura Urbana un canal idóneo para hacerse ver gracias al empuje que, a tres años de su creación, ya empezaban a evidenciar sus colecciones de libros. No es casual que sean sus principales figuras visibles a quienes contacte la ExxonMobil para llevar a delante este ambicioso proyecto editorial que hoy comentamos y que quizás, si las circunstancias lo hubiesen permitido, pudo haber contado con un episodio correspondiente a lo transcurrido durante el siglo XXI o una edición facsimilar de sus textos, tomándose como excusa la celebración de los 450 años de Caracas. Lo que no sabemos es si el talante fresco y en buena medida optimista que empapa la páginas de Santiago de León de CARACAS 1567-2030 hubiese prevalecido. Buena falta nos hace.
ACA