
Archivo de la etiqueta: Textos fundamentales
TEXTOS FUNDAMENTALES

Las casas de los caraqueños
Edgar Pardo Stolk
Gráficas Herpa
1969
La publicación del libro Las casas de los caraqueños el año 1969, le brindó a su autor, Edgar Pardo Stolk (1905-1982), la oportunidad de expresar de una forma sencilla, no necesariamente exhaustiva y sin exageradas pretensiones literarias o académicas, su particular interpretación del proceso de crecimiento y transformación de Caracas a través de un tema que, como para cualquier ciudad, constituye el insumo fundamental de su tejido urbano: la vivienda.
Editado en 1969, cuando ya habían pasado las celebraciones del cuatricentenario de la capital venezolana y el sacudón del terremoto (ambos, como se sabe, acontecidos en 1967), y coincidiendo con la aparición de Caracas a través de su arquitectura de Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani (que quizás lo opacó en cuanto a interés dentro del medio arquitectónico), Las casas de los caraqueños, como el mismo Pardo Stolk manifiesta en el “Prólogo”, parte de una curiosa inquietud originada de una observación que como habitante y conocedor de su ciudad natal lo había acompañado durante mucho tiempo: “la coincidencia entre el estilo de las construcciones oficiales y el de las particulares de la misma época”.

diciembre de 1967.
De dicha semejanza observada, influida sin duda por la presencia de gobiernos de tinte autoritario que caracterizaron el país prácticamente desde su emancipación pero muy particularmente durante los primeros 35 años del siglo XX, surgen como primeras hipótesis, por un lado, el afán de parte de cierto sector de la población de ponerse a tono con lo que el gobierno realizaba y, por el otro, “el hecho de que hasta hace solamente pocos años, la mayoría de las personas que disponían de los fondos para hacer construcciones de relativa importancia, eran parte del Gobierno y por lo tanto estaban afectadas por la misma inclinación”.
Sin embargo, una vez graduado en la Universidad Central de Venezuela primero de agrimensor (1921) y luego de Doctor en Ciencias Físicas y Matemáticas (1926), y trabajando en los servicios técnicos del Ministerio de Obras Públicas (MOP) entre 1922 y 1929, a Pardo Stolk se le amplía el rango posibilidades para obtener respuesta a sus inquietudes. Viendo lo que acontecía en otros países intuye que en el nuestro posiblemente impactaban otros dos factores o variantes que influyeron directamente en la ejecución de las construcciones: la moda o gusto del momento, “el cual no sé por qué sistema, dado lo escaso y difícil de las comunicaciones, se regaba por el mundo con una rapidez sorprendente”; y “la aparición de nuevos materiales y la llegada de artesanos con nuevas escuelas”.
Abrumado por lo amplio del tema, número de variantes y causas del fenómeno para cuyo complejo abordaje no se sentía suficientemente preparado, Pardo Stolk había decidido abandonar la idea de realizar publicación alguna. Será gracias a la posibilidad que le abrió el contar con una excelente máquina fotográfica y de “haber leído unos libros sobre la mejor manera de usarla” que retomará, armado con ella y desde otra mirada, sus recorridos por Caracas con base en itinerarios muy precisos. “Mientras hacía esto -dirá Pardo Stolk- iba reviviendo toda una serie de anécdotas e incidentes que sólo quedan en la tradición oral y al final pensé que quizá eso, en sí mismo, era de mayor interés”.



Sobre dicha base absolutamente empírica, a la que se sumaron 40 años de experiencia profesional tanto en el sector público como en el privado (Stolk participó en 1930 como auxiliar del doctor Hernán Ayala en la ejecución de los trabajos de reformas del Panteón Nacional según proyecto de Manuel Mujica Millán, y más tarde interviene en los proyectos de ingeniería de la Escuela de Medicina y del Hospital Universitario de Caracas), el haber liderizado importantes estudios y proyectos (como el estanque de El Polvorín para el abastecimiento del agua de Caracas en 1934 o la planta de las Salinas de Araya inaugurada en 1942), elaborado normas y leyes (en 1936, redactó las primeras “Normas para la construcción de edificios”), participado en o dirigido reconocidas instituciones y ostentado altos cargos (entre otros, Jefe del Servicio de la Dirección de Vías de Comunicación del Ministerio de Obra Públicas entre 1929 y 1930; Director Técnico del Ministerio de Obras Públicas -1933-; Presidente del Colegio de Ingenieros de Venezuela en 1932 y entre 1942 y 1943; Miembro de la Comisión Nacional de Urbanismo -1946-; y entre 1947 y 1948 Ministro de Obras Públicas en el gobierno de Rómulo Gallegos); y elegido Miembro Correspondiente Nacional de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (1960) e Individuo de Número en 1964, Pardo Stolk decide escribir Las casas de los caraqueños.
De esa manera y con ese bagaje, da salida a una visión muy particular salpicada de historia e importantes datos sobre: la manera como se construía en el país, las técnicas utilizadas y los materiales empleados; la tipología de la vivienda entre medianeras del centro de la ciudad; los lugares donde las primeras casas fueron apareciendo fuera del casco central y los estilos que poco a poco se fueron asumiendo; las relaciones entre el desarrollo urbano y el poder; la incorporación paulatina de las normas sanitarias en la construcción; el cambio de paradigma de Europa a los Estados Unidos después de la Primera Guerra Mundial; la escasa participación de profesionales en la construcción de la ciudad durante el primer cuarto de siglo donde cualquiera lo hacía sin orden ni concierto; la tímida presencia inicial de Alejandro Chataing, Ricardo Razetti y Luis B. Castillo en la realización de obras públicas y la posterior llegada de los primeros arquitectos formados en el exterior (Alfredo Jahn, Carlos Guinand Sandoz, Manuel Mujica Millán, Carlos Raúl Villanueva y Luis Malaussena); la aparición de los grandes urbanizadores (Luis Roche y Juan Bernardo Arismendi como los más destacados); el arribo de los constructores catalanes (a finales de los años 20) y vascos (a finales de los años 30); la revalorización de las actividades de los ingenieros y arquitectos tras la muerte de Gómez y la creación de la Escuela de Arquitectura de la UCV; el tránsito de la vivienda unifamiliar a la multifamiliar y el surgimiento de las “casas de vecindad”; las dificultades para implantar la Ley de Propiedad Horizontal; para finalizar con un análisis de la formación y posterior consolidación de los primeros barrios de ranchos y las viviendas que los conforman.


Con la sinceridad por delante, Pardo Stolk confiesa que, en definitiva, el libro resultante “no es ni de arquitectura ni de historia, sino una simple narración de tradiciones por los mayores en la familia, o de incidencias observadas o vividas por mí y que acompaño con la información gráfica obtenida”.
Pese a ello, por la manera como trata el tema y la abundante cantidad de imágenes que posee (no todas de buena calidad ni debidamente identificadas), Las casas de los caraqueños se trata de un libro de referencia y de consulta de donde se pueden extraer significativos datos sobre la situación política, social y económica del país. Sus 9 capítulos, 136 páginas sin numerar y cerca de 210 fotografías (todas realizadas por Pardo Stolk, a las que se suman dos dibujos) guardan, para quien sepa leer entre líneas, muchos secretos que permiten desentrañar un proceso que se inicia con el análisis de la casa típica de Caracas anterior a 1940 (que no es otra que la casa urbana entre medianeras del centro) y que, transitando por el proceso paulatino de poblamiento de la ciudad primero a través de casas (curiosamente Pardo Stolk no utiliza ni una sola vez el término “quinta” como sinónimo a lo largo de todo el libro) y luego de edificios, concluye con una propuesta de avanzada relacionada con la observación acerca de la manera como se va dando la transformación de ranchos en viviendas consolidadas gracias a la participación de los usuarios en la autoconstrucción de las mismas.

Así, sobre este asunto, Pardo Stolk nos dejará en el último párrafo del libro la siguiente reflexión: “Vale la pena pensar en la tremenda fuerza de realización que supone esa cantidad de personas, con interés directo en el resultado, y lo que realizaría, si fuera adecuadamente guiada, en la organización y coordinación de un servicio adecuado, que debería prestar gratuitamente, todo profesional de la ingeniería o de la arquitectura, en los barrios cercanos a su vivienda”.
ACA
Procedencia de las imágenes
Todas menos la 2. Edgar Pardo Stolk. Las casas de los caraqueños, 1969
2. Venezuela en Retrospectiva (https://venezuelaenretrospectiva.wordpress.com/2018/05/19/edgar-pardo-stolk/comment-page-1/)
CONTACTO FAC 313
TEXTOS FUNDAMENTALES

Apolo en la democracia
Walter Gropius
(Prólogo de Carlos Raúl Villanueva)
Monte Ávila Editores
1968
Apolo en la democracia se trata del último libro publicado por Walter Gropius (1883-1969), el célebre fundador de la Bauhaus, antes de su fallecimiento. El que lo hayamos seleccionado como parte de nuestros “textos fundamentales” obedece al hecho de que su edición para todos los países de habla española junto a su traducción (a cargo de Norberto Silveti Paz), fue realizada en 1968 por la editorial venezolana Monte Ávila Editores, siendo el Prólogo escrito para la ocasión por el maestro Carlos Raúl Villanueva.


Fue lanzado un año después de su publicación en alemán, cuyo título fue Apollo in der demokratie (Kupferberg. Mainz & Berlin), y en simultáneo con la edición en inglés (McGraw-Hill) Apollo in the democracy (subtitulado The cultural obligation of the architect). El libro venezolano se realizó en tapa dura, en formato de 25,5 x 18,5 cms, tiene 148 páginas y fue impreso por Editorial Arte. La cubierta la diseñó John Lange.

La selección, ordenamiento y preparación del material que conforma Apolo en la democracia (alocuciones, artículos y conferencias llevadas a cabo por Gropius entre 1956 y 1965, a excepción de “Construcción de un teatro” y “Estructuración de Edificios para Museos” que se remontan a 1934 y 1946, respectivamente), estuvo a cargo de Ise Frank (1897-1983), su compañera desde 1923 cuando se casó con quien entonces era director de la Bauhaus y ella secretaria, editora y organizadora, compartiendo la autoría de algunos de los escritos de su marido (lo cual no fue reconocido sino muchos años después), asumiendo posteriormente la edición de todo lo producido por él.
El índice del libro está conformado por el “Prólogo” (como ya se mencionó, elaborado por Carlos Raúl Villanueva en 1968), la “Introducción” (escrita por Gropius en 1966) y los siguientes textos: “Apolo en la Democracia” (1956) -que da el nombre a la publicación-; “La ‘Brújula Interior’” (1958); “‘Unidad en la Multiplicidad’. Una paradoja de la Cultura” (1958); «‘El ‘Árbol de la Vida’ y las ‘Espirales de Venta’” (1961); “El Arquitecto en el Espejo de la Sociedad” (1961) -el que expresa con mayor claridad el ideario de Gropius-; “Un Nuevo Pacto con la Vida” (1963); “Tradición y Continuidad en la Arquitectura” (1965) -el más extenso y mejor ilustrado y donde se desmonta la idea de que la “funcionalidad” postulada por Gropius no respondía a un enfoque utilitarista, sino que implicaba una dimensión trascendente que la emparentaba con la noción de “tradición”-; “Japón, País de la Arquitectura” (1960) -en el que lejos de propugnar un universalismo transnacional incluye la cualidad nacional de toda nueva arquitectura-; “Estructuración de Edificios para Museos” (1946); “Construcción de un Teatro” (1934); “Encuentros: Peter Behrens, Frank Lloyd Wright, Ludwig Mies van der Rohe, Le Corbusier, Igor Strawinsky” (1963). “Referencias”; e “Índice de Ilustraciones”.


Como se podrá notar se trata de un abanico amplio de tópicos que permiten por su diversidad considerar el libro como resumen de una trayectoria, reflexión madura sobre diferentes asuntos y revisión de algunos de los postulados fundamentales que Gropius enarboló a lo largo de toda su vida tanto en su rol de docente como en el de profesional. Es así como son abordados temas cruciales de la segunda posguerra como la producción de calidad en la sociedad industrializada y en el universo de la mercantilización. También, a la tendencia cada vez más arraigada y extendida hacia la especialización, Gropius opone una concepción «total» del hombre y de la arquitectura que ya había anunciado años antes en Alcances de la arquitectura integral (1943). Entre otros temas tratados en el libro, el ideal de belleza en la era de la máquina, el principio de unidad en la diversidad, el papel del arquitecto en la sociedad moderna y la perennidad de las tradiciones constructivas cobran un lugar preponderante. Para cerrar, el volumen se completa con unos «encuentros» con figuras relevantes de la arquitectura y la cultura del siglo XX a los cuales Gropius, en tono anecdótico, refiere en momentos cuando tuvo la oportunidad de compartir experiencias y dedica elogiosas palabras.

En el “Prólogo” escrito por Villanueva, quien transitaba si se quiere una etapa particular en su vida, con un bajón en su actividad profesional luego de los intensos años transcurridos entre de 1930 a 1958, encontramos una importante cercanía con los planteamientos hechos por Gropius a quien venía siguiendo desde hacía mucho tiempo. Así, luego de destacarlo dentro de los grandes maestros, por su “prosa concisa pero elocuente, estrictamente utilitaria y verdaderamente explicativa”, y de afirmar que cuando escribe “lo hace con un objetivo muy determinado”, percibiéndose en sus páginas “siempre con claridad el problema que le interesa discutir”, Villanueva considera que el asunto central de Apolo en la democracia “es el de la razón de ser y de existir de la belleza en un mundo caótico y confuso. La Belleza, como posibilidad en todas las cosas, y como derecho colectivo, constituye, como apremio extraordinario, el valor que debe ser institucionalizado nuevamente en la civilización que se está forjando”.
Detecta Villanueva, dentro del discurso del maestro alemán, “un reproche lleno de angustia e impregnado de amargura” hacia el mundo capitalista norteamericano, el cual a través de “un mercantilismo arrollador” considera como causante de “profundos desajustes, incomprensiones y deformaciones” de lo que inicialmente había sido su apuesta por “el amanecer del nuevo diseño, sabio y racional”, impulsado desde la creación de la Bauhaus.
Sin embargo, Villanueva resalta de la trayectoria humana de Gropius tres aspectos totalmente actuales y que sin duda comparte: “la exigencia perentoria de la responsabilidad social, la necesidad de la reforma periódica de la enseñanza, (y) la urgencia de una metodología del diseño ajustada a las nuevas dimensiones de los problemas”. Aquí tal vez vale la pena recordar que un año después de la aparición del libro se desencadenará el proceso de Renovación Académica dentro de la Escuela de Arquitectura de la UCV, que tuvo en Villanueva uno de sus principales puntales, basada justamente esos tres temas subrayados dentro de la actividad vital de Gropius y que ya venían siendo practicados a nivel profesional por algunos jóvenes arquitectos venezolanos.
Concluirá Villanueva en un momento de su escrito cómo “la actualización de las estructuras, realizada con audacia, sin prejuicios y como prueba de participación y de conciencia de cada quien”, propiciada por Gropius, se convierte en una lección actual y permanente.


Tras destacar como temas “gropiusianos” el del caos urbano patente tanto el mundo desarrollado como subdesarrollado, “que no admite … otra solución fuera de un auténtico control de los cambios de uso mediante la propiedad colectiva de la tierra urbana”; el de “la importancia, para el arquitecto, de practicar desde el comienzo, con la autoridad derivada de la experiencia compartida en el equipo, en la prefabricación y la industrialización”; o el de su preocupación por la pasividad del arquitecto frente a los cambios y a los saltos cualitativos y cuantitativos (“…la sordera del corazón y de la mente, de que padece el arquitecto de hoy”), Villanueva concluye que “la audacia de la previsión y la previsión de la audacia es, en el fondo, lo que más nos atañe, en nuestro difícil y atormentado desarrollo, de la enseñanza de este grande, ilustre maestro”.

Sobre el cómo se le abrió a Monte Ávila Editores la oportunidad de publicar el libro sabemos a través de Walter GROPIUS proclamas de modernidad. Escritos y conferencias, 1908-1934, editado por Joaquín Medina Warmburg en 2018, que “En el Bauhaus Archiv de Berlín ha quedado constancia de un ambicioso proyecto de la editorial Nueva Visión: a comienzos de 1957 se pusieron en contacto con Gropius para pedirle las ilustraciones originales de la monografía de Argan (publicada ese mismo año por Nueva Visión) y de paso le anunciaron su intención de traducir y editar en 1958 la serie completa de los Bauhausbücher, en relación con lo cual le consultaron sobre la viabilidad técnica y legal del proyecto, que finalmente no prosperó. Fue Ediciones Infinito -otra editorial bonaerense nacida en 1954 como escisión de Nueva Visión- la encargada de publicar en 1963 un único volumen de aquella legendaria colección: La nueva visión, de László Moholy-Nagy. Infinito había traducido y editado ya, por mediación de Hardoy, una antología de artículos de Gropius con el título de Arquitectura y planeamiento (1958). Simultáneamente publicaron el Pioneros del diseño moderno: de William Morris a Walter Gropius, de Nikolaus Pevsner. Hardoy había intentado publicar la versión en español de su Scope of total architecture, de 1955, pero una tercera editorial porteña, Ediciones La Isla, se le adelantó con la compra de los derechos y lo publicó como Alcances de la arquitectura integral en 1956. El éxito de ventas de todos estos libros hizo que Infinito, esta vez a través de Carlos Méndez Mosquera -antiguo secretario de redacción de Nueva Visión y cofundador de Infinito junto a Hardoy-, propusiera a Gropius ya en 1960 la traducción de su conferencia ‘Apollo in democracy’ (1956), pero en este caso fue la editorial venezolana Monte Ávila la que finalmente se hizo con los derechos del libro con el mismo título, cuya versión en español editó en 1968”.
Para finalizar y como explicación del título del ensayo que a su vez permitió denominar el libro (que en resumen “trata de la creación de lo bello y de la intensidad de su eco dentro de la sociedad democrática”), Gropius en la “Introducción” apunta con clara vocación nietzscheana: “El eterno péndulo de la posición del espíritu en la cultura y la arquitectura oscila del polo dionisíaco al apolíneo, de la ebriedad y el caos a la contención y la armónica medida. Hasta en el artista individual hallamos estos antagonismos polares en permanente lucha y equilibrio. El Apolo de los antiguos era aristócrata y aliado cultural de los príncipes y las clases privilegiadas. El mecenas se desarrolló conforme a su modelo. La democracia del siglo XX tiene que sustituir al mecenas por la voluntad cultural del ciudadano. En ella Apolo se convierte en un nuevo símbolo cultural, haciendo contrapeso frente al poderío materialista de la técnica. Todos estamos llamados a colaborar en esa imagen”.
ACA
Procedencia de las imágenes
Encabezado, 4, 5, 6 y 7. Walter Gropius. Apolo en la democracia (1968)
1, 2 y 8. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad
3. https://www.artsy.net/article/artsy-editorial-forgotten-story-mrs-bauhaus


