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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 316

Algo alejada, pero a la vez integrada vialmente al trazado que terminó estructurando la urbanización El Paraíso, así como pieza importante en el empuje que se dio para emprender su poblamiento, Villa Zoila está estrechamente ligada, no sólo con la primera expansión de la ciudad hacia el sur al otro lado del río Guaire que rompió con el patrón de damero asumiendo el modelo de ciudad-jardín, sino con la historia política del país.

1. Detalle del Plano de Caracas de 1906 de Ricardo Razetti con la localización de Villa Zoila.

Claro ejemplo de la vivienda aislada caraqueña de comienzos del siglo XX, el inmueble comenzó a construirse a finales del año 1900 como vivienda personal por el doctor Julio Torres Cárdenas, secretario de la presidencia tiempo después, quien adquirió el terreno en noviembre de aquel año y casi de inmediato ordenó la construcción del edificio. Posteriormente, en 1903, Cipriano Castro adquiere la estancia otorgándole el proyecto para convertirla en la residencia presidencial a “el gran constructor del régimen”: el ingeniero y arquitecto Alejandro Chataing (1873-1928). A partir de allí es rebautizada como “Zoila” en honor a la esposa del presidente Castro, Doña Zoila Rosa Martínez de Castro.

La pareja presidencial habitó la casa hasta 1908, cuando Castro sale de la presidencia y del país. Las reformas realizadas por Chataing, registradas por Iván González Viso y Gregory Vertullo en el texto dedicado a la mansión aparecido en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015), tuvieron que ver, entre otras, con “el acceso a la villa, la inserción de las escalinatas a ambos lados del eje central, los jardines y la vialidad interna”.

2. Vista cenital actual de la ubicación de Villa Zoila y planta baja.
3. Villa Zoila a comienzos del siglo XX.

González Viso y Vertullo también aportarán lo siguiente: “Su estructura corresponde al sistema constructivo conocido como ‘Pan de Bois’, compuesto por esbeltas estructuras de madera articuladas con elementos dispuestos en sentido horizontal y diagonal, con un núcleo de mampostería de ladrillos. Las cubiertas de madera a cuatro aguas están soportadas por cerchas, protegidas inicialmente por láminas metálicas. La Villa está rodeada por corredores que articulan las tres crujías que componen el inmueble: la primera crujía alberga las áreas sociales, la segunda contiene las habitaciones y al centro la escalera de acceso a la torre, mientras que la última crujía (colindante con un alto muro de contención) alberga los servicios. La torre-mirador, similar a una pagoda con un distintivo techo a cuatro aguas, emerge del segundo cuerpo. Sobre las fachadas, con cerramientos apoyados sobre un antepecho con diagonales a modo de cruces, destacan pequeños vanos con calados de madera de diseños alegóricos al Art Nouveau”.

Con acceso desde la que se dio por llamar en aquel entonces como “avenida Castro”, que luego pasó a nombrarse “avenida de El Paraíso” y hoy se denomina José Antonio Páez (en el sector próximo a Puente Hierro), Villa Zoila está precedida por un amplio jardín definido por una avenida central arbolada que la comunica con la calle.

4. La Casa Amarilla (izquierda) y el Palacio de Miraflores (derecha) las dos residencias de los Castro en Caracas antes de instalarse en Villa Zoila.

Villa Zoila, indirectamente, estuvo vinculada a dos hechos si se quiere anecdóticos dentro de la historia del país a comienzos del siglo XX. El primero se relaciona al momento cuando, a raíz del terremoto del 28 de octubre de 1900, Cipriano Castro deja de utilizar la Casa Amarrilla como despacho y residencia presidencial cosa que había hecho desde su entrada triunfal a Caracas el 23 de octubre de 1899. Hasta entonces Castro había transformado el histórico edificio, según un cronista de la época, en centro de suntuosas fiestas: “La Casa Amarilla fue convertida en un palacio encantado. Cuatro mil lámparas incandescentes ordenadas de una manera artística y veinte y seis focos de arco voltaico, impresionaban a primera vista de una manera deslumbradora. Los salones eran fuente de maravillas, sobre todo el salón azul que contenía dos grandes escudos de Venezuela hechos de flores naturales. Todo era derroche de belleza que rayaba en lo incomparable”, se recoge en https://haimaneltroudi.com/historias-y-anecdotas-de-la-casa-amarilla/. Castro, el segundo mandatario que destinó el emblemático inmueble como su morada (el primero fue Francisco Linares Alcántara en 1877), aquel día en que la tierra tembló “se lanzó a la calle con un paraguas desde uno de sus balcones”, tal y como menciona Carlos Maldonado-Bourgoin en La Casa Amarilla: enclave histórico de Venezuela (1994). Es así como toma la decisión de ubicar una edificación con estructura antisísmica para fijar su nueva residencia y a la vez trasladar, buscando condiciones de seguridad similares, el despacho presidencial al Palacio de Miraflores alquilándoselo a Doña Jacinta de Crespo (viuda del general Joaquín Crespo). Para lo primero, mientras reside en Miraflores, localiza la villa que nos ocupa el día de hoy, construida en la naciente y aristocrática urbanización El Paraíso, dándole la oportunidad de acondicionarla, como ya se mencionó, a Alejandro Chataing para habitarla a partir de 1903.

5. Doña Zoila junto a Cipriano Castro (izquierda) y en su vehículo, c.1904 (derecha).

El segundo hecho ubica a Villa Zoila como una de las primeras (si no la primera) quintas que tuvieron que contar con vialidad interna y prever un espacio para estacionar un vehículo en el país. El hecho, aportado por Luis Alberto Perozo Padua en el artículo Fue en 1904 cuando llegó el primer vehículo a Venezuela”, aparecido en El Impulso el 20 de febrero de 2021, se vincula con la noticia de que, luego de ser junto a Clementina Velutini Couturier una de las contadas venezolanas que subieron a un automóvil en Europa, Doña Zoila Martínez de Castro importó uno al regresar de aquel viaje: un Panhard Levassor, traído en 1904, sumándose a los pioneros en hacer una adquisición de ese tipo en Venezuela.

6. Izquierda: Portada del libro de Mariano Picón Salas Los días de Cipriano Castro (1953). Derecha: Página de Caracas a través de su arquitectura (1969) dedicada a Villa Zoila.

Punzante por demás es la descripción que hizo Mariano Picón Salas en Los días de Cipriano Castro (1953) del edificio que hoy comentamos. Citado por Juan Pedro Posani en Caracas a través de su arquitectura (1969), Picón Salas expondrá: “Un reflejo de toda la bizarría decorativa de comienzos de siglo, de aquel estilo híbrido de las exposiciones universales, comienza a invadir la pequeña metrópoli. Para los ocho años de gobierno que ya le garantiza la Constitución, el propio Don Cipriano se está haciendo en El Paraíso -que las crónicas sociales de ‘El Constitucional’ apodan ‘Los Campos Elíseos’ de Caracas- una casa que con sus retorcidos techos y su abundancia de pintado hierro ornamental, tiene algo de pagoda y de pajarera de los trópicos. Pequeños kioskos esparcidos en los prados, con enredaderas de trinitarias y albricias servirían para agasajar a las visitas en los ‘garden-parties’ que puso de moda la época. Allí la bondadosa Doña Zoila recibe a las señoras caraqueñas y les ofrece inocentes sorbetes, merengadas, tisanas y pastas dulces, mientras a su terrible marido le asaltan más complejos o diabólicos pensamientos”.

Tras la salida de Castro en 1908, la casa fue adquirida por su hermana Doña Laurencia Castro De Lázaro, quien vivió allí poco tiempo para posteriormente venderla al Estado. Durante el gobierno de Juan Vicente Gómez estuvo deshabitada hasta 1921, momento en que es convertida en escuela para varones, siendo designada posteriormente como escuela de enfermería exclusiva para mujeres. Esta última institución no perduraría mucho allí, ya que en el año 1936 el general Eleazar López Contreras dispone que en las instalaciones de la casona de Puente Hierro funcione de común acuerdo con el gobierno de España la primera Escuela de Agentes de Seguridad Pública, bajo la supervisión del Capitán Don Cecilio Marrero Suárez y el Brigadier Don Ramón Moreno Ayape. Este cuerpo de seguridad posteriormente dará vida a lo que hoy en día se conoce como la Guardia Nacional de Venezuela.

La página https://www.facebook.com/Arquitecturavzl/photos/villa-zoilaen-1903-es-inaugurada-villa-zoila-siendo-dise%C3%B1ada-por-el-arquitecto-a/1805120076369996/ señala lo siguiente: en 1957, Villa Zoila, que había sido hasta entonces la sede de la Guardia Nacional “es ocupada por el Ministerio de Transporte y Comunicaciones, (pasando) los peores momentos de su historia, ya que le fueron agregados varios edificios anexos sin valor alguno, fueron destruidos sus jardines y los interiores de la antigua Casona y no conforme con eso en 1977 pretendieron demolerla para construir la sede del Ministerio de Transporte y Comunicaciones, acto en la cual intervino el ministro de la Defensa quien ordenó detener la demolición de la antigua vivienda Presidencial. (…) Durante años la Guardia Nacional tuvo varias batallas legales con el Ministerio de Transporte para que le fuera devuelta Villa Zoila como cuna de esta institución, y no fue hasta el año 1985 cuando por fin fue devuelta, en muy mal estado y casi por colapsar”.

7. Villa Zoila hoy convertida en Museo Histórico de la Guardia Nacional.

Luego de una rigurosa restauración, la casa es decretada Monumento Artístico e Histórico de la Nación el 7 de octubre de 1985 (según Gaceta Oficial 33.323), pasando a ser el Museo Histórico de la Guardia Nacional en el año 1991, uso que mantiene actualmente.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal y 4. Colección Crono Arquitectura Venezuela.

  1. http://guiaccs.com/planos/la-busqueda-de-el-paraiso/

2. Captura de Google Earth y http://guiaccs.com/obras/villa-zoila/

3. http://wikimapia.org/2091981/es/Villa-Zoila#/photo/509618

5. https://twitter.com/tachirense89/status/1292240052798533632?lang=zh-Hant y https://www.misrevistas.com/asia/lectura/5690/fue-en-1904-cuando-llego-el-primer-vehiculo-a-venezuela

6. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.

7. https://www.facebook.com/Arquitecturavzl/photos/villa-zoilaen-1903-es-inaugurada-villa-zoila-siendo-dise%C3%B1ada-por-el-arquitecto-a/1805120076369996/, https://iamvenezuela.com/2016/07/villa-zoila/ y https://www.pinterest.com.mx/pin/384917099381269405/

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 308

Es inevitable percibir a través de la imagen que recoge el espacio central de la quinta “Mágica” de Alejandro Pietri (1924-1992) que engalana nuestra postal del día de hoy, la presencia de la fantasía y la imaginación desbordada que en diversas ocasiones mostró este talentoso arquitecto venezolano a lo largo de su trayectoria. El uso del color tanto en la cubierta acristalada que filtra y refleja la luz, como en los peldaños de la impactante escalera en caracol que protagoniza el ambiente y cerramientos del mismo, su verticalidad y proporciones, a lo que se suma el tratamiento de los diversos elementos presentes entre los cuales destacan las esbeltas columnas que sostienen en parte los niveles superiores, remiten por un lado a la arquitectura islámica y por el otro al barroquismo que siempre vinculó a Pietri con su maestro en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Oklahoma: Bruce Goff.

Esta obra, cuyo proyecto fue realizado en el año 1990, terminó de construirse en 1992 poco después del fallecimiento de su autor, por lo que puede ser considerada como obra póstuma. El encargo provino de un sobrino de Pietri y la finalización le correspondió llevarla a cabo al constructor Iñaki Odriozola.

1. Plantas y tomas del espacio interior de la quinta «Mágica».

Ubicada en una parcela de 2.383,8m² en la calle Vicuña del Valle Arriba Golf Club en Caracas, la quinta “Mágica” se concibe en torno al espacio que hemos descrito y su escalera, la más importante de una serie de ellas que aparecen a lo largo de la planta, comunica el área social y los diferentes niveles directamente con la terraza jardín que funge de remate y desahogo del edificio. De allí cuelgan una serie de plantas ubicadas en jardineras que aportan otro toque particular al espacio a doble altura cubierto por la cúpula central. Los niveles intermedios fueron destinados a albergar las zonas privadas y sus servicios de apoyo siempre cuidando el contacto e integración con el exterior.

2. Quinta «La Margarita» (1963).
3. Quinta «Girahara» (1970).

La “Mágica” conforma junto a “La Margarita” (su vivienda personal ubicada en San Román, de 1963) y la “Girahara” (diseñada también para su sobrino Andrés Sosa Pietri en Santa Paula, 1970) una trilogía residencial que los arquitectos dominicanos Omar Rancier y Juan Mubarak en el texto “Alejandro Pietri. Un arquitecto redescubierto”, publicado en https://arquitexto.com/2019/04/alejandro-pietri/, no dudarán en calificar como “fantástica de antología”. Y añadirán: “En estas tres residencias es que se evidencia de una manera más clara la influencia de Bruce Goff por la imaginería y los efectos aleatorios en términos de materiales, luces y parafernalia. La Mágica, convertida en su legado póstumo, es arquitectura en su más profunda expresión lúdica, las vidrieras, las rejas, los muros, la conformación de sus espacios es poesía tridimensional y exagerada. Las imágenes de este exuberante diseño basta para explicar la bizarría de Pietri”.

Por otro lado, la quinta «Mágica» cierra un interesante recorrido vital que se hizo visible, permitiéndonos determinar su envergadura, gracias al libro Alejandro Pietri. Arquitecto, de Silvia Hernández de Lasala en colaboración con Alfredo Brillembourg Tamayo, publicado en 1995 por la Fundación A.S.P.

4. Alejandro Pietri. Arquitecto, de Silvia Hernández de Lasala en colaboración con Alfredo Brillembourg Tamayo, publicado en 1995 por la Fundación A.S.P.
5. Encabezamiento del trabajo «Alejandro Pietri. Un arquitecto redescubierto» de Omar Rancier y Juan Mubarak con imágenes del pabellón venezolano diseñado por Pietri para la Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre de Santo Domingo de 1955.

La obra de Pietri “redescubierta” en República Dominicana por el interés que despertó el rescate del pabellón venezolano por él diseñado para la Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre de 1955 realizada en ese país, ha permitido ratificar la condición de arquitecto “difícil” o “incómodo” que en su momento develara la publicación del libro dedicado a su obra. En particular, el ya mencionado Omar Rancier, decano de la Facultad de Arquitectura y Artes de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), en la página ya señalada de Arquitexto que se dedicó a rescatar y sensibilizar sobre la obra de Pietri, firma, a modo de colofón luego de repasar su trayectoria, apoyándose en el libro de Hernández de Lasala, un discutible artículo titulado “Lo fractal en la arquitectura de Pietri”, de donde hemos decidido extraer los siguiente: “En los últimos años hemos estado interesados por la geometría de la naturaleza y sus posibles aplicaciones a la arquitectura y al urbanismo. Pocas veces hemos encontrado un arquitecto con un catálogo tan avanzado en los términos que actualmente conocemos como teoría fractal o de la filosofía contemporánea aplicada a la arquitectura como el que encontramos en Pietri. Todas las formas de iteración fractal o de autosemejanza estructural, así como los pliegues deleuzianos los descubrimos en la sombrilla organicista en que se forma y en la cual se regodea Pietri en su obra que data de muchos años antes de que Mandelbrot popularizara su interesante propuesta de una geometría alternativa. Y esto lo explica Brillembourg sin la más mínima conciencia de ello cuando escribe: ‘En todos los proyectos de Alejandro, bien sean estructurados de forma circular o una combinación de éstas, existe un desinterés por la demanda convencional de la simetría’”.

Pietri, alineado como mencionáramos con la arquitectura organicista y bizarra de Goff, “de alguna forma, continua la tradición personalísima y barroca de Antonio Gaudí” comentará Rancier. A ellos podrían sumarse en un segundo nivel sus preferencias (de cuando estudiaba en Oklahoma entre 1947 y 1950) manifestadas por Frank Lloyd Wright, Eric Mendelson y Oscar Niemeyer. Y, en tercer lugar, aparecerían Le Corbusier y Mies van der Rohe producto de las enseñanzas impartidas por Carlos Raúl Villanueva, Martín Vegas y José Miguel Galia cuando termina su carrera en 1955 en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV.

6. Teleférico del Ávila. Estación Maripérez (1956).

Se podría decir que prácticamente recién graduado se presenta lo más prolífico e interesante de la producción arquitectónica de Pietri. En tiempos de dictadura será el encargado de proyectar las estaciones de Maripérez y El Cojo (Macuto) del Teleférico al Ávila (1956), tres pabellones con los que Venezuela estaría representada en sendas ferias internacionales: dos de ellos construidos (Bogotá -1954- y Santo Domingo -1955-) y uno no construido (Damasco -1957-), y será el encargado de proponer el plan maestro y proyectar las más importantes edificaciones a partir de 1956 para la frustrada Exposición Internacional que se llevaría a cabo en Caracas en 1960.

7. De izquierda a derecha: edificio Los Morochos (1956), edificio Moros I (1971) y Centro Residencial Plaza (1970).

Tres edificios residenciales de Pietri pueden encontrarse dentro del paisaje urbano caraqueño con acentos muy diferentes en cuanto a lo que proponen, lo que habla sin duda de su versatilidad: el Centro Residencial Plaza en Los Palos Grandes (1970), el edificio Moros I en la urbanización San Antonio (1971) y el edificio Los Morochos en El Paraíso (1956), este último toda una lección en el manejo espacial y estructural de la tipología, digno de ser tomado en cuenta.

Pietri, reiterará Rancier, “es uno de los ‘arquitectos difíciles’ cuya obra, incomprendida se ha olvidado, y que se comienza a descubrir y colocar en el sitial que se merece, como sucedió en su momento con Terragni o con Asplund, por mencionar dos arquitectos europeos revalorizados al ser redescubiertos”.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 1, 2, 3 y 6. Silvia Hernández de Lasala. Alejandro Pietri. Arquitecto, 1995

4. Colección Crono Arquitectura Venezuela

5. https://arquitexto.com/2019/04/alejandro-pietri/

7. Colección Crono Arquitectura Venezuela y Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 300

Hoy llegamos a nuestra postal nº 300 y lo hemos querido hacer mostrando una casa que, pese a no haber sido promocionada en exposiciones dedicadas al tema, es sin embargo un punto de referencia tanto en la evolución de la tipología a nivel local como dentro de la trayectoria de los dos arquitectos que la diseñaron. Se trata de la quinta Goya, ubicada en la avenida Arturo Michelena de la urbanización Santa Mónica, Caracas, proyectada en 1961 por Henrique Hernández (1930-2009) y Carlos Becerra (1933-2014) terminada de construir en 1963.

La vivienda, que aparece reseñada en Caracas a través de su arquitectura (Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani, 1969), la Guía de edificaciones contemporáneas en Venezuela. Caracas, Parte 1 (Mariano Goldberg, 1980) y Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (Iván González Viso, María Isabel Peña y Federico Vegas, 2015), también ha sido objeto de un breve comentario por parte de Oscar Tenreiro en la página de arquitectura de El Diario de Caracas del domingo 21 de febrero de 1993, al momento de recordar que a él le correspondió sugerir su inclusión (junto a otras 4 obras) en el libro World architecture one (editado en Londres por primera vez en 1964 por John Donat). “Tomé unas fotos, redacté unas notas no demasiado afortunadas y las entregué a Magalí Ruz” quien tenía el contacto con el editor. Dentro de la publicación, la quinta Goya, sin desentonar para nada, aparece como una de las piezas que mejor representaban la calidad de la arquitectura venezolana del momento y el talento de los jóvenes egresados de la UCV a finales de la década de 1950, cuyas obras empezaban a aparecer en la ciudad de Caracas.

1. Dos aproximaciones a la fachada principal de la quinta Goya.

Cronológicamente, la “Goya” se ubica justo a la llegada de Hernández luego de realizar estudios de postgrado en Londres y en simultáneo con su incorporación como coordinador de la Sección de Diseño en Avance e Investigación del Banco Obrero, es decir, en medio de la todavía fresca formación universitaria y el incipiente influjo que produjo en él el contacto con la industrialización de la construcción durante su estadía en tierras europeas, cosa que también ocurrió con Becerra quien junto a Hernández vivió ambas experiencias.

Es por ello que abordar el análisis de esta obra no aceptaría centrarse únicamente en señalar la particular manera como se manejan los códigos propios de una modernidad atemperada, los guiños que pudieran detectarse provenientes de la empatía que ambos autores pudieran manifestar hacia la obra de Alvar Aalto, la correcta organización funcional acompañada de una volumetría muy bien articulada que denota la separación entre áreas íntimas y áreas sociales, de servicio y servidas, o su sensata adaptación a la topografía. Aquí, más allá de estar en presencia de lo que Juan Pedro Posani calificaría como un supuesto “eclecticismo instrumental” o del aprovechamiento de una oportunidad que “permitió a sus autores desahogar, concretándola en hechos materiales, la carga formal que inevitablemente arrastraban”, se encierra rigor constructivo, manejo sensible de la plasticidad que aportan los elementos arquitectónicos y los materiales utilizados (ladrillo en los cerramientos, concreto en la estructura y acero en las cubiertas), sapiencia en el manejo del espacio, la luz, la sombra y la ventilación, equilibrio entre llenos y vacíos, y sobre todo una correcta adecuación al lugar producto de una atenta lectura tanto de las variables urbanas como de la orientación, determinantes a las que debe someterse el programa.

2. Quinta Goya. Planta baja.
3. Quinta Goya. Niveles 1 y 2

Es quizá Villanueva quien acompaña a la distancia el tino con que son manejados los criterios constructivos, estructurales y geométricos que respaldan la concepción de la casa. Así, vemos como no existe ningún temor en utilizar el concreto trabajado de diferentes maneras para sostener y caracterizar cada uno de los cuerpos que la conforman, dando pie, a pesar de la pequeña escala del edificio, a una particular exploración en tres tiempos. La primera se observa en el volumen prácticamente cúbico que contiene las habitaciones, cuya lectura es la de una caja suspendida sobre pilotis, donde su estructura aporticada cruciforme permite liberar las esquinas, llegándose a salvar luces importantes, con la colaboración de todos los elementos participantes, en pro del acoplamiento modular de las partes que lo integran, lográndose así convertir la planta baja en un confortable estacionamiento (omnipresente ante la discreción de los accesos peatonales). La segunda aparece en la pieza que alberga las áreas sociales y de servicios donde, por el contrario, se busca la generación de un contenedor prismático, sin columnas intermedias, que vuela hacia la calle, interesado en proveer internamente la mayor flexibilidad posible para los usos que así lo requieran, dando cabida en los niveles superiores a una rica integración espacial gobernada por la cubierta. Y la tercera a través del tanque de agua, elemento vertical que anima con su presencia el jardín posterior de la casa, convirtiéndose en la oportunidad de resolver, con la esbeltez como requisito, la suspensión en el aire mediante tres apoyos del cilindro que contiene el vital líquido en un alarde de transgresión a las leyes de la gravedad.

4. Quinta Goya. Izquierda: tanque elevado de agua. Derecha: cortes

Las cubiertas y las escaleras son también temas de interés que aquí conviene repasar. Las primeras porque a pesar de su condición ligera asociada a la aparición del metal como material constitutivo, ocultan hacia el exterior su verdadera forma y esencia, revelándose hacia el interior como facilitadoras en la captación de la luz cenital, variando su dimensión y comportamiento de acuerdo a las características de los espacios que techen: a cuatro aguas para cada una de las habitaciones y ambientes que conforman el modulado volumen cúbico, o continua e integradora para las áreas sociales. Las segundas (las escaleras) por su diversidad y la escrupulosidad con que son manejadas para proveer la mayor independencia funcional entre las partes.

Tras el diseño de la quinta Goya quizás sea posible encontrar un cierto paralelismo entre la manera como Mies van der Rohe concebía la arquitectura por la preeminencia que se ha dado al hecho constructivo, desconociendo el valor de los aspectos formales, liberando, como señala el maestro alemán, “el arte de construir de las especulaciones estéticas restituyéndolo a aquello que exclusivamente es: construir”.

Si, como señala el maestro alemán, “Construcción es lo que se necesita para sostener una cosa. (…) Estructura es el entendimiento de la construcción. (…) La estructura es el valor espiritual, la construcción es sólo un método. (…) Esta confusión de palabras es la que hace que mucha gente no me comprenda. (…) Hay que repetirlo: estructura es un valor espiritual y construcción un método”, valdría la pena especular si, al igual que en la obra miesiana, en la de Hernández y Becerra es rigurosamente cierto que la forma arquitectónica no es un objetivo sino sólo el resultado de un proceso, o si, por el contrario, siempre terminan aflorando al momento de tomar decisiones trascendentes resabios de una educación circunscrita a los cánones tradicionales.

Los 575 m2 de construcción de la quinta Goya distribuidos en tres niveles, se adaptan muy bien a la topografía del terreno de 760 m2 donde se ubica. En el primer nivel, donde se produce el acceso, se localiza el área de estacionamiento así como los cuartos de servicio y áreas de mantenimiento de la vivienda. En el segundo se ubican las áreas sociales y a través de ellas se accede al jardín que se encuentra en la parte posterior. Finalmente, en el tercer piso se encuentran todas las habitaciones y áreas privadas de la familia.

Esta obra, que a su manera se comporta como un pequeño laboratorio estructural, y que sería exagerado vincular al concepto de sistema de edificaciones que Hernández y Becerra desarrollarán posteriormente, sí revela una sensibilidad ante el uso de la forma y los materiales que se hace evidente al observar el tratamiento volumétrico que el equipo de Diseño en Avance imprime a la Unidad Vecinal 7-8 de la Urbanización Caricuao (Caracas). Si por otro lado quisiéramos dar un salto más hacia adelante bastaría con citar de nuevo a Mies: “La arquitectura comienza poniendo dos ladrillos uno junto al otro. ‘Con mucho cuidado’. Un alumno me preguntó: ¿Cómo aprendió entonces tanto del acero? – Poniendo un ladrillo al lado del otro ‘con mucho cuidado’”.

5. Vista de la quinta Goya en 2014.

La quinta “Goya”, que aún hoy se presenta dentro del entorno urbano al que pertenece como una pieza sobria, plenamente moderna, que se adapta correctamente al contexto, tuvo desde su construcción hasta finales del año 2014 un mismo propietario y habitante, quien no sólo dotó a los arquitectos del programa que les permitió desarrollarla, sino que fue el responsable (junto a la selección de los nobles materiales que la constituyen) de su excelente mantenimiento e inmejorable aspecto. Tras su fallecimiento en la más absoluta soledad y dada la presión que sin duda ejercerán los cambios de usos que se vienen produciendo en su entorno, sigue planeando sobre ella el destino incierto que ha acompañado buena parte de nuestro patrimonio moderno.

Nota

Con el de hoy, como señalamos al inicio de la reseña, ya son 300 envíos semanales de nuestra postal desde el martes 1 de marzo de 2016 cuando lo hiciéramos por primera vez. El 6 de marzo comenzamos a hacerlo cada domingo y desde el 30 de octubre de aquel año, habiendo llegado al número 36, la postal, ahora comentada, se constituyó en elemento indisoluble del Contacto FAC que ese día salía a la luz.

Es decir, ya son más de 6 años ininterrumpidos y contando. Salud de por medio seguiremos, en lo posible, superándonos.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 1, 2, 3 y 4. Mariano Goldberg. Guía de edificaciones contemporáneas en Venezuela. Caracas. Parte 1, 1980

5. http://guiaccs.com/obras/quinta-goya/