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TEXTOS FUNDAMENTALES

LA GUAIRA

Orígenes históricos. Morfología urbana

Graziano Gasparini – Manuel Pérez Vila

Ernesto Armitano Editor

1981

LA GUAIRA. Orígenes históricos. Morfología urbana, tal y como menciona Graziano Gasparini en el Prólogo y agradecimiento, “es el primero de una serie que se propone investigar sobre los orígenes históricos y destacar los valores morfológicos de algunas ciudades venezolanas”. Dentro de la prolífica producción de Gasparini este libro sería el número 24 que publicaría desde que apareciera Templos coloniales de Venezuela en 1959. La salida del libro en 1981 coincidiría con el de la segunda edición de La arquitectura colonial en Venezuela que como se sabe vio luz por primera vez en 1965.

Realizado conjuntamente con los reconocidos historiadores Manuel Pérez Vila y Carlos Duarte, el libro «tapa dura» de 424 páginas cuya diagramación y selección de fotografías fueron responsabilidad de Gasparini, fue impreso en papel Camedo Dull 120 gramos siendo la selección del color realizado “por Computadora y Rayos Laser” en los talleres de Gráficas Armitano. Se terminó de imprimir el 29 de junio de 1981 “día de La Guaira”. La cubierta de la portada, se encuentra bellamente ilustrada con un detalle del Plano de Agustín Crame, fechado el 15 de mayo de 1778, indicando “Todos sus castillos y baterías” en los cerros” que está contenido en las páginas 220 y 221 del libro.

1. Izquierda: Tapa dura sin cubierta de LA GUAIRA. Orígenes históricos. Morfología urbana. Derecha: Página del Contenido
2. Izquierda: Felipe II pintado por Alonso Sánchez Coello antes de 1582. Museo del Prado, Madrid. p. 35. Derecha: Navío de línea español. S. XVIII. p. 91.
3. La Guaira colonial en un grabado del siglo XIX. p. 111.
4. Calle de La Guaira según un grabado del año de 1893. p. 116.

Correspondió a Pérez Vila la primera parte dedicada a los “Orígenes históricos” (pp. 9-127), la cual, siguiendo un orden si se quiere cronológico, está dividida a su vez en: Leyenda y realidad; El marco geopolítico: mar, tierra y hombres; Las primeras fundaciones hispanas en el Litoral; Orígenes y decadencia de Caraballeda; La ciudad de Caraballeda y el puerto de La Guaira; Unas atarazanas, un fuerte y una caleta; La Guaira y Arrecifes: una breve e intensa rivalidad; Fue el pueblo; y La Lucha por la autonomía.

La segunda parte (la más voluminosa, pp.129-379) estuvo a cargo de Gasparini y se enfoca en desarrollar la “Morfología urbana” de la ciudad apelando a una profusa y muy bien seleccionada información gráfica, donde la evolución que muestra la ciudad en el tiempo es el tema que ocupa la parte inicial, dedicándose al final a llevar adelante una descripción más próxima al momento en que el libro se publica. Abarca: El pueblo fortificado. El siglo XVII; Comienzos del siglo XVIII; La relación de Olavarriaga; Desde Gayangos Lascari al Conde Roncali; González Dávila, Agustín Crame y Fermín de Rueda; Las fortificaciones hoy; Descripción de La Guaira; y La morfología urbana.

Cierra el libro Carlos Duarte con “Las artes en el puerto de La Guaira durante la época colonial”, colocando en manos del lector una importante cantidad de piezas de orden utilitario y reliquias atesoradas en casas e iglesias de la ciudad producto de la acuciosa labor que como conservador y estudioso del arte de ese período ha llevado adelante durante mucho tiempo.

5. Carlos Duarte y una obra de Abraham Bosse de su colección de arte colonial.
6. Manuel Pérez Vila y una de sus obras Simón Bolívar. El Libertador (Síntesis
biográfica).

Manuel Pérez Vila nacido en Gerona en 1922 y fallecido en Caracas en 1991 fue director de la primera edición del Diccionario de historia de Venezuela. Según se recoge en el artículo dedicado a su persona publicado en la edición digital de esta obra, elaborado por Astrid Avendaño Vera, tras exilarse en Francia a causa de la Guerra Civil Española, Pérez Vila se formará en las universidades de Burdeos y Toulouse casas de estudio con tradición en los estudios hispánicos, que “le proporcionarán no solo una rigurosa formación para el análisis crítico, sino también una sólida formación intelectual que se preocupará por ampliar y profundizar a través del tiempo. Esos 2 elementos serán característicos de su aproximación al estudio histórico: rigurosidad analítica y una amplitud de criterios que solo proporciona una vasta formación cultural”.

Su llegada a Venezuela se da a fines de 1948 y desde entonces “no tarda en irse abriendo campo en la docencia, ya como profesor particular y en el colegio América (1949-1955), y como investigador, iniciándose como tal, a través de Pedro Grases, con la localización de la obra de Andrés Bello existente en la Biblioteca Nacional y en las academias de la Historia y de la Lengua (1949)”. Dedicado a profundizar en la temática bolivariana y a conocer a fondo la historia del país, Pérez Vila desarrollará una intensa carrera que le llevó a desarrollar bajo la dirección de Vicente Lecuna “la organización y clasificación del Archivo de Simón Bolívar existente en la Casa Natal del Libertador (1950-1954) a fin de elaborar índices, los estudios de historia a nivel universitario daban sus primeros pasos y faltarían 8 años para la creación de la Escuela de Historia en la Universidad Central de Venezuela (1958)”.

Para cuando Pérez Vila realiza con Graziano Gasparini el libro que hoy comentamos, aún era director del Boletín Histórico de la Fundación John Boulton y ya había publicado, fruto de su trabajo con los archivos del Libertador, una biografía de José Rafael Revenga (1953) y Vida de Daniel Florencio O’Leary, primer edecán del Libertador (1957), considerada su primera gran obra, y más tarde producto del conocimiento y experiencia adquirida en temas bolivarianos y su minuciosa labor de documentalista Pensamiento político venezolano del siglo XIX (1960-1962) y los Escritos del Libertador (1964-1981). En 1983 con motivo de la celebración del bicentenario del natalicio del Libertador Simón Bolívar, le tocará ejercer como asesor histórico de la exposición preparada en su homenaje y dos años más tarde, será electo individuo de número de la Academia Nacional de la Historia (marzo 1985).

De tal manera, el aporte de Pérez Vila al libro LA GUAIRA. Orígenes históricos. Morfología urbana convierte el segmento al que se dedicó en una pieza de gran valor por la riqueza de la documentación que llega a manejar que se ve reflejada en las 421 notas a pie de página que la acompañan.

7. Fragmento de la parte superior del plano de Santiago de León de Caracas que acompañó la relación del gobernador Juan de Pimentel en 1578, el cual muestra sólo una parte de la costa. En la toponimia ya aparece «puerto de la guaira» en fechas anteriores a la fundación de la ciudad (p. 139)
8. Vista de La Guaira desde el mar. Año 1700 (p.147)
9. Grabado que ilustra el ataque a La Guaira por la flota inglesa al mando del Cap. Charles Knowles, el 2 de marzo de 1743 (p.170)
10. Plano de la Serranía entre Caracas y La Guaira por Agustín Crame. Caracas, 15 de
mayo de 1778 (pp. 226-227)
11. La Guaira a comienzos del siglo XX y La Guaira hoy

Profusa y ricamente ilustrado con material proveniente del Archivo General de Indias en Sevilla, el Archivo de Historia Militar de Madrid, el Archivo Fotográfico de Graziano Gasparini, las colecciones de Luis E. Doguis, Carlos F. Duarte, Dirección de Cartografía Nacional, Fundación Boulton, Graziano Gasparini, Paolo Gasparini, Pedro Grases, Leopoldo Morillo, Museo del Prado, Museo Naval de Madrid y Servicio Geográfico del Ejército, Madrid, para lo cual la curaduría llevada a cabo por Graziano Gasparini fue fundamental, LA GUAIRA. Orígenes históricos. Morfología urbana se convierte en una obra de consulta obligada no sólo por lo allí escrito sino particularmente por las fotografías, dibujos, grabados y planos que contiene.

De la serie dedicada a ciudades venezolanas anunciada por Gasparini al momento de publicar el libro comentado, que sepamos, sólo apareció Coro: patrimonio mundial en 1994, por lo quedó truncada una bonita iniciativa que hoy en día sería de agradecer, lo cual no desmerece en lo más mínimo la gran labor que como investigador y divulgador Gasparini llevó a cabo durante toda su vida.

ACA

Procedencia de las imágenes

Encabezado, 1, 2, 4, 4, 7, 8, 9, 10. Graziano Gasparini – Manuel Pérez Vila. LA GUAIRA. Orígenes históricos. Morfología urbana. Ernesto Armitano Editor. 1981

5. https://colonialart.org/archives/locations/venezuela/ciudad-de-caracas/carlos-f-duarte-collection#c3058a-3058b y https://www.anateresatorres.com/2015/04/homenaje-a-carlos-duarte/

6. https://josefinaweidner.wixsite.com/laweidnercosmica/single-post/2020/09/21/entrega-xix-y-final-del-libro-de-roberto-lovera-de-sola-bol%C3%ADvar-el-gran-se%C3%B1or-de-la-pala y https://www.cervantesvirtual.com/obra/simon-bolivar-el-libertador-sintesis-biografica–0/

11. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad.

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 206

El plano del matemático, ingeniero militar y brigadier español Agustín Crame (identificado por algunos autores como Cramer), ilustra la capital de Venezuela en 1778 como parte de un detallado plan de defensa de la Provincia. Según Nelly Arcos Martínez en “Territorio y fortificación del Caribe: Agustín Cramer, visitador de plazas 1777-1779” (Revista Biblio3W. Revista bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales. Universidad de Barcelona. Vol. XXI, núm. 1.152. Modificado el 5 de marzo de 2016), los estudios se “circunscribieron a un plan defensivo cuyo objetivo era controlar la comunicación con el mar pero no de facilitarla”.

El dibujo se encuadra de forma tal de recoger la relación dialéctica entre Caracas y La Guaira, representando los lugares poblados, los caminos y senderos entre ambas ciudades a través de la serranía, con una línea roja. Su interés radica en mostrar la serranía que separa ambas ciudades, para su comprensión como territorio, así como las implicancias de la topografía como elemento fundamental para la organización y construcción de un sistema defensivo, que sería modelo para un plan continental. De esta forma el mapa se concentra en detallar tres aspectos: la costa y La Guaira, el valle y la ciudad de Caracas, y los caminos que los relacionan a través de la serranía de El Ávila.

La hermosa representación de Crame que ilustra nuestra postal del día de hoy, muestra en detalle una topografía rica y compleja, que separa el valle de Caracas y el mar, y que muestra la cumbre de la serranía, así como los pliegues y valles que la constituyen. A través del dibujo de colores, sombras y claroscuros, es posible apreciar incluso las diferencias de altura en que se encuentran Caracas y la Guaira, así como su posición relativa a “escala de una legua o 5.000 varas castellanas”.

El ingeniero militar invierte la convención de orientar el plano con el norte en la parte superior, y lo ilustra al revés, demostrando que el interés de Crame como estratega y cartógrafo era representar mirando el territorio a conquistar como si fuese un enemigo que llega desde el mar al puerto de la Guaira, para luego emprender la conquista tierra adentro. Ello pone en evidencia su mirada de estratega militar en la construcción cartográfica del territorio.

Según Nelly Arcos, Crame visita La Guaira entre abril y mayo de 1778, y realiza un reconocimiento del territorio que incluyó la plaza de La Guaira, y las ciudades de Caracas y Puerto Cabello, como los posibles lugares de ataque, alrededor de los cuales articuló un plan de defensa más amplio.

El ingeniero militar detalló en un panorama general sus primeras impresiones de Caracas: “un excelente clima debido a su elevación sobre el nivel del mar; múltiples cursos de agua provenientes de la cordillera que lo convierten en un valle fértil asegurando el riego de las cosechas; 250 mil habitantes, y una vasta producción de cacao y añil”, tal y como lo recoge Nelly Arcos.

En el plano se muestra a la ciudad de Caracas como una retícula regular en color rojo, formada por un conjunto de manzanas, algunas de ellas con patio. Una lógica que se va disgregando progresivamente y que se interrumpe con claridad al encontrar obstáculos naturales para su crecimiento. Las manzanas se extienden a partir del cuadrilátero de la plaza, que aparece vacío pero ocupado por pequeñas construcciones. El rio Guaire y las quebradas de Catuche y Caroata, se identifican como los límites del manzanero de la ciudad, tal y como se determinó en el plano del primer asentamiento militar de 1567. A su vez, el dibujo menciona el “Valle de Caracas”, al oriente, reconociendo el potencial para la posible extensión de la ciudad. Al interior del valle, solo se mencionan como referencias “San Lázaro” (Hospital de San Lázaro nuevo, al pie del Ávila de acuerdo a Arístides Rojas en “Crónicas de Caracas” aparecido en El Nacional, 1999) y “El Calvario”. También se muestran distintas zonas de campos de cultivo.

A lo largo de la costa se identifican los poblados de Macuto, Punta de Mulatos y Maiquetía, así como lugares geográficos de referencia como Punta Gorda, Cabo Blanco, Las Canterías y Catia.

El complejo sistema defensivo entre La Guaira y Caracas, propuesto por Crame dispuso establecer en la cumbre, a mitad del camino entre ambas ciudades, el reducto de San Joaquín y elaboró el Plano de la Plaza que manifiesta el actual estado en que queda la obra de la muralla frente al mar, sugiriendo algunos cambios a los planos que había elaborado el ingeniero comandante de la provincia, Miguel González Dávila.

En relación al lugar de asentamiento de La Guaira, Crame observó que su relieve tenía las condiciones naturales para construir una barrera defensiva para el puerto. Su ubicación al pie de una elevada serranía con una cumbre elevada (1200 varas sobre el nivel del mar) y paredes naturales a los costados que emergen como murallas producto del relieve natural, harían difícil que el enemigo intentara atacar en forma franca. De esta forma el plan defensivo se concentró en reforzar los caminos entre la Guaira y Caracas (Trapiches, el Camino Real a Caracas y el de Guarracuma), incluyendo el camino de Las Dos Aguadas, un camino mas corto por detrás de La Guaira, y punto vulnerable de defensa. Así Crame ideó el complejo sistema de defensa de La Guaira, que contempló: el Castillo de San Carlos, el Fuerte San Agustín, la Batería de Las Mercedes y el Fuerte del Príncipe o El Zamuro (El Vigía). Le seguían las Baterías de San Gerónimo (El Colorado), Mapurite y el Palomo; el Fuerte El Gavilán, las Baterías de San Bruno, San Antonio y San Juan de Dios, y los Baluartes de La Trinchera y La Plataforma. Éstos se complementaban con las Baterías de San Fernando y la Fuerza; que reforzaban la ruta junto a los Baluartes de La Caleta, San Josef y El Peñón, de acuerdo a lo que apunta Nelly Arcos y de lo que también aporta el texto de Emanuele Amodio y otros, “El camino de los españoles”, Instituto del Patrimonio Cultural. Editorial Arte, Caracas, 1997.

Las referencias de Crame sobre la vertiente norte de la serranía de El Ávila, frente al mar son mas profusas. En el plano que abarca la costa desde Macuto hasta Catia, se identifican más de una veintena de lugares poblados situados en las faldas de la serranía, conectadas por caminos.

Crame también tuvo a su cargo varias tareas relativas a la cartografía de Venezuela: ayudó, según nos aporta Juan Carrillo del Albornoz en “Agustín Cramer y Mañeras”, artículo que forma parte del Diccionario Bibliográfico Español (Formato electrónico. Real Academia de la Historia. Modificado 2018), a “establecer la estrategia para la protección de las fortificaciones en Trinidad, Margarita, Cumaná, Guayana, La Guaira, Puerto Cabello, Cartagena de Indias, Portobelo, Nicaragua y Campeche”. Con amplios poderes, era el único que podía aprobar toda obra militar, por encima del gobernador y del capitán general de la provincia de Venezuela. También tuvo que ver con la elaboración del plano general de la ciudad de Cumaná y su entorno, con el de la torre abandonada de San Fernando en la orilla opuesta del Orinoco, así como “el plano de la batería de San Diego de Alcalá y el plano del Fuerte de San Francisco de Asís, situado sobre una pequeña altura en la margen meridional del río Orinoco, así como del castillo de San Antonio”, de acuerdo a Juan Carrillo del Albornoz. Según Graziano Gasparini, de las 60 fortalezas que se construyeron en Venezuela, 21 se situaron para la defensa de la plaza de La Guaira, siendo la ciudad mejor fortificada de América Latina. La importancia de Crame como inspector de las plazas de la costa sur del Caribe y estratega para la protección de las fortificaciones, fue la de considerar las fortalezas de ultramar como una gran defensa continental, un concepto renovador, que, de acuerdo a Nelly Arcos, respondía a una estrategia lógica para afrontar un territorio tan vasto como América. De esta forma el Caribe, una de las zonas estratégicas mas conflictivas de América, se convirtió en un proyecto ideal para ensayar un modelo de defensa que aspiraba a ser continental.

IGV

1960• Templo Masónico, La Guaira, Litoral Central

Templo Masónico La Guaira

1960•  Se concluye y consagra el templo Masónico de la Logia Unanimidad Nº 3, ubicado en la avenida Soublette, Sector El Cantón, frente a los muelles del puerto de La Guaira, Litoral Central (hoy Estado Vargas), declarado en años recientes patrimonio histórico de Vargas.
El edificio-templo de planta baja y cuatro pisos, cuenta con los espacio propios para el culto, y con otros arrendados a dos casas comerciales: una empresa aduanera y otra de servicios aeronáuticos.
Este templo vino a sustituir al construido e inaugurado en 1858, primero edificado con esta finalidad en nuestro país, el cual estuvo ubicado a orilla del mar, cercano al Antiguo Mercado de La Guaira, en pleno Litoral Central, demolido en 1953, con la construcción de la actual Avenida Soublette.

HVH

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 190

La historia del ferrocarril en Venezuela ha estado salpicada de eventos muy interesantes en los que se detectan conatos iniciales por lograr su incorporación como medio de transporte y carga que datan desde el propio período de la Independencia. El artículo “Ferrocarriles” a cargo de Nikita Harwich Vallenilla que aparece en la edición en línea del Diccionario de Historia de Venezuela (DHV) -1997-, además de dar cuenta de la abundante bibliografía directa y hemerografía consultada para desarrollarlo, señala como primer intento el emprendido en julio de 1824, por la Colombian Mines Association cuando comisiona a La Guaira al joven ingeniero inglés de nombre Robert Stephenson, “para estudiar la factibilidad de construir un tajamar y un muelle en ese puerto y la de unirlo con Caracas mediante un ferrocarril”. También se apunta que una vez evaluados los escollos naturales a sortearse para la realización del proyecto, los cuales “conllevarían un costo superior a las 160.000 libras esterlinas, Stephenson concluyó que la rentabilidad previsible no justificaba tal inversión”.

Desde entonces, Venezuela transita un período plagado de frustrados intentos por consolidar la primera línea férrea, afectados por la inestabilidad política que caracterizó la etapa post independentista. De entre los proyectos impulsados por las diferentes gobernantes que no llegaron a feliz término, donde siempre se vio involucrada la interconexión de La Guaira con Caracas y de ésta con el oeste del país (con particular cuidado en incorporar a Puerto Cabello, la segunda conexión marítima en importancia), cabe destacar como pionero el emprendido por la General Bolívar Mining Association, propietaria de las minas de cobre de Aroa (Edo. Yaracuy), quien contrató entre 1832 y 1834 a otro ingeniero inglés, John Hawkshaw, buscando estudiar “la factibilidad de establecer una línea de ferrocarril entre Aroa y Tucacas, a efectos de facilitar el transporte del mineral hasta su puerto de embarque; se tendieron unos primeros rieles entre 1835 y 1836, pero la paralización de los trabajos de explotación de las minas, después de 1836, puso fin a esta iniciativa”. En 1862 se reanudan los trabajos de construcción de esta vía férrea volviéndose a paralizar a los pocos meses, retomándose en 1872, cuando finalmente “la compañía inglesa de las minas de Aroa emprendió nuevamente los trabajos del ferrocarril Aroa-Tucacas, concluyendo la obra en 1877”, dándose con ello inicio formal a la “era del ferrocarril” en nuestro país durante primera administración de Antonio Guzmán Blanco conocida como el Septenio (1870-1877).

A partir de entonces se puede decir que, dadas las limitaciones que ofrecía el ser un país con una economía restringida a rubros fundamentalmente agrícolas, Venezuela tuvo, en lo que al tendido de una red de vías férreas se refiere, un desarrollo muy por debajo de otros países latinoamericanos buscando cubrir el desplazamiento de los productos que comercializaba y exportaba y también el incipiente desarrollo del turismo. La aparición del petróleo en los albores del siglo XX marca el momento en el que el ferrocarril comienza a perder paulatinamente interés a la sombra de la política de interconexión del territorio nacional a través de carreteras de parte de Juan Vicente Gómez, siendo finalmente relegado por el automóvil como medio de locomoción a la luz del desarrollo de la industria de los hidrocarburos y el abaratamiento de los combustibles. Valga como dato aportar que pese a las numerosas y atractivas concesiones que se hicieran entre 1881 y 1892, a partir de 1910 no se otorgaron más contratos y sólo se completaron algunos ramales y tramos menores en las líneas ya existentes.

1. Mapa de la trayectoria que seguía el Ferrocarril La Guaira y Caracas -FLGyC- (1932)

En lo que concierne al ferrocarril La Guaira-Caracas cabe señalar que su proyecto y construcción se convirtieron desde un comienzo en una deuda arrastrada que debía saldarse desde los primeros intentos en 1867 por levantar planos y cotas. Además se constituiría en punta de lanza de la realización de diferentes proyectos en el país y punto de honor para la autocracia guzmancista.

Pese a la proximidad entre las dos poblaciones, las dificultades técnicas relacionadas con la agreste topografía que caracteriza en tramo, siempre lo convirtieron en un reto que llevaba asociado un elevado costo de realización. El pormenorizado relato que ofrece Harwich Vallenilla, quien abarca un período de 10 años (1873-1883) en los que los ingenieros británicos, franceses y estadounidenses se disputaron la ruta y su financiamiento con la participación de capital venezolano, así lo evidencia. También en él se menciona las repercusiones políticas derivadas de la carestía del financiamiento de la obra que en 1877 “desataron una poderosa reacción en la prensa y en el Congreso; de hecho, el movimiento antiguzmancista que cobró auge durante el gobierno del general Francisco Linares Alcántara utilizó el contrato ferrocarrilero como un pretexto para atacar a Guzmán, llegando hasta el extremo de condenar la obra en sí; como consecuencia, un decreto del 26 de junio de 1877, derogó el contrato en todas sus partes y suspendió la ejecución de los trabajos que se habían iniciado.”

2. Portada de un folleto publicado por el ferrocarril La Guaira y Caracas en 1933
3. Izquierda: una de las cuatro locomotoras (la nº 10) numeradas 9-12 de la compañía Beyer, Peacock de Manchester, Inglaterra, adquiridas en 1888 por el FLGyC. Derecha: una de las locomotoras originales, numeradas 1-8, que la firma inglesa Nasmyth, Wilson fabricó para el FLGyC entre 1882 y 1884

El regreso de Guzmán al poder en 1879 para transitar el Quinquenio, dio el definitivo impulso a la conclusión del proyecto y de la obra, de acuerdo a las especificaciones técnicas de los estudios ya realizados. William Anderson Pile, antiguo ministro plenipotenciario de Estados Unidos en Venezuela, “con base en su contrato, firmado el 22 de octubre de 1880 y ratificado por el Congreso venezolano el 7 de abril de 1881, logró completar, en Inglaterra, la suscripción de capital necesario con la constitución en Londres, el 10 de marzo de 1882, de la The La Guaira and Caracas Railway Company Limited”, estipulándose dentro de los términos del documento la concesión de la operación del ferrocarril por 99 años y el compromiso del gobierno venezolano en no permitir la construcción de otra vía férrea entre la capital y su puerto. “Bajo la supervisión del ingeniero Jesús Muñoz Tébar, utilizando un promedio de 1.807 peones por día, la obra fue exitosamente concluida e inaugurada por el presidente Guzmán Blanco el 25 de julio de 1883, como parte de las celebraciones del centenario del natalicio del Libertador Simón Bolívar”. El plano del trazado ilustra nuestra postal del día de hoy.

Del artículo firmado por Allen Morrison titulado “Ferrocarril La Guaira y Caracas” que se puede visitar en http://www.tramz.com/ve/lc/lcs.html, hemos sabido que “no usó cables, ni cremallera, ni piñón” y que “la anchura de los rieles era de 36 pulgadas = 914 mm” . También que la concesionaria hizo para el momento de iniciar operaciones “un pedido de seis locomotoras a la empresa inglesa Nasmyth, Wilson & Co. de Manchester, Inglaterra, más una serie de carros de carga y de pasajeros”, y que luego, “en 1888 (…) adquirió cuatro locomotoras de la compañía Beyer, Peacock de Manchester, Inglaterra… . Luego el ferrocarril adquirió seis locomotoras más a la firma Nasmyth, Wilson para un total de 18”.

4. Arriba izquierda: Estación de La Guaira del Ferrocarril La Guaira-Caracas. Arriba derecha: imagen de pasajeros tomando el tren en la estación de Maiquetía. Abajo: dos tomas del trayecto que recorría el ferrocarril. Izquierda: Estación Zig-Zag. Derecha: Paso Boquerón
5. Estación de Caracas del Ferrocarril La Guaira-Caracas, Caño Amarillo

La estación de La Guaira, cercana al puerto, marcaba el punto de partida de los pasajeros que llegaban por vía marítima y eran transferidos al tren para Caracas. La segunda parada se encontraba en la población de Maiquetía. Más allá, “a diez millas de La Guaira, a una altitud de 1.533 pies (467 m), el ferrocarril llegaba a la estación Zig-Zag donde la línea formaba una gran curva en S. Las líneas paralelas permitían el paso de los trenes de subida y bajada. Luego vendría el famoso paso Boquerón a un altitud de 2.021 pies (616 m), doce millas (18 Km) de La Guaira. Desde este punto los pasajeros del tren podían ver hasta 65 millas (105 km) sobre el Mar Caribe”. Finalmente, la llegada a Caracas se daba en la estación Santa Inés ubicada en Caño Amarillo habiéndose salvado en el trayecto una distancia total de 23 millas (37 km) y un altura de 3.000 pies (914 metros) con gradientes de hasta 4%. Desde 1894 esta estación serviría de transferencia con el más largo ferrocarril desarrollado en nuestro país: el Gran Ferrocarril de Venezuela o ferrocarril alemán.

El servicio eléctrico en la línea comenzó a operar el 9 abril 1928 y fue oficialmente inaugurado el 1 de mayo convirtiéndose en uno de tres primeros ferrocarriles de montaña electrificados en Latinoamérica en esa década. De esta manera el tiempo de viaje de La Guaira a Caracas quedó reducido de dos horas a 75 minutos.

Tanto el ferrocarril La Guaira-Caracas como el resto de la red nacional tuvo que enfrentar a través del tiempo problemas relacionados con lo poco lucrativo del negocio asociados a los costos elevados por kilómetro de construcción de las vías y su posterior mantenimiento. Como dirá Harwich Vallenilla, “Guzmán Blanco pensó que el solo tendido de una vía férrea lograría poblar de riquezas toda la región hasta donde su influencia alcanzara, impulsaría el comercio así como el desarrollo industrial, agrícola o ganadero. En la práctica, sin embargo, las líneas férreas efectivamente construidas apenas alcanzaron a cubrir una distancia de 957 km. La diferencia de anchura de las vías no permitió, salvo algunos empalmes, su unificación en una sola red ferroviaria. El trazado de las líneas no obedeció a una política de integración del territorio, sino a un intento de vincular algunos de los principales centros de producción agrícola o minera al puerto de exportación más cercano. Aun así, la llegada del ferrocarril a las zonas rurales, sobre todo en las cafetaleras, no eliminó las otras formas tradicionales de transporte: las recuas de mulas y los vapores fluviales o lacustres. Por ello, la entrada en servicio del ferrocarril sólo resultó en un abaratamiento muy relativo de los fletes, situación que a menudo se tornaba crítica cuando las crecidas de los ríos por causa de las lluvias o los deslizamientos de terreno interrumpían el tráfico en las vías. Lejos de ser un impulso para el desarrollo, el ferrocarril sirvió para polarizar hacia sus extremos la población de las regiones que cruzaba, aún tratándose de centros urbanos de importancia. (…) Las limitaciones del desarrollo ferrocarrilero en Venezuela adquieren una renovada perspectiva cuando se considera que de los 49 contratos que fueron celebrados entre 1853 y 1910, sólo 10 fueron cabalmente realizados y 2 más lo fueron parcialmente. (…) Guzmán Blanco, como lo señala Eduardo Arcila Farías, ‘…parecía convencer a los inversionistas sobre las enormes posibilidades de las desoladas o selváticas regiones comprendidas en las ambiciosas concesiones, pero al final la realidad pareció mucho más convincente que los sueños de un progreso tan violento que, por obra de magia, hacía aparecer opulentas ciudades donde antes reinaba la pobreza y la soledad… ‘ «.

6. Izquierda: La portada del folleto de 1932 del FLGyC. Derecha: artículo dedicado a describir las locomotoras tipo B+B del Ferrocarril La Guaira-Caracas aparecido en Revue Brown Boveri, nº 9, septiembre 1929

A partir de 1931 el ferrocarril de La Guaira a Caracas, dejó definitivamente de pagarle dividendos a sus accionistas; en 1937, se expropia el Ferrocarril Central de Venezuela (Caracas-Santa Lucía) y en 1943, el Gran Ferrocarril de Venezuela (Caracas-Valencia), cuyos accionistas fueron indemnizados, después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, con un monto de U.S. $ 2.100.000, tal y como apunta Harwich Vallenilla.

Desde entonces el retomar el proyecto ferroviario nacional ha sido una permanente asignatura pendiente que no ha logrado cristalizar en planes consistentes. Así, en 1946, por iniciativa de los ministerios de Fomento, Obras Públicas, Defensa y Comunicaciones, fue creado por decreto el Instituto Autónomo Administración de Ferrocarriles del Estado (IAAFE) encargado de la reorganización y rehabilitación de las vías férreas adquiridas por la Nación; en 1960 se crea la Comisión Económica Ferroviaria Nacional; en 1974, vuelto a analizar el problema, la Comisión para el Estudio del Plan Ferroviario Nacional, integrada por representantes del Ministerio de Obras Públicas, de Cordiplan y del IAAFE, elaboró un informe sobre la factibilidad de desarrollar el 30% de los 4.000 kms de vías férreas que abarcarían todo el país para 1991, de los cuales sólo llegó a concretarse la construcción e inauguración, en 1982, del tramo de 77 km entre Acarigua y Barquisimeto, prolongando la línea de ferrocarril Barquisimeto-Puerto Cabello a 250 Km llegando a ser ésta la línea comercial más extensa existente en el país, hoy totalmente subutilizada. Todos los planes, proyectos y obras posteriores incluidas dentro del Sistema Ferroviario Nacional de 1999 (transformado en 2006 en «Plan Socialista Nacional de Desarrollo Ferroviario»), salvo contadas excepciones como la línea Caracas-Cúa, padecen de las mismas debilidades.

Por su parte, el Ferrocarril La Guaira y Caracas, realizó en 1951 su ultimo viaje. La empresa que lo operaba había sido nacionalizada en los años ’40 y adquirida por el Estado en 1950. En 1951 los tendidos eléctricos que lo alimentaban quedaron severamente dañados por azotes del clima y el gobierno, que ya tenía como prioridad invertir en la construcción de la Autopista Caracas – La Guaira, no realizó gasto alguno en reparaciones. Con el tiempo el tendido de la ruta quedó sepultado bajo monte y tierra y es casi imposible de rastrear y todos los vagones han desaparecido con la excepción de una locomotora a vapor Beyer, Peacock que fue descubierta en los años setenta conservada en el Museo Guillermo José Schael, Fundación Museo del Transporte en Caracas.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. http://guiaccs.com/zona-10/

1, 2, 3, 4 y 6 izquierda. http://www.tramz.com/ve/lc/lcs.html

5. https://mariafsigillo.blogspot.com/2011/05/el-ferrocarril-estacion-cano-amarillo.html

6 derecha. bbc_mitteilungen_1929_e_09.pdf