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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 125

Nuestra postal del día de hoy recoge uno de los dibujos (en específico una axonométrica seccionada horizontalmente por una de las plantas tipo) del anteproyecto presentado por Pablo Lasala Ferrer (1940-2000) para el Concurso Nacional de Arquitectura “Sede de la Asociación de Ejecutivos del estado Carabobo” (1998), en el cual fue distinguido con el primer premio. Colaboraron en la participación las arquitectos Carolina Díaz, Isabel Guerrero e Isabel Lasala y los bachilleres Claudio Ruiz y Ana Lasala.

Su condición de excelente dibujante, que fue cultivando a lo largo de toda su vida y que lo convirtió en referencia dentro de este tipo de certámenes a nivel nacional, ofreció a Lasala en esta ocasión la oportunidad de constatar, sumado a su dominio de la técnica de la perspectiva y conocimientos de geometría descriptiva (que plasmará en su trabajo de ascenso a la categoría de Agregado -1990- dentro del escalafón universitario en la UCV), lo que su hija Isabel denomina como “la llegada de la computadora” en Creando lugares. Entre la exaltación y la superación del objeto arquitectónico en la obra de Pablo Lasala (2014). De allí recogemos cómo, a diferencia de la dificultad que han tenido muchos arquitectos en asimilar su encuentro con lo virtual por el extrañamiento que implica “el despegue de lo sensorial y de la mano en contacto con el papel (…), Pablo Lasala más bien se mostró atraído por las posibilidades de los medios digitales, que rápidamente absorbió e hizo suyos, manteniéndose actualizado hasta el final. Tal vez su conocimiento de la geometría y la precisión con que siempre proyectó generaron su nueva pasión por este medio de representación. Su búsqueda incesante y entusiasta aceptación de los nuevos medios de comunicación, además, es una clara muestra de la necesidad de aprovechar al máximo, y hasta el último momento, las técnicas que mejor le permitieran expresar sus ideas”.

También se inscribe este dibujo dentro de una de las modalidades que más utilizaba Lasala a la hora de expresar los contenidos que le interesaban. En este caso da cuenta de la implantación a través de una vista axonométrica a vuelo de pájaro que a su vez permite apreciar y explicar la naturaleza del edificio proyectado, el manejo de la topografía y la manera como se materializa la doble piel que lo envuelve.

En lo que concierne al concurso en sí, el mismo permitió en su momento confrontar la veteranía y a la vez actualizada técnica representativa de Lasala con las propuestas enviadas por equipos conformados por jóvenes profesionales dos de los cuales obtuvieron el segundo y el tercer premio: Luis Miguel Ferreira, Luis A. Hoenicka y Gabriela Ríos por un lado y Ángel Rafael Sifuentes por el otro.

1. Arquitectura HOY, nº 252, 12 de junio de 1998.

La memoria descriptiva del proyecto ganador (recogida en el nº 252 de Arquitectura HOY del 12 de junio de 1998), señala lo siguiente: “Desde el punto de vista formal la edificación consta de dos elementos claramente identificables: un basamento tratado con una moderada elaboración formal y un volumen prismático que parece emerger del basamento ubicado en la zona sur de éste. (…) El basamento a su vez consta de dos partes. La primera tiene forma piramidal y se encuentra ubicada en la zona sur del terreno. La segunda está constituida básicamente por un prisma de base rectangular de 39M x 26M x 9M de altura, tres de cuyos bordes están tratados utilizando volúmenes adosados al prisma (…) El volumen prismático, que parece surgir del basamento está descompuesto en dos componentes separados por una estrecha brecha. El menor de ellos tiene planta triangular y nace claramente del suelo. El segundo, mucho mayor que el primero, tiene planta trapezoidal, y parece flotar a poca distancia de la superficie del basamento piramidal pues no hace contacto con él. Ambos componentes conforman un volumen total virtual de planta rectangular y de la misma altura”. A esta descripción detallada de las características formales del edificio seguirá la correspondiente a la manera como se maneja el programa (destinado a oficinas con una pequeña área comercial y sus respectivos servicios de apoyo) y su distribución en los diferentes cuerpos prefigurados.

Así, la “Sede de la Asociación de Ejecutivos del estado Carabobo” significará para Isabel Lasala la culminación en el tratamiento de un tema que en la trayectoria de su padre ya había aparecido diecisiete años antes en la primera propuesta para el Concurso de la Catedral de Ciudad Guayana y en el Concurso para la Sede del Edificio Administrativo para la Gobernación del Distrito Federal: la caja en el paisaje. Ello le permite clasificar la propuesta dentro del capítulo 3 de su libro dedicado a “El basamento y la caja flotante” bajo el subtítulo “El logro de una búsqueda” y afirmar: “Desde el exterior se recupera el espíritu de la primera propuesta: las dos piezas  recobran su independencia y pureza formal pero con algunos cambios sustanciales, pues la caja está dividida y al basamento se le suma un nuevo elemento”.

En cuanto a la “creación de lugares”, este proyecto, que como tantos otros procedentes de un Concurso nunca fue construido, se suma a la aspiración de Pablo Lasala de ir siempre más allá del cumplimiento del programa estableciendo un compromiso silente con el lugar donde le ha tocado insertarse, “que lo conduce -según Isabel- a trascender lo meramente arquitectónico y ubicarse en los ámbitos de lo atmosférico, de lo intangible” formando parte de aquellos volúmenes diseñados “para ser mirados desde lejos y para mirar a lo lejos desde ellos”.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Isabel Lasala, Creando lugares. Entre la exaltación y la superación del objeto arquitectónico en la obra de Pablo Lasala (2014)

  1. Arquitectura HOY, nº 252, 12 de junio de 1998

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 124

La “sucursal del este” del Banco Unión (hoy Banesco) en Sabana Grande es, por su expresividad, buenas proporciones y correcta solución al difícil compromiso urbano que le tocó enfrentar, un notable ejemplo dentro de la arquitectura moderna venezolana. También se trata de una de las obras mejor logradas por Emile Vestuti (1927-1998), arquitecto norteamericano que vino a Venezuela recién graduado en Yale (1948), invitado por su compañero de estudios Moisés Benacerraf para formar parte de la oficina que éste y Carlos Guinand Baldó habían constituido en 1948, donde trabajó desde 1949 hasta 1958 primero como director de proyectos y luego como socio. Cabe señalar que Guinand & Benacerraf  conformaron una de las primeras firmas profesionales de arquitectura en Caracas siendo pionera en difundir la arquitectura moderna en el país.

La participación protagónica de Vestuti en Guinand & Benacerraf queda registrada a través de los siguientes proyectos: Hotel-residencias Montserrat (Altamira, 1950-53); Centro Comercial Gran Avenida (Plaza Venezuela, 1950-54, demolido); Edificio Gran Avenida (Plaza Venezuela, 1952-54, demolido); Edificio de oficinas Cauchos General (Chacao, 1952-56, demolido); Quinta L y M (Colinas de Bello Monte, 1956); Quinta El Casquillo (Colinas de Bello Monte, 1956); Quinta Laurel (1956); y Quinta Ramo Verde (Valle Arriba Golf Club, 1956), ubicándose el Banco Unión dentro de una secuencia en la que Vestuti demuestra cómo logró aclimatarse perfectamente a las condiciones del país donde vino a trabajar, actitud asimilada en buena parte de su pasantía en la oficina de Edward Durrell Stone, Nueva York, entre 1946 y 1948.

1. “Sucursal del este” del Banco Unión (hoy Banesco). Emile Vestuti con Guinand & Benacerraf. 1953. Arriba: Planta. Abajo: Fachada este

El proyecto del edificio que nos ocupa (cuya imagen perteneciente a la colección de la Fundación Fotografía Urbana, tomada en momentos cercanos a su inauguración, ilustra nuestra postal del día de hoy), realizado entre 1952 y 1953, construido entre 1953 y 1955 según consta en el Archivo de la Ingeniería Municipal del Municipio Libertador, Permiso de construcción N° 9397-D, 30 de julio de 1953 (de acuerdo a la indagación hecha por CCScity450, www.ccscity450.com.ve/), fue contratado a Guinand & Benacerraf por el Banco Unión, entidad fundada en 1946 por Salvador Salvatierra que paulatinamente logró posicionarse en la década de los 50 como uno de los bancos más importantes de Suramérica. Como dato adicional valdría la pena señalar que la familia Benacerraf formaba parte de los principales accionistas del banco y que, aunque éste le encargó su primera sede en el centro de la ciudad (1947-48) a Velutini & Bergamín, una vez graduado Moisés de arquitecto es la oficina que forma junto a Guinand Sandoz la que asume en adelante el diseño de las diferentes sucursales de la entidad bancaria. La ficha técnica de la construida en Sabana Grande se completa con la participación en el cálculo estructural de la firma “Ingenieros Scannnone & García Galindo, S.A.”, conformada por los doctores en ingeniería civil egresados de la UCV en 1944 Armando Scannone y Enrique García Galindo.

Se encuentra ubicada “la sucursal del este” sobre la que se denominó por mucho tiempo como la Calle Real de Sabana Grande y luego avenida Abraham Lincoln (importante segmento de la que se conoció antes como la Carretera del Este, antigua vía de comunicación de la ciudad de Caracas con las tierras al oriente del valle), que se constituyó en el nuevo corazón comercial de la ciudad a partir de los años 50 del siglo XX. Peatonalizada a raíz de la construcción del “sistema Metro” a finales de los años 80, y recientemente recuperada luego de años de desidia e invasión inclemente por parte del comercio informal, la antigua Calle Real brinda hoy como Boulevard de Sabana Grande un espacio adecuado e íntegro de disfrute para la ciudadanía, lo que ha permitido consolidar la condición de hito urbano que este inmueble posee.

2. “Sucursal del este” del Banco Unión (hoy Banesco). Emile Vestuti con Guinand & Benacerraf. 1953. Imágenes recientes

Así, la edificación, insertada en la esquina suroeste del encuentro entre el boulevard y la calle El Recreo, evidencia el hábil manejo de las variables contextuales asociadas a su aventajada localización y del programa a albergar alcanzado mediante la superposición de dos volúmenes. El más bajo, que contiene una espaciosa agencia bancaria, se ubica hacia el este respetando tanto el desnivel natural del terreno como la continuidad y altura de las edificaciones existentes en la calle El Recreo. La respuesta hacia el Boulevard de Sabana Grande la asume el cuerpo alto de oficinas igualmente alineado y revestido de travertino: laminar y liso cuando es usado sobre las superficies menores y en contacto con el público, fragmentado y variando la textura para no reflejar excesivamente la luz solar al ser utilizado sobre las superficies mayores. La lograda articulación de la esquina, en la que además se define con claridad un espacio público de acceso a ambos bloques, ayudada por la presencia de una columna cilíndrica exenta, denota manejo de la escala y sabiduría en el trato de la transición de lo abierto a lo cerrado. Sin embargo, es el compromiso institucional asumido, sin renunciar a su contemporaneidad y sin evadir la caracterización que las condiciones climáticas le pueden ofrecer, lo que convierte a este edificio en una importante referencia. norte y este vuelven a demostrar sus diferencias esta vez de la mano de brise-soleils de corte corbusiano con una rítmica que rinde honores y no desmerece para nada al gran maestro suizo.

Vestuti, quien deja Venezuela en 1960 para irse a Milan a trabajar en el diseño de mobiliario y de objetos de diseño interior contratado por la firma Knoll International S.P.A. como su director de proyectos, permaneció cinco años en Italia. En 1967 regresa a Estados Unidos para trabajar en Baltimore con Ghery, Walsh & O’Malley Inc., tomando rumbo de nuevo hacia Venezuela en 1975 donde se radicará definitivamente, dedicándose desde entonces a la docencia del diseño en la Universidad Simón Bolívar. También participará como asociado con Carlos Gómez de Llarena y su viejo colega Moisés Benacerraf entre 1975 y 1978 en el desarrollo de varios proyectos para la urbanización Los Canales de Río Chico. A partir de 1989 Vestuti retoma su pasión por el diseño industrial etapa en la quedarán plasmadas importantes piezas realizadas en maderas autóctonas que forman parte de la historia de esa disciplina en el país. El seguir la trayectoria de Vestuti en tierras venezolanas y en particular la serie de edificios diseñados dentro de la oficina de Guinand & Benacerraf en la década de los años 50 del siglo XX denota, por un lado, la atenta y sabia aproximación de un profesional venido de otras tierras a las variables imperantes en el particular lugar del planeta donde le correspondió trabajar y, por el otro, «esa particular emoción que dejaría impregnada en su retina de otras latitudes la tiranía de este sol», como bien diría Henry Vicente en el artículo «Mirando con desatención», aparecido en el nº 254 de  Arquitectura Hoy, el 26-6-98, a escasos días de su muerte de forma accidental en Amazonas al sur de Venezuela.

ACA

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Postal. Fundación Fotografía Urbana

1 y 2. https://www.ccscity450.com/obra/edificio-banesco/

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 123

El Centro Petrolero de Caracas, del cual presentamos un corte-fachada como ilustración de nuestra postal del día de hoy, fue proyectado en 1957 por el arquitecto de origen italiano Angelo Di Sapio en terrenos de la Urb. Los Palos Grandes al este de la ciudad de Caracas.

1. Centro Petrolero de Caracas, Angelo Di Sapio, 1957. Fotomontaje de la maqueta.

Se trataba de un complejo de cinco edificios y una torre de oficinas que concentraría las sedes de las empresas petroleras Venezuelan Atlantic Refining Company (VARCO), Mene Grande Oil Company y Texas Petroleum Company. De acuerdo a lo señalado por Henry Vicente en “Distritos Petroleros en CCS” (http://historico.prodavinci.com/blogs/distritos-petroleros-en-ccs-por-henry-vicente-garrido/), este conjunto correspondería a lo que él ha denominado como el tercer Distrito Petrolero de Caracas, concepto que “permite visualizar las diversas zonas de la ciudad en las que se fueron desenvolviendo los intereses y las dinámicas asociados a las petroleras, fundamentados sobre una matriz física e ideacional común y un ‘estilo de vida’ nuevo, cuyo correlato fue la irrupción de procesos de segregación espacial y urbana, identificables con la noción de ‘campamento’ y de suburbio, y con criterios de representación opuestos a una ‘otredad’, anacrónica, que no conjugaba con el afán ‘modernizador’ de dichos Distritos. (…) Se caracterizaron también por una forma de ocupación que planteaba la reunión del trabajo y la residencia en un mismo territorio, ‘replicando’ en este sentido la experiencia de los campamentos petroleros».
En el caso del Centro Petrolero de Caracas “la propuesta cumplía con axiomas fundamentales del programa moderno. Constaba de una presencia alterna de torres y de edificios horizontales, así como de paseos y fuentes, y tenía disponibilidad en cuanto a estacionamientos. El lugar escogido fue un terreno perteneciente a la antigua Estancia Tamanaco, en el sitio en el que hoy en día se encuentra el Centro Plaza, en el sector La Floresta-Los Palos Grandes”.

2. Distrito Petrolero La Floresta-Los Palos Grandes, en primer plano antiguo Edificio Socony-Mobil, actual Colegio Universitario de Caracas, y antigua Embajada Estados Unidos, actual Ministerio de Turismo, Caracas, ambos de 1959 y de Donald E. Hatch

Por razones económicas este Centro nunca llegó a materializarse como tal. Sin embargo, el arquitecto Di Sapio diseñó y construyó el edificio para la Atlantic en un lote que formaba parte del terreno original. Valga recordar que la Venezuelan Atlantic Refining Company (VARCO), operó en nuestro país entre los años 1925 y 1975.
En consonancia con la noción de Distrito Petrolero asomada por Vicente debemos añadir que no por casualidad en la zona fueron construidos los edificios de la Socony-Mobil Oil Company (1959) en un terreno al sur de la Av. Francisco de Miranda y la Embajada de los EEUU en Venezuela (1959) proyectados ambos por Don Hatch, hoy en día ocupados el uno por el Colegio Universitario de Caracas y el otro por el Ministerio de Turismo. De la misma manera la Mene Grande Oil Company construyó su nueva sede allí (1966) y la Texas Petroleum Company repartió sus oficinas en varios edificios del sector. “Y, para ser consecuente con los otros distritos petroleros, a comienzos de los 70 se inauguró en la zona un equipamiento asistencial privado como la Clínica La Floresta”, concluirá Henry Vicente.

3. Arriba a la izquierda: Centro Petrolero de Caracas, Angelo Di Sapio, 1957, perspectiva aérea. Abajo a la izquierda y derecha: Vistas exteriores del edificio Atlantic.

En cuanto al Atlantic, clara muestra de la novedad y audacia que derrochó la arquitectura realizada en Caracas a lo largo de los años 50 del siglo XX, se podría decir que asume un planteamiento estructural claramente influenciado por las Unites lecorbusianas, aplicado en este caso a un edificio corporativo cerrado con vidrio (fachadas este y oeste) y antepechos y paredes recubiertos de murales (fachadas norte y sur), que le imprime, gracias a la utilización de una serie de grandes apoyos centrales y a la disminución de la sección de las losas curvadas que vuelan hacia el perímetro, una levedad que contrasta con la solidez de la masa suspendida trayendo inevitablemente a la mente la imagen de un elegante y bien proporcionado árbol.

De los comentarios aparecidos en la página http://caracasmoderna.blogspot.com/2009/08/edificio-atlantic.html hemos podido conocer que técnicamente se trata del “desarrollo arquitectónico de bóvedas abiertas y columnas centradas. Único edificio conocido en Caracas que presentando columnas centrales éstas se anclan en bases de zapata de hormigón altamente aceradas en sus sótanos ancladas a su vez en una gigantesca caja de hormigón que cubre los tres sótanos. Esta arquitectura la hizo resistente a varios movimientos sísmicos de riesgo por ser su ubicación de crítica licuefacción”. También se añade allí: “El edificio sufrió serios deterioros por una salida de aguas negras clandestinas del Centro Plaza que existió desde hace más de 30 años. Esta toma clandestina fue detectada por el Ingeniero Iker Acedo Galea, quien la recanalizó, y restauró todo el edificio frenando su proceso de flexo-torsión y eliminando la erosión causada en sus bases, zapatas y paredes de hormigón en los sótanos toda vez que reforzó el acero a través de túneles cavados por su equipo de albañiles. (…) El ingeniero Acedo no solo detuvo el proceso de flexo-torsión pronunciada que tenía el edificio, sino que también salvó al edificio contiguo de daños mayores al recanalizar la tubería clandestina hacia la alcantarilla de la avenida Andrés Bello”.

4. Intervención reciente en el techo del edificio Atlantic

El edificio Atlantic, declarado bien patrimonial, ha cambiado de dueño y los vecinos de la zona han detectado la realización de obras en su azotea que modifican su silueta y ponen en peligro su estabilidad estructural, sin que el proyecto aparentemente cuente con la debida autorización de los entes municipales responsables.  Como el asunto tomó carácter de noticia a principios del mes de julio, quienes estén interesados en hacerle seguimiento les recomendamos entrar en http://picbear.online/tag/joyadelaarquitecturavenezolana.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 1 y 3. Colección Crono Arquitectura Venezuela

2. https://historico.prodavinci.com/blogs/distritos-petroleros-en-ccs-por-henry-vicente-garrido/

4. http://picbear.online/tag/joyadelaarquitecturavenezolana

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 122

Teniéndose como primer antecedente la realización en 1967 en la Sala «C» de la Universidad Central de Venezuela del «Foro sobre Caracas» organizado por la Dirección de Cultura y el «Estudio de Caracas», y como detonante más cercano el llevado a cabo en 1976 en la ciudad de Barquisimeto, bajo los auspicios  del Concejo Municipal del Distrito Iribarren, el Colegio de Ingenieros del estado Lara, FUDECO y el Taller Simbiosis, de un Foro que se denominó “En defensa de la ciudad”, y en virtud de que en el mismo participaron representantes de las Facultades de Ciencias Económicas y Sociales (FACES) y de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la Universidad Central de Venezuela (UCV), se hizo la solicitud formal a las máximas autoridades de dichas entidades académicas de asumir la organización de un encuentro homólogo en y para la ciudad de Caracas dada la importancia y magnitud de los problemas que ya para entonces la aquejaban.

Las dos facultades mencionadas, encabezadas para el momento por los decanos Américo Faillace (FAU) y Rangel Crazut (FACES), aceptan el reto y con el apoyo del rector de la UCV, Miguel Layrisse, organizan del 13 al 16 de octubre de 1977 en los espacios culturales de Parque Central el que se conoció como “I Foro en Defensa de la ciudad de Caracas”, concebido como punto de encuentro para funcionarios, profesionales, organismos e instituciones, asociaciones de vecinos, pobladores y, tal y como se señala en la convocatoria, “para todos aquellos que estén interesados  en discutir sobre la ciudad que les ha tocado vivir y sufrir”.

El temario que sirvió para estructurar el evento abarcó los siguientes tópicos: 1) La ciudad que vivimos; 2) La acción del Estado sobre la ciudad; 3) La ideología urbana y las prácticas sociales ligadas al urbanismo; y 4) La participación de la comunidad en el destino de la ciudad. El Comité Organizador, integrado por Rodolfo Quintero, Marta Vallmitjana, Francois Benko, Josefina Baldó, Maruja Acosta, Oscar Olinto Camacho, Raúl Herrera, Frederick Mallé, José Agustín Silva Michelena y Roberto Briceño León, fue el encargado de elaborar “un documento de fondo” y de solicitar la redacción de las ponencias centrales para cada uno de los temas que se presentaron en Sesión Plenaria, así como de conocer y seleccionar, con la colaboración de una Comisión ad-hoc, el resto de las ponencias (solicitadas o de iniciativa particular) que fueron presentadas, las cuales debían inscribirse antes del 31 de agosto junto a un resumen “que no exceda las cinco (5) páginas” y la identificación completa del autor, para luego ser entregadas en su versión definitiva “antes del 15 de septiembre en cinco (5) ejemplares escritos a máquina, en tamaño carta y a doble espacio” con “un límite máximo de 50 páginas”. El Comité Organizador se responsabilizaba también de reproducir la totalidad del material consignado para el momento en que fuera expuesto en el seno del Foro.

El número 60 de la revista PUNTO dedicado plenamente a cubrir el evento y a recoger los documentos fundamentales presentados en él, se convierte en toda una referencia para palpar las expectativas, entusiasmo y efervescencia que se produjo durante aquellos 4 días en los espacios de Parque Central. Valga transcribir los títulos que finalmente tuvieron las diferentes ponencias y sus respectivos firmantes para darse una idea del compromiso con que se asumió aquel reto y del clima intelectual e ideológico, cuestionador por demás del statu quo, que para aquel momento arropaba a buena parte del mundo académico.

Así, el “Documento de Fondo” a cargo del Comité Organizador y firmado en conjunto por las dos Facultades responsables de la organización del evento, llevó por título “La Ciudad para el hombre”. Estaba, a su vez, dividido en cuatro capítulos: La calidad de la vida; El modelo de desarrollo del país y la estructura urbana de Caracas; Reproducción de la fuerza de trabajo, consumo colectivo y políticas de vivienda; y, El futuro desarrollo de Caracas. Su objetivo no era otro que “provocar una discusión creativa alrededor de algunos aspectos claves de la problemática urbana (…) teniendo en cuenta dos parámetros que determinan el contenido de (dicha) problemática… y el carácter de las políticas correctivas de la misma formuladas por el Estado: a) El ser Venezuela frontera de la expansión del capitalismo mundial; y , b) El ser el Estado venezolano eje del proceso de acumulación de capital”.

La ponencia central del Tema 1, “Rasgos fundamentales de la reproducción de la estructura urbana de Caracas”, fue elaborada por el Instituto de Urbanismo (IU) de la FAU y se estructuró en tres partes: Elementos de la dinámica del Área Metropolitana de Caracas y sus tendencias actuales; Rasgos fundamentales de la reproducción de la estructura urbana de Caracas, subdividida a su vez en “El Marco nacional”, “Caracas. Un modo de reproducción rentista”, “Reproducción de la estructura urbana y de la fuerza de trabajo” y “La calidad de la vida”; y, Crisis urbana e intervención del Estado.

El Tema 2 tuvo como documento principal el titulado “La acción social del Estado sobre la ciudad en materia de tierra urbana y vivienda en la actual coyuntura (1974-1977)” y fue realizado por Luis Lander, Oscar Moreno y Alberto Urdaneta.

“Acerca de una ideología urbana”, a cargo de Maruja Acosta y Roberto Briceño León, profesores de la Cátedra de Sociología y Antropología, fue la ponencia central del Tema 3 la cual estuvo dividida en “La producción del espacio ideologizado” y “A modo de ejemplo: ideología urbana y el manejo del mercado inmobiliario”.

Por último, el texto fundamental del Tema 4 le fue encargado al colectivo de la Unidad Docente 11 de la FAU y llevó por título “Por una ciudad de hombres libres”. Estaba dividido en dos partes: La ciudad (que a su vez incluía “Ciudad del trabajo. Ciudad del capital” y “Los responsables el crecimiento urbano”) y Los ciudadanos (compuesto por “Las condiciones de vida en la ciudad” y “Las luchas de los ciudadanos”).

El resto de las ponencias presentadas ampliaron el debate y le abrieron la puerta a la aparición de asuntos como: ampliar la comprensión de los diferentes entes, políticas y actuaciones que forman parte y permiten entender la dinámica de la ciudad (Francoise Hure de Socorro), la consideración de la arquitectura como elemento destructivo del ambiente humano (Ilmar Lucks), la importancia social del transporte (profesores y alumnos del IV Curso el Postgrado en Urbanismo Opción Transporte del IU), el impacto de la ciudad sobre el ambiente (Eduardo Genatios-Geny de Genatios), la participación y despertar de las comunidades a la problemática urbana (Centro Cultural Gustavo Meyrink) y la necesidad de pensar en la formación de “un arquitecto de nuevo tipo” traducida de la orientación que le imprimían a la docencia los integrantes de la Unidad Docente 11 de la FAU.

Más allá del tono universitario que envolvió toda la organización, habría que decir que este evento cumplió plenamente con el cometido de constituirse en espacio de encuentro ciudadano en el más amplio sentido del término y en germen de muchas iniciativas que posteriormente tomaron cuerpo. Sin duda, se respiraban los aires cuestionadores de las políticas públicas que el Estado impulsaba en medio de “La Gran Venezuela” liderada por Carlos Andrés Pérez, plasmadas en el V Plan de la Nación. También se reflejaba el impacto que dejó la Renovación Académica en el seno de la FAU UCV. En tal sentido, no es casual que en el mismo número 60 de PUNTO aparezca una reseña elaborada por Leszek Zawisza del nº 19 de la Colección Espacio y Forma donde se recoge el texto elaborado por Manuel López titulado “Historia de la arquitectura y lucha de clases”, y que el programa de la Unidad Docente 11 contemple la formación de un arquitecto “comprometido”, “que pueda enfrentar las necesidades del país, un arquitecto de nuevo tipo que sirva al pueblo, que luche por la liberación nacional y la independencia tecnológica”.

La lectura del material recopilado colabora a comprender buena parte de los aspectos que caracterizaban la ciudad venezolana de mediados de los años 70 (de la cual se hacen acertados diagnósticos) apuntándose hacia un necesario cambio del modelo sobre el que se soportaba. Sin embargo, aunque persiste en el fondo una difusa idea de ciudad que se buscaba proteger y se aspiraba a otra que tampoco era posible vislumbrar con claridad, lo allí expuesto y discutido puso también en evidencia enfoques socio-político-económicos que, de manera distorsionada, han servido de soporte a los discursos de quienes desde 1998 nos han llevado donde estamos.

Si la «defensa» de aquella urbe aún pujante se asumía como un reto inaplazable a ser abordado con tiempo por delante, la de la ruinosa y abandonada que hoy padecemos se ha trastocado en condición de urgente supervivencia. A 451 años de su fundación a Caracas no sólo debemos «defenderla». Toca, además y por sobre todo, reconocerla, reinventarla, rescatarla y reconstruirla.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 121

Cuando el diario La Verdad es fundado en Maracaibo el 19 de abril de 1998 por Jorge Abudei, hacía un buen tiempo que la prensa diaria de circulación nacional con sede en Caracas se había convertido en importante tribuna para dar cabida a la reseña, la reflexión y la crítica sobre arquitectura, cubriendo el vacío que fueron dejando frustrados intentos por desarrollar proyectos editoriales que tuvieran en la publicación periódica de revistas su punto fuerte.

Así, desde comienzos de esa misma década se puede detectar cómo Juan Pedro Posani acompañó la creación de otro periódico (Economía HOY) primero con una página semanal fundamentalmente asumida por él entre 1990 y 1993, y luego a la cabeza del equipo de un semanario (Arquitectura HOY) que logró la hazaña de persistir desde 1993 hasta el año 2000 a lo largo de 358 números. Por su lado, Oscar Tenreiro y Francisco Sesto publicaban en El Diario de Caracas, Hannia Gómez, Federico Vegas y William Niño en El Nacional y Edgard Cruz y Abner Colmenares en El Universal, sin contar las colaboraciones esporádicas que aportaban en esos espacios otro significativo grupo de profesionales y académicos, reforzándose una tendencia que hace de aquel período un caso digno de estudio por la diversidad de enfoques, intereses y estilos con los que se asumía la labor periodística y divulgativa desde la arquitectura.

Siguiendo la tendencia señalada, y sin duda inspirada en ella, no deja de ser llamativo que a un mes escaso del lanzamiento de La Verdad (para ser más exactos el 24 de mayo de 1998), aparezca en el interior de su cuerpo D Bisagra, página de arquitectura que sentó sus bases en la iniciativa emprendida por los docentes e investigadores de la Facultad de Arquitectura y Diseño (FAD) de la Universidad del Zulia (LUZ) Francisco Mustieles y Lourdes Peñaranda, quienes, contando con la colaboración, entre otros, de los jóvenes Farid Chacón y Claudia Urdaneta, encontraron la oportunidad de abrir desde “la provincia” un espacio que no tuvo nada que envidiarle a los ya existentes en “la capital”.

El número 1 de Bisagra (que ilustra la postal del día de hoy) estableció la pauta de contar siempre con un artículo o tópico central, en este caso el texto titulado “Aldo Rossi: arquitectura analógica” firmado por Francisco Mustieles, y una columna lateral donde se incorporaban noticias de actualidad o notas de interés para los lectores, todo ello ordenado por una llamativa diagramación que buscaba darle identidad a lo que se convertiría con el  tiempo en una colección. En particular, hubo en este primer número un marcado interés por utilizar la columna lateral para informar acerca de diversos concursos convocados a nivel internacional. El primer Comité de Redacción estuvo conformado por: Lourdes Peñaranda, Francisco Mustieles, Pablo La Roche, Víctor Fuenmayor e Ignacio Oteiza.

El abrir fuegos con una reflexión interpretativa basada en uno de los conceptos centrales de la producción teórica del recientemente fallecido Aldo Rossi (la ciudad análoga y con ella el papel que juega la memoria, asociados en este caso a la arquitectura), habla a las claras no sólo de las preocupaciones que en aquel momento embargaban a los editores en sus labores académicas, sino sobre el impacto que ya había dejado a su paso la posmodernidad como oportunidad para mirar la disciplina desde diferentes ángulos abriéndole el camino al tratamiento de los más variados temas.

El espectro de colaboradores y amplitud de asuntos tratados por Bisagra a lo largo de los casi tres años de perseverante labor y las 110 veces que apareció (22 en 1998, 33 en 1999, 43 en 2000 y 12 en 2001, hasta el 24 de marzo de ese último año), dan fe de que la página estuvo gobernada por un espíritu inclusivo y que rápidamente se convirtió en tribuna y válvula de escape de inquietudes contenidas y en oportunidad para mostrar lo que en la región se reflexionaba, enseñaba, proyectaba y realizaba, así como para poner en evidencia hacia dónde se quería apuntar.

También sirvió Bisagra para sentar las bases de lo que con el tiempo ha convertido a Maracaibo en referencia dentro del quehacer arquitectónico nacional, lo cual le ha permitido asumir hoy en día el liderazgo que Caracas ha ido abandonando. Clara señal de ello lo constituye la conformación en 1999 del grupo Nómadas -NMD- (oficina integral de proyectos fundada por Farid Chacón, Francisco Mustieles y Claudia Urdaneta, que hoy tiene una clara proyección internacional) que contó entre sus filas con muchos de los participantes de esta experiencia editorial. También se suman la organización desde 2011 por parte de otra importante oficina de arquitectura marabina (Arquitécnica, con Alberto Romero García a la cabeza) de varias versiones del evento “Maracaibo transversal: de lo real a lo imaginado”, la realización hasta 2017 de hasta diez convocatorias al Festival Internacional de Arquitectura y más recientemente, desde finales de 2017, la creación del IAAL (Instituto de Arquitectura de América Latina), signos de una vitalidad que, acompañada de importantes publicaciones, ha surgido como relevo desde el ámbito privado de la alicaída actividad académica universitaria, duramente golpeada por la infernal crisis que arropa al país.Bisagra obtuvo en 2001, junto a sus responsables, el Primer Premio a la mejor Publicación en Prensa sobre Arquitectura y Urbanismo, en el marco de la X Bienal de Arquitectura de Caracas (denominación que en esta versión se le dio a la Bienal Nacional de Arquitectura), organizada por el Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV).

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 120

Con Expo-Sevilla 1992 se cerró el ciclo de las grandes Exposiciones del siglo XX herederas aún de la grandilocuencia proveniente del siglo XIX. Desde Osaka (1970) no se llevaba a cabo un encuentro de este tipo. La excusa explícita, como se sabe, fue la conmemoración de los 500 años del Descubrimiento de América. La intención solapada era inyectar una buena parte de dinero procedente del acelerado crecimiento económico español a una de sus zonas más atrasadas. El lema de la Feria: «La Era de los Descubrimientos».

1. Expo Sevilla 1992. Plano General

Sevilla sufrió, en efecto, en 1992 su transformación más importante desde la Exposición Iberoamericana de 1929. La decisión de ubicar el corazón del evento en la isla de La Cartuja tuvo la clara intención de dotar de vida un sector olvidado de la ciudad señalando hacia donde debía toda ella expandirse. Sin entrar en detalles sobre las virtudes o defectos del trazado ordenador final de la Feria, es curioso observar cómo en la capital andaluza se repitieron buena parte de las manifestaciones que desde ya hace tiempo este tipo de evento venía arrastrando. Así, en Expo-Sevilla se siguieron incrementando las experiencias sensoriales, ahora más acordes con los tiempos mediáticos que ya se vivían, se siguió apostando por el progreso, por el desarrollo de la ciencia y la tecnología y se continuaron viendo combinaciones de exotismo con la más reciente novedad, intentos nostálgicos de recuperación del pasado, verdaderos templos al high tech y unas pocas búsquedas contestatarias a tanta escenografía, a tanto refinamiento y a tanto kitsch .

2. Página de arquitectura de Economía HOY del 21 de julio de 1990.

Venezuela fue el séptimo país en confirmar su presencia en la feria y uno de los cuatro países latinoamericanos que realizó para Expo-Sevilla un Pabellón propio proyectado en el país. Su selección provino de un concurso por invitación en el que participaron ocho arquitectos: Domingo Álvarez, Jorge Castillo, Gorka Dorronsoro, Enrique Larrañaga, Juan Carlos Parilli, Jesús Tenreiro, Oscar Tenreiro y Henrique Hernández. El jurado integrado por Pablo Lasala, Tomás José Sanabria (Presidente), Emile Vestuti, Henrique Vera y Juan Pedro Posani (Curador del Concurso), en veredicto emanado el 25 de junio de 1990, luego de resaltar los valores de cada una de las propuestas entregadas, declaró ganadora de manera unánime la presentada por Henrique Hernández quien trabajó en la gestación y desarrollo del proyecto conjuntamente con Ralph Erminy, colaborando en la arquitectura Marcel Erminy y en la estructura Carlos Henrique Hernández y Waclaw Zalewski.

3. Pabellón de Venezuela en Expo Sevilla 1992. Planta y fachadas

Este par de profesionales tuvieron la oportunidad, gracias a la realización del Pabellón, de poner nuevamente en práctica las ideas que en cuanto a la relación arquitectura-tecnología venían sosteniendo desde hace muchos años y que les llevaron a la creación en 1975 del Instituto de Desarrollo Experimental de la Construcción (IDEC) en el seno de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV. Ambos tenían una amplia trayectoria académica habiendo llegado Erminy a ser Director de la Escuela en el período 1959-62. Hernández, junto a Fruto Vivas, emprende como estudiante un acercamiento pionero a la arquitectura popular a mediados de los 50 y ya en los sesenta lidera la Unidad de Diseño en Avance del Banco Obrero, experiencia abocada a la resolución masiva del problema de la vivienda mediante la aplicación de sistemas constructivos industrializados creados en el país con tecnología propia, lo que le vale en gran medida para propulsar la fundación del IDEC.

4. Pabellón de Venezuela en Expo Sevilla 1992. Sistema estructural

No es de extrañar, por tanto, que el Pabellón de Venezuela en Sevilla obedezca, aunque en un tono más matizado que el asumido en otras experiencias realizadas dentro del IDEC, a una visión muy concreta de la arquitectura. De aquí que los autores no duden en utilizar la tecnología como clave para sugerir la imagen del país, una Venezuela donde la innovación y el desarrollo son básicos en la consecución de su futuro, pasando a ser el Pabellón un prototipo muy útil para el perfeccionamiento de una línea investigativa que el IDEC adelanta: las «Estructuras transformables».

De hecho, el Pabellón, construido en Venezuela con la colaboración de la industria del aluminio, conformado por 6.475 piezas, con base a un modelo estructural consistente en un sistema desplegable en acordeón concebido para cubrir un espacio de 600 m2, llega a Sevilla embalado dentro de tres enormes cajas para, una vez en el sitio, ser armado en tan sólo 13 horas. También se previó su posterior replegado para poder ser de nuevo trasladado y reinstalado en Venezuela, cosa que lamentablemente no ocurrió. Sus autores en un principio hubiesen querido que esto sucediese a diario en plena Exposición pero las características del formato y condiciones de proyección del audiovisual que en su interior se proyectaba lo impidieron.

5. Pabellón de Venezuela en Expo Sevilla 1992. Vista general

Sin embargo, el Pabellón de Sevilla, ubicado dentro del recinto ferial entre el Camino de Las Acacias y la Calle 11, entre el pabellón de Rusia y el de la Organización Nacional de Ciegos (ONCE), en un terreno de 2000 m2 de los cuales abarcó una superficie construida de  1822 m2 alcanzando una altura máxima de 20 mts., se visualiza no sólo como tecnología sino también como un espectáculo por lo que tal vez el calificativo de «high tech» no sea del todo apropiado. Su conformación así lo revela: una Plaza inclinada concebida como una gran fiesta visual, como aventura, lugar de encuentro y a la vez de tránsito al edificio propiamente dicho. Al respecto Henrique Hernández apuntará en el libro editado por el IDEC Pabellón de Venezuela. Expo ’92 Sevilla. Una aplicación de estructuras transformables (1993), que: “LA PLAZA representará la búsqueda de la percepción no inmediata, como una metáfora de uno de los hitos del gran acontecimiento histórico que celebramos en la Expo 92: el cambio de la imagen plana que el hombre tenía de la tierra y el nacimiento del mundo esférico, experiencia virtual del espacio percibido y del espacio real”.

Tras esta concepción Hernández y Erminy incorporan al artista venezolano Carlos Cruz-Diez a quien corresponderá el tratamiento cromático tanto del piso como de los elementos que cubren la plaza: treinta y seis paraguas de 16 metros de altura que virtualizan la forma de un cubo. Por su parte el volumen del edificio es el resultado de la función que fundamentalmente debía albergar: una sala convencional de proyecciones en la que se presentaba de forma continua un audiovisual con imágenes del patrimonio cultural y paisajístico del país cuyo guión se basó en un texto de Arturo Uslar Pietri, que a decir de los arquitectos y como ya hemos señalado «limitó mucho las ideas». También contenía el Pabellón un área de exposiciones de aproximadamente 1035 m2 y espacios para oficinas, depósitos y servicios. El resultado: un contenedor en forma de prisma truncado conformado por una trama estructural libre de soportes intermedios, con una luz de 32 metros lineales en sentido longitudinal y 22 metros lineales en el sentido transversal.

6. Portada del libro editado por el IDEC, Pabellón de Venezuela. Expo ’92 Sevilla. Una aplicación de estructuras transformables (1993)

Tal vez sea el de Sevilla (junto al diseñado por Carlos Raúl Villanueva para Expo-Montreal 67) el más consistente y ajustado de los Pabellones presentados por Venezuela en Exposición Universal alguna. En él los objetivos trazados y la obra materializada tienen plena coherencia entre sí y con toda una trayectoria profesional y académica en la persona de los proyectistas, cuya más inmediata traducción puede palparse en el equilibrio entre economía y tiempo de ejecución muy ligadas a su vez con el sentido efímero que toda edificación de este tipo conlleva. Su aporte al desarrollo de un método constructivo para estructuras itinerantes junto a la meta también alcanzada de obtener una «estructura-edificio-símbolo de la industria venezolana del aluminio» podrían completar el renglón correspondiente a sus logros.

7. Pabellón de Venezuela en Expo Sevilla 1992. Plaza con pavimento y mástiles diseñados por Carlos Cruz-Diez

La arquitectura espectáculo, la integración de la artes, la arquitectura mensaje y el desarrollo tecnológico temas subyacentes que rodean a la preocupación de los proyectistas por lograr una obra que sea expresión de la identidad nacional, les ofrecieron la oportunidad de construir una gran metáfora que, palpable o no, servirá como abono de las ideas formales: la alegoría de la luz y el color del Caribe. Los espacios interiores y, fundamentalmente, la Plaza (un pequeño bosque tropical) asumen dicho compromiso identificatorio. En tal sentido Ralph Erminy expresará: “Arte y plaza no son causa ni efecto, la plaza aparece por la necesidad del arte y el arte como consecuencia del encuentro. La plaza es el lugar del encuentro para dilucidar qué es el país como terruño y la nación como sociedad de hombres. Allí nada está sobrepuesto, allí todo está integrado. Es un lugar de incitación a la sensibilidad, donde la poesía también ocupa un lugar”. Apreciar en este Pabellón, que contó con la fortuna de ser uno de los pocos proyectos provenientes de un concurso de arquitectura realizado en Venezuela que logró construirse, la modernidad como soporte de lo nacional y a la vez su rol representativo de tendencias de alcance universal dentro de la arquitectura local, deja sobre el tapete planteada la perpetua paradoja que pesa sobre la identidad arquitectónica venezolana que, como bien sabemos, no se trata, ni mucho menos, de un episodio cerrado.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Pabellón de Venezuela. Expo ’92 Sevilla. Una aplicación de estructuras transformables (1993)

  1. https://htca3expo92.wordpress.com/tag/propuestas/

2. Página de arquitectura de Economía HOY del 21 de julio de 1990.

3. https://catalogosdearquitectura.wordpress.com/2018/03/12/hernandez-henrique-1992-pabellon-de-venezuela-en-sevlilla/

4. Carlos H. Hernández, «EL PABELLÓN DE VENEZUELA EN LA EXPO^92.UNA ESTRUCTURA DESPLEGABLE EN DURALUMINIO» (1993). http://informesdelaconstruccion.revistas.csic.es

5 y 7. https://entrerayas.com/2019/03/a-10-anos-de-la-partida-de-henrique-hernandez/

6. Colección Crono Arquitectura Venezuela.