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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 150

Como parte de la conmemoración del cuatricentenario de Santiago de León de Caracas, en 1967 la Dirección de Cartografía Nacional produce un detallado plano a color de la ciudad, basado en el plano de “Caracas, área metropolitana y sus alrededores” de 1957, actualizado sobre un conjunto de aerofotografías tomadas en 1966.

Titulado “1567 – Caracas – 1967”, el sencillo homenaje a la ciudad ordenado por el Ministerio de Obras Públicas, fue publicado un año antes de su difusión en 1967 por Irma de Sola en Contribución al estudio de los planos de Caracas, libro éste que se edita justamente como parte de las Ediciones de la Comisión de Asuntos Culturales del Cuatricentenario de Caracas al igual que Caracas en tres tiempos (1966) de Carlos Raúl Villanueva.

La representación de la ciudad en formato  plegable de 107 x 78 cm. constituye uno de los ejercicios cartográficos más consistentes de la ciudad en cuanto a diseño y representación, por la claridad, legibilidad, contraste de colores y nivel de detalle que ofrece. Dibujado a escala 1:20.000, está enmarcado con una franja artística, donde en la parte superior y al centro, se ubica el escudo heráldico de Caracas, evidenciando un sentido estético. El escudo, que se acompaña con la leyenda “Ave María Santísima sin pecado concebida en el primer instante de su ser natural”, se repite en el marco como detalle gráfico de menor tamaño, junto a elementos como la cruz de Santiago, la corona real, o el blasón y armas que contiene en la orla.

La compleja imagen cartográfica muestra la ciudad construida hasta 1967, contemplando las áreas urbanizadas, la vialidad, los ríos y quebradas, áreas verdes y edificaciones de importancia, graficadas sobre el portentoso marco geográfico del valle de Caracas, donde las curvas de nivel (altimetría) han sido sustituidas por un sombreado para describir el relieve.

La representación permite observar que para 1967, con una población de casi 2.100.000 habitantes, toda el área contenida entre el río Guaire y el límite del Parque Nacional el Ávila, se encontraba totalmente urbanizada, con una gran variedad de tramas urbanas, fragmentos sin geometría aparente, que pasarían a ser recurrentes en la ciudad. La ocupación y rápido desarrollo del sur, una vez traspasado el río como barrera natural, evidenciaba un salto hacia la metropolitización de la ciudad, con incipientes nuevos urbanismos definidos por la vialidad que comenzaban a tomar forma sobre una difícil topografía.

No será posible volver a encontrar en los nuevos urbanismos pista alguna del damero fundacional, que quedará circunscrito a aproximadamente 144 manzanas y cuya fórmula no se repetirá más. 

El plano deja ver a través de su representación las huellas de la modernidad, y de una capital construida por fragmentos, tramas disimiles y tejidos complejos. A su vez, también muestra trazados de proyectos en curso, como la construcción de mas de 500 viviendas para la clase media en El Cafetal, o el desarrollo de las urbanizaciones Prados del Este, Cumbres de Curumo, Macaracuay y Caurimare, como parte de la explosión urbanizadora que tendrá lugar al sureste de la ciudad. Ambiciosos proyectos futuros como la Cota Mil, que limitará el crecimiento de la ciudad al norte, y se conceptualiza como un vía alterna para evitar cruzar la ciudad por la Autopista del Este en el sentido longitudinal del valle, confirman las intenciones de mejoramiento y de desarrollo urbano planificado.

A pesar de que De Sola no ahonda en aspectos de fondo o forma acerca de la importancia del plano y su representación, sí describe en su texto algunas de las características graficas de su diseño, como el hecho que los tonos del escudo de la ciudad han sido utilizados para colorear los símbolos cartográficos que aparecen al interior del mapa, donde se establece una clara categorización de las áreas urbanizadas, áreas consolidadas, edificaciones de importancia y principales áreas verdes como el Parque Los Caobos y Parque del Este; así como una jerarquización tipográfica, que va desde el nombre de las urbanizaciones hasta áreas en desarrollo o avenidas de importancia.

El documento destaca la silueta de muchas de las edificaciones relevantes en color rojo como una categoría independiente, donde las de carácter aislado evidencian nuevas posibilidades urbanas, que quiebran la lógica del damero tradicional. Los cauces de quebradas, ríos y áreas de agua se representan detalladamente en color azul, resaltando su importancia como elementos geográficos en la ciudad. Como ha sido costumbre en toda la colección de planos que hasta la fecha se habían elaborado sobre la ciudad, en el de 1967 se obvia toda representación correspondiente a los desarrollos informales y, si en 1950 su área urbanizada ocupaba 4.200 Hás, ya se encontraba muy cerca de las 13.000 que se registrarán en 1971. El plano conmemorativo de los cuatrocientos años de la fundación de Caracas constituye una de las mas claras referencias históricas y cartográficas del proceso de evolución de la capital, y fue publicado el mismo año en que la azotó uno de los mas fuertes terremotos de su historia, que afectó tanto el valle como el litoral central, marcando la memoria de sus habitantes. Para aquel entonces Venezuela contaba con una democracia de apenas 9 años de edad y recibía el año 1967 con las garantías suspendidas siendo Raúl Leoni el Primer Magistrado. Aunque ya habían desaparecido unos cuantos, estaban funcionando más de 80 cines: 22 de ellos ubicados de la Plaza Venezuela hacia el este y 13 en el casco histórico. Aquiles Nazoa en Caracas física y espiritual, una de las muchas obras publicadas con motivo de las celebraciones aniversarias, expresará: “Las autopistas subordinan el hombre al vehículo: en la ciudad ya no se vive, se circula”.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 149

La modalidad de asociarse a través de una oficina o empresa irrumpe en el medio profesional venezolano de la arquitectura a mediados de la década de los años 40 del siglo XX, momento en que el reconocimiento social del arquitecto empezaba a cobrar consistencia, empujado en buena medida por la fundación de la Sociedad Venezolana de Arquitectos (1945) y la normalización de los estudios en la Escuela de Arquitectura (creada en 1941) a partir de 1946, y el egreso de la primera promoción en 1948.

Hasta entonces había prevalecido la figura del arquitecto en solitario que o bien atendía encargos provenientes del sector privado o bien se incorporaba a entes públicos responsables de la ejecución de obras institucionales, siendo el Ministerio de Obras Públicas primero o el Ministerio de Educación más adelante y sus respectivas salas técnicas los principales destinos laborales. Eventual y excepcionalmente se producirían asociaciones destinadas a enfrentar algún proyecto específico como es el caso puntual del Pabellón para la Exposición Internacional de las Artes y de las Técnicas (París,1937) realizado entre Luis Malaussena y Carlos Raúl Villanueva, a quienes el concurso convocado para tal fin y su desenlace condujo a colaborar mutuamente.

Como bien señala Alberto Sato en José Miguel Galia. Arquitecto (Ediciones del Instituto de Urbanismo FAU, 2002), basándose en su propia investigación titulada “Cinco oficinas de arquitectura: 1948-1958”, Trabajo de Grado con el que obtiene en 1996 el título de Magister Scientiarium en Historia de la Arquitectura, “el período comprendido en la década de los años cincuenta ve florecer esta modalidad de trabajo de oficina de arquitectura. Reunían los rasgos comunes de participación intelectual y actitud profesionalista que contribuyó de manera especial al reconocimiento de la disciplina arquitectónica en la sociedad venezolana, en tanto que eran capaces de ofrecer al menos la imagen de empresa y, de algún modo, menos sujeta al riesgo de las decisiones individuales que caracterizaban tradicionalmente al arquitecto. (…) Estas sociedades, que utilizaban la & para integrar sus nombres (y el calificativo de Arquitectos Asociados como complemento, añadiríamos nosotros), proyectaron y construyeron para las más significativas instituciones (…) donde la individualidad del arquitecto se diluía dentro de la forma societaria, a tal punto que es difícil diferenciar hoy, a riesgo de cometer imprudentes afirmaciones, en qué medida y dónde se identifica la acción de alguno de los miembros de estas sociedades”.

De esta manera no es difícil apreciar cómo las circunstancias que acompañan la creación de una sociedad de arquitectos pueden ser muy diversas pero sin duda, más allá de intereses puntuales que puedan surgir a partir de la necesidad de enfrentar trabajos complejos, el compartir ciertas raíces y lineamientos formativos o una determinada visión de la arquitectura muchas veces hace que en etapas próximas al momento del egreso académico sean compañeros de estudios quienes tiendan a iniciar este tipo de experiencia.

Así, a lo largo de la década de los años 50 es posible detectar cómo muchas obras construidas en Venezuela se encuentran proyectadas por empresas, “entre las cuales las de arquitectura formaban parte”, apuntará Sato. Entre ellas cabe destacar: Arquitectura y Urbanismo C.A. de Jorge Romero Gutiérrez; Tekto C.A. de Carlos Celis Cepero; AISA C.A. de Fruto Vivas y el ingeniero Luis E. Pérez; Bermúdez & Lluberes; Guinand & Carrillo Batalla; Malaussena & Silveira; Fuenmayor & Sayago, y en especial Vegas, Ferris & Ferrero, Carpio & Suárez, Guinand & Benacerraf, Carbonell & Sanabria y Vegas & Galia (firmas estas cinco últimas estudiadas por Sato), cuya asociación y razón social bajo la cual trabajaban “permitía una relación de contratación más fluida, y en los mejores ejemplos societarios, la realización de las edificaciones más sobresalientes del período”. Otro aspecto a destacar, salvo alguna excepción, es la juventud (rondando la edad de 30 años) que mostraban la casi totalidad de los integrantes de estas oficinas y el hecho de que estaban constituidas en un alto porcentaje por arquitectos formados en el exterior, dada la reciente creación de los estudios de arquitectura en el país. Eso sí, todos de una u otra forma estuvieron involucrados en la creación de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV el año 1953.

Bermúdez & Lluberes Arquitectos Asociados, firma constituida por Guido Bermúdez Briceño (1925-2001) y Pedro Lluberes Domínguez (1928), autores del proyecto ganador del concurso para la sede de la Escuela de Formación de Oficiales de las Fuerzas Armadas de Cooperación (EFOFAC), cuya fotografía ilustra nuestra postal del día de hoy, se caracterizó por ser una oficina (quizás de las primeras) conformada por dos compañeros de estudios graduados ambos en Venezuela, pertenecientes a la misma promoción (la segunda) de egresados de la Escuela de Arquitectura de la UCV, cuando aún ésta formaba parte de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, el año 1951. También se podría decir que se trató de una sociedad que tuvo una duración relativamente breve, que permitió a sus integrantes cierta flexibilidad en cuanto a su desempeño como proyectistas dentro y fuera de ella dejando obras y propuestas de particular relevancia en una cuantía no tan elevada.

A pesar de su condición de condiscípulos, el equipo Bermúdez-Lluberes pensamos que no se conformó formalmente sino hasta 1955 momento en que el primero deja su trabajo como arquitecto adjunto en el Taller de Arquitectura del Banco Obrero (TABO) liderado por Carlos Raúl Villanueva, institución en la que entró aún siendo estudiante como auxiliar al arquitecto en 1951. De esta manera, en su doble condición, Bermúdez contó con la asesoría de Villanueva para su tesis de grado “Unidad de Habitación Cerro Grande, El Valle, Caracas”, que finalmente se construyó (1954) y formó parte del Plan Nacional de Vivienda 1951-1958.
Por su parte, Lluberes, sobrino del reconocido arquitecto Cipriano Domínguez, trabaja con éste y se perfila más hacia la realización de proyectos para el sector privado, registrándose su participación como Asesor de la Comisión Metropolitana de Urbanismo y en algunas obras en Los Anaucos Golf Club, urbanización ubicada en las afueras de Caracas. También es llamado en 1954 por Bermúdez (aún en el TABO) a participar en el diseño del Centro Comercial Cerro Grande, edificación complementaria a la mencionada Unidad de Habitación del mismo nombre, donde también interviene siendo aún estudiante Carlos Brando.

El concurso para la sede de la EFOFAC (siglas tras las que se esconde la archiconocida Guardia Nacional, sinónimo de Fuerzas Armadas de Cooperación), es convocado por invitación por el Ministerio de Defensa, a través del Servicio de Ingeniería Militar, participando además de Bermúdez & Lluberes los arquitectos y firmas de arquitectura: Ernesto Fuenmayor; Malaussena & Silveira; Carpio & Suárez, y Miguel N. Rodríguez.

Sobre el desarrollo del concurso es poco lo que hemos podido encontrar pero lo más importante es que el proyecto ganador es construido y se concluye en 1956, fecha en la cual se pone en servicio. Cabe acotar que la EFOFAC sustituyó en 1954 a la Escuela de Formación de Guardias Nacionales (denominada Centro de Instrucción de las Fuerzas Armadas de Cooperación -CIFAC- heredera a su vez de Escuela de Guardia Civil e Investigación o Guardia Nacional), cuya sede funcionó durante años en Villa Zoila (El Paraíso). El decreto de creación de la EFOFAC en 1954 vino asociado a su cambio de sede a Caricuao (en parte de los terrenos de la antigua hacienda) lo cual originó el llamado a concurso que nos ocupa, hasta que en el año 1959 se procedió a su instalación en su sede actual ubicada en el Fuerte Tiuna, sede del antiguo edificio de la Escuela Militar, donde también se encuentra la sede de la Academia Militar de Venezuela. Las instalaciones de Caricuao, sin embargo, aún hoy cumplen una importnte función para el proceso formativo de este componente armado.

El programa de la EFOFAC estaba conformado por áreas docentes, áreas de habitación y áreas de apoyo entre las que cuentan las culturales, las deportivas y las de servicio. La propuesta organizó las diferentes funciones en torno a un amplio patio donde se realizan las formaciones de los estudiantes o cadetes. La caracterización del edificio está lograda gracias a la utilización de un lenguaje en el que predomina la racionalidad constructiva, el uso del concreto armado y la expresividad estructural donde las envolventes se encargan de denotar las funciones contempladas. Los códigos utilizados en la Escuela de la EFOFAC volverán a hacer acto de presencia cuando en 1959 Bermúdez & Lluberes participen, también por invitación, en el concurso de anteproyectos para el diseño del edificio de la Biblioteca Nacional ganado por Julián Ferris y Carlos Dupuy, con la colaboración de Jaime Hoyos .

Sin que con ello pretendamos ser exhaustivos, Bermúdez & Lluberes Arquitectos Asociados también son autores de los proyectos (no construidos) del Centro Profesional La Parábola (1956, ubicado en Las Acacias, Caracas, próximo a El Helicoide) en el que también participa Carlos Brando y como consultor el arquitecto brasileño Rino Levi, expuesto en el Pabellón de Venezuela para Exposición Internacional de la construcción Interbau (Berlín, 1957, obra de Bermúdez en solitario); y del Palacio Arzobispal de Caracas donde aparecen como parte del equipo Cipriano Domínguez y, de nuevo, Carlos Brando.

Después de 1959 presumimos que la sociedad Bermúdez-Lluberes se distiende, hasta que en 1962 un nuevo concurso (nacional y abierto) los agrupa: el del Pabellón de Venezuela para la Feria Mundial de Nueva York 1964, donde obtienen el segundo premio.

A partir de entonces cada integrante se dio la oportunidad de desarrollar sus respectivas carreras profesionales por separado sumando sus obras al frenético crecimiento y expansión de la ciudad que ya se había iniciado desde cuando eran estudiantes.

ACA

Procedencia de las imágenes

Todas. Colección Crono Arquitectura Venezuela

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 148

El edificio Santa María, ubicado en la avenida México, Caracas, proyectado por el arquitecto de origen alemán Klaus Heufer (1923) con la participación del joven venezolano Francisco Pimentel para la firma Arquitectos Asociados (recién fundada en sociedad con Klaus Peter Jebens), constituye una de las obras en las que de manera temprana se utiliza en Venezuela un elemento que permitirá a lo largo del mundo generalizar los códigos del Estilo Internacional, tanto en edificios de oficinas como institucionales: el “curtain wall” cuya traducción al español es “muro cortina”.

La foto que ilustra nuestra postal del día de hoy da cuenta de la elegante presencia de esta correcta edificación en fechas recientes a su puesta en servicio y de la absoluta limpieza con que es tratada su volumetría, integrada por un cuerpo bajo y una torre, donde de esta última resalta la cuidadosa modulación de su fachada sur, impecablemente resuelta con una piel vidriada de diferentes tonos, sostenida por perfiles de aluminio e independiente de la estructura, contenida entre los muros laterales ciegos que la delimitan y dan respuesta a las orientaciones este y oeste. Esta manera de mostrarse al exterior recuerda sin lugar a dudas referentes tales como la Lever House (1952) de Gordon Bunshaft trabajando para Skidmore, Owings & Merril y el Seagram Building (1958) de Mies van der Rohe ambos en Nueva York, pioneros en la utilización de este recubrimiento que empezó a darle a las fachadas un acento característico.

Ya antes en Caracas, con la realización de la Torre Polar (1953) de Vegas & Galia Arquitectos Asociados, el “curtain wall” hizo por primera vez su aparición recubriendo por igual los cuatro frentes de un edificio a todas luces emblemático que buscaba, dada su localización, impactar y constituirse en símbolo recogiendo la tradición de los rascacielos newyorkinos. Esta atrevida y polémica decisión de tratar indiscriminadamente las cuatro fachadas de la edificación con un material de comportamiento uniforme ante el asoleamiento, se enfrentó provocadoramente a las enseñanzas que con relación a las consideraciones climáticas había ido mostrando Carlos Raúl Villanueva en el desarrollo de la Ciudad Universitaria de Caracas y los mismos Vegas & Galia a través de su propia obra temprana.

1. Izquierda: Lever House, Park Avenue, New York. Skidmore, Owigs & Merril, 1952. Derecha: aviso publicitario de la empresa que realizó el revestimiento del Edificio Polar de Vegas & Galia (c.1954)

Sin que nos conste que en el caso del edificio Santa María haya sido así, vale la pena recordar que para resolver el cerramiento definitivo del Polar, Vegas & Galia, cuando la estructura ya estaba concluida y se disponían realizar las fachadas según el proyecto original (a semejanza del edificio El Municipal), convocaron a representantes y vendedores de los cristales Saint-Gobain (ofrecidos como aislantes y absorbentes de la radiación solar) y de ACO, S.A. distribuidores y también representantes de la compañía norteamericana ALCOA (Aluminum Company of America), quienes les ofrecieron utilizar sus productos, siendo estos últimos con quienes finalmente se concluyó la obra no sin antes tener que sortear importantes inconvenientes técnicos tanto de instalación como de filtración del agua cuando llovía. De esta manera, entre 1953 (cuando se termina el Polar) y 1959 (fecha de apertura del Santa María), aunque tímidamente varios edificios asumieron esta manera de envolverse que daba protagonismo a la superficie vidriada (Centro Comercial del Este -1953- de Diego Carbonell, Cámara de Comercio de Caracas -1954- de Julio Volante, Edificio de Radio Continente -1956-, Edificio del Rectorado del Colegio San Ignacio de Loyola -1958- de Erasmo Calvani y Juan Capdevila Elías y Palacio Municipal de Maracaibo -1959- de Miguel Casas Armengol, por citar algunos), ninguno lo hará con la maestría y contundencia con que Heufer la maneja, para lo cual debe haber contado con la asesoría de los proveedores de productos importados de los Estados Unidos tal y como lo hicieran Vegas & Galia en su momento.

En adelante, proliferará el uso del “curtain wall” en Caracas, desatando, como lo hiciera el edificio Polar, una encendida discusión acerca de su conveniencia y adecuación en climas tropicales (traducida a los tiempos actuales en “sostenibilidad”), más allá del recato con que durante un buen tiempo los proyectistas lo usaban destinándolo a las fachadas norte y/o sur, hasta que se liberaron de tal condición a medida que se lograban, sin conseguirlo del todo, mejoras en los índices de polarización de los cristales.

Por otra parte, no estaría de más recordar que Klaus Heufer, formado como arquitecto en la Universidad Tecnológica de Braunschweig (la más antigua universidad tecnológica de Alemania), de donde egresa en 1950 bajo la tutoría del profesor Friedrich Wilhelm Krämer, viene a Venezuela en 1952 para incorporarse junto a su compañero de estudios Friedrich Beckhoff a la oficina Malaussena & Silveira, donde desde hacía ya un año trabajaba Klaus Peter Jebens también condiscípulo de ellos. Casi de inmediato comienza su participación en los proyectos para el Círculo de las Fuerzas Armadas y los hoteles Guaicamacuto y Maracay de la CONAHOTU, apareciendo la utilización del “muro cortina” de forma clara tanto en este último como en el Salón Venezuela del club militar lo que le permite a la firma, junto a otros atributos propios de un enfoque diferente desde lo proyectual, dar un giro hacia el uso de códigos modernos que se sumarán a los de corte académico que Luis Malaussena manejaba con maestría.

2. Klaus Heufer. Quinta Loma Baja, 1960. Arriba: vista exterior. Abajo: vista interior

Radicado definitivamente en Venezuela, independizado de la oficina de Malaussena & Silveira, Heufer desarrolla en su firma Arquitectos Asociados una prolífica carrera profesional de más de 30 años donde se realizaron aproximadamente 150 proyectos y anteproyectos arquitectónicos, de entre los cuales han quedado piezas memorables, mostrando en ellas un claro interés por la perfección en los detalles acompañada de la impecable utilización de materiales y acabados los cuales siempre pone a prueba antes de decidir su incorporación a un proyecto. Desde muy joven Heufer mostró una gran habilidad para el dibujo y de su formación junto a Krämer aprendió a integrar la madera en sus propuestas de acuerdo con las prácticas y modos de uso de la arquitectura escandinava, de la cual también absorbió, tras su pasantía por Malmö, Suecia, la importancia de incorporar el diseño del mobiliario integrado a los ambientes. Su aclimatación a nuestro país pasó del primer impacto producido por la luz, el color y la exuberancia vegetal de Caracas a la asimilación paulatina de valores y elementos locales como el patio, el corredor y el alero, que le permitieron hacer una verdadera exploración en torno a la arquitectura doméstica de donde destaca su integración al medio ambiente, la continuidad espacial entre el interior y el exterior y el combinado equilibrio entre lo tradicional y lo moderno.

3. Klaus Heufer el dia en que cumplía 87 años, en el patio de su casa de Los Palos Grandes

Sobre la obra de Heufer, Alonso Ayala publicó La arquitectura interior y exterior de Klaus Heufer (Armitano Editores, 2005) y en un tono más personal, con motivo de la celebración de sus 90 años, Lorenzo Davalos le dedicó un hermoso reportaje en su blog caracas 10N, 67W titulado “Klaus Heufer y su persistente pasión por los detalles”, aparecido el 27 de agosto de 2013 (https://caracas1067.wordpress.com/2013/08/27/la-persistente-pasion-por-los-detalles-de-klaus-heufer-1/), que vale la pena consultar.

4. Vista de una sala de la exposición Klaus Heufer Arquitecto. Arqueología de la modernidad. Centro Cultural BOD. 2014
5. Poster de la exposición Klaus Heufer Arquitecto. Arqueología de la modernidad. Centro Cultural BOD. 2014

Sin embargo, el mayor reconocimiento a su trayectoria como arquitecto clave para entender la modernidad venezolana se le rindió en 2014, cuando bajo la curaduría de Rafael Pereira, se montó en los espacios del Centro Cultural B.O.D., La Castellana, Caracas, la exposición “KLAUS HEUFER, Arquitecto: Arqueología de la modernidad” donde se pudieron apreciar maquetas, planos originales, fotografías y documentos personales del arquitecto, “a partir de los vestigios documentales rescatados, de sus edificaciones de mayor significación para nuestro acervo arquitectónico» simulando una «labor arqueológica”, como dirá el propio Pereira.

6. Izquierda arriba y abajo: Edificio Santa María en fechas próximas a su inauguración en 1959. Derecha arriba y abajo: Edificio Santa María en la actualidad

Hoy, diluido entre la vorágine del centro de la ciudad, intervenido sin compasión alguna (coloreando artificialmente su fachada, pintando de rojo el mármol verde alpi y otras superficies, añadiéndole grafismos fuera de tono y clausurando su zona comercial en planta baja), desvirtuado en cuanto a la sobriedad de su planteamiento original a favor de una visión populista de la cultura (cuyo ministerio hoy alberga), el edificio Santa María resiste al igual que toda una sociedad a la espera de la llegada de tiempos mejores.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal y 6. https://entrerayas.com/2018/06/edificio-santa-maria-abusiva-intervencion/

1 izquierda. https://www.som.com/projects/lever_house

1 derecha. Revista CIV, nº 217, abril 1954

2. https://coleccioncisneros.org/es/editorial/cite-site-sights/la-villa-moderna-en-caracas

3.https://caracas1067.wordpress.com/2013/08/27/la-persistente-pasion-por-los-detalles-de-klaus-heufer-1/

4. https://twitter.com/ZonArquitectur/status/754720717904744448/photo/1

5. https://traficovisual.com/2014/07/23/exposicion-klaus-heufer-arqueologia-de-la-modernidad/

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 147

La decisión de crear el Parque del Este se produce mediante decreto firmado el 19 de mayo de 1950 por Carlos Delgado Chalbaud cuando aún presidía la junta militar que gobernaba el país. Se daba así curso a uno de los lineamientos expuestos por la Comisión Nacional de Urbanismo relacionados a cubrir las necesidades higiénicas y recreativas de la ciudad preservando un área verde de carácter forestal ocupada por los terrenos agrícolas de la hacienda “San José”.

El lugar seleccionado, uno de las últimas superficies planas de gran extensión sin construir en el valle, contenía un exuberante bosque de árboles tropicales centenarios que a todas luces habría que conservar. De las tierras, pertenecientes a la sucesión Díaz-Rodríguez, se expropiarían setenta y cinco hectáreas para el parque, colindando al norte con la línea del tren y la carretera del este, por el sur con los terrenos del Fundo “La Carlota”, por el este con el Fundo “La Casona” y con la Hacienda “Sosa” por el oeste, como se desprende de la información contenida en Contribución al estudio de los planos de Caracas de Irma De Sola Ricardo (1967). Cabe añadir que los límites del futuro parque quedarían claramente definidos dentro de la Comunidad 6 de Petare en la zonificación establecida por el Plano Regulador de 1951.

1. Plano de ubicación de los terrenos del Parque Nacional del Este en integración con los del Aeropuerto La Carlota previstos para ser la sede de la Exposición Internacional de Caracas de 1961. Extracto del plano de la Shell elaborado en 1961

No obstante contar con tan importante decisión, los terrenos destinados al Parque del Este no serían objeto de atención sino hasta principios de 1956 cuando el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, dando un paso más en su interés por mostrar los logros alcanzados por el Nuevo Ideal Nacional, emprende, a través del Ministerio de Fomento, la organización para 1960 de una Exposición Internacional de Primera Magnitud que sucedería a la que en 1958 se terminaría montando en Bruselas. Al proyecto se le añadiría el área correspondiente al Fundo “La Carlota” (donde terminada la exposición se localizarían diferentes instalaciones gubernamentales, deportivas y culturales, apuntándose a la creación de un nuevo polo de concentración del poder), y se sumaría a la transformación que se pensaba dar a la zona como corazón de negocios de la ciudad vinculado a la industria petrolera, toda vez que se preveía la construcción en La Floresta (en terrenos de la vecina Hacienda “Sosa”) del edificio de la Mobil Oil Company y la sede de la embajada de los Estados Unidos (ambos de Don Hatch, 1959 y 1958 respectivamente) y se proyectaría en la urbanización Los Palos Grandes el futuro Centro Petrolero de Caracas (a cargo de Angelo Di Sapio, 1957).

2. Izquierda:Afiche de la Exposición Internacional de Caracas. Derecha: Plan maestro de la Expo elaborado por el arquitecto Alejandro Pietri. Arriba, distribución orgánica de los pabellones e infraestructuras, y jardines de la Exposición. Abajo, desarrollo de la fase Post-Exposición y la ubicación de las diferentes instalaciones gubernamentales, deportivas y culturales en el área de La Carlota

Para llevar adelante la organización de la Exposición Internacional de Caracas 1960, se nombrará a partir de agosto de 1956 una Comisión Ejecutiva presidida por el ingeniero Ibrahim Velutini conformada por seis representantes de los diferentes despachos ministeriales involucrados. Velutini coordinará el proyecto mediante una comisión integrada por los arquitectos Alejandro Pietri (responsable de diseñar el Plan Maestro y parte de su arquitectura), y Carlos Guinand Sandoz (coordinador del desarrollo de los bosques y jardines de la Expo, base para el futuro Parque del Este). También se convocará a distintas personalidades como asesoras en diferentes áreas destacando la presencia del renombrado arquitecto paisajista brasileño Roberto Burle Marx y Asociados (Mauricio Monte, Julio César Pessolani, John Stoddart y Fernándo Tábora), el ictiólogo Dr. Agustín Fernández Yépez, los Sres. William y Katy Phelps, el ornitólogo norteamericano George Scott, el ofidiólogo Luis A. Rivas, el botánico Leandro Aristiguieta y J.M. Cruxent quien era el encargado de las colecciones del Museo de Ciencias.

Los objetivos de la exposición contemplaban no sólo permitir mostrar la actividad económica sino, de acuerdo al informe elaborado por la comisión encargada del proyecto que aparece en la Memoria y Cuenta del Ministerio de Fomento del año 1956, dar cabida a “otras manifestaciones del espíritu y la actividad humana”, ampliando su objeto “a lo social, lo artístico, lo científico y en general a todas las creaciones del hombre”. Así, el Plan Maestro y sus componentes arquitectónicos contemplarían la división en distintas áreas: Nacional, Universal, Ciencias y Artes, Espectáculos y Recreo, y Memorial Bolivariano agrupando las diferentes zonas expositivas en dos etapas previstas por los organizadores: Exposición y Post-Exposición, manteniéndose en ambas la idea de preservar para el Parque del Este la infraestructura que se realizara en el sector originalmente destinado para él.

Los avances que se dieron para llevar a cabo la realización de la Expo dan cuenta del importante rol jugado por Guinand Sandoz en preservar el área del parque y en insistir que el desarrollo de la parte destinada a exponer la flora nacional estuviese a cargo de Burle Marx y Asociados, quedando en manos de Alejandro Pietri lo relacionado a las edificaciones más emblemáticas destinadas a exponer nuestra rica fauna.

3. Arriba: dibujo hecho por Fernando Tábora del conjunto de la Exposición Internacional de Caracas. Abajo dibujos de Fernando Tábora y Roberto Burle Marx de dos de los patios no realizados

Así, cuando desde un comienzo Burle Marx y Asociados empiezan a darle vueltas al concepto de diseño para los espacios libres y jardines que les correspondería diseñar dentro de la Expo 60, como bien relata Fernando Tábora en Dos parques. Un equipo (2007) notan que “el primer problema (…)  fue el de encontrar un tema de diseño que tuviera una relación directa con la cultura venezolana y que al mismo tiempo fuera un atractivo especial para los visitantes. Para responder a este reto era necesario conocer más profundamente los valores que persistían en su sociedad. En aquel momento, la sociedad venezolana le estaba dando la espalda a la tradición y confiaba en un cambio hacia lo moderno sin mucha conciencia de lo que con esto se estaba perdiendo. Nuevamente Guinand se encargó de buscarnos ejemplos de lo que para él era lo mas representativo de estos valores, permitiéndonos visitar las casonas coloniales de la familia Vollmer en El Paraíso y de los Brandt en La Carlota, hoy residencia presidencial. Fue después de estas vistas que Burle Marx decidió que el tema principal de las áreas exteriores de la Exposición sería Jardines Amurallados o Patios. (…) La riqueza de posibilidades que estos espacios permitían, los ejemplos clásicos greco-romanos y árabes que pasaron directamente a la casa colonial española y la relación con una flora tan rica como la venezolana, constituyeron un incentivo a la creatividad que fue inmediatamente aprovechado por Burle Marx. La dificultad residía en cómo resolver espacialmente, la interminable serie de grandes y pequeños patios que él imaginaba: el patio del agua y paredes de azulejos, el patio de las xerófitas, el de las plantas umbrófilas, el de las orquídeas, el de las plantas perfumadas, el de las hojas coloridas, el de las fuentes y cascadas y muchos más”.

De esta manera fueron apareciendo los bocetos y maquetas que empezaron a dar cuenta de la manera como este sistema de espacios cobraría forma dentro del área de la Exposición y que posteriormente (reducidos a tres) pasarían a formar parte fundamental del área de acceso al Parque del Este cuando, caída la dictadura en 1958, se vinieran abajo los planes de que Venezuela entrase en el circuito de la Exposiciones Universales, se superase la incertidumbre acerca del destino de los terrenos y, a instancias de Guinand Sandoz, el gobierno de Rómulo Betancourt contratase el proyecto definitivo del más importante espacio recreacional de la ciudad a Burle Marx y Asociados.

4. Izquierda: plano topográfico del Parque del Este luego de su construcción. Derecha arriba: maqueta de los jardines amurallados. Derecha abajo: salida del Patio de los Azulejos hacia el Patio de los Muros Rojos

Acerca del diseño del área de acceso principal al Parque del Este (inaugurado oficialmente en 1961 como Parque “Rómulo Gallegos”, pasando luego a denominarse Parque “Rómulo Betancourt” en 1983 para finalmente a partir de 2002 adquirir su nombre actual de Parque “Generalísimo Francisco de Miranda”), ubicada sobre el lindero norte, que también coincide con decisiones que ya se habían tomado en el Plan Maestro de la Expo 60, y la manera como los patios se conciben como un mundo aparte formando parte de la transición que debía lograrse entre el ruido y la contaminación de la ciudad y el recogimiento y tranquilidad que requerían las zonas verdes recreativas, Fernando Tábora lleva a cabo una minuciosa descripción en su libro. Allí da cuenta de cómo se llegó a su disposición, dimensiones y tratamiento definitivo y de cómo se lleva a cabo la aproximación a ellos desde el acceso principal dando pie a un hermoso despliegue cargado de sensaciones que permiten descubrir, dentro de un cuidadoso manejo de la topografía, la incorporación de tres recintos de características particulares, siendo el Patio de los Azulejos (cuyo dibujo elaborado por Burle Marx ilustra nuestra postal del día de hoy) el que marca la pauta para el inicio del recorrido principal que en este sector se puede emprender, permitiéndonos pasar al Patio de los Muros Rojos para finalmente rematar en el de la Cortina de Agua.

5. Dos vistas del sector Los Patios del Parque del Este.

También el Patio de los Azulejos, en sus más de 2.200 metros cuadrados de superficie, cuya zona pavimentada está tratada con dos tipos de lajas de piedra y acompañada de una extensa hilera de bancos de concreto, ofrece la oportunidad a Burle Marx de dejar constancia de su impronta como artista plástico mediante el tratamiento de las paredes en forma de murales tridimensionales, que acompaña de 21 bandejas desde donde surgen láminas de agua y recubre de mosaico de 13 x 13 cms., rindiendo a su vez homenaje a una técnica tradicional de Brasil desarrollada como herencia proveniente de Portugal introducida allí por los árabes. Cabe destacar que la idea de contar con un “patio del agua y paredes de azulejos”, como vimos, ya estaba presente desde la etapa proyectual de la Expo 60 pasando el agua a ser el tema que vincula los tres espacios que en definitiva se realizarán. Los patios, aunque fueron tal vez los primeros elementos conceptualmente considerados para formar parte del tratamiento espacial del Parque del Este, fueron los últimos en terminar de construirse por discrepancias en el carácter que debía tener el de la Cortina de Agua, inaugurándose el 16 de diciembre de 1964. El descuido y falta de mantenimiento obligaron a emprender un cuidadoso reacondicionamiento realizado bajo la supervisión de John Stoddart, para, luego de dos años de trabajo, ser reabiertos al público en julio de 2014 devolviéndoles buena parte de sus condiciones originales y el de ser recinto donde el agua en movimiento juega un papel fundamental en su vivencia tanto de día como de noche. Ellos dan cuenta de una rica exploración acerca del significado que tiene un elemento espacial esencial dentro de nuestra tradición permitiéndonos experimentar de múltiples maneras el estar dentro y el estar fuera, sumado a la fluidez y continuidad de un recorrido que ofrece múltiples oportunidades de ser emprendido, donde la sensación de vernos siempre confrontados a la presencia de espacios dentro de otros espacios, llenos de texturas y colores, los convierten en una lección permanente de cómo iniciarse en la comprensión de la arquitectura y en uno de los lugares más hermosos que tiene la ciudad de Caracas.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 3 y 4. Fernando Tábora, Dos parques. Un equipo, 2007

1 y 2. Carola Barrios, Caracas: Ciudad Moderna y Museo. Intersecciones inacabadas en el paisaje de los años 50, Tesis Doctoral presentada en la UPC ATSAB, 2005

5. https://entrerayas.com/2014/07/fotos-rehabilitacion-integral-de-los-patios-ornamentales-del-parque-miranda/

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 146

La labor desarrollada por el Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV) desde que en 1966 toma el testigo dejado por la Sociedad Venezolana de Arquitectos (SVA), ha estado caracterizada por el permanente dilema que lo obliga a comportarse como garante de los derechos de un gremio siempre a la sombra de la ingeniería y a su vez como promotor del debate que suscitan lo profesional y lo disciplinar, velando en lo posible por lograr la mayor participación de sus agremiados en el desarrollo de la ciudad y en el diseño sus edificaciones más relevantes.

Así, persiguiendo una siempre esquiva e inalcanzable Ley de Colegiación, tras la quimera de tener algún día una sede propia que a su vez se convierta en obra referencial, auspiciando la realización de concursos, convocando periódicamente la participación a través de bienales a la mejor arquitectura realizada en el país, organizando eventos de muy diferente tenor, propiciando y cuidando las relaciones con sus pares a nivel internacional, velando por la incorporación de la provincia y buscando las vías para hacer visible a través de diferentes medios sus actividades, de las que siempre se ha esperado una mayor contundencia a la hora de tomar la bandera por exigir mejores condiciones de trabajo, mayor reconocimiento del rol del arquitecto, mejor arquitectura y menor impunidad en el desempeño de quienes tienen en sus manos el devenir urbano tanto desde el sector público como desde el privado, las diferentes juntas directivas que han pasado por el CAV han buscado cada una dejar una huella que con el pasar del tiempo permita ser reconocida.

Se podría decir que, luego de unos primeros años importantes donde se sentaron las bases de lo que hoy es el CAV en los que se delinearon las líneas maestras de sus actividades fundamentales, para quienes han aspirado y aspiran asumir la responsabilidad de dirigirlo siempre existe el mismo plan de trabajo, la misma agenda. La diferencia consiste en el énfasis y prioridad que se le den a las numerosas carencias y deudas contraídas en el tiempo aún sin subsanar para lo cual se requiere, además, contar con un equipo comprometido y una capacidad gerencial y de liderazgo comprobada. También es bueno reconocer que, con el transcurrir de los años y en vista de la ineficacia o desenfoque muchas veces demostrada por quienes han encabezado el CAV, se ha logrado acumular una buena dosis de desconfianza, escepticismo y predisposición desde unos agremiados que, valga decirlo, no se han caracterizado particularmente por su espíritu participativo convirtiéndose la tarea de dirigirlos en una labor muy ingrata.

Sin pretender llevar a cabo un balance de casi 53 años de vida de la entidad se pueden detectar momentos que pasan a ser claramente reconocibles en la medida que se mira hacia atrás por los objetivos y logros alcanzados. Por ejemplo, ha habido directivas que se recuerdan mayormente por su empeño en hacer del colegio un ente autónomo con identidad propia, otras por darle el mayor empuje a la realización de concursos, algunas por empecinarse en lograr el rescate en la periodicidad de los órganos divulgativos, las convocatorias a bienales o la realización de eventos importantes para potenciar una posible proyección nacional e internacional. Pero si hay alguna constante en todas ellas esa ha sido el convertir el mes de julio, cuando se conmemora su creación, en momento para llevar a cabo memorables encuentros, organizar ambiciosos programas o en todo caso realizar importantes esfuerzos por dar señales de vida aunque sea sólo una vez al año.

A la junta que dirigió el Colegio entre 2006 y 2012, sin que con ello queramos emitir un juicio de valor, se le debe reconocer, entre otros, el esfuerzo por rescatar en 2010, tras 14 años de silencio, la revista CAV de la que alcanzó publicar en un período de tres años hasta seis ejemplares. También la podemos recordar por organizar, con motivo de la realización Mes de la Arquitectura del año 2010 y como homenaje a la labor gremial del Arq. Julio Coll Rojas, conjuntamente con la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, la Universidad Simón Bolívar y el Espacio Capuy, una ambiciosa exposición que buscaba recoger la arquitectura realizada en el país a lo largo de cincuenta años, intentándose en cierta forma reivindicar las obras y arquitectos que empezaron a surgir a partir de la caída de la dictadura perezjimenista.

5 Décadas de Arquitectura Venezolana, a caballo entre una antología dado el amplio espectro temporal que buscaba cubrir y una bienal al convocar de manera abierta hasta las más recientes realizaciones, sin mayor claridad entre el peso que dentro de la muestra debía tener la obra pública (apabullada en general por la actividad privada), se convirtió, tal y como se recoge del nº 56 de la Revista CAV, “en una exposición única en tanto se organizó estrictamente según el año de graduación de los arquitectos con el ánimo de estimular la sana confrontación y dejar registro de la variedad de las propuestas de acuerdo a los diversos momentos en los que ha ejercido cada uno de los profesionales presentes”.

Las bases que regían la participación precisaban a cada participante la elaboración de un panel, de dimensiones preestablecidas y uniformes, donde debía cobrar particular relevancia un breve “texto reflexivo” a través del cual expresara su pensamiento y postura ante el ejercicio de la arquitectura en Venezuela, dentro de un discurso siempre en vías de enriquecerse. También, con la incorporación de una fotografía del autor se buscaba dar identidad y sentido humano a lo presentado lo cual consistía fundamentalmente en croquis, planos e imágenes de las obras las cuales podían haber sido construidas o quedado a nivel de proyecto.

Al momento de su apertura, podría decirse que la arquitectura nacional acusaba el impacto de una disminución tangible en la actividad profesional lo cual apuntaba a que apareciera un cambio de actitud ante la manera tradicional de llevar a cabo el ejercicio y una revisión del rol del arquitecto en una sociedad caracterizada por una difícil situación política, social y económica. A ello se sumaba la aparición de diversos protagonistas y la insurgencia de nuevas generaciones y con ellos nuevas técnicas de representación y manejo de diferentes fuentes de información que ponían de relieve la globalización como proceso indetenible. Pensar que se vivía (y aún se vive) una etapa de transición, que marcó el paso de un país pujante a un país ralentizado, no deja de ser una buena oportunidad para volver a apostar desde el ahora hacia un futuro que se avizora diferente y en el cual las nuevas generaciones tienen mucho que decir.

Los organizadores del evento vieron en cierta medida frustrado el esfuerzo ante la escasa convocatoria que tuvo la cual, como ya se dijo, no pasó de los cincuenta expositores. “Sin embargo -apuntarán- (su realización) abre un compás esperanzador hacia otras muestras que la superen en cantidad de participantes y en la necesaria reflexión sobre el ejercicio de la profesión y la urgencia por desplazar la apatía en nuestro gremio”. En 2011, también durante el mes de julio, en este caso en reconocimiento a la labor gremial y crítica de Arq. William Niño Araque (fallecido a finales de 2010), las mismas instituciones en el mismo espacio organizaron una segunda versión de 5 Décadas de Arquitectura Venezolana que tampoco alcanzó los niveles de participación esperados. Ello quizás hizo desistir a los promotores en seguir realizando nuevos esfuerzos que con mayor insistencia y claridad de metas quizás pudieron haberse institucionalizado y generado un importante banco de documentación con el que sabemos siempre es importante y necesario contar en nuestro país, vacío que más recientemente se ha intentado llenar con el rescate de las Bienales Nacionales de Arquitectura y se complementa con la perseverante tarea realizada por la revista entrerayas.

ACA

Procedencia de las imágenes

https://imagenes-urbanas.blogspot.com/2010/07/5-decadas-de-arquitectura-venezolana.html

Colección Crono Arquitectura Vnezuela

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 145

Cualquier aproximación a la historia de la arquitectura venezolana pasa por reconocer en las publicaciones periódicas documentos fundamentales para ir nutriendo cualquier investigación que se emprenda. De hecho hasta que aparecen las primeros libros editados expresamente para recoger temas vinculados a la disciplina, de los cuales vale la pena recordar La Caracas de ayer y de hoy, su arquitectura colonial y la reurbanización de “El Silencio” (1950) de Carlos Raul Villanueva y Templos coloniales de Venezuela (1959) de Graziano Gasparini, son las revistas las que asumen el rol de ir dando cuenta los avances científicos, técnicos y constructivos que una era de progreso creciente fue poniendo cada vez más a la vista del ciudadano común.

De entre estas publicaciones destaca, sin lugar a dudas, la Revista Técnica del Ministerio de Obras Públicas (RTMOP) creada por Decreto Presidencial del 19 de diciembre de 1910 dictado por Juan Vicente Gómez y cuyo primer tomo (del cual su portada se reproduce como postal el día de hoy) no aparece sino en enero del año siguiente, coincidiendo con el centenario de la declaración de la independencia.

De la lectura del Informe I de la investigación “La Arquitectura en la Hemerografía Venezolana de la primera mitad del siglo XX. Casos de estudio: Revista Técnica del MOP y Revista Élite”, financiada por el Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la UCV, adelantada por la profesora Beatriz Meza Suinaga, entregado en noviembre de 2009, titulado “Revista Técnica el MOP (1911-1959): una fuente para el estudio sobre Arquitectura y Urbanismo en Venezuela”, hemos podido saber que “los temas de arquitectura y urbanismo comienzan a ser introducidos en publicaciones periódicas en el país a fines del siglo XIX, mediante escritos tomados de prensa extranjera junto con textos elaborados por profesionales venezolanos como Juan Hurtado Manrique, Olegario Meneses o Julián Churión, quienes escriben para el Diario de Avisos, El Cojo Ilustrado, Liceo Venezolano, Ciencia y Letras, Ilustración Venezolana, entre otros”. También que “un impreso directamente precursor de la Revista Técnica objeto de esta investigación, fue el Boletín del MOP creado en ese Ministerio, una hoja que aparecía dos veces por semana y que debió ampliar su formato a los tres meses de circulación, imprimiéndose de manera ininterrumpida desde diciembre de 1895 hasta junio de 1896”.

Recordemos también que en 1862 (un año después de la fundación del Colegio de Ingenieros de Venezuela), aparece la Revista Científica, primera de ese tipo en el país y referente obligado para todas las que surgieron posteriormente, y que en 1874 se crea el MOP durante la presidencia de Antonio Guzmán Blanco jugando un papel clave en la construcción de la infraestructura que permitió el paso de la atrasada Venezuela del siglo XIX al siglo XX acompañando su proceso de modernización, disparado a partir de la aparición del petróleo, hasta que finalmente desaparece en 1976. Cabe añadir que desde su propia creación en el MOP existió la necesidad de ir registrando y documentando dicho proceso, siendo esta otra de las razones por las se decide la creación de la Revista mientras estaba a cargo del despacho el ingeniero Román Cárdenas, quien además lleva adelante la reorganización del Ministerio y pone en marcha la política de invertir el 50% del presupuesto de dicho organismo para la construcción de carreteras en todo el país.

Desde su aparición la publicación, de perfil básicamente técnico y científico signado por los aires positivistas que desde el pensamiento impregnaron diferentes ramas del saber entre el último tercio del siglo XIX y el primero del siglo XX, fue considerada por el nivel y calidad de la información que en ella se recogía como la más importante a nivel nacional, siendo catalogada por el investigador Juan José Martín Frechilla en Planes, planos y proyectos para Venezuela: 1908-1958 (apuntes para una historia de la construcción del país) (1994) como “una de las mejores publicaciones sobre ciencia y tecnología de la construcción que hayan circulado en Venezuela”.

La primera etapa de la RTMOP (1911-1914), conformada por 48 ejemplares, tuvo una periodicidad mensual y corrió a cargo del personal del mismo Ministerio y en particular de la Sala Técnica creada en 1909. A pesar de que no se destaque en la propia publicación de manera explícita el nombre de algún funcionario en particular como encargado de la redacción y edición, se atribuye al ingeniero Germán Jiménez el haber actuado como Director Fundador de la Revista en este período, de acuerdo a lo que nos aporta Meza Suinaga.

Tal y como se recoge del “Prospecto” que abre el nº 1 (impreso por la Litografía y Tipografía del Comercio), se trata “propiamente de una Revista de Ingeniería nacional” que, afianzando su talante positivista, plasmaría los aportes y conocimientos de nuestros profesionales “en la lucha que han tenido que sostener con el medio, para adaptar a nuestro suelo los métodos y procedimientos establecidos en otros países, de naturaleza y condiciones diferentes”. Sus loables y ambiciosas aspiraciones apuntaban a llenar un vacío y a la vez colaborar en “la instrucción científica, teórica y práctica, de las nuevas generaciones en el vasto camino de la Ingeniería”. Sin embargo, su objetivo primordial era dar cabida  a “todos los informes, estudios, planos, presupuestos y demás detalles técnicos de las obras que se ejecuten por orden del Gobierno Nacional”, abriéndose un espacio para estudios técnicos no oficiales de interés para el desarrollo industrial del país. Así mismo, habría “descripciones de los edificios nacionales, sus planos, los sistemas de construcción en ellos empleados, su mérito artístico y sus condiciones generales”, quedando por fuera “textos contentivos de análisis o críticas urbano arquitectónicas”, acotará Meza Suinaga, sesgo que sí surgirá con mayor insistencia en la segunda etapa de la Revista (1932-1940) integrada por 42 números, con periodicidad inicialmente bimensual, editados luego de una pausa de 18 años originada por las secuelas que trajo para Venezuela la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

De este nuevo período, liderado entre 1932 y 1936 por el ingeniero José María Ybarra Cerezo y desde esa fecha por el arquitecto Rafael Seijas Cook, vale la pena resaltar: la continuidad en la numeración anual, en el formato y en la secuencia de los respectivos ejemplares; la permanencia de las secciones abiertas en la primera; la apertura de “colaboraciones provenientes de distintos departamentos del Despacho” así como del extranjero; y el cambio que se da a partir de 1936 (luego de la muerte de Gómez y de la mano de Seijas Cook) cuando “empiezan a aparecer con mayor frecuencia una serie de artículos que apuntan hacia un significativo interés por lo arquitectónico, más allá de las referencias a obras públicas proyectadas y en construcción”, como bien precisa Meza Suinaga.

En total se publicaron 100 números de la Revista, sumándose a los dos lapsos comentados (conformados por 90 ejemplares) un tercero “de ocho números de 1955 a 1957 marcados por el gobierno de Marcos Pérez Jiménez (1952-1958) y la etapa final en tiempos democráticos con dos ejemplares aislados de 1958 y 1959 respectivamente”.

El período 55-57 registra no sólo una accidentada periodicidad (a pesar de la intención de que fuese mensual) y dos cambios de denominación, sino un giro importante hacia lo propagandístico buscándose en todo momento ensalzar la figura del Jefe del Estado y los resultados provenientes de la doctrina del régimen militar condensada en el Nuevo Ideal Nacional que apuntaba, como se sabe, al “mejoramiento moral, intelectual y material de sus habitantes y la transformación nacional del medio físico”, planteamiento cargado del positivismo propio del momento de la creación de la publicación, donde la obra pública cobra un papel protagónico. Sin embargo, aunque así haya sido declarado, la Revista aunque especializada no lo será tanto y mantendrá su perfil técnico sólo lo necesario, como bien nos acota Meza Suinaga.

Del último período, más accidentado aún que el anterior donde se detecta un nuevo cambio de denominación para regresar finalmente a la original, se puede rescatar la intención cumplida sólo a medias de retomar la incorporación de “trabajos de verdadero valor técnico o divulgativo (…) inspirado en los mismos principios éticos y científicos que le sirvieron de norma, así como su anterior formato”.

La desaparición de la RTMOP dejó la segunda mitad del siglo XX sin un referente importante y una fuente documental de primer orden para seguirle el pulso al desarrollo de las obras públicas del país. Aunque desde 1923 compartió honores con la Revista del Colegio de Ingenieros de Venezuela como las dos publicaciones más destacadas en el ámbito científico vinculadas al campo de la construcción, el espacio quedó vacío apareciendo con ello las correspondiente dificultades por ir armando la historia venezolana más reciente.

ACA