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La técnica de la inclusión

Ignacio A. Cardona

Transitar por Caracas siempre ha significado atravesar fragmentos. Fragmentos sociales, territoriales, económicos y simbólicos que conviven dentro del valle sin necesariamente encontrarse entre sí. Durante décadas, la ciudad produjo una extraordinaria diversidad urbana y cultural, pero también consolidó profundas desigualdades espaciales que limitaron la circulación de oportunidades entre ciudadanos. El problema de Caracas nunca fue únicamente la pobreza, ni siquiera la desigualdad. El problema ha sido, sobre todo, la desconexión.

En Meditación de la Técnica, José Ortega y Gasset propone una idea que hoy adquiere nueva vigencia: la técnica no debe entenderse simplemente como un conjunto de herramientas o máquinas, sino como el modo en que el ser humano transforma su circunstancia para ampliar sus oportunidades de producción, bienestar y vinculación social.¹ El ser humano, nos dice Ortega (así como, también Gasset), no se limita a adaptarse pasivamente al entorno; modifica el medio para ampliar sus posibilidades de existencia. La técnica, en ese sentido, no es únicamente eficiencia, es construcción de mundo.

Tal vez allí se encuentre una de las preguntas fundamentales para pensar la reconstrucción venezolana: ¿cuál es el rol del espacio urbano y de las nuevas tecnologías en la construcción de circunstancias capaces de generar oportunidades más inclusivas?

La crisis venezolana suele interpretarse exclusivamente desde la política o la economía. Sin embargo, también podría entenderse como una crisis de circunstancias. Una crisis en la capacidad de construir sistemas espaciales, institucionales y urbanos donde distintos sectores de la sociedad puedan encontrarse, cooperar y producir oportunidades compartidas.

La falta de conectividad urbana en Venezuela no comenzó en el siglo veintiuno. Caracas era una ciudad profundamente desigual antes del chavismo. Sin embargo, el proyecto revolucionario reinterpretó esa fractura desde una lógica binaria que terminó reforzando nuevas formas de exclusión. Paradójicamente, un movimiento que surgió denunciando la exclusión histórica del país terminó construyendo mecanismos políticos y simbólicos que dificultaron la conexión entre múltiples sectores de la sociedad. La inclusión partidista terminó funcionando, casi siempre, desde la exclusión del otro.

Esa lógica también encontró una traducción espacial. La polarización reorganizó los territorios, debilitó los espacios de encuentro y transformó la ciudad en una suma de fragmentos cada vez más desconectados entre sí. Pero el problema no es la existencia de fragmentos. Toda gran ciudad contemporánea es heterogénea. La diversidad urbana puede ser una extraordinaria fuente de creatividad, intercambio y producción cultural. El problema comienza cuando esos fragmentos dejan de conectarse mediante sistemas de movilidad, espacio público, intercambio económico o reconocimiento mutuo.

Como recuerda Donna J. Haraway, todo conocimiento es situado.² Podríamos extender esa intuición al campo urbano: toda política ocurre en el espacio. La exclusión no es únicamente una condición ideológica o institucional; también produce geografías, distancias y formas urbanas específicas. La ciudad no es un escenario neutral donde ocurre la vida colectiva. La ciudad organiza posibilidades de encuentro, intercambio y cooperación.

Por eso el espacio urbano puede encarar un rol profundamente democrático. No porque determine automáticamente las relaciones humanas, sino porque condiciona sus posibilidades de conexión. Una ciudad democrática no elimina diferencias; construye las condiciones para que esas diferencias puedan encontrarse y producir nuevas oportunidades compartidas.

En este sentido, las llamadas economías de aglomeración descritas por Ivan Turok permiten comprender cómo la proximidad espacial puede multiplicar capacidades sociales y económicas.³ Cuando múltiples actores logran conectarse dentro de redes urbanas densas, las oportunidades circulan con mayor facilidad: el conocimiento se comparte, la innovación emerge y nuevas formas de cooperación se vuelven posibles. El espacio deja entonces de ser solamente forma física para convertirse en infraestructura de oportunidades.

Allí la técnica adquiere una nueva dimensión.

Las tecnologías contemporáneas —particularmente la inteligencia artificial y los sistemas de información geográfica— poseen la capacidad de procesar relaciones complejas entre actores, territorios, movilidades y necesidades urbanas. Sin embargo, su valor democrático no reside en sustituir la decisión humana ni en automatizar la política, sino en ampliar nuestra capacidad de comprender la complejidad de la ciudad contemporánea.

Hélène Landemore propone, desde la idea de Democracia Abierta, que las sociedades democráticas deben expandir radicalmente sus capacidades de inclusión colectiva.⁴ Frente a modelos políticos cerrados o partidistas, Landemore plantea sistemas capaces de incorporar múltiples inteligencias, experiencias y necesidades dentro de los procesos de toma de decisiones. En este contexto, la inteligencia artificial podría facilitar nuevas formas de procesamiento colectivo de información urbana, permitiendo visualizar relaciones invisibles, identificar oportunidades de conexión y ampliar la inclusión territorial dentro de los procesos de reconstrucción urbana.

Durante mi investigación doctoral en la Harvard Graduate School of Design, estas preguntas comenzaron a explorarse mediante el concepto de Oportunidades Espaciales: una metodología apoyada en tecnologías de información geográfica orientada a maximizar conexiones urbanas minimizando inversiones territoriales.⁵ La premisa era relativamente simple: pequeñas intervenciones estratégicas pueden producir grandes transformaciones cuando logran conectar redes humanas previamente aisladas. Sin embargo, esas oportunidades no dependen únicamente de infraestructura o datos. También dependen del deseo de las personas de decidir libremente cómo, dónde y con quién conectarse.

Allí reside quizás el desafío más importante para la reconstrucción venezolana. La pregunta ya no es únicamente cómo reconstruir edificios, avenidas o servicios, sino cómo construir circunstancias urbanas capaces de facilitar conexiones más abiertas entre ciudadanos diversos. Una reconstrucción que no parta de la inclusión corre el riesgo de repetir las mismas lógicas de desconexión que hicieron fracasar los proyectos anteriores de modernización, desarrollo y promesa democrática.

En este sentido, la inteligencia artificial, las tecnologías espaciales y las formas abiertas de democracia no deberían entenderse como herramientas aisladas, sino como parte de una nueva técnica orientada a la construcción de circunstancias inclusivas. Una técnica capaz de ampliar conexiones, multiplicar oportunidades y facilitar formas más complejas de coexistencia urbana.

Tal vez allí resida hoy la vigencia más profunda de Ortega y Gasset. Comprender que toda sociedad termina definiéndose por las circunstancias que es capaz de construir para sí misma y para los otros.

Referencias

  1. José Ortega y Gasset, Meditación de la técnica (Madrid: Revista de Occidente, 1939).
  2. Donna J. Haraway, “Situated Knowledges: The Science Question in Feminism and the Privilege of Partial Perspective,” Feminist Studies 14, no. 3 (1988): 575–99.
  3. Ivan Turok, “The Evolution of National Urban Policies: A Global Overview,” Urban Research & Practice 9, no. 1 (2016): 76–94.
  4. Hélène Landemore, Open Democracy: Reinventing Popular Rule for the Twenty-First Century (Princeton: Princeton University Press, 2020).
  5. Ignacio Cardona, Spatial Opportunities for Self-Produced Environments (doctoral dissertation, Harvard University Graduate School of Design, 2021).

Reseña Biográfica

Ignacio Cardona es arquitecto, Doctor of Design por Harvard University y Associate Professor of Architecture en Wentworth Institute of Technology. Su trabajo explora la relación entre espacio urbano, democracia ecosistémica, tecnología e inclusión territorial. Es autor de la tesis Spatial Opportunities for Self-Produced Environments y desarrolla investigaciones sobre oportunidades espaciales, participación y reconstrucción urbana en América Latina.

Créditos de la Imagen

CARACAS: UNA Y MÚLTIPLE. Enrique Larrañaga. 1994.