Archivo de la categoría: Planos de Caracas

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 150

Como parte de la conmemoración del cuatricentenario de Santiago de León de Caracas, en 1967 la Dirección de Cartografía Nacional produce un detallado plano a color de la ciudad, basado en el plano de “Caracas, área metropolitana y sus alrededores” de 1957, actualizado sobre un conjunto de aerofotografías tomadas en 1966.

Titulado “1567 – Caracas – 1967”, el sencillo homenaje a la ciudad ordenado por el Ministerio de Obras Públicas, fue publicado un año antes de su difusión en 1967 por Irma de Sola en Contribución al estudio de los planos de Caracas, libro éste que se edita justamente como parte de las Ediciones de la Comisión de Asuntos Culturales del Cuatricentenario de Caracas al igual que Caracas en tres tiempos (1966) de Carlos Raúl Villanueva.

La representación de la ciudad en formato  plegable de 107 x 78 cm. constituye uno de los ejercicios cartográficos más consistentes de la ciudad en cuanto a diseño y representación, por la claridad, legibilidad, contraste de colores y nivel de detalle que ofrece. Dibujado a escala 1:20.000, está enmarcado con una franja artística, donde en la parte superior y al centro, se ubica el escudo heráldico de Caracas, evidenciando un sentido estético. El escudo, que se acompaña con la leyenda “Ave María Santísima sin pecado concebida en el primer instante de su ser natural”, se repite en el marco como detalle gráfico de menor tamaño, junto a elementos como la cruz de Santiago, la corona real, o el blasón y armas que contiene en la orla.

La compleja imagen cartográfica muestra la ciudad construida hasta 1967, contemplando las áreas urbanizadas, la vialidad, los ríos y quebradas, áreas verdes y edificaciones de importancia, graficadas sobre el portentoso marco geográfico del valle de Caracas, donde las curvas de nivel (altimetría) han sido sustituidas por un sombreado para describir el relieve.

La representación permite observar que para 1967, con una población de casi 2.100.000 habitantes, toda el área contenida entre el río Guaire y el límite del Parque Nacional el Ávila, se encontraba totalmente urbanizada, con una gran variedad de tramas urbanas, fragmentos sin geometría aparente, que pasarían a ser recurrentes en la ciudad. La ocupación y rápido desarrollo del sur, una vez traspasado el río como barrera natural, evidenciaba un salto hacia la metropolitización de la ciudad, con incipientes nuevos urbanismos definidos por la vialidad que comenzaban a tomar forma sobre una difícil topografía.

No será posible volver a encontrar en los nuevos urbanismos pista alguna del damero fundacional, que quedará circunscrito a aproximadamente 144 manzanas y cuya fórmula no se repetirá más. 

El plano deja ver a través de su representación las huellas de la modernidad, y de una capital construida por fragmentos, tramas disimiles y tejidos complejos. A su vez, también muestra trazados de proyectos en curso, como la construcción de mas de 500 viviendas para la clase media en El Cafetal, o el desarrollo de las urbanizaciones Prados del Este, Cumbres de Curumo, Macaracuay y Caurimare, como parte de la explosión urbanizadora que tendrá lugar al sureste de la ciudad. Ambiciosos proyectos futuros como la Cota Mil, que limitará el crecimiento de la ciudad al norte, y se conceptualiza como un vía alterna para evitar cruzar la ciudad por la Autopista del Este en el sentido longitudinal del valle, confirman las intenciones de mejoramiento y de desarrollo urbano planificado.

A pesar de que De Sola no ahonda en aspectos de fondo o forma acerca de la importancia del plano y su representación, sí describe en su texto algunas de las características graficas de su diseño, como el hecho que los tonos del escudo de la ciudad han sido utilizados para colorear los símbolos cartográficos que aparecen al interior del mapa, donde se establece una clara categorización de las áreas urbanizadas, áreas consolidadas, edificaciones de importancia y principales áreas verdes como el Parque Los Caobos y Parque del Este; así como una jerarquización tipográfica, que va desde el nombre de las urbanizaciones hasta áreas en desarrollo o avenidas de importancia.

El documento destaca la silueta de muchas de las edificaciones relevantes en color rojo como una categoría independiente, donde las de carácter aislado evidencian nuevas posibilidades urbanas, que quiebran la lógica del damero tradicional. Los cauces de quebradas, ríos y áreas de agua se representan detalladamente en color azul, resaltando su importancia como elementos geográficos en la ciudad. Como ha sido costumbre en toda la colección de planos que hasta la fecha se habían elaborado sobre la ciudad, en el de 1967 se obvia toda representación correspondiente a los desarrollos informales y, si en 1950 su área urbanizada ocupaba 4.200 Hás, ya se encontraba muy cerca de las 13.000 que se registrarán en 1971. El plano conmemorativo de los cuatrocientos años de la fundación de Caracas constituye una de las mas claras referencias históricas y cartográficas del proceso de evolución de la capital, y fue publicado el mismo año en que la azotó uno de los mas fuertes terremotos de su historia, que afectó tanto el valle como el litoral central, marcando la memoria de sus habitantes. Para aquel entonces Venezuela contaba con una democracia de apenas 9 años de edad y recibía el año 1967 con las garantías suspendidas siendo Raúl Leoni el Primer Magistrado. Aunque ya habían desaparecido unos cuantos, estaban funcionando más de 80 cines: 22 de ellos ubicados de la Plaza Venezuela hacia el este y 13 en el casco histórico. Aquiles Nazoa en Caracas física y espiritual, una de las muchas obras publicadas con motivo de las celebraciones aniversarias, expresará: “Las autopistas subordinan el hombre al vehículo: en la ciudad ya no se vive, se circula”.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 142

Este plano de Caracas a escala 1:5000, cuya elaboración se atribuye a la Ingeniería Municipal del Distrito Federal, permite apreciar con mayor detalle lo que Irma De Sola Ricardo de Lovera (1916-1991) en el libro Contribución al estudio de los planos de  Caracas (1967) denomina como “la formidable obra urbanística oficial” que se desarrollaba en dicha entidad, donde la ciudad emerge como objeto de modernización de la mano de los lineamientos fijados por el Plano Regulador de 1951.

Nuevas urbanizaciones, autopistas, edificios y grandes infraestructuras modernas apuntan a un cambio de escala de la ciudad, producto tanto de un trabajo multidisciplinar como del auge económico en la capital. De aquí que plantear que nos encontramos ante el nacimiento de una ciudad policéntrica o ante la germinal presencia de ciudades dentro de la ciudad no sería exagerado.

El plano elimina la topografía, y muestra el Distrito Federal estructurado con base en las múltiples y diversas redes viales que, de forma heterogénea, conforman una ciudad compuesta por retazos, donde se perciben fragmentos diversos, desvinculados, sin una idea organizadora. Cada red representa cómo la urbe se va conformando por el libre y descontrolado juego de fuerzas sociales y económicas, cuyo resultado son procesos de urbanización aislados, desarrollados bajo reglas propias e independientes.

Por otro lado, en el plano también es posible identificar ciertas piezas de arquitectura, de distinto carácter e índole urbana, dispuestas bajo una lógica que atomiza la ciudad de forma funcional y las conecta mediante sistemas rápidos de circulación vehicular. El Helicoide de la Roca Tarpeya, el teleférico al Ávila ubicado en Maripérez, la urbanización 2 de Diciembre (posteriormente 23 de enero), el Centro Simón Bolívar, la Ciudad Universitaria y el Sistema Urbano de la Nacionalidad (que incluye el Paseo Los Símbolos y el Paseo Los Ilustres), se representan en este plano como nuevas y grandes infraestructuras que cambiarán la escala y percepción de la ciudad, conectadas por nuevas e importantes vías expresas. Modelos de vivienda social como la urbanización Carlos Delgado Chalbaud en El Valle, Pedro Camejo al norte de la ciudad, en el límite oeste entre el Recreo y La Candelaria, o los primeros bloques de la urbanización Simón Rodríguez, también emergen como parte de la obra pública. William Niño Araque expresará en “Ciudad definitiva. Un paisaje plenamente moderno” –Santiago de León de Caracas. 1567/2030- (2004): “… la verdadera modernidad visual y urbana se plantea simbólicamente a partir  de 1º de enero de 1950, con la inauguración de la avenida Bolívar y se prolonga en un esfuerzo monumental hasta el 23 de enero de 1958, (…) cuando la metrópoli abarca la extensión total de su territorio”.

Para la realización del plano, que contempla únicamente el Departamento Libertador del Distrito Federal (de allí que la trama se vea cortada hacia el este en el límite con el Distrito Sucre por la quebrada de Chacaíto y que tampoco aparezca el Departamento Vargas que abarca todo el Litoral Central y sus parroquias consideradas foráneas: Caraballeda, Carayaca, Caruao, La Guaira, Macarao, Macuto, Maiquetía y Naiguatá), se tomó como base el “Plano de Caracas por Parroquias” de 1936. Dicho plano, elaborado también por la Ingeniería Municipal, recoge lo establecido por la Ordenanza emitida aquel año por el Concejo Municipal del Distrito Federal, y es reseñado por De Sola Ricardo en la página 158 de su libro, siendo “la primera vez en la historia de las parroquias en que se hace una demarcación civil y no se nombran las parroquias eclesiásticas como se acostumbró hasta 1889”. Ello implicaría un gran cambio en el sentido de pertenencia de los ciudadanos cuyas viejas referencias se verían desdibujadas. Así mismo, las demarcaciones parroquiales mostrarían desigualdades en su extensión, encontrándose parroquias muy extensas, así como otras con áreas muy pequeñas. Cabe destacar que los límites de las parroquias fueron trazados tomando como referencia la mitad de la vía, considerando las recomendaciones de modificación de los limites parroquiales realizadas por Ricardo Razetti en 1910.

Valga decir, además, que los límites parroquiales representados por líneas punteadas, establecidos en la Ordenanza de 1936, sufrirían modificaciones posteriormente en 1939 y 1941. En 1939 se modifican los límites de las parroquias Sucre, Catedral y San Juan y luego en 1941 los límites de las parroquias San José y Candelaria.

En definitiva, el plano de 1956 que hoy nos ocupa, muestra las áreas de las parroquias urbanas del Distrito Federal a saber: Catedral, Altagracia, Candelaria, Santa Teresa, San José, Sucre, San Juan, La Vega, Antímano, Santa Rosalía, El Valle, San Agustín y El Recreo, obviando las consideradas foráneas.  También muestra que esta división de la capital, pareciera no seguir ningún criterio geográfico, religioso, geométrico, territorial, urbano o funcional.

La “modernidad instantánea” que se ofrece en esta representación, se constituyó en un fenómeno urbano donde en muy corto tiempo se desarrollaron importantes estructuras que cambiarían la fisonomía de la capital definiendo nuevos limites entre la arquitectura y la ciudad. Esta forma de trocear Caracas con limites parroquiales que no siguen claros criterios de orden, fijando fronteras que no guardan relación con los trazados urbanos, originará áreas huérfanas y dividirá urbanizaciones. Como consecuencia, San Bernardino quedará seccionada a la mitad entre las parroquias Candelaria y San José. A su vez el borde este entre la parroquia El Valle, y el limite territorial con el Distrito Federal, quedará como un área huérfana sin pertenencia a parroquia alguna.
En este período los hechos urbanos sucederán tan aceleradamente que terminarán imponiéndose a la legislación, un fenómeno catalogado por De Sola Ricardo como “la rebelión de los hechos contra el derecho”, que persistirá por décadas en la capital.

IGV

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 134

En el “Plano de Caracas y sus alrededores” de 1954, el tradicional encuadre cartográfico que se venía utilizando, que sitúa la mancha urbana de la capital al centro del plano, se desplaza ampliando la visión de la ciudad hacia los valles del sureste, suprimiendo la presencia del Ávila como referencia.  El encuadre abarca desde Petare hasta Antímano, y al sur hasta Sartenejas y el pueblo de El Hatillo, centrando la mirada sobre esta zona como futura área de desarrollo y expansión de la ciudad.

Según se explicita en la leyenda, el plano, realizado a color por la Dirección de Cartas Geográficas de la Dirección de Cartografía Nacional a escala 1:20.000 y conformado por 2 hojas de 86 x 62 cm. cada una, está confeccionado tomando como referencia diversas fuentes: la Carta de Caracas a escala 1:25.000 (Cartografía Nacional); la Carta de Caracas a escala 1:10.000 (Cartografía Nacional); la fotografía aérea de febrero de 1954; e información suministrada por la Comisión Nacional de Urbanismo y por la Dirección de Ingeniería Municipal. Ello da cuenta del grado de complejidad que la capital va adquiriendo, al sobrepasar el millón de habitantes.

El plano pone de relieve el contexto geográfico al que deberá enfrentarse el crecimiento de la urbe, y sus limites geográficos naturales y la divide en dos entidades: de un lado la ciudad construida en el valle principal, y del otro sus alrededores, sin establecer limites de crecimiento.

Si lo comparamos con el plano de 1936, elaborado por Eduardo Röhl, notamos que la diferencia entre el valle y el sistema de montañas y colinas ya no es tan notoria, tan visible gráficamente. En este nuevo plano la ciudad se vislumbra tras la ocupación de todo el sistema de colinas al sureste del gran valle: si en el plano de 1936 la ciudad ha dejado de urbanizarse siguiendo la receta histórica del damero, para comenzar a adaptarse a la geografía con formas más o menos uniformes y simétricas, en este plano de 1954 la geografía deja de ser guía y referencia y se convierte en simple contexto de un urbanismo avasallante que avanza ejerciendo importantes modificaciones topográficas y sin pretender crear formas urbanas legibles. Se trata de una red vial que se extiende obteniendo de la topografía el máximo beneficio y la mayor rentabilidad. “El símbolo de esta nueva posibilidad será el Hotel Humboldt, torre solitaria ubicada en la cima del Ávila, revelando la presencia de la ciudad hasta en los lugares más inaccesibles”, acotarán Federico Vegas e Iván González Viso en “Historia de Caracas a través de sus planos” (ensayo introductorio de Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015).

Nótese como casi todos los urbanismos del sureste que aparecen en este plano, se encuentran en etapa de desarrollo, con las calles apenas planteadas; otros están simplemente esbozados. Se trata, sin embargo, de un territorio equivalente al que ocupaba la ciudad en los años 20. Esta expansión que arranca en Las Mercedes y termina en Baruta, y más tarde en El Hatillo, comprende el futuro Chuao, Prados del Este, El Cafetal, Charallavito, Club Hípico, La Trinidad. En ellos, gradualmente, se ha ido abandonado tanto la trama como criterios de uniformidad.

El plano, en resumen, muestra una gran masa construida en el valle central, que luce ocupado en su totalidad, con la única posibilidad de expandirse al sur, conquistando la geografía. La ciudad se extiende a partir de la vialidad como forma característica de crecimiento, como es posible apreciar en la ruta que conecta a Las Mayas, o a Antímano permitiendo nuevos desarrollos de vivienda social en el eje hacia El Valle, donde se aprecia la Urbanización Carlos Delgado Chalbaud, que emerge de forma aislada con una lógica propia. Los cascos urbanos de los tradicionales pueblos de Baruta y El Hatillo, aún parecen lejanos y accesibles solo por caminos rurales, a la espera de un modelo de desarrollo centrado en las posibilidades y restricciones de la topografía. En el plano comienzan a aparecer una redes viales que simplemente se expanden sin ningún criterio formal, modificando la lógica de crecimiento original de Caracas. Ello producirá una transformación profunda en la conceptualización de la forma de ocupación, representación y desarrollo de la ciudad: de la pura trama, representada por el damero, se pasará a la pura red, representada por la vialidad.

IGV

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 126

1941 marca el momento en que se inicia con gran ímpetu el saneamiento del sector donde se construirá entre 1942 y 1945 la Reurbanización de El Silencio (proyecto de Carlos Raúl Villanueva que sigue -en buena parte- los lineamientos dictados a partir de 1939 por el Plan Rotival), durante la presidencia de Isaías Medina Angarita y con ello la oportunidad de encontrar claras pautas de lo que debía ser el desarrollo a futuro del casco central de ciudad.

Pero también es el año que Irma De Sola en Contribución al estudio de los planos de Caracas (1967), atribuye, por no tener fecha registrada, a la elaboración de este “Plano de Caracas y sus alrededores” que hoy ilustra nuestra postal, clara muestra de la manera como la capital se fue extendiendo y donde resalta no sólo la ausencia de topografía y aparición de la vialidad como gran protagonista, sino la notable diferencia que se marca entre la ocupación de los “alrededores” con respecto a la trama característica del damero fundacional, cuya prolongación había sido el patrón hasta hacía muy poco en cuanto a signar el crecimiento urbano. Para Irma De Sola, 1941 debe ser la fecha del documento justamente “por considerar que coincide con el desarrollo de las urbanizaciones que entonces se realizaban”.

Así, se pueden detectar con claridad en el plano, hacia el este del casco, los nuevos urbanismos de San Bernardino, Los Caobos y La Florida y, más allá, los de Campo Alegre, La Castellana, Altamira, Sebucán y Los Chorros; al sur, Santa Mónica, Los Chaguaramos, Valle Abajo y Las Acacias; en las proximidades al casco central San Agustín del Norte, El Conde y San Agustín del Sur; al sureste, El Rosal y Las Mercedes; al oeste, Nueva Caracas; al suroeste, El Paraíso; y como dato curioso la huella del primer plano de conjunto de la Ciudad Universitaria de Caracas.

La representación (una hoja plegable de 92 x 42 cms, patrocinada por R. N. Ríos y Cía. e impresa por Librería Caracas en blanco y negro a escala 1:10.000), muestra una ciudad que se debate entre el pasado y el futuro. El plano abarca de oeste a este, desde Nueva Caracas hasta Boleíta, mostrando de forma exclusiva la vialidad en la que destacan algunos de los nombres de las calles, avenidas y autopistas. En ella se mezclan la tradicional nomenclatura caraqueña propia de las esquinas del damero fundacional, con un sistema de identificación de vías creado especialmente para cada urbanización. También muestra proyectos en curso o aún no construidos: el futuro trazado de la Avenida Bolívar, la autopista que corre paralela al río Guaire y el aeropuerto La Carlota, son algunos de ellos. También aparecen con línea punteada las distintas rutas del ferrocarril, que desaparecerán en corto tiempo. Al este, se plasman urbanismos incipientes, separados por quebradas que no se representan y cuyas calles aún no se identifican. Esta lógica de trazados independientes también será producto del desarrollo en grandes paños de tierra pertenecientes a haciendas ubicadas entre cauces de agua provenientes del Ávila.

Como bien indican Iván González Viso y Federico Vegas (con el aporte de Nancy Dembo y José Rosas Vera) en “Historia de Caracas a través de sus planos”, ensayo introductorio de Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015), al referirse al crecimiento sin visión integral alguna que se da más allá del área central de la ciudad, producto en su mayoría de la venta y urbanización de las haciendas que ocupaban el valle y sus rincones: “… la historia de la trama original de la ciudad ha sido definitivamente abandonada, para dar paso a un urbanismo que tendrá más relación con nuestra geografía que con nuestra historia.(…) Estas nuevas propuestas de nuevas urbanizaciones se trazan con algunos ejes de simetría y algunos principios de composición. En las próximas décadas este deseo de plantear un urbanismo con valores formales se perderá y solo prevalecerá el deseo de urbanizar con eficiencia mercantil. (…) El aislamiento, propuesto por estas urbanizaciones como estrategia de crecimiento, produce un ordenamiento de la periferia sobre la base de la disgregación, confirmando lo que el plano de 1934 auguraba. En la ocupación del este del valle se ha consolidado una visión opuesta a la que había predominado por varios siglos. Desde sus inicios la América hispana subordinaba el campo a la ciudad, mientras la América inglesa había concebido a la ciudad como un centro de acopio y distribución para el campo. A mediados del siglo XX la visión protestante de la noble y sana campiña, que generó el mito de la ‘pequeña casa de la pradera’, comenzó a predominar sobre la visión católica de la ciudad sacra rodeada de una naturaleza profana, versión ésta que había generado el damero y la casa de patio.”

De esta manera, la quinta aislada, anhelo de todo ciudadano que ve mejorar su nivel socio-económico, pasa a ser el modelo que materializará el rechazo a la ciudad tradicional a la que sólo buscará vincularse mediante el automóvil y que poco a poco se irá degradando y desarrollando sin atenerse a políticas que velen por su preservación.

La acertada afirmación procedente del texto ya citado de que “la casa de los nietos comienza a ser radicalmente distinta a la de los abuelos”, ilustra con toda claridad la naturaleza del fenómeno que se produjo por más que el desarrollo de El Silencio estuviese mostrando al mismo tiempo un claro ejemplo de convivencia entre tradición y modernidad, logrando Villanueva “adaptar el tejido de la trama de nuestra más importante herencia urbana a las propuestas de la ciudad moderna”. Este desarrollo, contrapartida de las urbanizaciones de quintas al este del valle, adapta la morfología de sus edificaciones a la trama urbana de la ciudad fundacional, presentando grandes arcadas que sombrean las aceras de su perímetro continuo y dejando patios comunes en el centro de cada manzana. Lamentablemente, la dirección a la que apuntaba la Reurbanización de El Silencio se abandona casi de inmediato sin permitirle convertirse en modelo para la transformación moderna de la ciudad.

Siempre quedará para el debate y la especulación el prefigurar qué hubiese pasado si a mediados del siglo XX se hubiesen seguido de manera armónica, acompasada y sobre todo planificada las pautas señaladas por ambos derroteros, ante el claro hecho de que si algo ha caracterizado a Caracas desde siempre es lo limitado de su espacio físico para dar cabida a un crecimiento que lucía inevitable. Para intentar una primera respuesta valdría la pena indagar en torno al efecto producido por las ordenanzas de zonificación que se fueron aprobando y aplicando desde entonces, tan afines a los aspectos cuantitativos propios de cada parcela y tan alejadas del valor coral que debe existir entre el espacio público y la forma urbana. El “Plano de Caracas y sus alrededores” de 1941 representa, en definitiva, una posibilidad de estudio de las diversos trazados y tipologías de urbanización que se insertaron en su espacio geográfico cambiando su lógica de crecimiento. Nos atrevemos a afirmar que, salvo algunos casos, las mismas calles y trazados que acá se muestran, aún permanecen más de 75 años después. Ellos estructuraron la totalidad del valle promoviendo un nuevo modelo de ciudad caracterizado por desarrollos aislados, que luego, como se sabe, se intentaron enlazar mediante el desarrollo desmesurado de arterias viales destinadas al tránsito automotor.

IGV

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 118

Con el establecimiento de un nuevo régimen político, en todos los órdenes de la vida venezolana se sentía soplar un viento de renovación que se traduce en hechos e ideas que dan fe del afán de ponerse al día en todo que durante años estuvo estancado.
(Irma De Sola Ricardo, Contribución al estudio de los planos de Caracas, 1967)

La postal del día de hoy reproduce uno de los documentos más relevantes que acompañó al “Plan Monumental de Caracas” (mejor conocido como el “Plan Rotival”), publicado en el número 1 de la Revista Municipal del Distrito Federal en noviembre de  1939. Se trata del “Plano general de la distribución de las nuevas avenidas, calles y carreteras”, elaborado un año antes (1938) por la recién creada Dirección de Urbanismo del Distrito Federal, basado en una restitución fotogramétrica a color con estereoplanígrafo y aerocartógrafo de 92 x 55.5 cms. a escala 1: 5.000 de la Dirección de Cartografía Nacional del Ministerio de Obras Públicas, llevado a cabo por los dibujantes D. Viera y J. Nunes, con el que los responsables del Plan planteaban “solucionar todos los problemas que ofrezca la circulación de nuestra ciudad, durante un siglo o mas”, cuando Caracas contaba apenas con 203.342 habitantes (1936) y el país con 3.364.347, teniéndose como dato adicional que para 1938 en el Distrito Federal se registraban 5.695 automóviles y 466 autobuses.

Tal y como reza en el reverso del plano, se trazó en líneas amarillas sobre el levantamiento aerofotográfico ya señalado el “Esquema general del proyecto de transformación de Caracas…”, que afectaba la trama de la ciudad actuando sobre ella valiéndose de la red vial como elemento para producir una metamorfosis profunda. Como se sabe, para el desarrollo del “Plan Monumental de Caracas” se contrató en 1938 a los urbanistas Maurice Rotival, Henri Prost, Jacques Lambert y Wegenstein entre otras cosas para ofrecer “opiniones autorizadas… e instruir en sus diversas especialidades, ingenieros que, en lo futuro, estén capacitados de prestar sus servicios al gobierno”.

Como antecedentes y bases cartográficas del documento que hoy nos ocupa vale la pena destacar que el estudio consideró los contenidos de los planos de Caracas realizados por Eduardo Rohl y Ricardo Razetti, como guía para los trabajos emprendidos junto al apoyo de la Dirección de Cartografía Nacional.

El plano, en blanco y negro, con detalles propios de un plano topográfico, reafirma la vocación de Rotival y su equipo de renovar la ciudad por sobre la idea de extenderla, utilizando estrategias “haussmannianas” y referencias parisinas para superponer sobre él un nuevo trazado vial en color, que traduce una urbe basada en un urbanismo de claro talante decimonónico, sustentado en la funcionalidad, la vialidad, el higienismo positivista y una estética urbana que afianzaba la belleza de la forma arquitectónica y paisajística, principios acordes con la proposición de la Comisión de Obras Urbanas de julio de 1937. El proyecto muestra, en síntesis, un modelo urbano academicista que privilegia los hechos y descarta las opiniones personales o la imaginación especulativa, y persigue la tesis de que este plan haría de Caracas, al igual que ocurrió con Paris después de la reurbanización de Haussmann, una urbe excepcionalmente moderna, transformándola, a su vez, en una ciudad atractiva al turismo.

El plano reafirma la importancia que adquiere la vialidad entre un área central modernizada y las nuevas periferias urbanas que se agregan y que se sugieren opuestas a la densidad e intensidad del uso metropolitano en el centro. La actuación urbanística en el centro y la lógica de infraestructuras viales para el valle y sus alrededores nos confirman la visión de una capital monumentalizada en su núcleo fundacional y con nuevos asentamientos periféricos. El esquema de la circulación futura con las nuevas avenidas y calles propuesto presenta la sustitución del orden bidireccional de la trama colonial, que se desarrolló durante casi cuatrocientos años, por un eje lineal de dirección este-oeste que se vincula a las periferias urbanas a través de un sistema de vías jerarquizadas que se apoyan en el establecimiento de rotondas o nodos de articulación como mecanismo para hilvanar fragmentos dispersos en el territorio. El plano modificaba el trazado de la ciudad, “dándole un aspecto cónsono con las exigencias modernas” tal como expusiera el Gobernador del Distrito Federal, Elbano Mibelli, al presentar el Plan ante el Concejo Municipal del Distrito Federal el 11 de julio de 1939. Por otro lado era necesario modernizar las rutas trazadas para “recuas” o “carretas” debido al aumento del número de automóviles en las calles y para promover el rápido desplazamiento.

El diseño de otra ciudad, distinta a la trama originaria, queda totalmente confirmado en la noción haussmanniana de demolición de un importante conjunto de manzanas del centro fundacional y en la introducción de una serie de calles diagonales que, siguiendo el ejemplo de otras urbes importantes, establece una conexión entre el centro y las periferias. La estructuración de un nuevo eje monumental confirma la expansión de la ciudad en el valle y el reconocimiento de nuevas periferias satélites a éste. El plan no contempla la continuidad urbana a través de la extensión de la cuadrícula, sino la creación de un nuevo centro inscrito en el trazado fundacional y cuya extensión se realizará a partir de operaciones de infraestructura viaria que posibilitan conectar dicho centro urbano con las nuevas urbanizaciones en la periferia, que se extendían hacia el este.

El trazado vial de Rotival se plantea con una visión totalizante, que permita el mejoramiento de la circulación vehicular a toda la ciudad. La red vial implantada sobre una trama preexistente se asume como máxima posibilidad de renovación urbana, y que ésta permita diferenciar el carácter de los barrios y zonas generando paseos, rotondas y plazas monumentales. El énfasis sobre la centralidad con el desarrollo de la Gran Avenida Bolívar (de 30 metros de ancho y 2.200 metros de largo entre el Calvario y el Parque Los Caobos, que contemplaba demoler las manzanas comprendidas entra las avenidas Este 6 y Oeste 8), una avenida central “que por sus proporciones y las fachadas de sus edificios de a la ciudad un aspecto monumental”, plantea una profunda preocupación por la imagen de la capital, revitalizando el casco original y evitando que se pierdan sus valores urbanos originales.

Por otro lado, la solución representada por Rotival para el damero fundacional, basada en el diseño de calles y avenidas que se superpone sobre la trama incorporando la diagonal como una nueva forma de lectura urbana que rompe con la cuadricula tradicional generando nuevas perspectivas y planteando nuevos espacios públicos, plazas y rotondas, valora económicamente la centralidad sobre la periferia y apunta a una comprensión del urbanismo como herramienta de regulación económica en la dinámica de suelos de la ciudad. Por otro lado, queda claro que la avenida propuesta a lo lago del eje este-oeste secciona el damero en dos mitades asumiendo que la apertura de nuevas vías generará mayor prosperidad de forma equitativa, bajando la presión económica sobre el centro de la capital.

A pesar de que el plano es muestra de una visión estética y formal con miras a controlar su imagen y su escala, para hacer de Caracas “un conjunto arquitectural que preste a la ciudad un nuevo aspecto”, la estructura urbana que se genera a partir del Plan Rotival, a diferencia de la lógica con la que se plantea la trama de la cuadrícula fundacional, “lejos de ser organizadora de la totalidad en que opera, como era su intención original, detonará en un desarrollo por agregación de grandes paños agrícolas aislados, que se vinculan a ejes de dirección este-oeste y que tienen fronteras violentas en su relación o tejido con sus bordes inmediatos, lo que genera con ello discontinuidades y fricciones en el encuentro de sus tramas y elementos”, como bien señalarán Nancy Dembo, José Rosas Vera e Iván González Viso en “Caracas, modernidad y escala urbana: una aproximación interdisciplinaria” (Revista Tharsis, 2004). El plan que intentó predeterminar y prever los problemas de Caracas a futuro no tuvo acogida por parte de las autoridades. Sin embargo, el trazado vial de la Avenida Bolívar que sí se materializó con variaciones, es aún la intervención urbana mas definitoria en la urbanística de la ciudad.

IGV

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 110

Nuestra postal del día de hoy recoge la lámina a color (cuya dimensión original es de 93 x 42 cms.) correspondiente a los “Usos propuestos de la tierra” del “Estudio preliminar, julio 1951” que formó parte del Plano Regulador de Caracas, elaborado por la Comisión Nacional de Urbanismo (CNU) presidida por Leopoldo Martínez Olavarría e integrada además por Carlos Guinand Sandoz, Carlos Raúl Villanueva, Edgar Pardo Stolk, Cipriano Domínguez, Armando Vegas, Luis Eduardo Chataing, Luis Malaussena, Luis Wannoni, Alejandro Oropeza Castillo, Gustavo Ferrero Tamayo y Pedro Pablo Azpúrua, con la participación como asesores de José Luís Sert, Jacques Lambert, Francis Violich y Maurice Rotival, y presentado públicamente ante el Gabinete Ejecutivo en pleno, los gobernadores del Distrito Federal y del estado Miranda, el Cuerpo Diplomático y los miembros de los dos Concejos Municipales sobre los cuales se extendía la capital, el 5 de junio de 1952 por Gerardo Sansón, Ministro de Obras Públicas (MOP) del momento.

La interesante historia que se esconde tras la elaboración de este instrumento normativo, crucial dentro de la evolución urbana de la ciudad, se encuentra recogida en Diálogos reconstruidos para una historia de la Caracas moderna (2004) de Juan José Martín Frechilla y, en particular, dentro del capítulo titulado “Diálogo municipal con Pedro Pablo Azpúrua” (1917-2014), personaje que juega un papel fundamental en el período de gestación e implementación del Plano hasta la promulgación de la Ordenanza de Zonificación del Distrito Federal en virtud de haber ocupado un lugar destacado como funcionario al frente de la Dirección de Obras Municipales -DOM- (1951-1956) y la Ingeniería Municipal (1953-1956) de esa dependencia federal.

Por tanto, aunque luce tentador seguirle la pista a todo un proceso que si se quiere tiene al Plan Rotival como claro precedente y a la Ordenanza del 58 como “producto final”, trataremos de referirnos en lo posible al eslabón ocupado por el Plano Regulador del 51 como rótula y detonante de posteriores acciones y documentos.

1. Sesión de trabajo de la Comisión Nacional de Urbanismo (CNU)

Así, la trascendencia que tuvo la salida a la luz del Plano Regulador de Caracas no sólo se refleja en las características del acto de presentación que mencionamos al inicio y en la aparición de la publicación que lo recoge editada por el MOP y Cartografía Nacional en 1952, encabezada por la «Exposición del doctor Gerardo Sansón Ministro de Obras Públicas a las municipalidades del Distrito Federal y del distrito Sucre el estado Miranda», sino en el hecho de haberse activado al unísono, una vez concluidos los estudios que le daban sustento y se preparaba su edición, desde la Municipalidad del Distrito Federal -Concejo y Gobernación- la creación de una comisión, integrada por Gustavo Ferrero Tamayo (CNU), Manuel Fernando Mejías (INOS), Ibrahim y Rafael Emilio Velutini (Cámara de la Construcción), Mariano Salas Berti (CIV), José Antonio Jove y Alfonzo Rízquez (MOP), Carlos Raúl Villanueva Concejo Municipal del D.F.), Pedro Pablo Azpúrua y Octavio Marcano Vallenilla (DOM), «para estudiar y formular las bases de la nueva Ordenanza sobre Arquitectura, Urbanismo y Construcción en general. La iniciativa provenía de la Dirección de Obras Municipales y la Ingeniería Municipal, que daba inicio por esta vía al proceso de modernización del dispositivo legal para la construcción de Caracas, sin esperar la aprobación del Plano Regulador y la elaboración de una Ordenanza y Plano de Zonificación como instrumentos necesarios para su ejecución”, tarea que posteriormente se emprenderá dentro de la DOM, con Pedro Pablo Azpúrua a la cabeza y la asesoría de Violich, por Gustavo Matamoros Mendoza y Oscar Urreiztieta. También corresponderá posteriormente a las ingenierías municipales implementar los interminables vericuetos e interpretaciones a que la normativa se prestaba y que han dado como resultado buena parte del paisaje urbano de la Caracas de hoy.

En todo caso, vale la pena subrayar, derivado de la «Exposición…» de Sansón que el Plano Regulador no sólo apunta a “construir una Caracas moderna” sino que busca convertirse en una herramienta que supere, gracias a la aplicación de criterios “estrictamente científicos” soportados conceptualmente en la “Carta de Atenas”, el carácter morfológico del Plan Rotival. Es por ello que se le atribuye a la presencia de Francis Violich dentro del grupo de asesores un lugar determinante en la incorporación tanto de una metodología como de herramientas derivadas de la planificación urbana de esa época en los Estados Unidos que tienen en el zoning la base para la aplicación de regulaciones por sectores con densidades diferenciadas las cuales serían consagradas en la Ordenanza de 1958 y normas sucesivas. El discurso de Sansón (cuya elaboración no duda Martín Frechilla en atribuir a Leopoldo Martínez Olavarría), remarca la nueva “doctrina urbanística firme, concreta y moderna” que con base en la Carta de Atenas y la instrumentación aportada por Violich asume el Plano Regulador cuando manifiesta que “la expresión máxima del organismo viviente que es la ciudad, debe seguir continuamente su evolución, encauzar su desarrollo y aún acatar sus tendencias claramente definido así: separar, clasificar y organizar los diversos elementos que integran la ciudad conforme al concepto de sus funciones básicas: habitación, trabajo, circulación, educación”.

Como bien dicen Federico Vegas e Iván González Viso en “Historia de Caracas a través de sus planos” (Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015), “La palabra ‘regulador’ es importante, pues no se trata de reflejar, diseñar o imaginar, lo que se intenta es fijar las reglas que determinen un destino. Era la primera vez que se afrontaba el problema urbano con esta visión, más pendiente de cantidades y zonificaciones que de criterios formales y estéticos”, alejadas de lo que dictaba la tradición urbana caraqueña: “la ciudad de la trama, de la cuadra, del patio y de las actividades integradas será sustituida, mediante una legislación urbana basada en edificaciones zonificadas y aisladas por retiros laterales. Caracas hasta entonces se había aproximado y regido por los patrones de la ciudad latina clásica, ahora intentará semejarse a los modelos sajones modernos”.
Tomando como fuente el Plano Regulador de Caracas. Ordenanza y Plano de Zonificación, 1953 (elaborado en la DOM por Matamoros Mendoza y Urreiztieta quienes “aclimatan” los planteamientos de Violich según testimonio de Azpúrua), producto de convertir el “pasivo” Plano Regulador del 51 en herramienta activa, nos encontramos con que allí se argumentaba que era necesario el establecimiento de diversas zonas, con una reglamentación especial “ya que una reglamentación uniforme no seria apropiada a toda la ciudad indistintamente”. Su objeto era controlar primordialmente el uso y desarrollo de la propiedad privada, dejando las áreas públicas, municipales o nacionales, así como la previsión de servicios públicos en manos de otros instrumentos “no incluidos ordinariamente en una Ordenanza de Zonificación, pero necesariamente acordes con esta”.
La ordenanza que lo acompañaba constaba de dos partes: un conjunto de planos de zonificación donde se demarcaban las zonas y sus limites, y un texto con la reglamentación que regiría cada sector. Los planos contenían información básica como distribución de la población hasta 1936, distribución de la población hasta 1950, Limites de parroquias y urbanizaciones hasta 1951, uso actual de la tierra para 1950 y crecimiento histórico de la ciudad, información toda proveniente del Plano del 51.

El reglamento del Plan Regulador General, plasmado en la ordenanza como instrumento legal, en las áreas comprendidas dentro de la jurisdicción del Departamento Libertador del Distrito Federal, aspiraba a controlar los usos en la zona, la densidad de población, el área mínima de parcela, el área máxima de ubicación, área libre mínima, densidad total de construcción, retiros, altura, estacionamiento y probables variaciones colectivas, entre otros.

La ordenanza de zonificación se implanta sobre una ciudad dividida en 12 comunidades: 1-2. Catia, 3. La Pastora, 4. San Bernardino y La Florida, 5. Chacao, 6. Boleíta y El Marqués, 7. Bello Monte, 8. Cementerio y Ciudad Universitaria, 9. El Valle, 10. El Paraíso y San Martin, 11. Antímano, 12. Casco Central. El plano prevé una nueva vialidad estructurante, la Autopista del Este (hoy Francisco Fajardo), que atraviesa la ciudad de este a oeste y sus distribuidores, paralela al río Guaire. Vialidad, limite de comunidad, áreas verdes (quebradas y parques), reservas forestales, áreas nacionales, industria, comercio industrial, comercio central y comunal, áreas de control especial y vivienda (densidad alta y baja) constituyen las categorías de uso de la tierra a regular.

Revisando con detalle el plano es posible afirmar que la delimitación de áreas está directamente referenciada a la vialidad, que se utiliza para marcar los límites entre usos y plantea una visión esquemática, impuesta, abstracta y desligada del reconocimiento de la forma urbana en los términos que se venían planteando en la ciudad a partir del Plan Rotival de 1939. No ofrece especificidad alguna, sino al contrario, aplica criterios de generalización que eliminan todo criterio de forma y estética urbana.

Algunos de los efectos que produjo la aplicación de esta normativa esquemática que privilegiaba la máxima rentabilidad económica, generaron la diversificación de la utilización del suelo por la acumulación indiscriminada de actividades e incompatibilidades de usos; facilitó un crecimiento desmesurado del desarrollo de la superficie del centro de la ciudad; ocasionó problemas de accesibilidad por una alta congestión del sistema vehicular en el área del damero; produjo el déficit de servicios comunales no contemplados en la ordenanza y finalmente la agregación desordenada de edificaciones, no incluyendo una verdadera normativa sobre las características de diseño de las edificaciones.

El plan rompió con el esquema compacto de ciudad tradicional y promovió un esquema de ciudad moderna extendido a todo el valle, haciendo intangibles e impredecibles los procesos de transformación del espacio publico y privado. Esta forma de planificación urbana permitirá la convivencia de dos visiones: la que representaba una continuidad del proceso iniciado en décadas anteriores, y la visión contenida en la Ordenanza de 1958 que deformará la continuidad morfológica consagrada en reglamentos anteriores determinando la forma urbana de la Caracas moderna desde su implementación y, en gran parte, hasta el día de hoy.

IGV

Procedencia de las imágenes

Postal. Martín Frechilla J.J.; Diálogos reconstruidos para una historia de la Caracas moderna, 2004

  1. Colección Crono Arquitectura Venezuela