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Comenzar por el principio

Por Gonzalo Tovar Ordaz

“Como vaya viniendo, vamos viendo”

Eudomar Santos, personaje de telenovela del siglo XX, devenido en filósofo popular e ideólogo de la gestión pública

Desde los eventos del pasado mes de enero, no hay día en que en las noticias no se hable de cambios en el modelo económico, así como de la necesidad de grandes inversiones para recuperar la infraestructura del país, tanto en lo institucional como en la operación propiamente dicha de las mismas. Se utilizan palabras que van desde la simple mejora para paliar problemas puntuales o para posibilitar el esperado crecimiento económico en algunos sectores, hasta la necesidad de reconstruir como un todo, dando por hecho el profundo deterioro de aquellos elementos y sistemas que hacen posible la producción, el comercio o simplemente la vida cotidiana.

En el contexto mencionado, no pocos economistas se han apurado a plantear escenarios sobre diversas materias, comenzando por la producción y los ingresos petroleros, y aunque no han llegado a ponerse de acuerdo en una cifra, casi todos han dicho que ese aumento de producción solo será posible si se hacen inversiones en el sistema eléctrico, así como en la formación de personal técnico. Algunos de esos economistas han añadido la necesidad de contar con vías de comunicación en buen estado y algunos, más atrevidos, han asomado la necesidad de mejorar los servicios públicos en las ciudades cercanas a los centros de producción petrolera, que podrían recibir impactos derivados de dicho incremento de la actividad e incluso de la migración interna de población.

Sabemos que Venezuela es desde hace más de medio siglo un país fundamentalmente urbano, como concepto, y tenemos una noción, por experiencia, de cómo se configuran los servicios públicos y de infraestructura que hacen posible el funcionamiento de esas ciudades; sin embargo, tanto para esa visión general, como para el conocimiento específico que permita orientar inversiones, adolecemos de información básica y oficial, comenzando por no conocer, ni siquiera, el tamaño real de la población del país y su distribución en el territorio.

El último censo nacional de población publicado se elaboró en 2011, antes de los mayores movimientos migratorios observados en nuestro país en toda su historia republicana. La página web del Instituto Nacional de Estadística INE anuncia en marzo de 2026 que la población total del país es de poco más de 34 millones de habitantes, pero aclara que eso es una proyección al año 2024 de los datos del censo del año 2011; es decir, es el dato resultante de proyectar con base en tendencias y comportamientos históricos, previos a 2011, los datos resultantes de ese censo de hace 15 años y, por supuesto, sin considerar que según la Agencia Mundial de las Migraciones casi 1 de cada 3 venezolanos salió del país en los últimos 15 años. Si se solicita ante dicha institución dependiente del Ministerio del Poder Popular para la Planificación la desagregación de dicha información por estados o municipios, como lo hice hace algunos meses, se reciben los viejos CDs que fueron producidos hace más de 13 años, con las proyecciones de población elaboradas a partir del censo del 2011. La última publicación de la fuerza de trabajo del INE data de hace más de 3 años y sus cifras resultan poco creíbles, ya que parece que fueron hechas para calzar con la proyección de población ya comentada, hecha antes de la migración masiva de venezolanos.

Lo mismo ocurre en casi todos los ámbitos. Hace ya 10 años que dejaron de publicarse los boletines epidemiológicos y no hay información detallada sobre la capacidad real de nuestros hospitales. No sabemos con certeza cuántos estudiantes hay efectivamente en el país, o cuántos empleados públicos o cuántos pensionados o cuál es el estado real de nuestras carreteras o de los sistemas de abastecimiento de agua potable. Apenas hace una semana el BCV publicó una tasa de inflación luego de dos años de silencio institucional. Cuando queremos describir la situación casi todos coincidimos al decir que “está mal” e incluso es bastante frecuente escuchar que “seguramente estará peor de lo que uno se imagina cuando se pueda entrar a esas instituciones y conocer realmente cual es la situación”, pero más allá de la desesperanza cualitativa, en muchas materias vitales no existe un dato oficial que describa la situación real.

Al igual que muchas familias venezolanas se acostumbraron a cruzar la crisis en modo sobrevivencia, viviendo un día a la vez, sin poder tener una visión del futuro y sin poder planificar, más allá del cómo resolver la comida del día o del plan de irse a otro país, el Estado de la república de Eudomar Santos también se acostumbró en estas últimas décadas a trabajar sobre la marcha, sin presupuestos reales, sin información pública y oficial y, peor, en muchos casos, confundiendo la información estadística con la propaganda de gestión, lo que da lugar a cifras sin sustento que retan al sentido común. Así, por ejemplo, a finales del 2025 se anunciaba con bombos y platillos la entrega de la vivienda 5,3 millones construida por el Estado en los últimos 20 años, cifra que de ser cierta significaría que casi 4 de cada 5 venezolanos viven hoy en casas construidas por la Misión Vivienda, lo cual no hay que elaborar mucho para saber que no se corresponde con la realidad.

Diversas instituciones y grupos de trabajo han tratado de cubrir el déficit de información oficial en estos años, trabajos como la encuesta ENCOVI son prueba de ello. No pocos investigadores se las ingenian haciendo supuestos, elucubraciones y reglas de tres, a veces con connotaciones esotéricas, para intentar describir una realidad respecto de la cual todos tenemos una percepción, pero pocas certezas medibles, ante la ausencia de datos oficiales.

El recordado profesor Víctor Fossi nos decía a sus alumnos hace ya casi 4 décadas que en momentos de crisis extremas (y qué duda cabe que llevamos años en una de ellas) era difícil equivocarse estableciendo las prioridades, porque todo hace falta; pero también nos decía que se planificaba para dar el mejor uso posible a recursos que eran escasos y qué duda cabe, también, que los recursos de los que dispondrá el país pueden ser muy importantes, pero siempre insuficientes para el tamaño y la diversidad de los problemas a enfrentar.

Mucho se habla en estos días de la reinstitucionalización del país. Parte importante de esa tarea consiste en contar con información pública, oficial y creíble, que sirva de sustento a la toma de decisiones de corto plazo y permita planificar con criterio técnico para dar el mejor uso posible a los recursos disponibles y por llegar.

Mucho se habla en estos días que un cambio de modelo económico y de ambiente político puede motivar el regreso de una parte de los venezolanos que hoy viven en otros países y también puede atraer importantes inversiones y generar nuevas oportunidades para el mejoramiento de la calidad de los venezolanos. Pero esa mejora solo será posible si se cuenta con la información necesaria para planificar, tomar decisiones y evaluar los resultados que se obtengan.

Quienes hablan hoy de la reconstrucción de la infraestructura de nuestras ciudades como requisito para los nuevos proyectos que impulsarán la economía y como sustento de una mejora en la calidad de vida tienen razón al señalar esa necesidad. Pero la necesidad es aún mayor, porque, luego de años de secretismo institucional, abandono de la generación de data histórica y campañas de propaganda orientada a maquillar la realidad, nos toca comenzar por el principio, generar información pública, creíble y coherente que permita planificar y actuar de manera ordenada. Por el contrario, hacerlo apagando incendios en base a intuiciones, sin conocimiento real de dónde estamos, sin poder tener algunas certezas hacia el futuro y sin coherencia entre distintos actores por no haber un diagnóstico socialmente aceptado, solo prolongará la crisis, mantendrá las vulnerabilidades y hará de esta otra oportunidad perdida. Nos toca comenzar por el principio.

Gonzalo Tovar Ordaz. Urbanista (USB) con postgrados en planificación y gestión urbana y en sistemas de información, ha sido consultor, investigador, profesor universitario y gerente en diversas empresas e instituciones desde 1990. Ha participado como consultor o coordinador en más de 200 proyectos y estudios relacionados con urbanismo en más de 25 países de América, Asia, África y Europa. Actualmente es el vicepresidente de la Sociedad Venezolana de Urbanistas y presidente de la firma TDR Urbanistas y asociados.