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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 240

Sin ser el edificio más emblemático ni tampoco el más conocido de cuantos se proyectaron en la oficina fundada prácticamente después de graduados ambos de arquitectos en 1957, en la sexta promoción de la FAU UCV, por Bernardo Borges Winkelmann (1932-2010) y Francisco Pimentel Malaussena (1934), bajo el nombre de A. A. Arquitectos Asociados, el Colegio Loyola en Puerto Ordaz (hoy conocido como Colegio Loyola-Gumilla), constituye, por un lado, una de las pocas oportunidades que tuvieron de diseñar una edificación de esas características y por el otro el hacerlo lejos de Caracas ciudad donde la firma concentró su actividad y con el tiempo acumuló sus más importantes realizaciones.

Además, tampoco es menos importante considerar el hecho de que los jesuitas apostaran por levantar una importante sede educativa a escasos seis años de haberse colocado la primera piedra de lo que se consideró la unificación de los pueblos del recién creado Distrito Caroní, en una sola ciudad con el nombre de Santo Tomé de Guayana o Ciudad Guayana, apostando fuerte al futuro de una zona que se ofrecía como epicentro del mayor desarrollo industrial del país basado en la extracción y producción de hierro y aluminio. Para que ello ocurriera es necesario agregar que tal iniciativa se dio gracias a una invitación que realizara a la congregación religiosa el general Rafael Alfonzo Ravard, presidente de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), antiguo alumno del Colegio San Ignacio de Caracas, la cual aceptó el llamado. Ravard, afanado en incorporar educación católica de calidad para la naciente ciudad, firmaría en 1964 un contrato como máxima autoridad de la Corporación con los jesuitas para aportar el terreno y la construcción de la nueva sede. Mientras se realizaba el proyecto y ejecutaba la obra, el colegio inició sus actividades en una instalación provisional en el Parque Cachamay en 1965 (en lo que hoy sería el helipuerto del Hotel Venetur Intercontinental). Ravard, además, contaría con la incondicional colaboración del padre José Luis Andueza (primer Rector y a la vez Director desde 1967 hasta 1973) y el hermano José María Armentia (primer Director entre 1965 y 1967), quienes llevarían las riendas de la institución.

1. Dos imágenes previas al año 1965 correspondientes al momento en que el Colegio Loyola-Gumilla aún se denominaba Colegio de los Padres Jesuitas y que luego se conocerá como Colegio Loyola. Su denominación actual es del año 1968

Del portal http://www.loyola85.com/Historia/historiacolegio.htm hemos sabido que la entidad “inicialmente fue conocida como Colegio de los Padres Jesuitas, luego como Colegio Loyola y desde 1968 al unirse los alumnos del Instituto Gumilla (fundado por el Padre Palacios de Borao en 1959) obtiene su denominación actual: Colegio Loyola-Gumilla”. También que a mediados de 1965 cuando comienzó a funcionar “contaba con 90 alumnos, y para el siguiente con 248. En mayo de 1966, debido a la subida del río, se mudó a unas instalaciones de la CVG en la urbanización Chilemex. En 1967 inició sus labores en la locación actual, aún en construcción”, la cual se inauguraría oficialmente en 1968. Más adelante, en el curso escolar 1968-69, tras la muerte del padre Palacios el año anterior, se anexó por orden de Roma el Instituto Gumilla al Colegio y comenzó la enseñanza mixta en bachillerato conviertiéndose en el primer Colegio mixto de la Compañía de Jesús en Venezuela. La primera promoción se graduó en 1969 con los alumnos provenientes del Gumilla. “En el curso 1974-1975 el pre-escolar se inscribe en el Ministerio de Educación. Los primeros alumnos que entraron en el kinder del Colegio Loyola-Gumilla, se graduaron en el año escolar 1976-1977. El preescolar y de primero a sexto grado funcionaron con dos secciones hasta el curso 1980-1981. En el curso 1981-1982 comienza a funcionar el kinder mixto con tres secciones (…) Entre 1968 y 1971 el Colegio tuvo alumnos internos y entre 1970 y 1978 funcionó el turno nocturno. La mayor cantidad de alumnos en estudio se alcanzó en 1989 con un total de 1.727 …”. Las religiosas Esclavas de Cristo Rey, quienes tenían a su cargo la formación de preescolar y primaria desde su fundación se retiraron del Colegio en 1980.

2. Toma satelital de la zona de Puerto Ordaz donde se encuentra ubicado el Colegio Loyola-Gumilla

Bernardo Borges, quien tuvo a su cargo la dirección del proyecto con la colaboración de su socio Francisco Pimentel y de un joven arquitecto graduado en 1963 incorporado a la oficina llamado Pablo Lasala, recibe un completo programa de actividades y un espléndido terreno de 20 hectáreas de la urbanización Los Saltos, en el cruce de la avenida Guayana con la Vía Colombia, con vistas hacia el Parque Cachamay y el Río Caroní para implantar allí la edificación. Debía disponer de aulas de clases, auditorio, capilla, bibliotecas, laboratorios de biología, física, química, comedor, estacionamientos, áreas de servicio, canchas de fútbol, baloncesto y béisbol en medio de una zona que no contaba con referencias edificadas en los alrededores por lo que el partido inicial contemplaba el que fuese la instalación la que creara su propio contexto.

3. Vista aérea de las instalaciones del colegio
4. Plaza-patio de entrada al colegio

Se optó, tal y como se puede observar en la fotografía aérea que ilustra nuestra postal del día de hoy, por adoptar una solución horizontal organizada teniendo como corazón un gran espacio o plaza central (acompañado de un amplio estacionamiento) en torno al cual se colocaron la capilla (de planta circular) como elemento protagónico, las actividades culturales (de las que destaca la silueta del auditorio) y las directivas, disponiéndose el resto de los cuerpos contentivos de las áreas de aulas diferenciadas según los niveles educativos y alejadas entre sí: una hacia el norte y otra hacia el sur donde también se ubica la zona de servicios generales. Todo el conjunto se encuentra vinculado por una serie de corredores cubiertos que permiten comunicarse bajo sombra a lo largo del extendido edificio de 34.000 m2 de construcción destinado a una población de 1.500 alumnos.

5. Vista de un patio interior con el auditorio a mano derecha
6. Dos tomas exteriores de la capilla del colegio
7. Espacio interior de la capilla del colegio

El carácter que se le dio a la edificación se encontraba muy a tono con la línea “brutalista” en cuanto al uso honesto de los materiales que desde un inicio caracterizó la obra de Borges y Pimentel, donde predominaba el uso del concreto obra limpia, influencia de haber vivido en su etapa formativa la construcción de la Ciudad Universitaria de Caracas y herencia de las enseñanzas directas de Carlos Raúl Villanueva.

También presenta una cuidada resolución de las articulaciones e intersecciones que se producen entre los cuerpos que la integran y una correcta consideración de las variables climáticas de las que la orientación, la ventilación cruzada y la protección solar son sus consecuencias más directas. La capilla, como ya se señaló, pieza  de mayor jerarquía dentro del conjunto, denota, además, el manejo teatralizado de la luz a favor de una ambientación acorde al uso y un notable manejo y tratamiento de la forma y el volumen.

Borges y Pimentel, que como estudiantes formaron parte del grupo de 23 cursantes de 5º año que en 1957 obtuvo el Primer Premio del III Concurso Internacional para Escuelas de Arquitectura, evento integrado a la IV Bienal del Museo de Arte de Sao Paulo, Brasil, con el trabajo “Comunidad Obrera de Putucual”, siempre estuvieron comprometidos con la actividad docente en la FAU UCV. Por tal motivo abrieron las puertas de su oficina a la incorporación no sólo del ya mencionado Pablo Lasala sino también de Jacobo Koifman (egresado en 1965) quien trabaja como arquitecto entre 1966 y 1986 y conformará con ellos entre 1986 y 1995 “BPK. Borges, Pimentel y Koifman Arquitectos”. Beltrán Alfaro, Alberto Espinal, Edwing Otero y Oscar Capiello (quien se asocia en 1990 creándose “T.A. Taller de Arquitectura”), entre otros, serán algunos de los talentosos arquitectos que pasaron por la firma.

De la oficina de Borges y Pimentel, miembros de lo que se podría denominar como la tercera generación de arquitectos modernos venezolanos, han salido un grupo importante de edificios que forman parte de la historia contemporánea de la ciudad de Caracas. En resumen, se pueden señalar los siguientes: el Proyecto del Conjunto El Universal (1968, en colaboración con el arquitecto inglés Georges Wilkie) del cual se construyó el edificio sede (1969) que en 1971 obtiene el Premio Nacional de Arquitectura; el edificio sede de Seguros La Previsora, C.A. donde colabora Jacobo Koifman y destaca la participación de Pablo Lasala y el calculista Agustín Mazzeo (1972); el edificio multifamiliar La Pirámide (Colinas de Bello Monte) con la participación de Beltrán Alfaro (1972); el Conjunto Residencial Parsanmón (Santa Mónica) junto a Jacobo Koifman (1972); el Centro Comercial Libertador (1973); la Torre Empresarial Parque del Este (Av. Francisco de Miranda) con Jacobo Koifman y Edwing Otero integrados al equipo (1978); la ampliación del Edificio Las Fundaciones (Av. Andrés Bello) con la colaboración de Pablo Lasala (1979); el Edificio CREMERCA (El Rosal) con participación de Jacobo Koifman (1980); el edificio sede de Británica de Seguros (Torre Británica) con la destacada participación de Jacobo Koifman y, de nuevo, del calculista Agustín Mazzeo (1982); la Torre Mijares (luego, Torre Banco de Lara) junto a Jacobo Koifman (1982); el estacionamiento y la Plaza de los Estadios de la UCV para los IX Juegos Deportivos Panamericanos, con Jacobo Koifman (1983); el Centro Empresarial Sabana Grande incorporándose Oscar Capiello al equipo (1997); el Centro Residencial Solano con Oscar Capiello (1998); y el Centro Plaza Las Américas II también con participación de Oscar Capiello (1999).

8. Espacios interiores de las áreas educativas
9. «La gran familia Loyola Gumilla: más de 1500 alumnos y un equipo de trabajo de más de 120 personas».

Actualmente el Colegio Loyola-Gumilla tiene más de 1.500 alumnos, un equipo de trabajo de más de 120 personas, un grupo de más de 70 profesores y ha formado a más de 5.000 egresados que, según su portal, “ ‘entramos para aprender y salimos para servir’ fomentando el pensamiento de San Ignacio de Loyola hace 475 años ‘en todo amar y servir’ y la frase que hace más de 280 años pronunció el padre Gumilla al sembrar la primera planta de café en estas tierras que ha sido nuestro eslogan: ‘lo sembré y creció’ ”. Con 55 años el Loyola-Gumilla sigue siendo el colegio “más joven” fundado por la Compañía de Jesús en Venezuela y de la Asociación de Colegios Jesuitas de Venezuela (ACSI) conformada, además, por el San Ignacio (Caracas) fundado en 1923, el Gonzaga (Maracaibo) creado en 1945 y el Instituto Técnico Jesús Obrero con su escuela y liceo (Caracas) de 1948.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Colección Crono Arquitectura Venezuela

  1. https://loyolagumilla.com.ve/52-anos-colegio-loyola-gumilla-alejandro-enrique-gamboa-diaz/

2. Captura tomada de Google Earth. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

3. https://comunikame.blogspot.com/2016/08/monsenor-ollaquindia-precursor-de-la.html

4. https://primicia.com.ve/guayana/ciudad/colegio-loyola-gumilla-cumple-55-anos/

5. https://es.foursquare.com/v/colegio-loyola-gumilla/4c029dc7187ec9286d71b47b/photos

6. https://www.jesuitasvenezuela.com/colegio-loyola-gumilla-cumple-52-anos/ y http://www.loyola85.com/Historia/historiacolegio.htm

7. https://loyolagumilla.com.ve/nosotros/20130207_180143/

8. http://patty.omegastar.com/school/el_colegio/elcolegio_index.shtml

9. https://paginatresblog.wordpress.com/2015/10/04/loyola-soy/

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Viaje al postcomunismo
 
Ana Teresa Torres y Yolanda Pantin
 
Editorial Eclepsidra
2020
 
Entre 2002 y 2012, y en varias etapas, las escritoras venezolanas Ana Teresa Torres y Yolanda Pantin recorrieron varios países de Europa, Rusia y Asia Central, todos ellos con la característica común de haber vivido bajo un régimen comunista. Producto de esa experiencia es el libro Viaje al poscomunismo, que acaba de ser publicado por Eclepsidra.
El libro fue presentado el sábado 7 de noviembre con la intervención de la escritora Krina Ber y el historiador y ensayista Tomás Straka, bajo la moderación de Carmen Verde Arocha, directora de la editorial.
Viaje al poscomunismo contiene textos de Torres y fotografías de Pantin, autora que obtuvo este año el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca. “Viajamos sin inocencia”, advierten las autoras. “Queríamos aproximarnos a nuestro futuro a partir de las huellas que había dejado en otros lugares el pasado comunista”.
“El motivo detrás de aquel propósito no era otro que la incógnita acerca de Venezuela, donde se había instalado un proyecto político con el nombre de socialismo del siglo XXI”, agregan. “Fue no sólo una indagación como creíamos, sino una preparación para el advenimiento de una realidad impensable, no tanto en lo que se refiere a nuestro país, sino porque trastoca el mundo que conocimos”.
Nacida en Caracas en 1954, Pantin es poeta, editora y autora de libros para niños. Ha publicado trece libros de poesía. En 2014 la editorial Pre-Textos reunió su obra poética en un volumen titulado País. En 2015 le fue otorgado en México el premio Poetas del Mundo Latino Víctor Sandoval por su trayectoria literaria, y en 2017 su libro Lo que hace el tiempo recibió en Madrid el XVII Premio Casa de América de Poesía Americana, por lo que fue publicado por la editorial Visor ese mismo año. Es fellow de la Fundación John S. Guggenheim.
Torres (Caracas, 1945) es novelista y ensayista. Varias de sus novelas han sido premiadas en Venezuela y en 2001 la Fundación Anna Seghers de Berlín le concedió el Premio Anna Seghers por la totalidad de su obra. La herencia de la tribu recibió mención especial del jurado del Premio de Ensayo Debate-Casa de América (2009) y La escribana del viento ganó en 2014 el Premio de la Crítica de Venezuela. Ha sido invitada como conferencista en los principales medios académicos de su país y en España, Alemania, México y Estados Unidos. Es académica de número de la Academia Venezolana de la Lengua.
En 1999 las autoras recibieron una beca y una residencia en el Bellagio Study Center de la Fundación Rockefeller para escribir El hilo de la voz, antología crítica de escritoras venezolanas del siglo XX (Venezuela, 2003).

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VALE LA PENA LEER

VIDAS EXTREMAS
Wright versus Abramović
 
Luis Fernández-Galiano

31 de ocubre 2020

Tomado de arquitecturaviva.com 

 Frank Lloyd Wright y Marina Abramović son ambos protagonistas de vidas extremas, pero los últimos libros que las documentan no pueden ser más diferentes. La más reciente biografía del arquitecto americano es un texto torrencial, sumamente barroco en el lenguaje y pirotécnicamente disperso en la narrativa, que se ramifica con anécdotas triviales o referencias a la propia peripecia personal del autor, Paul Hendrickson, un periodista que ha escrito también volúmenes sobre Hemingway o Robert McNamara; y la autobiografía de la artista serbia —publicada en 2016 con el título Walk Through Walls: A Memoir, y traducida ahora al castellano por Santiago González— es en contraste un relato transparente, íntimo y confesional, que presenta la trayectoria vital y creativa de quien se ha descrito a sí misma como la ‘abuela de la performance’, y sirve como una eficaz introducción al significado de su trabajo en el panorama de las artes contemporáneas.

Lo mismo no puede decirse de Plagued by Fire, cuya lectura exige conocer previamente la vida de Wright, que aquí se relata en forma de flashes discontinuos y no necesariamente cronológicos, eligiendo siempre los episodios más melodramáticos, que se describen con manierismo febril y minuciosidad sensacionalista. Esa prosa se ha descrito críticamente como «detail masquerading as depth», y el formidable esfuerzo de Hendrickson por documentarse —que le lleva a polemizar repetidamente con los anteriores biógrafos de Wright— aporta más hojarasca de detalles que substancia narrativa. Los crímenes y el incendio de Spring Green, con los que se abre el libro, o la relación juvenil de Wright con el arquitecto Cecil Corwin, que se sugiere homoerótica, se relatan entreverando lo comprobado con lo especulativo, ofreciendo la información en migajas como en una novela de misterio, y usando la primera persona para establecer una relación de intimidad con el lector.
‘Los sueños y las furias’ de este Wright en llamas, más centrados en el personaje épico que en la obra arquitectónica, beben sin embargo en buenas fuentes, y el autor explicita su deuda con Meryle Secrest, Robert Twombly, Brendan Gill, Ada Louise Huxtable, Neil Levine, Kathryn Smith o Anthony Alofsin —los trabajos más recientes de los tres últimos reseñados por cierto en Arquitectura Viva 181, 200 y 216—, además de la autobiografía publicada por Wright en 1932, un documento esencial pese a las numerosas inexactitudes que contiene, y cuya grandilocuencia lírica inspira el tono dramático y confidencial de Hendrickson.

Si esa proximidad susurrante resulta incómoda en una biografía —que hasta el auge de la autoficción postmoderna solía tener como propósito la desaparición de su autor—, es tan adecuada como inevitable en unas memorias, y las de Abramović se presentan como un esfuerzo por desnudar su vida, desde los traumas de la infancia a los éxitos de la madurez, al igual que la artista desnuda y expone su cuerpo en tantas de sus performances. Más mitológico que reflexivo, y deslizándose a veces hacia misticismos new age, el texto es sin embargo un relato ameno, emocionante y divertido de los amores y desamores de la que hoy es una gran diva, y de sus empeños en el mundo del arte, donde la intensidad peligrosa de sus exorcismos chamánicos la convirtieron en una figura reverenciada. Con su valentía insensata frente al riesgo de la violencia y la muerte, la artista nos recordó la vulnerabilidad frágil de nuestros cuerpos, y ahora nos invita a continuar derribando muros emocionales a través de un recorrido franco por su vida extrema.

Paul Hendrickson 
Plagued by Fire
The Dreams and Furies of Frank Lloyd Wright
Editorial Bodley Head 
2019
624 páginas
Idioma: inglés

Marina Abramović
Derribando muros
Editorial Malpaso
2020
352 páginas
Traducción:
Santiago González

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ES NOTICIA

Uno de los proyectos inéditos de Frank Lloyd Wright fue revelado al público: el Capitolio del estado de Arizona

Escrito por Christele Harrouk

Traducido por Piedad Rojas

12 de diciembre de 2020

Tomado de Plataforma arquitectura

La Fundación Frank Lloyd Wright, a través de una extensa investigación de archivo, descubrió un proyecto sin construir nunca antes visto: el Capitolio del Estado de Arizona. Un «oasis de democracia en el desierto de Sonora», el proyecto revelado en la última edición de The Frank Lloyd Wright Quarterly fue remodelado digitalmente y presenta visualizaciones fotorrealistas de David Romero.

El diseño radical implica mucha controversia, según el artículo escrito por Rebecca Rhoades en The Frank Lloyd Wright Quarterly. «¿Qué podría ser más ridículo que Arizona se declarara ante el mundo y nuestros propios descendientes por haber rechazado a Frank Lloyd Wright como arquitecto?» dijo un residente local en una carta al editor de Phoenix Gazette. De hecho, en 1957, la propuesta de Wright para la ciudad de Phoenix desató un debate entre los ciudadanos y nunca llegó a término. Algunos lo llamaron burdel oriental, mientras que otros pensaron que era demasiado caro para construirlo.

El oasis, según la descripción de Wright, es un refugio de un piso, inspirado en la Alhambra, la gran fortaleza de los reyes moros del siglo XIV en Granada, España. En ese momento, Wright declaró que “en todo mi trabajo, nunca hice nada por las personas cuya comunidad disfruté durante 25 años. Quiero hacer algo al respecto «. Con la esperanza de hacer un proyecto en beneficio de la gente, Wright imaginó exuberantes jardines botánicos bajo una cúpula de hormigón y cobre de 120 metros de ancho.

Integrando la arquitectura con el paisaje, la propuesta también cuenta con una sala central donde se exhibirían las obras de artistas de Arizona. El proyecto inicial contó con dos torres, para radio y TV, que luego se transformaron en un solo elemento vertical.

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¿SABÍA USTED…

… que el 11 de agosto de 1942 abrió sus puertas el hotel Ávila?

1. Hotel Ávila. Wallace K. Harrison (con Max Abramovitz & Jaques André Fouilhoux), 1942 . Fachada principal hacia la calle

Caracas estuvo esperando muchos años para contar con una instalación hotelera acorde a su jerarquía como capital de la República. Más aún cuando a partir de la conversión de Venezuela en país exportador de petróleo comenzó a recibir cuantiosos ingresos y a ser objeto de importantes inversiones que derivaron hacia la mejora paulatina de su infraestructura.

2. Vista satelital de la urbanización San Bernardino con el señalamiento algunas de las principales edificaciones allí ubicadas. El hotel Ávila está distinguido con el número 4.
3. Cruce de las Avenidas Vollmer (derecha) y La Estrella (izquierda), San Bernardino, Caracas. Años 1950

De allí que cuando la ciudad comienza a crecer decididamente, y a finales de los años 1930 se rompe por primera vez de manera clara con el tradicional patrón de retícula característico de su casco histórico, y se desarrolla la urbanización San Bernardino, los capitales norteamericanos ligados a los hidrocarburos ven en dicho sector una buena oportunidad para invertir. Ello daría pie a la construcción de los mejores hoteles de la época: el Waldorf (1944), Potomac (1949) y Astor (1950), encabezados por el Ávila (1942), el de mayor estatus y más amplias comodidades y servicios de todos ellos. Luego se terminará de construir en San Bernardino el Centro Médico (1947), obra de Stelling, Tani & Cía., con asesoría de Edgar D. Martin, de Chicago; y la Shell contratará a Badgeley & Bradbury, una compañía de arquitectura de Nueva York, para la elaboración del proyecto de su edificio sede que termina de construirse en 1950.

Estas iniciativas, junto a la ejecución en 1944 de la primera edificación sede en Venezuela de la Creole Petroleum Corporation en la Plaza Mohedano; la instalación de la Embajada de los Estados Unidos en el edificio Valderrey (1948) en San Bernardino, obra del ingeniero Emilio Solórzano Yánez; la ocupación por parte de la Mene Grande Oil Company (tercera en producción tras la Creole y la Shell) del edificio Vulcania, también en San Bernardino; y de cinco pisos del recién construido Edificio Phelps (1946), obra del arquitecto estadounidense Clifford C. Wendehack, ubicado entre las esquinas de Veroes a Ibarras, por la Sinclair Venezuelan Oil Company, han llevado a Henry Vicente en el texto “Distritos Petroleros en CCS”, aparecido en el portal Prodavinci el 8 de agosto de 2017, a considerar a la zona de San Bernardino-La Candelaria justamente como el primer “Distrito Petrolero” que se detecta en Caracas, cuya suerte “se sellaba simbólicamente en 1956 con el traspaso del Hotel Ávila a empresarios venezolanos”, luego de que el resto de las actividades mencionadas y sus respectivas sedes migrara al este de la ciudad.

San Bernardino, como ya se adelantó, es, corroborado por Henry Vicente, “la primera urbanización yuxtapuesta al centro de la ciudad con un esquema de ocupación territorial diametralmente opuesto a éste, de ejes y nodos estrellados, pero contando también con modelos de habitación aislada, suburbanos”. Su trazado libre y sinuoso con paseos arbolados centrales, aunque se atribuye a Maurice Rotival, tiene en el proyecto de Gustavo Vollmer (1897) un claro precedente y en la mano del ingeniero Gustavo A. Marturet su ejecutor material. Allí, a las faldas del Ávila, en un terreno de un poco más de 15 hectáreas perteneciente a la antigua Hacienda Gamboa, bordeado por el río Anauco que baja del cerro creando un remanso donde se forma la Laguna de Gamboa, Rotival, en 1939, a instancias de del Presidente Eleazar López Contreras, selecciona el lugar que se ofrece a Nelson Rockefeller para desarrollar un hotel que por su ubicación sobre una colina tendrá la oportunidad de aprovechar unas excelentes vistas sobre la ciudad.

4. Plan general e implantación del hotel Ávila
5. Hotel Ávila. Izquierda: Planta baja. Derecha: Primer piso
6. Hotel Ávila. Fachada Principal

El proyecto se le encarga al arquitecto norteamericano Wallace K. Harrison (1885-1981) a través de su firma Harrison, Fouilhoux & Abramovitz, de fuertes vínculos con el Grupo Rockefeller (para quien ya había proyectado en Nueva York el Rockefeller Center -1930-), quien hace una especie de alto en su militante adscripción a los movimientos de vanguardia europeos, «escucha al entorno» y se “tropicaliza” asimilando errores cometidos en encargos anteriores hechos en el Caribe, siendo el Ávila el único hotel que se detecta en la cronología de su obra y la única edificación realizada en Venezuela de su mano.

Hannia Gómez en el catálogo de la exposición “Our Architects en Caracas. Arquitectura norteamericana en Caracas. 1925-1975” (2017), señala cómo Harrison, quien cuando se termina de construir el hotel tenía 67 años, propone una arquitectura entre venezolana y americana, tradicional y moderna, internacional y caribeña, entre el Yatch Style y el Spanish Colonial (que) se convirtió en una referencia para toda la región desde el día mismo de su inauguración” y en “uno de los más importantes monumentos modernos de la capital”.

7. Vista aérea del hotel desde el noroeste

El edificio de 120 habitaciones se implanta como remate de la arbolada avenida Jorge Washington, se oculta entre la vegetación que lo antecede, y se direcciona compositivamente permitiendo el disfrute del Ávila y del valle de Caracas, a través de una planta compuesta por dos alas rectangulares que se articulan formando un ángulo, producto de una correcta lectura de las condiciones del sitio. Es en el vértice formado por los dos cuerpos “donde el arquitecto, siguiendo un impulso… absolutamente personal, inserta las formas libres de la marquesina de la entrada, del lobby y del salón de fiestas…”, comentará Gómez. Por otro lado, se señala cómo el pasillo-estar cubierto ubicado en la entrada del hotel que “garantiza la vista de la transitada terraza de la entrada”, proviene de emular al Caracas Country Club instalación que fuese visitada en varias ocasiones por Harrison y Nelson Rockefeller en busca de referencias “locales”.

8. Diversas tomas tanto del exterior como del interior el hotel

Harrison, egresado de la École des Beaux-Arts de París, adecúa su claro esquema funcional y la pura volumetría que rinden honores a la arquitectura moderna, a las condiciones climáticas húmedas propias del lugar donde se ubica, orientándolo correctamente, logrando una fluida relación entre el interior y el exterior, utilizando materiales locales y dotándolo, además, de elementos que lo aproximarán expresivamente a la arquitectura tradicional autóctona: romanillas en los corredores exteriores, balaustradas de madera torneadas en los balcones privados de las habitaciones y un amplio corredor previo al lobby central del hotel, todos cubiertos de teja criolla. La diferencia que se establece entre la lectura del edificio desde su acceso, donde se muestra complaciente con la cultura lugareña, y la que ofrece hacia el interior más decididamente internacional, revela aspectos interesantes de la formación del arquitecto y una proximidad asombrosa con la actitud asumida posteriormente por Villanueva (graduado también en la École des Beaux-Arts) en «El Silencio».

9. Vista actual de la fachada principal del hotel Ávila

“El Hotel Ávila, representó, como señala González Casas, un momento crucial del cambio cosmopolita vivido en la Caracas de los cuarenta”, apuntará Henry Vicente. En 1944 Clifford Wendehack realiza su ampliación (avalada por Harrison), reformulada y construida por la firma Hegeman-Harris. Al año siguiente (1945) el salón principal fue redecorado, y proyectadas la remodelación y ampliación del cuarto piso así como la “Casa del Presidente” por Badgeley, Wood & Bradbury.

El “experimento caraqueño” de Harrison es desplazado en 1953 como primer hotel de la ciudad al terminarse la construcción al sureste del hotel Tamanaco, el cual acompaña la aparición de un segundo “Distrito Petrolero”, pero eso es tema para otra ocasión. Desde hace años pasó al olvido aquel dicho que rezaba “en el Ávila es la cosa”, sinónimo de fiesta, celebración y encuentro en fechas importantes para la sociedad capitalina.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. https://www.pinterest.com/pin/382946774550958068/

2. Captura de Google Earth. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

3. https://twitter.com/tachirense89/status/1074131812870430720?lang=ar

4, 5 y 7. Hannia Gómez. Catálogo de la exposición «Our architects en Caracas. Arquitectura norteamericana en Caracas. 1925-1975» (2017)

6. https://www.ccscity450.com/obra/hotel-avila/

8. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

9. http://guiaccs.com/obras/hotel-avila/