Archivo de la categoría: Concursos de arquitectura en Venezuela

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 133

El Colegio de Ingenieros de Venezuela (CIV), cuya sede principal ubicada aledaña al Parque Los Caobos (Caracas) había sido objeto de un concurso convocado en 1939, ganado por Luis Alejandro Chataing en 1940 y terminado de construir en 1941, demostró al poco tiempo de ser ocupado y puesto en funcionamiento importantes carencias espaciales y funcionales para poder albergar las diversas e intensas actividades que el gremio promovía y asumía.

Es así que, a poco más de 20 años de inaugurada su conservadora edificación de rasgos art déco, el CIV, en vista del importante crecimiento tanto de sus afiliados como de sus programas gremiales, sociales y divulgativos, con la mente puesta en ofrecer un lugar de encuentro y mayor comodidad para sus crecientes dependencias, dentro de un necesario criterio de preservación, vuelve a convocar en 1964 otro concurso destinado a ampliar su infraestructura.

El jurado, integrado por los arquitectos Julián Ferris, Tomás Sanabria, Víctor Fossi, Leopoldo Martínez Olavarría y Oscar Carpio, otorgó el Primer Premio a la propuesta presentada por Jimmy Alcock (FAU UCV, promoción 9-1959) y Carlos Gómez de Llarena (FA ULA, 1967), caracterizada por «envolver» hábilmente las viejas instalaciones, incorporándolas a la composición mediante una especie de podio que baja de norte a sur desde la Calle Real de Quebrada Honda hasta el nivel del Parque Los Caobos, desde el cual es posible comunicarse con él. Los detalles de la realización del concurso se pueden revisar en el Boletín del CIV, Nº 53, mayo 1964.

Arriba izquierda: Perspectiva de la fachada principal. Arriba centro y derecha: Patios internos. Centro: Perspectiva general. Abajo: Planta baja

Tal y como lo describen Hannia Gómez y William Niño Araque en el texto elaborado para el catálogo de la exposición “Alcock. 1959-1992. Obras y proyectos” (Galería de Arte Nacional, 1992), dedicado a la propuesta ganadora del certamen: “El edificio de Chataing es envuelto por el nuevo edificio, un basamento que desciende hasta el parque, perforado de patios y surcado por pasarelas, sobre el cual se eleva el fuerte boque horizontal de oficinas. Entre este basamento surgen, como piezas integradas al juego de volúmenes, los fragmentos art déco del viejo colegio. El nuevo auditorio es el punto de referencia a la vez que la pieza clave de toda la composición, teñida sin lugar a dudas de un cierto tinte corbusiano. El techo del auditorio tiene encima otro al aire libre, como abierta tribuna al parque. Amarrando todo el complejo conjunto de niveles y escaleras de las nuevas áreas sociales y de servicios, transcurre una pasarela como una cinta continua. Esta pasarela, al llegar al frente, se extiende para convertirse en plaza de entrada, cortando el estacionamiento en dos. La plaza se reproduce adentro del edificio como su principal espacio interno”.

Corte transversal

Sin entrar a comentar la predominancia que tendría la ampliación por sobre la preexistencia (la cual se fragmenta y diluye) y la discutible connotación que termina cobrando el término “envolver”, la ambiciosa propuesta presentada por Alcock y Gómez de Llarena apunta a lograr una transformación integral tanto de lo edificado como del lugar donde se inserta, haciendo del recorrido de las instalaciones y los lugares de encuentro (cubiertos y descubiertos) que dicho transitar genera un tema fundamental, sincerando, además, el frente hacia el bulevar Santa Rosa  (hoy Amador Bendayán) como acceso de mayor uso y por tanto ofreciendo hacia él otra imagen de la institución que contrasta con la mostrada por la “modesta” edificación original más bien volcada hacia el parque.
Lamentablemente, como tantas veces ha ocurrido, la realización y puesta en marcha de la construcción del proyecto ganador se topó con innumerables intereses creados lo cual impidió su cabal realización, tomándose sólo retazos del mismo para resolver ciertos problemas puntuales correspondientes a las áreas sociales y de recreación del Colegio. Queda así destacada ésta como una experiencia “a medias” entre lo que debía ser y lo que resultó realizándose. Entretanto, Alcock por un lado y Gómez de Llarena por el otro se han destacado como dos de los más importantes arquitectos de su generación.

ACA

Procedencia de las imágenes

Todas. Alcock. 1959-1992. Obras y proyectos, Galería de Arte Nacional, 1992

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 125

Nuestra postal del día de hoy recoge uno de los dibujos (en específico una axonométrica seccionada horizontalmente por una de las plantas tipo) del anteproyecto presentado por Pablo Lasala Ferrer (1940-2000) para el Concurso Nacional de Arquitectura “Sede de la Asociación de Ejecutivos del estado Carabobo” (1998), en el cual fue distinguido con el primer premio. Colaboraron en la participación las arquitectos Carolina Díaz, Isabel Guerrero e Isabel Lasala y los bachilleres Claudio Ruiz y Ana Lasala.

Su condición de excelente dibujante, que fue cultivando a lo largo de toda su vida y que lo convirtió en referencia dentro de este tipo de certámenes a nivel nacional, ofreció a Lasala en esta ocasión la oportunidad de constatar, sumado a su dominio de la técnica de la perspectiva y conocimientos de geometría descriptiva (que plasmará en su trabajo de ascenso a la categoría de Agregado -1990- dentro del escalafón universitario en la UCV), lo que su hija Isabel denomina como “la llegada de la computadora” en Creando lugares. Entre la exaltación y la superación del objeto arquitectónico en la obra de Pablo Lasala (2014). De allí recogemos cómo, a diferencia de la dificultad que han tenido muchos arquitectos en asimilar su encuentro con lo virtual por el extrañamiento que implica “el despegue de lo sensorial y de la mano en contacto con el papel (…), Pablo Lasala más bien se mostró atraído por las posibilidades de los medios digitales, que rápidamente absorbió e hizo suyos, manteniéndose actualizado hasta el final. Tal vez su conocimiento de la geometría y la precisión con que siempre proyectó generaron su nueva pasión por este medio de representación. Su búsqueda incesante y entusiasta aceptación de los nuevos medios de comunicación, además, es una clara muestra de la necesidad de aprovechar al máximo, y hasta el último momento, las técnicas que mejor le permitieran expresar sus ideas”.

También se inscribe este dibujo dentro de una de las modalidades que más utilizaba Lasala a la hora de expresar los contenidos que le interesaban. En este caso da cuenta de la implantación a través de una vista axonométrica a vuelo de pájaro que a su vez permite apreciar y explicar la naturaleza del edificio proyectado, el manejo de la topografía y la manera como se materializa la doble piel que lo envuelve.

En lo que concierne al concurso en sí, el mismo permitió en su momento confrontar la veteranía y a la vez actualizada técnica representativa de Lasala con las propuestas enviadas por equipos conformados por jóvenes profesionales dos de los cuales obtuvieron el segundo y el tercer premio: Luis Miguel Ferreira, Luis A. Hoenicka y Gabriela Ríos por un lado y Ángel Rafael Sifuentes por el otro.

1. Arquitectura HOY, nº 252, 12 de junio de 1998.

La memoria descriptiva del proyecto ganador (recogida en el nº 252 de Arquitectura HOY del 12 de junio de 1998), señala lo siguiente: “Desde el punto de vista formal la edificación consta de dos elementos claramente identificables: un basamento tratado con una moderada elaboración formal y un volumen prismático que parece emerger del basamento ubicado en la zona sur de éste. (…) El basamento a su vez consta de dos partes. La primera tiene forma piramidal y se encuentra ubicada en la zona sur del terreno. La segunda está constituida básicamente por un prisma de base rectangular de 39M x 26M x 9M de altura, tres de cuyos bordes están tratados utilizando volúmenes adosados al prisma (…) El volumen prismático, que parece surgir del basamento está descompuesto en dos componentes separados por una estrecha brecha. El menor de ellos tiene planta triangular y nace claramente del suelo. El segundo, mucho mayor que el primero, tiene planta trapezoidal, y parece flotar a poca distancia de la superficie del basamento piramidal pues no hace contacto con él. Ambos componentes conforman un volumen total virtual de planta rectangular y de la misma altura”. A esta descripción detallada de las características formales del edificio seguirá la correspondiente a la manera como se maneja el programa (destinado a oficinas con una pequeña área comercial y sus respectivos servicios de apoyo) y su distribución en los diferentes cuerpos prefigurados.

Así, la “Sede de la Asociación de Ejecutivos del estado Carabobo” significará para Isabel Lasala la culminación en el tratamiento de un tema que en la trayectoria de su padre ya había aparecido diecisiete años antes en la primera propuesta para el Concurso de la Catedral de Ciudad Guayana y en el Concurso para la Sede del Edificio Administrativo para la Gobernación del Distrito Federal: la caja en el paisaje. Ello le permite clasificar la propuesta dentro del capítulo 3 de su libro dedicado a “El basamento y la caja flotante” bajo el subtítulo “El logro de una búsqueda” y afirmar: “Desde el exterior se recupera el espíritu de la primera propuesta: las dos piezas  recobran su independencia y pureza formal pero con algunos cambios sustanciales, pues la caja está dividida y al basamento se le suma un nuevo elemento”.

En cuanto a la “creación de lugares”, este proyecto, que como tantos otros procedentes de un Concurso nunca fue construido, se suma a la aspiración de Pablo Lasala de ir siempre más allá del cumplimiento del programa estableciendo un compromiso silente con el lugar donde le ha tocado insertarse, “que lo conduce -según Isabel- a trascender lo meramente arquitectónico y ubicarse en los ámbitos de lo atmosférico, de lo intangible” formando parte de aquellos volúmenes diseñados “para ser mirados desde lejos y para mirar a lo lejos desde ellos”.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Isabel Lasala, Creando lugares. Entre la exaltación y la superación del objeto arquitectónico en la obra de Pablo Lasala (2014)

  1. Arquitectura HOY, nº 252, 12 de junio de 1998

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 120

Con Expo-Sevilla 1992 se cerró el ciclo de las grandes Exposiciones del siglo XX herederas aún de la grandilocuencia proveniente del siglo XIX. Desde Osaka (1970) no se llevaba a cabo un encuentro de este tipo. La excusa explícita, como se sabe, fue la conmemoración de los 500 años del Descubrimiento de América. La intención solapada era inyectar una buena parte de dinero procedente del acelerado crecimiento económico español a una de sus zonas más atrasadas. El lema de la Feria: «La Era de los Descubrimientos».

1. Expo Sevilla 1992. Plano General

Sevilla sufrió, en efecto, en 1992 su transformación más importante desde la Exposición Iberoamericana de 1929. La decisión de ubicar el corazón del evento en la isla de La Cartuja tuvo la clara intención de dotar de vida un sector olvidado de la ciudad señalando hacia donde debía toda ella expandirse. Sin entrar en detalles sobre las virtudes o defectos del trazado ordenador final de la Feria, es curioso observar cómo en la capital andaluza se repitieron buena parte de las manifestaciones que desde ya hace tiempo este tipo de evento venía arrastrando. Así, en Expo-Sevilla se siguieron incrementando las experiencias sensoriales, ahora más acordes con los tiempos mediáticos que ya se vivían, se siguió apostando por el progreso, por el desarrollo de la ciencia y la tecnología y se continuaron viendo combinaciones de exotismo con la más reciente novedad, intentos nostálgicos de recuperación del pasado, verdaderos templos al high tech y unas pocas búsquedas contestatarias a tanta escenografía, a tanto refinamiento y a tanto kitsch .

2. Página de arquitectura de Economía HOY del 21 de julio de 1990.

Venezuela fue el séptimo país en confirmar su presencia en la feria y uno de los cuatro países latinoamericanos que realizó para Expo-Sevilla un Pabellón propio proyectado en el país. Su selección provino de un concurso por invitación en el que participaron ocho arquitectos: Domingo Álvarez, Jorge Castillo, Gorka Dorronsoro, Enrique Larrañaga, Juan Carlos Parilli, Jesús Tenreiro, Oscar Tenreiro y Henrique Hernández. El jurado integrado por Pablo Lasala, Tomás José Sanabria (Presidente), Emile Vestuti, Henrique Vera y Juan Pedro Posani (Curador del Concurso), en veredicto emanado el 25 de junio de 1990, luego de resaltar los valores de cada una de las propuestas entregadas, declaró ganadora de manera unánime la presentada por Henrique Hernández quien trabajó en la gestación y desarrollo del proyecto conjuntamente con Ralph Erminy, colaborando en la arquitectura Marcel Erminy y en la estructura Carlos Henrique Hernández y Waclaw Zalewski.

3. Pabellón de Venezuela en Expo Sevilla 1992. Planta y fachadas

Este par de profesionales tuvieron la oportunidad, gracias a la realización del Pabellón, de poner nuevamente en práctica las ideas que en cuanto a la relación arquitectura-tecnología venían sosteniendo desde hace muchos años y que les llevaron a la creación en 1975 del Instituto de Desarrollo Experimental de la Construcción (IDEC) en el seno de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV. Ambos tenían una amplia trayectoria académica habiendo llegado Erminy a ser Director de la Escuela en el período 1959-62. Hernández, junto a Fruto Vivas, emprende como estudiante un acercamiento pionero a la arquitectura popular a mediados de los 50 y ya en los sesenta lidera la Unidad de Diseño en Avance del Banco Obrero, experiencia abocada a la resolución masiva del problema de la vivienda mediante la aplicación de sistemas constructivos industrializados creados en el país con tecnología propia, lo que le vale en gran medida para propulsar la fundación del IDEC.

4. Pabellón de Venezuela en Expo Sevilla 1992. Sistema estructural

No es de extrañar, por tanto, que el Pabellón de Venezuela en Sevilla obedezca, aunque en un tono más matizado que el asumido en otras experiencias realizadas dentro del IDEC, a una visión muy concreta de la arquitectura. De aquí que los autores no duden en utilizar la tecnología como clave para sugerir la imagen del país, una Venezuela donde la innovación y el desarrollo son básicos en la consecución de su futuro, pasando a ser el Pabellón un prototipo muy útil para el perfeccionamiento de una línea investigativa que el IDEC adelanta: las «Estructuras transformables».

De hecho, el Pabellón, construido en Venezuela con la colaboración de la industria del aluminio, conformado por 6.475 piezas, con base a un modelo estructural consistente en un sistema desplegable en acordeón concebido para cubrir un espacio de 600 m2, llega a Sevilla embalado dentro de tres enormes cajas para, una vez en el sitio, ser armado en tan sólo 13 horas. También se previó su posterior replegado para poder ser de nuevo trasladado y reinstalado en Venezuela, cosa que lamentablemente no ocurrió. Sus autores en un principio hubiesen querido que esto sucediese a diario en plena Exposición pero las características del formato y condiciones de proyección del audiovisual que en su interior se proyectaba lo impidieron.

5. Pabellón de Venezuela en Expo Sevilla 1992. Vista general

Sin embargo, el Pabellón de Sevilla, ubicado dentro del recinto ferial entre el Camino de Las Acacias y la Calle 11, entre el pabellón de Rusia y el de la Organización Nacional de Ciegos (ONCE), en un terreno de 2000 m2 de los cuales abarcó una superficie construida de  1822 m2 alcanzando una altura máxima de 20 mts., se visualiza no sólo como tecnología sino también como un espectáculo por lo que tal vez el calificativo de «high tech» no sea del todo apropiado. Su conformación así lo revela: una Plaza inclinada concebida como una gran fiesta visual, como aventura, lugar de encuentro y a la vez de tránsito al edificio propiamente dicho. Al respecto Henrique Hernández apuntará en el libro editado por el IDEC Pabellón de Venezuela. Expo ’92 Sevilla. Una aplicación de estructuras transformables (1993), que: “LA PLAZA representará la búsqueda de la percepción no inmediata, como una metáfora de uno de los hitos del gran acontecimiento histórico que celebramos en la Expo 92: el cambio de la imagen plana que el hombre tenía de la tierra y el nacimiento del mundo esférico, experiencia virtual del espacio percibido y del espacio real”.

Tras esta concepción Hernández y Erminy incorporan al artista venezolano Carlos Cruz-Diez a quien corresponderá el tratamiento cromático tanto del piso como de los elementos que cubren la plaza: treinta y seis paraguas de 16 metros de altura que virtualizan la forma de un cubo. Por su parte el volumen del edificio es el resultado de la función que fundamentalmente debía albergar: una sala convencional de proyecciones en la que se presentaba de forma continua un audiovisual con imágenes del patrimonio cultural y paisajístico del país cuyo guión se basó en un texto de Arturo Uslar Pietri, que a decir de los arquitectos y como ya hemos señalado «limitó mucho las ideas». También contenía el Pabellón un área de exposiciones de aproximadamente 1035 m2 y espacios para oficinas, depósitos y servicios. El resultado: un contenedor en forma de prisma truncado conformado por una trama estructural libre de soportes intermedios, con una luz de 32 metros lineales en sentido longitudinal y 22 metros lineales en el sentido transversal.

6. Portada del libro editado por el IDEC, Pabellón de Venezuela. Expo ’92 Sevilla. Una aplicación de estructuras transformables (1993)

Tal vez sea el de Sevilla (junto al diseñado por Carlos Raúl Villanueva para Expo-Montreal 67) el más consistente y ajustado de los Pabellones presentados por Venezuela en Exposición Universal alguna. En él los objetivos trazados y la obra materializada tienen plena coherencia entre sí y con toda una trayectoria profesional y académica en la persona de los proyectistas, cuya más inmediata traducción puede palparse en el equilibrio entre economía y tiempo de ejecución muy ligadas a su vez con el sentido efímero que toda edificación de este tipo conlleva. Su aporte al desarrollo de un método constructivo para estructuras itinerantes junto a la meta también alcanzada de obtener una «estructura-edificio-símbolo de la industria venezolana del aluminio» podrían completar el renglón correspondiente a sus logros.

7. Pabellón de Venezuela en Expo Sevilla 1992. Plaza con pavimento y mástiles diseñados por Carlos Cruz-Diez

La arquitectura espectáculo, la integración de la artes, la arquitectura mensaje y el desarrollo tecnológico temas subyacentes que rodean a la preocupación de los proyectistas por lograr una obra que sea expresión de la identidad nacional, les ofrecieron la oportunidad de construir una gran metáfora que, palpable o no, servirá como abono de las ideas formales: la alegoría de la luz y el color del Caribe. Los espacios interiores y, fundamentalmente, la Plaza (un pequeño bosque tropical) asumen dicho compromiso identificatorio. En tal sentido Ralph Erminy expresará: “Arte y plaza no son causa ni efecto, la plaza aparece por la necesidad del arte y el arte como consecuencia del encuentro. La plaza es el lugar del encuentro para dilucidar qué es el país como terruño y la nación como sociedad de hombres. Allí nada está sobrepuesto, allí todo está integrado. Es un lugar de incitación a la sensibilidad, donde la poesía también ocupa un lugar”. Apreciar en este Pabellón, que contó con la fortuna de ser uno de los pocos proyectos provenientes de un concurso de arquitectura realizado en Venezuela que logró construirse, la modernidad como soporte de lo nacional y a la vez su rol representativo de tendencias de alcance universal dentro de la arquitectura local, deja sobre el tapete planteada la perpetua paradoja que pesa sobre la identidad arquitectónica venezolana que, como bien sabemos, no se trata, ni mucho menos, de un episodio cerrado.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Pabellón de Venezuela. Expo ’92 Sevilla. Una aplicación de estructuras transformables (1993)

  1. https://htca3expo92.wordpress.com/tag/propuestas/

2. Página de arquitectura de Economía HOY del 21 de julio de 1990.

3. https://catalogosdearquitectura.wordpress.com/2018/03/12/hernandez-henrique-1992-pabellon-de-venezuela-en-sevlilla/

4. Carlos H. Hernández, «EL PABELLÓN DE VENEZUELA EN LA EXPO^92.UNA ESTRUCTURA DESPLEGABLE EN DURALUMINIO» (1993). http://informesdelaconstruccion.revistas.csic.es

5 y 7. https://entrerayas.com/2019/03/a-10-anos-de-la-partida-de-henrique-hernandez/

6. Colección Crono Arquitectura Venezuela.

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 117

Cuando el año 1950 José Miguel Galia (1919-2009) es declarado ganador del Concurso de anteproyectos para la sede del Ateneo de Valencia (estado Carabobo) tenía sólo dos años radicado en Venezuela y seis de haberse graduado en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, República Oriental del Uruguay, de donde llega, como dirá Alberto Sato en José Miguel Galia. Arquitecto (2002), “cargando un portafolio con más proyectos que realizaciones, con más ilusiones que certidumbres…”.

Tan pronto arriba al país en 1948, en medio de los convulsos acontecimientos que derivaron en el derrocamiento de Rómulo Gallegos, primer presidente venezolano electo por el voto directo y secreto, Galia empieza a gestionar la reválida de su título en la Escuela de Arquitectura, para esa fecha adscrita a la Facultad de Ingeniería, en la Universidad Central de Venezuela (UCV), trabaja en 1949 en la oficina del arquitecto Heriberto González Méndez y entiende la vía del concurso como una de las mejores maneras de abrirse paso y darse a conocer dentro del medio profesional local.

1950 marca definitivamente para Galia su integración plena a la actividad del país: además de obtener la reválida el 22 de marzo y de participar casi de inmediato en el Concurso para el Ateneo de Valencia, se incorpora a la Comisión Nacional de Urbanismo (donde permanecerá hasta 1954). El año siguiente inicia su labor como docente en la UCV, invitado por Tomás J. Sanabria, y funda con el arquitecto Martín Vegas la firma Vegas & Galia, sociedad que se mantendrá hasta 1958, considerada como una de las oficinas más importantes en la historia de la arquitectura nacional. En 1953 participará en la fundación de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la UCV.

Se trata, por tanto, el Ateneo de Valencia de la tercera obra (tras la casa Mosco -Los Teques- y la casa Blank -Altamira-) que Galia realiza en Venezuela dentro de una dilatada trayectoria que recoge alrededor de 120 concursos, proyectos y realizaciones. El certamen que lo origina, convocado el 16 de junio de 1950 dirigido a profesionales nacionales y extranjeros residentes en el país, dado su programa relativamente modesto no llegó a despertar demasiado interés en el gremio contándose finalmente con la participación de tan sólo cuatro propuestas. El jurado, conformado por Tomás José Sanabria, Carlos Raúl Villanueva, Carlos Luis Ferrero y Emiliano Azcúnez, dio su veredicto el 7 de noviembre y aunque Galia resulta ganador a título individual, el proyecto se desarrolla en la oficina que fundará con Martín Vegas meses después. Las obras se inician en 1951 y el edificio se termina de construir con el apoyo del Concejo Municipal y el gobierno regional del estado Carabobo en 1952, siendo inaugurado por la presidenta por aquel entonces de la institución Lucila Martín.

Valga acotar que el Ateneo de Valencia se funda el 25 de febrero de 1936 por iniciativa de la escritora María Clemencia Camarán y un grupo de animadores culturales y funcionó desde entonces hasta la terminación de su nueva sede en una vieja casona colonial ubicada en la calle Páez. Según hemos recogido de http://www.ateneodevalencia.org/ateneo.htm, “ha sido una de las instituciones culturales más importantes del país y, sin duda alguna, la primera de las instituciones privadas que asumió el reto de promover y divulgar las artes visuales cuando, a sólo siete años de su fundación, decidió crear el Salón ‘Arturo Michelena’.

Desde 1943, año en que organizó el primer salón en homenaje al gran pintor venezolano, ha mantenido esta confrontación, junto a otros programas que definen su perfil institucional como Ateneo: Bienal de Literatura ‘José Rafael Pocaterra’, Cuadernos ‘Cabriales’, Biblioteca ‘Enrique Tejera’, Coral Infantil, Conciertos Pedagógicos, Talleres de Teatro. Los programas se han diversificado en el transcurso del tiempo. Pero, en esencia, el Ateneo de Valencia, ha definido su perfil alrededor de la promoción, difusión y estímulo a la creación de todas las artes”.

1. Ateneo de Valencia. José Miguel Galia. Planta baja.
2. Ateneo de Valencia. José Miguel Galia. Arriba: Corte D-D. Abajo: Corte C-C

El edificio proyectado por Galia, de 750 m2 de construcción distribuidos en dos plantas, se emplaza en el cruce de la Avenida Bolívar con Calle Salom. En la planta baja se ubicaron el auditorio y la sala de exposiciones, a doble altura e iluminada cenitalmente y en la segunda se dispusieron las oficinas administrativas y la biblioteca. “Una rigurosa retícula de 5 x 5 m compone la estructura (…), con muros de piedra y algunos revestimientos de Cristanac -que tenían inundada Caracas- (…)”. Un patio de 10 m x 10 m nuclea a su alrededor las actividades fundamentales, identificándose “rasgos de la arquitectura brasileña en el tratamiento del muro curvo de la esquina en la planta baja, la fachada principal oeste se cierra con brise soleil verticales y el frente cuyo revestimiento configura un dibujo de ritmos geométricos protegido por una pérgola de concreto”, aspectos que “señalan un sistema de referencias de compleja articulación”,  afirmará Sato en el libro ya citado.

3. Ateneo de Valencia. José Miguel Galia. Sala de exposiciones

Como también señalará Sato, esta obra que revela “una particular identidad con lenguajes neoplásticos (…) permitió a Galia afirmar una estética que se identificaba con un trópico cuyo interés recorría las costas desde Los Ángeles, Miami, hasta Río de Janeiro, pasando por La Habana, Santo Domingo y Panamá. El paso a un nuevo lenguaje, a una preocupación que intentaba traducir la arquitectura en términos de clima, ambiente y tendencias modernas se presentaba como un desafío en el anteproyecto del Ateneo de Valencia”.
La institución acobijada por este revelador edificio se adaptó a las condiciones que dieron origen a su concepto espacial, durante largos años. Más tarde, en 1991, al asumir la Presidencia del Ateneo el escritor José Napoleón Oropeza, decide crear, al frente de la Junta Directiva, “programas que recogieran parte de la tradición y acervo de la institución y, al mismo tiempo, señalasen nuevos rumbos que se tradujeran en una auténtica apertura hacia la modernidad. Se creó el Museo ‘Salón Arturo Michelena’, La Casa de los Talleres, La Cátedra ‘Ida Gramcko’, los programas La Luciérnaga, Correcaminos, La Mandrágora y, más recientemente, el Teatro Infantil ‘Cataplum’, el Teatro de Cámara Latinoamericano, el Circuito de Títeres Correcaminos y el Centro Experimental de Teatro”. Dicha modernización implicó la realización de un proyecto de recuperación y ampliación a cargo del arquitecto Franz Rísquel y de la ingeniera Amel Beze. A pesar de que la conservación del edificio luce impecable a 66 años de su inauguración, el Ateneo de Valencia ha recargado sus actividades y tenido que sufrir un proceso de expropiación de sus instalaciones y de su acervo artístico, bibliográfico y hemerográfico producido en 2008 y que luego de 10 años no ha permitido restituir la legalidad y devolverlo a sus legítimos propietarios.

ACA

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Postal. Colección Crono Arquitectura Venezuela

1,2 y 3. Alberto Sato, José Miguel Galia. Arquitecto, 2002

TAL DÍA COMO HOY…

… el 13 de mayo de 1995 aparece desplegado a todo lo ancho del número 106 de Arquitectura HOY el resultado de la primera etapa del Concurso Nacional de Ideas para el Patio-Jardín Esquina La Torre, Caracas.

El llamado a concurso para proponer una vez más respuestas a lo que en algún momento hemos denominado desde estas mismas páginas como la “la más descuidada entre las más importantes esquinas del país” (ver Contacto FAC números 33 y 34 del 26-06 y 02-07-2017, respectivamente), se hizo a comienzos del 1995 generando, una vez más, entusiasmo y expectativas por el significado del espacio objeto de atención más allá del destino, escala urbana y peso programático que establecían sus bases.

La cobertura dada por Arquitectura HOY y muy particularmente por Enrique Fernández-Shaw a este evento, estuvo conformada por tres entregas fechadas el 6 de mayo (nº 105), el 13 de mayo (nº 106 que reproducimos hoy) y el 27 de mayo de 1995 (nº 108).

De lo recogido en el semanario se desprende que fueron un total de 28 los participantes que entregaron sus propuestas el 21 de abril las cuales fueron expuestas en el Palacio de la Gobernación del Distrito Federal, ente que junto al Instituto de Patrimonio Cultural fueron los convocantes. También, que las deliberaciones estuvieron a cargo de un calificado jurado integrado por Asdrúbal Aguiar -Gobernador del Distrito Federal-, Juan Pedro Posani -Presidente del Instituto de Patrimonio Cultural- y los arquitectos Carlos Gómez de Llarena, William Niño, Pablo Lasala, Morela Montero y Jesús Tenreiro.

Sin embargo, es la lectura del veredicto reproducido en el número que hoy nos ocupa lo que permite develar que no han debido ser fáciles las deliberaciones del jurado ello derivado de dos circunstancias: la primera es que el fallo hecho público el viernes 28 de marzo no arrojó a la primera un único ganador sino que abrió un compás de dos meses adicionales para que cinco propuestas fueran desarrolladas (con base en recomendaciones particulares dirigidas a cada una) a objeto de llevar a cabo la selección final. La segunda se infiere del “voto salvado” y desvinculación de la decisión final de Jesús Tenreiro.

Así, la mayoría de los miembros del jurado exigía a los concursantes clasificados revisar de nuevo con detenimiento los objetivos principales que se planteaban en las bases del concurso y, en particular, tomar muy en cuenta el “marco de provisionalidad de la obra a realizar y el estricto límite presupuestario que a ésta le corresponde” así como también evidenciar “una mayor reflexión en cuanto a las relaciones con el entorno inmediato”, acentuando lo siguiente: “Queremos destacar lo inconveniente, en unos casos, de la excesiva exaltación de la monumentalidad, y en otros, de la disponibilidad en el futuro para una edificación correspondiente al rango espacial y emblemático que le corresponde”, argumentos que hablan por sí solos sobre las limitaciones con las que se buscaba abordar un lugar tan emblemático y el “sometimiento” y reto que se imponía a los participantes, aspectos que intuimos formaron parte importante de las deliberaciones y que no dudamos hicieron aflorar encendidas polémicas que pudieron derivar en el “voto salvado” por Tenreiro.

En todo caso, correspondió pasar a la segunda fase a los equipos conformados por: 1. Jorge Rigamonti, Mario Quirós y Alfredo Caraballo; 2. Luis Edurdo Fernández, Salvador Santorsola y Marisol Martínez; 3. Pablo Ballini y Rosalinda Barbosa; 4. Joel Sanz, Juan Carlos Parilli y Francisco Arocha; y 5. Enrique Feldman, otorgándosele Mención Honorífica a las propustas presentadas por: 1. Alessandro Famiglietti, Francisco Javier Cibeira y Carlos Gago; 2. Doménico Silvestro; 3. Cristina Von der Heyde y Javier Caricatto; y 5. Francisco Martín Domínguez. De todas ellas se recoge alguna imagen y un breve resumen en el ejemplar de Arquitectura HOY que hoy nos acompaña.

La entrega final de las cinco propuestas clasificadas se pautó para el 15 de mayo en la sede del Instituto de Patrimonio Cultural, haciéndose énfasis en la obligatoriedad, revisión y ajuste de los costos  “a fin de no sobrepasar el límite establecido en las bases (Bs. 30.000.000)” y en la necesidad de entregar “los cómputos de obra correspondiente”. Así mismo resalta el hecho de que “la Gobernación del Distrito Federal otorgará a los participantes de esta segunda etapa la cantidad de Bs. 200.000,00, a cancelarse una vez entregadas las propuestas, como compensación de los gastos inevitables en que los concursantes incurrirán”.

Finalmente, vencido el lapso, tomadas en cuenta las recomendaciones hechas por el jurado y cumplido con los requisitos exigidos fue seleccionado “por mayoría” como ganador del concurso el proyecto presentado por Jorge Rigamonti, Mario Quirós y Alfredo Caraballo. En esta segunda ocasión el jurado de forma escueta destacó “la altísima calidad de todas las ideas desarrolladas y señala que en esta oportunidad se vuelve a poner de manifiesto la utilidad y eficiencia cultural de la institución del concurso, la cual se recomienda generalizar particularmente en el ámbito público”.

1. Renders de la propuesta ganadora del Concurso presentada por Jorge Rigamonti, Mario Quirós y Alfredo Caraballo

De la propuesta de Rigamonti, Quirós y Caraballo, que contó con la colaboración de Ángela Rodríguez y Carmen Marquina, nos ha parecido procedente rescatar parte de la descripción que aparece en https://www.behance.net/gallery/12163537/Garden-Patio-at-La-Torre-Corner-of-Bolivar-Square y algunas de las imágenes que se prepararon para su presentación. En tal sentido, los 2.000 metros cuadrados ubicados en la esquina noreste de la Plaza Bolívar de Caracas objeto del Concurso se abordaron con el objetivo de crear “un espacio representativo para los actos protocolares y recepciones de la Gobernación, y ocasionalmente permitir el acceso público para actos culturales y recreativos”. Así mismo ‘El Patio-Jardín’ completa volumétrica y espacialmente la Plaza Bolívar, y reconstruye la esquina de la torre de la Catedral, mediante muros articulados y relacionados con los edificios cercanos, transmitiendo un sentido de dignidad y atemporalidad. (…)

Los muros en el patio-jardín se hacen instrumento de identificación, forman un ‘lugar’ y definen al mismo, crean una relación de inclusión-exclusión, y permiten reencontrar el sentido de ‘interioridad’, logrando una ‘intimidad’ rara en los espacios públicos de Caracas. Dichos muros ordenan en una secuencia cinemática, el recorrido desde el acceso indirecto, permitiendo un paseo narrativo dentro de un jardín evocador, donde las visuales a través de la vegetación y las articulaciones de los muros, nos sitúan en relación a la torre de la Catedral y su entorno, para luego desmaterializarse en la ‘Esfera Virtual’ del maestro Jesús Soto (presente como elemento a incorporar dentro de las bases del concurso). El piso a su vez también se desmaterializa en el espejo de agua que refleja la esfera”.

El desenlace final, lamentablemente, no derivó en la construcción de esta pieza que lidiando con todos los inconvenientes surgidos y desventajosas condiciones impuestas da la ocasión de encontrarnos pese a su “provisionalidad” y su escasa masa edificada con una obra que apuesta a trascender generando un recinto autónomo cargado de una clara impronta artística y poética que no olvida su condición de esquina.
Transcurridos 23 años el flanco noroeste de la esquina La Torre, marcado por una especie de designio negativo, sigue esperando su necesaria dignificación.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. https://www.behance.net/gallery/12163537/Garden-Patio-at-La-Torre-Corner-of-Bolivar-Square

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 109

Cuando el año 1939 el Colegio de Ingenieros de Venezuela (CIV) organiza un concurso para seleccionar el anteproyecto que permitiría la construcción de su sede en Los Caobos, habían transcurrido 78 años de su fundación, datada el 28 de octubre 1861 en medio de la Guerra Federal, adscrito inicialmente al Ministerio de Guerra y Marina. Durante ese lapso, en el que logra reforzar su talante de asociación cívica de apoyo al Estado y la Nación (potenciada desde su cambio de adscripción en 1881 al Ministerio de Educación), pasó de ocupar el Colegio de Santa María, situado entre la esquinas de Veroes y Jesuitas, a luego hacer lo propio en los salones de la Cámara de Comercio donde se reinstaló en 1922, para ubicarse finalmente en la vieja casa de la Universidad Central de Venezuela.

Siendo quizás la institución gremial más poderosa del país, el llamado que hace el Ministerio de Obras Públicas (MOP) y en particular el ministro Enrique Jorge Aguerrevere (descendiente del primer director del CIV, el Comandante de Ingenieros Juan José Aguerrevere, discípulo de Juan Manuel Cajigal), principal promotor del certamen, obligaba a dar un efecto de demostración que se tradujese en claridad organizativa, cumplimiento de los lapsos establecidos, pulcritud en la selección y garantías para que el desenlace desembocara en la efectiva construcción del edificio galardonado. En tal sentido, no sería exagerado decir que este concurso, en virtud de las entidades que involucró, es el primero que se organiza en el país siguiendo todos los parámetros que citas de este tipo imponen: desde la elaboración de las bases, el llamado abierto y la selección del jurado hasta la posibilidad de que la opinión pública conociese los resultados gracias a la importante difusión que se le dio.

Sin duda, el documento que mejor permite apreciar la envergadura y alcance de la contienda es el número que la Revista del Colegio de Ingenieros de Venezuela le dedicó casi en exclusiva: el 135, año XVIII, Caracas, abril-mayo-junio 1940. Allí nos encontramos desplegada una valiosa información que facilita hacerse una cabal idea de las expectativas generadas desde la convocatoria hasta su desenlace final, que tuvo en Luis Eduardo Chataing (1906-1971) a su ganador.

Así, de las bases del concurso elaboradas con suma sencillez y claridad, se desprende la intención de contar con un edificio austero, de medianas proporciones, con base en un programa de áreas que, a modo de referencia, establecía las dimensiones de sus espacios totalizando todos ellos 570 m2 de donde destacan la sala de sesiones para 120 personas y una biblioteca para 6.000 volúmenes como los más relevantes, acompañados por las áreas administrativas y los servicios de apoyo. Como datos no menores se indican: “El volumen del edificio no debe pasar de 2.500 m2 y el costo de la construcción se estima en 50 Bs/m2”. Y también: “la topografía del terreno y la vista sobre el Parque Los Caobos son factores que deberán tenerse en cuenta en la composición arquitectónica del edificio”.

En las bases se establecen los requisitos de entrega, la fecha tope en que serán recibidos los proyectos (31 de marzo de 1940), el premio (que ascendía a la suma de un mil bolívares -Bs. 1.000-), y el hecho de que “el proyecto premiado servirá de base para la elaboración de los planos de construcción, de acuerdo con el autor, quien además, si lo desea, ejercerá ad honorem la supervisión de las obras durante la construcción”. El jurado, estuvo integrado “por los doctores Oscar Augusto Machado, Gustavo Wallis y arquitecto Alfredo Jahn Jr.”.

1. Sala del Museo de Bellas Artes donde se expusieron las propuestas presentadas a concurso

Cumplidos los lapsos se recibieron un total de 14 propuestas de manos de lo más granado de la arquitectura venezolana del momento, que fueron presentadas el 17 de abril en los espacios del Museo de Bellas Artes, resultando ganadora la acompañada del Lema “Círculo-Triángulo-Cuadrado” del ya mencionado Luis Eduardo Chataing. Así mismo, se otorgaron 5 menciones a: Roberto M. Henríquez (Lema “Tridente”), Carlos A. Guinand (Lema “Colón”), Erasmo Calvani (Lema “Trébol”), Carlos Raúl Villanueva (Lema “S.O.S”) y Rafael Bergamín (Lema “RA”), las cuales pueden ser apreciadas en el número de la Revista del CIV a la que ya hemos hecho mención.

2. Algunas de las propuestas que obtuvieron mención honorífica en el Concurso. Arriba izquierda: Carlos Guinand Sandoz. Arriba derecha: Erasmo Calvani. Abajo izquierda: Roberto Henríquez. Abajo derecha: Rafael Bergamín

Chataing, es bueno apuntarlo, era hijo del más importante arquitecto de comienzos del siglo XX venezolano, Alejandro Chataing, con quien trabajó hasta su muerte en 1928 y de quien recibió la responsabilidad de concluir algunas obras y proyectos ya iniciados por la oficina de su padre para luego pasar a trabajar en el MOP a partir de 1930. Graduado en la UCV como Doctor en Ciencias Físicas y Matemáticas (1928), fue el primer director de la Escuela de Arquitectura de la UCV (1941), Miembro Fundador y Vicepresidente de la Sociedad Venezolana de Arquitectos (1945), uno de los Miembros Fundadores de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV (1953), Primer Vicepresidente del CIV y posteriormente Presidente del mismo, y Ministro de Obras Públicas del régimen de Marcos Pérez Jiménez (1952-1953).

3. Propuesta ganadora del Concurso presentada por Luis Eduardo Chataing

La solución presentada por Chataing al concurso para la sede del CIV (la cual hemos decidido mostrar acompañando la foto de la fachada sur hacia el parque Los Caobos del edificio construido que engalana nuestra postal del día de hoy), según palabras de su autor, siguió “tres normas principales (…) el buen funcionamiento del instituto, los niveles naturales del terreno y su magnífica ubicación. De igual manera hemos atendido en la composición general a las tres principales funciones del Colegio de Ingenieros, a saber: actividades profesionales, científicas y sociales ó de relación entre sus miembros, tratando de agrupar los distintos elementos de tal manera que, manteniendo la necesaria relación entre ellos, permitan el desarrollo de las diferentes actividades anotadas sin que interfieran entre sí”.

4. Planta de la propuesta ganadora del Concurso presentada por Luis Eduardo Chataing

Se trata de un planteamiento claramente conservador, que obedece a la intención de combinar reglas compositivas propias del academicismo con ciertas concesiones a la arquitectura del momento respaldadas por los criterios asumidos tanto en la composición de la planta como de las fachadas en función de su valor representativo. Chataing lo expresará de la siguiente manera: “Los elementos principales, por sus dimensiones y por su carácter o destino, están sobre la fachada que da al parque. Además es ésta, según nuestro criterio, la fachada que dará carácter arquitectónico al edificio y fue por esto y dada la índole del Colegio de Ingenieros, que dicha fachada y los elementos con ella relacionados los hemos tratado en un estilo que hoy quizá podríamos llamar ya neo-clásico, que sin dejar de ser moderno está muy lejos de la arquitectura hoy tan en boga y que por estar en completa evolución consideramos poco conveniente para un edificio que es de esperarse durante mucho tiempo será la sede del instituto”. Luego continúa: “En cambio la fachada Este la hemos proyectado en un estilo francamente moderno pero en correcta ligazón con el resto del edificio, tratando de acusar así la diferencia entre la parte representativa y social y la parte puramente funcional de la construcción”, toda una declaración del enfoque que se creía debía ser utilizado en el diseño de edificios institucionales.

El empeño puesto en que la sede del CIV fuese una realidad concreta de parte de los agremiados se ve reflejado también dentro del nº 135 de la Revista del CIV a través de dos páginas que recogen la “Cuenta de las contribuciones para el edificio del Colegio de Ingenieros de Venezuela cobradas hasta junio de 1940”, la cual totaliza Bs. 24.080 en montos que oscilan entre los 100 y los 1.000 bolívares, aportados por 147 personas (15% de los agremiados para la fecha), constituyendo ello casi la quinta parte del costo estimado de la obra, lo cual no es poca cosa. Semejante esfuerzo, sumado al apoyo del MOP, permitió que el edificio se concluyese e inaugurase en 1941 a poco más de un año de la realización del certamen dando como resultado una obra muy bien ejecutada, a tono con la imagen solemne y a la vez actual que se le buscó imprimir, respaldada por la selección de nobles materiales y cuidados detalles, que tuvo en el aporte artístico brindado por Francisco Narváez un excelente aliado en lo relacionado a realzar los diferentes espacios que la conforman pero muy particularmente el que fuese durante mucho tiempo su acceso principal desde el Parque Los Caobos. Consolidado como sede gremial, centro social, y en sitio donde funcionan 4 Fundaciones con personalidad jurídica propia, conexas a la ingeniería o a la salvaguarda de los intereses del gremio, y 5 asociaciones gremiales ingenieriles especializadas, el edificio con el tiempo se hizo insuficiente y tuvo que ser ampliado para lo cual se recurrió, de nuevo, a convocar un Concurso Nacional en 1964 ganado por los arquitectos Jimmy Alcock y Carlos Gómez de Llarena, que bien podría ser en otro momento objeto de nuestra atención.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Colección Crono Arquitectura venezuela

1, 2, 3 y 4: Revista del Colegio de Ingenieros de Venezuela, nº 135, 1940