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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 283

Empresas Graveuca (Granitera Venezia Unida C.A.), fundada el 22 de octubre de 1967 por tres inmigrantes italianos de la misma familia que vieron en Venezuela, como muchos otros, el lugar idóneo para echar raíces y progresar, es una de las compañías ligadas a la industria de la construcción con la cual, tarde o temprano, todo profesional de ese ramo llega a toparse.

Dedicada inicialmente al vaciado, pulitura y emplomado de granito para pisos, poco a poco, impulsada por los cambios en la economía, el aumento de la población y el auge que tuvo la industria de la construcción, Graveuca decide en la década de los 70 ampliar su campo de trabajo hacia la fabricación de elementos de concreto, que tímidamente había comenzado con la elaboración de bateas y escaleras en una pequeña barraca ubicada en el sector El Llanito de Caracas, para lo cual adquiere los terrenos aledaños, aumenta la dimensión del local y compra el equipo que se lo permitiría hacer.

En cuanto a su evolución en el tiempo, la página www.graveuca.com recoge cómo es la década de los ochenta la que “trae un refrescamiento y una extraordinaria complementariedad al Factor Humano” siendo el momento en que dos generaciones se suman: la de los fundadores basada en el conocimiento empírico y la de los herederos con estudios profesionales, aportando cada una desde su área específica los necesarios conocimientos que enriquecen y fortalecen la empresa, mejorándola desde el punto de vista organizativo y productivo sumándose virtudes como el sentido de pertenencia y el compromiso.

“Con la llegada de cada miembro los fundadores empiezan a delegar en ellos funciones establecidas sobre las bases de los valores de la conciencia, honestidad y progreso. Y así que con la fortaleza de la experiencia y el ímpetu progresista de los fundadores y los nuevos miembros familiares, la potenciada Junta Directiva decide expandir el alcance en el mercado y abriendo sucursales; una en el centro del país (Maracay) y la otra en el oriente del país (Barcelona)”.

La década de los noventa marca la consolidación definitiva de la empresa gracias a la aceptación y apoyo recibido en el mercado nacional y, formando parte del auge económico y desarrollo industrial del país, lograría ya para ese momento elaborar más de 2.500 productos prefabricados de concreto.

1. Algunos productos que se ofrecen a través del catálogo de Graveuca

Pionera en la elaboración en serie de piezas acabadas en Venezuela, Graveuca apostó a ofrecerle a todo el que decidía construir un sin fin de posibilidades que son recogidas en su catálogo, conformado en su mayoría por elementos acompañantes o decorativos diseñados con un estilo muy particular. La larga lista abarca, por un lado, acabados en spaccato y topes en granitos importados y, por el otro, en cuanto a productos prefabricados la mayoría en concreto natural pero también en grava lavada y yeso: balaustras, bancos y mesas, bases para mesa, basureros, bateas, brocales, cercas laterales, cercas ornamentales, chimeneas, columnas, cornisas, coronas para piscina, decoraciones, defensas de concreto, elementos verticales, escaleras, extensiones del bajante, floreros, fregaderos, jardineras para piso, jardineras de ventana, lajas de jardín, lajas de pared, lavamanos, lavamopas, machones, marcos para puerta, marcos para ventana, parrilleras, pasamanos, peanas, pedestales, pináculos, productos varios, quiebrasoles, rectángulos de ducha, rodapiés, rosetas, terminales de techo y trompos para carro.

Es en la revisión de muchos de los términos utilizados (por ejemplo, se ofrecen hasta 67 tipos de balaustra) y la manera como son fabricados, donde aflora el peso que para la empresa tuvo el origen italiano de sus fundadores ya que, salvo honrosas excepciones, uno se encuentra con piezas que evocan, llenas de un eclecticismo si se quiere ingenuo, un pasado lleno de nostalgia por lo “clásico” y de objetos que reproducen a diversas escala modelos “greco-romanos”.

El músculo de la compañía le permitió inundar durante los años 70, 80 y 90 del siglo pasado el mercado con sus productos y poco a poco empezaron a aparecer edificios y viviendas en los que se utilizó a Graveuca como principal proveedor a la hora de resolver los acabados finales y el equipamiento de las áreas exteriores, produciéndose un fenómeno que encontró a la posmodernidad como su mejor aliado, yendo a contracorriente de la racionalidad que tradicionalmente imperaba en las escuelas de arquitectura donde todo lo que ofrecía la firma era considerado de mal gusto.

Pasearse por el catálogo de productos Graveuca permite también confrontar cómo lo funcional logra tener cabida, tanto a través de piezas recargadas y pesadas como de otras que se despojan del exceso que aquellas poseen. También permite ver una atinada política de producción que apunta a un target específico y a ofrecer soluciones inmediatas a problemas constructivos de cierta complejidad como lo es el caso de las escaleras en caracol.

2. Ejemplos de cómo pueden ser utilizados algunos de los productos y elementos ofrecidos por Graveuca

La presencia de Graveuca dentro de la industria de la construcción venezolana permite encontrar un nicho donde la prefabricación se hizo presente a una determinada escala y apuntando a determinados fines, partiendo del hecho de que los elementos más básicos como el ladrillo y el bloque también la representan. En tal sentido, más allá del uso de los elementos Graveuca para satisfacer necesidades más inmediatas o la urgencia por dar fin a una obra en construcción, también sería digna de análisis la manera selectiva con la que muchos arquitectos echaron mano de lo ofrecido en el catálogo para resolver problemas de diseño.

“En la reciente década la historia de Venezuela ha mutado en el acontecer socio-político-económico y generado cambios en diversas dimensiones de su realidad inherente y propia a su proceso de transformación envolviendo en estos el ámbito empresarial y dentro de éste a Graveuca. Consecuentemente, Graveuca se vio en la necesidad de realizar cambios y adecuaciones en toda su estructura, amoldándose a nuevos requerimientos, necesidades y paradigmas actuales. (…) Un resultado inminente fue tomar la decisión de abrir la empresa a la nueva dinámica gestada en el mercado nacional a través de la fabricación de topes de mármol y granito natural y la comercialización, distribución y venta de nuevas líneas de productos que son importadas de distintos países del mundo, como son los acabados (porcelanatos, piedra naturales de granito y mármol, pizarras, accesorios para baños y otros)”.

Dicho todo lo anterior es curioso ver como la empresa se presenta a la hora de colocar un anuncio en una revista de arquitectura como el que ilustra nuestra postal del día de hoy. Allí se le da importancia a la selección para resolver las áreas exteriores del Teatro Teresa Carreño de uno de los modelos de “lajas de jardín” cuya geometría va muy a tono con la del edificio. También se hace hincapié en la propaganda de otro producto que ha tenido gran aceptación como lo son los topes de granito utilizados en cocinas y otras superficies de uso intensivo.

Hoy, con más de 50 años, Graveuca mantiene el liderazgo en la fabricación y venta de productos prefabricados de concreto y sigue ofreciendo buena parte de su catálogo de productos. También continúa siendo una empresa familiar cuya evolución incluye la capacidad de adaptarse a las circunstancias críticas que atraviesa la industria de la construcción y mantiene, pese a la merma a la que ha conducido la actual situación país, alto su espíritu por seguir trabajando en Venezuela.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Revista entre rayas, nº 100, 2013

Todas las demás. www.graveuca.com

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 282

La realización en 1959 de la Primera Convención Nacional de Arquitectos significó para la Sociedad Venezolana de Arquitectos (SVA) una oportunidad inmejorable para evaluar de qué manera se habían ido cumpliendo los objetivos propuestos desde su creación en 1945. A catorce años de aquel simbólico acto fundacional protagonizado por Enrique García Maldonado (1905-1990), Carlos Raúl Villanueva (1900-1975), Rafael Bergamín (1891-1970), Heriberto González Méndez (1906-1992), Cipriano Domínguez (1904-1995), Luis Eduardo Chataing (1906-1971) y Roberto Henríquez (1905-1990) y en momentos en que se estrenaba la democracia en el país, era hora de hacer una convocatoria que demostrara que el ente gremial poseía el músculo suficiente para que ella tuviera carácter nacional y para colocar sobre la balanza los avances en cuanto a: «dar impulso al estudio y desarrollo de la Arquitectura; cultivar la ética profesional; establecer vínculos de unión entre sus miembros; y propender a la defensa y mejoramiento de la profesión».

Si bien en cuanto a “dar impulso al estudio y desarrollo de la Arquitectura” el primer gran logro de la SVA había sido reactivar la adormecida escuela de arquitectura de la Universidad Central de Venezuela creada el 1941 e impulsar la fundación en 1953 de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, la dirigencia gremial percibía que este fundamental objetivo aún había que reforzarlo con más ahínco de manera que la enseñanza de la profesión se abriera paso también en el seno de las más reconocidas universidades del interior del país: la Universidad del Zulia (LUZ) y la Universidad de Los Andes (ULA).

Es así como del 6 al 12 de diciembre de aquel año de 1959 en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, donde la SVA tenía su sede, se logra una exitosa convocatoria que congregó en el auditorio a 289 participantes de los cuales 169 eran miembros activos, 60 asociados, 50 observadores y 5 invitados especiales de primera línea: el arquitecto paisajista Roberto Burle Marx, el sociólogo Eric Carlson, los arquitectos Jacques Lambert y Rino Levi, y el planificador Maurice Rotival. La inauguración estuvo a cargo del Presidente de la República, Rómulo Betancourt, y el Comité Organizador lo integraron los arquitectos Julián Ferris (decano de la FAU para el momento), Guido Bermúdez (presidente de la SVA), Juan Andrés Vegas, Carlos Raúl Villanueva y Pedro Lluberes.

Como ya adelantamos, el temario de la Convención no fue otro que llevar a cabo un profunda revisión de tres de las metas trazadas por la SVA desde su creación:

1) La Función Social del Arquitecto: Arquitectura y Urbanismo. Arquitectura y Técnica. Arquitectura y Arte. La Arquitectura en Venezuela.

2) La Labor Profesional del Arquitecto: La Práctica Profesional y su relación con Profesiones y Actividades Afines.

3) La Formación Universitaria del Arquitecto: Análisis Objetivo. Análisis Crítico sobre Pensum, Profesorado, Alumnado y Equipamiento Docente.

Tras las intensas jornadas realizadas puede destacarse como una de las principales resoluciones la recomendación a las Universidades Nacionales (ULA y LUZ), “la creación de Facultades o Escuelas de Arquitectura, tan pronto como se justificaran, tomando en cuenta las necesidades del país, las características de la profesión y los requerimientos de una buena docencia”. También se recomendó a la SVA formar una Comisión integrada por sectores interesados que se dedicara a esquematizar un pensum integral para los estudios de Arquitectura.

Los efectos de las discusiones (donde jugó un papel fundamental el trabajo “La formación universitaria del arquitecto” presentado por el maestro Villanueva con Juan Pedro Posani), de la resolución y sus recomendaciones no se hicieron esperar: aunque en LUZ ya se habían dado los primeros pasos (de los cuales quedó constancia en la Convención a través de las ponencias “La formación del nuevo arquitecto en la Universidad del Zulia” y la “Educación Estructural para Arquitectos”), el espaldarazo sirvió para que en 1960 se creara la Escuela de Arquitectura, en principio adscrita a la Facultad de Ingeniería, y luego, en enero de 1963, con el liderazgo del decano pionero, Miguel Casas Armengol, para que se hiciera la propuesta definitiva de la Facultad de Arquitectura y Planificación; por su parte, la ULA abrió los estudios en 1961 logrando la aprobación para crear la Escuela de Arquitectura por parte del Consejo Nacional de Universidades en 1962, cuando ya el primer año lectivo culminaba, siendo en 1970 el momento en que se constituye en Facultad.

La Primera Convención Nacional de Arquitectos fue convocada a través del nº 1 (julio-agosto 1959) de la recién estrenada revista SVA y reseñada ampliamente en el nº 2-3 (septiembre-diciembre 1959) donde aparecieron la Orientación general de la Convención, el Temario y el Acta Final, no dejando de ser también un hecho significativo el que hayan coincidido el lanzamiento del órgano de difusión gremial con el primer gran llamado que se hacía.

Un segundo evento pautado para realizarse en Maracaibo en 1961 no logró concretarse y la Segunda Convención se llevó a cabo de nuevo en Caracas en agosto de 1962 la cual fue cubierta en los números 6 (junio-julio 1962) y 7 (agosto-septiembre 1962) de la ya mencionada revista SVA.

Como corolario, es bueno saber que, en medio de este particular empuje que se le empezó a dar a la formación de cuadros profesionales, en junio de 1961 se efectuaron las Primeras Jornadas Venezolanas de Arquitectura, nueve meses después de lo resuelto en la Primera Convención. Allí se establecieron una serie de recomendaciones en relación a la enseñanza, referidas a las Materias Técnicas, las de Composición y las Históricas-Humanísticas que integraban los planes de estudio. Además se recomendaba la formación de un grupo permanente de Estudio sobre los diversos aspectos de la enseñanza, integrado por miembros de la SVA y de las Escuelas del país, con reuniones cada seis meses.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 281

Desde que hizo su aparición en 1987 hasta que luego de 34 números dejó de salir en 1998, la revista ESTILO se convirtió, sin lugar a dudas, en toda una referencia como publicación dedicada al mundo cultural en Venezuela.

Fundada por Carlos Eduardo Plaza director-editor entre el nº 1 y el 6, pasando a ser sólo editor a partir del nº 7 cuando la revista es adquirida y dirigida por Caresse Lansberg, ESTILO mostró desde su salida una marcada vocación por abarcar la mayor cantidad de ámbitos, un claro interés por innovar y una tangible inclinación por abrir sus puertas a un significativo número de colaboradores.

Si nos detenemos  por un momento a observar el primer número de la revista (que junto a toda la colección se puede consultar y descargar en https://fundacionculturalestilo.com), cuya portada que engalana nuestra postal del día de hoy fue diseñada por Gerd Leufert, se puede notar por parte de Antonio Quintero (su director de arte) un énfasis muy claro por colocarse a tono con un momento en que el diseño gráfico venezolano estaba sintonizado en cuanto a modernidad y contemporaneidad con otras partes del mundo. Inspirada en la revista Interview de Andy Warhol, la revisión de la primera entrega de ESTILO es toda una invitación a penetrar en un universo apabullante, confuso a veces, en el que conviven de igual a igual los contenidos y la propaganda en medio de una vorágine que no ofrece descanso.

1. Página de contenido del nº 1 de la revista ESTILO.

La página que funge de índice muestra a las claras lo que señalamos: allí se intenta diferenciar, en dos columnas, los anuncios de lo que es el trabajo aportado por los colaboradores buscando darle al lector cierta orientación que no estamos seguros que encuentre. Serán en definitiva las páginas 18 y 19 donde el joven Quintero declare sin tapujos lo que significó conceptualmente el reto de dirigir artísticamente la revista cosa que no tranquiliza del todo.

No obstante, el interés puesto desde el primer al último número de ESTILO por darle cabida al arte contemporáneo, la arquitectura, el diseño utilitario, la moda, el diseño industrial y la fotografía sin dejar de lado el diseño gráfico que fue su motivo más esencial, permite a través de ella, como ya hemos señalado, reconocer el valor de lo acontecido desde finales de los años 1980 a finales de los 90.

Para corroborar lo dicho, el propio nº 1, que se vendía a Bs. 95 pudiéndose optar por una suscripción de tres números a Bs. 255 y de seis a Bs. 510, ofrece, junto a los 25 anunciantes, la posibilidad de encontrarnos con notas o artículos tan diversos como: “El arte de invertir en arte”, “Antonio Quintero. Gráfico”, “Portafolio Jorge Cruz D.”, “Eddy Pérez. Músico”, “La América de Rískez”, «Mariangélica Ayala. Actriz”, “And&And. ¿Totalmente irresponsable?”, “Diseño y cultura industrial”, ¡Monumento! ¿Monumental?(texto sobre arquitectura escrito por Francisco Bielsa), “Adriana y Luz Urdaneta. Bailarinas”, “Desfile Ángel Sánchez”, “Comic”, “Portada/Gerd Leufert”, “Estilográfica”, “Estilarte” y “Algo por el estilo. Boris Izaguirre”. Este repaso permite confirmar cómo son la fotografía, el texto y el diseño los que se conjugan como recursos expresivo-visuales volcados sobre la página en blanco, aprovechando respectivamente sus valores artísticos, tipográficos e ilustrativos.

A través del tiempo ESTILO logró, pese a transitar diversas etapas y variar su línea editorial, diseño y formato, alcanzar una identidad gráfica propia y contar, como se indica en la web ya citada, con “un equipo de producción y redacción integrado por profesionales del periodismo y la edición. El grupo de colaboradores se componía de reconocidas personalidades del mundo de las artes visuales y la cultura. Así como tuvo corresponsales en distintas ciudades del mundo, como Nueva York, Bogotá, París. Muchos curadores, fotógrafos, periodistas y artistas fueron publicados por vez primera en ESTILO. (…) La circulación de ESTILO fue nacional e internacional. En su momento fue presentada, en distintas ferias de arte, como ATFI 92, en Bogotá, Art Miami 93, ganando nuevos lectores en otros países. Siempre estuvo presente en la FIA venezolana”. Llama por otra parte la atención cómo a partir del nº 9 el nombre de la revista estuvo acompañado de la palabra “nuevo” hasta el 19 cuando la portada sufre un ligero retoque.

Compuesta por secciones fijas sobre las distintas áreas que abarcaba, en cada número de ESTILO se exploraba un tema central, que ocupaba una cuarta parte del contenido. “Este tema central tenía un editor invitado que determinaba junto al consejo editorial la orientación del mismo. Así, por ejemplo, se dedicaron números a la fotografía, el arte conceptual, la ecología, arquitectura, el erotismo, y la gastronomía, entre otros temas. Su publicación fue generalmente trimestral, con excepción del año 1995 en el que fue bimestral”.

2. Portada y página de contenido del nº 12 de la revista ESTILO.
3. Páginas interiores del nº 12 de la revista ESTILO.

Son memorables, por ejemplo, los números 12 y 18 donde la arquitectura fue el tema central. El 12, publicado en 1992, cuya concepción gráfica y diseño estuvo a cargo de Carlos Eduardo Plaza, que contó con la asesoría editorial de William Niño Araque y el apoyo de la Fundación Museo de Arquitectura facilitando gran parte del material gráfico, le permitió a Niño publicar “La Escuela de Caracas. Reflexiones para una primera aproximación a la Arquitectura Contemporánea en Venezuela”, a Alejandro Pozo, acompañado de retratos realizados por Alexander Apóstol, entrevistar 10 arquitectos u oficinas de arquitectura pertenecientes a la “generación intermedia” señalada por Niño en su texto (Carlos Gómez de Llarena y Moisés Benacerraf; Max Pedemonte; Manuel Delgado; Jorge Rigamonti; Felipe Delmont; Federico Vegas; Helene de Garay; Gorka Dorronsoro; Díquez, González y Rivas; y Oscar Bracho y Eva Arredondo); presentar a Nelson Garrido “Arquitectura tradicional, una visión fotográfica”; y a los editores ofrecer “Tips de Arquitectura-Reseña internacional”.

4. Portada y página de contenido del nº 18 de la revista ESTILO.
5. Páginas interiores del nº 18 de la revista ESTILO.

El nº 18 con portada ilustrada por una fotografía de Paolo Gasparini, tomó como excusa la realización en abril de 1993 del VI Seminario de Arquitectura Latinoamericana (SAL) en Caracas, dedicándole al evento y sus protagonistas buena parte de la edición. La coordinación estuvo a cargo, de nuevo, por William Niño Araque con la colaboración de María Teresa Novoa, Martín Padrón, Alberto Sato, Henrique Vera y José Balbino León, el apoyo de la FAU UCV, la Fundación Museo de Arquitectura y las fotografías de Alexander Apóstol. Aparecieron en aquel número los textos “Las ciudades invisibles” de Alberto Sato, “Diálogo posible en un banquete barroco” de Martín Padrón y “El espacio dentro del espacio” de María Teresa Novoa; las notas “Lucio Costa: un premio a América” y “Epístola filatélica”; la sección “Encuentros” donde una serie de arquitectos latinoamericanos confrontan, examinan y comparan sus posiciones en torno a la Arquitectura Latinoamericana, diseccionada en torno a los temas: Identidad del Caribe, Ciudad, Tecnología, Identidad Latinoamericana, Educación (estudiantes y docentes) y Difusión; y, para finalizar, “Ciudades de América Latina. Selección múltiple”: “cinco ciudades fotografiadas por Paolo Gasparini, cinco textos de escritores que las habitan, un panorama arbitrario para armar una imagen casual de las urbes latinoamericanas”.

ESTILO no sólo fue reflejo de una época sino también fue un elemento que contribuyó a definirla dentro de sus límites como publicación independiente. Hasta la edición número 20, la aparición de cada una era celebrada con fiestas y presentaciones. Ya después se fue ajustando a los tiempos que corrían y a la evolución de su propuesta editorial en la que se consolida como registro de la actividad del arte en Venezuela, fue territorio para museos, galeristas, críticos, curadores, fotógrafos, artistas plásticos y escritores manteniendo su espíritu de vanguardia”, según se recoge en la web de la Fundación Cultural que lleva su nombre empeñada desde 1998 en “preservar el trabajo que realizaron la Fundación CALARA y la Revista ESTILO durante las últimas décadas del siglo pasado y ponerlos a la disposición de estudiantes, investigadores, artistas, y público en general. Igualmente, registra la actividad del programa radial de entrevistas, Arte con ESTILO, en el cual distintas personalidades de la cultura conversan en profundidad sobre su trayectoria y visión creadora”.

La revista obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Cultural el año 2000 luego de haber dejado de circular hacía dos años, reconociéndose así, con justicia, una importante labor acumulada.

ACA

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Todas. https://fundacionculturalestilo.com

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 280

Existen dentro de la historia de la arquitectura y el urbanismo venezolanos una serie de personajes que han ejercido una significativa influencia y han sido poco estudiados en el sentido de establecer el verdadero alcance de la misma. Se trata de empresarios, promotores u hombres de negocios que, además de haber sido exitosos en sus respectivos campos de trabajo, han mostrado un importante compromiso traducido en mecenazgo generoso y filantropía desinteresada, cubriendo el perfil de lo que hoy se conoce como “responsabilidad social empresarial”, sin buscar por ello ni cobertura periodística ni reconocimiento público.

Tal es el caso de Armando Planchart Franklin (1906-1978), quien destacó fundamentalmente en la comercialización de automóviles desde mediados de la década de 1930 y cuya habilidad innata para los negocios le permitió amasar a punta de honestidad y sacrificio, amén de una acertada inversión del dinero, una considerable fortuna sin que tal circunstancia le impidiese dar salida a una permanente inclinación por ayudar al prójimo.

Forjado desde la necesidad de trabajar desde muy joven para ayudar a su familia, motivo que lo obligó a dejar sus estudios, Planchart se inicia como mensajero en 1919 en el National City Bank (instalado en el país desde 1917) donde creció hasta alcanzar nivel de sub-gerente (el más alto que le era permitido a un venezolano), momento en que decide dar el salto a comienzos de los años 30, impulsado por un familiar, a la Corporación Venezolana del Motor (CVM). Vendiendo automóviles, muchos de los cuales entregaba personalmente a sus compradores en el interior del país, Planchart llegó a ser gerente de la agencia de la CVM en Maracaibo y creó la sucursal de San Cristóbal, eslabones todos que le permitieron posteriormente convertirse hacia 1935, aún muy joven, gracias a su eficiencia, honestidad y corrección y también a las buenas relaciones obtenidas en su desempeño en el City Bank, en principal representante independiente de la General Motors Company en Venezuela, comercializando las marcas Chevrolet, Buick y, de manera exclusiva, los lujosos LaSalle y Cadillac. Valga decir que la mayoría de los automóviles que formaban parte de la flota utilizada por los presidentes venezolanos desde la muerte de Gómez hasta comienzos de los años 60 fue comprada a la firma A. Planchart y Cía. Sucr. C.A. que los importaba, de la cual don Armando era accionista mayoritario. También proveyó de vehículos a la emergente clase media y especialmente a la alta burguesía caraqueña dentro de la cual poco a poco se fue abriendo espacio.

1. Los esposos Planchart Franklin-Braun Kerdel. Izquierda: Ana Luisa Belén (Anala) Braun Kerdel. Derecha: José Armando Planchart Franklin.

Luego de conocer justamente en 1935 y casarse al año siguiente con Ana Luisa Belén (Anala) Braun Kerdel (1911-2005), su fiel compañera y apoyo incondicional por el resto de su vida, se puede decir que se inicia el crecimiento de Planchart como empresario, como promotor cultural y como visionario que entendió que aportarle a la ciudad y a la arquitectura piezas de valor tenía sentido. Con Anala logró compartir buena parte de sus gustos complementándose de forma extraordinaria la pasión de ella por la vida en la ciudad y la de él por el campo. De la relación también nació el creciente interés de la pareja por el arte y la cultura en general, el amor por la naturaleza traducido en una impresionante colección de orquídeas y animales, la costumbre de viajar alrededor del mundo y el afán por estar al día, gracias a su afición por leer la revista Domus (dirigida por Gio Ponti), con cuanto acontecía en diseño y arquitectura a nivel internacional.

2. Plaza Las Tres Gracias (1946).
3. Edificio sede de A. Planchart y Cía. Sucr. en Puente Mohedano, El Conde (1947) -demolido-
4. Exposición de vehículos Cadillac en A. Planchart y Cía. Sucr., Puente Mohedano.
5. Edificio Cars, Plaza Las Tres Gracias (1951).
6. El Cerrito o Villa Planchart (1957).

No es casual, por tanto, que Planchart fuese el promotor, financista y encargado de contratar a Josep Mimó i Mena para el diseño de la plaza de Bellas Artes, finalmente denominada de Las Tres Gracias, la cual donó a la ciudad en 1946 y para la que había adquirido con anterioridad la escultura de Pietro Ceccarelli (réplica de la original de Antonio Canova) que la preside. Tampoco que a la hora de invertir en la que sería la sede principal de su empresa en la urbanización El Conde (frente a Puente Mohedano), inaugurada en 1947 (hoy demolida), contratase a Clifford Charles Wendehack reconocido arquitecto norteamericano diseñador de obras previas realizadas en el país. Ni que fuese junto a sus socios de General Motors Overseas Operations de Detroit quien construyera el primer edificio ubicado en la plaza que ya había ofrecido a la ciudad: el CARS (1948-1951), proyectado por Pedro A. Dupouy, ícono que aún hoy conserva su elegante presencia en la esquina noroeste que da al Paseo Los Ilustres.

Es en ese marco y desde tempranas fechas que se manifiesta en Planchart su vocación de mecenas y promotor del arte nacional cuando en los espacios de Planchart y Cía. en Puente Mohedano se abre en 1948 el primer Salón Planchart (que continuaría hasta 1959), y será teniendo como epicentro esa misma sede que instalará el primer comedor para empleados que se conozca en la ciudad, permitirá que tengan sus consultorios los primeros médicos que ejercían la endocrinología (entre ellos Francisco De Venanzi y Eduardo Coll García) y estrechará su vínculo con los habitantes del vecino bario La Charneca con quienes colaboró aportando el sistema de bombeo de agua a las cotas superiores y construyendo la escalera principal de acceso al sector, señales claras de su responsabilidad social. Salvando las distancias, la actitud de Planchart tenía en la de Eugenio Mendoza Goiticoa, con quien entabló una cercana amistad, un claro referente.

Aunque es a través del diseño y construcción de la que sería su casa de habitación definitiva (“El Cerrito” o “Villa Planchart”) que la pareja pasa a ser conocida, tanto por la excepcional relación que sostuvieron con Gio Ponti su proyectista, como por la calidad de la edificación y colección de piezas artísticas que atesora, siendo hoy en día una de las obras de arquitectura de mayor reconocimiento internacional de cuantas hay en el país, Planchart y su esposa quisieron garantizar el mantenimiento y disfrute público de la quinta y a la vez canalizar su fortuna hacia obras de interés social, para lo cual crean en 1970 la Fundación Anala y Armando Planchart.

Desde la Fundación y con la intención ofrecer soluciones a uno de tantos problemas que nos aquejan, tal y como aparece en https://www.villaplanchart.net/la-fundacion/, es que deciden abocarse a “abrir un hogar donde muchos hombres y mujeres, condenados a la dura soledad en la vejez, puedan ir a pasar en un grato y humano ambiente de dignidad y comodidad, sus últimos años”, lo cual  se concretará en la realización de un último edificio con el que se buscaba materializar dicha preocupación: la Residencia Caraballeda cuya fotografía de un segmento de la fachada principal engalana nuestra postal del día de hoy.

Planchart, quien se dedica con esmero a ubicar y adquirir un terreno con las mejores condiciones ambientales posibles (una especie de “cerrito” en la urbanización Caraballeda -Litoral Central-), entrega a Carlos Gómez de Llarena, para entonces joven y exitoso arquitecto, casado con su sobrina Ana Luisa Figueredo Planchart, y asociado con Moisés Benacerraf, la responsabilidad de elaborar el proyecto para el cual contará con la cercana colaboración del aún más joven Joel Sanz.

7. Vista del mar que se aprecia desde la Residencia Caraballeda
8. Vistas exteriores de la Residencia.
9. Vistas exteriores de la Residencia. Derecha abajo. Pasillo de acceso a las habitaciones.
10. Izquierda: Vista parcial del edificio, las terrazas y el jardín. Derecha: Techo de la capilla donde se aprecian parte de los vitrales de Alejandro Otero

Gómez ganador junto a Manuel Fuentes y Moisés Benacerraf del Concurso del Palacio Municipal del Distrito Federal (1970), quien ya había realizado también con ese equipo el Centro Comercial Bello Monte (1971) y ejecutaba en simultáneo los proyectos para la Torre Europa y el hotel Meliá Caraballeda (inaugurados ambos en 1975), resuelve el programa de la residencia encargada por Planchart utilizando una sola crujía con la finalidad de darle visuales hacia el mar y ventilación cruzada al total de las sesenta y seis habitaciones y nueve suites, todas con baño privado, que conformaban el grueso del programa. De allí derivaría como resultado la forma estrecha, alargada y ondulante (95 m de largo por 12 m de ancho) que se asumió como partido del edificio que se posa siguiendo las curvas de la topografía sobre los 10.000 metros cuadrados que tiene el sinuoso terreno. El resto del programa lo conformarán: comedor, biblioteca, salas de juegos y de terapia ocupacional (ubicados en la amplia, cómoda y abierta planta baja y sus respectivas terrazas), áreas de enfermería, áreas de servicios (cocina, lavandería, depósito, mantenimiento), capilla y espaciosos jardines tropicales. Los cinco pisos y un sótano que integran la edificación fueron resueltos utilizando un sistema estructural aporticado que recurre al uso de pantallas en cuyos volados se desarrollan largos corredores y balcones que reconocen la vista marítima lejana.

Iván González Viso en el artículo sobre la Residencia Caraballeda publicado en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015) acotará: “El dinamismo y la horizontalidad del bloque se acentúan con los balcones continuos, y las barandas de pletinas de aluminio que recorren toda la fachada, forman parte integral del volumen y desmaterializan su forma. La luz y la temperatura se controlan a través de romanillas, ventanas de madera y vidrio, celosías y espacios intermedios. La capilla, pequeña e íntima, de planta circular, se ilumina cenitalmente con los coloridos vitrales de Alejandro Otero (1921-1990), colocados en la cubierta en forma de cruz, soportada por cuatro pares de columnas cilíndricas. (…) … la residencia guarda relación formal con el Hotel Meliá Caribe (1975), proyectado en la misma época por Gómez de Llarena”.

Planchart, quien tenía una espaciosa casa en Tanaguarena de nombre “Churuata”, vecina a la de su concuñado Arturo Uslar Pietri (casado con Isabel Braun Kerdel, hermana de Anala) con quien mantenía una fraternal cercanía, acostumbraba a bajar a inspeccionar con frecuencia el avance de las obras de la residencia acompañado del arquitecto, quien relata que don Armando puso especial cuidado en la dotación de la capilla y en la excelencia en cuanto a la escogencia de los materiales. También la estrecha relación arquitecto-cliente llevó al primero a prescindir del cobro de honorarios profesionales mientras el segundo asumía el costo directo de todo lo relacionado a la obra y del resto de los profesionales involucrados en el proyecto.

Considerada como una obra modélica dentro de su tipología, única en Venezuela, la Residencia Caraballeda ha aguantado los avatares del tiempo (incluido el deslave de Vargas de 1999) y las inclemencias del clima gracias a su ubicación por encima de los 100 mts sobre el nivel del mar circunstancia que la ha protegido sobre todo del demoledor efecto del salitre que hay en la zona. En tal sentido se conserva bien mantenida por la Fundación Anala y Armando Planchart (presidida por Carlos Armando Figueredo Planchart) y sigue prestando servicio de primera a personas mayores que aún gozan de buena salud.

Armando Planchart recordado por su amabilidad, bonhomía y excelente sentido del humor, falleció en 1978 logrando ver culminado su sueño y dejó para la posteridad un legado que, como comentamos al inicio, merece ser estudiado y reconocido.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. http://guiaccs.com/obras/residencia-caraballeda/

1, 3 y 4. Archivo Fundación Anala y Armando Planchart.

2. https://twitter.com/gfdevenezuela/status/860648277838098432

5. http://guiaccs.com/obras/edificio-cars/

6. https://prodavinci.com/el-cerrito-la-cumbre-de-la-modernidad-caraquena/

7 y 10. http://carlosgomezdellarena.blogspot.com/2010/10/residencias-caraballeda-1976_16.html

8. https://iamvenezuela.com/2016/03/ancianato-caraballeda/

9. Colección Crono Arquitectura Venezuela y https://iamvenezuela.com/2016/03/ancianato-caraballeda/

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 279

Alejandro Chataing (1873-1928) a quien Mariano Picón Salas en su libro Los días de Cipriano Castro calificó como “el gran constructor del régimen”, le imprimió a la Caracas que recién entraba al siglo XX y aún no había empezado a desarrollar su proceso de urbanización, relieve y lucimiento a través de un grupo de construcciones que formaban parte del plan de realizaciones de El Cabito.

Graduado de Doctor en Ciencias Físicas y Matemáticas en 1893 que lo habilitaba para ejercer la ingeniería, Chataing se ubica entre ese grupo de profesionales que sin duda mostraban una clara vocación por la arquitectura la cual también estudió en la Academia Nacional de Bellas Artes. Así, en 1894 a los  20 años gana su primer concurso para la realización de las fachadas del Mercado Principal de San Jacinto, para luego entrar a trabajar en el Ministerio de Obras Públicas donde se le presenta la oportunidad de acrecentar su experiencia y aprender mejor el oficio colaborando con su maestro Juan Hurtado Manrique, quien vivía la etapa final de su carrera, “en la construcción de varias edificaciones tales como: el Hospital de Niños, los edificios de La Francia y la Farmacia Normal, el proyecto del Cenotafio de Miranda (en el Panteón Nacional), el proyecto no construido de la columna que en honor de mártires patriotas se pensaba erigir en Puerto Cabello, la Escuela Primaria de Puerto Cabello, premiada en concurso” (todo ello según https://iamvenezuela.com/2019/05/alejandro-chataing-pieza-clave-de-la-arquitectura-en-la-venezuela-de-entresiglos/),  y muy particularmente el Arco de la Federación (1895).

1. Izquierda: Mercado Principal de San Jacinto (1894). Derecha: Arco de la Federación (1895).
2. Villa Zoila (1904).
3. Academia Militar en La Planicie (1905).
4. Izquierda: Teatro Nacional (1905). Derecha: Ministerio de Hacienda y Crédito Público (1907) -demolido-

Chataing quien “relevó y heredó de Hurtado no sólo sus conceptos y la maestría de sus proyectos, sino también su biblioteca, e incluso la cartera de clientes (…) para 1897 ya era presidente de la Sociedad de Arquitectura y Construcción de Venezuela y miembro de la Sociedad de Arquitectos Franceses” y tendrá la ocasión de realizar obras excepcionales una vez que Castro tome el poder en 1899 y lo ejerza hasta 1908. A ellas se entrega con dedicación y las concibe y realiza a una velocidad pasmosa echando mano hábilmente de todos los estilos posibles que su visión ecléctica e historicista es capaz de combinar, asociando cada uno a su respectiva función, incorporando en algunos casos nuevos materiales e innovaciones constructivas que permanecen ocultas tras la parafernalia decorativa. Entre las obras más resaltantes de ese período se encuentran: la reforma de la fachada del Panteón Nacional (1904), Villa Zoila (1904), el Teatro Nacional (1905), el Palacio de Gobernación y Justicia (1905), la Academia Militar de La Planicie, ganada por concurso en colaboración con el arquitecto Jesús María Rosales Bosque (1905), la Academia de Bellas Artes (1905), el Lazareto de la isla de la Providencia en el Lago  de Maracaibo (1906), el Ministerio de Hacienda y Crédito Público (1907) y el Cuartel de Policía (1907), las cuales constituyen el mejor retrato de la época.

Juan Pedro Posani, quien le dedica a Chataing algunas páginas dentro del capítulo “Continuidad del Eclecticismo” en Caracas a través de su arquitectura (1969), afirmará: “Las ideas tipo (para cada función el estilo más apropiado, aceptar los nuevos materiales pero no exhibirlos) se encarnan en las obras con absoluta fidelidad. Las más conocidas no revelan, en realidad, un talento especial. Pero en otras, como por ejemplo en la Academia Militar de La Planicie, concebida en ‘estilo militar florentino’, ciertos episodios internos (el patio de honor particularmente) así como la integridad de forma de las fachadas, demuestran que Alejandro Chataing (salvando todas las diferencias de situaciones) no estaba muy apartado del camino que otros arquitectos en el mismo momento, recorrían en América Latina. En todo caso, hay que apreciar en su justo valor el esfuerzo material, intelectual y organizativo que significó el proceso de adecuación a los modelos internacionales a que fue sometida la construcción criolla, por iniciativa de Chataing”.

De 1905 será, también, la Casa de Baños de El Valle, cuyo delicado dibujo de la fachada ilustra nuestra postal del día de hoy, pieza si se quiere menor pero que muestra la habilidad propositiva de Chataing y recoge buena parte del repertorio estilístico seleccionado para la ocasión. Destaca en este caso la combinación de neo-morisco (que luego reaparecerá en el Nuevo Circo de Caracas) con la ligereza proveniente del uso del columnas de hierro que utilizó en Villa Zoila, patentes en el elemento central de la composición, dando como resultado una edificación de gran sobriedad que tanto en los extremos como en la solución de las cubiertas retoma elementos propios de “la pajarera de los trópicos”, calificación que Picón Salas en el libro ya señalado dará a la casa de la pareja presidencial.

5. Casa de baños de El Valle. Imagen publicada en El Cojo Ilustrado nº 329 de junio de 1905.

En El Cojo Ilustrado nº 329 de junio de 1905 aparece una fotografía y una nota que apunta lo siguiente: “La casa de baños recientemente construida en el vecino pueblo de El Valle, llena todas las exigencias y posee las comodidades que dichos establecimientos reclaman. Su construcción es elegante y sólida como se verá en la copia con que adornamos una de nuestras columnas”. De la imagen (obtenida a través de https://mobile.twitter.com/cojoilustrado/status/1167079885707329536) se puede deducir que el proyecto elaborado por Chataing (de quien curiosamente no se hace mención por ningún lado) sólo fue construido parcialmente, prescindiéndose en buena medida de los elementos que lo conformaban, lo cual obligaría a indagar aún más acerca de las razones por las que ello pudo haber ocurrido. El destino definitivo del edificio en el tiempo sería otra incógnita interesante a despejar.

6. Izquierda: Biblioteca Nacional (1910). Derecha. Arriba: Hotel Miramar (1928). Abajo: Quinta Las Acacias (1912).
7. Izquierda: Banco de Venezuela (1924). Derecha. Arriba: National City Bank
(1917). Abajo: Nuevo Circo e Caracas (1919).

Chataing, que continuará su exitosa carrera una vez Gómez tome las riendas del país en 1908, sumará a los casos ya apuntados, el diseño de la Biblioteca Nacional (1910); el Archivo General de la Nación (1912); el ya mencionado Nuevo Circo de Caracas (1919); el monumento del Campo de Carabobo, en colaboración con Ricardo Razetti (1921); los hoteles Paraíso -no construido- (1913) y Palace (1921), ambos en Caracas, así como La Alemania (1913) y Miramar en Macuto (1928); el National City Bank de la esquina de Sociedad (1917); el Banco de Venezuela de Sociedad a Traposos (1924); la Casa Boulton (quinta Las Acacias) en El Paraíso (1912); los teatros Ayacucho (1925), Capitol (1921) y Princesa (Rialto) (1917); y la Iglesia San Agustín (1930).

Posani, refiriéndose de nuevo a Chataing resaltará la importancia que alcanzó su papel como profesional de la arquitectura en la vida caraqueña entre 1900 y 1925. “Cualquiera que haya sido el mecanismo que lo ubicó tan cerca de las palancas del poder durante tanto tiempo, fue un hecho nuevo e importante, en nuestro país, el que un arquitecto (o un ingeniero considerado por los demás y por sí mismo como arquitecto) desempeñase de una manera tan reconocida, pública y sostenida la tarea de diseñar edificios públicos que modificaron substancialmente el paisaje urbano. Igualmente la amplitud y la variedad de los temas funcionales que se someten a su estudio son tan grandes que con ellos ya se anuncia la nueva realidad profesional en la cual el arquitecto tiende a asumir como una tarea propia la solución de problemas enteramente nuevos, en realidad de ‘todos’ los problemas de la ciudad. El paso paulatino de los temas convencionales a una mayor riqueza de directrices es uno de aquellos primeros indicios de novedad que mencionábamos anteriormente. (…) Junto con la expansión hacia El Paraíso, las nuevas formas de transporte y las viviendas prefabricadas importadas, la arquitectura de Chataing, ostentosa pero nunca frívola, constituye el acento más definido de la Caracas del primer cuarto de siglo”.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. http://laguiadecaracas.net/41334/san-jacinto-mercado-con-historia/mercado-de-san-jacinto/, https://twitter.com/gfdevenezuela/status/1228743538680176640 y https://www.pinterest.com/pin/657033033110252618/

2, 3, 4, 6 y 7. Colección Crono arquitectura Venezuela

5. El Cojo Ilustrado, nº 329, junio 1905

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 278

Según Alfredo Cilento en “El Ministerio de Obras Públicas en la construcción de la infraestructura para el desarrollo (1874-1976)” (Trabajo de Incorporación a la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat de Venezuela, 2015), para el año 1873 Venezuela, era un país eminentemente rural que registraba 1.783.993 habitantes. En Caracas, por su parte, se concentraban un poco más de 50.000 almas.

En ese contexto, la gestión de Guzmán Blanco y su visión de la cultura urbana, introdujo en Caracas a partir de 1874 como parte de un nuevo episodio, elementos novedosos que complejizaron el damero fundacional y el modelo urbano precedente, generando importantes transformaciones arquitectónicas y urbanas de influencia francesa, contando para ello como principal punto de apoyo el Ministerio de Obras Públicas (MOP), creado el mismo año para “supervisar los grandes proyectos en ejecución, bajo la figura de concesiones a empresas nacionales y extranjeras”. La creación del MOP permitió establecer una superestructura técnica y administrativa especializada por encima de las Juntas de Fomento, es decir, sobre las tradicionales organizaciones locales de fomento y construcción, lo que significó consolidar el dispositivo tecno-burocrático ingenieril del Poder Nacional. Los pasos dados por el gobierno de Guzmán Blanco “sentaron las bases de una amplia política modernizadora del aparato del Estado y que se avocó a comunicar las regiones productoras con los puertos, sobre la base de registros confiables de producción y comercio, que permitían localizar y cuantificar los flujos y los volúmenes de exportación e importación”, afirmará Cilento. Así, si sólo Caracas pasaba de 50.000 habitantes; Valencia, Barquisimeto y Maracaibo tenían entre 25.000 y 30.000 habitantes; y El Tocuyo, Tocuyito, San Carlos, El Baúl, Ortiz, El Sombrero, Barbacoas, Altagracia, Zaraza, Tucupido, Yaritagua, San Cristóbal y Mérida, se ubicaban en el rango de 10.000 a 13.000 habitantes.

La cultura urbana, tal como la conoce Guzmán a través de las capitales europeas, no se concibe sin monumentos y edificios importantes, sin paseos y sin lugares amables para la burguesía, interesada no sólo en el trabajo sino también en los placeres de la vida. El fuerte contraste de Caracas –todavía una modesta ciudad postcolonial– con las grandes ciudades que él ha visitado, lo incita a convertirla en un “pequeño París”, que perseguía proyectar como una ciudad moderna, de ideas liberales y civilizadas, próspera, agradable y segura para vivir e invertir.

Esa visión se reflejó claramente en la “Memoria que la Comisión encargada de erigir e inaugurar las estatuas del ilustre americano, regenerador de Venezuela, General Guzmán Blanco, presentó a la legislatura nacional de Venezuela” en 1876, donde se detalla que la inversión en obras de ornato en el Distrito Federal, alcanzó los 2.587.190 bolívares, y la inversión en vías de comunicación, acueductos y cisternas los 971.405 bolívares.

Estas estrategias urbanas sobre la trama fundacional, así como las edificaciones públicas más representativas de la obra de gobierno, que transformaron el entorno urbano poscolonial, fueron representadas en dos planos. El primero, levantado por orden del “Ilustre Americano”, firmado por el General Andrés Level y suscrito por Felipe Tejera en 1874 que se tituló «Plano topográfico de la ciudad de Caracas, capital e los EE.UU de Venezuela»; y el segundo, el “Gran Plano de la ciudad de Caracas, conforme a la reciente numeración i división, segunda edición, dedicada al General Francisco Linares Alcántara”, fechado en 1877 que ilustra nuestra postal del día de hoy.

El plano de 1877 “dibujado, grabado, corregido, aumentado y explicado” a escala 1:4.000 conmemora la presidencia de Linares Alcántara y representa la ciudad de la época, cuya sociedad, cultura, economía y poder se organizaban alrededor del espacio.

Poco sabemos de su autor, Juan de la Cruz Martínez y su labor como ingeniero y cartógrafo. Sin embargo, en el plano son verificables algunos aspectos técnicos y artísticos que permiten apreciar también su capacidad como dibujante y grabador amén de sus dotes didácticas.

El General Francisco Linares Alcántara (“El gran demócrata”) fue electo Presidente de Venezuela para el bienio 1877-1879, comenzando su mandato el 2 de marzo de 1877. Sin embargo, su gobierno tuvo escasos 18 meses de duración. Linares Alcántara emprendió un gobierno reformista que se fijó como meta, según Francisco González Guiñán en Historia contemporánea de Venezuela (1924), seguir “desarrollando…próspera y fuerte, la Regeneración de la Patria”. Sus metas se orientaron a una mayor apertura política y al respeto por los derechos individuales. Esta “democratización” se vio reflejada tambien al permitirle a los estados una mayor autonomía, pudiendo disponer de una suma del presupuesto nacional para aquellas Obras Públicas “que las autoridades … consideraran como más beneficiosas para su respectivo estado”, para lo cual es bueno recordar que el Decreto núm. 2.094, emitido por el Congreso el 15 de mayo de 1878, estipulaba que cada entidad recibiría, del presupuesto nacional de Obras Públicas, la suma anual de Bs. 120.000.

Esto significó un giro radical con respecto al control centralizado de los proyectos de obras públicas que se había llevado a cabo durante el Septenio (1870-1877), a lo cual habría que sumar que bajo el mandato de Linares Alcántara también se ordenó abolir parte de la legislación urbana promulgada por el anterior gobierno guzmancista, que incluyó la aprobación del Decreto para la demolición de las estatuas de Antonio Guzmán Blanco (promulgado el 19 de diciembre de 1878), como símbolo del rechazo político hacia su gestión gubernamental, acciones que fueron coordinadas en Caracas por Manuel Hernández Sosa, a cargo de las Obras Públicas; Juan de Dios Monzón, a cargo del Crédito Público; y José de los Santos Escobar quién se desempeñó en la gobernación del Distrito Federal.

Un claro signo de la política de Linares Alcántara fue también la reapertura del Colegio de Ingenieros, que había sido clausurado por el Ilustre Americano. También cabe destacar que en 1874 se crea la Facultad de Ciencias Exactas en la Universidad Central de Venezuela, “en la cual se otorgarán los títulos de agrimensor e ingeniero, despojados de todo componente militar y que en 1877 se gradúa la primera promoción (siete egresados) de la Facultad de Ciencias Exactas de la UCV”, tal y como apunta Carlos Genatios en Ciencia y tecnología en Venezuela (2004).

El plano en homenaje a Linares Alcántara, muestra las fachadas de las edificaciones que forman parte de la obra de Gobierno enmarcados en el proceso de modernización del país, bajo el modelo de estado nación, como es el caso del Palacio Legislativo y el Capitolio, obra de Luciano Urdaneta (1873). Este edificio público de carácter monumental compuesto por dos grandes cuerpos, no se ajustaría a las dimensiones de la cuadra tradicional. Se construiría como excepción a la receta formal de ocupación de la manzana seguida hasta entonces. Su forma no solo aspiraría a introducir un nuevo lenguaje arquitectónico, sino tambien a generar una nueva centralidad urbana rompiendo con los cánones establecidos y reforzado por nuevos espacios públicos. Por otro lado, la Plaza Guzmán Blanco, también dibujada en el plano, se construye para articular de forma coherente la fachada del Capitolio con la fachada de la Universidad, adyacente al Museo Nacional. Para ello, la calle se ensancha y la dimensión de la manzana sur se reduce permitiendo insertar un espacio en que se exhibía la estatua ecuestre de Guzmán.

Este coherente conjunto, testimonia una obra de gobierno que intentó cambiar el carácter colonial de Caracas introduciendo elementos del urbanismo decimonónico francés, tales como calles arboladas, paseos y plazas.  Junto a la Plaza San Jacinto, la adyacente a la Iglesia de Altagracia, y La Candelaria, ubicadas en esquina, estas transformaciones urbanas estarían destinadas a enriquecer el damero fundacional.

Bajo esta óptica, se construye el Paseo Guzmán Blanco, en la colina de El Calvario, como lugar de recreo para la ciudad con un doble propósito: resolver el proyecto de acueducto de Macarao y crear un mirador hacia la ciudad. A ellos se sumará el Teatro Guzmán Blanco (1876), proyecto de Esteban Ricard, un edificio cuyo peristilo y vestíbulo invaden la antigua Plaza San Pablo.

En el plano, destaca con fuerza el orden impuesto a partir de los ejes de las avenidas norte-sur y este-oeste, que se representan mas anchas, y se intersectan en la esquina noreste de la “Plaza de Bolivar”, estableciendo una nueva jerarquía para las calles. En relación a ellas se realiza una numeración “tomada al principio y fin de cada cuadra”.  También el plano evidencia que la subdivisión parroquial que se arrastraba no guardará relación con estos ejes, y la definición de las parroquias no seguirá criterios geométricos para hacerlas equivalentes en superficie y territorio.

A lo anterior se sumó el hecho de que hacia fines del siglo XIX, Caracas ya contaba con múltiples calles ininterrumpidas, en sentido Norte-Sur y Este-Oeste, orientadas a mantener la continuidad de la red vial. Tal fue el caso de la prolongación de la calle sur 5 sobre el Guaire, y la construcción de los primeros puentes de hierro entre 1874 y 1876. En tal sentido, Cilento apuntará que “Entre 1874-1875 se construyó el Puente Regeneración o Puente Hierro sobre el Guaire, como prolongación de la calle sur 5 este, proyecto de Luciano Urdaneta y H. Cook de la empresa británica The Crumlin Viaduct, que también produjo las estructuras metálicas de las cubiertas del Palacio Legislativo (Capitolio) y del Teatro Guzmán Blanco (Teatro Municipal)”.

Estas acciones urbanas y transformaciones estéticas que consideraron el damero fundacional como soporte, afianzarían la cuadrícula y potenciarían la estructura y belleza de la capital, aspecto que se acentuaría en los próximos años, con la superposición de una nueva nomenclatura urbana capaz de orientar y crecer junto con la ciudad, y que coexistiría con la tradición caraqueña de nombrar las esquinas.

Al fallecer Linares Alcántara repentinamente en noviembre de 1878, muchos aseguran que culminó la aventura reformista iniciada con su ascenso al poder y el proceso de rechazo contra Guzmán Blanco comenzado en abril de 1877. Con la muerte de Linares Alcántara tomaría fuerza la llamada Revolución Reivindicadora, cuyo objetivo era el retorno al país del Ilustre Americano y con ello poner fin a lo iniciado por “El gran demócrata”. El “Gran plano de la ciudad de Caracas…” tiene el sello de los EE.UU. de Venezuela, Ministerio de Obras Públicas, Archivo General de Planos y pertenece a la colección de la Biblioteca Nacional.

IGV