Archivo de la etiqueta: Caracas

¿SABÍA USTED…

… que en 1955 está fechado el permiso de construcción del edificio Royal Castle, ubicado en el bulevar de Sabana Grande con Av. Santos Erminy?

En un interesante artículo titulado “ ‘El Especialista’, mito historiográfico o realidad histórica?” aparecido el 7 de septiembre de 2015 en el portal El Estilete. Crítica/Pensamiento/ Arte (http://www.elestilete.com/dossier/el-especialista-mito-historiografico-o-realidad-historica/), los profesores Orlando Marín y Blanca Rivero dan cuenta de una minuciosa pesquisa que emprendieron con la finalidad de corroborar si la autoría de “algunos edificios caraqueños catalogados hasta entonces como ‘anónimos’ gracias a una publicación del Instituto de Arquitectura Urbana: La Vivienda Multifamiliar en Caracas entre 1940 y 1970, editada por Fondur, en 1983”, eran efectivamente de la autoría del “arquitecto proyectista” Narciso Bárcenas, a quien se le había colocado el mote o alias de “El Especialista” debido “a la maestría del diseñador en producir un sinnúmero de efectos distintos en una misma edificación, a pesar de que su planta fuese exactamente la misma la que se repitiese en todos los niveles”.

Marín y Rivero, siguiendo la estela dejada a mediados de los noventa por un grupo de profesores y estudiantes de arquitectura de la Universidad Simón Bolívar, al indagar en torno a Narciso Bárcenas, descubren a través del Diccionario biográfico de Venezuela (1953) que era nativo de Cumanacoa (estado Sucre) donde había nacido el 6 de junio de 1925 (fallece en 2008), Doctor en Ciencias Físicas y Matemáticas graduado en 1946 en la Universidad Central de Venezuela y que como ingeniero civil contaba entre sus realizaciones el cálculo del Puente Los Caobos y la Iglesia Nuestra Señora de Coromoto, en El Pinar. Además, al contactarlo directamente recibieron la tajante respuesta de que nada tenía que decir sobre las obras que se le endilgaban como “El Especialista” (sobrenombre que rechazaba y por el que nadie lo conocía en el medio profesional), las cuales habían sido diseñadas “por unos arquitectos y artistas italianos con los cuales había trabajado”. Por otro lado, al ser contactados los ingenieros Santos Michelena y Pedro de la Rosa, compañeros de promoción, “negaron de manera categórica cualquier relación de Bárcenas con el diseño arquitectónico de edificaciones, e incluso algún tipo de sensibilidad o inclinación artística; más bien recalcaron su extraordinaria habilidad en el cálculo estructural y los retos constructivos, disciplinas propias de la ingeniería civil”, acotarán los autores del artículo.

El trabajo de Marín y Rivero, esclarecedor por demás de la manera como se fraguó el amplio y ambiguo término “estilismo anónimo”, utilizado por William Niño Araque para encabezar todo un capítulo de 1950. El espíritu moderno (1998), transcurre a través de las páginas de la Revista del Colegio de Ingenieros de Venezuela donde se publicaban mensualmente los permisos otorgados en el área metropolitana de Caracas por las ingenierías municipales a lo largo de la década de 1950, para finalmente develar cómo “Bárcenas estuvo a cargo de la construcción de, al menos, veintidós edificios multifamiliares entre los años 1953 y 1959, dieciséis de los cuales se ‘permisaron’ en el año 1955, entre ellos los edificios Canaima y Humboldt. No obstante, resultó sorprendente descubrir que en proyectos que parecían ser indudablemente salidos de la mano de ‘El Especialista’, como el edificio Royal Castle, ubicado en el bulevar de Sabana Grande; el Mediterráneo, frente al Centro Comercial El Recreo, o residencias Capri en Altamira, no aparecía su nombre como profesional responsable, sino el de los ingenieros Leopoldo Sucre Figarella, José Behar y Héctor Cardazzi, respectivamente”.

De allí la pregunta que se hacen de inmediato: “¿Serían también Sucre Figarella, Behar y Cardazzi otros ingenieros ‘Especialistas’?”, la cual se responden con asombrosa precisión al detectar que los 201 permisos en los que aparecen como proyectistas Bárcenas (22), Sucre Figarella (64), Behar -quien fuera socio de Bárcenas- (50) y Cardazzi (65) estaban conformados por obras que, tras ser visitadas por Marín y Rivero, se pudo verificar que “no todas presentaban el lenguaje arquitectónico de carácter plástico y la audacia formal que reconocíamos en ‘El Especialista’; incluso, muchas carecían de atributos formales y espaciales, lo que demostraba que estos profesionales trabajaron con diferentes proyectistas y debieron asumir, más bien, el rol de calculistas estructurales y de responsables, ante las autoridades locales, del desarrollo de las obras”.

Por tanto, la presencia oculta en buena parte de la multitud de edificios construidos en Caracas durante los años 50 de la mano de un grupo de profesionales vinculados a la arquitectura que, por no haber obtenido la reválida de sus títulos, trabajaban para ingenieros que si podían firmar los planos, pasa a ser no sólo un capítulo aparte dentro de la historia de la ciudad sino la excusa para que Marín y Rivero hayan llegado a la conclusión provisional de que tras muchos de los que poseían los atributos propios de “El Especialista” se encontraba quizás el delineante italiano H. Ferrato (cuyas iniciales H. F. aparecían en los “cajetines” de los planos de los proyectos “permisados” hechos siempre a mano con “un mismo modelo de rótulo, con igual tipo de letra y caligrafía, y un mismo monograma que se repite siempre en el espacio destinado a la firma del dibujante”), o que en todo caso “más allá de una ‘invención’ historiográfica, quizá ‘El Especialista’ sea un estilo desarrollado por muchos ‘especialistas’ que, como Ferrato, marcaron la imagen de la edilicia urbana caraqueña en el momento de su mayor crecimiento”.

Así, el Royal Castle, edificio interesante si los hay, cuyo proyecto se podría atribuir transitoriamente a Ferrato y que está firmado por el ingeniero Leopoldo Sucre Figarella (1926-1996), de quien hay que recordar que durante los gobiernos adecos, partido al que pertenecía, fue Gobernador del estado Bolívar (1960-1962) y desarrolló una exitosa gestión como Ministro de Obras Públicas (1962-1969) y Presidente de la Corporación Venezolana de Guayana (1984-1993), denota, como buena parte de ese racimo de obras que pudieron salir de la misma mano, un buen manejo de las proporciones, sensibilidad en la respuesta al contexto donde se inserta, dinamismo y plasticidad en el diseño de las fachadas desde una planta tipo similar, cuidado en la diferenciación de las actividades que lo conforman y en la manera como se produce el contacto con el suelo, manejo acertado de la escala y en la forma de definir los accesos, siempre en el marco del máximo aprovechamiento de lo permitido por las ordenanzas, la racionalidad constructiva, la eficiencia funcional y un uso desprejuiciado de códigos propios de la modernidad arquitectónica.

Más allá del “estilismo” al que se puede sumar, el Royal Castle es, dentro del hoy recuperado bulevar de Sabana Grande, muestra de una edificación que no sólo ocupa dignamente una de sus despejadas esquinas sino que evidencia a las claras una particular maestría en cuanto a la forma como se puede responder a esta condición. Es, por tanto, la obsesiva necesidad de dar cuenta del lugar más importante del terreno lo que da origen a la mayor parte de la carga expresiva de esta particular pieza arquitectónica. De este hecho se origina, por un lado, el manejo de elementos verticales lineales y murales que se componen, con la ayuda del color aportado por el mosaico vitrificado de 2 x 2 cms, con pequeños balcones en voladizo plegados y superficies vidriadas, y, por el otro, el realce de la actividad comercial enmarcada con una sutil marquesina de concreto. Este inusitado despliegue de expresividad hace olvidar que estamos en presencia de un eficiente edificio residencial que se posa sutilmente en el suelo y que maneja con sabiduría la transición volumétrica de los usos que contiene, la relación de lo horizontal con lo vertical y la escala urbana; o que también existía un importante compromiso con la esquina norte del terreno o con el resto de sus fachadas que no fue debidamente atendido.

ACA

Procedencia de las imágenes

Todas. Archivo Fundación Arquitectura y Ciudad

textos fundamentales

Fervor de Caracas

Una antología literaria de la ciudad

VV.AA

Prólogo y selección: Ana Teresa Torres

Fundavag Ediciones

2015

Cuando el año 2015 aparece Fervor de Caracas ya la ciudad que tantos amamos y odiamos, disfrutamos y sufrimos, valoramos y denigramos había entrado en un proceso creciente de deterioro del cual lejos de recuperarse ha mostrado signos preocupantes de empeoramiento en cuanto a la calidad de vida que ofrece. Cifras estadísticas llegan a diario a nuestras manos que dan cuenta de los innumerables problemas relacionados con la inseguridad, las fallas en los servicios públicos, el maltrato a los espacios públicos, el desgaste por falta de mantenimiento de sus edificaciones, el desmoronamiento de sus calles y avenidas y, como no, la paulatina disminución de su población a causa de una crisis económica y política que aún no cesa.

Sin embargo, aunque latente, la recopilación de textos sobre Caracas que realiza Ana Teresa Torres nos lleva por otros derroteros distintos a los de la cruda objetividad del técnico o el especialista que sabemos la ha estudiado desde su particular atalaya sea esta sociológica, estadística, antropológica, política o urbanística. El esfuerzo realizado por Ana Teresa Torres, psicóloga de profesión, dedicada a escribir y bien desde hace muchos años, esconde su particular pasión por la ciudad capital a través de sus vivencias acumuladas como habitante de ella plasmadas en un hermoso “Prólogo” salpicado de notas que a modo de pistas permiten recorrer su producción narrativa (titulado “Caracas: itinerario sentimental”), pasión que luego la extiende cuando, explorando exhaustivamente el universo de la creación literaria, nos permite, aunque sea por un momento, incursionar en el terreno de la subjetividad y la imaginación de la mano de piezas y autores que abarcan desde el siglo XVIII hasta nuestros días.

Se trata éste, pues, de un trabajo basado en una meticulosa investigación signada por la acuciosidad que brinda el rigor de quien se aproxima a un objeto de estudio  complejo, contradictorio y cambiante. El producto, dio como resultado un volumen de 597 páginas donde se dan cita 91 autores de todas las épocas cuyos textos fueron seleccionados siguiendo dos hilos conductores: la calidad literaria y el fervor por la ciudad. Los doce capítulos en los que fueron agrupados dan cuenta no tanto del peso de lo cronológico como de temas que, como bien dijo Elías Pino Iturrieta al momento de presentar el libro en la Feria del Libro del Caribe en marzo de 2016, están cargados de sensibilidad, permitiendo repasar las cercanías y alejamientos, frustraciones y regocijos, luces y oscuridades que a sus autores transmite una ciudad que “les da cobijo o los aprisiona, o no les da lo que necesitan, o les hace falta”, abriéndonos la puerta a una riquísima experiencia estética que recuerda indefectiblemente desde su título el Fervor de Buenos Aires de Jorge Luis Borges.

Aproximación al valle; La ciudad de la memoria; El paisaje, el mar, la montaña; Los barrios, las urbanizaciones, las esquinas; Calles, caminos y autopistas; Casas y mudanzas; Libros, ritos y conversaciones; Visiones y nocturnidades; Distancias, exilios y nostalgias; Estallidos, catástrofes y otras destrucciones; La ciudad dolida; y La ciudad imaginada, son los temas que a modo de excusas le sirven a Ana Teresa Torres para agrupar un diverso grupo de manifestaciones que van desde lo epistolar a lo anecdótico pasando por la poesía o el cuento breve. De más está decir que el libro ofrece tras su estructura la oportunidad al lector de entrar libremente a disfrutar de su amplio recorrido.

Leonardo Padrón al presentar por primera vez el libro el 24 de octubre de 2015 afirmaba sobre nuestra ciudad: “Caracas, la reina de la injuria y la lujuria, la entrañable y violenta, la del pasado demolido y el presente en vértigo, posee una no oficializada legión de devotos. Algunos más enfáticos que otros, más furiosos o esquivos. La hemos escrito desde el apego, la nostalgia, la desazón. La hemos inventado en crónicas, celebrado en poemas, desfragmentado en cuentos y novelas, procurado en ensayos. A Caracas también se le pinta, se le detiene en fotos, se le convierte en documental y película. Se le canta. Se le hiere y desgobierna. Caracas se derrumba un poco todos los días. Se reinventa de mes en mes. Es una mutante escenografía de cinco millones de personas que conviven en su asfalto hirviente y roto. (…) La indiferencia es su documento prohibido. Parece imposible vivirla y desechar la experiencia. Todo lo contrario. Se inmiscuye en el blanco de la página…”

Si la visión cruda de Padrón sobre Caracas puede dejarnos con un inevitable sabor a dura realidad, el monumental trabajo de Ana Teresa Torres nos transporta por sendas diferentes que, sin eludirla, bien podrían servir de sustento a su necesaria reconstrucción física y espiritual en tiempos donde la esperanza y el optimismo vuelven a formar parte de nuestra cotidianidad ante la proximidad del fin de una pesadilla que dura ya 20 años.

Por ello la interpretación que hace Rafael Castillo Zapata de Fervor de Caracas, publicada en fechas también próximas a su lanzamiento titulada “Un arca contra el diluvio”, donde relaciona la antología elaborada por Ana Teresa Torres con el libro Personajes alemanes de Walter Benjamin, puede llenarnos las alforjas del empuje y la inspiración que necesitamos en momentos como los actuales. Castillo se atreve a decir que Fervor de Caracas, y con ello cerramos esta nota: “… pertenece a esos raros libros (…) que pueden considerarse como arcas: en ellos están contenidos materiales que, tras el diluvio, pueden contribuir a restituir a la vida a una cultura arrasada por el caos provocado por los desatinos de la historia. Hace tiempo, visto el volumen del libro, su tapa dura, su longitud, pensé en él como en una tabla de salvación, un madero que podría servirnos para flotar en medio del mar enrarecido y embravecido en el que nos movemos y en el que, a juzgar por todos los indicios, seguiremos moviéndonos durante cierto tiempo aún. Pero la imagen del arca es, sin duda más hermosa y, sin duda, más justa. En el momento de peligro que hoy vivimos, el libro que Ana Teresa Torres ha compilado, puede cumplir el papel que Scholem, emocionado, le asignaba al libro de Benjamin, su amigo, cuando escribía: ‘El autor habría recogido en un libro construido como un arca, aquello que ha de ser capaz de resistir al diluvio’. Las connotaciones judías de esta imagen son más que evidentes y remiten, sin duda, al significado particular de las Escrituras sagradas. Por eso digo que, guardando todas las distancias, Fervor de Caracas puede cumplir, ahora, en este preciso instante de nuestra vivencia política contemporánea, un papel similar al que jugó el arca escrita por Benjamim, en aquel momento crucial para Alemania frente a la amenaza fascista, es decir el papel de dique de resistencia o de un instrumento de flotación. Fervor de Caracas está armado, en efecto, como un arca hecha para resistir al diluvio presente, inclemente, y al diluvio venidero, que sabemos que vendrá, pues siempre inevitablemente viene, aunque no sepamos cómo, ni cuándo ni hasta cuándo, ni de dónde ni por qué”.

ACA

visitas memorables

Oriol Bohigas (Barcelona, 1925)

Cuando Oriol Bohigas viene por primera vez a Caracas en 1976, invitado por los organizadores de la VI Bienal Nacional de Arquitectura (evento que se realizó en los espacios del Museo de Bellas Artes) para participar en un ciclo de charlas donde también figuraban Kenzo Tange y Fernando Belaúnde Terry, ya había traspasado los 50 años de edad, se encontraba inmerso en el interesante período que caracterizó la transición española luego de la muerte de Franco en 1975 y llevaba 25 años asociado con Josep Martorell y 14 con David Mackay con quienes había abierto en 1962 el estudio MBM Arquitectes, de donde había salido una serie de obras y proyectos que se pueden considerar emblemáticos de la arquitectura española de la época y que servirían de base para la publicación del libro Martorell, Bohigas, Mackay: Arquitectura 1953-1978 (1979), donde Charles Jenks se atreve a reafirmar lo que el propio Bohigas, en su conocido texto “Una posible ‘Escuela de Barcelona’” (1969), ya había adelantado.

Bohigas, sin embargo, más allá de su sociedad profesional brillaba con luz propia. En 1951, siendo muy joven, había participado en la fundación del Grupo R, movimiento liderado entre otros por Josep Antoni Coderch que surgió como reacción a la arquitectura de corte académico monumentalista desarrollada en los años de la posguerra española, con la voluntad de entroncar con la actividad que el GATCPAC, primer grupo de vanguardia con presencia en la Península Ibérica, de inspiración racionalista, ya había propuesto desde antes de la Guerra Civil. Se nutrió el Grupo R (que se consideraba a sí mismo como postfuncionalista) no sólo del racionalismo y las corrientes de vanguardia internacionales, sino también de diversos estilos practicados anteriormente en Cataluña, como el modernismo y el novecentismo, con un especial énfasis en el carácter mediterráneo de la arquitectura popular catalana. De la arquitectura contemporánea practicada a nivel internacional sienten admiración por el Neoliberty y el contextualismo italiano, así como por el organicismo nórdico.

Ya para 1976 Bohigas, como parte de su propia evolución que se dio luego que en 1961 cesaran las actividades del Grupo R, había escrito tres de sus principales textos que eran objeto de discusión por su talante contestatario, preocupados por asentar principios sólidos para una posible identidad de la arquitectura catalana contemporánea y muy críticos con el desempeño convencional de la arquitectura que se hacía: Arquitectura Modernista (1968), Contra una arquitectura adjetivada (1969) y Proceso y erótica del diseño (1972).

La segunda visita que hace Bohigas a Caracas data de 1981, a instancias del Instituto de Arquitectura Urbana, luego de haber sido Director de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, cargo que ejerció entre 1977 y 1980 y que deja para ser Delegado del área de Urbanismo del Ayuntamiento de Barcelona hasta 1984. Si su primer paso por Venezuela estuvo signado por un sesgo si se quiere más vinculado a la reflexión asociada a la práctica arquitectónica, ya en este segundo se empezaba a perfilar la fortaleza de un pensamiento en torno a la relación arquitectura-ciudad que fue desarrollando desde el cargo que ejercía dentro de la política urbana de su ciudad y que supo aprovechar al máximo cuando luego sería nombrado en 1984 por el alcalde Pasqual Maragall como consejero de Urbanismo del Ayuntamiento de Barcelona, desde donde trabajó en las grandes obras proyectadas con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992, marcando un antes y un después dentro de la historia de la ciudad. De esta trascendental experiencia aparecerá de la mano de Bohigas otra importante publicación que recoge sus fundamentos teóricos y conceptuales: Reconstrucción de Barcelona (1985). También permitirá a MBM participar proyectando a modo de efecto demostrativo la importante operación urbana integrada por la Villa y Puerto Olímpicos.

La actuación modélica de Bohigas en Barcelona, que partió del abandono de la estrategia de los planes urbanísticos generales, reconoce a la ciudad como un hecho político y, como tal, cargado de ideología y de práctica política. Así, la ciudad es concebida como el conjunto de sus espacios públicos entendiéndose como espacio público no sólo a los espacios urbanos, sino también a la inserción de la arquitectura en los servicios colectivos donde piezas relevantes juegan un papel fundamental en su estructuración. En otras palabras, la ciudad debe ser pensada no como un sistema global y unitario, sino como una suma de sistemas relativamente autónomos en la que el espacio de la vida colectiva no puede ser un espacio residual, sino un espacio significativo, proyectado, minuciosamente diseñado.

«Hay que dar un paso adelante en la exigencia proyectual. Hay que definir concretamente las formas urbanas. Es decir, en vez de utilizar los planes generales como documento suficiente, hay que imponer los proyectos urbanos puntuales. Si me permiten decirlo exageradamente, diría que hay que sustituir el urbanismo por la arquitectura. Hay que proyectar el espacio público -es decir, la ciudad- punto por punto, área por área, en términos arquitectónicos», declaró Bohigas en el acto de entrega del premio del RIBA en 1999 casi a modo de manifiesto. Esta manera de proceder que deja de lado el sistema de Planificación por el de Proyectos Urbanos lo entendió y respaldó el alcalde Maragall convirtiéndose posteriormente en parte del programa del Partido Socialista de España liderado por Felipe González.

Entre 1981 y 2008, fecha de la última visita de Bohigas a Caracas transcurren 27 años en los que se consolida su figura y se valora al máximo su rol dentro de la transformación urbana de Barcelona y el pensamiento que la soporta. Las expectativas de su venida a Venezuela en octubre de aquel año, ya con 82 años a cuestas, estaban, por tanto, influidas por la necesidad de escuchar de boca de un maestro reconocido opiniones sobre el futuro urbano de nuestras ciudades y el papel que juegan los arquitectos en el actual diseño de las mismas, lo que dio como resultado una presentación en el IESA y otra en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, además de diversas reuniones más puntuales. La Fundación para la Cultura Urbana, quien invita a Bohigas en ocasión de realizar su Conferencia Anual, fungiría en esta ocasión de anfitriona junto a la FAU UCV y Econinvest. La polémica de parte de alguien que nunca la ha evadido hizo acto de presencia de diferentes maneras a lo largo de su estadía.

Desde declaraciones en las que definió a Caracas como una “anticiudad”, hasta la manifestación de tesis que iban en contra de la autonomía universitaria, Bohigas pasa esta vez por Caracas precisando, si cabe aún más, las líneas maestras de su visión urbana o emitiendo opiniones no necesariamente complacientes (sin dejar por ello de lado su posición progresista) en torno a los planes que ofrecía en plena campaña el aspirante del partido oficialista a la Alcaldía del Municipio Libertador. El 5 de octubre aparece publicada en El Universal una candente entrevista a cargo de la periodista Mirelis Morales y William Niño Araque, por su parte, publica  ese mismo día en El Nacional un interesante artículo titulado «Bohigas, entre la esperanza y la desilusión» que permitía al lector conocer mucho mejor al personaje y su ideario mediante un repaso de sus más importantes logros.

La conferencia que dictó en el IESA de San Bernardino el lunes 6 de octubre, generó las mayores expectativas. Allí se presentó un Bohigas severo, tajante, más académico, alertando sobre la crisis de las ciudades y la inminente posibilidad de que la arquitectura desaparezca, al no entenderse ya como un concepto al servicio de los ciudadanos. Centrado, una vez más, en valorar al máximo la dinámica que involucra el equipo conformado por Estado-promotores-profesionales-vecinos y a privilegiar el espacio público para el disfrute del ciudadano común rompiendo las reglas de los grandes planes maestros, sus recomendaciones apuntaron, de nuevo, a pequeñas soluciones enmarcadas dentro de zonas controladas para crear efectos positivos que irradien al resto del territorio, no sin dejar de advertir que cada vez es más difícil «ayudar a formar el espacio público al servicio de la comunidad», lamentándose de que la arquitectura sea hoy en día un «espectáculo» al servicio de una idea «comercial y especulativa». «El arquitecto es un personaje secundario, en vez de ser el ideólogo que da personalidad y buen pensamiento a la arquitectura. Cada vez se le aparta más de las líneas de producción» llegó a decir.

Hoy a sus 93 años, con problemas de salud y algo alejado de la actividad pública, profesional y académica que siempre le han apasionado, Bohigas ha atesorado a lo largo de su vida premios y reconocimientos, pero ante todo la satisfacción de haber visto hechos realidad una muy buena parte de sus proyectos entre los cuales su querida Barcelona ocupa un lugar privilegiado. Salvo contadísimas excepciones, las autoridades de Caracas todavía no lo han escuchado ni mucho menos comprendido.

ACA

¿SABÍA USTED…

… que en 1959 la Shell Caribbean Petroleum Co.concluye la construcción de dos importantes Estaciones de Servicio en la ciudad de Caracas?

1. Izquierda: José Lino Vaamonde, fotografía extraída de su documento de identidad cuando asistió a la Exposición Internacional de París en 1937. Derecha: Detalle de la portada el libro La Guerra Civil española: reacción, revolución y venganza de Paul Preston

Cuando en el año 1946 la Shell Caribbean Petroleum Co. toma la decisión de crear una sección de arquitectura que se encargara de atender el urbanismo y diseño de campamentos petroleros, sus viviendas y sus diferentes servicios (clubes, edificaciones educativas y de atención médica o elementos de apoyo), así como también diversas necesidades que la compañía requería y aportaba a los centros poblados próximos a los lugares donde su actividad extractiva se desarrollaba, fundamentalmente en el occidente del país, le asigna tal responsabilidad al arquitecto español José Lino Vaamonde Valencia (Orense, 1900- Caracas, 1986).

Vaamonde, quien nunca revalidó en Venezuela su título obtenido en la Escuela de Arquitectura de Madrid en 1927 (a los que sumó los de arquitecto sanitario y aparejador en 1934), llega como refugiado político en noviembre de 1939 luego de desarrollar una destacada labor tanto profesional (a nivel y privado y público) como política en España, donde siendo miembro de la Izquierda Republicana prestó sus servicios al gobierno de Manuel Azaña entre 1936 y 1939.

Siguiendo el artículo dedicado a Vaamonde elaborado por Isabel Argerich Fernández para el portal de la Real Academia de la Historia de España (http://dbe.rah.es/biografias/44253/jose-lino-vaamonde-valencia), destacan del período en que ejerció la profesión en la península su participación “en la construcción del Metro de Madrid (1927) y del ferrocarril Orense-Santiago (1929), dedicándose desde entonces al urbanismo. También trabajó para Secundino Zuazo en los planes de Reforma Interior y Ensanche de Madrid, Ensanche de Zaragoza y Plan Comarcal de Madrid”. En 1934 presentó a concurso del Ministerio de Obras Públicas en colaboración con Luis Pérez Mínguez y Joaquín Ortiz García un proyecto para poblados en zonas regables del Guadalquivir por el que logró mención especial del jurado. “En 1935 fue (…) premiado por su estudio Algunas aportaciones al estudio de la Vivienda Rural española; al año siguiente se distinguió con la 1ª Medalla en la Exposición de Bellas Artes de Córdoba (Sección Construcción) con el proyecto Vivienda Mínima para Obreros”. Simultáneamente, Vaamonde jugó un destacado papel en la creación de los Colegios de Arquitectos desempeñándose como secretario de la Sociedad Central de Arquitectos los años 1929 a 1931, “miembro fundador y secretario del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid desde 1931 a 1934, así como fundador y secretario general del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España entre 1932 y 1934”.

Incorporado al gobierno republicano, comienza una intensa actividad para la protección institucional del Tesoro Artístico español. “En octubre de 1936, fue nombrado arquitecto conservador del Museo del Prado, y vocal arquitecto de la Junta Central del Tesoro Artístico tres meses después. Como tal, dispuso medidas para la protección del Museo, y se responsabilizó de uno de los aspectos cruciales de la vasta operación de traslado de obras maestras a Valencia: su recepción y adecuada conservación en dicha ciudad”. Finalmente, destaca su participación como Comisario General Adjunto del Pabellón Español en la Exposición Internacional de París  de 1937.

Como ya se señaló, transcurridos 7 años desde su llegada a Venezuela en los que realizó varias actividades en la ciudad de Valencia asociado con Joaquín Ortiz García, Vaamonde es contratado por la Compañía Shell-Venezuela donde funda y organiza la Sección de Arquitectura en 1946 desempeñando la jefatura de dicha sección y, posteriormente, de la Sección de Proyectos. En 1958 (según recogemos del catálogo de la exposición “Arquitecturas desplazadas. Arquitecturas del exilio español” -2007- de la cual Henry Vicente Garrido fue director y comisario), “es designado Arquitecto Asesor de la Compañía, el más alto cargo arquitectónico dentro de la empresa”, de la que se retira en 1961. De 1956 es su participación como asesor en el proyecto para el edificio de la Shell Caribbean Petroleum Co. (Maracaibo) de Juan Andrés Vegas y de 1957 a 1960 su colaboración junto a Diego Carbonell y Miguel Salvador Díaz en el diseño del nuevo edificio sede para la misma compañía realizado en Chuao, Caracas.

2. Super Estación de Servicio Blandín, La Castellana. Rafael Valery S. bajo la supervisión de José Lino Vaamonde, 1954

De entre las edificaciones que se diseñan en la Sección de Arquitectura de la Shell (esbozadas en términos generales al comienzo de esta nota), no dejan de tener menor importancia los correspondientes a edificios de oficinas, de servicios y de alojamiento para la compañía y particularmente las estaciones de servicio (bombas de gasolina, como se les conoce popularmente) en algunas de las principales ciudades del país y en Caracas fundamentalmente.

Así, las “súper estaciones” de servicio Blandín y Las Mercedes, proyectadas la primera en 1954 y la segunda en 1955, pero abiertas al público en 1959, permiten destacar el cuidado que se tuvo a la hora de exponer por vez primera los resultados en dos localizaciones privilegiadas dentro de la capital de la calidad de diseño que la Shell aspiraba, sumado al hecho de que se trataba de las primeras incursiones arquitectónicas dentro de este uso cuyo programa fue ampliado con las más modernas prestaciones.

Blandín, ubicada en el cruce de la avenida del mismo nombre con la Teresa de Jesús en la Urbanización La Castellana, fue proyectada (con la supervisión de Vaamonde) por el arquitecto Rafael Valery S. (Catholic University of America, Washington, D.C. EE.UU), quien se había incorporado a la Shell en 1952. Para el diseño de esta edificación donde las variables funcionales son determinantes, es de destacar la correcta articulación de los dos cuerpos que la conforman a través de un tercero en que se ubica la tienda y el valor expresivo que cobra la estructura utilizada para salvar las luces requeridas por las dos actividades de mayor envergadura, siendo la dedicada al lavado de vehículos la que cobra mayor realce.

3. Super Estación de Servicio Las Mercedes. Carlos Augusto Gramcko bajo la supervisión de José Lino Vaamonde, 1955

El diseño de la Súper Estación de Servicio Las Mercedes, ubicada en un terreno de 4.600 m2 de la urbanización homónima, con frentes hacia tres vías, la Avenida Principal de la urbanización y las Calles Jalisco y California, corrió a cargo del arquitecto Carlos Augusto Gramcko (FAU UCV, promoción 3 / 1954), también bajo la supervisión de José Lino Vaamonde. Para esta importante localización dentro de un sector que empezaba a cobrar gran vitalidad urbana, se planteó una edificación predominantemente horizontal, acentuando el efecto al colocar mármol negro en los bordes exteriores de la cubierta. Los cerramientos interiores de la estación de servicio fueron resueltos utilizando grandes vanos, cerrados con marcos de aluminio anodizado y cristal reforzado, que permitían a los clientes observar las naves de lavado, engrase y secado mientras los empleados atendían sus automóviles. Con el ánimo de destacar la estación de servicio del conjunto de edificaciones existentes en la urbanización, se incorporó al proyecto a Alejandro Otero (1921-1990) notable pintor y escultor venezolano, quien creó un delgado prisma vertical de 15 metros de altura, 1,20 de ancho y 0,20 cms de espesor, de concreto armado, recubierto de aluminio anodizado gris con oro en sus caras principales, visibles a larga distancia, el cual descansaba en un pequeño espejo de agua, siendo esta la primera intervención de carácter urbano que hiciera el connotado artista plástico en la ciudad. Ambas estaciones de servicio han sufrido a través del tiempo diversas intervenciones que las han desfigurado e impiden detectar los valores de las propuesta originales. Por fortuna luego de momentos de incertidumbre que se produjeron a raíz del último cambio de administración, la obra de Alejandro Otero, despojada de las condiciones que la rodeaban en 1959 aún logra marcar su presencia en la hoy congestionada esquina de Las Mercedes donde se encuentra.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. Izquierda: https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Lino_Vaamonde. Derecha: Paul Preston, La Guerra Civil española: reacción, revolución y venganza, 2010

2 y 3. Colección Crono Arquitectura Venezuela

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 142

Este plano de Caracas a escala 1:5000, cuya elaboración se atribuye a la Ingeniería Municipal del Distrito Federal, permite apreciar con mayor detalle lo que Irma De Sola Ricardo de Lovera (1916-1991) en el libro Contribución al estudio de los planos de  Caracas (1967) denomina como “la formidable obra urbanística oficial” que se desarrollaba en dicha entidad, donde la ciudad emerge como objeto de modernización de la mano de los lineamientos fijados por el Plano Regulador de 1951.

Nuevas urbanizaciones, autopistas, edificios y grandes infraestructuras modernas apuntan a un cambio de escala de la ciudad, producto tanto de un trabajo multidisciplinar como del auge económico en la capital. De aquí que plantear que nos encontramos ante el nacimiento de una ciudad policéntrica o ante la germinal presencia de ciudades dentro de la ciudad no sería exagerado.

El plano elimina la topografía, y muestra el Distrito Federal estructurado con base en las múltiples y diversas redes viales que, de forma heterogénea, conforman una ciudad compuesta por retazos, donde se perciben fragmentos diversos, desvinculados, sin una idea organizadora. Cada red representa cómo la urbe se va conformando por el libre y descontrolado juego de fuerzas sociales y económicas, cuyo resultado son procesos de urbanización aislados, desarrollados bajo reglas propias e independientes.

Por otro lado, en el plano también es posible identificar ciertas piezas de arquitectura, de distinto carácter e índole urbana, dispuestas bajo una lógica que atomiza la ciudad de forma funcional y las conecta mediante sistemas rápidos de circulación vehicular. El Helicoide de la Roca Tarpeya, el teleférico al Ávila ubicado en Maripérez, la urbanización 2 de Diciembre (posteriormente 23 de enero), el Centro Simón Bolívar, la Ciudad Universitaria y el Sistema Urbano de la Nacionalidad (que incluye el Paseo Los Símbolos y el Paseo Los Ilustres), se representan en este plano como nuevas y grandes infraestructuras que cambiarán la escala y percepción de la ciudad, conectadas por nuevas e importantes vías expresas. Modelos de vivienda social como la urbanización Carlos Delgado Chalbaud en El Valle, Pedro Camejo al norte de la ciudad, en el límite oeste entre el Recreo y La Candelaria, o los primeros bloques de la urbanización Simón Rodríguez, también emergen como parte de la obra pública. William Niño Araque expresará en “Ciudad definitiva. Un paisaje plenamente moderno” –Santiago de León de Caracas. 1567/2030- (2004): “… la verdadera modernidad visual y urbana se plantea simbólicamente a partir  de 1º de enero de 1950, con la inauguración de la avenida Bolívar y se prolonga en un esfuerzo monumental hasta el 23 de enero de 1958, (…) cuando la metrópoli abarca la extensión total de su territorio”.

Para la realización del plano, que contempla únicamente el Departamento Libertador del Distrito Federal (de allí que la trama se vea cortada hacia el este en el límite con el Distrito Sucre por la quebrada de Chacaíto y que tampoco aparezca el Departamento Vargas que abarca todo el Litoral Central y sus parroquias consideradas foráneas: Caraballeda, Carayaca, Caruao, La Guaira, Macarao, Macuto, Maiquetía y Naiguatá), se tomó como base el “Plano de Caracas por Parroquias” de 1936. Dicho plano, elaborado también por la Ingeniería Municipal, recoge lo establecido por la Ordenanza emitida aquel año por el Concejo Municipal del Distrito Federal, y es reseñado por De Sola Ricardo en la página 158 de su libro, siendo “la primera vez en la historia de las parroquias en que se hace una demarcación civil y no se nombran las parroquias eclesiásticas como se acostumbró hasta 1889”. Ello implicaría un gran cambio en el sentido de pertenencia de los ciudadanos cuyas viejas referencias se verían desdibujadas. Así mismo, las demarcaciones parroquiales mostrarían desigualdades en su extensión, encontrándose parroquias muy extensas, así como otras con áreas muy pequeñas. Cabe destacar que los límites de las parroquias fueron trazados tomando como referencia la mitad de la vía, considerando las recomendaciones de modificación de los limites parroquiales realizadas por Ricardo Razetti en 1910.

Valga decir, además, que los límites parroquiales representados por líneas punteadas, establecidos en la Ordenanza de 1936, sufrirían modificaciones posteriormente en 1939 y 1941. En 1939 se modifican los límites de las parroquias Sucre, Catedral y San Juan y luego en 1941 los límites de las parroquias San José y Candelaria.

En definitiva, el plano de 1956 que hoy nos ocupa, muestra las áreas de las parroquias urbanas del Distrito Federal a saber: Catedral, Altagracia, Candelaria, Santa Teresa, San José, Sucre, San Juan, La Vega, Antímano, Santa Rosalía, El Valle, San Agustín y El Recreo, obviando las consideradas foráneas.  También muestra que esta división de la capital, pareciera no seguir ningún criterio geográfico, religioso, geométrico, territorial, urbano o funcional.

La “modernidad instantánea” que se ofrece en esta representación, se constituyó en un fenómeno urbano donde en muy corto tiempo se desarrollaron importantes estructuras que cambiarían la fisonomía de la capital definiendo nuevos limites entre la arquitectura y la ciudad. Esta forma de trocear Caracas con limites parroquiales que no siguen claros criterios de orden, fijando fronteras que no guardan relación con los trazados urbanos, originará áreas huérfanas y dividirá urbanizaciones. Como consecuencia, San Bernardino quedará seccionada a la mitad entre las parroquias Candelaria y San José. A su vez el borde este entre la parroquia El Valle, y el limite territorial con el Distrito Federal, quedará como un área huérfana sin pertenencia a parroquia alguna.
En este período los hechos urbanos sucederán tan aceleradamente que terminarán imponiéndose a la legislación, un fenómeno catalogado por De Sola Ricardo como “la rebelión de los hechos contra el derecho”, que persistirá por décadas en la capital.

IGV