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Jesús de la Sota. Una vida de creación
Silvia Blanco y Antonio Río
Ediciones Asimétricas
2021
La obra de Jesús de la Sota, conocido fundamentalmente por sus diseños de muebles, que a menudo complementaban los edificios de reconocidos arquitectos (como Alejandro de la Sota, su hermano mayor), constituye un caso singular dentro del diseño español del siglo XX. Destacó siempre por su elegante sobriedad, su brillante refinamiento y su trazo limpio y potente. Experimentó en muchos y variados campos de la creatividad: pintor, muralista, ilustrador, dibujante y grafista, diseñó sillas, butacas, mesas, lámparas y también libros, telas, tapices… en un intento de reunir utilidad y belleza en todas las esferas de lo cotidiano. Puso en marcha la firma Cores y Sota, un proyecto integral de interiorismo capaz de generar arquitectura desde la pequeña escala, en una búsqueda constante de lo esencial y lo mínimo.
A pesar del indudable valor que posee su trabajo, la obra y figura de Jesús de la Sota han permanecido difuminadas entre la de sus contemporáneos, probablemente debido a la multiplicidad de sus registros creativos, a su perfeccionismo que resultó en una producción limitada y a su rechazo al exhibicionismo en busca del trabajo realizado en silencio. Ahora, gracias a las investigaciones que han desarrollado estos últimos años Silvia Blanco Agüeira y Antonio S. Río Vázquez, registrando sus proyectos y realizaciones, desvelando las cualidades más características de su actividad, revisando las sucesivas colaboraciones con arquitectos, estableciendo paralelismos y divergencias con otros artistas y diseñadores, se puede apreciar adecuadamente su trayectoria y valorar la calidad de sus variadas realizaciones.
ACA

Enric Miralles, procesos y experimentos
Salvador Gilabert
Ediciones Asimétricas
2021
Nota del editor
Para poder entender el universo formal de Enric Miralles hay que partir de sus fuentes de inspiración, sus métodos creativos y sus dibujos. También es necesario observar la trama de relaciones que generó entre todos ellos, estudiando las referencias artísticas, literarias y arquitectónicas que sustanciaron la mirada de Miralles hacia las cosas y la arquitectura, que nos hace posible entender ciertas convicciones y maneras de hacer del arquitecto. George Perec, Raymond Queneau, Federico García Lorca, Le Corbusier, Josep Maria Jujol, Marcel Duchamp, Paul Klee, David Hockney o Erik Satie son algunos de sus principales referentes sobre los que fundamentó una manera de trabajar propia y emocionante.
Arquitecto con sensibilidad y vocación manierista, el particular modo de entender la arquitectura de Miralles y la esencia de todos sus trabajos era el proceso que devenía en creación. Sus estrategias de proyecto comenzaban siempre en el dibujo, que no solo era una forma de expresión sino que constituía, por sí mismo, arquitectura. El método de trabajo de Miralles se distanciaba considerablemente de los recursos utilizados en la arquitectura de sus coetáneos. Su quehacer se fundaba en un diálogo entre las ideas subyacentes en el lugar, el contexto y algunos factores más subjetivos como la historia o el imaginario colectivo. La arquitectura era el resultado de su proceso de trabajo, siempre muy personal y marcadamente expresivo.
Salvador Gilabert, en este libro, relata estas estrategias, procesos y experimentos, basándose en los escritos, conferencias, entrevistas, dibujos y proyectos finalmente ejecutados de Enric Miralles, para tratar de aclarar este modo de proceder complejo, rico en matices y de gran originalidad.
Salvador Gilabert Sanz es Doctor arquitecto y Máster en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia. Ha sido profesor en la ETSA Valencia (UPV), en la ETSA Barcelona (UPC) y en la Escuela de Arquitectura ESET (CEU Cardenal Herrera). Ha impartido Análisis de Formas, Sostenibilidad en la arquitectura y Proyectos Arquitectónicos Integrados, y dirigido Trabajos Fin de Grado, Fin de Máster y tesis Doctorales. Es investigador del grupo ICT vs CC (Instituto ITACA) y ha sido director técnico en proyectos de investigación de programas europeos sobre sostenibilidad como el proyecto IMIP, Interreg-Sudoe. Actualmente es coordinador académico de la Fundació Enric Miralles. Trabaja en el despacho de EMBT Miralles-Tagliabue como Director de Proyectos, realizando, entre muchos otros proyectos, el Pabellón de España en la Exposición Universal de Shanghai 2010, el Bloque de 120 viviendas sociales en Barajas o la ampliación del Parque Diagonal Mar de Barcelona. Es coautor, con Benedetta Tagliabue, del proyecto del Centro de Salud Tibetano en Adeje, Tenerife. Como proyectos personales ha realizado diversos proyectos públicos y privados, siempre bajo los parámetros de la sostenibilidad y la edificación bioclimática.
ACA


Esta semana nos llegó la noticia de que el libro Diseñar en el Antropoceno: la arquitectura más allá de la sostenibilidad del arquitecto y profesor Domingo Acosta, en cuya coedición participó, entre otros, Ediciones FAU UCV, ganó el Premio Juan Manuel Cajigal al mejor libro de texto de Ingeniería y el Hábitat, galardón que otorga la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat.
El premio se entregará en Sesión Solemne en el Palacio de las Academias el próximo mes de junio.
De la página web https://domingoacosta.org/antropoceno hemos extraído el siguiente resumen del libro:
La crisis ecológica representa el peligro más grave para la vida en el planeta. El impacto de las actividades humanas ha conducido a la emisión masiva de gases de efecto invernadero, que a su vez han elevado las temperaturas hasta umbrales peligrosos, provocando el cambio climático y la entrada de una nueva época geológica: el Antropoceno. En ella, la huella humana en el medio ambiente global se ha vuelto tan extensa y activa que rivaliza con la naturaleza en su repercusión sobre el funcionamiento del sistema Tierra.
Diseñar en el Antropoceno: La arquitectura más allá de la sostenibilidad expone la evolución del pensamiento que condujo a los conceptos actuales del diseño sostenible —desde los años setenta hasta la segunda década del siglo XXI—, a partir de la interpretación de los acontecimientos, ideas y corrientes que ocurrieron en distintas etapas de la arquitectura bioclimática, verde o ecológica, sobre la base de las experiencias académicas y profesionales en las que el arquitecto Domingo Acosta ha tenido la oportunidad de participar y compartir.
A través del libro se despliegan y contrastan ejemplos nacionales e internacionales, así como algunos proyectos del autor, que ilustran y demuestran los criterios y conceptos aquí presentados, junto a una exploración de enfoques y estrategias de diseño en el contexto del Antropoceno. El panorama que como humanidad enfrentamos es enormemente difícil; investigar opciones y evaluarlas es algo más que una obligación ética. Es un asunto urgente de simple supervivencia.
ACA

La philosophie architecturale de Le Corbusier
Construire des normes
Mickaël Labbé
Presses universitaires de Rennes
2021
Idioma: francés
Presentación del editor
Le Corbusier es un arquitecto que no solo construye, sino que sigue diciendo cómo construir. A través de un estudio paciente y detallado de los textos del arquitecto que contó con el apoyo de la Universidad de Estrasburgo y el Centro de Investigación en Filosofía Alemana y Contemporánea, es la visión filosófica global y paradójica de uno de los grandes creadores de la modernidad la que se refleja en la multiplicidad de sus dimensiones y en la complejidad de su proyecto.
Mickaël Labbé es profesor de estética y filosofía del arte en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Estrasburgo y miembro del Centro de Investigación en Filosofía Alemana y Contemporánea. Especialista en filosofía de la arquitectura y de la ciudad, es autor de Textos clave de la filosofía de la arquitectura. Formas, funciones y significados (Vrin, 2017) y Contra la arquitectura del desprecio (Payot, 2019).
ACA
…que en 1905 se inaugura la Plaza República (hoy Plaza Páez) y en 1911 se concluye la construcción de la Plaza 19 de abril de 1810 (hoy conocida como Plaza Madariaga), ambas ubicadas en El Paraíso, Caracas?

La primera expansión de Caracas hacia el suroeste iniciada a finales del siglo XIX se verá impulsada de manera definitiva por el terremoto acaecido en 1900 y por la decisión de Cipriano Castro, a raíz del evento, de fijar su residencia en Villa Zoila al sur del rio Guaire que, como se sabe, fue construida en 1902 por su anterior propietario Julio Torres Cárdenas, adquirida por Castro en 1904 y remodelada por Alejandro Chataing en 1905.

Dicha expansión se produciría sobre los terrenos ocupados por la hacienda “Paraíso” (antigua hacienda Echezuría), propiedad desde 1881 del Sr. Carlos Díaz por la venta que le hicieran las cuatro herederas de Juan Vicente Echezuría (su propietario original desde 1830) y definitivamente adquiridos en 1890 por el Sr. Julio Toro (representante de la Compañía Anónima Tranvía de Caracas) al Sr. José María Reyes.
Así, como complemento relacionado al tema, encontramos en la página https://jazoera.blogspot.com lo siguiente: «En contrato establecido en 1891 entre la administración del presidente Raimundo Andueza Palacios y la empresa Tranvía de Caracas, en manos de Félix Rivas, se ofrece la prestación del servicio de transporte, que articularía el centro de la ciudad capital con el centro poblado de Antímano. Entre las condiciones fijadas en la celebración del contrato, consta el levantamiento de una urbanización en los espacios de la hacienda Paraíso, con el nombre de ‘Ciudad Nueva’, la cual contaría con los servicios de luz eléctrica, agua, cloacas y de corte recreativos como las plazas. Esta primera intención de urbanizar sobre los espacios de la vieja hacienda, se inician el 24 de agosto de 1891.»
Ya para septiembre de ese año de 1891 se inauguraba la Avenida Principal. “La arteria vial se iniciaba en el Puente El Paraíso y remataba frente a la casa de la hacienda. Las obras se detienen a causa de la Revolución Legalista, dejando paralizados los trabajos de urbanización por espacio de 4 años”.

Bueno sería señalar, también, que reiniciados los trabajos de urbanización en 1895 con motivo del Centenario de Antonio José de Sucre, el gobierno había organizado la Exposición Agrícola e Industrial de Venezuela para la cual el Club Agrícola construyó, según proyecto de Juan Hurtado Manrique, una edificación ecléctica de corte neoclásico que posteriormente sería ocupada desde 1902 por el Colegio San José de Tarbes.
Por tanto, la conectividad con el centro de la ciudad sería el detonante definitivo para que aquellos terrenos fuesen los seleccionados por la burguesía caraqueña después del terremoto para instalarse siguiendo el modelo de ciudad jardín, lo cual tendrá a la “quinta” o “vivienda unifamiliar aislada” como gran protagonista, dándose así inicio a un proceso que signará para siempre el crecimiento de la capital. Ya anteriormente el mismo grupo social había elegido la zona como lugar de esparcimiento tras la búsqueda de espacios para una recreación y diversión saludable, por lo que se puede decir que de finales de siglo XIX, el sur de Caracas se fue consolidando paulatinamente en el imaginario de la élite caraqueña como zona propicia del modernismo urbano.
Iván González Viso y Federico Vegas en “Historia de Caracas a través de sus planos” (Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015), expresarán al analizar el plano de Ricardo Razetti de 1906 lo siguiente: “Lo más deseable ya no será el estar cerca de la plaza Bolívar, ahora la meta consistirá en separarse de la trama urbana continua, aislarse del vecino y de la calle mediante jardines. Si antes la vivienda con su patio era un microcosmos de la ciudad y su plaza, ahora la quinta representa un anhelo de campo y una negación de lo urbano; con la pretensión evidente, casi agresiva, de jamás ser ciudad. La variedad estilística de estas casas de El Paraíso celebra esta condición de diversidad y autonomía y la convierte en una nueva atracción, al punto de que el principal listado del plano es el de las grandes casas que han sido construidas en seis años, presentadas con el apellido de sus dueños: Zuloaga, Erazo (sic), Torres Cárdenas, Boulton y otras treinta familias”.
Ya en ese plano de 1906 se logra detectar en el cruce entre la Avenida Principal de El Paraíso y la Avenida Castro (que comunicaba con el Rincón del Valle y con los puentes Sucre y de Hierro, primeros en conectar el centro de Caracas con el sur), una plaza que ya se había construido en 1905 con el nombre de Plaza República.

Trazada mediante un diseño más propio del siglo XIX con caminerías en diagonal formando una cruz (similar al de la Plaza Bolívar), en el centro del espacio urbano se colocaría la estatua ecuestre del general José Antonio Páez, de quien posteriormente asumirá su nombre definitivo. De la nota sobre la Plaza Páez que aparece en Caracas del valle al mar…, rescatamos: “En los años 50, el sentido de la plaza fue modificado con nuevos pavimentos integrados con la vegetación y con un espejo de agua. La plaza posee una densa población de jabillos y samanes que generan un túnel vegetal de especímenes centenarios que se extiende desde Puente Hierro hasta La India (parroquia La Vega), otorgándole identidad al paisaje urbano de la zona”.
La estatua ecuestre de Páez que preside el espacio, inaugurada por el Presidente Cipriano Castro el 23 de mayo de 1905 con discurso de orden de Don Eduardo Blanco, para la época Ministro de Instrucción, cuenta con una interesante historia. Al ser develada y durante muchos años se creyó que la obra pertenecía a Eloy Palacios, quien posteriormente realizaría el “Monumento a Carabobo” mejor conocido como la India de El Paraíso, inaugurada en 1911, que se ubicaría frente al Hipódromo. Pero lo cierto es que la escultura del primer presidente de Venezuela a caballo fue diseñada y realizada por el artista valenciano Andrés Pérez Mujica (1873-1920), discípulo de Arturo Michelena, cuyos bocetos para el cuadro “¡Vuelvan caras!” (1882) inspiraron a Pérez Mujica a la hora de presentarse en 1903 al concurso anual de la Academia de Bellas Artes de Caracas enviando una maqueta para el monumento de Páez. Ello le valió la obtención en 1904 de una beca de estudios a Europa donde viajó con Palacios quien lo asesoró en lo relacionado a la fundición en bronce del monumento y le hizo algunas sugerencias con relación a las proporciones de la estatua. De allí seguramente se produjo la confusión que derivó en que apareciese Eloy Palacios firmando el monumento lo que causó la indignación de Pérez Mujica y la indiferencia del gobierno. No será sino hasta 1964 cuando se reconozca su autoría gracias a las diligencias del entonces Cronista de la Ciudad, Enrique Bernardo Núñez.
Con el tiempo, el proceso de deterioro de la plaza Páez fue en aumento al punto de ser hurtados algunos elementos de la escultura como la lanza, la espada, los estribos y las riendas. Los trabajos de recuperación del espacio realizados en 2006, sirvieron para completar los elementos faltantes a la estatua, la replantación de las áreas verdes y reparación de las bombas de agua de las fuentes, iniciándose desde entonces, de nuevo, otro ciclo de desgaste que hoy ya puede ser apreciado.

Contigua a la Plaza Páez hacia el este, lo que hace que se perciba como un mismo espacio urbano, se concluye la construcción en 1911, en momentos en que Juan Vicente Gómez ya detenta el poder, de la Plaza 19 de Abril de 1810, actualmente conocida como Plaza Madariaga, en honor al clérigo, tribuno y prócer nacido en Chile José Cortés de Madariaga (1766-1826). Su forma triangular se origina como resultado de haber ocupado todo el terreno restante hasta tener como límite al este el final de la Avenida Castro y el inicio de la Carabobo (hoy avenida Páez). La localización y trazado de ambas plazas ya se puede apreciar con fidelidad en el plano de Razetti de 1929.
La Plaza 19 de abril de 1810 debe enmarcarse dentro de los actos que acompañaron la conmemoración del Primer Centenario de la Declaración de la Independencia, que arrojaron la construcción de una serie de monumentos y obras públicas entre las que vale la pena destacar: el ya mencionado “Monumento a Carabobo” de Eloy Palacios (1911); el Proyecto de Palacio para la Exposición en el primer Centenario de la Independencia de Rafael Seijas Cook (1909); la remodelación del Panteón Nacional a cargo de Alejandro Chataing (1910); la adquisición y recuperación de la casa natal del Libertador (1912-1921); el edificio para Operaciones Quirúrgicas que se integró al conjunto del Hospital Vargas de Manuel Felipe Herrera Tovar (1909-1911); el edificio de Correos y Telégrafos Nacionales de Luis Briceño Arismendi (1910-1911); la Biblioteca Nacional de Alejandro Chataing (1910-1911); y el edificio del Registro Público y Archivo Principal de la Sala Técnica del MOP a cargo de Manuel Felipe Herrera Tovar (1910-1911). Además, en 1911 apareció el nº 1 de la Revista Técnica del Ministerio de Obras Públicas, publicación mensual donde quedaron plasmadas muchas de las obras mencionadas.


Volviendo a la plaza que ahora nos ocupa sobresale allí la obra del escultor italiano Emilio Gariboldi, “Monumento a Francisco Salias y José Cortés de Madariaga” develada en 1911. El año anterior, en el marco del Primer Centenario, la Gobernación del Distrito Federal había promovido dos concursos para la ejecución de los monumentos conmemorativos del 19 de abril de 1810, los cuales fueron ganados por Gariboldi. El primero fue la lápida en mármol colocada en la fachada de la Catedral de Caracas. El segundo fue justamente el realizado en bronce y mármol colocado en la nueva plaza construida en El Paraíso. Gariboldi, quien se trasladó a Venezuela hacia 1889, tiene una amplia obra conocida de tipo conmemorativo y funerario. Su biografía puede ser consultada en http://vereda.ula.ve/wiki_artevenezolano/index.php/Gariboldi,_Emilio.
También en la Plaza Madariaga se encuentra una pieza de mármol anónima (Narciso) hoy en día totalmente mutilada, situada dentro de un espejo de agua; y al noroeste frente a la Comandancia General de la Guardia Nacional Bolivariana -GNB- (antigua quinta Las Acacias realizada por Alejandro Chataing para la familia Boulton entre 1905 y 1912), la escultura en bronce del “Monumento a la Victoria”, o Ángel de El Paraíso, erigido también para las fiestas del Centenario en 1910 justamente en la puerta oriental de la urbanización.
La Madariaga, que tiene un área de 10.410 metros cuadrados y está bordeada por la mencionada Comandancia, una sede de la Universidad Santa María y el Centro Comercial Páez, ha sido por años lugar de esparcimiento en virtud de la gran variedad de árboles que la sombrean. También fue objeto de una remodelación en 2014 que buscaba preservar las áreas verdes, recuperar sus tres espejos de agua, incorporar aparatos para la ejercitación física y juegos infantiles e incluyó la resiembra de más 5.000 especies ornamentales. En la actualidad los trabajos realizados ya ofrecen un marcado desgaste debido al mal uso de los usuarios y descuido de los entes encargados de su mantenimiento, más allá de que los vecinos detectan «un cierto nivel de seguridad» que proporciona la proximidad de las instalaciones de la GNB.
ACA
Procedencia de las imágenes
1. http://guiaccs.com/obras/plaza-paez/
2. https://twitter.com/gfdevenezuela/status/1260322854358388744?lang=bn
3. http://guiaccs.com/planos/la-busqueda-de-el-paraiso/
4. https://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9s_P%C3%A9rez_Mujica; http://lecturas-yantares-placeres.blogspot.com/2012/09/el-dia-que-la-estatua-de-paez-hablo.html; http://estatuasdecaracas.blogspot.com/2011/02/
5. http://guiaccs.com/planos/ultimo-plano-de-razetti/
6. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad