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EL ACERVO EDITORIAL DE LA FAU UCV

PABELLON DE VENEZUELA EXPO ’92 SEVILLA.

Una aplicación de estructuras transformables

IDEC – FAU – UCV

Ana Isabel Loreto (coord.)

Corporación Venezolana de Guayana y sus Empresas Filiales (patrocinador)

Altair Publicidad (promotor)

1993

La posibilidad de ejecutar el proyecto ganador del concurso para el Pabellón de Venezuela en ExpoSevilla’92 permitió a los arquitectos Henrique Hernández, Ralph Erminy y Marcel Erminy y su equipo, donde destacan en el diseño estructural Waclaw Zalewski y Carlos Henrique Hernández, experimentar dentro de la línea de investigación sobre estructuras transformables desarrollada en el IDEC, contando en este caso con el aluminio como material fundamental. También representó una importante oportunidad para poner en evidencia las capacidades profesionales e industriales existentes en el país a la hora de realizar una obra de gran significación y trascendencia. En tal sentido se destaca, por una parte, la capacidad de la arquitectura venezolana al proponer una edificación atractiva y funcional integradora de proposiciones plásticas con gran impacto innovador. Por la otra, el aporte a la ingeniería estructural en la realización de la estructura transformable más grande del mundo para el momento. La publicación que hoy nos ocupa recoge en una impecable edición los resultados de esta histórica experiencia.

El concurso del que surgió la selección de los proyectistas del Pabellón, cuyo veredicto se dio a conocer el 25 de junio de 1990, fue convocado por invitación, solicitándose al jurado integrado por los arquitectos Tomás José Sanabria (Presidente), Pablo Lasala, Emile Vestuti, Henrique Vera y Juan Pedro Posani (Curador), la escogencia de un solo ganador. Las dificultades que debió afrontar el grupo evaluador dada la calidad de las ochos propuestas presentadas por Domingo Álvarez, Jorge Castillo, Gorka Dorronsoro, Enrique Larrañaga, Juan Carlos Parilli, Jesús Tenreiro, Oscar Tenreiro y Henrique Hernández, lo llevó a destacar de forma enfática, dado el mérito e incluso brillantez de la mayoría de ellas, “la seriedad, la dedicación y el alto grado de profesionalismo de todos los participantes que califican muy bien el desempeño actual de la arquitectura de nuestro país”. La verdad es que pocas veces se ha contado con un ramillete de participantes y un jurado del nivel que este concurso mostró a lo largo de la ya larga historia de certámenes organizados en Venezuela.

Así, seleccionado Henrique Hernández como ganador y desatada la natural polémica que prosigue al veredicto de cualquier concurso, aderezada por características de la idea presentada, que según Juan Pedro Posani (en artículo aparecido en Economía HOY el sábado 21 de julio de 1990) reunió “la realidad en oposición y negación de los esquemas prefabricados” donde “si bien es indiscutible la vertiente tecno-racionalista en la cual se ubica su propuesta, también es evidente el alto contenido poético y lírico de sus aspectos más resaltantes”, el proyecto fue desarrollado y posteriormente trasladado a Sevilla pieza a pieza para luego ser levantado de manera espectacular en pocas horas convirtiéndose ello y su definitiva realización en todo un espectáculo.

1. Vista general el pabellón

Pues bien, de todo el proceso de conceptualización, diseño y construcción del Pabellón, y su inserción en una clara línea de investigación dentro del IDEC dedicada a la concepción y desarrollo de estructuras transformables, cuya característica principal es su capacidad de plegarse y desplegarse, trata esta publicación, cuidadosamente realizada bajo la coordinación de Ana Isabel Loreto e impresa por Ex-Libris.

Contiene el libro, de tapa dura, papel glasé, bilingüe, formato casi cuadrado (24 x 25 cms.), de 96 páginas en español y 18 en inglés (únicamente los textos), una “Presentación” a cargo de Leopoldo Sucre Figarella (Presidente de la CVG), un “Prólogo” de Luis F. Marcano González, una “Introducción” de Juan Pedro Posani, y una serie de “Comentarios” que abarcan diferentes facetas de Henrique Hernández, Waclaw Zalewski, Félix Escrig, Carlos Henrique Hernández, Luis Marcano González, Efraín González, Ralph Erminy y Carlos Cruz Diez, finalizando con la “Descripción del proyecto” para llegar a los ya mencionados “Textos en inglés”.

2. Vista de la plaza anterior de acceso al pabellón cn los paraguas y piso diseñados por Carlos Cruz-Diez
3. Dos dibujos que muestran aspectos constructivos del pabellón. Izquierda: Corte transversal del edificio. Derecha: Detalle de un nodo

Sin duda la parte más sustanciosa del libro la constituye la “Descripción del proyecto” donde el texto, elaborado por Ana Loreto con la colaboración de Henrique Hernández, Ralph Erminy, Carlos Cruz-Diez, Carlos H. Hernández y Manuel Landaeta, se pasea de forma precisa por la ubicación del Pabellón dentro de la línea de investigación que dentro del IDEC representa, por las variables tomadas en cuenta desde el punto de vista compositivo, funcional y formal, y por proveer la mayor información posible acerca de sus dimensiones, áreas que lo conforman (la plaza y sus 36 mástiles de 19.9 mts. de altura que definen virtualmente un cubo y el edificio propiamente dicho con la sala audiovisual como espacio dominante, la sala de exposiciones y los servicios conexos), hasta llegar a sus dos más importantes logros: la incorporación de la luz y su manejo potenciada por las intervenciones cromáticas que Carlos Cruz-Diez propone tanto para el interior como para el exterior como una clara muestra de la “integración de las artes”; y la resolución a nivel tanto general como de detalles de su construcción como estructura transformable en aluminio, yendo desde el grupo de elementos que lo conforman (todos pensados como si de armar un mecano se tratara) hasta el proceso que se siguió para su elaboración en las plantas donde se transformó la materia prima proveniente de VENALUM y ALCASA, su almacenamiento y traslado y, sobre todo, la rapidez con que pudo levantarse, cerrarse y concluirse a nivel de acabados, una vez que todos los componentes llegaron al sitio que le correspondió dentro de la Expo de Sevilla.

4. Dos momentos del proceso de izamiento, colocación y ensamblaje el pabellón dentro del recinto ferial
5. Vista exterior lateral-posterior del pabellón

Pero si la descripción escrita tiene un importante peso más aún lo tienen las imágenes, todo un deleite para los ojos, constituidas por una selección de magníficas fotos (aportadas por Marcel Erminy, Carlos Henrique Hernández, Pepe Nieto y la empresa VENALUM) y nítidos dibujos conceptuales y técnicos, sin los cuales no sería posible comprender a cabalidad una obra de estas características que, vista a distancia y con la debida objetividad, ha marcado un hito en el desarrollo reciente de nuestra arquitectura.

Se trata, en resumen, de una publicación que, si bien pone de relieve una edificación de marcado carácter tecnológico, circunscrita a una forma de concebir y hacer de la construcción y su control total los garantes de soluciones integrales a la que importa poco si se le considera como “arquitectura”, está salpicada en cada página que la conforma de buen diseño y material invalorable. Eran años en los que Venezuela logró ubicarse, gracias al Pabellón que la representó en Sevilla, a la cabeza en el manejo del aluminio, material que representaba al moderno mundo industrial, a nivel planetario. Muestra de una arquitectura que, pese a no proponérselo, encierra múltiples y sugerentes mensajes vinculados a nuestra identidad.

ACA

Todas las imágenes proceden del libro comentado

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 160

La realización en 1954 de la Primera Feria Exposición Internacional de Bogotá, Exposición Industrial, (FEIB) se convirtió en el primer reto que la recién creada Corporación de Ferias y Exposiciones (Corferias), con Jorge Reyes Gutiérrez a la cabeza, debió afrontar. Con el firme objetivo de “promover el desarrollo y conocimiento de la riqueza industrial, agrícola y pecuaria del país mediante la realización de exposiciones nacionales e internacionales” (según reza en su decreto de fundación del 8 de junio de 1954), Corferias  estuvo conformada en sus inicios por capital mixto aportado por el Ministerio de Fomento (sector oficial) y la Asociación Colombiana de Pequeñas y Medianas Industrias -ACOPI- (sector privado). Ello no impidió que se transformara en 1955 en Sociedad Anónima, manteniendo tales condiciones hasta 1989 cuando la Cámara de Comercio de Bogotá adquiere el 100% de sus acciones, marcándose así la privatización definitiva de la Corporación que paulatinamente vio mejorar su infraestructura inicial y aumentar la frecuencia de ocupación anual de los espacios, hasta convertirse hoy en el Centro Internacional de Negocios y Exposiciones “sociedad de carácter privado, que impulsa el desarrollo industrial, social, cultural y comercial en la Región Andina, Centroamérica y el Caribe”.

La Primera Feria abrió sus puertas el 29 de octubre de 1954 inaugurada por el entonces presidente colombiano Teniente General Gustavo Rojas Pinilla, quien gobernó entre 1953 y 1957 y cuyo mandato, al igual que muchas dictaduras latinoamericanos coincidentes en la época, se caracterizó por la realización de relevantes obras de infraestructura. Con la paradójica situación de que el país vivía bajo un cierre absoluto de importaciones  y que para incentivar la participación de las empresas extranjeras, se permitió la traída de bienes rebajando el llamado Impuesto de Timbre, con el compromiso de que sólo fueran exhibidos y no vendidos en el evento, participaron un poco más de mil expositores, 24 naciones (Venezuela entre ellas) y asistieron casi 100 mil espectadores. Tal y como señala la prensa de la época: “Los bogotanos, además de viajar y conocer las diferentes culturas del comercio mundial, estaban ansiosos por la campaña de expectativa del gobierno en la que se le había prometido al país progreso, modernidad y crecimiento económico».

Su costo de dos millones de pesos fue aportado a partes iguales entre los dos principales accionistas de la Corporación que tuvo en sus manos la organización, ampliándose la exhibición de los productos contemplados en su decreto de creación, a la presencia de aportes provenientes de países que empezaban a despuntar en la generación de nuevas formas de energía. Los pabellones más visitados fueron los de Alemania, Suecia, Francia, Suiza y Bélgica, llamando la atención que en el área donde estaban ubicados Estados Unidos y Canadá, se brindaba información a los visitantes sobre “la visión del capitalismo democrático norteamericano”, que el autócrata Rojas Pinilla tuvo que tragar mientras recorría el recinto el día inaugural.

Tal y como señala José Javier Alayón en “Proyectos feriales de Bogotá y Caracas en la década atómica. Precisiones sobre sus aportes a la modernidad local e internacional”, ponencia presentada en el III Congreso de Investigación Interdisciplinaria en Arquitectura, Diseño, Ciudad y Territorio (diciembre de 2018), organizado por la FAU de la Universidad de Chile, cuyas memorias se publicaron en marzo de 2019, “aparte del impulso económico a la industria colombiana, en lo arquitectónico, la Feria Exposición Internacional de Bogotá (FEIB) no buscaba, al menos explícitamente, convertirse en un experimento o espectáculo. Seguramente, la urgencia por celebrarla descartó exploraciones y riesgos. La solución prefabricada de las naves de madera laminada de la empresa holandesa Nemaho (Empresa pionera en cerchas de madera laminada, tratada y encolada que vendió sus estructuras por todo el mundo entre 1921 y 2009), era igualmente representativa del momento moderno: solución rápida, eficiente, económica y estéticamente contemporánea”.

Instalada en un terreno de 20.000 metros cuadrados adjudicado inicialmente a la Escuela Militar de Cadetes y las Empresas Municipales del Tranvía de Bogotá, en el barrio Quinta Paredes, la feria fue una de las dos operaciones que establecieron “un vector de expansión hacia el noroccidente de la ciudad que, sumadas al nuevo aeropuerto y próximas a la ciudad universitaria, concentraron usos y formas propias de la ciudad industrial, aunque con el desfase propio de las ciudades latinoamericanas”, según señala Alayón.

1. Plano general de la Primera Feria Exposición Internacional de Bogotá, Exposición Industrial. 1954
2. Vista nocturna de la Tercera Feria Exposición Internacional de Bogotá, Exposición Industrial, 1956, con el pabellón de los Estados Unidos en primer plano.

El recinto, organizado de acuerdo al plan maestro elaborado por el arquitecto Carlos E. Pérez Calvo (graduado en Bélgica) e Imre Von Mosdossy (“Experto en planeamiento y montaje de ferias internacionales”), construido con la ayuda del ejército nacional, fue trazado bajo un esquema claramente académico cuya plaza de entrada estaba presidida  por dos imponentes pabellones en madera provistos por Nemaho. El conjunto “se ordenaba a partir de los dos ‘palacios’ de madera, dispuestos radialmente respecto del pórtico de acceso proto-tendenza (construido por Gabriel Puerta). Los frentes abovedados de estos hangares configuraban la plaza principal, respondiendo al eje de simetría que reforzaba una funambulesca marquesina (una doble ménsula, a modo de alas desplegadas, construida por Cemento Samper y Cemento Diamante). Esta pequeña estructura de concreto armado era el contrapunto estereotómico a la ciudadela tectónica, construida en solo 9 meses. (…) Si bien las estructuras de madera laminada no eran una novedad constructiva en Colombia, importadas desde 1939, las feriales eran las primeras urbanas y de uso público, mostrando a miles de personas sus ventajas. Más remarcable fue la iluminación a cargo de la empresa belga Éclairage Schréder (Fundada en Lieja, en 1907, también iluminó el Atomium de Bruselas’58), que empleó novedosas luces de mercurio y fluorescentes, produciendo un ambiente nocturno cosmopolita, en lo que había sido un potrero meses atrás”.

El proyecto del pabellón venezolano en esta feria le fue encargado a Alejandro Pietri (1924-1992) quien para ese momento aún no había obtenido el título de arquitecto en la FAU UCV (lo hizo en 1955 con tres años previos cursados en la Universidad de Oklahoma). Se trata de una cubierta plegada autoportante combinada con herrería metálica que permite soportar los cerramientos, lo que denota la importante influencia que ejerció en los años formativos del arquitecto Pietri la construcción de la Ciudad Universitaria en cuanto laboratorio estructural, sumada a los avances que se venían logrado en otros países alrededor de las posibilidades que ofrecía el concreto armado en el moldeado de cubiertas ligeras.

3. Diversas tomas del pabellón venezolano en Primera Feria Exposición Internacional de Bogotá, Exposición Industrial. 1954

Esta preocupación que Silvia Hernández de Lasala denomina en el libro Alejandro Pietri. Arquitecto (1995) como «estética estructural», producto de las influencias señaladas, puede atribuirse también a la formación “profesionalizante” que predominaba en la Escuela de Arquitectura de la UCV, al apoyo que ofrecían excelentes calculistas egresados de la Facultad de Ingeniería de la misma universidad o inmigrados durante la posguerra, y una calificada mano de obra dado el gran volumen constructivo que se dio en aquel momento, todo lo cual le permitió a Pietri ponerla en práctica, como parte de una tendencia clara del momento, cuando se le encargan los pabellones de Venezuela para la Feria Exposición Internacional de Bogotá (1954, que hoy nos ocupa), la Feria de la Confraternidad y el Mundo Libre en Ciudad Trujillo, hoy Santo Domingo (1955, República Dominicana) y la Feria Internacional de Damasco (1957, Siria, no realizado), aderezada con una alta dosis de creatividad y originalidad propias de su personalidad que Hernández de Lasala trata muy bien a lo largo del libro. El punto culminante de esta “estética estructural” lo constituyen, sin duda, la realización por parte de este arquitecto de las Estaciones para el Teleférico de El Avila localizadas una en Maripérez (Caracas) y la otra en el “El Cojo”, Macuto, Litoral Central, así como del Recinto Ferial para la Exposición Internacional de 1960, que no se realizó, en los terrenos donde posteriormente se construyera el Parque del Este de Caracas.

Tal y como apunta Alayón, el olvido o la poca atención prestada por las historiografías locales a proyectos feriales como el de Bogotá a los que se suman los de Ciudad Trujillo y Caracas ya mencionados y la Feria Internacional del Pacífico en Lima (1959), no disminuyen la importancia que, al menos la experiencia bogotana, tuvo en la aceleración económica de la ciudad y su significado en “la expansión de la ciudad con nuevos usos y formas arquitectónicas en el momento que la ciudad desbordaba su trazado colonial, consolidando una modernidad más amplia … con arquitecturas extranjeras, compradas o visadas como pabellones efímeros, que exponían productos y costumbres nuevas”. En cuanto al edificio diseñado por Pietri sabemos que se utilizó en las ferias organizadas los dos años siguientes (1955 y 1956) hasta que se decide desmantelarlo. No por ello deja de ser importante subrayar el papel protagónico que cobró su sistema portante y la fluidez espacial que gracias a ello se pudo lograr tanto en el interior como en su relación con el exterior. Racionalismo, experimentalidad, rigor geométrico y plasticidad formal son las premisas fundamentales que rigieron su diseño, donde se asume también como parte de su caracterización y concepción constructiva la condición efímera que todo pabellón posee.

ACA

Procedencia de las imágenes

1 y 2. José Javier Alayón, “Proyectos feriales de Bogotá y Caracas en la década atómica. Precisiones sobre sus aportes a la modernidad local e internacional”, ponencia presentada en el III Congreso de Investigación Interdisciplinaria en Arquitectura, Diseño, Ciudad y Territorio (diciembre de 2018)

3. Revista A, hombre y expresion, nº 2, 1955

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 152

Después de la realización de los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964 (también conocidos como Juegos de la XVIII Olimpiada), le correspondió a la Exposición General de Primera Categoría de Osaka (1970) certificar ante el mundo que el renacimiento de Japón y su conversión en potencia industrial era un hecho, después de la humillante capitulación y dantesca destrucción de que fuera objeto durante la Segunda Guerra Mundial. Ya para entonces descollaba la figura de Kenzo Tange como máximo representante de la arquitectura de ese país a quien se le otorgó el protagonismo en cuanto al diseño de las más destacadas instalaciones deportivas de Tokio (las piscinas y el gimnasio -el estadio olímpico de 1958 objeto de una remodelación le fue asignado a Mitsuo Katayama-), condición que se repetirá al ser el encargado de realizar el master plan de Osaka junto a Uso Nishiyama.

Tampoco estaría de más recordar que cuando se organiza Expo Osaka ’70, Japón ya había entrado a formar parte del debate arquitectónico internacional a raíz del surgimiento de lo que se conoció como el movimiento metabolista (o metabolismo) que fusionó las ideas sobre megaestructuras arquitectónicas con las del crecimiento biológico orgánico, dándose a conocer por vez primera en el Congreso Internacional de Arquitectura Moderna (CIAM) de 1959, siendo probadas sus ideas provisionalmente por estudiantes del estudio MIT de Kenzo Tange. Posteriormente, durante la preparación de la Conferencia Mundial de Diseño de Tokio (1960), un grupo integrado por el crítico de arquitectura Noboru Kawazoe, los jóvenes arquitectos Masato Otaka, Fumihiko Maki, Kiyonori Kikutake y Kisho Kurokawa y los diseñadores Kiyoshi Awazu y Kenji Ekuan (entre otros), liderados por Tange, prepararon la publicación del manifiesto titulado “Metabolismo 1960: Propuestas para un nuevo urbanismo” serie de cuatro ensayos titulados: Ocean City, Space City, Towards Group Form and Material and Man que también incluía diseños para vastas ciudades que flotaban en los océanos y torres de cápsulas enchufables que podrían incorporar el crecimiento orgánico. Asímismo, el movimiento involucró a otros arquitectos como Arata Isozaki y Sachio Otani que se sumaron a algunos de los ya mencionados al llamado hecho por Tange a trabajar en Osaka.

Si bien el grupo metabolista logró alcanzar un gran impacto y difusión a raíz del lanzamiento de su Manifiesto sus ideas siguieron siendo en gran medida teóricas y la escala de sus intervenciones se redujo a edificaciones pequeñas e individuales, convirtiéndose Osaka’70 en la oportunidad donde se pudo concentrar y visibilizar en buena parte su trabajo. Tange al ser encargado del master plan encontró en la feria una excelente oportunidad para cristalizar la realización de las ideas urbanas que los metabolistas habían estado desarrollando en los años cincuenta y sesenta. Además invitó a doce arquitectos, incluidos Isozaki, Otaka, Kurokawa y Kikutake para diseñar elementos individuales. También le pidió a Ekuan que supervisara el diseño de los muebles y el transporte, a Shigeo Fukuda y Yusaku Kamekura que intervinieran en el diseño gráfico y a Kawazoe que curara la Exposición Mid-Air que estaba ubicada en el techo del enorme espacio que identificará el evento, para la cual se convocó a una selección de arquitectos del mundo para diseñar pantallas entre quienes se encontraban Moshe Safdie, Yona Friedman, Hans Hollein y Giancarlo De Carlo.

Expo Osaka 1970, Japón. Izquierda: Plano del conjunto. Derecha: Vista aérea

Osaka’70 cuyo tema fue «Progreso y Armonía para la Humanidad» apuntando directamente a las nuevas generaciones, había sido elegida como sede por la Oficina Internacional de Exposiciones (BIE según sus siglas en inglés) en 1965. Precedió a la Expo’68 de Montreal y antecedió a la Expo’92 de Sevilla. Contó con la participación de 76 países (Venezuela incluida), una colonia (Hong Kong), tres estados de los Estados Unidos y una ciudad alemana, y fue visitada desde su apertura el 15 de marzo hasta su clausura el 13 de septiembre por más de 64 millones de personas, lo cual da una muestra del éxito obtenido.

Debido a la forma del terreno de 330 hectáreas seleccionado, Tange y su equipo de arquitectos concibieron la exposición como un organismo vivo y cambiante con una «columna vertebral central que podría servir como el centro de una ciudad futura» y la organizaron basándose en dos tramas, una paralela a la avenida principal de conexión y la otra girada 45 grados. La zona más importante recorría de norte a sur el recinto, que abarcaba una carretera principal en dirección este/oeste.

Expo Osaka 1970, Japón. Festival Plaza. Arquitectura: Tomoo Fukuda, Koji Kamiya y Kenzo Tange. Cálculo: Yoshikatsu Tsuboi Institute y Kawaguchi & Engineers

Tange imaginó que la Expo debería concebirse principalmente como un gran festival donde los seres humanos pudieran reunirse. Bajo esta premisa los diseñadores que lo acompañaban pensaron que, a diferencia de anteriores exposiciones, deberían apostar por un lugar de encuentro y celebración abierto, surgiendo así la «Festival Plaza», una gran plaza cubierta por un gran techo de cristal (que en cierta forma rememora al Crystal Palace elemento central de la Gran Exposición de Londres de 1851), ubicada al norte de la carretera que tenía la puerta principal en su extremo sur. Al norte de la puerta principal, y fundamental para el Festival Plaza, se encontraba la Torre del Sol (creada por el artista japonés Tarō Okamoto y símbolo de la Expo), desde la cual los visitantes podían acceder a pasarelas peatonales que les llevaban hacia cualquier punto del recinto.

La gran cubierta, una estructura basada en un malla de doble capa de 10,8 x 10,8 metros con una profundidad de  de 75,6 metros de ancho y 108 metros de longitud, con una altura de 30 metros y con el único apoyo de sólo seis columnas de entramado, fue diseñada por Tomoo Fukuda, Koji Kamiya y Kenzo Tange y calculada por el Yoshikatsu Tsuboi Institute y Kawaguchi & Engineers, quienes la concibieron como gran marco espacial metálico. Mamoru Kawaguchi inventó una rótula sin soldadura para distribuir de forma segura la carga y elaboró un método para ensamblar en el suelo toda la estructura del techo de 4800 toneladas  la cual se elevó a su posición final por medio de gatos neumáticos que subían a lo largo de las seis columnas principales.Todo un sueño metabolista hecho realidad.

El concepto de planificación fue comparado con un árbol: la idea era pensar en los pabellones nacionales como flores individuales que tenían que estar conectados a la totalidad a través de ramas y un tronco en común. Así, la «Festival Plaza» sería el tronco y  las zonas peatonales y sub-plazas, las ramas. Estos elementos fueron reforzados con el color, con el tronco y las ramas en blanco liso y los pabellones en sus propios colores, que fueron determinados por los arquitectos nacionales.

Vistas generales de la Expo Osaka 70 donde se pueden apreciar algunos de los pabellones

Los pabellones se convirtieron en todo un laboratorio que permitió experimentar con ideas que se gestaron en los años 60: los marcos espaciales, la prefabricación, la integración tecnológica, las estructuras a tracción, las cúpulas, los inflables, el metabolismo y los viajes espaciales fueron algunos de los temas que se destacaron. Dennis Crompton, fundador de Archigram, manifestó que realmente disfrutó su tiempo allí porque «fue la primera vez que muchas de esas ideas aparecieron en forma construida».

Dentro de este marco, Venezuela se presentó compartiendo una estructura con Panamá, Uruguay y Perú: la llamada “Plaza Internacional II-B”, diseñada por las oficinas japonesas “Environmental Design Associates” y “Toshi Kenchiku Sekke Firm”, tal y como se recoge en Architectural Review 148, nº 882, agosto, 1970, p. 96, de donde hemos extraído la foto que acompaña nuestra postal del día de hoy. Los 80 metros cuadrados que ocupó Venezuela en una edificación compartida, cuya estética estructural se asemeja mucho a la que predominó en el evento, dan a entender que se trató de una participación a la cual el gobierno de Rafael Caldera no le prestó mayor atención quedando muy lejos del esfuerzo y calidad mostrados en la Expo 67 de Montreal. Tampoco ha sido posible obtener mayores datos relacionados al contenido de la muestra enviada y las gestiones que dieron como resultado el que al menos se hiciera acto de presencia.

Commemoration Park de Osaka, ubicado en el área donde en 1970 se llevó a cabo la Expo donde aún se conserva la Torre del Sol, creada por el artista japonés Tarō Okamoto

El recinto de la Expo ’70  es ahora el «Commemoration Park». Casi todos los pabellones fueron demolidos, pero unos pocos monumentos permanecen, incluyendo una parte del techo de la «Festival Plaza». La estructura más famosa y recordada sigue intacta: la Torre del Sol.  En el marco de lo distópico y del ambiente de ciencia ficción que también rodearon el evento cabe apuntar que al finalizar la Exposición, se enterró una cápsula del tiempo la cual no se puede abrir hasta pasados 5.000 años, coincidiendo con el año 6970. La cápsula fue donada por Matsushita Electric Industrial Co.

ACA

Procedencia de las imágenes

Todas. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad