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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 300

Hoy llegamos a nuestra postal nº 300 y lo hemos querido hacer mostrando una casa que, pese a no haber sido promocionada en exposiciones dedicadas al tema, es sin embargo un punto de referencia tanto en la evolución de la tipología a nivel local como dentro de la trayectoria de los dos arquitectos que la diseñaron. Se trata de la quinta Goya, ubicada en la avenida Arturo Michelena de la urbanización Santa Mónica, Caracas, proyectada en 1961 por Henrique Hernández (1930-2009) y Carlos Becerra (1933-2014) terminada de construir en 1963.

La vivienda, que aparece reseñada en Caracas a través de su arquitectura (Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani, 1969), la Guía de edificaciones contemporáneas en Venezuela. Caracas, Parte 1 (Mariano Goldberg, 1980) y Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (Iván González Viso, María Isabel Peña y Federico Vegas, 2015), también ha sido objeto de un breve comentario por parte de Oscar Tenreiro en la página de arquitectura de El Diario de Caracas del domingo 21 de febrero de 1993, al momento de recordar que a él le correspondió sugerir su inclusión (junto a otras 4 obras) en el libro World architecture one (editado en Londres por primera vez en 1964 por John Donat). “Tomé unas fotos, redacté unas notas no demasiado afortunadas y las entregué a Magalí Ruz” quien tenía el contacto con el editor. Dentro de la publicación, la quinta Goya, sin desentonar para nada, aparece como una de las piezas que mejor representaban la calidad de la arquitectura venezolana del momento y el talento de los jóvenes egresados de la UCV a finales de la década de 1950, cuyas obras empezaban a aparecer en la ciudad de Caracas.

1. Dos aproximaciones a la fachada principal de la quinta Goya.

Cronológicamente, la “Goya” se ubica justo a la llegada de Hernández luego de realizar estudios de postgrado en Londres y en simultáneo con su incorporación como coordinador de la Sección de Diseño en Avance e Investigación del Banco Obrero, es decir, en medio de la todavía fresca formación universitaria y el incipiente influjo que produjo en él el contacto con la industrialización de la construcción durante su estadía en tierras europeas, cosa que también ocurrió con Becerra quien junto a Hernández vivió ambas experiencias.

Es por ello que abordar el análisis de esta obra no aceptaría centrarse únicamente en señalar la particular manera como se manejan los códigos propios de una modernidad atemperada, los guiños que pudieran detectarse provenientes de la empatía que ambos autores pudieran manifestar hacia la obra de Alvar Aalto, la correcta organización funcional acompañada de una volumetría muy bien articulada que denota la separación entre áreas íntimas y áreas sociales, de servicio y servidas, o su sensata adaptación a la topografía. Aquí, más allá de estar en presencia de lo que Juan Pedro Posani calificaría como un supuesto “eclecticismo instrumental” o del aprovechamiento de una oportunidad que “permitió a sus autores desahogar, concretándola en hechos materiales, la carga formal que inevitablemente arrastraban”, se encierra rigor constructivo, manejo sensible de la plasticidad que aportan los elementos arquitectónicos y los materiales utilizados (ladrillo en los cerramientos, concreto en la estructura y acero en las cubiertas), sapiencia en el manejo del espacio, la luz, la sombra y la ventilación, equilibrio entre llenos y vacíos, y sobre todo una correcta adecuación al lugar producto de una atenta lectura tanto de las variables urbanas como de la orientación, determinantes a las que debe someterse el programa.

2. Quinta Goya. Planta baja.
3. Quinta Goya. Niveles 1 y 2

Es quizá Villanueva quien acompaña a la distancia el tino con que son manejados los criterios constructivos, estructurales y geométricos que respaldan la concepción de la casa. Así, vemos como no existe ningún temor en utilizar el concreto trabajado de diferentes maneras para sostener y caracterizar cada uno de los cuerpos que la conforman, dando pie, a pesar de la pequeña escala del edificio, a una particular exploración en tres tiempos. La primera se observa en el volumen prácticamente cúbico que contiene las habitaciones, cuya lectura es la de una caja suspendida sobre pilotis, donde su estructura aporticada cruciforme permite liberar las esquinas, llegándose a salvar luces importantes, con la colaboración de todos los elementos participantes, en pro del acoplamiento modular de las partes que lo integran, lográndose así convertir la planta baja en un confortable estacionamiento (omnipresente ante la discreción de los accesos peatonales). La segunda aparece en la pieza que alberga las áreas sociales y de servicios donde, por el contrario, se busca la generación de un contenedor prismático, sin columnas intermedias, que vuela hacia la calle, interesado en proveer internamente la mayor flexibilidad posible para los usos que así lo requieran, dando cabida en los niveles superiores a una rica integración espacial gobernada por la cubierta. Y la tercera a través del tanque de agua, elemento vertical que anima con su presencia el jardín posterior de la casa, convirtiéndose en la oportunidad de resolver, con la esbeltez como requisito, la suspensión en el aire mediante tres apoyos del cilindro que contiene el vital líquido en un alarde de transgresión a las leyes de la gravedad.

4. Quinta Goya. Izquierda: tanque elevado de agua. Derecha: cortes

Las cubiertas y las escaleras son también temas de interés que aquí conviene repasar. Las primeras porque a pesar de su condición ligera asociada a la aparición del metal como material constitutivo, ocultan hacia el exterior su verdadera forma y esencia, revelándose hacia el interior como facilitadoras en la captación de la luz cenital, variando su dimensión y comportamiento de acuerdo a las características de los espacios que techen: a cuatro aguas para cada una de las habitaciones y ambientes que conforman el modulado volumen cúbico, o continua e integradora para las áreas sociales. Las segundas (las escaleras) por su diversidad y la escrupulosidad con que son manejadas para proveer la mayor independencia funcional entre las partes.

Tras el diseño de la quinta Goya quizás sea posible encontrar un cierto paralelismo entre la manera como Mies van der Rohe concebía la arquitectura por la preeminencia que se ha dado al hecho constructivo, desconociendo el valor de los aspectos formales, liberando, como señala el maestro alemán, “el arte de construir de las especulaciones estéticas restituyéndolo a aquello que exclusivamente es: construir”.

Si, como señala el maestro alemán, “Construcción es lo que se necesita para sostener una cosa. (…) Estructura es el entendimiento de la construcción. (…) La estructura es el valor espiritual, la construcción es sólo un método. (…) Esta confusión de palabras es la que hace que mucha gente no me comprenda. (…) Hay que repetirlo: estructura es un valor espiritual y construcción un método”, valdría la pena especular si, al igual que en la obra miesiana, en la de Hernández y Becerra es rigurosamente cierto que la forma arquitectónica no es un objetivo sino sólo el resultado de un proceso, o si, por el contrario, siempre terminan aflorando al momento de tomar decisiones trascendentes resabios de una educación circunscrita a los cánones tradicionales.

Los 575 m2 de construcción de la quinta Goya distribuidos en tres niveles, se adaptan muy bien a la topografía del terreno de 760 m2 donde se ubica. En el primer nivel, donde se produce el acceso, se localiza el área de estacionamiento así como los cuartos de servicio y áreas de mantenimiento de la vivienda. En el segundo se ubican las áreas sociales y a través de ellas se accede al jardín que se encuentra en la parte posterior. Finalmente, en el tercer piso se encuentran todas las habitaciones y áreas privadas de la familia.

Esta obra, que a su manera se comporta como un pequeño laboratorio estructural, y que sería exagerado vincular al concepto de sistema de edificaciones que Hernández y Becerra desarrollarán posteriormente, sí revela una sensibilidad ante el uso de la forma y los materiales que se hace evidente al observar el tratamiento volumétrico que el equipo de Diseño en Avance imprime a la Unidad Vecinal 7-8 de la Urbanización Caricuao (Caracas). Si por otro lado quisiéramos dar un salto más hacia adelante bastaría con citar de nuevo a Mies: “La arquitectura comienza poniendo dos ladrillos uno junto al otro. ‘Con mucho cuidado’. Un alumno me preguntó: ¿Cómo aprendió entonces tanto del acero? – Poniendo un ladrillo al lado del otro ‘con mucho cuidado’”.

5. Vista de la quinta Goya en 2014.

La quinta “Goya”, que aún hoy se presenta dentro del entorno urbano al que pertenece como una pieza sobria, plenamente moderna, que se adapta correctamente al contexto, tuvo desde su construcción hasta finales del año 2014 un mismo propietario y habitante, quien no sólo dotó a los arquitectos del programa que les permitió desarrollarla, sino que fue el responsable (junto a la selección de los nobles materiales que la constituyen) de su excelente mantenimiento e inmejorable aspecto. Tras su fallecimiento en la más absoluta soledad y dada la presión que sin duda ejercerán los cambios de usos que se vienen produciendo en su entorno, sigue planeando sobre ella el destino incierto que ha acompañado buena parte de nuestro patrimonio moderno.

Nota

Con el de hoy, como señalamos al inicio de la reseña, ya son 300 envíos semanales de nuestra postal desde el martes 1 de marzo de 2016 cuando lo hiciéramos por primera vez. El 6 de marzo comenzamos a hacerlo cada domingo y desde el 30 de octubre de aquel año, habiendo llegado al número 36, la postal, ahora comentada, se constituyó en elemento indisoluble del Contacto FAC que ese día salía a la luz.

Es decir, ya son más de 6 años ininterrumpidos y contando. Salud de por medio seguiremos, en lo posible, superándonos.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 1, 2, 3 y 4. Mariano Goldberg. Guía de edificaciones contemporáneas en Venezuela. Caracas. Parte 1, 1980

5. http://guiaccs.com/obras/quinta-goya/

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 292

La posmodernidad en Venezuela tuvo, más allá de los círculos académicos, un efecto si se quiere leve en cuanto a manifestación tanto en la arquitectura como en la ciudad. Sin embargo, si alguna obra de las realizadas en nuestro país durante los años 80 del siglo XX recoge de manera refinada aquello que Charles Jencks denominó El lenguaje de la arquitectura posmoderna (1977), esa es la quinta Palmasola, ubicada en la Av. Oriente del Caracas Country Club, diseñada por Carlos Brillembourg.

En este interesante ejemplo, la vivienda unifamiliar despojada de ataduras económicas volvió a convertirse en el territorio de experimentación ideal para que un arquitecto, muy próximo a las tendencias más en boga, lograra recrear mediante lo que algunos podrían calificar como un “juego erudito”, un historicismo vinculado a la manera como Aldo Rossi lo tradujo salpicado del uso de elementos propios de la arquitectura tradicional y de ciertos guiños cercanos a la estética de Luis Barragán.

1. Vista de la quinta Palmasola desde el sur

La blanca casa, permanentemente y desde el ángulo que se mire, recurre a ejercitar la memoria colocándose a contracorriente de experiencias más asociadas a la arquitectura moderna sin dejar de manifestar su deuda con una continuidad temática y una forma de articular los espacios.

Según María Teresa Novoa, quien escribe una reseña de Palmasola en la Revista CAV 49 (abril 1986) acompañada de una completa información fotográfica: “Brillembourg al buscar sus raíces en la historia de la Arquitectura y en el ambiente, se torna sensible al camino que marca la estética de los 80, y define su discrepancia frente a la opción gratuita e improductiva de la ortodoxia racionalista. En Palmasola presentimos la historia de la Arquitectura más allá de la ocasión de un acercamiento material entre Arquitectura nueva y Ambiente antiguo”.

2. Quinta Palmasola. Maqueta
3. Quinta Palmasola. Planta baja
4. Quinta Palmasola. Dibujo axonométrico

La casa en esencia está conformada por un paralelepípedo ubicado al extremo este de la parcela, paralelo a la calle, que alberga la mayor parte del programa, articulado a un pequeño cubo que contiene la sala el cual está rodeado de una columnata circular que cita directamente al templete de San Pietro in Montorio de Bramante. En ella se define con toda claridad un eje espacial perpendicular a la calle a partir del juego engañoso e indirecto con el acceso exterior que, tras el ingreso, se convierte en un hall relacionador de sus dos niveles y de distribución al resto de la planta baja. En el hall se ubica una limpia escalera que conduce a las habitaciones en la planta alta y desde él se puede continuar en línea recta hacia la sala, ir a la derecha a un grupo de ambientes para el uso personal del dueño de la casa (estudio, biblioteca y dormitorio auxiliar con un amplio guardarropa-baño), o acceder a la izquierda al comedor, a un pasillo de servicios que comunica con la cocina y el garage o a un generoso ambiente intermedio que por su ancho cuesta calificarlo de corredor, el cual se convierte en el máximo protagonista de la fachada posterior, conduce a una pequeña piscina y está delimitado por un pórtico que entra en el agua.

5. Quinta Palmasola. «La pared azul» en los espacios destinados al servicio de la piscina.
6. Quinta Palmasola. Hall de entrada

De la descripción aparecida en el catálogo de la VIII Bienal Nacional de Arquitectura. La arquitectura del lugar (1987) extraemos lo siguiente: “… los espacios destinados al servicio de la piscina se encuentran incluidos como una estancia a cielo abierto, en donde se ha planteado un singular experimento de Arte Ambiental -La pared azul- que nos recuerda las igualmente felices realizaciones del arquitecto mexicano Luis Barragán”.

El jardín donde irrumpe la piscina está igualmente protagonizado por una esbelta palma datilera de la cual la casa deriva su nombre.

De la descripción hecha por Novoa sabemos que el piso de la casa es de parquet “siguiendo el dibujo de la espina de pez mientras en la logia se ha usado mármol ‘botticino’ y en el exterior ‘travertino grezzo’ ”.

Esta obra, ecléctica por donde se le vea, juega de manera muy hábil con la volumetría, las visuales, las relaciones interior-exterior y la incidencia solar garantizando la iluminación y ventilación natural para todas las estancias y el correspondiente confort ambiental.

Si apelamos al ilustrativo gráfico que Jencks elaboró para el libro ya mencionado, buscando armar el árbol genealógico del cual se desprende el vocabulario usado por la arquitectura posmoderna, la quinta Palmasola sería heredera de lo que el conocido crítico e historiador califica como “urbanismo ad hoc” por la clara influencia que manifiesta del neorracionalismo italiano inspirado a su vez en el análisis de la ciudad tradicional, lo cual nos permite aventurar que el jardín posterior de la casa tiene la aspiración de ser considerado un patio y también una plaza.

Por otro lado, Brillembourg, venezolano residenciado desde muy temprano en los Estados Unidos, una vez graduado de arquitecto en Columbia University en 1975, trabajó casi de inmediato con Jimmy Alcock y seguidamente con la firma Mitchell/Giurgola. Fue miembro fundador en 1977 del Instituto de Arquitectura Urbana (IAU), funda en 1980 en Caracas la oficina Brillembourg Arquitectos y Urbanistas estableciéndose finalmente en Nueva York donde ejerce desde 1998 en su oficina Carlos Brillembourg Architects.

Palmasola coincide con la estadía en Caracas de Brillembourg desde finales de los años 70 y buena parte de los 80 y con su actividad dentro de Instituto de Arquitectura Urbana donde el contacto con los invitados internacionales venidos a Venezuela gracias a esa organización, ejerció sobre él una notable influencia que supo manejar con sapiencia y elegancia.

La casa obtuvo un reconocimiento en la VIII Bienal Nacional de Arquitectura (1987) y fue publicada en la revista Casa Vogue en abril de 1985.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Colección Crono Arquitectura Venezuela

1, 2, 4, 5 y 6. https://www.carlosbrillembourgarchitects.com/1975-1985/palmasola

3. Revista CAV 49, abril 1986

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 284

La quinta “Las Hormigas”, casa de habitación del arquitecto colombiano radicado en nuestro país desde 1950, Carlos Celis Cepero (1925) y de su esposa la también arquitecta Ana Teresa Caraballo-Gramcko de Celis, ubicada en la avenida Mérida, urbanización Las Palmas, Municipio Libertador, puede ser considerada sin mayores inconvenientes una de las obras icónicas dentro de su tipología que existen en la ciudad de Caracas.

En el catálogo de la exposición “La casa como tema. Primera aproximación antológica de la casa venezolana” realizada en el Museo de Bellas Artes de Caracas en 1989, tras ser clasificada dentro del grupo representativo del capítulo “Casa y contemporaneidad”, se recoge lo siguiente: “Las Hormigas responde a un temprano caso de Arquitectura Moderna plena aplicada al tema de la casa; ella conjuga la síntesis de la visión ‘racional’ y ‘funcionalista’ de la Arquitectura adaptada a condiciones ambientales y culturales, vinculadas al desarrollo del tema del patio proveniente de la Arquitectura Tradicional”.

Y es que si vemos el año de realización del edificio (1950) el comentario tiene pleno sentido. Proyectada y ejecutada al año siguiente de graduarse, casi al unísono con Caoma, en momentos en que Celis recién había llegado a Venezuela y trabajaba en el Ministerio de Obras Públicas junto a Carlos Raúl Villanueva, muchas son las cosas que ya había podido asimilar de la obra realizada por el Maestro, con quien participó en 1952 en la reorganización de la Sala Técnica del Banco Obrero (BO) que derivó en la creación del Taller de Arquitectura de dicho organismo (TABO) el cual, como se sabe, contó con el propio Villanueva como Arquitecto Consultor y con Celis como su jefe de sala.

La participación de Celis en el TABO da como resultado los proyectos de la Unidad de Vivienda Pedro Camejo, en Sarría (inaugurada en 1952), la Urbanización Ciudad Tablitas, Catia (1953) y la Unidad Residencial El Paraíso (1954), todos dentro del Plan Nacional de Vivienda (1951-1955). Por otro lado, Celis se atribuye el haber realizado en 1951 el proyecto, con la asesoría de Villanueva en la arquitectura y de Willy Ossott en el cálculo estructural, del Edificio Shell Caribbean Petroleum Corporation, Maracaibo concluido en 1952 (cuya autoría se disputa con Juan Andrés Vegas) y en 1959, sin ninguna discusión, el diseño y construcción del Centro de Ingenieros de Mérida, ambas edificaciones dentro de una clara línea moderna.

En “Las Hormigas” así como en el Edificio Shell marabino y el Centro de Ingenieros merideño, también aparecen reminiscencias del impacto que causara en su arquitecto el haber encabezado la comitiva (en la que también se encontraba Augusto Tobito) de la Sociedad Colombiana de Arquitectos y del gobierno nacional que guía la visita de Le Corbusier a Bogotá entre el 16 y el 24 de junio de 1947.

De ello sigue dando cuenta el resto de la cita aparecida en el ya mencionado catálogo: “La insistencia en el confort psicológico, la ventilación cruzada, los espacios con amplia iluminación, los cambios de escala y niveles, la presencia del bloque calado, la insistencia en el corredor íntimo y la presencia constante de vegetación del pequeño patio central son algunos de los aspectos que enriquecen y convierten el espacio en una fuente inagotable de situaciones perceptibles”.

1. Carlos Celis Cepero. Izquierda: residencia familiar ubicada en el cruce de la avenida El Samán con la calle Los Cedros, Caracas Country Club (1956). Derecha: quinta Silenia, La Floresta (1957)

“Las Hormigas”, de la que sus habitantes y propietarios se enorgullecen y comparten hasta el punto de haberla convertido en lugar donde han llevado a cabo durante años numerosos encuentros sociales, y su sintonía con lo que acaecía por aquel entonces dentro de nuestra arquitectura le permitió a Celis, también, sentar las bases sobre las que realizará posteriormente, por un lado, la residencia familiar ubicada en el cruce de la avenida El Samán con la calle Los Cedros (1956), urbanización Caracas Country Club de corte más bien “populista”: estructura construida con un sistema tradicional de concreto armado, cubierta con un sistema compuesto por cerchas, pares y machihembrado de madera, rematado con teja criolla; muros de adobe y friso rústico; marcos de ventanas y puertas de madera; y pisos de mármol, cerámica y madera. Y, por el otro, la quinta “Silenia” (1957) en La Floresta, de carácter claramente contemporáneo, realizada con la colaboración de los ingenieros Federico G. Cortés y Armando Fernández Esté, que comentáramos en estas páginas en el Contacto FAC nº 80 del 10 de junio de 2018.

2. Casa Las Hormigas. Planta baja y fachada
3. Diversas tomas del exterior e interior de la casa Las Hormigas

Digna representante de lo que William Niño Araque en “La casa como tema” define como “un objeto de expresión plástica, ecológica y de la identidad que sustancia y da sentido al vivir y habitar el trópico”, “Las Hormigas” cumple a cabalidad con las tres condiciones que acompañan la definición: “el rito de habitar en la intimidad; la luz y la penumbra como materia de arquitectura; y la geografía y el paisaje como recursos del espacio”.

Celis, quien siempre ha reconocido la deuda que tiene contraída como seguidor de Villanueva, valida su título de arquitecto en la FAU UCV formando parte de la promoción nº 10 en 1960 y se jubila como docente de esa institución en 1984. También ha desarrollado una dilatada labor gremial y fue galardonado con la Orden Carlos Raúl Villanueva por parte del Colegio de Arquitectos de Venezuela.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. http://guiaccs.com/obras/casa-las-hormigas/

  1. Colección Crono Arquitectura Venezuela

2. http://guiaccs.com/obras/casa-las-hormigas/ y La casa como tema. Primera aproximación antológica de la casa en Venezuela, Museo de Bellas Artes, 1989

3. http://guiaccs.com/obras/casa-las-hormigas/ y La casa como tema. Primera aproximación antológica de la casa en Venezuela, Museo de Bellas Artes, 1989