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Como propietario de uno de los terrenos más extensos de cuantos pertenecen a la trama urbana de Caracas (38.668,06 m2 o en otras palabras, casi 4 hectáreas) y sin duda el que mayores deudas posee con el paisaje urbano de la Avenida Victoria (o Presidente Medina), objeto de numerosas propuestas tanto desde el seno de la propia entidad como desde la Academia, el Instituto de Previsión y Asistencia del Ministerio de Educación (IPASME) decidió el año 2004 promover un Concurso Nacional de Arquitectura a objeto de obtener planteamientos concretos sobre los cuales poder emprender un desarrollo que permitiese dar respuesta a las aspiraciones y necesidades de vivienda de sus afiliados.
Conscientes de que se estaba a las puertas de promover una de las operaciones urbanas más importantes de cuantas quedaban pendientes en la ciudad, la convocatoria se hizo con base en las siguientes premisas programáticas que hemos extraído de la publicación “Concurso Nacional de Arquitectura 2004 para el desarrollo de un conjunto residencial, recreativo y cultural del IPASME. Av. Presidente Medina/Caracas/Venezuela (accesible en https://issuu.com/kaparunakis/docs/concurso_20ipasme.compressed):

En definitiva, se apostaba a alcanzar a través de las propuestas que se presentasen, alto nivel cualitativo que superase lo realizado en décadas anteriores por conjuntos en los que prevalecía el uso de vivienda, colocándose ahora como principal prioridad la calidad ambiental. Los organizadores, para dar referencias a los concursantes, señalaban cómo “en otras latitudes el tema de la vivienda pública es territorio de experimentación para arquitectos inquietos. En Europa la realización periódica del concurso EUROPAN, dirigido a jóvenes profesionales, se centra en la resolución de casos reales, garantizando la calidad arquitectónica para los nuevos conjuntos de viviendas de protección social”.

Bajo la convicción de que se trataba de una de las escasas oportunidades en las que un importante proyecto de viviendas de promoción pública se sometía a concurso, se reafirmaba una y otra vez la necesidad de poner sobre el tapete el debate sobre cuál debe ser la arquitectura adecuada para estos conjuntos, “bajo el acuerdo necesario de que es necesario detener el retroceso de su calidad”, para lo cual el primer referente importante debe ser la Reurbanización de El Silencio (1941-1945) en cuanto a su concepción urbana y ambiental, y como ejemplo de rescate de una zona degradada del centro de la ciudad, logrado con la adaptación a las condiciones del lugar, sin renunciar estar a tono con los postulados mostrados por las corrientes de la arquitectura internacional.
En tal sentido cualquier exploración que un concursante emprenda debía, según los organizadores, “concentrarse en tres temas: la ciudad, la calidad de la vivienda y el trópico”.
El proyecto del nuevo conjunto del IPASME, tendría que incorporar estos temas, como parte inseparable de la búsqueda, a través de la formulación de tres objetivos:


Finalmente, se colocan como otras tantas referencias a las cuales remitirse sobre los temas ciudad, calidad de la vivienda y trópico, las soluciones alcanzadas respectivamente por: el Centro Comercial San Ignacio de Carlos Gómez de Llarena, el polémico conjunto de viviendas para trabajadores petroleros en Lechería, Anzoátegui, de Fruto Vivas y el pabellón cubierto para Gimnasia en San Carlos, Cojedes, de Jorge Rigamonti. Como síntesis conclusiva se cita un párrafo del texto “La Arquitectura en Venezuela. Una proposición Metodológica” publicado por Juan Pedro Posani en Otro mundo posible. El proyecto de los Espacios Culturales comunitarios, Catálogo de la VII Muestra Internacional de Arquitectura Bienal de Venecia (2002).

Pues bien, estando tan bien servida la mesa, se logró una importante convocatoria que rompió una vez más con los tabúes relacionados a que este tipo de retos no interesa a los arquitectos formados en nuestras universidades, la cual arrojó como resultado el otorgamiento de tres premios y diez menciones a otras tantas proposiciones. Los ganadores fueron los arquitectos Joao De Freitas y Roberto Castillo quedando como primer finalista el trabajo de los arquitectos Edwing Otero, Alfredo Sanabria, José Antonio Carrasquel, María Carolina Espinal y Enrique Pérez y la colaboración de las bachilleres María Vanessa Otero y Carla Mora; y como segunda finalista la propuesta presentada por los arquitectos Ernesto Meléndez, Yaireth Revilla, Gilberto Rodríguez y Luis Vargas con los bachilleres Francisco Montilla y Carolina Orellana como colaboradores.


La propuesta de De Freitas y Castillo, de lo que se deriva de la memoria publicada como acompañamiento a los planos en el link ya señalado, ofreció “como respuesta al planteamiento general de viviendas y usos públicos (una) posición menos comprometida: usos públicos en una estructura de espacios en Planta Baja unidos a los estacionamientos y a partir de cierta cota, niveles de viviendas agrupadas en plantas tipo eficientes”. De tal manera, “la construcción de planta baja se constituye en un basamento con distintos tipos de espacios desde el nivel 0:00 hasta el +15:00 que se establece como una rasante para todo el conjunto. En este nivel se desarrollarán los espacios de carácter comunitario. La secuencia espacial se hace reconociendo el ascenso de la pendiente natural de la parcela. A partir del nivel +19:20 se desarrollarán los niveles de vivienda”.
Con relación a los edificios de apartamentos, se asumió “la tipología de bloque continuo con dos opciones: perimetral con patio y lineal quebrado, intentando representar dos tendencias en la concepción urbana: la del vacío como figura contrastando la del lleno como figura, una más propia de la ciudad histórica, la otra más propia de la utopía moderna del objeto aislado. La forma estática del bloque perimetral define un centro de manzana, que en el conjunto se traduce en un gran patio central dividido entre el vacío de la plaza comercial pública y la masa que producen los estacionamientos. (…) Tanto el club, como el auditorio y la escuela, se proponen como edificaciones unidas al basamento, pero independientes en uso. El club, en forma de cuña, vincula morfológicamente las dos partes más importantes del conjunto. La escuela y el auditorio conforman el frente hacia la Avenida Presidente Medina, asociándose con sus dimensiones al resto de edificaciones en dicha Avenida. La tensión entre ellos genera el paso hacia el gran patio central público desde la avenida”.

En cuanto a la resolución de los bloques de vivienda propiamente dichos, “la idea de los edificios es rescatar el descubrimiento tipológico del concepto de quinta aérea, construido en Caracas cerca de la redoma de la India, Urbanización La Paz de El Paraíso. En este caso se plantea una superestructura de losas ubicadas a doble altura, donde la estructura amalgamada en una franja atravesada de servicio establece por repetición un espacio vacío” que varía su modulación de acuerdo a los tipos de apartamentos, dependiendo si son de dos o tres habitaciones.
En cuanto a la resolución de los bloques de vivienda propiamente dichos, “la idea de los edificios es rescatar el descubrimiento tipológico del concepto de quinta aérea, construido en Caracas cerca de la redoma de la India, Urbanización La Paz de El Paraíso. En este caso se plantea una superestructura de losas ubicadas a doble altura, donde la estructura amalgamada en una franja atravesada de servicio establece por repetición un espacio vacío”, que varía su modulación de acuerdo a los tipos de apartamentos, dependiendo si son de dos o tres habitaciones.

Finalizan los ganadores exponiendo que: “Esta propuesta de menos altura edificatoria e intensidad de construcción permite una mejor integración del conjunto con su entorno construido, predominantemente correspondiente a edificaciones multifamiliares de pequeño a mediano tamaño, y ofrece una implantación en el terreno que facilita el que, aún siendo un conjunto singular dentro del corredor de la Avenida Presidente Medina por la superficie de la parcela en cuestión, no introduzca distorsiones relevantes en la morfología urbana del sector, la cual ha sido valorada positivamente por diversos especialistas y ha sido objeto de estudio por parte del Instituto de Patrimonio Cultural (IPC), entre otras instituciones, como un área de valor coral representativa de las iniciativas de la arquitectura y el urbanismo moderno en Venezuela.
El proyecto ganador, que llegó a ser desarrollado al detalle con toda la ingeniería, quedó como tantas otras veces sin construirse y tanto la ciudad como los afiliados al IPASME sin obtener los beneficios derivados de ello.
ACA
Pocedencia de las imágenes
Postal, 1, 5 y 6. https://issuu.com/kaparunakis/docs/concurso_20ipasme.compressed
2. Carlos Raúl Villanueva. Caracas en tres tiempos, 1966.
3. https://www.pinterest.es/pin/640848221951045921/, https://www.conlallave.com/propiedades/apto.-arbol-para-vivir-55809752.html y https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/86/Gymnastics_Arena_of_San_Carlos_from_Arch_Jorge_Rigamonti_-interior-_2003.jpg
4. Juan Pedro Posani en Otro mundo posible. El proyecto de los Espacios Culturales comunitarios, Catálogo de la VII Muestra Internacional de Arquitectura Bienal de Venecia (2002).

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Al producirse la primera expansión urbana con fines residenciales hacia El Paraíso entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, se dieron dos situaciones dignas de ser mencionadas. La primera es que a la hora de realizar las viviendas unifamiliares que empezaron a poblar la zona, se abandonó la tipología propia del damero fundacional de la casa con patio entre medianeras, por lo general de un piso, para adoptar la correspondiente a la edificación aislada con jardín, de más de un nivel, con cuatro fachadas que permitían a los espacios interiores el disfrute de las visuales exteriores y ampliaba las posibilidades de iluminar y ventilar todos los ambientes.
Asociada a la primera situación, el que en 1900 se haya producido un importante terremoto que afectó significativamente en casco central de la capital, llevó al caraqueño pudiente a migrar hacia un sector relativamente cercano y bien comunicado con aquel, en el que se podía prever la construcción de moradas en las que los riesgos sísmicos disminuyeran.

El hecho es que el desarrollo temprano de El Paraíso le dio la posibilidad a la alta burguesía caraqueña de contar con la posibilidad de emular a través de la construcción de “quintas” cuyos modelos y estilos copiaron los de las villas que ya hacía tiempo se realizaban tanto en Europa como en los Estados Unidos, incorporando las comodidades y el confort que empezaba a proveer el siglo que se iniciaba.

La quinta (o residencia) “Las Acacias”, cumpliendo con todas las características señaladas, fue encargada al arquitecto e ingeniero Alejando Chataing (1873-1928) para ser su residencia familiar por el empresario John Lord Boulton Rojas (1870-1940), miembro prominente de una de los grupos más poderosos e influyentes en la Venezuela de entonces, asumiendo el ingeniero Francisco Uzcátegui en 1905 la conducción de las obras. Ya a inicios de 1901 el magnate había dirigido una carta al Presidente Cipriano Castro con el fin de obtener exoneración de impuestos de importación de los materiales de construcción requeridos, tales como las estructuras de hierro para techos, tejas o barandas, lo que da a entender de que para entonces se contaba con el proyecto y se tenía previsto el tipo de elementos que debería incorporar el edificio. La solicitud fue concedida el 25 de enero de 1901, por decreto ejecutivo publicado en Gaceta Oficial de ese mismo año Nro. 81.141. «Las Acacias» se ubicó sobre una ligera loma que permitía ampliar las visuales hacia el valle, frente al amplio espacio ocupado por la plaza Madariaga convirtiéndose desde entonces en importante elemento dentro del paisaje urbano caraqueño.


La imponente quinta de los Boulton fue terminada por Chataing en 1912 (quien tomó el testigo dejado por Uzcátegui en 1911) y habitada a partir del 26 de mayo de 1913, lo cual habla a las claras de las dificultades que hubo para poder ser levantada con continuidad, originadas en buena parte por los acontecimientos políticos que caracterizaron la época y el claro involucramiento de la familia en ellos. En tal sentido, se conoce que los influyentes Boulton se encontraban enemistados con el Presidente Cipriano Castro hasta el punto de que fueron parte de los financistas (junto a otros empresarios como los Matos y los Velutini) que apoyaron a la facción rebelde que impulsó la fracasada Revolución Libertadora, prolongado levantamiento que transcurrió entre 1901 y 1903, en la que una coalición de caudillos regionales encabezados por el banquero Manuel Antonio Matos intentaron derrocar al gobierno de Castro. Por tanto, la construcción de la quinta no se reanudará sino en 1908 al ser derrocado «El Cabito» y se demorará 4 años más. Su costo se elevó a la suma de 393.300,00 bolívares.

Tal y como apunta Gregory Vertullo en la nota dedicada a la mansión en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015), “la quinta… con apariencia de palacete francés, está compuesto de dos plantas más un nivel adicional que corresponde a la mansarda habitable, con buhardillas…. consta de un cuerpo central, del cual sobresale el amplio balcón que protege el acceso principal, y que se encuentra apoyado por dos pares de columnas a sus lados, compuestos de fuste liso con capiteles eclécticos. La terraza funge como marquesina de protección del acceso vehicular, incluyendo al vehículo como parte del programa, como aporte moderno dentro de la urbanización. Al cuerpo central se articulan dos volúmenes laterales de forma asimétrica: una torre vertical cilíndrica a la derecha, rematada con una cubierta cónica, y una veleta de los vientos, cuya base está conformada volumétricamente por un anillo que contiene un corredor cubierto en la planta baja y una amplia terraza descubierta a nivel de la planta alta; y un volumen horizontal a la izquierda que destaca por las tres buhardillas de la mansarda, y su remate lateral con los falsos almohadillados. Su fachada posee un ritmo resultante de columnas pareadas y los falsos almohadillados y sillares dibujados. La casa está rodeada de amplios jardines con grandes árboles, donde se encuentran dos estatuas pedestres de figuras femeninas apoyadas sobre pedestales”.

En cuanto a John Lord Boulton Rojas, el propietario, se trata del menor de los hijos del matrimonio entre Henry Lord Boulton Schimmel con María Rojas Espaillat, hermana de José María Rojas Espaillat, antiguo agente de la Casa Boulton en Caracas, y hermana también del sabio Arístides Rojas. Boulton Schimmel, a su vez, era el hijo mayor y parte de la segunda generación de empresarios que tiene origen desde el momento en que John Boulton Townley llega a Venezuela procedente de Lancaster, Inglaterra, en 1924 para establecerse en La Guaira, donde se dedica al comercio, logrando ya para 1826 ser uno de los primeros ingleses beneficiados a raíz del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación, ratificado en 1825 entre la Gran Colombia y el gobierno británico. En las décadas de 1840 y 1850 Boulton Townley abre una agencia en Caracas (que después en 1870 pasó a ser la casa central) y una en Puerto Cabello. También iniciaron actividades de tipo bancario y de corretaje. Boulton Townley contrae matrimonio con Anna Gertrude Schimmel en 1829.
Así, Henry Lord Boulton Schimmel continuará junto a su hermano William George la saga comenzada por su padre (quien fallecería en 1874), fundando en 1853 Boulton Sons & Co., asumiendo la presidencia (dejada al retirarse su progenitor) de la Casa Boulton (fundada en 1839), y fusionando sus negocios de la Boulton Sons & Co. con las compañías de su padre (un grupo de empresas navieras, comerciales y financieras) creando así la firma H.L.Boulton & Co, la cual a pesar de todo, mantiene el nombre de Casa Boulton. La firma, afincada desde su creación en La Guaira, trasladará su sede principal definitivamente a Caracas en 1871 para lo cual adquiere la casa ubicada en la céntrica esquina El Chorro.
Henry Lord Boulton Schimmel logró ampliar el emporio dejado por su padre participando en el financiamiento del Ferrocarril Inglés Caracas-La Guaira (1883), promoviendo la primera fábrica de gas de Caracas (1883), y participando como fundador del Banco de Venezuela y del Banco Caracas en 1890. Fallece en 1891 quedando al frente del grupo sus dos hijos mayores, Henry Lord y Alfred William Boulton Rojas e incorporándose aquel mismo año John Lord (el menor) quien, como se ve, seguirá con la tradición empresarial familiar. John Lord se casaría en 1896 con María Corina Olavarría Matos de quien enviudó en 1899 habiendo tenido con ella tres hijos. Luego volvería a casarse con Catalina Pietri Paúl en 1903 con la que tuvo otros cinco descendientes. Con ella y los niños compartiría su estancia en la quinta «Las Acacias».



En particular, John L. Boulton estuvo, por un lado, asociado, junto a otros destacados ciudadanos, al hipismo deporte que se convertiría en una de las empresas de mayor significación en Venezuela a finales del siglo XIX que, gracias a la rectoría del Jockey Club de Venezuela (entidad fundada el 10 de agosto de 1895) y al decidido apoyo del General Joaquín Crespo, pone en funcionamiento el Hipódromo de Sabana Grande. Por otro lado, en virtud de su inclinación y pasión hacia la colección de obras de arte heredada de su tío Arístides Rojas, John L. Boulton se encargó de incrementar sustancialmente el acervo histórico-artístico reunido por su pariente. De allí se desprendió de una parte la donación de sus libros a la Biblioteca Nacional, pero por la otra se conservó la Colección Bolivariana dándose así origen a la creación en 1940 de la Fundación John Boulton dedicada a preservar una parte del patrimonio cultural de Venezuela, cuya labor continuará su hijo, el conocido hombre de cultura Alfredo Boulton Pietri, cuando asuma las riendas de la institución en 1950.

“Las Acacias” se trata, dentro de la amplia y ecléctica producción edilicia de Alejandro Chataing, conformada por más de treinta obras (en su gran mayoría edificios públicos impulsados por el gobierno de Cipriano Castro primero y en menor medida de Juan Vicente Gómez después), tan sólo de su segunda vivienda unifamiliar. La anterior, ubicada también El Paraíso fue Villa Zoila (1904) que sirvió de morada a la entonces pareja presidencial. Con el transcurrir del tiempo ambas tienen la particularidad de haber pasado finalmente a manos de la Guardia Nacional una como sede de su Comandancia General (Las Acacias) y la otra como su museo histórico (Villa Zoila).
Brevemente conviene recordar que “Las Acacias”, luego de ser adquirida por el General Juan Vicente Gómez el 30 de septiembre de 1935, tras su fallecimiento a escasos tres meses de su compra, es expropiada como parte de los bienes del antiguo dictador en agosto de 1936. En 1938, el inmueble fue adscrito al Ministerio de Agricultura y Cría, permaneciendo sin ningún uso hasta 1954, período en el que la antigua mansión fue objeto de algunas modificaciones que alteraron ligeramente su estructura. El 23 de enero de 1955 la edificación fue designada como sede de la Comandancia General de las Fuerzas Armadas de Cooperación. Para ese momento, el edificio seguía adscrito a Agricultura y Cría, siendo finalmente reasignado al Ministerio de Defensa en 1974 pasando a ser la Comandancia General de la Guardia Nacional, ente creado en 1937, uso que permanece hasta nuestros días.
La quinta fue declarada Patrimonio Histórico Nacional el 7 de octubre de 1985 y el 28 de diciembre de 1988 se aprobó su restauración por un monto de 30.000.000,00 Bs. Desde entonces podemos verla con sus características iniciales encontrándose, en apariencia, en buen estado de conservación.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal. Colección Crono Arquitectura Venezuela.
2 y 4. Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani, Caracas a través de su arquitectura (1969)
3. https://www.pinterest.com/pin/384917099384292374/
6. https://es.wikipedia.org/wiki/Familia_Boulton
7. https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Arturo_Michelena_04.JPG
8. http://guiaccs.com/obras/fundacion-john-boulton/
9. http://guiaccs.com/obras/fundacion-john-boulton/ y https://fundacionjohnboulton.org/

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