1952• Luego de cinco años de trabajos la constructora venezolana Opublind C.A. concluye la construcción del embalse Taiguaiguay (hoy llamada Presa “Ing. Inmer Belis Hernandez”), en el estado Aragua. Para levantar la represa, ubicada al sur de Cagua, se utilizó la Laguna de Jabillal. Al terminar las obras se empezó a recibir las aguas de los ríos Las Minas, Turmero y parte del Rio Aragua así como también las aguas del Caño Múcura. Inmer Belis Hernández (1923-1999), ingeniero graduado en la FI UCV en 1948, natural de Las Tejerías, estado Aragua, tuvo una brillante carrera profesional. Fue el ingeniero residente de la Construcción del Sistema de Riego Taguaiguay y Tocorón, en su estado natal, así como quien realizo los estudios de campo de los Sistemas Manuria, Güigüe y Los Guayos, y luego se le encomienda la tarea de estudiar la factibilidad para la construcción de una presa que sirva para el control de inundaciones en los llanos centrales, lo cual en calidad de Director de Construcción de la presa del río Guárico la culmina en 1956. Por resolución Presidencial de 1999 se denomina a la Presa Taguaiguay con el nombre de Presa Ing. Inmer Belis Hernández.
El Embalse Taiguaiguay (hoy llamada Presa “Ing. Inmer Belis Hernandez”), construido por la constructora Opublind, CA tiene una capacidad de 100,8 millones de m3 y una superficie de 2.033,99 Has. Con las aguas de la represa se riegan 4.000 Has.
La Represa Taiguaiguay, ubicada al borde de la Autopista Regional del Centro, es de gran belleza escénica. Sin embargo, está prohibido bañarse y pescar como consecuencia de la alta contaminación de sus aguas causadas por la cantidad de desechos vertidos por las empresas industriales de la zona. Está habitada por patos guiriri, cotúas, tortugas, babas e iguanas.
Convocado como “Concurso Nacional de Ideas” en octubre de 1995 por la Fundación Museo de los Niños de Maracaibo con el auspicio de la Facultad de Arquitectura de la Universidad del Zulia y la Dirección de Cultura de la Alcaldía de Maracaibo, el correspondiente al Museo de los Niños de Maracaibo tuvo su desenlace el 18 de enero de 1996. Ese día el calificado jurado integrado por Fruto Vivas, Ciro Caraballo, Alejandro Carruyo, Giovanni Villalobos, Inés Laredo y Francisco Bellorín seleccionó entre 20 propuestas provenientes de diferentes partes del país las que ocuparían los tres primeros lugares, siendo todas las galardonadas presentadas por arquitectos egresados de la LUZ.
El terreno seleccionado de 14.900 m2 con condiciones de clima semi-desértico tropical, destinado al desarrollo de un complejo de instalaciones educativas y culturales, estaba ubicado en la avenida San Francisco, cabecera oeste del Puente sobre el Lago “Rafael Urdaneta”, en jurisdicción del municipio San Francisco. En las bases del concurso se planteaba que “este museo deberá contribuir a que el niño aprenda y se desarrolle con el conocimiento y la cultura universal, de su entorno, de la zulianidad, importante componente de la venezolanidad y de todos aquellos aspectos esenciales del Zulia potencialmente museables”.
La idea ganadora identificada como “Un mundo de sonrisas”, presentada por los arquitectos Sergio González y Luisa Molero junto al entonces bachiller, que ya cursaba el último año de la carrera, Farid Chacón, consistió “en cuatro módulos o edificios, que representan los cuatro elementos básicos del patrimonio natural: aire, fuego, tierra y agua. Y en relación al patrimonio cultural se considera como tal las acciones del hombre sobre esos cuatro elementos y sobre las interrelaciones que se han producido y se producen entre ellos. Se habla entonces del edificio hombre y otros adicionales, como edificio energía y edificio Lago, ubicado totalmente sobre la superficie de éste. Además contará con un auditórium, sede de la Orquesta Sinfónica Juvenil, una biblioteca especializada en literatura infantil, una plaza de las etnias indígenas, un bosque húmedo tropical con ejemplares robóticos de fauna extinta”.
1. Planta general paisajismo de conjunto del proyecto del Museo de los Niños del Zulia, Maracaibo, 20022. Proyecto del Museo de los Niños del Zulia, Maracaibo, 2002. Cortes del conjunto
El proyecto financiado por la Gobernación del Estado Zulia desarrollado en 2002, publicado con detalle como “Museo de los Niños del Zulia” en la revista Escala, nº 228, 2014, estuvo dirigido por Sergio González y Farid Chacón contando como arquitectos asistentes con Janeth Boza, Dalmary Rubio, Adriana Ordóñez, Sandra Velasco; Lourdes Peñaranda como encargada del paisajismo; Pedro Rosales de los detalles arquitectónicos y el ingeniero Adolfo Mibelli Acuña del diseño y cálculo estructural. Abarcó una superficie urbana trabajada de 2,26 há y contemplaba un área construida de 9.165 m2.
De acuerdo a lo que señalan sus autores “el proyecto Museo de los Niños del Zulia está concebido como una unidad institucional de investigación continua que, a diferencia de proyectos convencionales, pretende abarcar y -en lo posible- desarrollar en profundidad todos los aspectos que constituyen la naturaleza de lo que ha de ser una edificación para niños. Abordado desde esta perspectiva, el proyecto siempre ha de estar en condiciones de asumir cualquier innovación o modificación que enriquezca sus contenidos”.
En función de las variables climáticas prevalecientes en la zona, se propone la búsqueda de sombra como condición esencial, “para permitir a los niños desarrollar actividades en el exterior. Por ello las edificaciones se plantean como ‘6 árboles’ que permiten la generación de más de 3500 m2 de parque público en sombra frente al Lago de Maracaibo, espacio único en la ciudad.(…) Compuesto por seis contenedores temáticos dispuestos en sentido norte sur franco, y unidos sólo por sus vértices, el conjunto busca englobar un importante complejo cultural de servicios y apoyo a la niñez de la región. Estos seis árboles convertidos en cestas de acero, están suspendidas a través de un núcleo central en concreto que funge como conexión vertical y dotador de servicios. El desarrollo paisajístico se une en intención con la temática implícita en los edificios, disminuyendo los límites entre lo construido y lo natural, donde la experiencia sensorial y museística comienza no dentro del museo sino desde fuera”.
Tal y como se había prefigurado desde que la idea resultó ganadora del concurso, los seis elementos que definitivamente conformaron el conjunto cuyo dibujo en perspectiva ilustra nuestra postal del día de hoy, dotados de una alegría cromática que recuerda el valor que esta variable tuvo en la primera etapa del Museo de los Niños de Caracas (1983), se identificarán de la siguiente forma:
3. Museo de los Niños del Zulia, Maracaibo. Edificio Energía
“Edificio Energía. Puerta de acceso al museo, alberga tanto las oficinas administrativas como los talleres de fabricación y mantenimiento de las exhibiciones; este edificio es el principal abastecedor de servicios al conjunto y el ejemplo vivo de la museabilidad extrema de la propuesta del Museo de los Niños del Zulia, al exhibir al visitante todas las actividades que hacen posible su funcionamiento.
4. Museo de los Niños del Zulia, Maracaibo. Edificio Agua
Edificio Agua. Al sureste del conjunto, dota de un gran espejo de agua al parque público y a la terraza del museo; es por sí mismo un sitio de recreación y de juego, donde los niños podrán disfrutar del agua, y aprender sobre este importante y valioso recurso. El edificio contiene más de 1500 m2 de exhibición e interacción con cuerpos de agua como mares, océanos, ríos y por supuesto el lago de Maracaibo, con sus especies, biodiversidad, su conservación y su sano disfrute. Bajo su sombra llueve constantemente refrescando el conjunto y creando un gran parque público de juegos de agua para la ciudad.
5. Museo de los Niños del Zulia, Maracaibo. Edificio Hombre
Edificio Hombre. Corazón del conjunto y elemento estructurador del complejo, el edificio hombre alberga todas las exhibiciones relacionadas al ser humano, su relación con el medio ambiente que lo rodea y su compromiso con el futuro. Este edificio provee al complejo de referencias y exhibiciones que permiten explicar la riqueza de las raíces del ser humano de estas latitudes, su diversidad étnica y su desarrollo a través de la historia. El edificio hombre dota al conjunto de más de 1500 m2 de área de exhibición terraza y parque público bajo sombra.
6. Museo de los Niños del Zulia, Maracaibo. Edificio Tierra
Edificio Tierra. Se levanta al suroeste, vistiendo al conjunto de verde y vida natural, es un gran germinador de especies botánicas y cultivos que dota al museo de espacios para la siembra y el disfrute natural a más de 9 m de altura. El elemento tierra se materializará en este edificio explicando y exhibiendo todo lo relacionado con dicho elemento, enseñando el cuidado, conservación y respeto al planeta; 500 m2 de terraza cultivada acompañan a más de 1000 m2 de área de exhibición y parque público.
7. Museo de los Niños del Zulia, Maracaibo. Edificio Aire
Edificio Aire. Ubicado en el extremo noreste del conjunto, contiene todas las exhibiciones relacionadas a este elemento natural. Sus fachadas norte y este están constituidas por un sistema de hélices traslúcidas de colores, que con el paso del viento y del sol convierten su interior en un gran caleidoscopio de más de 1500 m2 de área de exhibición, terraza y parque público bajo sombra.
8. Museo de los Niños del Zulia, Maracaibo. Edificio Fuego
Edificio Fuego. Ubicado al noroeste, resume la importancia de este fundamental elemento para la vida. Grandes cilindros textiles de colores cuelgan bajo tragaluces a 4.80 m de altura, dejando entrar la luz natural y creando un gran bosque de color y energía. El edificio fuego contribuye al conjunto con más de 1500 m2 entre terrazas, exhibiciones y parque público bajo sombra y luz”.
9. Museo de los Niños de Caracas, 1983-1993
Como ya esbozamos, la iniciativa zuliana por dotar a su capital de un museo de los niños estuvo precedida por la caraqueña concebida desde la década de los años 1970 por la entonces Primera Dama Alicia Pietri de Caldera, quien desde la presidencia de la Fundación Festival del Niño entre 1969 y 1974 puso en práctica el Programa Arte y Cultura para los Niños, con la intención de desarrollar sus capacidades mediante actividades participativas. El programa evidenció la necesidad de vincular al niño con el arte, la ciencia y la tecnología para despertar aptitudes y dar respuesta creadora a las inquietudes e interrogantes del hombre del futuro. Esta necesidad se transformó en el objetivo de la Fundación Privada Museo de los Niños. Después de 1974Doña Alicia, continuó su búsqueda de un sitio para albergar una institución tan especial. En 1979, el Presidente de la República, Doctor Luis Herrera Campins, ofreció una edificación en el Complejo Parque Central como lugar para establecer el Museo. La adaptación y remodelación de los espacios internos del edificio entregado, teniendo como modelo el Ontario Science Center (Toronto, 1969) estuvo a cargo de un equipo de investigación, diseño y montaje liderizado por el arquitecto Domingo Álvarez, lográndose aprovechar al máximo la estructura donada “para convertir al Museo en un símbolo: una gran caja de colores, formada por tacos azules, rojos, amarillos, negros y blancos, sugiriendo un todo que puede armarse y desarmarse”, tal y como se recoge en http://www.maravillosarealidad.com/resena-historica/. Su inauguración se produjo finalmente en 1983. Posteriormente, en 1993, se completó la ampliación del Museo según proyecto a cargo del arquitecto Henrique Siso.
10. Izquierda: Museo de los Niños de Bogotá, 1987. Derecha: Museo de los Niños en Himeji, Japón
Continuando una tradición que se remonta a 1899 cuando se abre el Museo de los Niños de Brooklyn (considerado el más antiguo del mundo) y será seguida cuando se inaugure el de Indianápolis en 1925 (el de mayor tamaño), alcanzando hoy hasta 190 instalaciones de ese tipo en los Estados Unidos, en fechas cercanas al museo de Caracas se abrirá al público desde el 29 de agosto de 1987 el Museo de los Niños de Bogotá diseñado por el arquitecto Billy Goebertus y también en 1987, el arquitecto Tadao Ando realizará el proyecto de un centro cultural y educativo dedicado a desarrollar las capacidades artísticas y creativas de los niños que se construirá en las afueras de la ciudad de Himeji, Japón, entre 1988 y 1989.
11. Museo de los Niños del Zulia, Maracaibo. Estado actual de la obra paralizada desde 2016.
Si entre el momento en que se dio el veredicto (1996) hasta el desarrollo del proyecto (2002) transcurrieron seis años, entre éste último y el inicio de la construcción (2013) pasaron diez, lo cual habla a las claras de las dificultades que ha transitado el Museo de los Niños del Zulia para poderse concretar. Comenzadas las obras se le daría un impulso sostenido hasta el 2016 cuando los trabajos se paralizan hasta el día de hoy encontrándose edificadas “las cestas metálicas y los núcleos centrales en concreto armado de los edificios Hombre y Energía (…) En tal sentido también están construidas las infraestructuras de los núcleos centrales de Aire, Agua y Tierra”, no habiéndose iniciado el edificio Fuego.
En tiempos de elecciones regionales como los que transitamos, bien vale la pena el repaso que hemos realizado para abogar por la necesidad de reiniciar y culminar las obras de un proyecto que a todas luces se constituirá en un importante aporte a la arquitectura marabina.
Nota
Queremos agradecer al arquitecto Francisco Mustieles, Miembro Asociado de la FAC, por el apoyo que nos ha brindado aportándonos muy buena parte de la información con la cual hemos podido elaborar esta reseña.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 11. Cortesía Francisco Mustieles
… que en 1965 la II Bienal Nacional de Arquitectura le otorga el Premio Nacional de Arquitectura a Julián Ferris por el edificio para la Aduana de Puerto Cabello?
1. Julián Ferris. Aduana de Puerto Cabello (1962)
Julián Ferris Betancourt (1921-2009) forma parte de la segunda generación de arquitectos venezolanos que, formados en el exterior a mediados del siglo XX, sentaron las bases para el desarrollo definitivo de la disciplina tanto desde el punto de vista profesional como académico. También es de aquellos cuya obra temprana manifiesta un arrojo y una frescura que, por la proximidad a los años de estudio, sigue un proceso de aclimatación del lenguaje moderno en el trópico lo cual poco a poco con el tiempo se va diluyendo en la medida en que las referencias van cambiando y se intenta encontrar formas expresivas más personales. Graduado de ingeniero en la Universidad de Oklahoma en 1945 y luego de arquitecto en la Universidad de Siracuse en 1947, Ferris revalida su título en 1949 cuando la joven Escuela de Arquitectura de la UCV estaba aún adscrita a la Facultad de Ingeniería.
2. Arriba. Derecha: Club Laguna Beach (1952). Izquierda: Urbanización Chuao (1951), Julian Ferris con Juan Andrés Vegas y colaboración de Carlos Dupuy, Gustavo Ferrero Tamayo y Jaime Hoyos. Abajo. Izquierda: Hotel Aguas Calientes, Ureña, estado Táchira (1956), Julián Ferris con Juan Andrés Vegas y Gustavo Ferrero Tamayo. Derecha: Propuesta ganadora del Concurso para el edificio sede de la Biblioteca Nacional (1959), Julián Ferris con Carlos Dupuy y colaboración de Jaime Hoyos
Desde entonces inicia una carrera profesional exitosa que comienza con su participación en la Comisión Nacional de Urbanismo entre 1949 y 1951, año este último en el decide abrir su oficina particular de la que saldrán una larga lista de trabajos en su gran mayoría logrados en sociedad con otros colegas. Los primeros encargos dan cuenta de su participación como diseñador, en compañía de Juan Andrés Vegas contando como colaboradores con Carlos Dupuy, Gustavo Ferrero Tamayo y Jaime Hoyos, del trazado de las urbanizaciones caraqueñas de Chuao (1951) y La Floresta (1952). También proyectará en 1952 con el mismo equipo profesional el Club Laguna Beach en la urbanización Caribe de Caraballeda (Litoral Central), edificio de influencias claramente corbusianas, pionero en lo que al surgimiento de la propiedad horizontal en el país se refiere y referente dentro de la arquitectura de carácter recreacional. A él se sumará casi de inmediato otro de características similares ubicado en la misma zona: Bahía del Mar. Luego vendrán la primera etapa de la Comunidad Vecinal La Concordia, San Cristóbal, estado Táchira (1955, con Juan Andrés Vegas y Carlos Dupuy), la urbanización Los Canales en Río Chico, estado Miranda (1955), el Club Playa Azul, Litoral Central (1956, con Félix Candela), el hotel Aguas Calientes, Ureña, estado Táchira (1956, con Juan Andrés Vegas y Gustavo Ferrero Tamayo), la propuesta ganadora del Concurso para el edificio sede de la Biblioteca Nacional (1959, con Carlos Dupuy y colaboración de Jaime Hoyos) y su participación como diseñador de la Concha Acústica del Parque del Este (1961).
Dentro de otra faceta no menos importante, Ferris se incorpora al cuerpo docente de la recién creada Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV y en 1958, una vez que cae la dictadura perezjimenista, es nombrado decano interino (el primero de la era democrática) para luego convertirse también en el primero en ser electo para ejercer el cargo entre junio de 1959 y junio de 1962. Con particular lucidez, como decano introdujo aires renovadores acordes con la recién estrenada democracia y como señala Gregorio Darwich en “A Julián Ferris, Doctor Honoris Causa de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela”, texto aparecido en Cuadernos del Cendes, nº 67 (2008), “promovió la reforma docente con la conformación de un nuevo plan de estudios que reafirmaba la misión de formar arquitectos con sólidos conocimientos. Expandió el cuerpo profesoral, incorporó a artistas plásticos e invitó a profesores de la arquitectura internacional y profesionales locales para vincular la Facultad con las diversas corrientes técnicas, artísticas y sociales de la modernidad”. Durante su gestión se crea la revista Punto (1961) y a él corresponde llevar adelante la iniciativa que derivó en la creación en 1960 del Centro de Estudios para el Desarrollo (CENDES), para lo cual presidió la Junta Organizadora contando con el apoyo irrestricto del rector Francisco de Venanzi y el acompañamiento de Luis Lander y Eduardo Neira, el primero Director y el segundo asesor de planificación del Banco Obrero respectivamente.
3. Julián Ferris. Aduana de Puerto Cabello (1962). Arriba izquierda: Ubicación. Las demás: Vistas exteriores en fechas próximas a su inauguración
Del período en que ejerce como decano corresponde el proyecto y construcción del que será tal vez el edificio más importante realizado por Ferris: el Conjunto de Aduana y Servicios Portuarios de Puerto Cabello, estado Carabobo, concluido a comienzos de 1962 e inmediatamente publicado en PUNTO (nº 7 de mayo de aquel año), formando parte del la primera entrega de la sección “Habla un arquitecto” donde, además de mostrarse su ya para entonces nutrido curriculum y obra, se le ofrece la oportunidad de exponer su visión sobre la arquitectura. Luego, en 1964, el edificio de la Aduana de Puerto Cabello también sería publicado por la revista SVA (nº 18, agosto-septiembre).
Este conjunto de apoyo a las actividades del segundo puerto en importancia del país, está integrado por un cuerpo bajo que responde a las variables programáticas exigidas, resuelto con eficiencia y racionalidad funcional. Dicho cuerpo en su ala norte está destinado a las oficinas administrativas de los Servicios Portuarios, vestuario para 1.500 obreros, comedor, cocina y áreas de descanso. En su ala sur, que funciona independientemente, tiene en la planta baja y el primer piso oficinas públicas de la Aduana, movimiento de pasajeros, bultos postales, aeroexpresos, sala de remate, telégrafos, correo, depósito de contrabando incautado, depósito de vehículos decomisados y una sucursal bancaria. Sobre este basamento se levantan 9 pisos destinados a las oficinas de la Administración General de Aduanas.
La estructura del edificio, de una limpieza y claridad dignas de mención, fue diseñada y construida en concreto obra limpia, las paredes frisadas y salpicadas. La cubierta del cuerpo bajo fue construida con conchas de concreto de poco espesor con forma cónica ofreciéndose también, exenta, como pérgola que protege la plaza de acceso. Sus fachadas tomando en cuenta la orientación, se resuelven con el juego de planos blancos y una piel de romanilla que preserva la limpieza volumétrica del prisma de la torre.
La Aduana de Puerto Cabello se puso en funcionamiento durante un año (1962) particularmente difícil en lo político que tuvo a esa ciudad como escenario durante el mes de junio del segundo intento de golpe de estado contra el gobierno de Rómulo Betancourt conocido como “El Porteñazo” que dejó un saldo de alrededor de 400 muertos y 700 heridos. Pese a tamaños inconvenientes, el plano de las realizaciones registra para 1962 la inauguración del Puente Rafael Urdaneta sobre el Lago de Maracaibo, del Hospital General de Barcelona, del Parque Arístides Rojas en Caracas y del Puente Internacional Simón Bolívar que conecta a San Antonio del Táchira con Cúcuta. También se inician los trabajos de construcción del Puente de Angostura sobre el río Orinoco y de la Ciudad Universitaria del Zulia. Aquel año, además, se lleva a cabo el exitoso concurso para el proyecto del Pabellón venezolano que nos representaría en la Feria Mundial de New York 64-65 ganado por Edmundo Díquez y Oscar González. Fruto Vivas concluye el edificio Amazonas en Chuao y Federico Beckhoff el edificio Albona y las residencias Dálmata.
En 1965, con motivo de la celebración de la II Bienal Nacional de Arquitectura patrocinada por la SVA (Sociedad Venezolana de Arquitectos) y el INCIBA (Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes), la Aduana de Puerto Cabello y con ella su proyectista obtienen el Premio Nacional de Arquitectura (10.000 bolívares y Medalla de Oro) de manos del jurado conformado por Carlos Raúl Villanueva, Víctor Fossi, Leopoldo Martínez Olavarría, Guido Bermúdez y Carlos Celis Cepero. En este evento se otorga Mención Especial a la Planta de Ensamblaje de la Volkswagen en Palma Sola, estado Falcón, de Dirk Bornhorst; el Premio Especial Fundación Mendoza (4.000 bolívares y Medalla de Oro) a Henrique Hernández y Carlos Merchán por el trabajo “Sistema Constructivo para viviendas de una y dos plantas, Los Teques”; y el Premio SVA para Tomás José Sanabria.
4. Sede del Ministerio de la Defensa, Fuerte Tiuna, Caracas (1982), Julián Ferris con Jaime Hoyos, Carlos Pons y Luis A. Galarraga
Arquitecto más de hechos que de palabras y fundamentalmente proyectista de edificios institucionales, públicos o de uso recreacional (hasta ahora no hemos podido encontrar en su importante obra construida referencias a alguna vivienda unifamiliar que hubiese diseñado), Ferris posteriormente a 1965 realiza, entre otros, el edificio sede del IESA, San Bernardino, Caracas (1968, con Luis A. Galarraga), el edificio sede de Viasa, Plaza Morelos, Caracas (1969, con Jaime Hoyos y Carlos Pons), la remodelación del hotel Cumanagoto, Cumaná, estado Sucre (1972, con Jaime Hoyos), el Centro Clínico de Maternidad Leopoldo Aguerrevere, Caracas (1972), la remodelación y ampliación del hotel Bella Vista, Isla e Margarita (1974, con Jaime Hoyos), el edificio sede de IBM, Chuao, Caracas (1974, con Luis A. Galarraga), el edificio Sede del Ministerio de la Defensa, Fuerte Tiuna, Caracas (1982, con Jaime Hoyos, Carlos Pons y Luis A. Galarraga), el edificio sede de la Corte Suprema de Justicia -hoy Tribunal Supremo de Justicia-, Caracas (1982, con Luis A. Galarraga) y la Catedral de Ciudad Guayana, Puerto Ordaz, estado Bolívar (1988-2001).
En 1965 Ferris es uno de los cinco firmantes del Acta Constitutiva Original de la Universidad Metropolitana y en 2003 se le otorga el Doctorado Honoris Causa de la UCV lo cual, sumado a su dilatada trayectoria profesional e institucional, nos permite afirmar que, visto de manera integral, se trata de uno de los más importantes arquitectos venezolanos del siglo XX.
2004•La Dirección de Obras Públicas (OLPU) de la Alcaldía de Chacao concluye la construcción de los 240 m2 del Parque Justicia y Paz, ubicado al lado del Ambulatorio, en la avenida Mohedano (frente a la Plaza Bolívar), Chacao, Caracas, proyectado por el arquitecto Carlos Agell (FAU UCV, promoción ) dos años antes.
Este espacio urbano, claramente influenciado por el Paley Park de Nueva York, proyecto de los arquitectos Zion y Breen de 1967, ubicado en la calle 53 entre Madison y la Quinta Avenida, busca otorgarle al ciudadano un sitio de retiro y sosiego alejado del bullicio de la ciudad.
1956• Diecisiete meses después de firmado el contrato para la realización de las obras del nuevo acueducto para Caracas (Aducción Río Tuy) entre el INOS y la empresa contratista Construcciones Ultramar (ingeniero Seymour Gaubard), quedan concluidas, dejando como balance: un costo total de obra. Bs 142.000.000; una distancia recorrida por la tubería de 28,7 kilómetros pasando a través de dos túneles, uno de 1.539 metros y otro de 175 metros; una estación de succión y 4 de bombeo para movilizar un volumen hídrico de 3.200 litros por segundo.
La obra fue realizada por 2.200 trabajadores.
1955•En los primeros días del mes del mes enero los ingenieros Mathías Brewer, presidente del Instituto Nacional de Obras Sanitarias (INOS) y Seymour Gaubard (Construcciones Ultramar) contratista de la obra, firman en Caracas el contrato para la realización del nuevo acueducto para la capital (Aducción Río Tuy). La obra fue concluida en 17 meses.
HVH
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