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¿SABÍA USTED…

… que el 19 de diciembre de 1925 se inaugura el Teatro Ayacucho, Caracas?

Cuando la semana pasada repasábamos la fructífera trayectoria del Alejandro Chataing (1873-1928) saltaba a la vista el hecho de haber desarrollado diferentes tipologías de edificaciones públicas, muchas de ellas ubicadas en el casco central de Caracas. Hay una en particular a la que prestaremos atención el día de hoy: la conformada por salas de entretenimiento (teatro, cine o ambas) con importantes aforos y diversas condiciones que van del Teatro Nacional (1905) al Ayacucho (1925) pasando por el Princesa (luego Rialto y hoy Bolívar) (1917) y el Capitol (1921).

1. Alejando Chataing. Izquierda: Teatro Nacional (1905). Derecha: Teatro Ayacucho (1925).
2. Alejando Chataing. Izquierda: Teatro Princesa (1917). Derecha: Teatro Capitol (1921).

Una revisión rápida permite detectar una interesante evolución, ubicándose en los extremos temporales los dos mejores ejemplos (el Nacional y el Ayacucho) que, sin embargo, se distancian el uno del otro en cuanto a expectativas, valor representativo y condiciones contextuales a las cuales se debía responder. Quizás valga la pena remarcar que el Teatro Nacional se trató de un encargo procedente del régimen de Cipriano Castro mientras el resto obedecieron a iniciativas particulares de diferente tenor. En otras palabras, el Nacional (terminado en 1905), ubicado en un terreno en esquina que le permitió a Chataing resolver un objeto autónomo, buscó emular las realizaciones llevadas a cabo por Guzmán Blanco el siglo anterior. Los otros tres ejemplos no tenían tan elevadas aspiraciones. Resueltos entre medianeras sólo la respuesta hacia la calle demandó la consideración del tratamiento en fachada donde una vez más Chataing despliega diversidad de opciones provenientes de su habilidad para manejar códigos de la más variada procedencia, con la única finalidad dar a entender que se trataba de edificios destinados para el uso en cuestión.

3. Plantas aproximadamente a la misma escala. Izquierda: Teatro Nacional. Derecha: Teatro Ayacucho

Los aforos, absolutamente ligados a las dimensiones de los solares, son otro dato interesante a considerar. En tal sentido llama la atención el hecho de que el Teatro Ayacucho (diseñado para 1300 espectadores) duplique la capacidad del Teatro Nacional (664 asientos) cifra que también fue superada por el Princesa (710). Sin duda el primero fue pensado para resolver un problema donde la funcionalidad y aprovechamiento al máximo del lote fue una variable impuesta por un propietario (V. Vallenilla Lecuna) que buscaba sacar el mayor provecho de la inversión hecha predominando la austeridad en el tratamiento de los espacios interiores (platea, balcón y gradería), mientras el segundo tenía aspiraciones de gran teatro “a la francesa”, lo que se evidencia en el diseño del vestíbulo (donde destacan las escaleras de acceso a los palcos) y de la espacialidad de la sala principal (en forma de herradura que determina la solución perimetral de las galerías de los dos pisos superiores) junto a detalles tales como el plafond del techo decorado por Antonio Herrera Toro, la lámpara central y el recargado tratamiento de los balcones.
Por el hecho de tratarse de espacios destinados a la presentación de espectáculos que albergaban numeroso público, las salas diseñadas por Chataing ofrecen la posibilidad de detectar el uso de sistemas estructurales mixtos donde la utilización del hierro empieza a tener claro protagonismo a la hora de salvar grandes luces. También permiten hacerle seguimiento el desarrollo que tuvo la aparición del cine en la capital en momentos en que la ciudad apenas sobrepasaba los 100 mil habitantes y descubría una nueva forma de entretenimiento que animaba la vida social.

Así, las crónicas señalan que el teatro Princesa (1917) fue “la primera sala para proyección cinematográfica de la capital” y que el Ayacucho (1925) se convirtió en “el primer teatro-cine de América del Sur” y “hacía alarde del más moderno sistema de proyección” en momentos en que el cine sonoro empezaba a desplazar al cine mudo. De hecho se conoce que entre 1925 y 1931 el teatro Ayacucho engalanaba las noches de estreno con su orquesta “aumentada a 40 profesores” para realizar la adaptación de muy variados programas musicales a los filmes exhibidos, y que en el Princesa hasta 1920, cuando aparecieron las máquinas que permitieron la sincronización del sonido con la imagen, era también una orquesta la que servía de telón de fondo a las proyecciones.

4. Posters de dos de las primeras películas sonoras proyectadas en el Teatro Ayacucho. Izquierda: «Ramona». Derecha: «La dama misteriosa»

De la página “Historia del cine en Venezuela” (https://historiadelcineucab.blogspot.com/2016/04/teatro-ayacucho-de-su-origen-y.html) rescatamos: “La premisa básica del Teatro Ayacucho era dar un espacio a los ciudadanos para su esparcimiento y consumo cultural, principalmente se buscaba ofrecer distintos eventos artísticos relacionados con las escenas. Y funcionaba perfectamente, su distribución permitía que todas las personas pudiesen acceder al lugar y presenciar lo que ahí sucedía. Tenía una platea, un balcón y una gradería, también había camerinos y una tramoya, pero estos espacios fueron eliminados y el espacio cambió un poco”. En 1929 mediante un sistema de cooperación comercial con el Almacén Americano (propiedad de William H. Phelps e importador de los nuevos sistemas de sonido), se proyectaron en las salas del Ayacucho las películas “Ramona” con Dolores del Río (1928, Artistas Unidos), “La dama misteriosa” con Greta Garbo (1928, Metro Goldwyn Mayer) y, posteriormente, “Canción de Amor” (1929, Art Cinema Corporation), película esta última que se promocionaba junto al disco de RCA Víctor en el que Lupe Vélez (la protagonista) interpretaba el tema central el cual podía adquirirse en el Almacén Americano.

5. Exterior del Teatro Ayacucho antes y después de su tranformación en mini-centro comercial en la década de 1990.

Por tanto, la inauguración del Ayacucho fue todo una evento dentro de la dinámica urbana de la capital y una clara demostración de la pujanza de una ciudad que empezaba a percibir el impacto de la aparición del petróleo. Como señala Iván González Viso en Caracas del Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015), “Fue edificado sobre bases coloniales, en una parcela alargada, frente al Congreso Nacional (al oeste), en pleno casco colonial. Su fachada evidencia una composición simétrica y referencias al academicismo francés. Destaca un gran arco apoyado sobre dos cuerpos sobresalientes que enmarcan el acceso principal, que se ve magnificado por cuatro columnas y una escalinata que conducía al hall de acceso”.

Volviendo a la inevitable comparación entre el Nacional y el Ayacucho, los dos más importantes teatros de Chataing, Beatriz Meza Suinaga en “Notas sobre arquitectura de Rafael Seijas Cook”, ponencia presentada en la Trienal de Investigación de la FAU UCV (2011), al repasar los escritos del “arquitecto poeta”, destaca particularmente una entrevista que le realizara a Chataig la cual daría origen al ensayo “Intervius de Élite. Causerie a Chataing” (Élite, agosto de 1926) donde luego de una serie de disquisiciones preliminares es curiosamente el entrevistado (Chataing) quien interroga al entrevistador (Seijas Cook) acerca de cuál de sus obras le gusta más, “quien indica la Sala de Espectáculos del Teatro Nacional por considerar bello el conjunto y ‘…el plafond evocador; y la empolvadísima araña un calderón de luminosa musicalidad…’ pero a su vez aprovecha para preguntar en relación con la demolición del balcón apenas inaugurado el coso, mas ante la indecisión de Alejandro Chataing para responder añade ‘…¿los cantilivier que los soportaban estarían bien equilibrados?…’ (…) En relación con el Teatro Ayacucho dice ‘Demasiado americano, un afán de multiplicar en logias, una encima de las otras, sus asientos … Su ‘Nacional’ sublima el alma; su ‘Ayacucho’ con su red de vigas de dimensiones brutales, la aplasta. Hace pensar en cargas y resistencias y pesos. El primero, es concepción de un arquitecto completo… El segundo, de un Ingeniero, un calculador, un empresario’. Queda establecida la diferencia entre el ingeniero frío y calculador y el arquitecto, quien es un artista que trabaja en función del ‘alma’, concluyendo Seijas que Chataing es ‘…el colega a quien más le debe la Caracas urbana y la Caracas suntuaria’ ”

Declarado Monumento Histórico Nacional según Gaceta Oficial nº 35.441 del 15 de abril de 1994, el Ayacucho dejó de funcionar como teatro a raíz de una desafortunada intervención que se le hiciera en la década de 1990 con el fin de albergar locales comerciales y múltiples salas de cine. Aunque su fachada aún aguanta los embates del tiempo y ofrece una cierta dinámica urbana, ha perdido totalmente el encanto de la época en la que fue construido quedando su esplendor de antaño sólo en el recuerdo de los ciudadanos que lo conocieron.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. Colección Crono Arquitectura Venezuela y http://guiaccs.com/obras/teatro-ayacucho/

2. https://twitter.com/CIVoficial/status/1494471372638244873 y Colección Crono Arquitectura Venezuela

3. http://guiaccs.com/obras/teatro-nacional/ y http://guiaccs.com/obras/teatro-ayacucho/

4. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

5. https://www.pinterest.com/pin/285415695110787754/ y http://guiaccs.com/obras/teatro-ayacucho/

HA SIDO NOTICIA

Victoria para Mallet-Stevens

Después de dos años de una larga batalla legal, los miembros de la asociación Mont 14 y los habitantes del edificio en 7 rue Méchain en París ganaron su caso. El tribunal administrativo de París ha emitido su decisión de cancelar el permiso de construcción de un nuevo edificio de tres pisos que podría haber perjudicado la obra del arquitecto Robert Mallet-Stevens.

«Una victoria patrimonial».

12 de abril 2021

Tomado de L’Architecture d’Aujourd’hui

(Reproducción del texto escrito por Maurice Culot, arquitecto y especialista en la obra de Mallet-Stevens, sobre esta decisión.)

En 1928, el arquitecto Robert Mallet-Stevens (1886-1945) proyectó un edificio en 7A rue Méchain en el distrito 14, París. El edificio de apartamentos, el único construido por el arquitecto a lo largo de su trayectoria, es notable y consta de apartamentos de viviendas y artistas, incluido el de Tamara de Lempicka. Todas las fachadas, así como el jardín y otras partes del edificio, están catalogadas como monumentos históricos. 

El 11 de marzo de 2021, la Comisión Nacional de Arquitectura y Patrimonio emitió un dictamen favorable para la clasificación de las partes inscritas y la intención de clasificar toda la construcción y los interiores.

La composición arquitectónica gira en torno a un jardín interior de estilo cubista e inspirado en la Secesión Vienesa (el arquitecto conocía el Hotel Stoclet de Bruselas). Una sucesión de arbustos cortados en forma de conos marcan el camino hacia la entrada al edificio ubicado en la parte trasera del jardín. El arquitecto contrasta los planos verticales con los planos horizontales que se manifiestan particularmente en la alta ventana vertical que ilumina el hueco de la escalera, que se convierte en una espectacular fuente luminosa al anochecer. Como siempre ocurre con Mallet-Stevens, el diseño del jardín está íntimamente asociado con la arquitectura. 

Hace dos años, MMA Mutual Insurance decidió derribar los edificios R + 1 apoyados contra el muro del jardín contiguo para construir un edificio de tres pisos. Este proyecto, que distorsiona por completo la atmósfera del jardín y la arquitectura, sin embargo recibió la aprobación del ente que vela por el patrimonio (ABF) y, por lo tanto, el permiso fue otorgado por el Ayuntamiento de París y el MMA llevó a cabo su proyecto. Los habitantes del edificio y la asociación Monts 14, asistidos por el abogado Joëlle Mouchart, libraron una batalla judicial que duró más de dos años y que acaba de encontrar su desenlace en una sentencia dictada por el tribunal administrativo de París el 19 de marzo de 2021.

La decisión de la entidad que vela por el patrimonio (ABF) fue rechazada por la corte después de un análisis particularmente fino y relevante centrado en la presencia de la luz y la composición volumétrica en la obra de Mallet-Stevens. 

«De los documentos en el expediente se desprende que la elevación de un piso del edificio ubicado en el corazón de la parcela, autorizado por el permiso de construcción, impactará la volumetría e iluminación del edificio afectando dos elementos esenciales de la obra tal y como fue concebida por Robert Mallet-Stevens.»

El tribunal cita las medidas cosméticas recomendadas por el órgano patrimonial «para armonizar los dos edificios», pero observa que «estas prescripciones no pueden atenuar la alteración del equilibrio logrado en el jardín diseñado por Robert Mallet-Stevens donde el área circundante juega un papel decisivo para su preservación.» El tribunal concluye que: «el proyecto daña partes de un edificio catalogado como Monumento Histórico y en cuyo campo de visión se encuentra. Por lo tanto, al dar un dictamen favorable a este proyecto, la entidad garante de su preservación como monumento cometió un error de apreciación y el permiso que se emitió en vista de este dictamen ilegal desconoce las disposiciones del código de patrimonio.» *

Los abogados han agradecido el control que el tribunal ha acordado realizar para cuestionar a la ABF. Por su parte, los críticos de arte se regocijarán al ver que el análisis de una obra de arte de calidad puede ser motivo de consideración en la sala de un tribunal. 

Finalmente, la sentencia precisa que «la ilegalidad, de la que está manchada la licencia de obra, no parece susceptible de ser regularizada», lo que significa que una licencia de modificación sería impotente para legalizar la construcción. Como resultado, se cancela el permiso otorgado por el alcalde de París el 22 de mayo de 2018 y se ordena conjuntamente al MMA y al Ayuntamiento de París pagar una pequeña indemnización procesal a los copropietarios. El MMA todavía puede apelar en casación ante el Consejo de Estado, pero ahora se puede presentar la solicitud de demolición del edificio indebidamente construido.

Maurice Culot

Arquitecto

Especialista en la obra de Mallet-Stevens

* extractos de la sentencia TA Paris n ° 1823677 / 4-3 del 19 de marzo de 2021.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 268

Otra de las piezas que ha pasado a ser icónica dentro de la arquitectura moderna venezolana es la casa que Gustavo Wallis Legórburu (1897-1979) proyectó para si mismo y su familia a finales de los años 30 del siglo XX y que terminó de construir en 1942: Piedra Azul. Como tal, se trata de un obra bien documentada, que ha sido objeto de diversas apreciaciones y descripciones y cuyo análisis crítico también ha sido accesible a través de diferentes fuentes.

Para Juan Pedro Posani primero en atender la existencia de la edificación en Caracas a través de su arquitectura (1969), Piedra Azul forma parte del capítulo “El Estilo Internacional” en el que se valora por encima de todo la obra de Manuel Mujica Millán como pionero dentro de una especie de “eclecticismo estilístico” donde el “internacional” era considerado como un estilo más, sumándose a él otros arquitectos que, como Gustavo Wallis, “se unían a Mujica en adoptar a veces las formas desnudas del cubismo arquitectónico”. Así, a la hora de referirse a la casa de Wallis (ubicada bajo el epígrafe de “el ‘estilo’ se difunde”, la despacha de la siguiente manera: “las formas-clichés del estilo internacional se difunden mediante las obras de varios arquitectos. Entre ellas debe ser recordada la quinta ‘Piedra Azul’ en el Country Club, del Arquitecto Gustavo Wallis. En esta quinta que fue premiada en el Primer Congreso Panamericano de Arquitectos, el Arq. Wallis sigue los esquemas de las articulaciones volumétricas ‘pintorescas’ y de los contrastes de materiales, con algunas reminiscencias muy llamativas en su época de los voladizos de la ‘casa de la cascada’ de Wright”.

1. Fachada norte

La transcripción de lo expresado por Posani la hemos hecho completa exprofeso porque es a partir de ella que fueron apareciendo las posteriores aproximaciones que conocemos de la obra, en su mayoría apelando, por un lado, a una mayor amplitud de lo descriptivo y, por el otro, cuando se profundiza un poco más, a valorar otros aspectos que Posani pasó por alto o no les dio importancia.

Así, en el catalogo de la exposición “La casa como tema” organizada por la Fundación Museo de Arquitectura en el Museo de Bellas Artes en 1989, Piedra Azul pasa a formar parte de aquellos casos que ejemplifican “La casa como tema de abstracción” ubicados al inicio de la modernidad venezolana, cuyo texto principal fue elaborado por William Niño Araque. Allí, sin discrepar demasiado en lo esencial con lo ya expresado por Posani en cuanto al peso que tuvo lo estilístico al momento de diseñarse y de las dificultades que se presentaban para incorporar un tratamiento del espacio verdaderamente moderno en las viviendas destinadas a la burguesía caraqueña (donde la Casa-estudio en Campo Alegre, 1933 y la Casa Blanca en La Florida, 1937, ambas de Mujica se convierten en clara excepción), Niño Araque intenta construir un discurso que busca explicar la manera como se hacen manifiestas diferentes novedades provenientes del neoplasticismo, el productivismo, el constructivismo o el expresionismo tardío en combinación con un funcionalismo que les permite a los arquitectos experimentar. De tal manera, Piedra Azul se sumará a la contundente ruptura con el academicismo planteada por Carlos Raúl Villanueva a través de la Escuela Gran Colombia (1939-1942), de la cual es contemporánea, grupo que incluye también otras obras que “formularán una auténtica síntesis del lenguaje neoplástico”.

2. Plantas
3. Fachada oeste.
4. Fachada este (principal)

Considerando la descripción en sí, en el catálogo de “La casa como tema” al referirse a Piedra Azul mencionan de forma muy escueta e imprecisa lo siguiente: “Construida a inicios de la década del cincuenta (sic), Piedra Azul marca notablemente la presencia de la Arquitectura Moderna e Internacional influenciada por la obra de Wright. La insistencia en las articulaciones volumétricas, las opciones vernáculas presentes en los muros de piedra y los contrastes de materiales en relación directa al tratamiento de la Casa de la Cascada, particulariza la imagen de esta casa en el área residencial donde se implanta”.

En otra vuelta de tuerca que condujo a un mayor rigor en el tratamiento del tema que hoy nos ocupa, Niño Araque, ahora para el catálogo de la exposición “Wallis / Domínguez / Guinand. Arquitectos pioneros de una época”, montada en la Galería de Arte Nacional en 1998, desarrolla de manera más hilada y fluida una descripción que no se separa de lo anteriormente expresado pero que ahonda aún más en aspectos compositivos y funcionales. También se hace eco de las distorsiones que ha podido crear la reiterada relación directa de Piedra Azul con la Casa Kauffman de Wright planteando que “dicha relación establece un tipo de interpretación que desconoce una cantidad de aspectos únicos que la presentan como un manifiesto de plena modernidad”.
Sin embargo, al leer la descripción hecha en busca de algún rasgo no señalado anteriormente, se nos vuelve a recordar, por ejemplo, que “el juego volumétrico neoplasticista expuesto en la casa, se libera en esta ocasión de todas las ataduras académicas”, a lo que se suma a modo de revelación que “la composición se origina a partir del ensamblaje de volúmenes blancos y volados, con un cuerpo de piedra maciza que los sostiene a partir de la idea de un basamento. Este juego alternado de texturas lisas y blancas con texturas rugosas y grises, desarrolla plásticamente una solución novedosa que demuestra la madurez de un vocabulario formal”.

5. Izquierda: Vista de la fachada este (principal). Derecha: Detalle de la fachada este (principal)
6. Izquierda: Detalle de la fachada sur. Derecha: Detalle del espacio de la escalera.

Es de resaltar en el texto sobre Piedra Azul de la exposición “Wallis / Domínguez / Guinand…” el hecho de detenerse en el valor que presenta el diseño de cada una de sus cuatro fachadas, “las cuales expresan su funcionalidad interna”, en la adaptación del edificio a la topografía (donde se salva un desnivel de tres metros) y en la definición del acceso que, como en proyectos anteriores realizados por Wallis (las casas Degwitz y Sucre), “se organiza siguiendo el estricto canon funcionalista…”

estableciéndose una clara diferencia entre la entrada principal y la que se destina al estacionamiento en virtud de la proporción que adquieren las respectivas marquesinas. Valga decir que el eje virtual que parte del acceso principal sirve para organizar el claro funcionamiento de las diferentes áreas que constituyen la vivienda: las sociales y de servicios en la planta baja y las íntimas (con sus servicios alternos) en la planta alta. Amplias terrazas que resuelven la relación interior-exterior se hacen presentes en cada nivel como importantes desahogos y oportunidades de disfrutar de las vistas lejanas

La horizontalidad reforzada por el uso de aleros de diferentes dimensiones y la racionalidad de la estructura aporticada son otros atributos que se valoran y a su vez derivan en “una sobredimensionada solidez”.

“Su espacialidad interior -referirá Niño Araque- es densa debido a la marcada insistencia en el uso de la piedra en combinación con el mármol  y a sus techos de material acústico. De esta interioridad y como referencia plástica única y sosegante aparece la escalera, resguardada por un vitral a doble altura que acentúa su atmósfera de penumbra”.

A modo de cierre, otro importante tema es resaltado dentro del análisis realizado por Niño Araque: el de la pared de vidrio (“como gran lucernario arquitectónico”) y la escalera adosada (“como columna vertebral de esta situación teatral y modernizante”), los cuales se constituyen en constantes dentro de la arquitectura de Wallis presentes en obras anteriores como el Palacio de la Gobernación de Caracas y el ya demolido Banco Central de Venezuela.

7. Diversas tomas recientes internas y externas de la casa.

Wikipedia añade a nuestro recorrido un dato si se quiere curioso que no habíamos detectado entre quienes se han ocupado de la casa, relacionado con el origen del nombre del inmueble. Allí se señala: “Mientras ejecutaba la construcción de varias edificaciones de la que sería la Urbanización La Castellana, se hicieron movimientos de tierra en las faldas del cerro El Ávila que dejaron al descubierto muchas rocas. Unas piedras de un color particularmente azulado llamaron la atención de Wallis, quien decidió colocar una cantera en el sitio y extraerlas para usarlas como material en la próxima construcción de su residencia personal. Con esto en mente, en 1941 diseñó el inmueble, inspirándose en los trabajos de Frank Lloyd Wright, y que recibiría el nombre del material escogido, sobre una parcela de 2.000 m² en la zona norte de Caracas”.
Una última referencia aproximativa al conocimiento de la casa Piedra Azul la constituye la nota elaborada por Diego Wallis para Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015) donde realiza un ejercicio de síntesis de apreciaciones provenientes de diferentes fuentes (fundamentalmente de los textos elaborados por Niño Araque) muy semejante al ejercicio que hoy hemos realizado desde aquí.

Wallis habitó la casa durante varias décadas. Hasta donde sabemos, actualmente continúa perteneciendo a su familia y se encuentra en un buen estado de conservación. Información obtenida del portal http://www.conlallave.com aparecida en abril de este año certifica que la casa se encuentra en venta y el amplio despliegue fotográfico que acompaña el aviso permite observar con detalle la actual condición del inmueble.

8. Parte del trabajo de levantamiento y representación de la Casa Piedra Azul llevado a cabo por los estudiantes Kevin Marcano, Adana Pedrón y Andrea Paredes dirigido por los profesores Joao de Freitas y Alberto Manrique en la Unidad Docente Nueve de la Escuela de Arquitectura Carlos Raúl Villanueva de la FAU UCV.

La documentación fotográfica y planimétrica que durante años se manejó de la casa Piedra Azul siempre fue escueta y reducida a las mismas tomas. Es por ello que la muy reciente experiencia académica (ubicable en https://www.instagram.com/jddefreitasjoao/) emprendida en el curso de pregrado de diseño (3º, 4º y 5º semestres) que dirigen los profesores Joao de Freitas y Alberto Manrique en la Unidad Docente Nueve de la Escuela de Arquitectura Carlos Raúl Villanueva de la FAU UCV, dirigida a reproducir y analizar casas referenciales dentro del paisaje caraqueño (entre las que se ha incluido Piedra Azul a cargo de los estudiantes Kevin Marcano, Adana Pedrón y Andrea Paredes), además del valor formativo que denota ofrece un riquísimo material que desde ahora se puede considerar como importante aporte al conocimiento y representación de la edificación a la cual hoy dedicamos esta nota.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. http://guiaccs.com/obras/casa-piedra-azul/

1, 2, 3, 4, 5 y 6. Galería de Arte Nacional, Wallis/ Domínguez/Guinand. Arquitectos pioneros de una época, 1998

7. https://twitter.com/arquitecturavzl/status/503382997991960576?lang=gu y https://www.conlallave.com/propiedades/apartamento-en-venta-barbara-marin-60465133.html

8. https://www.instagram.com/p/CQYeeGjHkc9/

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 260

La quinta Las Guaicas (que también en ocasiones se encuentra escrita como Las Guaycas) es reconocida como la primera casa moderna del país. En ella se observa una composición volumétrica trabajada según el dictado de patrones neoplasticistas que pasaron a formar parte muy temprano del repertorio de lo que se denominó “estilo internacional”.

Proyectada y construida a comienzos de los años 1930 (entre 1931 y 1933) del siglo 20, su nombre alude en plural a una planta espinosa que se encuentra en las sabanas de bancos, esteros y bajíos. Por su parte el DRAE iguala guaica a yanomami dando pie a la acepción “waica” (pueblo indígena de Venezuela de origen Caribe) y, en otros lugares se afirma que es sinónimo de “lanza” en lengua aborigen del valle de Caracas ligada, a su vez, a la muerte del cacique Tiuna “quien al parecer fue el último en caer, con una media espada enastada en el palo de guaica” tras enfrentarse a las huestes de Diego de Losada.

Las Guaicas se encuentra ubicada en Campo Alegre, urbanización construida en los terrenos de la hacienda Pan Sembrar, diseñada por el arquitecto Manuel Mujica Millán (1897-1965) entre los años 1929 y 1932 para el ingeniero Carlos Heny Benitz, último propietario de la estancia colonial.

Mujica Millán, natural de Vitoria (España) estudió arquitectura en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona obteniendo el título de arquitecto en 1925. En 1927, llega a Venezuela contratado para corregir las fundaciones del hotel Majestic de Caracas (frente al teatro Municipal); concluye el edificio y decora algunos de sus salones.

1. Plano de la urbanización Campo Alegre con la ubicación de las casas proyectadas por Manuel Mujica Millán.

Formado bajo los principios del urbanismo noucentista catalán, Mujica concibió Campo Alegre con calles arboladas, diagonales, y ramblas donde se construyeron villas de distintos estilos arquitectónicos. El eje compositivo de la urbanización de orientación norte-sur tiene en su parte central una “alameda” con espejo de agua y fuente, que remata en la Capilla de Nuestra Señora del Carmen con El Ávila como telón de fondo.

Mujica, quien a la postre contraerá nupcias con Bertha Heny Benitz, hermana del propietario de las tierras, proyectará en Campo Alegre hasta 36 quintas de las cuales tres, todas en estilo internacional, le servirán de morada siendo Las Guaicas una de ellas.

Si algo ha ocurrido con Las Guaicas es que ha sido objeto de atención en numerosos textos críticos y descriptivos, que se nutren en su mayoría de lo que Juan Pedro Posani expresó inicialmente en Caracas a través de su arquitectura (1969), cuando al describir la expansión hacia el este de las nuevas urbanizaciones caraqueñas, logra detectar la aparición de “algunos ejemplos de arquitectura cuyos planteamientos y formas derivan de la experiencia europea de la década del 30” en los que se manifiestan “la sencillez y articulación de la volumetría cúbica, la eliminación de recursos decorativos, la ausencia del uso del color, el estudio más racional de las plantas y de la distribución espacial en función de una organización familiar que se considera nueva”, grupo al que sin duda pertenece Las Guaicas.

Sin embargo, para Posani el comportamiento de estas nuevas quintas quedará reducido a aspectos esencialmente formales ya que en fondo no “existen en Venezuela las razones de orden económico-social que han sostenido los cambios arquitectónicos europeos de los años 30”. Por tanto, la difusión en Caracas del “estilo internacional” transformado en “estilo moderno” habría que entenderla como parte de una forma de actuar en el que es considerado por los arquitectos como un recurso más a incorporar dentro de un repertorio, es decir, como “la repetición o la adopción de una colección de formas y de cierta gramática de composición, independientemente de las correspondientes condiciones y oportunidades de desarrollo”.

2. Dos tomas de la quinta Las Guaicas. La primera de los años 1940. La segunda del 1990

Es teniendo estas consideraciones por delante que debe entenderse el rol jugado por Mujica Millán en general y en particular por Las Guaicas en el desarrollo de la arquitectura moderna en Venezuela en su condición de pionera, sin perder de vista que se trata de un interesante ejemplo de arquitectura racionalista con el que Mujica experimenta a la par que va diseñando quintas neo-barrocas, neo-coloniales o de estilo vasco. El detalle es que el capítulo moderno de este laboratorio lo tendrá a él y su esposa como destinatarios de los más vanguardistas ejemplos.

Así, en Las Guaicas se manifiesta una vez más la capacidad desarrollada por Mujica de organizar el espacio interno con calidad propia presente en obras de diferentes estilos. Posani explicará cómo “sus espacios estructurados en constelaciones de núcleos relativamente autónomos, son todos caracterizados como unidades en sí y a la vez son unificados por una señalada intención de enriquecer, con una variada experiencia del observador, la vivencia interna. (…) Hablábamos de una constelación de espacios: eso implica un recorrido, una secuencia visual. En sus obras de estilo internacional estos episodios espaciales se hacen más compactos, más fluidos y la lectura de ellos se hace más dinámica y unitaria”.

3. La espacialidad interior de la quinta Las Guaicas.

Al igual que en otras quintas realizadas por Mujica en el mismo estilo, en Las Guaicas “abundan fuertes contrastes de escala, una prolija manipulación de los volúmenes, violentas diferencias de alturas, muy próximas entre sí para acentuar el contraste, escaleras de desarrollo imprevisible, la iluminación natural dosificada estratégicamente y los detalles ingeniosamente funcionales”.

Más concretamente, tal y como se señala en el artículo dedicado a la casa en Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015) redactado por Iván González Viso, “la casa se implantó en el lote formando una ‘L’ y su programa se organizó en una sucesión de espacios notables. La fachada muestra prismas sostenidos por pilares, organizados según una retícula geométrica expresada en forma consistente en la composición”.

4. Planta, detalle de la fachada y uno de los baños de la quinta Las Guaicas.

William Niño Araque al describir la quinta que nos ocupa en el capítulo “La casa como tema de abstracción. Inicio de la modernidad”, del catálogo de la exposición La casa como tema. Primera aproximación antológica de la casa en Venezuela (1989), señalará: “La espacialidad de Las Guaicas recoge para la arquitectura venezolana del siglo XX un aspecto de relevante interés: su sinceridad. Sinceridad reproducida en la coherente respuesta interna de su vacío al complejo juego de su volumetría externa. Sinceridad expresada en el despojo de ornamentación y, sobre todo, en el asombroso desarrollo de su escalera interna, la cual representa una sucesión de situaciones inéditas y de espacios memorables para la arquitectura venezolana del siglo XX”.

Desde otro ángulo, Hannia Gómez en https://fundamemoria.tripod.com/id30.html  expresa lo siguiente: “Y así como no hay obra de arquitectura ingenua, no hay arquitecto no contaminado. Contemplemos Las Guaycas: las múltiples superficies vidriadas dan una luminosidad selectiva a los ambientes (creemos estar en un inmueble de la rue Mallet-Stevens; la luz del trópico se tamiza y difunde una claridad de un blanco amable, casi mediterráneo); la articulación de la volumetría cúbica se hace con la complejidad usoniana de una pradera distinta, pero ni es una articulación sólo cubista, ni una articulación sólo neoplástica: adivinamos aquí el barroquismo fluido de un Noucentismo rezagado, que eliminado de recursos decorativos, ausente del color … transita, con una sabiduría personal, hacia el racionalismo».

Como ya asomamos, Mujica proyectó entre 1929 y 1932 en Campo Alegre tres casas las cuales habitó y luego vendió sucesivamente. Hannia Gómez subrayará: “Son estas sus casas, sus residencias particulares, pero también sus esquicios, sus experimentos arquitectónicos y urbanos. Allí no diseña para otros: él es su propio cliente, es a él mismo a quien debe complacer a plenitud en el gusto arquitectónico; aquí podrá permitirse a sí mismo expresar con libertad su voz más personal, aquí desnudará de estilos su arquitectura, y su corazón”.

5. Estado de deterioro de la casa en 2016

Tristemente dos de ellas han sido demolidas. A ello se suma el que toda la urbanización fue afectada desde 1992 por un desconsiderado cambio de zonificación que convirtió lo que pudo ser un verdadero museo de arquitectura en edificios dirigidos a personas con elevado poder adquisitivo.

Las Guaicas al día de hoy es la única quinta de las que queda en pie amparada por una frágil declaratoria desde 1993 como Monumento Histórico, que lejos de preservarla pareciera haber derivado en su estado actual de abandono y progresivo deterioro, dando la impresión de que sus propietarios esperan su desplome para beneficiarse de las prebendas constructivas que ofrece la ordenanza, sin que las autoridades competentes hayan movido un dedo para salvaguardar su conservación.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 3 y 4. Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani, Caracas a través de su arquitectura, 1969

  1. Arquitectura HOY, nº 4, 13 de marzo de 1993

2. http://guiaccs.com/obras/las-guaicas/

5. https://entrerayas.com/2015/01/fotos-quinta-las-guaycas/