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TEXTOS FUNDAMENTALES

Malaussena

Arquitectura académica en la Venezuela moderna

Silvia Hernández de Lasala

Fundación Pampero/Exlibris
1990

El libro Malaussena. Arquitectura académica en la Venezuela moderna de Silvia Hernández de Lasala constituye un hito dentro de las publicaciones sobre arquitectura en el país en varios sentidos. Desde el punto de vista académico ofrece la oportunidad toparse con una rigurosa y muy bien documentada investigación que, apoyada por el Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la UCV y enmarcada dentro del Sector de Historia y Crítica de la Arquitectura de la Escuela de Arquitectura de la FAU UCV, le permitió a su autora no sólo ascender en el escalafón universitario obteniendo los máximos honores sino, a la vez, poder dirigirse a la Fundación Pampero en busca del patrocinio que logró convertirla en el hermoso e impecable libro en que se transformó: 358 páginas, tapa dura, gran formato, impreso por la Editorial Ex Libris en papel Phoenix-Imperial halbmat 115 g/m2, con diseño gráfico de Martha Sanabria, fotografía de Nelson Garrido asistido por Luis A. Hurtado y asesorado por Ricardo Armas, y corrección de textos de Violeta Mendoza.

También se convierte en referencia tanto por el momento en que se realiza como por los personajes y el tipo de arquitectura de que se ocupa. 1990 marca el inicio de la última década del siglo XX y el momento en el que, en nuestro país, se empiezan a recoger y reconocer los aires de cuestionamiento que se venían dando a lo largo de las dos décadas anteriores a los postulados de la arquitectura moderna y, en términos más generales, a una visión de la historia y la cultura ideologizadas, gobernadas por los “grandes relatos”, símbolo de certezas o verdades absolutas. En medio del revuelo causado por la posmodernidad, con su espíritu revisionista y de apertura como telón de fondo, se “recobra el derecho a estudiar y recombinar de manera autónoma u original el material histórico disponible” como bien señalará Juan Pedro Posani en el “Prólogo” del libro. Así, se le abre paso a la aparición de “situaciones nuevas y las conocidas se perfilan con formas inusitadas”.

Tras la necesidad de obtener respuesta acerca del comportamiento, autoría y razón de ser de algunas edificaciones que, presentes en el paisaje urbano caraqueño, mostraban el manejo de códigos similares a los de algunas manifestaciones señeras dentro del posmodernismo (entre ellas el Palacio Blanco, la Academia Militar y la Avenida de Los Próceres), la autora, insatisfecha por las respuestas obtenidas que las descalificaban sin más asociándolas indefectiblemente a la dictadura perezjimenista, se da a la tarea de revisar el por qué del silencio que arropó durante décadas el abordaje crítico de dichas obras y a desempolvar el peso que, al unísono con otras manifestaciones modernas, mostraba el academicismo asumido por sus arquitectos. De ahí que la figura e impronta de los Malaussena, familia de arquitectos que se destaca desde mediados del siglo XIX hasta finales de la década de 1950, se convierta en objeto de estudio al seguirle la pista a sus dos más conspicuos representantes: Antonio (1853-1919) y su hijo Luis (1900-1963).

Será la propia Silvia Hernández de Lasala quien nos aclarará, ampliando la mirada hacia un período de más de 100 años y a un espectro edilicio tipológicamente muy diverso, cómo “a lo largo de este estudio se intenta reflexionar, principalmente, acerca de la naturaleza de las edificaciones proyectadas por Antonio y Luis Malaussena, de los criterios de diseño implícitos en ellas y de su acercamiento o distanciamiento de lo que se considera que son los aspectos fundamentales que definen la arquitectura académica”. De esta manera, “… conceptos como los de carácter, tipo y composición elemental, característicos de la arquitectura académica, vuelven a hacer acto de presencia entre los motivos de atención de los arquitectos de hoy en día, luego de haber sido execrados por el llamado movimiento moderno en arquitectura…”. Tanto la docencia como el ejercicio profesional, sin duda, se vieron beneficiados por esta importante reapertura que sin necesariamente derivar hacia el “todo vale” ha permitido confrontar y complementar visiones por mucho tiempo antagónicas.

Para quienes se forman como teóricos o historiadores de la arquitectura Malaussena. Arquitectura académica en la Venezuela moderna ofrece la oportunidad de toparse con un ejercicio de empeño por deslastrar la aproximación crítica de actitudes dogmáticas y una demostración de orden y rigor en el acopio y presentación de la voluminosa información recabada, cualidades que su autora ha cultivado a lo largo de su dilatada y muy fructífera carrera. Según sus propias palabras: “La principal utilidad de este trabajo reside, probablemente, en la presentación de un conjunto de proyectos, y de las fuentes para su ubicación, que permitirán a futuros investigadores asumir otros puntos de vista y otras interpretaciones sobre el tema en el futuro.”

ACA

HA SIDO NOTICIA

El Pabellón de Chile para Expo Milán 2015 es reinstalado en Temuco

Fernanda Amaro

Tomado de Plataforma arquitectura

21 de septiembre 2017

La noticia puntualizaba cómo «el arquitecto Cristián Undurraga, desde sus inicios contempló la posibilidad de reutilizar el edificio para ser trasladado a Chile, razón por la cuál se decidió su construcción con una estructura desmontable de madera laminada.»

También señalaba que: «En el caso del pabellón de la Expo Milán 2015, se aprovechó la estructura para trasladarse y reconstruirse en la ciudad de Temuco, (…) al sur de Chile, en las faldas del Cerro Ñielol. El objetivo de esta instalación será el de entregar a la zona un centro de encuentro y difusión cultural de los pueblos originarios y la gastronomía del país.

Las obras de reinstalación del pabellón fueron iniciadas en agosto de 2016 y apoyadas por la Intendencia Regional de la Araucanía, la Municipalidad de Temuco y por diversas organizaciones locales (…) y las dirigió Lorenzo Constans, excomisionado General de Chile para la Expo Milán 2015, quien contó con la colaboración de la arquitecta italiana Federica Pugliese, como supervisora de las obras, invitada a la reconstrucción dado su amplio conocimiento del edificio luego de participar en su construcción original en Italia y en su desarme.»

Por otro lado, de la descripción enviada por el equipo del proyecto (Undurraga Devés Arquitectos) aparecida también en Plataforma arquitectura el pasado 9 de abril, se extrae lo siguiente:

«Desde los comienzos del diseño, supimos que el Pabellón Chileno, para la Expo Milán 2015, debería ser de madera. Chile tiene una hermosa tradición de edificios de madera cuyas raíces se remontan a la colonización europea en América. La madera es también uno de los recursos naturales más importantes del país, además de ser un material renovable, siendo Chile uno de los países más exitosos en la tasa de reforestación del planeta. (…) Para extender el ciclo de vida útil del edificio luego de terminada la Expo se diseñó una estructura mecano donde la racionalidad y simpleza de sistema constructivo permitiera, no sólo un rápido montaje en Milán sino, además, permitiera su posterior desmontaje, transporte y reconstrucción en Chile. Al mismo tiempo, se diseñaron espacios neutros, al interior del edificio, para permitir flexibilidad durante la exposición, teniendo en cuenta su adaptación a diferentes usos en el futuro. (…) A diferencia de su implantación original en Milán, donde el pabellón era parte de un paisaje denso y abigarrado de edificios singulares aquí, en Temuco, el entramado de madera enfrenta un espacio público abierto dando paso a una nueva lectura de su volumen. Por otra parte, como telón de fondo, aparece la masa arbolada del cerro Ñielol, territorio sagrado para los Mapuches, pueblo originario de la región. Formalmente, el pabellón, es un volumen simple hecho de madera laminada de pino radiata, cuya expresión  está definida por una retícula estructural. Estructura y arquitectura son una misma cosa. Desde la distancia el pabellón aparece como una totalidad, (escala monumental), mientras que en la inmediatez aparece el fragmento, el despiece de la madera nos relaciona con el cuerpo y le confiere escala humana. (…) La caja de madera (que tiene una superficie útil de 1720 m2) está montada sobre 6 trípodes invertidos de acero. Esta condición de «puente»  permite liberar la planta baja generando una transparencia visual y creando un espacio intermedio donde interior y exterior se funden. En su nueva ubicación  se dispuso un acristalamiento perimetral del espacio de modo tal que se permitiera  su uso intensivo durante todo el año. Allí se despliega un pequeño mercado y un restaurante, además de servir de atrio para subir a la caja donde tienen lugar las exposiciones. Como complemento del programa se diseñó un pequeño auditorio y oficinas administrativas.»

ACA

¿SABÍA USTED…

… que en 1968, hace ya 50 años, se concluye en Caracas la construcción del edificio sede del Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE)?

1. Edificio sede del INCE. Sanabria Arquitectos, 1968. Vista general con el entorno

La edificación, diseñada en 1963 por los arquitectos Tomás José Sanabria y Eduardo Sanabria y calculada en hormigón armado por los ingenieros Roberto Smitter y Napoleón Gallango, se ubica en una parcela de forma irregular de 9.156 m2 que colinda con la Av. Nueva Granada por el sur-oeste, al nor-oeste con una calle privada, con la calle Leoncio Martínez por el nor-este y al sur-este con terrenos privados y la subestación El Rincón de la C.A. La Electricidad de Caracas, en la Urbanización Prado de María. Su dimensión mayor nor-este/sur-oeste es de unos 135 metros con un desnivel aproximado de 2 metros.

2. Edificio sede del INCE. Sanabria Arquitectos, 1968. Izquierda: Croquis. Derecha: Vista parcial de la maqueta

Tras 28 meses de iniciadas las obras de construcción se concluyeron los 35.000 m2 que la conforman distribuidos en dos cuerpos que dejan la planta baja libre a doble altura, prolongándose al exterior a través de una generosa plaza pública tratada paisajísticamente y destinada a exposición permanente de escultura al aire libre. En el cuerpo bajo de cuatro plantas funciona el centro de formación profesional para 600 estudiantes y 40 instructores (8.500 m2) y un auditorio con capacidad para 300 personas (2.300 m2). La torre de 14 pisos (15.500 m2) contiene las áreas administrativas y en la planta 12 la biblioteca. Además posee un sótano (8.700 m2) que alberga el estacionamiento de vehículos y zonas de instalaciones diversas.

Todas las superficies de hormigón se han dejado a la vista, las fachadas y paredes exteriores han sido recubiertas de mosaico vidriado de 2 cms x 2 cms y los cerramientos son de aluminio anodizado.

3. Edificio sede del INCE. Sanabria Arquitectos, 1968. Corte

Concebido bajo la premisa que la oficina de Sanabria Arquitectos siempre profesó: “arquitectura sin diseño urbano no existe”, destaca sobremanera en esta obra la clara intención de potenciar y dignificar la zona en la que se inserta, ofreciéndose como punto de partida para la recuperación urbanística de un sector de la ciudad con un acentuado deterioro conformado, salvo contadas excepciones, por construcciones inestables (industria ligera, talleres mecánicos, viviendas transformadas en locales comerciales, etc), ofreciéndole además al usuario y al ciudadano espacios de disfrute y expansión.

4. Edificio sede del INCE. Sanabria Arquitectos, 1968. Izquierda: vista de la plaza con la escultura «La libertad encadenada» de Aristide Maillol. Derecha: Intervenciones de Gego y Gerd Leufert en la planta baja del edificio

La plaza, sin lugar a dudas, asume ese rol tanto transformador como cívico y es vista como oportunidad para establecer el diálogo con el entorno asumiendo el compromiso de formar ciudadanía mediante la incorporación de obras de arte entre las que destaca “La Libertad encadenada” (interesante nombre que retumba de manera muy particular en nuestros agitados días), escultura de Aristide Maillol, cariñosamente llamada por los trabajadores y estudiantes del INCE como “La Negra”, que estuvo a préstamo durante muchos años en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas y que por insistencia del propio Tomás Sanabria afortunadamente retornó a su sitio.

El rol pedagógico del edificio también apunta a darle la mayor estatura posible a la formación técnica como eslabón importante dentro del sistema educativo, traducido en fortaleza constructiva y perdurabilidad (lograda gracias a la nobleza de los materiales seleccionados), cuidado en los detalles, espacios amplios, confortables y bien equipados. El arte allí vuelve a hacer acto de presencia como fundamental acompañante a través de obras de Gerd Leuffert y Gego (Gertrude Goldschmidt) integradas a su arquitectura.

5. Edificio sede del INCE. Sanabria Arquitectos, 1968. Izquierda arriba: articulación de los dos cuerpos del conjunto. Izquierda abajo: Planta baja. Derecha: Vista de la torre

La composición de la obra denota cuidado en la articulación volumétrica y un correcto ensamblaje de los elementos que la constituyen, apareciendo en el tratamiento de las envolventes la muy precisa consideración de las variables climáticas: otro tema recurrente en la obra de Sanabria. Ello da pie a que aparezca un estudiado diseño de los elementos de protección solar que construyen las fachadas, permitiendo para las orientaciones más desfavorables incorporar una importante carga de abstracción y movimiento, asemejándose, según como se vea, a enormes obras cinéticas.

De la página http://tomasjosesanabria.com/en/2016/12/20/edificio-sede-ince/ que con esmero y perseverancia  ha ido construyendo Lolita, hija de Tomás J. Sanabria, extraemos lo siguiente a modo de complemento descriptivo: “Todos los elementos climáticos se tomaron en cuenta en la implantación de este complejo educativo. Las aguas de lluvias son captadas y canalizadas de manera sistematizada en cada fachada. Las columnas fueron moldeadas en concreto de manera que sean receptoras de las aguas de lluvia. Una combinación de aletas de concreto contienen  canales y bajantes de cobre, de forma que caigan a la vista del usuario, sobre bateas en el piso de la gran área publica”.

El edificio del INCE, quizás uno de los más sobresalientes en la trayectoria de grandes proyectos para edificaciones institucionales de la oficina de los arquitectos Sanabria, fue distinguido con el Premio Municipal de Arquitectura el año 1970. A pesar de su indudable impronta dentro de la avenida Nueva Granada la zona está todavía a la espera de nuevos tiempos en los que este ejemplo de urbanidad logre su objetivo primigenio de orientar las necesarias mejoras que requiere en su calidad ambiental. Se encuentra ampliamente desplegado en la revista PUNTO nº 47 (noviembre-diciembre 1972) y en el catálogo de la exposición «Tomás José Sanabria arquitecto. Aproximación a su obra» realizada en la Galería de Arte Nacional en 1995, y reseñado tanto en la Guía de edificaciones contemporáneas en Venezuela. Caracas. Parte 1 de Mariano Goldberg (1980) como en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje de Iván González Viso, María Isabel Peña y Federico Vegas (2015).

ACA

Procedencia de las imágenes

1 y 2. http://tomasjosesanabria.com/en/2016/12/20/edificio-sede-ince/

3. Revista PUNTO, nº 47, noviembre-diciembre 1972

4 izq. http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/238051

4 der. y 5. González Viso I.; Peña M.I.; Vegas F. Caracas del Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 107

La imagen que ilustra nuestra postal del día de hoy corresponde a la perspectiva aérea del proyecto del Centro Cívico de Caracas, propuesto para ser construido en terrenos propiedad del Centro Simón Bolívar, C.A. (CSB), cuyo presidente Dr. Camilo Arcaya y el arquitecto responsable del mismo José Antonio Ron Pedrique hacen público en enero de 1961.

1. José Antonio Ron Pedrique. Proyecto de Centro Cívico para la Avenida Bolívar de Caracas. Centro Simón Bolívar. Desarrollo integral. Plan de obras y financiamiento, Caracas, septiembre 1961

El planteamiento, recogido en una publicación facsímil editada por el propio CSB (Centro Simón Bolívar. Desarrollo integral. Plan de obras y financiamiento, Caracas, septiembre 1961), forma parte de lo que Silvia Hernández de Lasala calificó como “Violaciones sucesivas. Notas sobre la arquitectura de la Avenida Bolívar de Caracas, después del Plan Monumental de 1939”, texto que integra el libro El Plan Rotival. La Caracas que no fue (1991) estudio coordinado por Marta Vallmitjana que aparece con motivo de la celebración del 50 aniversario de la aprobación del citado Plan.

En su escrito, sin pretender convertirse en una historia de cerca de 10 lustros de la Avenida Bolívar, Hernández de Lasala observa y registra lo acontecido con ese importante eje vial y la manera como es definido el espacio urbano que a él va asociado, paseándose por las diferentes proposiciones formuladas, atreviéndose a considerarlas, con diferentes grados de intensidad, de “violaciones” al plan de 1939. Desde las parciales, presentes en el desarrollo de la Reurbanización de El Silencio (Carlos Raúl Villanueva, 1942-45) y el Centro Simón Bolívar (Cipriano Domínguez, 1949), hasta el proyecto para el Parque Vargas (Carlos Gómez de Llarena, 1985) que a inicios de los años 90 del siglo XX ya se había empezado a materializar (pasando en el intervalo por transgresiones no realizadas como el “Trébol Radiante” de Richard Neutra, el propio “Centro Cívico” de Ron Pedrique, el “Centro Residencial El Conde” de Menéndez y Bemergui, la recogida en “Ciudad de Caracas/Casco Central” del IAU/FUNDACARACAS o las presentadas por Doménico Silvestro; efímeras como “Imagen de Caracas” (Juan Pedro Posani) o “Parque El Conde” (Jorge Castillo); y otras de nueva escala que sellan su destino como “Parque Central” de Siso y Shaw o la sede del Palacio de Justicia de Carlos Gómez de Llarena), Hernández de Lasala encuentra que es el propio Rotival el “gran violador” de los principios de diseño urbano que rigieron su propia propuesta, cuando en 1959 finaliza el encargo que le hiciera el CSB (“Tesis para el Centro de Caracas”) que la misma institución publica como Acción sobre Caracas.

2. “Tesis para el Centro de Caracas” presentada por Maurice Rotival en 1959 y publicada por el Centro Simón Bolívar bajo el título de Acción sobre Caracas
3. Propuesta de Rotival (1959) publicada en L’ Architecture d’aujourd’hui

El viraje planteado por Rotival en el que se buscaba concebir “una proposición más amplia, que superara las propuestas aisladas e inconclusas elaboradas hasta ese momento”, plantea la modificación del carácter simétrico inicial de eje de la Avenida Bolívar (flanqueada por edificaciones que reforzaban dicha condición), por la de una vía triunfal que remataba ahora también hacia el oeste (polo jerárquico opuesto al considerado por el Plan inicial) con un moderno “Centro Federal”, ubicado delante del parque Los Caobos y antecedido a su vez por un distribuidor vial que acentuaba la condición «expresa» del tránsito por la avenida y de elemento separador entre el norte y el sur del casco de la ciudad.

El giro que incorpora Rotival dará licencia y vuelo a la casi totalidad de las propuestas posteriores que se realizan sobre la avenida y muy particularmente a la que hoy nos ocupa y que tiene a Ron Pedrique como cabeza visible de un equipo interdisciplinario integrado por los arquitectos Stan Panasewicz, Peter Hugues y Ana Teresa Márquez; los ingenieros Rafael Raga, Jaime Balderrama, Tulio Pérez Planchart, Giuseppe Maule y el economista Panaghis Travios. Como dato no menos relevante vale la pena señalar que las perspectivas del informe ya citado que lo recoge fueron dibujadas por el arquitecto Lezsek Zawizsa.

Egresado en 1948 en la primera promoción de la Escuela de Arquitectura, perteneciente entonces a la Facultad de Ingeniería de la UCV, con estudios de especialización en Suecia en urbanismo y arquitectura sanitaria, José Antonio Ron Pedrique (1927-2001) se convirtió en uno de los arquitectos cuya impronta marcó la ciudad desde finales de los años 50 del que poco se ha escrito. Junto a Jorge Romero Gutiérrez realiza (prácticamente recién graduado), a finales de los años 40, los proyectos para las urbanizaciones Prados del Este y para la Ciudad Balneario Higuerote y luego, de forma independiente, para Cumbres de Curumo, Santa Sofía, San Luís y Santa Paula, entre otras. Fue Director Técnico del Centro Simón Bolívar entre 1960 y 1962, por lo que es bajo su gestión que se elabora el proyecto del Centro Cívico de Caracas. Posteriormente (1964-1966) diseña y se construyen los edificios gemelos de baja altura, prolongación del Centro Simón Bolívar, que albergarían por muchos años al INAVI (Cruz Verde, al sur) y Cartografía Nacional (Camejo, al norte), absorbidos y desdibujados por el proyecto para el Palacio de Justicia de Gómez de Llarena. Con ellos el propio Ron Pedrique se plegaba a planteamientos académicos y simétricos que se suponían superados por la imagen plasmada para el Centro Cívico.

4. Centro Simón Bolívar. Desarrollo integral. Plan de obras y financiamiento. Plano volumétrico

En todo caso, la propuesta de Ron Pedrique se apoya en los informes previamente elaborados por la Comisión de Estudios sobre la Utilización y Desarrollo de las Áreas propiedad del Centro Simón Bolívar, C.A., el Informe y recomendaciones propuestas por Maurice E. H. Rotival y los Planos y Documentación de la Dirección de Urbanismo del Ministerio de Obras Públicas y de la Oficina Municipal de Planeamiento Urbano. La propuesta propone usos y divide el área de 50 hectáreas asignada en cinco zonas: la Zona A, contigua a las Torres existentes del Centro Simón Bolívar; Zona B, destinada a la Plaza Cívica; Zona C recreativa cultural: la Zona D para el Palacio de los Ministerios y un Centro Comunal y la última, la Zona E, donde se propone la Comunidad El Conde, a ser resuelta por concurso.

5. Centro Simón Bolívar. Desarrollo integral. Plan de obras y financiamiento. Edificaciones (uso)

Dos citas de una entrevista concedida en 1989 por Ron Pedrique a Silvia Hernández de Lasala, que extraemos de su texto ya citado, son suficientemente esclarecedoras de la actitud pragmática y hasta cierto punto arrogante con que se enfrentó el proyecto, ilustrativas de cómo se visualizaba la ciudad, sus componentes y su desarrollo por aquel entonces. La primera refiere al proyecto del Centro Cívico: “La Avenida Bolívar es una autopista, está empalmada con la Autopista del Este y centraliza un caudal enorme de tránsito por todo el centro del casco urbano… Me parece bien la vía rápida como alimentación del Centro, la creación de una plataforma por encima de la Avenida y la utilización del desnivel que hay entre la Avenida Bolívar y la plataforma peatonal con estacionamiento… Se obtenía así una continuidad desde el Centro Simón Bolívar y el Parque Los Caobos”.

La segunda evidencia su cuestionable papel como gerente urbano que partía de la premisa de actuar sobre territorio devastado, situación que aún al día se hoy se padece: “Nosotros mandamos a arrasar a El Conde para quitar esa idea de la calle y la manzana de la cabeza. Esa era una zona de manzanas pequeñas parecidas a las de San Agustín… se nos criticó que parecía que se había bombardeado esa zona… Esa escala de cuadras y manzanas no va, no tenía valor alguno para su conservación. Zonas como esa podrían cumplir una función mucho más adecuada si hubiera una remodelación, un ordenamiento, una absorción de la zona para algo actualizado… El Conde era una estructura urbana que estorbaba, queríamos que de una vez se demoliera … lo tenían alquilado… estaba lleno de hoteluchos y pensiones”. A la luz de los efectos derivados del pensamiento que motiva esta última cita, del cambio de paradigma experimentado desde entonces en la manera como se debe actuar en el tejido urbano y de la situación actual de la avenida Bolívar y su entorno, a la cual habría que sumar las intervenciones provenientes de la Gran Misión Vivienda, preferimos que sea el lector, previa reflexión, quien saque sus propias conclusiones.

ACA

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Postal. Colección Crono Arquitectura Venezuela

1, 2, 3, 4 y 5. https://oscartenreiro.com/2013/12/28/una-pequena-historia-necesaria-ii/

LA RED HOTELERA NACIONAL

1. Vista de la fachada norte desde las áreas recreacionales

Hotel El Tamá

El hotel El Tamá (nombre tomado de un conocido páramo tachirense), es una de las instalaciones que forma parte del grupo cuya planificación y administración asume la Corporación Nacional de Hoteles y Turismo (CONAHOTU) desde su creación en 1955.

Junto al Trujillo, al Miranda, al Maracay, al Guaicamacuto, al Cumanagoto, al Bella Vista e incluso al Humboldt, el Tamá asume la tipología imperante a nivel internacional compuesta de un volumen prismático que destaca en altura conteniendo las habitaciones al que se articulan una serie de cuerpos bajos donde se congregan las actividades recreacionales y de servicio complementarias.

Considerado durante un buen tiempo como una deuda del régimen para con la zona del país donde había nacido su cabeza visible, el diseño de El Tamá, cuyos estudios preliminares se inician en 1953 (según la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento), finalmente se le encarga en 1955 al arquitecto Julio César Volante quien ya había participado en los proyectos de los hoteles Cumanagoto (Cumaná) y Prado Río (Mérida), con la clara intención de que fuese inaugurado el 2 de diciembre de 1956. Sin embargo, no pudo abrir sus puertas como “hotel de turismo” de tres estrellas, debido a demoras en el equipamiento de la instalación, sino hasta el 12 de enero de 1957.

2. Vista de la fachada sur

Como en muchos otros de los casos de la red de la CONAHOTU, El Tamá se distingue por la generosidad de sus áreas de apoyo que lo convirtieron en el lugar de encuentro de la sociedad tachirense y de realización de eventos nacionales e internacionales. Su piscina, que terminó tomando dimensiones “olímpicas” por orden de Pérez Jiménez ante las “pequeñas” dimensiones de la del proyecto original, hace de su localización y del esparcimiento alrededor de ella su centro de atención.

Tiene El Tamá un área total de construcción de 12.012,74 m2 y está constituido por 129 habitaciones, de las cuales 112 son dobles y 16 suites (ubicadas en un cuerpo de 9 pisos) y una suite presidencial localizada en el pent-house (con la que se remata el décimo nivel). Cuenta, además, con locales comerciales, comedor, fuente de soda, tasca bar, sala de fiestas, cuatro salones de usos múltiples, cocina principal, salón de juego, talleres, depósito, lavandería y otros servicios que se suman a la mencionada piscina, la piscina para niños y las áreas de jardines. Posee un estacionamiento para 150 vehículos.

3. Planta tipo

La planta tipo de las habitaciones obedece al esquema de una sola crujía lo cual, gracias al clima fresco de montaña que se disfruta todo el año en el área y la ventilación cruzada lograda, no hizo necesario la instalación de un sistema de aire acondicionado. Todas las habitaciones aprovechan desde sus generosos balcones que ven al norte, unificados a nivel de fachada por la continuidad de sus antepechos lo que le da al volumen una marcada horizontalidad, la vista a la ciudad y a las áreas de recreación. La fachada correspondiente a los pasillos de acceso se resuelve a través de un juego muy bien logrado de planos rectangulares que contrastan por su dinamismo con la sobria y elegante fachada principal.

4. Izquierda: El hotel en plena construcción. Derecha: Acto de inauguración el 2 de diciembre de 1956

En el artículo dedicado al hotel El Tamá que aparece en la página de Facebook “Cien años de historia” (https://www.facebook.com/cienanos.dehistoria.75/posts/1789649031296478/), donde se puede seguir todo el proceso que llevó a la construcción de la edificación, se recoge lo siguiente: “Desde la década de los cincuenta se consideró la necesidad de dotar al Táchira de un confortable hotel comparado con los mejores de Caracas. Los notables para entonces eran el Royal, inaugurado en 1932 y el Bella Vista de 1943. Los comerciantes Rodolfo Isea Luzardo, Cayetano Grimaldos Ruiz y José Gabriel Benedetti, se reunieron en diciembre de 1950 ‘para formar una Junta Promotora del Hotel de Turistas de San Cristóbal’. Nada surgió de allí, pues no se contaba con el suficiente capital para realizar semejante pretensión. Una crónica de Vanguardia, reflejaba en enero de 1955 semejante falta, diciendo que ‘cuanto viajero llega por estos contornos se queda asombrado al no hallar un hotel de primera categoría en nuestra capital… debe ser un hotel tipo internacional, nada de ‘taguaras’ a la usanza antigua’, haciendo el llamado a los inversionistas privados que nada hicieron en ese sentido. Sólo el ministro de Fomento, Silvio Gutiérrez, se interesó en el proyecto asomando la participación del 50% de capital oficial, a la vez que reservó a la familia Georgi Cárdenas 40 mil metros cuadrados ‘en la parte alta, allá por Pirineos’, donde se iniciaba la Urbanización Los Pirineos S.A.”

5. El hotel y su entorno
6. Planos de ubicación

Así, El Tamá se terminó ubicando sobre la avenida España (hoy 19 de abril) de la mencionada urbanización ocupando aproximadamente el 30% de un lote prácticamente plano de 54.032 m2 con vista panorámica sobre la ciudad. Terminados de adquirir los terrenos en 1955 y entregado el proyecto, para dar inicio a su construcción se llevó a cabo un proceso de licitación. Los sobres entregados por los participantes se abrieron a finales de abril de 1956, resultando ganadora de dicho proceso, que concluyó el 29 de mayo, la empresa C. A. Constructora Esfega (de los ingenieros José Rafael Ferrero Tamayo, Edgar Asís Espejo y Pedro Emilio García), dándose de inmediato inicio a la obra, cuyo costo sería de 7 millones de bolívares los cuales ascenderían finalmente a Bs. 11.328.074,71 (según Memoria del Ministerio de Fomento) con la inclusión del equipamiento (muebles y accesorios). Debía ser entregada en seis meses o, en otras palabras, el 30 de noviembre. Los responsables de la empresa constructora declaran al diario Vanguardia a finales de mayo “que el movimiento de tierra será de unos veinticinco mil metros cúbicos y que ya la maquinaria entró en actividad”.

Para finales de julio se estaba construyendo el sexto piso del total de diez del cuerpo de habitaciones registrándose un avance “record” del 55%. Muy a tono con lo que fue la vorágine constructiva de la época y la presión por entregar a tiempo se señala que para ello se contaba con “250 hombres, que cumplen ejemplarmente sus tareas repartidos en tres turnos diarios, laborando 18 horas de las 24 del día.”

7. Izquierda: Vista de las áreas sociales del último piso. Derecha: Vista de la piscina desde el cuerpo de habitaciones

Una vez puesto en funcionamiento El Tamá cubrió todas las expectativas pasando a ser el más importante de toda la región, seguido del Aguas Calientes, también de la extinta CONAHOTU, ubicado en la población de Ureña. Su excelente localización y poderosa imagen moderna hicieron que se convirtiera en referencia para los habitantes de San Cristóbal, habiendo llegado a alcanzar la categoría de cuatro estrellas en 1974. El hotel pasó a manos de Corpoturismo a partir del año 1974 por traspaso de la Procuraduría General de la República y fue objeto de una remodelación integral en 1988. Tras el proceso de privatización emprendido por el Fondo de Inversiones de Venezuela en 1991 (quien reportaba para esa fecha el excelente estado de conservación del inmueble), en 1993 fue comprado por el Consorcio Integral Andino 92, C.A y funcionó con este consorcio hasta el año 2002. Entre 1992 y 2002, el hotel cae en una profunda crisis financiera debido a que se dejan de pagar los impuestos correspondientes, creando así una deuda de aproximadamente mil quinientos millones de bolívares de la época. A esto se le sumaría otra deuda de aproximadamente quinientos cincuenta millones de bolívares por motivos de liquidación de empleados en el año 2002, cuando decide cerrar y dejar de prestar sus servicios al publico. Desde ese momento hasta la fecha, el hotel El Tama pasó a una Depositaria Judicial hasta tanto la deuda fuera cancelada. Tras sucesivos intentos por rescatarlo y anuncios gubernamentales de que “volverá a brillar para seguir siendo el templete del turismo tachirense”, El Tamá sigue a la espera.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. Colección Crono Arquitectura Venezuela

2, 3, 6 y 7. De Ascençao J.M. «Arquitectura hotelera estatal en Venezuela: 1952-1958», Trabajo de Grado de la Maestría en Historia de la Arquitectura, FAU UCV, 2005

4. https://www.facebook.com/cienanos.dehistoria.75/posts/1789649031296478/

5. https://vymaps.com/VE/Hotel-El-Tama-110883/

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Ray Eames y Lina Bo Bardi.

El viaje como laboratorio

Mara Sánchez Llorens y Fermina Garrido López

Ediciones Asimétricas

2018

De la nota de los editores de esta publicación en tapa blanda, escrita en castellano, extraemos lo siguiente:

Este libro constituye un viaje de viajes. Un periplo por los trayectos, peregrinaciones y mudanzas realizados por dos creadoras: Ray Eames y Lina Bo Bardi. Viajes que se funden con sus vidas y sus experiencias creativas; una sucesión de actividades y ensayos que componen el “laboratorio vital” de estas arquitectas.

Al viajar, Ray y Lina exploraron la mirada singular de otras disciplinas en torno a los problemas que a veces creemos exclusivos de nuestra práctica arquitectónica. Rebasaron los límites de los itinerarios canónicos y encontraron en los nuevos destinos, de la mano de la antropología, la artesanía, la moda, los espectáculos o el coleccionismo, nuevas fuentes de invención y nuevos procedimientos.

De destino en destino, por Estados Unidos, India, Italia, Brasil o Japón, Mara Sánchez Llorens y Fermina Garrido López, nos van descubriendo los distintos y fascinantes aspectos de una desbordante actitud creativa que llevaron a Ray Eames y a Lina Bo Bardi a compilar objetos procedentes de sus viajes, a exponerlos dentro y fuera del ámbito privado de sus casas, a diseñar muebles y joyas e incluso reescribir o filmar bellas historias encontradas en dichos desplazamientos en los que mantuvieron vigente su capacidad de sorpresa con lo cotidiano y su postura activa para participar en el mundo que las rodea.

Índice

Prólogo

La vida como viaje

Cronología vital viajera de Ray Eames

Cronología vital viajera de Lina Bo Bardi

El viaje como inicio

La celebración del viaje. Los objetos encontrados y su orden

Las arquitecturas del cuerpo. El circo

Un alto en el camino. El acto de sentarse

La memoria o cómo construirse a sí misma mediante los recuerdos viajeros

Bibliografía básica Procedencia de imágenes

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