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Por mucho tiempo relegada a un segundo plano de entre las casas emblemáticas dentro de la década de los años 50 y milagrosamente preservada en virtud de la zona donde se ubica, la Casa Borges emerge como expresión de un momento en que Venezuela gozaba de una bonanza que hoy añoramos y del afán de desmesura de su propietario, el ingeniero René Borges Villegas, diputado al meramente decorativo Congreso de la República que aún se mantenía durante los años de gobierno militar.
Según se recoge entre las diferentes y muy variadas crónicas que dan cuenta de ella, el diseño de la casa (denominada a veces como quinta, otras como mansión y las más como villa o palacio), ubicada en la entrada a Filas de Mariches, sector La Florencia de Petare Norte, Municipio Sucre, fue encargada por Borges Villegas, al arquitecto italiano Athos Albertoni quien contó con la colaboración de Guido Guazzo (1930-2016), joven que había fijado su residencia en el país después de haber egresado de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Florencia, institución de la que Albertoni fue decano y ciudad donde desarrollaba su actividad docente y profesional.
Según testimonio recogido el 22 de mayo 2011 en el blog Caracas en retrospectiva a cargo de María F. Sigillo procedente de una entrevista concedida por Guazzo a Gil Montaño, aparecida en el diario El Universal el 15 de febrero de 2009, la participación de quien luego revalidara su título en la FAU UCV en 1959 y fuese durante años profesor del área de tecnología de esa institución, se hace relevante gracias la elaboración de una maqueta que hiciera del proyecto de Albertoni, la cual entusiasmó finalmente a Borges Villegas a construir la casa en 1956 para ser terminada en 1958. Guazzo incorpora en esa entrevista como datos de interés: “Llegué al país en 1956 y conocí a la esposa e hijos de Athos Albertoni. Él me invitó al terreno y allí me presentó a René Borges Villegas, una persona genial, que supo comprar un espacio con vista extraordinaria y le encomendó a Albertoni la construcción de un gran reino residencial. Desde allí se visualizaban las montañas verdes de una ciudad con pocos edificios y ranchos. Se domina completamente el Valle de Caracas. (…) Es un sitio muy estratégico” que Borges Villegas, quien también era piloto, había avistado en un vuelo que hiciera en helicóptero en busca del lugar donde ubicar su residencia.
Guazzo, quien considera a Borges Villegas un filósofo y le atribuye la concepción de la urbanización El Marqués, también le otorga un crucial papel en la ideación de la que sería su casa: “Cuando lo conocí me di cuenta de que tenía una cultura universal impresionante, que la obtuvo de sus viajes a Europa. En esa época él era diputado del Congreso de Marcos Pérez Jiménez, y en el fondo lo que más vale es quién concibió las ideas y ordenó plasmarlas en un diseño hecho por arquitectos”. Y añade: “Era un hombre de buena posición social … y ganó mucho dinero”. Se encontraba casado con Nelly Zingg Aranguren dama proveniente de una familia de la alta sociedad caraqueña a quien se dice dedicó la villa como prueba de amor.


La casa de tres plantas, cuenta con tres habitaciones principales (con terrazas, salas de baño con acabados de lujo y extensos vestiers), cuatro habitaciones familiares y once para el servicio con pequeños sanitarios incluidos. De acuerdo a lo que aporta el artículo “Villa Los Borges: La Arquitectura en todo su esplendor” aparecido en el portal Hábitatplus (http://www.habitatplus.com.ve/venezuela/villa-los-borges-la-arquitectura-en-todo-su-esplendor/), también en ella destacan otros lujos “como ascensores para los inquilinos y visitantes, otro para la comida, cocinas y hornos que funcionaban con electricidad, gas y leña, ductos para la ropa sucia, un incinerador propio y una central telefónica. (…) La villa también posee un gran comedor, una biblioteca, una barbería, gimnasio y sauna; una fuente, espejo de agua, estacionamiento para unos 20 vehículos, un bar y una piscina de planta ameboidal, revestida en mosaicos vitrificados tipo veneciano, entre otras comodidades. (…) Peculiar singularidad es el sistema de seguridad de la villa… dotada también de una planta eléctrica capaz de abastecerse de luz y un tanque de agua que reposa en sus sótanos…”. La participación de Borges Villegas en el diseño de los grandes espacios, salas, balcones, closets, cocina y hasta el helipuerto con el que la vivienda cuenta fue intensa: “Siempre supo -apunta Guazzo- que cada una de las 17 habitaciones se construirían para que entrara el sol de la mañana y luz natural en la tarde. Hice una maqueta y se encantó cuando la vio, la ajustó y después se construyó un hogar con área musical que tenía un piano y un tocadiscos.”. Como elemento adicional, a escondidas de los arquitectos, el propietario incorporó “un búnker de seguridad … un pasaje secreto con baño, cuarto, cocina y salida oculta al exterior”. En cuanto a la escogencia de los materiales y acabados de lujo (como mármol, madera, bronce y cerámicas), incorporación de una piscina, un observatorio astronómico y fuentes de agua en los cuales el propietario también jugó un papel determinante, Guazzo aporta lo siguiente: “Borges me dijo que en vez de gastar plata en el extranjero quería dejar un monumento en Venezuela para que sus ciudadanos conocieran una construcción de un hombre renacentista, con ideas de artistas como Miguel Ángel y Leonardo da Vinci.”



El potente diseño arquitectónico, que definitivamente si corresponde a los profesionales contratados, ofrece claras influencias de la obra de Frank Lloyd Wright reflejadas en el predominio de la horizontalidad del volumen reforzada a través de la utilización de generosos voladizos que denotan la presencia de marquesinas, techos y terrazas. La fluidez espacial entre el interior y el exterior que se abre hacia la impresionante vista de Caracas y la monumentalidad en el manejo de ciertos espacios pasan a ser momentos en los que amplios ventanales, generosas escaleras y dobles alturas hacen acto de presencia.
Pensada y realizada como un palacio, sin escatimar esfuerzos, las cifras que arrojan las dimensiones que la acompañan hablan por sí solas: 6.137 m2 de construcción en más de 2 hectáreas de terreno (21.231 m2 para ser más exactos) de las cuales 1 y media están destinadas a áreas verdes.
Como también aporta Hannia Gómez en Las Italias de Caracas (2012), “uno de los valores extraordinarios de esta villa legendaria, es el conjunto de obras de arte integradas a la arquitectura. El gran salón a doble altura está flanqueado al este por una colección de apliques en vidrio de Murano, tipo ‘scavo’, del gran artista italiano de la Casa Cenedese Vetri, Napoleone Martinuzzi; el baño principal cuenta con dos hermosos plafones de vidrio atribuidos a la casa Verrieres Artistiques Barovier & Toso … y dos apliques murales tipo acuario de otro maestro de Cenedese Vetri, Alfredo Barbini. Finalmente, sobre los muros de la gran escalera, de la chimenea y del pabellón de la piscina se encuentran colocadas una serie de diecisiete extraordinarias esculturas cerámicas atribuidas al maestro argentino-italiano Lucio Fontana. Igualmente atribuido a Fontana es el rótulo ‘Casa Los Borges’ ”.
Prácticamente desconocida, oculta e inaccesible, invisible pese a su tamaño dentro del macizo formado por el crecimiento desenfrenado de la vivienda informal que ha cubierto los cerros de Petare, la casa se mantuvo como hogar de la familia Borges Villegas entre 1958 y 2006, habiendo sido declarada Bien de Interés Cultural, según la Resolución N° 003-5, de fecha 20 de febrero de 2005.
En 2006 la Alcaldía del Distrito Metropolitano de Caracas compró la edificación, pero no se concretó ningún proyecto para ella por lo que fue presa de un incremento en su nivel de deterioro debido al abandono y la falta de mantenimiento.
Finalmente “en 2009, la Alcaldía Metropolitana de Caracas consiguió recuperarla no sólo con la finalidad de preservar su belleza y arquitectura, sino también para convertirla en un centro comunitario que vinculara el entorno urbano, las universidades, las industrias y los vecinos de Petare”, señala el artículo de Hábitatplus.
Convertida en el Centro Simón Díaz (CSD), proyecto orientado a la integración socio-cultural de las comunidades de escasos recursos a programas de capacitación, formación y recreación dirigidos a los habitantes de Petare, la Casa Borges en sus amplios espacios prestó una vez remodelada los siguientes servicios: Biblioteca Pública Popular Miguel Otero Silva, Centro de Aprendizaje de Tecnología de la Información y Comunicación y Proyecto Red-Com, Núcleo de Orquestas Julián Blanco, Charlas de Prevención (embarazo, violencia, drogas, salud bucal, fortalecimiento en valores), Escuela de Artes y Oficios, Taller de Autoconstrucción, Club de Abuelos, Escuela de Cocina, de Horticultura y Planes Vacacionales. Además, sus instalaciones han funcionado como Galería, Sala de Exposiciones y de Usos Múltiples, Centro Comunal y Casa del Voluntariado, y sus áreas verdes como parque y anfiteatro.



En 2010 la Alcaldía Metropolitana como parte del proceso de adecuación y restauración de la sede del Centro Simón Díaz (CSD) y de su necesaria integración urbana convocó el Concurso de Anteproyectos “Una Idea, Un Espacio, Una Luz”. El primer lugar fue otorgado a la propuesta presentada por AREPA Arquitectura, Ecología y Paisaje, C.A., coordinada por el arquitecto Ignacio Cardona, por considerar, de acuerdo a las palabras del jurado, que “garantiza adecuadamente la conectividad y accesibilidad entre el Centro Simón Díaz (CSD) y su entorno urbano, al tiempo que genera una rica secuencia de espacios públicos para la ciudad, dotados de actividad, acompañados de una concepción arquitectónica de calidad. A ello se suma el adecuado manejo de las escalas que implica el proyecto, es decir, la urbana, la local y la particular, relacionada con las conexiones entre el CSD y los barrios circundantes”.
Planteada para ser desarrollada en 5 etapas, la propuesta de AREPA, se encuentra recogida ampliamente en https://www.plataformaarquitectura.cl/cl/02-89329/primer-lugar-de-concurso-para-la-integracion-urbana-del-centro-simon-diaz-arepa-arquitectura y en https://www.arepa.info/proyectos/concurso-para-la-integracion-urbana-del-centro-simon-diaz-csd/, páginas que recomendamos consultar. Desde que en diciembre de 2017 fuese eliminada arbitrariamente la Alcaldía Metropolitana de Caracas no se conoce el estado en que puede encontrarse en Centro Simón Díaz y, en consecuencia, la edificación que lo alberga. Ojalá que los malos pensamientos que surgen del destino que ha tenido el país, su infraestructura y sus servicios en manos de quienes gobiernan desde hace 21 años, no nos haga lamentar dentro de poco que ello también haya ocurrido con una de las cinco más representativas casas construidas en los años cincuenta sobre las colinas de Caracas.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal. Colección Crono Arquitectura Venezuela
1-5. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.
6. https://www.arepa.info/proyectos/concurso-para-la-integracion-urbana-del-centro-simon-diaz-csd/

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La imagen que hemos seleccionado hoy para que acompañe nuestra postal corresponde a la propaganda de una marca que nace como consecuencia de la creación en 1894, por parte del emprendedor e industrial austríaco Ludwig Hatschek, del material que se conoce como fibrocemento, el cual patentó en 1900 y empezó a fabricar a partir de 1903 bajo el nombre comercial de Eternit.
Según consta en su biografía, Hatschek compró en 1893 una fábrica de papel en desuso en Schöndorf, cerca de Vöcklabruck, Austria. Para esta fábrica, adquirió máquinas de hilar de amianto (asbesto) usadas de una hilandería incendiada en Lend fibra que, sumada al cemento, celulosa, aire y agua, le permitió concretar la idea de producir un material “más ligero que el ladrillo, más barato que la pizarra y mejor que la chapa”. De lo que recogemos del portal https://www.eternit.at, Hatschek “llama al primer material de construcción producido industrialmente del mundo ‘Eternit’, derivado del latín ‘aeternus’, que significa algo así como ‘eterno’ y debería revolucionar el mercado: debido a las propiedades físicas especiales de los paneles Eternit, como resistencia a las heladas, resistencia al fuego y de peso ligero, el material de construcción encuentra rápidamente partidarios”.

Desde que comienza su producción industrial, Eternit tuvo un enorme éxito y aceptación dentro de la industria de la construcción en virtud de sus ventajas competitivas en el uso para cubiertas dado su bajo costo, al punto que el nombre comercial se dio a conocer prácticamente en todo el planeta, perteneciendo en cada país donde tiene presencia a diferentes empresas o grupos empresariales que la han adquirido con el paso del tiempo.
La que es lanzada como “la losa de hormigón más delgada del mundo” sirvió ya desde 1903 para techar naves industriales y fábricas en toda Europa imponiéndose paulatinamente a escala internacional, cobrando un auge inusitado a partir de la reconstrucción que se emprende después de la Segunda Guerra Mundial. El portal ya citado complementa: “El auge de la construcción en la década de 1960 dio lugar a una gran proliferación de edificios. Numerosos paisajes de tejados llevan la firma de Eternit, pueblos enteros están revestidos con el material de construcción. Eternit avanzó rápidamente de ser un material de construcción puro a ser el material de una cultura: a ser un material de construcción de culto, por así decirlo. Y el panorama de la arquitectura también fue tomando conciencia de la empresa. Inspirándose en las posibilidades estructurales, se forman alianzas con grandes de la arquitectura austriaca como Clemens Holzmeister, Mauriz Balzarek u Otto Wagner. A nivel internacional, son reconocidos arquitectos Oscar Niemeyer, Le Corbusier y Alvar Aalto quienes dan forma a la cultura moderna de la construcción y a la vez aparecen junto a Eternit. (…) El pabellón de la Expo de Nueva York de Gustav Peichl, la iglesia Steinhof de Viena de Otto Wagner, la Ortsstockhaus de Braunwald de Hans Leuzinger y la Maison Blanche de La Chaux-de-Fonds de Le Corbusier son solo algunos de los testigos contemporáneos de la exitosa historia de Eternit.”


Otro hecho destacado a mencionar fue cuando el diseñador Willy Guhl creó en 1954 la famosa silla de bucle, la cual se componía de una sola pieza elaborada con este material, y cuyo diseño reflejaba las cualidades propias del fibrocemento: delgado, ligero, resistente y atractivo.
Ampliamente conocido como “asbesto-cemento” la popularidad de dicha combinación sufre un duro golpe en los años 70, momento en que diferentes investigaciones emprendidas en los Estados Unidos determinan que la exposición prolongada con el amianto, cuyas propiedades asociadas a la resistencia al calor, al fuego y a las sustancias químicas además de no ser conductor de la electricidad y por ende un buen aislante térmico (características que lo habían impuesto por sobre el zinc, otro material muy utilizado para realizar cubiertas), acarreaba riesgos de contraer cáncer. La página https://www.cancer.gov/espanol/cancer/causas-prevencion/riesgo/sustancias/asbesto/hoja-informativa-asbesto, señala: “A fines de los años setenta, la Comisión de Seguridad de los Productos para el Consumidor de EE. UU. (U.S. Consumer Product Safety Commission, CPSC) prohibió el uso del asbesto en los compuestos para la reparación de tablaroca o cartón-yeso y en chimeneas de gas porque las fibras de estos productos podían escaparse al ambiente durante el uso. Además, en 1979, los fabricantes de secadoras de pelo eléctricas dejaron voluntariamente de usar el asbesto en sus productos. En 1989, la Oficina de Protección Ambiental de los Estados Unidos (U.S. Environmental Protection Agency, EPA), prohibió todo uso nuevo del asbesto; sin embargo, los usos establecidos antes de 1989 aún se permiten. La EPA estableció también normas que requieren que las escuelas inspeccionen los edificios para la presencia de asbesto dañado y para eliminar o reducir la exposición de los ocupantes mediante el retiro o el sellado del asbesto”. Y añade: “Es posible que la gente esté expuesta al asbesto en su trabajo, en su localidad o en sus hogares. Si los productos que contienen asbesto se sacuden, fibras pequeñas de asbesto se desprenden en el aire. Cuando se inhalan las fibras de asbesto, es posible que se alojen en los pulmones y que permanezcan ahí por mucho tiempo. Con el tiempo, las fibras pueden acumularse y causar cicatrices e inflamación, lo cual puede dificultar la respiración y llevar a serios problemas de salud”.
La marca Eternit, asociada desde siempre con la denominación asbesto-cemento, se vio obligada a modificar totalmente la fórmula de fabricación de los productos que utilizó durante años, sustituyendo el amianto por otros tipos de fibras, como fibras de celulosa, fibras vinílicas, o fibra de vidrio. También debió emprender una campaña de gran alcance para ir eliminando del inconsciente colectivo dicha asociación de la cual todavía quedan importantes resquicios en virtud de la enorme cantidad de metros cuadrados que aún permanecen cubiertos por sus productos. Todo ello ha dado pie a la aparición de otras marcas que hoy en día compiten con un sello que por años mantuvo un monopolio que, como ya se dijo, cobró visos culturales.


Regresando al tema directamente relacionado con la imagen de nuestra postal, sería bueno recordar que en la pujante Venezuela de los años 50, 60 y 70 los techos de las unidades pertenecientes al “Programa Nacional de Vivienda Rural”, impulsado por el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, que tenía como principal objetivo la “lucha contra el rancho” en ese medio, eran realizados en su totalidad en fibrocemento como muestra de que se había dejado en el pasado el uso de otros materiales que venían asociados a la proliferación de enfermedades. También como demostración de agilidad y eficiencia en su colocación, la cual requería de mano de obra no necesariamente especializada y permitía incorporar al propio usuario en la construcción de las unidades de vivienda ya que el producto venía con un set de elementos e instrucciones que facilitaban su instalación. Tal fue la penetración lograda que en algún momento Graziano Gasparini lo consideró como parte del proceso de transculturización y “modernización” sufrido por la arquitectura popular venezolana como consecuencia del paso de una Venezuela agrícola a una petrolera, donde se fueron sustituyendo por “eternit” un buen porcentaje de las cubiertas hecha con ramas, paja y demás productos vegetales, los techo de tejas y también al conocido «techo de zin». Posteriormente, el uso de otros tipos de lámina como la compuesta por aluminio y un aislante de asfalto liquido conocido por su nombre comercial de “Acerolit” (elaborando por Cindu) han entrado a formar parte del espectro de materiales ampliamente utilizado para abaratar costos y competir con el fibrocemento.
El diseño del anuncio aparecido en la revista Integral que hemos utilizado, muy probablemente pasó por las manos de Omar Carreño, conocido artista plástico venezolano quien tenía a su cargo la “dirección artística” de la publicación. También destacan del anuncio, además de su cuidado diseño, el que se promocione como “asbesto-cemento” y su versatilidad para ser usado “en la construcción”, “en la industria”, “en la arquitectura” y “en la decoración”, todo esto en plenos años 50 del siglo XX.
La gama de productos ofrecidos por Eternit Venezolana S.A., cuyo nombre aparece en el Directorio de la revista y cuyas oficinas estuvieron ubicadas en el selecto centro comercial La Gran Avenida (Plaza Venezuela), cuyos depósitos se ubicaban en la avenida Los Cármenes de El Cementerio y la fábrica en la avenida Bermúdez de Maracay (estado Aragua), abarcaba no sólo láminas para techos, sino también tuberías, tanques de agua y planchas para recubrimiento de fachadas, fabricación de muebles u otros objetos. Hoy Eternit Venezolana, que construyó un edificio sede en la Av. Chicago con Prolg. Milan, Los Ruices, Caracas, aún mantiene su planta en Maracay con una limitada producción y ha dejado en manos de diferentes concesionarios la distribución de su oferta.

Hoy en día el uso de fibrocemento en la industria de la construcción sigue ofreciendo múltiples posibilidades no solamente reducidas a su aplicación como elemento de cubierta. Son numerosas las obras de arquitectura que han aprovechado sus condiciones de aislante térmico y su resistencia al fuego y a las inclemencias del tiempo como recubrimiento y acabado final de importantes edificaciones de las cuales las revistas de arquitectura dan buena fe. Sus fabricantes lo ofrecen argumentando que los costos ambientales incurridos por el uso de fibrocemento son un 20 por ciento menores que, por ejemplo, el uso típico de ladrillo. También exponen que requiere menos gasto energético en el montaje y la construcción que todos los demás materiales de la pared, excepto la madera y un bajo consumo de energía en transporte e instalación. Además exponen que los costos ambientales relacionados con el agotamiento de la capa de ozono, las sustancias cancerígenas y las emisiones de desechos sólidos son casi insignificantes lo cual hace del fibrocemento (despojado definitivamente del asbesto como acompañante) un material que entra en sintonía con los más actuales requerimientos asociados a la sostenibilidad.
ACA
Procedencia de las imágenes
2. https://ortstockhaus.ch/archiv/sanierung-erneuerung/
3. https://nonsolarredi.wordpress.com/2013/10/04/nuovo-eternit-in-casa/
4. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad
5 izquierda. https://www.atlasofplaces.com/architecture/ricola-storage-building/

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1976 amaneció con la noticia de que Petróleos de Venezuela (PDVSA) asumía formalmente la responsabilidad de extraer y refinar el crudo venezolano, consolidando la nacionalización del sector. El acto formal que daba inicio al proceso estuvo a cargo del entonces Presidente Carlos Andrés Pérez, quien pronunció un discurso desde el pozo Zumaque I, lugar del reventón de 1914. Estábamos en medio de la “Gran Venezuela” que ese año registra su mínimo histórico de desempleo ubicándose en el 4%.
En esos 12 meses nuestro país recibía las visitas oficiales de Henry Kissinger (Secretario de Estado de los EE.UU), Josip Broz Tito (Presidente de Yugoslavia) y los Reyes de España a un año escaso de la muerte de Franco. Air France inaugura el servicio de sus modernos aviones supersónicos Concorde para cubrir la ruta directa París/Charles de Gaulle-Caracas/Maiquetía con frecuencia de un vuelo semanal, sueño que duró 6 años.
En lo político, la nación se conmociona con el secuestro por parte del Grupo de Comandos Revolucionarios del empresario estadounidense William Niehous, Vicepresidente de Owens-Illinois, quien será rescatado luego de tres años. Durante las investigaciones sobre el secuestro de Niehous, agentes de la DISIP arrestan a Jorge Rodríguez, quien muere en reclusión cinco días después de ser arrestado. También con relación al caso Niehous se levanta la inmunidad parlamentaria a los diputados Fortunato Herrera y Salom Mesa Espinoza.
Otra conmociones de diferente índole las constituyen, por un lado, la voladura en el aire de un avión DC8 de la línea aérea Cubana de Aviación con 73 personas a bordo, acto terrorista que tuvo como responsables a los cubanos Luis Posada Carriles y Orlando Bosch y los venezolanos Freddy Lugo y Hernán Ricardo; y, por el otro, la tragedia que supuso el estrellamiento cerca de la pista de aterrizaje del Aeropuerto de Lajes (Isla Terceira, Azores) del Hércules C-130 de la Fuerza Aérea que transportaba a todos los miembros del Orfeón Universitario de la UCV, incluido su director Vinicio Adames.

En aquel agitado año para nuestro país, en el plano cultural se registra la aparición de los libro Del buen salvaje al buen revolucionario, de Carlos Rangel y Algunas palabras, de Eugenio Montejo. También se estrenan importantes películas entre las que se pueden mencionar Sagrado y obsceno, de Román Chalbaud; Fiebre, de Alfredo Anzola, Juan Santana y Fernando Toro; A propósito de Simón Bolívar, de Diego Rísquez; Compañero Augusto, de Enver Cordido; Canción mansa para un pueblo bravo, de Giancarlo Carrer; y Soy un delincuente, de Clemente de la Cerda. José Ignacio Cabrujas, por otra parte, monta por primera vez Acto cultural su fundamental obra de teatro y la Galería de Arte Nacional, creada en 1974, abre sus puertas al público en el edificio que antiguamente ocupaba el Museo de Bellas Artes en Los Caobos donde permanecería hasta la construcción su verdadera sede.
Era la época en que las Bienales Nacionales de Arquitectura se realizaban con regularidad y, luego de celebrada tres años antes la Quinta, entre los días 26 de noviembre y 10 de diciembre de 1976 abre sus puertas la Sexta en la ampliación del Museo de Bellas Artes, proyectada por Carlos Raúl Villanueva y Oscar Carmona con cálculo estructural de Waclaw Zalewski y José Adolfo Peña, inaugurada en 1973. También eran tiempos en que se podía cursar invitación y contar con la asistencia de diversas y connotadas figuras internacionales. Para la ocasión, se tuvo la participación en un ciclo de Conferencias-Debates de los arquitectos Oriol Bohigas (España), Fernando Belaúnde Terry (Perú) y Kenzo Tange (Japón), lo cual garantizaba un atractivo adicional a la muestra en sí de los 64 trabajos participantes, 27 de los cuales optaban al Premio Nacional de Arquitectura.

Realizada en homenaje a la memoria de Carlos Raúl Villanueva, fallecido el año anterior (1975), la VI Bienal contó como complemento con una muestra sobre su obra y trayectoria en la que, tal y como se recogía en la prensa (El Universal, jueves 26 de noviembre de 1976), “… el público tendrá la oportunidad de admirar, no sólo los aspectos arquitectónicos de su labor, sino también numerosos escritos, apuntes y guías que utilizó en su labor docente, y también su colección de arte, además de un audiovisual con duración de 20 minutos que recoge momentos de su carrera”.
El evento, organizado por el Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV) y coordinado por el arquitecto José Ramos Fellipa, fue auspiciado en esta oportunidad por del Consejo Nacional de la Cultura (CONAC).
William Niño Araque en el texto titulado “La ciudad recobrada” aparecido en el Catálogo de la VIII Bienal Nacional de Arquitectura. La arquitectura del lugar (1987), se refiere a la arquitectura que se mostraba en la Bienal que hoy nos ocupa como parte de una posible, desordenada e inconexa “Escuela de Caracas”. La lectura que hace Niño a la distancia apela al uso del término “neovanguardias” (acuñado por Helio Piñón en 1984) que consistía en la reutilización del lenguaje y modos propios de las vanguardias de comienzos del siglo XX para asumir una actitud renovadora. “El ‘nuevo mundo’ arquitectónico -dirá Niño- abandona así en nuestro medio, la ilusión conformadora del Bauhausianismo, centrada en la integración de las artes al servicio de la comunidad y en la idea de la prestación de servicios al proceso de desarrollo económico, para buscar espacio en posiciones más críticas y distantes”.
Inmersa en “el aplastante desarrollo económico venezolano de los años setenta” y asociada a una “arquitectura de la opulencia” la “Escuela de Caracas” se caracterizará por: asumir “soluciones concretas a los problemas concretos, por la ausencia de teorización explícita y por cierto desinterés en la difusión pública de sus aportaciones”; tener en la realización de una serie de concursos de arquitectura, cuyas propuestas ganadoras no se caracterizaron por ser innovadoras, una válvula de escape para ofrecer “operaciones subversivas” y “soluciones alternativas, no como el resultado de un proyecto explícito o de una teoría general, sino como una operación cerrada sobre sí misma”; no haber sido superadas las nuevas exigencias de la arquitectura en el medio intelectual venezolano. Y concluye: “no debe extrañarnos que las proposiciones arquitectónicas más interesantes sean el producto de una insistencia absolutamente individual y no de un consenso o clima intelectual generalizado…”.



Bajo esta mirada es que se podría observar el grupo de obras galardonadas en la VI Bienal donde el Premio Nacional fue otorgado a la Torre Europa, de los arquitectos Carlos Gómez de Llarena y Manuel Fuentes con el acompañamiento de Moisés Benacerraf; el recién creado Premio Metropolitano (fusión de los Premios Municipales que en ocasiones anteriores otorgaban el Distrito Federal y el Distrito Sucre) recayó sobre el edificio para el Banco Metropolitano en Sabana Grande, de José Miguel Galia; el Premio Vivienda Unifamiliar se lo llevó la quinta Gamero en Cumbres de Curumo, de Jorge Castillo y Ralph Erminy con participación de Carlos Cruz-Diez; el Premio de Arquitectura para Proyecto no construido fue para el Parque del Oeste, de Jorge Romero y Daniel Baquero; el Premio Mejor Tesis (Trabajo final de grado más destacado) se le dio a María Teresa Novoa, Ana Isabel Loreto, Martín Padrón y Andrés Simón Herrera con “Sistema constructivo para estaciones ferroviarias”; el Premio Colegio de Arquitectos de Venezuela (labor gremial, actividad docente y obra destacada) reconoció al arquitecto Heriberto González Méndez; el Premio Nacional de Urbanismo distinguió a los arquitectos Pedro Lluberes, Omer Lares y Mireya Urdaneta; y el Premio Interés Social quedó desierto.
La Torre Europa, elegante edificio proyectado en 1971 para un grupo corporativo suizo y terminado de construir en 1975, ubicado sobre la avenida Francisco de Miranda en el cruce con la avenida Los Cortijos de Campo Alegre sobre un terreno de 4.000 m2, tiene 4 niveles de sótanos para 400 automóviles, planta baja comercial, mezzanina compartida entre dos locales con pequeñas oficinas en la parte superior, una torre de 12 pisos para oficinas de 1.300 m2 por planta y un remate de dos niveles para oficinas especiales. Además, el partido asumido permitió liberar un gran espacio público de acceso a la entrada localizada en la esquina y lograr un aporte significativo al orden urbano de la zona tras una acertada lectura de las variables del lugar.


La edificación ha sido reseñada en dos ocasiones con gran acierto. La primera por Hannia Gómez en el catálogo de la Bienal de 1987 ya señalado y la segunda por Iván González Viso en Caracas de Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015). En ambos casos se resaltan entre los logros alcanzados por esta torre, que de torre no tiene nada, los avances que representó como solución tecnológica por lo cual para Gómez no fue extraño que apareciese por primera vez totalmente publicada en la páginas de la revista Arquitectura e Ingeniería. Entre las innovaciones técnicas que mostró la Torre Europa se encontraban, según Gómez, “la modulación coordinada de todos los elementos internos para flexibilizar las plantas, el criterio de macroestructura del edificio con losas cada dos pisos y membranas en los pisos intermedios, la liberación de las plantas de la escalera de incendio antes de la aparición de la normativa que así lo obliga hoy en día, el uso inaugural de un nuevo diseño de las ventanas Unifedo como courtain-wall, las juntas aislantes horizontales entre los pisos y el mismo diseño de la fachada autoportante y aislante…”.
En 1998 el edificio sufrió un voraz incendio (sin pérdidas humanas que lamentar) a raíz de un corto circuito en los cajetines de electricidad, ubicados entre los pisos 1 y 3, repitiéndose otro dos días después en el piso 5, lo cual dejó inutilizados 6 de las 12 plantas del inmueble y en particular las oficinas del Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA). Sin embargo, una reconstrucción, rehabilitación y actualización de sus instalaciones bien llevadas a cabo lograron que se reinaugurara tres años después.
El Premio Nacional de 1976 a la Torre Europa y a sus arquitectos, si bien logró exaltar sus aportes técnicos, ante todo permitió reivindicar el valor que todo edificio debe añadir al sector de la ciudad donde se inserta y el de convertirse en claro ejemplo de arquitectura urbana.
ACA
Procedencia de las imágenes
1, 2, 6 y 7. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad
3, 4 y 5. Colección Crono Arquitectura Venezuela