Entre casas escritas (intimidad de la lectura) y casas fotografiadas (interiores desvelados) este libro se dispersa por el habitar moderno. En este recorrido el lector se irá encontrando con diversas historias que son, precisamente, el reflejo incompleto de un habitar que, si bien vive en el deseo de hacer sitio y recogerse, a menudo le cuesta encontrar emplazamiento. Paredes empolvadas con mucho de nada por cualquier rincón de una casa pequeño burguesa en Viena. O paredes débiles de un cuarto de alquiler, un habitar literalmente disperso o desposeído que huye precisamente de una idea de hogar convertida en una condición única. Barracones de un campo de exterminio, cabañas de fin de semana o chabolas desde las cuales, en un acto de nihilismo activo, se buscan formas de construir aunque sea desde poco y a partir de lo perdido. Casas de artista, algunas de ellas recién inauguradas, que con su obertura al público certifican que siglos más tarde habitar todavía significa dejar rastro en el interior. Una estética del bibelot que en casos como Proust entra y sale tanto de su apartamento como de su extensa novela, un texto que por cierto comienza con y en una cama. El blanco de la página y el blanco de la sábana, que diría Perec. Allí donde las banalidades del día a día, intrascendentes, se han convertido sin más en una excusa para escribir.
Daniel Cid Moragas es Associate Professor de la Winchester School of Art, University of Southampton. Es también codirector del grupo de investigación Critical Practices de la misma universidad. Tanto ahora, como en su etapa anterior en Elisava Escuela de Diseño de Barcelona, ha desarrollado proyectos de investigación tanto aplicada como teórica en diseño. En el ámbito concreto del habitar, donde centra gran parte de su atención, publicó Casas de la vida junto con Teresa Sala. La casa dispersa es en cierto modo una continuación, y en algunos casos una ampliación, de esta publicación. En este mismo sentido, junto a Eva Serrats y Francesc Pla ha desarrollado para Arrels Fundació Piso Cero, una nueva tipología de apartamento ubicado en Barcelona para personas sin hogar con dificultades para adaptarse a otro tipo de recurso habitacional debido a su alto nivel de exclusión social. Igualmente, y dentro del ámbito del sinhogarismo, ha llevado a cabo proyectos en colaboración con el grupo de arte de Trinity Winchester dentro del programa asociado que la Winchester School of Art realiza con la Tate Exchange.
La coherente y comprometida trayectoria de Grafton Architects, oficina fundada en Dublín en el año 1978 por Yvonne Farrell y Shelley McNamara, se ha visto coronada con la concesión este año del Premio Pritzker, el primero que se otorga a una pareja de mujeres. Arquitectura Viva da cuenta de este hecho publicando en detalle dos de las últimas obras del estudio irlandés (la Kingston University en Surrey, cerca de Londres, y la Toulouse School of Economics en Francia) y una entrevista realizada por el periodista y poeta Antonio Lucas.
Imágenes del pabellón de Alemania de Mies van der Rohe
Josep Quetglas
Prólogos
Rafael Moneo
Edición y epílogo
Guillermo Zuaznabar
Ediciones Asimétricas
[4ª edición revisada y ampliada]
2020
Nota de los editores
«Vuelvo a leer, con interés y gusto, el texto de José Quetglas sobre el Pabellón de Alemania en la feria de Barcelona de 1929, obra que consagró la figura del arquitecto Ludwig Mies van der Rohe […] Los relámpagos de lucidez que en un texto como este iluminan la compleja escena no pretenden convencer al lector de una determinada tesis, bien por el contrario, lo comprometen con el texto y lo obligan a una lectura reposada, encontrando a lo largo de ella momentos de lucidez que le harán sentirse próximo a lo que fue el drama de Mies. Un drama que puede que no quedase resuelto ni tan siquiera al cruzar el Atlántico. Leyendo el texto de Quetglas, y consciente de los relámpagos mencionados, uno agradece este modo de ver el nuevo rol del crítico”, escribe Rafael Moneo en el nuevo prólogo a El horror cristalizado de Josep Quetglas, realizado especialmente para esta cuarta edición, revisada y ampliada, que ha estado a cargo del eminente profesor, comisario e investigador Gillermo Zuaznabar. “Su forma no ha dejado de recoger y despedir, desde entonces, reflejos de distintas procedencias. ¿Hasta dónde?” se preguntaba Josep Quetglas en la salutación que redactara para presentar este libro hace ya más de treinta años, refiriéndose a sus sucesivas elaboraciones, primero como conferencia y luego como artículo hasta cristalizar en el texto definitivo. ¿Definitivo? Desde entonces, estas páginas no han cesado de reflejar la mirada con que tanto los lectores como el propio autor se acercan a él, acaso como un eco de la naturaleza ambigua y esquiva del propio pabellón.
Nota de los editores El ser humano no es el único animal arquitecto. Prácticamente en todo el reino animal puede encontrarse cierto grado de hábito constructor y las especies con mayor capacidad constructora están distribuidas en todos los filos, desde los protozoos hasta los primates. Asombrado desde niño por la labor arquitectónica de los otros animales, Juhani Pallasmaa repasa en este libro la actividad constructora de innumerables especies poniendo el foco en las funciones de las obras arquitectónicas y en los métodos constructivos. El texto, bellamente ilustrado con grabados decimonónicos, nos invita a resituar la labor arquitectónica del ser humano a la luz de las creaciones del resto de los seres vivos y a repensar la esencia de una de las actividades animales donde se aúnan necesidad e inventiva a la perfección.
Owen Hopkins reivindica en un libro el espíritu rompedor de la arquitectura de los años 70 y 80, malentendida y desdeñada durante décadas como una estética ‘kitsch’, conservadora y comercial
A las personas educadas nos gustan Le Corbusier, el Club Náutico de San Sebastián y los libros de la Bauhaus, ¿verdad? En cambio, nos entristecen los adosados que quieren parecer Londres, los centros comerciales de neón y mármol y los hoteles de playa que imitan la arquitectura tradicional canaria. Es normal: Le Corbusier es casi poesía y los hoteles playeros son…
«A mí no me parecen mal los hoteles. La arquitectura del turismo está hecha para periodos de tiempo cortos, de modo que todo está un poco exagerado y la apariencia de lujo tiene su sentido. Todo eso tiene que ver con la popularidad, porque si el hotel no es popular, si no gusta, cierra. El postmodernismo también iba de eso, de gustar a la gente. La modernidad la había alienado, le había dado un producto abstracto y elitista, le miraba de arriba abajo. En cambio, los postmodernos querían encontrarse con el público, emplear elementos que se pudieran entender: color, formas tradicionales, ornamentos…».
El entrecomillado anterior pertenece a Owen Hopkins, arquitecto inglés y autor de Less is a bore (Menos es aburrido), una historia visual de la arquitectura postmoderna que edita en España Phaidon.
¿Qué entendemos por arquitectura postmoderna? Venturi y Scott Brown, Aldo Rossi, Gehry, Bofill, y toda aquella obra que, durante los años 70, 80 y 90, se presentó con un aspecto teatral, a veces copiado de la Historia, a veces bromista, a menudo confuso y kitsch… Hoy nos puede parecer anacrónica, hasta fea, pero eso no significa que careciese de un significado valioso.
Permisividad y eclecticismo
El libro de Hopkins, además de explicar el postmodernismo desde la arquitectura (la revuelta contra el lenguaje racionalista), lo hace desde la cultura de su tiempo: la música, la literatura, el hippismo y el neoconservadurismo… «El postmodernismo es parte de la radicalidad de los 70. Era una parte genuina de la contracultura, ligada estrecha y a veces contradictoriamente a la música, por ejemplo: al post-punk, a la música disco, y electrónica, a los nuevos románticos… La arquitectura postmoderna es parte de ese momento de permisividad y eclecticismo, de encuentro entre la baja y la alta cultura».
«También hay un significado político», explica Hopkins. «El individualismo promovido por Thatcher y Reagan se suele relacionar con la arquitectura de la época, pero la realidad es más complicada. Yo creo que el lenguaje postmoderno refleja un momento en el que se rompía el consenso socialdemócrata de la posguerra y se imponían las doctrinas neoliberales que hoy están en ese mismo momento de quiebra».
¿Entonces, no es justo relacionar postmodernismo con conservadurismo? «El origen del lenguaje es cualquier cosa menos conservador. Con el tiempo, hubo una apropiación. Es obvio el caso del Príncipe Carlos de Inglaterra y su defensa de la arquitectura tradicional… Pero el espíritu postmoderno es radical y contracultural. Es un ataque contra el conformismo en favor de la expresión individual, es una celebración del eclecticismo y de la mezcla de ideas».
Brutalismo arquitectónico en Instagram
Regreso a 2020: en el mismo momento en el que Instagram se llena de evocaciones de la arquitectura brutalista, el lenguaje postmoderno, su némesis, también entra en una fase de revisión amable. «Con el brutalismo hay una dimensión política: se pretende ver en él una materialización de los ideales socialdemócratas. Bueno: como relato funciona pero es una simplificación. También hubo arquitectura brutalista comercial. Y este brutalismo de Instagram es, en realidad, muy postmoderno. Diría que esta añoranza es la expresión de un momento de enorme fluidez cultural, de una transición desde un sistema liberal hacia otro que aún nos crea mucha incertidumbre».
«El mal nombre de la arquitectura postmoderna se debe en parte a lo que vino después: urbanismo de baja densidad, estética tradicionalista y comercial… La postmodernidad no iba de eso, aunque hoy nos parece evidente que abrió la caja de pandora de mucha arquitectura mala. Pero eso mismo se podría decir de la arquitectura racionalista. Y con más gravedad».
Durante años, la estética postmoderna ha sido vista como una viruela que vino y se pasó pero que dejó algunas marcas desagradables en nuestras ciudades. Sin embargo, su herencia es más profunda y positiva: «Ideas como contexto, memoria o identidad, que hoy están asumidas en la arquitectura, son el legado de esa época», termina Hopkins.
LESS IS A BORE
Postmodern architecture
Owen Hopkins
Editorial Phaidon
2020
Tapa dura
224 páginas
Nota de los editores
Este libro toma su título de la respuesta del icono postmodernista Robert Venturi a la afirmación de Mies van der Rohe, “less is more” (menos es más) Uno de los estilos más controvertidos en la arquitectura del siglo XX, el Postmodernismo comenzó en la década de los 70, alcanzó un máximo de discontinuidad ecléctica a finales de los 80 y principios de los 90 y después de más de 40 años está disfrutando hoy en día de una reencontrada popularidad. Incluye trabajos de Ettore Sottsass, Aldo Rossi, Philip Johnson, Michael Graves, Robert Stern, Venturi-Scott Brown, James Stirling y Ricardo Bofill entre otros en Asia, Europa y América.
ACA
Nos interesan temas relacionados con el desarrollo urbano y arquitectónico en Venezuela así como todo lo que acontece en su mundo editorial.