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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 356

Cuando la familia Boulton Pietri adquiere en los años 1930 una parte de una colina de aproximadamente 50 há en Los Guayabitos, zona próxima a Sartenejas en las afueras de la ciudad de Caracas, Andrés Boulton, Alfredo Boulton y Anita Boulton de Phelps decidieron construir allí sendas casas en las que transcurrió buena parte de sus vidas. En particular, Andrés Boulton, tras casarse a comienzos de aquella década con Thereza Figueira de Mello, hija del embajador brasileño en Venezuela, levanta junto a ella una vivienda de campo que la llamaron Samambaya, (denominación que escrita como samambaia significa helecho en el idioma portugués, planta que crece a sus anchas en las periferias de la casa), nombre que además es elegido por doña Thereza por el recuerdo que le traía la zona de Los Guayabitos con Petrópolis en Brasil, lugar donde de pequeña pasaba largas temporadas cuando vivía en su ciudad natal, Río de Janeiro.

Residenciados permanentemente en Villa Castelania, ubicada en la urbanización El Paraíso, Samambaya, por tanto, era visitada por la familia Boulton Figueira de Mello para pasar temporadas o fines de semana alejados de una Caracas aún provinciana en la que apenas empezaban a soplar aires de modernidad. Imaginamos que la falta de buenas vías de comunicación convertía aquellos viajes a Los Guayabitos en verdaderas expediciones que se veían compensadas por el contacto con la naturaleza y su exuberante vegetación, las estupendas vistas que se abrían hacia el valle y el buen clima que allí reinaba.

1. Izquierda: Andrés Boulton Pietri y Thereza Figueira de Mello. Derecha: Yves Denis Zaldumbide y María Teresa Boulton Figueira de Mello.
2. Andrés Boulton y dos de sus hijos. Única foto que se conserva de la «primera» Samambaya.

Será en 1957, al casarse María Teresa (hija de Don Andrés), con el arquitecto ecuatoriano-francés Yves Denis Zaldumbide, hijo de los embajadores de Francia en Venezuela, cuando recibirá de su padre como regalo de matrimonio la pequeña casa de campo. Seis años más tarde, en 1963, al crecer la familia, los Denis Boulton construirán la segunda Samambaya como vivienda principal diseñada por Yves, quien aquel mismo año, además de revalidar su título de arquitecto en la UCV, había creado con su compatriota, el ingeniero ecuatoriano Claudio Creamer Gómez (socio durante algunos años del arquitecto norteamericano Don Hatch), la conocida compañía constructora Creamer y Denis que dedicó buena parte de sus esfuerzos a desarrollar sistemas constructivos prefabricados para viviendas de interés social construidas por el Banco Obrero.

De la unión de Yves y María Teresa nacerían cuatro hijos (Roland, Gonzalo, Francisco y Javier) y poco antes de la llegada del cuarto, en 1973, tomarán la decisión de ampliar la casa construida 10 años antes pudiéndose decir que apareció una tercera Samambaya.

Residencia de la familia Denis Boulton por más de 18 años donde llevaron una intensa vida social y familiar en los que la quinta fue permanentemente objeto de remodelaciones, Samambaya en 1974 pasará a ser ocupada de nuevo por quien había construido la primera casa: Don Andrés Boulton ahora con su tercera esposa Jean Harley, poco después de que los Denis Boulton, tras la separación de Yves y María Teresa, fijaran residencia en Ecuador. Don Andrés y Jean vivirán allí por más de 20 años donde disfrutaron de una intensa vida social en cuyas fiestas, cenas y agasajos participaban grandes personalidades de la vida venezolana e internacional para los que la casa servía de excelente marco. Tras la muerte de Don Andrés en 1998 la propiedad retorna a manos de los hermanos Denis Boulton.

3. Caracas vista desde Samambaya.
4. Fachada principal de la quinta Samambaya.
5. Áreas exteriores de la quinta Samambaya.

Gonzalo Denis Boulton en entrevista aparecida en https://puraguapuraweb.com/blog/2018/9/20/quinta-samambaya, comentará cómo en los años 90, cuando su abuelo por razones de salud dejó de frecuentarla, Samambaya tuvo varios inquilinos, todos con necesidades muy peculiares. “Vino una señora que quería hacer un kínder y fue transformada. Después se la alquilaron a un cubano y casi la perdimos. La casa era un desastre, salones de clases, las áreas verdes ya no lo eran tanto, había una cantina, administración, biblioteca. Aún hay algunos vestigios de aquella época”.

Justamente le corresponderá a Gonzalo, arquitecto egresado de la UCV en 1988, devolverla desde 2013 a su estado original y mantener la integridad de la obra, luego de que fuera declarada ese mismo año Patrimonio Arquitectónico del Municipio Baruta por la gestión del alcalde Gerardo Blyde. “Yo agarro la casa y la voy remodelando. Ahora está disponible para todo tipo de eventos”, comentará Gonzalo para Puraguapura.

La valiosa información obtenida de la página https://www.facebook.com/quintasamambaya/ junto al testimonio de Gonzalo Denis y el reportaje hecho por Faitha Nahmens aparecido en Prodavinci titulado “Samambaya, el arte de ser parnaso” (https://prodavinci.com/samambaya-el-arte-de-ser-parnaso/), nos han permitido reconstruir su historia y determinar que la hermosa quinta que hoy conocemos no sólo fue construida por etapas, sino que durante el tiempo fue ocupada por diversos inquilinos y objeto de diversas modificaciones hasta que de manos de Gonzalo y con el apoyo de la familia hoy se ha convertido en lugar idóneo para la celebración de eventos, negocio sustentable que permitirá mantener la obra para las futuras generaciones.

De lo que no hay duda es de que Yves Denis Zaldumbide es el responsable de convertirla en referente arquitectónico y constructivo a partir de 1963: “Mi padre hizo de Samambaya una villa magnífica. Le otorgó el talante estilístico que detenta”, afirmará Gonzalo. “Para hacerla más funcional, no menos hermosa, mi padre transformó la bella casa donde vivía la belleza, y la belleza era mi madre, en una suerte de laboratorio de creatividad: el techo abovedado sería una ocurrencia que le daría carácter. Se habían visto techos así, hasta entonces solo en tiendas de automóviles, y la madera de todos sus acabados, pasamanerías y remates le añadirán calidez”, pasa revista Gonzalo. “Nosotros también participamos de la ocurrencia: las cerámicas usadas en los baños son las de la empresa de la familia y mantienen todavía el diseño añadido: están intervenidas por nosotros, los hijos”, dice sonriendo en el reportaje de Prodavinci.

6. Diversas tomas del exterior e interior de Samambaya.

Si a elaborar una ficha técnica nos dedicamos, podríamos decir que Samambaya se trata de una vivienda de 800 m2 de construcción, levantada en un bosque tropical lluvioso de 5 hectáreas, y que tiene planta en L. En uno de sus brazos se ubicaron los dormitorios, baños y vestier. En el otro brazo, las áreas sociales, cocina-pantry y comedor principal. En un nivel por debajo, las áreas de servicio. Entre ambos pisos, a medio nivel se desarrolla el salón principal.

La disposición de sus cerramientos, acristalados en muchos casos, permite establecer desde casi todos los ambientes, visuales hacia los jardines y su cuidado paisajismo o, a la distancia, con El Ávila, reforzando su continuidad espacial. El sistema estructural es de pórticos construidos con columnas de concreto armado y las losas de la cubierta son reticulares, habiéndose utilizado cajetones plásticos como encofrado, dándole un acabado liso para dejarlo a la vista. El bambú, planta que prolifera en la zona, ha sido uno de los principales elementos utilizados en su construcción apareciendo como elemento de fachada, y en la elaboración de portones, techos, escalones, barandas y muebles, entre otros.

7. Cuatro tomas del interior de Samambaya.

De https://www.facebook.com/quintasamambaya/ extraemos como complemento las siguientes características: “El manejo estructural de la techumbre que converge en un eje principal formando un ave que está a punto de tomar vuelo sobre el valle de Caracas. El uso de la formaleta como solución para vencer grandes luces y volados donde percibimos que ese gran techo flotara sobre vidrios y espejos. El canal principal de concreto que recoge las aguas del techo para formar una cascada sobre unas piedras de cuarzo. El manejo de elementos de concreto en obra limpia maravillosamente dispuestos en las ventanas. El trabajo minucioso de la madera en puertas y ventanas. El piso traído del Japón de color rojo en la zona social de la casa y blanca en los espacios privados que recorre lo interno y externo como una gran alfombra que toma el mismo protagonismo del techo”.

Hoy gracias al permiso de vocación turística otorgado por la Alcaldía de Baruta desde su declaratoria patrimonial, Samambaya funciona como una estancia con servicios anexos como salón de eventos, restaurante, tienda y galería. Ofrece la posibilidad de realizar eventos para lo cual cuenta con sus amplios jardines, piscina, terrazas, tres salones, cinco baños de invitados y dos baños para personal. Además, tiene capacidad para 70 carros y un estacionamiento aledaño para otros 50 carros pudiendo albergar cómodamente hasta 400 personas.

8. Variadas formas en que el bambú, abundante en la zona, es utilizado como material en la casa.
9. La quinta hoy se equipa y ofrece para la celebración de eventos.

También en su terreno ampliado que cubre hasta 20 hectáreas se ha comenzado a sembrar cacao proveniente de la zona de Paria (en específico de la hacienda Agua Fria) que ya ha dado como fruto la elaboración del chocolate Río Cacao en seis variedades.

Cuenta Samambaya con una colección permanente de obras de arte en la que predomina, por tradición familiar, la fotografía. Allí encontramos, entre otros, trabajos de: Vicente Diez, Paolo Gasparini, Luisa Richter, Alfredo Boulton, Alexander Apóstol, Ricardo Benaim, Yoshi, Ricardo Gómez Pérez, Fabiola Ferrero, Evelyn (Ivoly) Noguera Penso, Daniel González, Diana Sucre, Karim Dannery, Jenny Woodman, Margarita Scannone, Margarita Boulton, Suwon Lee y Josefina Gómez Revenga.

Rescatada con gran sensibilidad y equipada con gusto exquisito acorde con su riqueza espacial, Samambaya se constituye en una referencia ineludible a la hora de hablar de las grandes quintas caraqueñas.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Colección Crono Arquitectura Venezuela.

1, 2, 4, 5 y 8. https://www.facebook.com/quintasamambaya/

3. https://puraguapuraweb.com/blog/2018/9/20/quinta-samambaya y https://www.facebook.com/quintasamambaya/

6. https://www.facebook.com/quintasamambaya/ y https://puraguapuraweb.com/blog/2018/9/20/quinta-samambaya

7. https://prodavinci.com/samambaya-el-arte-de-ser-parnaso/ y https://puraguapuraweb.com/blog/2018/9/20/quinta-samambaya

9. https://www.facebook.com/quintasamambaya/, https://prodavinci.com/samambaya-el-arte-de-ser-parnaso/ y https://www.estadeboda.com/quintasamambaya

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 348

Para 1938, momento en el que el empresario León J. Taurel le encarga su casa a Carlos Guinand Sandoz (que luego terminaría de construirse en 1940), la avenida México, denominación que adopta la avenida Este 4 a partir del Parque Carabobo (esquina de “Pele el ojo”) y que remataba en la plaza que por entonces aún se denominaba Mohedano, marcaba una especie de puerta que daba salida a la ciudad hacia el este. Un poco más allá, sobre el mismo eje, se estaban terminando de construir los Museos de Bellas Artes (1935-1938) y de Ciencias Naturales (1936-1939) con el espacio circular que les daba acceso y establecía el inicio de la avenida Mosquera, ruta que atravesaba el antiguo Parque Sucre que ya era conocido popularmente como “Los Caobos”. Cabe añadir que el Parque Sucre, creado en 1925 durante el mandato de Juan Vicente Gómez, fue considerado hasta 1930 el límite de Caracas al este. También que la continuación de la avenida Mosquera se uniría a la Calle Real de Sabana Grande cuya continuación hasta Los Dos Caminos daría pie a partir de 1947 a la inauguración de la Carretera del Este.

1. Detalle del Plano de Caracas Monumental, 1936. Departamento de Publicidad del Club de Turismo Venezolano.
2. Detalle del plano ESSO. Mapa del Norte de los Estados Unidos de Venezuela. Caracas, 1946.
3. Vista aérea de la plaza Mohedano -luego Morelos- (c.1940).
4. Plaza Morelos (c.1950).

Así, a los ya mencionados museos habría que agregar que el parque Carabobo (en la acera sur de la avenida México) se había terminado en 1936, la Escuela Experimental Venezuela (del lado norte) se inauguraría en 1939 y un poco más tarde, en 1945, al lado del Parque Carabobo se abriría el Liceo Andrés Bello, año en el que la plaza Mohedano comenzaría a denominarse plaza Morelos en honor al prócer mexicano José María Morelos y Pavón (1765-1815), cuando el gobierno de ese país dona la escultura que la presidiría, lo cual reforzaría el nombre dado un poco antes a la avenida. Por otra parte, en 1944 la Creole Petroleum Corporation se instalaría en un edificio que construyó como su sede frente a la plaza Mohedano el cual ocuparía hasta el año 1955 cuando pasaría a ser el centro de operaciones de la Seguridad Nacional, policía política de la dictadura de Pérez Jiménez.

5. La avenida México en fechas cercanas a 1950.
6. La quinta Ramia (izquierda) y el Museo de Bellas Artes visto desde la plaza Morelos (derecha).

El trecho donde se ubicó la casa Taurel, por tanto, mostraba una clara vocación cultural, educacional y recreacional lo que lo convertía en sitio atractivo e idóneo para quienes, queriendo estar cerca del centro de la ciudad por razones de trabajo, podían tener su vivienda en un lugar colindante con las afueras. De hecho, la avenida estuvo delimitada por quintas que, como la que hoy nos ocupa y la Ramia (finalizada en 1941 según proyecto de Rafael Bergamín en el borde norte de la plaza Morelos y a partir de 1958 sede del Ateneo de Caracas), entre otras, la proveían de un indudable valor ambiental. Viviría de esta manera la México más de 30 años en los que se respiraba un apacible ambiente muy lejano del que hoy en día conocemos.

7. Casa Taurel. Fachada hacia la avenida México.

En cuanto a la casa Taurel en sí, habría que decir que fue incorporada dentro de la curaduría hecha por la Fundación Museo de Arquitectura para la exposición “La casa como tema” (Museo de Bellas Artes, 1989) y dentro del catálogo como parte del capítulo “La casa como tema de abstracción. Inicio de la modernidad”, siendo considerada como uno de los principales exponentes del art-déco dentro de la arquitectura residencial caraqueña.

8. Casa Taurel. Diversas vistas del exterior.

De la escasa información con la que se cuenta podemos deducir que se diseñó con base a una cuidada composición geométrica que produjo como resultado la clara volumetría cilíndrica que se puede apreciar a través de la fotografía que engalana nuestra postal del día de hoy.

9. Casa Taurel. Planta baja.

Su planta evidencia una doble axialidad. El primer eje (norte-sur) se inicia en el acceso y une una serie de espacios de carácter social rematando en un jardín al fondo de la parcela; el segundo recoge perpendicularmente en un sentido la escalera principal que conecta con la planta alta, y en el otro la secuencia proveniente de un acceso lateral al exterior techado para cuando se llega en carro.

10. Casa Taurel. Espacialidad interior.

El espacio central circular, donde ocurre la intersección de ambos ejes, fue techado por una cúpula que incorpora luz cenital inyectándole una condición escenográfica y teatral próximas a lo barroco. A su vez, todo ello se ve enriquecido con el juego de dobles y triples alturas que acompañan el recorrido del eje principal.

Por otro lado, el uso de grandes ventanales curvos habla de la consideración, aún incipiente, de la integración del espacio interior con el exterior como rasgo claro de modernidad. La existencia de balcones y terrazas que brindan protección climática a su interior, los efectos de la luz y penumbra, los cuidados detalles constructivos (pisos y rodapiés de mármol, pasamanos de la escalera de aluminio anodizado -material usado por primera vez en el país-) e impecable carpintería metálica, se sumarán para que, entendida como una totalidad articulada, la casa fuese apreciada por críticos extranjeros como “palacio urbano destinado a convertirse en modelo en un vecindario residencial”.

11. Casa Taurel. Detalles.

Al mismo tiempo que diseñaba la casa Taurel, Guinand trabajaba, ya consolidado como importante arquitecto, en los proyectos para el Sanatorio Antituberculoso (1939) y el Teatro Boyacá (1940, demolido en 1969), este último otra hermosa pieza de art-déco al igual que el edificio sede para la empresa Taurel & Cía. Sucrs C.A. que Guinand diseñaría en 1945 en el Litoral Central.

12. La avenida México en la actualidad.

Lamentablemente, con el transcurrir del tiempo el perfil que una vez tuvo la avenida México se transformó por completo debido a la modificación sufrida por la ordenanza de zonificación del sector, encontrándonos hoy en día con una imagen degradada y caótica. La casa Taurel, como tantas otras, fue demolida en los años 80 para construir un taller mecánico y estacionamiento.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 7 y 9. Catálogo de la exposición “La casa como tema” (Museo de Bellas Artes, 1989)

1. Caracas del valle al mar. Caracas Monumental (http://guiaccs.com/planos/de-pueblo-ciudad-caracas-monumental/)

2. Caracas del valle al mar. Petróleo, automóvil y turismo (http://guiaccs.com/planos/petroleo-automovil-y-turismo/)

3. Desde la memoria urbana (http://hanniagomez.blogspot.com/2019/03/primera-fila.html)

4. Caracas del ayer (https://www.pinterest.com/pin/83387030581560332/); y Caracas en retrospectiva II (https://www.facebook.com/groups/24371473543/posts/10158196096928544/?locale=ms_MY)

5. Caracas Cuéntame (https://twitter.com/caracascuentame/status/1244707593764982787?lang=ca); José E. Arnó Ortega (https://www.pinterest.com/pin/384917099383041098/); y José E. Arnó Ortega (https://www.pinterest.com/pin/384917099383886253/)

6. Colección Crono Arquitectura Venezuela.

8, 10 y 11. Revista Punto, nº 64, 1982

12. Foursquare (https://es.foursquare.com/v/av-m%C3%A9xico/4e763b35aeb780be0a93886e?openPhotoId=54f4cb11498ee691432cea59)

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 340

Cuando el artista plástico, diseñador y profesor universitario Cornelis Zitman (Leiden,1926- Caracas, 2016), toma la decisión a comienzos de los años 60 del siglo XX de buscar un lugar alejado del mundanal ruido caraqueño en el que construir tanto su vivienda como su taller de trabajo, encuentra en las ruinas del antiguo molino de caña de azúcar de la Hacienda La Trinidad, ubicada entre los pueblos de Baruta y El Hatillo, el lugar ideal.

Zitman llega en 1947 a Venezuela procedente de los Países Bajos a bordo de un petrolero sueco con 21 años, luego de haber finalizado sus estudios en la Academia de Bellas Artes de La Haya y de rehusarse a hacer el servicio militar por estar en desacuerdo con las acciones políticas holandesas en Indonesia. A su llegada, se instala en la ciudad de Coro, donde encuentra empleo como dibujante técnico en una empresa constructora. En su tiempo libre pinta y hace sus primeras incursiones en el campo de la escultura. Dos años después se traslada a Caracas, donde fue empleado por Promociones y Decoraciones Dibo (DecoDibo), que hacía muebles por encargo y en la que alcanzó el puesto de director técnico de la fábrica ubicada en Quinta Crespo. Allí comenzaría a diseñar muebles y años más tarde, fundaría los talleres Zitman C.A. En 1951 recibe el Premio Nacional de Escultura y comienza a dar clases de diseño en la Universidad Central de Venezuela. En 1954 los talleres Zitman C.A. fueron absorbidos por la empresa Tecoteca (Tepuy Compañía Técnica C.A.), que también importaba equipos para arquitectos y llegó a tener tiendas en Caracas, Maracaibo, Valencia y Maracay.

1. Cornelis Zitman. Peinadora, puerta central con espejo. Nº602. Silla Nº601, 1953.
2. Cornelis Zitman. Dibujo (c.1965).

En 1958, Zitman expone un conjunto de pinturas y dibujos en la Galería de Arte Contemporáneo de Caracas. Decide abandonar la vida de empresario y se muda a la isla de Grenada, donde se dedica por completo a la pintura y comienza a afirmar su carácter de escultor. En 1961 viaja a Boston, Estados Unidos, para participar en una exposición de pintura y diseño. Ese mismo año regresa a Holanda con el deseo de estudiar las técnicas de fundición. En 1964 trabaja como aprendiz en la fundición del escultor Pieter Starreveld y regresa definitivamente a Venezuela contratado, de nuevo, por la Universidad Central como profesor de diseño.

Por tanto, es 1964 el momento en que Zitman emprende la búsqueda que lo lleva a instalarse en 1965 en la vieja ruina, cuyos orígenes se remontan al siglo XVIII (1759), cuando el Padre Ignacio Rengifo Pimentel era el dueño de la hacienda que para la época se hacía llamar Hacienda San Pedro y San Pablo, en momentos en que se iniciaban los cultivos de la caña de azúcar en el valle de Baruta y cuyo último lote, ya bajo la denominación de Hacienda La Trinidad, fue producido para los años de 1945, justo cuando se le da el golpe de estado a Isaías Medina Angarita.

3. El lugar y las ruinas desde donde Zitman inició la construcción de su casa-estudio.

Si bien podría considerarse que lo construido originalmente en el lugar se trata de un conjunto, conformado por la antigua casa de hacienda, el trapiche y los siete cubos que constituían los secaderos para el tabaco, Zitman para resolver su casa-taller se acopla a las ruinas del antiguo molino del que quedaba como elemento original el torreón, cuatro paredes internas y una rueda hidráulica los cuales aprovecha para ir labrando, cuan escultor que era, su refugio íntimo mediante toda una aventura constructiva de carácter progresivo.

4. La casa-estudio dibujada por Zitman publicada en «Memoria descriptiva de una casa imposible», Revista CAV nº34, 1973.

En esta «casa imposible» como la calificaría Zitman en 1973 cuando fuera publicada en la Revista CAV nº 34, hecha poco a poco en la medida de sus posibilidades y de su tiempo, y que ya hoy puede considerarse como un verdadero museo, se ponen de relieve por un lado el contacto que este escultor siempre tuvo con la arquitectura y sus aspectos constructivos, y por el otro la libre interpretación que hace de la tradición y la historia que transpira el sitio que ocupa. Rodeada por una espesa vegetación, la casa-taller de Zitman se trata de uno de esos edificios difíciles de fotografiar externamente, pero en el que su sensible tratamiento espacial, cromático y lumínico lo convierten en toda una experiencia fenomenológica llena de sorpresas. En ella es posible identificar el aprovechamiento e integración que se hizo de las viejas ruinas en pro las de mejoras «modernas» posteriores, mediante un minucioso análisis de la tradición constructiva venezolana: techos de caña amarga, ladrillos criollos, muros de mampostería, aleros con trabas entre pares y canecillos, pies derechos, rejas y matas. Podríamos afirmar que en esta intervención se produce, de la mano de un hacedor de origen extranjero que no era arquitecto, una cierta “nacionalización” si se quiere menos académica, más localista pero igualmente significativa de los alcances que una reinterpretación cultural plena puede tener y en la que la condición del intérprete, su sensibilidad y su procedencia juegan positivamente un papel de primer orden.

5. La casa-estudio de Zitman publicada en 1992 por Graziano Gasparini en Casa Venezolana.

La casa está llena de detalles que denotan la estrecha relación que Zitman siempre tuvo con la arquitectura. Como bien expresará Iván González Viso en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015): “La casa de ladrillos, muros de adobe color ocre, techos de caña amarga y madera se organiza alrededor del patio del trapiche, con galerías, donde destaca la chimenea como elemento vertical. Su interior está habitado por sus características esculturas: figuras femeninas plasmadas en diversas situaciones cotidianas”.

En la parte norte del torreón hay una terraza donde se puede ver los secaderos de Hacienda La Trinidad, el edificio de la P&G y en días despejados el Ávila. En la parte trasera de la estructura se encuentra el taller, una amplia área de trabajo a doble altura con grandes tragaluces que dan una confortable sensación de amplitud y donde Zitman daba libertad a su capacidad creativa, sin dejar de lado la experimentación, con piezas poco convencionales como armazones de carros, transformándolas y cambiándoles su uso. Allí reposan prototipos y moldes de yeso de diferentes esculturas.

Graziano Gasparini en Casa venezolana (1992), al referirse al refugio de Zitman expresó: “El resultado es toda una sucesión de sorpresas visuales en las que se identifican viejos pilares, muros, rafas y la chimenea del viejo trapiche. Todo lo aprovechable fue aprovechado y lo nuevo se integró al antiguo con respeto y armonía. Parece que la casa fue así desde siempre”.

6. Diversas tomas de la Hacienda La Trinidad Parque Cultural en la actualidad.

Zitman, quien junto a su esposa Vera Roos vivió en «El Trapiche» hasta su fallecimiento el año 2016, vio desde su recinto el afortunado surgimiento a partir de 2011 de lo que hoy se como la Hacienda La Trinidad Parque Cultural en los terrenos de la antigua Hacienda La Trinidad.

Como se recoge en https://haciendalatrinidad.org/quienes-somos/, dentro del parque cultural, “en la antigua Casa de Semillas funciona un centro de salud alternativa; en la Casa de Hacienda se desarrollan exposiciones y eventos culturales; el Trapiche corresponde al taller y residencia del artista Cornelis Zitman; en los siete secaderos hacen vida una tienda especializada en artesanía tradicional y diseño contemporáneo, una galería de arte contemporáneo, un café-restaurante, un espacio de alquiler para eventos corporativos, un laboratorio dedicado a la investigación sobre el cacao, una librería y un recinto para el incentivo y la práctica de la fotografía”.

También, en la misma página se puntualiza: “Hacia 1950 cesó la actividad agrícola a gran escala. En pocas décadas, las antiguas haciendas se fueron convirtiendo en modernas urbanizaciones, con la consecuente desaparición de un viejo modo de vida y de una arquitectura a él asociado. La Hacienda La Trinidad no fue una excepción, pero sí fue objeto de una decisión afortunada y única tomada en 1970: la preservación de los 15.000 m2 que albergaban sus principales construcciones y su marco natural como un refugio para la memoria histórica. En 2005, esta disposición sería corroborada cuando el Instituto del Patrimonio Cultural declarase esta propiedad como Bien de Interés Cultural del Municipio de Baruta. Para el año 2011 abre al público Hacienda La Trinidad Parque Cultural, un centro cultural y patrimonial concebido para fomentar el arte, la historia y la cultural venezolana y lo consoliden como parte importante de un circuito de turismo cultural que contribuya positivamente al cambio social, educativo y cultural de la comunidad”.

7. Cornelis Zitman (c. 2010).

Hoy en día la casa-estudio de Zitman se ha convertido en un lugar casi mítico donde sus esculturas cobran vida en cada espacio, pareciendo que fueron creadas o que nacieron en cada punto donde están ubicadas. El sol y el paso del tiempo corren por ellos sin dejar mayor huella.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. http://guiaccs.com/obras/el-trapiche-2/

  1. Catálogo de la exposición «Cornelis Zitman. La década del diseño. 1947-1957». Sala TAC (2011)

2. https://m.facebook.com/media/set/?set=a.1341211965951931.1073741844.147186205354519&type=3

3. Revista CAV, nº34, 1973 y https://haciendalatrinidad.org/

4. Revista CAV, nº 34, 1973.

5. Graziano Gasparini, Casa Venezolana, 1992.

6. https://haciendalatrinidad.org/

7. https://entrerayas.com/2016/01/una-butaca-de-cornelis-zitman-por-gregory-vertullo/

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 332

Al producirse la primera expansión urbana con fines residenciales hacia El Paraíso entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, se dieron dos situaciones dignas de ser mencionadas. La primera es que a la hora de realizar las viviendas unifamiliares que empezaron a poblar la zona, se abandonó la tipología propia del damero fundacional de la casa con patio entre medianeras, por lo general de un piso, para adoptar la correspondiente a la edificación aislada con jardín, de más de un nivel, con cuatro fachadas que permitían a los espacios interiores el disfrute de las visuales exteriores y ampliaba las posibilidades de iluminar y ventilar todos los ambientes.

Asociada a la primera situación, el que en 1900 se haya producido un importante terremoto que afectó significativamente en casco central de la capital, llevó al caraqueño pudiente a migrar hacia un sector relativamente cercano y bien comunicado con aquel, en el que se podía prever la construcción de moradas en las que los riesgos sísmicos disminuyeran.

1. Dos detalles del Plano de Caracas eleborado por Ricardo Razetti en 1906. A la izquierda, el sector de El Paraíso y su relación con el casco central de ciudad. A la derecha la leyenda que permite ver los nombres de las quintas o el de sus propietarios.

El hecho es que el desarrollo temprano de El Paraíso le dio la posibilidad a la alta burguesía caraqueña de contar con la posibilidad de emular a través de la construcción de “quintas” cuyos modelos y estilos copiaron los de las villas que ya hacía tiempo se realizaban tanto en Europa como en los Estados Unidos, incorporando las comodidades y el confort que empezaba a proveer el siglo que se iniciaba.

2. Quinta «Las Acacias». Vista general.

La quinta (o residencia) “Las Acacias”, cumpliendo con todas las características señaladas, fue encargada al arquitecto e ingeniero Alejando Chataing (1873-1928) para ser su residencia familiar por el empresario John Lord Boulton Rojas (1870-1940), miembro prominente de una de los grupos más poderosos e influyentes en la Venezuela de entonces, asumiendo el ingeniero Francisco Uzcátegui en 1905 la conducción de las obras. Ya a inicios de 1901 el magnate había dirigido una carta al Presidente Cipriano Castro con el fin de obtener exoneración de impuestos de importación de los materiales de construcción requeridos, tales como las estructuras de hierro para techos, tejas o barandas, lo que da a entender de que para entonces se contaba con el proyecto y se tenía previsto el tipo de elementos que debería incorporar el edificio. La solicitud fue concedida el 25 de enero de 1901, por decreto ejecutivo publicado en Gaceta Oficial de ese mismo año Nro. 81.141. «Las Acacias» se ubicó sobre una ligera loma que permitía ampliar las visuales hacia el valle, frente al amplio espacio ocupado por la plaza Madariaga convirtiéndose desde entonces en importante elemento dentro del paisaje urbano caraqueño.

3. Vista de la fachada principal (sur) de la quinta «Las Acacias» que se ofrece hacia la plaza Madariaga.
4. Dos detalles que muestran algunos de los elementos de los que está compuesta la edificación.

La imponente quinta de los Boulton fue terminada por Chataing en 1912 (quien tomó el testigo dejado por Uzcátegui en 1911) y habitada a partir del 26 de mayo de 1913, lo cual habla a las claras de las dificultades que hubo para poder ser levantada con continuidad, originadas en buena parte por los acontecimientos políticos que caracterizaron la época y el claro involucramiento de la familia en ellos. En tal sentido, se conoce que los influyentes Boulton se encontraban enemistados con el Presidente Cipriano Castro hasta el punto de que fueron parte de los financistas (junto a otros empresarios como los Matos y los Velutini) que apoyaron a la facción rebelde que impulsó la fracasada Revolución Libertadora, prolongado levantamiento que transcurrió entre 1901 y 1903, en la que una coalición de caudillos regionales encabezados por el banquero Manuel Antonio Matos intentaron derrocar al gobierno de Castro. Por tanto, la construcción de la quinta no se reanudará sino en 1908 al ser derrocado «El Cabito» y se demorará 4 años más. Su costo se elevó a la suma de 393.300,00 bolívares.

5. Vista de la esquina sureste de la quinta «Las Acacias».

Tal y como apunta Gregory Vertullo en la nota dedicada a la mansión en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015), “la quinta… con apariencia de palacete francés, está compuesto de dos plantas más un nivel adicional que corresponde a la mansarda habitable, con buhardillas…. consta de un cuerpo central, del cual sobresale el amplio balcón que protege el acceso principal, y que se encuentra apoyado por dos pares de columnas a sus lados, compuestos de fuste liso con capiteles eclécticos. La terraza funge como marquesina de protección del acceso vehicular, incluyendo al vehículo como parte del programa, como aporte moderno dentro de la urbanización. Al cuerpo central se articulan dos volúmenes laterales de forma asimétrica: una torre vertical cilíndrica a la derecha, rematada con una cubierta cónica, y una veleta de los vientos, cuya base está conformada volumétricamente por un anillo que contiene un corredor cubierto en la planta baja y una amplia terraza descubierta a nivel de la planta alta; y un volumen horizontal a la izquierda que destaca por las tres buhardillas de la mansarda, y su remate lateral con los falsos almohadillados. Su fachada posee un ritmo resultante de columnas pareadas y los falsos almohadillados y sillares dibujados. La casa está rodeada de amplios jardines con grandes árboles, donde se encuentran dos estatuas pedestres de figuras femeninas apoyadas sobre pedestales”.

6. Tres de los integrantes de la saga de los Boulton. Izquierda arriba: el iniciador John Boulton Townley (1805-1874). Izquierda abajo: Henry Lord Boulton Schimmel (1829-1891). Derecha: John Lord Boulton Rojas (1870-1940), propietario de la quinta «Las Acacias».

En cuanto a John Lord Boulton Rojas, el propietario, se trata del menor de los hijos del matrimonio entre Henry Lord Boulton Schimmel con María Rojas Espaillat, hermana de José María Rojas Espaillat, antiguo agente de la Casa Boulton en Caracas, y hermana también del sabio Arístides Rojas. Boulton Schimmel, a su vez, era el hijo mayor y parte de la segunda generación de empresarios que tiene origen desde el momento en que John Boulton Townley llega a Venezuela procedente de Lancaster, Inglaterra, en 1924 para establecerse en La Guaira, donde se dedica al comercio, logrando ya para 1826 ser uno de los primeros ingleses beneficiados a raíz del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación, ratificado en 1825 entre la Gran Colombia y el gobierno británico. En las décadas de 1840 y 1850 Boulton Townley abre una agencia en Caracas (que después en 1870 pasó a ser la casa central) y una en Puerto Cabello. También iniciaron actividades de tipo bancario y de corretaje. Boulton Townley contrae matrimonio con Anna Gertrude Schimmel en 1829.

Así, Henry Lord Boulton Schimmel continuará junto a su hermano William George la saga comenzada por su padre (quien fallecería en 1874), fundando en 1853 Boulton Sons & Co., asumiendo la presidencia (dejada al retirarse su progenitor) de la Casa Boulton (fundada en 1839), y fusionando sus negocios de la Boulton Sons & Co. con las compañías de su padre (un grupo de empresas navieras, comerciales y financieras) creando así la firma H.L.Boulton & Co, la cual a pesar de todo, mantiene el nombre de Casa Boulton. La firma, afincada desde su creación en La Guaira, trasladará su sede principal definitivamente a Caracas en 1871 para lo cual adquiere la casa ubicada en la céntrica esquina El Chorro.

Henry Lord Boulton Schimmel logró ampliar el emporio dejado por su padre participando en el financiamiento del Ferrocarril Inglés Caracas-La Guaira (1883), promoviendo la primera fábrica de gas de Caracas (1883), y participando como fundador del Banco de Venezuela y del Banco Caracas en 1890. Fallece en 1891 quedando al frente del grupo sus dos hijos mayores, Henry Lord y Alfred William Boulton Rojas e incorporándose aquel mismo año John Lord (el menor) quien, como se ve, seguirá con la tradición empresarial familiar. John Lord se casaría en 1896 con María Corina Olavarría Matos de quien enviudó en 1899 habiendo tenido con ella tres hijos. Luego volvería a casarse con Catalina Pietri Paúl en 1903 con la que tuvo otros cinco descendientes. Con ella y los niños compartiría su estancia en la quinta «Las Acacias».

7. El Hipódromo de Sabana Grande pintado por Arturo Michelena, uno de los fundadores, junto a John L. Boulton, del Jockey Club de Venezuela.
8. Fachada de la sede de la Fundación John Boulton en la Plaza Panteón.
9. Dos tomas del interior de la sede de la Fundación John Boulton.

En particular, John L. Boulton estuvo, por un lado, asociado, junto a otros destacados ciudadanos, al hipismo deporte que se convertiría en una de las empresas de mayor significación en Venezuela a finales del siglo XIX que, gracias a la rectoría del Jockey Club de Venezuela (entidad fundada el 10 de agosto de 1895) y al decidido apoyo del General Joaquín Crespo, pone en funcionamiento el Hipódromo de Sabana Grande. Por otro lado, en virtud de su inclinación y pasión hacia la colección de obras de arte heredada de su tío Arístides Rojas, John L. Boulton se encargó de incrementar sustancialmente el acervo histórico-artístico reunido por su pariente. De allí se desprendió de una parte la donación de sus libros a la Biblioteca Nacional, pero por la otra se conservó la Colección Bolivariana dándose así origen a la creación en 1940 de la Fundación John Boulton dedicada a preservar una parte del patrimonio cultural de Venezuela, cuya labor continuará su hijo, el conocido hombre de cultura Alfredo Boulton Pietri, cuando asuma las riendas de la institución en 1950.

10. Dos fotografías recientes de la quinta «Las Acacias» convetida en la sede de la Comandancia General de la Guardia Nacional Bolivariana.

“Las Acacias” se trata, dentro de la amplia y ecléctica producción edilicia de Alejandro Chataing, conformada por más de treinta obras (en su gran mayoría edificios públicos impulsados por el gobierno de Cipriano Castro primero y en menor medida de Juan Vicente Gómez después), tan sólo de su segunda vivienda unifamiliar. La anterior, ubicada también El Paraíso fue Villa Zoila (1904) que sirvió de morada a la entonces pareja presidencial. Con el transcurrir del tiempo ambas tienen la particularidad de haber pasado finalmente a manos de la Guardia Nacional una como sede de su Comandancia General (Las Acacias) y la otra como su museo histórico (Villa Zoila).

Brevemente conviene recordar que “Las Acacias”, luego de ser adquirida por el General Juan Vicente Gómez el 30 de septiembre de 1935, tras su fallecimiento a escasos tres meses de su compra, es expropiada como parte de los bienes del antiguo dictador en agosto de 1936. En 1938, el inmueble fue adscrito al Ministerio de Agricultura y Cría, permaneciendo sin ningún uso hasta 1954, período en el que la antigua mansión fue objeto de algunas modificaciones que alteraron ligeramente su estructura. El 23 de enero de 1955 la edificación fue designada como sede de la Comandancia General de las Fuerzas Armadas de Cooperación. Para ese momento, el edificio seguía adscrito a Agricultura y Cría, siendo finalmente reasignado al Ministerio de Defensa en 1974 pasando a ser la Comandancia General de la Guardia Nacional, ente creado en 1937, uso que permanece hasta nuestros días.

La quinta fue declarada Patrimonio Histórico Nacional el 7 de octubre de 1985 y el 28 de diciembre de 1988 se aprobó su restauración por un monto de 30.000.000,00 Bs. Desde entonces podemos verla con sus características iniciales encontrándose, en apariencia, en buen estado de conservación.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Colección Crono Arquitectura Venezuela.

  1. http://guiaccs.com/planos/la-busqueda-de-el-paraiso/

2 y 4. Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani, Caracas a través de su arquitectura (1969)

3. https://www.pinterest.com/pin/384917099384292374/

5. http://www.guardia.mil.ve

6. https://es.wikipedia.org/wiki/Familia_Boulton

7. https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Arturo_Michelena_04.JPG

8. http://guiaccs.com/obras/fundacion-john-boulton/

9. http://guiaccs.com/obras/fundacion-john-boulton/ y https://fundacionjohnboulton.org/

10. http://guiaccs.com/obras/quinta-las-acacias/