Presentación de los dos primeros números de la Colección Textos Cardinales
Este martes 20 de marzo a las 5:30 p.m. en los espacios de la Librería El Buscón, Trasnocho Cultural, Paseo Las Mercedes y miércoles 21 a las 6:00 p.m. en la Librería Lugar Común, edificio San Carlos, Las Mercedes, se llevará a cabo la presentación de los números 1 y 2 de la Colección Textos Cardinales que la Fundación Arquitectura y Ciudad inicia publicando los textos ganadores del primero y segundo premio del Concurso de Ensayos «Caracas 1567-2007», organizado el año pasado con motivo de la celebración de los 450 años de la fundación de nuestra capital.
El martes, en solitario, Diego Rojas Ajmad, presentará Posciudades. Manual de uso para ciudadanos nostálgicos y esquizofrénicos, ensayo ganador del certamen y el miércoles, hará otro tanto junto a Enrique Larrañaga, quien obtuvo el segundo premio con Transiciones. Tiempos, espacios, ciudades y ciudadanos en la ciudad de Caracas. Valga esta nota para invitar muy cordialmente a los miembros, contactos, seguidores y amigos de la FAC a acompañarnos a este par de actos que tienen para nosotros un particular significado.
El Premio austríaco Frederick Kiesler para la Arquitectura y las Artes 2018 corresponde al arquitecto francés Yona Friedman. El premio, consistente en un monto de 55,000 euros, se presenta alternativamente por la República de Austria y la Ciudad de Viena cada dos años «por logros sobresalientes en el campo de la arquitectura y las artes que se ajustan a las concepciones innovadoras y experimentales de Frederick Kiesler y su teoría de las artes correlacionadas».
El jurado internacional del Premio Frederick Kiesler 2018 rinde homenaje a Yona Friedman como un «titán entre los arquitectos, muy respetado como una de las figuras fundamentales de la profesión, así como por los profesionales que están al comienzo de sus carreras. A lo largo de su vida laboral de más de seis décadas, ha sido intransigente en rigor y visionario en su pensamiento. Ha sido enormemente influyente como arquitecto, teórico, diseñador y maestro ‘utópico viable’. Los conceptos de Friedman para la arquitectura están estrechamente vinculados a la dinámica de las estructuras sociales y a las necesidades cambiantes de los usuarios en las mismas. Estos temas que enfatizó desde el comienzo de su trabajo han ganado aún más importancia en los días actuales con su desarrollo real de la migración y una especie de nuevo nomadismo. También es debido a su propia biografía como inmigrante que sus ideas y su compromiso por una arquitectura y una sociedad profundamente humanas, basadas en la experiencia existencial, pudieran calificar su trabajo, además, como político».
El Premio Austriaco Frederick Kiesler para la Arquitectura y las Artes 2018 será presentado por Gernot Blümel, Ministro Federal dentro de la Cancillería Federal para la UE, Arte, Cultura y Medios. La fecha exacta se anunciará pronto.
La Accademia Adrianea di Architettura di Roma ha concedido el Premio Piranesi 2018 al arquitecto español Alberto Campo Baeza por su trayectoria. El reconocimiento será otorgado por el Comité Científico de Piranesi Prix de Rome, en colaboración con L’Ordine degli Architetti Paesaggisti, Pianificatori e Conservatori di Roma e provincia y con el Polo Territorialia di Mantova del Politecnico di Milano.
El arquitecto español recogerá el prestigioso premio de alta cultura clásica en arquitectura, el viernes 16 de marzo de 2018 en la Casa dell’Architettura – Acuario romano de Roma, donde ofrecerá una lectio magistralis con ocasión de la apertura del Curso Académico de la Accademia Adrianea en la que hablará sobre una obra de arquitectura antigua que ha tenido una presencia constante en su reflexión de diseño: el Panteón. También volverá a trazar, sucesivamente, los aspectos más destacados de su carrera profesional, que comenzó en 1978.
En este caso, el Premio Piranesi a la Carrera hace referencia a las cualidades de la obra de un arquitecto y su aproximación a lo clásico.
“La Arquitectura ha sido, es y será el resultado de combinar razón e intuición. O como bien exigía Vitrubio, cumplir con la Utilitas, la Firmitas y la Venustas. En cualquier caso, debe buscar denodadamente la Belleza”, destaca el arquitecto Alberto Campo Baeza.
“Creo que esa búsqueda denodada de la Belleza es lo que viene a reconocer este Premio Piranesi”, subraya Campo Baeza sobre este galardón. El Premio Piranesi es un importante reconocimiento internacional, patrocinado por la Accademia Adrianea, l´Ordine degli Architetti de Roma y Casa dell´Architectura que se concede por concurso a una obra singular relacionada con el Patrimonio Histórico y también a una trayectoria profesional destacada. En esta segunda modalidad, además de a Alberto Campo Baeza, anteriormente este Premio le ha sido concedido a Rafael Moneo (2010), David Chipperfield (2012), Peter Eisenman (2013), José Ignacio Linazasoro (2014), Bernard Tschumi (2015), Yoshio Taniguchi (2016) y Eduardo Souto de Moura (2017). Campo Baeza ha obtenido recientemente el Premio COAM 2017 y el Premio Attolini de la Universidad Anahuac de México, y acaba de ser nombrado en 2018 Doctor Honoris Causa por la Universidad San Pablo CEU.
Venezuela, como se sabe, experimentó, desde el punto de vista demográfico, uno de los procesos de urbanización más rápidos e intensos de cuantos se tenga registro a lo largo del siglo XX. De una proporción de población urbana del 15% en 1926, pasó al 53,3% en 1950, al 76,7% en 1971 y al 83,6% en 1990. Caracas, en particular, aumentó su población 8 veces entre 1936 y 1961 pasando de 203.342 a 1.675.278 habitantes y si nos remitimos a lo acontecido entre 1950 (donde tenía 704.567 hab.) y 1961, lo hace en más del doble. En lo relativo a la ocupación del territorio correspondiente al valle, el proceso expansivo de la ciudad pasa de abarcar una extensión de 970 Há en 1920 (cuando aún se concentraba prácticamente en el damero fundacional) a ocupar 2900 Há en 1941, 4200 Há en 1950 y 13000 Há en 1971 (cifras todas obtenidas de “La evolución urbana de Caracas. Indicadores e interpretaciones sobre el desarrollo de la interrelación ciudad-naturaleza” de Antonio de Lisio aparecido en la Revista de Geográfica Venezolana -2001-).
Por otro lado, tal y como señalan Nancy Dembo, José Rosas Vera e Iván González Viso en “Caracas, modernidad y escala urbana: una aproximación interdisciplinaria” (2004), entre 1929 y 1951 de acuerdo al seguimiento hecho a través de los principales planos elaborados de la ciudad que involucran los planes de extensión y ocupación de la metrópoli “se puede concluir que todos apuntan a configurar una estructura urbana y una lógica que se caracteriza por: 1) la ocupación total del valle de Caracas; 2) la consideración del valle y los potenciales del marco geográfico en que encaja, incluyendo su desarrollo hacia el litoral costero al norte y los valles transversales hacia el sudeste; 3) la consolidación de un centro principal en lo que era la ciudad de 1934 y la extensión de ésta hacia periferias suburbanas residenciales y núcleos de equipamiento especializado; 4) la importancia de una infraestructura vial que permita la lógica de extensión esbozada”.
En todo caso, un proceso de la envergadura y violencia como el desatado encontró a las autoridades de la ciudad desprovistas de herramientas para poder llevar de manera clara su ordenación y crecimiento, más aún si pensamos que Juan Vicente Gómez, quien gobierna desde 1908 hasta 1935, se desinteresó por la capital (que en buena medida le era hostil) y se instaló en Maracay, dándose a partir de 1926 y hasta 1945 una situación según la cual recae sobre la iniciativa particular prácticamente toda la canalización y orientación de la expansión de la ciudad. Juan Pedro Posani en el capítulo titulado “El drama urbano” perteneciente a la segunda parte de Caracas a través de su arquitectura (1969) acotará: “Hay que meditar sobre el fenómeno de este urbanismo de oligarquía y clase media que en el Country, en La Florida, en Los Caobos, en la continuación de El Paraíso, en el mismo Conde y en San Agustín del Norte, en los desarrollos que ya tienden poderosamente hacia la total ocupación del Este, demuestra una feliz amplitud, una muelle generosidad espacial, profusa y a menudo virtuosa, sin mezquindades, mejorada siempre por la abundancia de una vegetación bien escogida o conservada”. Eso sí, procediéndose sin ninguna previsión a urbanizar y ocupar primero para solicitar y obtener bajo presión los servicios después, toda una suerte de actitud que en Venezuela ha sido costumbre tanto en los desarrollos “formales” como en los “informales”. En otras palabras, dentro de los límites que anteriormente ocupaba, por lo general, una hacienda, “cada urbanización parcela de manera autónoma una parte del valle, sin que nadie logre establecer realmente alguna relación orgánica entre ellas. De tal manera ya se sientan las bases para la incoherencia y el desperdicio caótico del futuro. Pero, por lo menos contrariamente a lo que ocurrirá más tarde, el propio contexto oligárquico de la especulación obliga a mantener cierta elevación en el tono y en las formas…”.
A este “urbanismo de oligarquía”, gobernado principalmente por la vivienda unifamiliar, le seguirán otros caracterizados por la especulación que inundarán el período 1945-1955 (cuando Caracas duplica tanto su población como el área ocupada), conformados por edificios multifamiliares destinados en su mayoría a vivienda en alquiler que buscaba dar cobijo a los casi 300.000 inmigrantes que hacia el país se habían desplazado como consecuencia de la posguerra, mientras en paralelo se emprendía la “guerra contra el rancho”, destinada a albergar una población de más de 150.000 personas, insuficiente en virtud de las más de 300.000 que habían migrado del interior del país a la capital.
Este “urbanismo especulativo”, imbuido en la consigna oficial de “hacer lo que sea, pero hacer”, subyacente en el “Nuevo Ideal Nacional” perezjimenista, se ve, sin embargo, acompañado por la creación de la Comisión Nacional de Urbanismo (1946), por la actividad febril de la Dirección de Obras Municipales del Distrito Federal y de las Ingenierías Municipales de los dos municipios que lo conformaban (Libertador y Sucre), arropado por el énfasis en lo vial que se hereda del Plan Rotival, rematado en el Plano Regulador de Caracas (1951) -apadrinado por Francis Violich-, y es posible seguir tras la activa gestión de funcionarios de la talla de Leopoldo Martínez Olavarría, Pedro Pablo Azpúrua y Gerardo Sansón y de urbanizadores como Juan Bernardo Arismendi, Luis Roche, Gustavo San Román e Inocente Palacios (asuntos que nos ha develado Juan José Martín Frechilla a través de Diálogos reconstruidos para una historia de la Caracas moderna -2004-), es quizás el que ha sido más difícil de registrar con precisión, no tanto en la determinación de sus trazados sino en la correcta identificación de las piezas con las que se fue llenando.
Esa ciudad que (citando de nuevo a Posani) “cambió de aspecto de la noche a la mañana” en la que “pulularon quintas y edificios y surgieron calles enteras con diseños detestables, repetidos una y cien veces”, cuya “… infraestructura se realizó, pero dentro del mayor desorden” y que se materializó en Las Acacias y las Colinas de Bello Monte, La Carlota y Los Chaguaramos, la Avenida Victoria y la Avenida Miranda (por citar las zonas más relevantes), pero que abarca algunos sectores de otras urbanizaciones tanto del este como del oeste y el propio centro, es la que poco a poco se ha empezado a mirar con ojos que convierten a esos “tristes abortos disfrazados con el oropel más falso (…) a esas cornisas de yeso, esos balconcitos inútiles, esas ventanitas de hierro, esos frisos de mármol pintado…”, sumidos por mucho tiempo en el anonimato, en objetos de estudio tras la búsqueda, demostrada la calidad de muchas de las soluciones ofrecidas, de los delineantes, geómetras, aparejadores, profesionales no revalidados y constructores que se ocultaban tras la firma de ingenieros colegiados y por ende legalmente habilitados para obtener los permisos de construcción que otorgaba la municipalidad.
En tal sentido, la tesonera labor desarrollada desde DoCoMoMo Venezuela (de la mano de Hannia Gómez y Frank Alcock), cristalizada en el montaje de las exposiciones “Las Italias de Caracas” (2012) o “Suite Iberia. La arquitectura de influencia española en Caracas” (2015) en la sala TAC del Trasnocho Cultural, termina de darle forma a la puerta abierta por el Instituto de Arquitectura Urbana a través de la publicación La vivienda multifamiliar/Caracas 1940-1970 (1983) y posteriormente por la exhibición “1950. El espíritu moderno” (1997) gracias al tratamiento dado en esta última a lo que se denominó como “Estilismo anónimo”, arquitectura de mediana escala que con el auxilio de mano de obra especializada procedente de la inmigración europea “permitió el desarrollo de un lenguaje escrito en mármol, granito, pórticos, cornisas, basamentos, balcones, escaleras y lucernarios”. Dicha arquitectura “extravagante”, que aparece al margen y la vez arropa lo producido por quienes a la par materializaban nuestra modernidad arquitectónica, estaría realizada por los llamados “especialistas”, suerte de profesionales con alta preparación técnica a quienes se les atribuye la responsabilidad de su autoría. “Una multitud valerosa de trabajadores que vinieron a reconstruir sus vidas, y que, haciéndolo, lo primero que reconstruyeron fue su propia ciudad fragmentada”, como dirá Hannia Gómez en el texto introductoria del catálogo de “Las Italias de Caracas”.
Sin embargo, el empeño por calificar indiscriminadamente de “especialistas” a todos los que intervinieron en el proceso de diseño y construcción de un gran número de edificios con las características señaladas, terminó por demostrar sus limitaciones cuando se etiquetó como tal (sin serlo) al ingeniero civil sucrense Narciso Bárcenas, objeto de un interesante artículo escrito por Blanca Rivero y Orlando Marín titulado “El Especialista. ¿Mito historiográfico o realidad histórica?”, publicado en la página web de El estilete (http://www.elestilete.com/dossier/el-especialista-mito-historiografico-o-realidad-historica/), donde llegan a la conclusión de que “más allá de una ‘invención’ historiográfica, quizá ‘El Especialista’ sea un estilo desarrollado por muchos ‘especialistas’ que, como H. Ferrato (presunto diseñador mientras trabajaba en la oficina de Bárcenas de varios edificios sin poderlos firmar por no haber revalidado el título), marcaron la imagen de la edilicia urbana caraqueña en el momento de su mayor crecimiento”. La lección ofrecida por Rivero y Marín, junto a la promesa e invitación contenidas en los hermosos “Mosaicos” presentados en las dos exposiciones realizadas en el TAC, construidos con imágenes de elementos, detalles, acabados, tratamientos y objetos “provenientes de edificios que no son monumentos históricos … pero pudieran serlo”, obliga a acudir con mayor tesón y rigor a las fuentes documentales que aportan los libros de las ingenierías municipales o el registro que durante un buen tiempo transcribió en sus páginas la Revista del Colegio de Ingenieros de Venezuela, como punto de partida destinado a saldar una importante deuda con un anonimato integrado por “refinados arquitectos, experimentados ingenieros, sabios constructores, poéticos artistas y magníficos artesanos” en el que se encuentra atesorado mucho talento.
1946• Se concluye la construcción del edificio Sede del Banco Central de Venezuela, en un terreno de 6.150 m2 ubicado en el ángulo Noroeste de la esquina de Carmelitas entre las calles Norte 2 y Oeste 1, diagonal con la Santa Capilla en la avenida Urdaneta, proyectado por el ingeniero y arquitecto Gustavo Wallis Legorburu (1897-1979) en 1942 con la asistencia técnica de empresas norteamericanas.
La primera piedra del edificio se colocó el 19 de octubre de 1943 y todo el proceso de construcción fue dirigido por Gustavo Wallis, quien para la fecha había construido para el Ministerio de Obras Públicas la Cárcel El Obispo (1927-28), el Teatro Principal (1931), el Palacio para la Gobernación de Caracas (1935) y el Edificio Veroes (1938-40).
Wallis invitó a participar en el proyecto del banco al artista catalán Ernesto Maragall i Noble (1903-1991) que realizó los relieves que acompañan el nombre del banco sobre el portal de acceso, los dos medallones y las cuatro figuran que rematan en la parte superior el cuerpo central del edificio.
Ernesto Maragall, Premio Nacional de Escultura 1943, «es considerado uno de los pioneros de la estatuaria pública venezolana. Sus aportes fueron relevantes a través de monumentos integrados a la arquitectura o al paisaje, e inscritos en las tendencias oficiales de reafirmación de la nacionalidad».
Los cuatro grupos escultóricos incorporados al edificio sede del Banco Central de Venezuela representaban de forma alegórica la agricultura, el comercio (1), la industria (2), y la población.
La nueva sede proyectada y construida por Wallis, la segunda del Banco Central, en poco tiempo resultó insuficiente para su crecimiento y desarrollo, por lo que a fines de los años 1950 se encargó un nuevo proyecto al arquitecto Tomás Sanabria, que fue concebido en dos etapas,
En la primera, a construirse en el terreno ocupado por el edificio diseñado por Wallis, se haría la sede para los más altos niveles de decisión del Banco y también parte de las bóvedas de seguridad y otros servicios específicos de la Institución. Este edificio fue inaugurado en 1965, con asistencia del Presidente de la República Dr. Raúl Leoni y por su diseño, Tomás Sanabria recibió el Premio Nacional de Arquitectura 1965.
En la segunda etapa, se construyó la Torre Financiera de 26 pisos sobre el nivel de la calle, la cual fue inaugurada por el Presidente Rafael Caldera el 14 de Septiembre de 1973.
1926• Se inicia la construcción del Santuario de la Inmaculada Concepción, ubicado en Palo Grande, junto a la Plaza Italia, San Juan, Caracas.
La obra es posible gracias al Padre Michaud, de la Orden de los Reverendos Padres Franceses y de un grupo de feligreses de la Parroquia San Juan que se dio a la tarea de recolectar fondos pata costear los trabajos de la nueva Capilla.
HVH
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