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HOTELES NACIONALES

1. Postal del Gran Hotel Jardín, Maracay (circa 1930)

Hotel Jardín

Maracay, actual capital del estado Aragua, contó con la fortuna de haber sido objeto de un particular aprecio por parte de tres venezolanos que detentaron el poder, dos de ellos durante el siglo XIX y el otro durante el siglo XX. José Antonio Páez y Joaquín Crespo primero y Juan Vicente Gómez después, encontraron en el para entonces pequeño poblado y la región que lo circunda, dada su estratégica ubicación en el centro del país y punto intersección de las ciudades ubicadas en esa región, bondades desde el punto de vista productivo (fértiles tierras y agua permanente), oportunidad donde asentarse o poseer importantes propiedades (continuando con la tradición de los mantuanos caraqueños durante la colonia) y, sobre todo, un lugar que ofrecía indudables ventajas desde el punto de vista geopolítico en la medida en que el control de los Valles de Aragua implicaba en buena medida el control de la Capital de la República. Páez fijará su residencia en la hermosa hacienda “La Trinidad” (que había pertenecido al Marqués de Casa León), adquirirá una casona en La Victoria y extendería su dominio en la región a través de propiedades destinadas a la explotación agropecuaria. Crespo, quien siguiendo los pasos de Páez posteriormente se haría también propietario de “La Trinidad” y sus tierras, inicia la paulatina modernización de Maracay y será quien la incorpore a la “época de la máquina” al conectarla en 1894 con Caracas y Valencia a través del ferrocarril.

2. Izquierda: Vista reciente de la Casa de la hacienda «La Trinidad» ubicada del lado este de la avenida Universidad, vía que conecta Maracay con la población de El Limón. Comenzó a construirse en 1740 con el Capitán Nicolás Brito, dueño de las tierras. Posteriormente pasó a ser propiedad, entre otros, del Marqués de Casa León, José Antonio Páez, Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez. Derecha: Plano General del Gran Ferrocarril de Venezuela (1894-1966)

Tal y como señala Ciro Caraballo en Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista (1993), “… sería Juan Vicente Gómez el más consecuente de los ilustres pobladores con los que contó Maracay y quien le imprimiría un impulso definitivo al poblado agropecuario. El Benemérito crearía las condiciones para que este poblado alcanzara niveles materiales de vida propias de los más importantes centros urbanos del país, asumiendo en la práctica, desde 1914 hasta 1935, la función de capital político-militar de Venezuela.”

Así, desde la primera vez que visita Gómez la localidad aragüeña (1899) como integrante del ejército restaurador de Cipriano Castro “en su marcha triunfante hacia Caracas”, vio en ella un lugar que, además de prendarlo por sus bondades ambientales, le abrió la oportunidad de “conjugar sus inclinaciones agrarias, con el interés estratégico y el desempeño de sus funciones gubernamentales”, cosa que empezó a poner en práctica desde que asume la Vicepresidencia de la República a través de la adquisición de propiedades rurales y urbanas, y fortaleció una vez que asumió la Presidencia en 1908 o su versión de Comandante General del Ejército desde 1914.

Como dato vinculado al interés generado de parte de Gómez por el estado Aragua y en particular por Maracay, Caraballo apunta cómo “el gasto total del Ministerio de Obras Públicas (MOP) en el estado Aragua durante el período de Castro había sido significativo, en especial en la ciudad de La Victoria, capital del estado hasta 1917. Aún así, en el período castrista esta inversión sólo representó en promedio el 3% de lo invertido por el Estado a nivel nacional. A partir de 1910 el MOP incide con fuerza en el estado Aragua, con partidas orientadas cada vez más al desarrollo urbano de Maracay. Para 1917, momento en que se planifica la mudanza de la capital estatal a dicha ciudad, ya la inversión en Aragua superaba a la efectuada en el Distrito Federal…”. Para el período 1930-31 la inversión del MOP en el estado Aragua alcanza los Bs. 29.013.717,21 llevándose el 43,48% del porcentaje total nacional versus el 12,47% destinado al Distrito Federal. Maracay pasará de 7.017 habitantes en 1919 a 13.359 en 1928. Además, en 1917 Gómez, como paso previo a su conversión en capital del estado Aragua, había logrado poner bajo dicha jurisdicción “una amplia zona costera que hasta entonces había pertenecido al estado Carabobo, la cual incluía las poblaciones de Ocumare de la Costa, Cata y Turiamo”, previa inauguración en 1916 de la Carretera a Ocumare, logrando incorporar el mar a un estado que no tenía contacto con él y con ello reforzar un aspecto estratégico de vital importancia.

3. Lactuario de Maracay (1908). Foto tomada en 1913
4. Izquierda: Planta de Alumbrado Eléctrico, Maracay (1912). Derecha: Fábrica de Papeles Maracay (1913)
5. Telares e Hilanderías Maracay (1927)

La ingente inversión de recursos de que se ve beneficiada Maracay se tradujo en importantes obras públicas en las que Gómez siempre participó donando o vendiendo terrenos a la Nación o como co-propietario de cuanta empresa se fue localizando allí. En 1912 se inauguró el alumbrado de la ciudad y para 1914 se emprende la reforma y ampliación del acueducto cuyas obras dirige Alejandro Chataing. También en 1912 se instala en Maracay el Lactuario, en 1915 la planta de procesamiento de papel y en 1926 se establecen los Telares, tres muestras del acompañamiento que el capital privado brindaba al desarrollo agroindustrial de la región. Para celebrar el Centenario de la Batalla de Carabobo (1921) “se inaugura un edificio para mercado, oficinas para el servicio de correos y telégrafos. Paralelamente a las obras civiles, la ciudad se consolidaba como sede principal de las tropas y equipos militares del país. Las nuevas edificaciones del Cuartel Nacional, con capacidad para 3.000 hombres y la Escuela de Aviación, iniciaban la gestación del nuevo polo urbano al este del viejo centro”.

Dentro de este marco, en el que la obra pública cobra papel protagónico, cuya calidad se ve refrendada por la adscripción al MOP de profesionales de la talla de Ricardo Razetti, Carlos Raúl Villanueva, Carlos Guinand Sandoz o Luis Malaussena, la inversión en Maracay alcanza, como ya vimos, su punto culminante entre 1929 y 1931 lo cual redundará en la construcción de importantes obras y significativas mejoras urbanas, espoleadas por el aprovechamiento de la circunstancia de celebrarse en 1930 el centenario de la muerte del Libertador.

6. Vista aérea del centro de la ciudad de Maracay que abarca desde la Plaza Bolívar (derecha) hasta el sector Los Samanes (izquierda), prouesta de renovación urbana a la que se le dio el nombre de «Ciudad Jardín»
7. Vista aérea de la Plaza Bolívar de Maracay en dirección este-oeste. A la izquierda (costado sur de la plaza) se divisan el antiguo Hotel Jardín y el Teatro de la Ópera; a la derecha (costado norte de la plaza), los cuarteles Bolívar y Sucre; al fondo (costado oeste de la plaza), la Clínica Maracay (hoy conocida como Ambulatorio Urbano Dr. Efraín Abad Armas)

Los planteamientos europeos provenientes de lo que en urbanismo se conoce como “Ciudad Jardín” (apelativo que desde entonces asume Maracay), influyen en la toma de decisiones al momento de dotar a la capital del estado de un imponente espacio público (que se convertiría en la Plaza Bolívar más grande del país) y las edificaciones que lo acompañarían, operación en la que estaría involucrado el Benemérito con el interés de revitalizar un sector al este de la ciudad (conocido como “Los Samanes”, “los Dos Caminos” o “La Barraca”) donde poseía numerosas propiedades. La prolongación del eje de la calle Bolívar (antigua “calle Real”), sobre la que ya se ubicaban los mejores edificios y espacios urbanos de la ciudad, permitió incorporar el sector señalado como objeto de la remodelación general la cual fue denominada como “Ciudad Jardín”. La calle Bolívar se convertiría en el límite norte y la calle Miranda en el límite sur de un rectángulo de 320 metros de longitud por 106 de ancho que en noviembre de 1929, mediante Decreto del Ejecutivo Nacional se convertiría en el corazón del nuevo proyecto. Dividida la plaza en tres lotes cuadrados separados mediante dos vías paseos (hoy en día cerradas al tránsito vehicular), en el del centro se colocó una estatua ecuestre del Libertador vaciada a partir de la existente en Caracas, acompañada del correspondiente kiosko para música. Se sumarían al espacio árboles, flores y fuentes ornamentales junto a un mobiliario urbano que constituyeron “un marco ideal para Bolívar en su centenario y para las nuevas edificaciones que Gómez realizaría en su entorno.”

8. Vista aérea de la Plaza Bolívar de Maracay y su entorno
9. Clínica Maracay (hoy conocido como Ambulatorio Urbano Dr. Efraín Abad Armas). Carlos Guinand Sandoz con la colaboración de Willy Ossott (1930)
10. Hotel Jardín, Maracay. Carlos Raúl Villanueva (1930)
11. Club de Deportes, Maracay. Carlos Raúl Villanueva (1930)

Bajo la coordinación del ingeniero francés André Potel, quien formaba entonces parte del equipo del MOP, los proyectos de las diferentes edificaciones alrededor de la plaza fueron asignados a profesionales que integraban como personal fijo o colaboraban con dicho Despacho. Al ingeniero Ricardo Razetti le fue asignado el nuevo edificio del cuartel de infantería (que llevaría por nombre “Cuartel Bolívar”), quien apeló para su diseño a duplicar el Cuartel Sucre ubicado en la fachada norte de la plaza (también por él proyectado en 1917 de planta cuadrada de unos 90 metros de lado), utilizando los mismos códigos formales y volumétricos. La entrada al Cuartel Bolívar, que alcanzaría los 176 metros de largo, se alinearía con la estatua ecuestre del Libertador ubicada en el centro de la plaza.

“El lote de la fachada este estaba previsto para la construcción de la catedral, mientras que al oeste … se proyectaba la nueva “Clínica Maracay” (…) y para ello se escogió al arquitecto Carlos Guinand Sandoz. (…) El lote de la fachada sur de la Plaza Bolívar sería destinado a un nuevo edificio para alojamiento de viajeros: el Hotel Jardín, local que durante los últimos años del régimen gomecista actuaría no sólo como hospedaje sino como el más importante espacio político y social de Venezuela”, apuntará Caraballo. Le corresponderá a Carlos Raúl Villanueva realizar el proyecto del Hotel Jardín que ocupará un inmenso lote de 28.600 m2 con 220 metros de frente y también proyectará el Club de Deportes, que se construyó simultáneamente al lado este del hotel en otro lote cuadrado de aproximadamente una hectárea con el que se completaría el frente hacia la plaza.

12. Antiguo Hotel Maracay. Fachada lateral y posterior

Maracay que a partir de 1917, transformada en capital del estado Aragua, ya se había empezado a convertir en importante foco de atracción turística, emprendió en esa fecha la construcción por parte del MOP de una instalación que transformó en hotel la casa “La Magnolia” en el centro de la ciudad. Dos años después se inaugura un segundo edificio hotelero de dos plantas que respondía a los cánones neoclásicos del siglo XIX, el Hotel Maracay, proyectado especialmente para tal fin y ampliado en 1928, llegando a alcanzar los mejores estándares nacionales.

Dada la fecha en que se decide ampliar el Hotel Maracay, todo indicaba que no estaba entre los planes del gomecismo acometer la construcción de una nueva instalación de ese tipo, lo cual logra revertirse a favor del proyecto del Hotel Jardín gracias a la influencia ejercida desde 1928 por el entonces Ministro de Obras Públicas, José Ignacio Cárdenas, quien convence al Benemérito sobre la importancia de contar con una instalación acorde a la imagen moderna de la ciudad, cosa que el Hotel Maracay no ofrecía.

13. Hotel Jardín, Maracay. Carlos Raúl Villanueva (1930). Planta baja
14. Hotel Jardín, Maracay. Carlos Raúl Villanueva (1930) . Fachada principal (norte) hacia la Plaza Bolívar
15. Hotel Jardín, Maracay. Carlos Raúl Villanueva (1930). Izquierda: Vista del acceso desde la Plaza Bolívar. Derecha: Jardines del espacio interior.
16. Hotel Jardín, Maracay. Carlos Raúl Villanueva (1930). Vistas del interior
17. Hotel Jardín, Maracay. Carlos Raúl Villanueva (1930). Vestíbulo

El proyecto del Hotel Jardín se concluye en 1930 siguiendo para su diseño “los clásicos patrones de composición de la academia de Beaux-Arts parisina, donde Villanueva había obtenido su instrumental teórico profesional. Esa densa formación académica se vio reflejada tanto en las composiciones generales de las plantas y las fachadas como también en los elaborados dibujos y detalles de cada uno de los espacios principales, que realizó siguiendo las pautas de bellas artes, los cuales incluían molduras, ornamentos, carpintería y herrería”, nos dirá Caraballo.

La amplia y detallada descripción que hace el propio Caraballo, complementada por otra de corte más técnico publicada por Luis Polito en el nº 69 (2001) de la revista PUNTO, permiten hacerse una idea muy completa de las variables funcionales, formales y ambientales que lo acompañaron de entre las que no conviene descuidar las correspondientes al contexto donde se ubicó y que colaboró a completar.

Así, sabemos que el Hotel Jardín como conjunto está conformado por un volumen continuo de tres pisos que ofrece un frente urbano homogéneo hacia todo el frente de la Plaza Bolívar, que en planta baja se presentaba como una galería sombreada hacia el exterior y hacia el interior como un corredor de distribución que conducía a las habitaciones operando a la vez como filtro climático; en el segundo piso el edificio reconocía en su fachada los balcones de los dormitorios allí ubicados a los que se accedía por otro fresco corredor interno que funcionaba como expansión y desde donde se podía observar el conjunto de jardines internos y las dependencias públicas del hotel. El tercer piso, solucionado como una cubierta en mansarda, albergaba habitaciones más pequeñas con baños compartidos, a diferencia de los dos primeros niveles donde cada una posee baño privado.

El acceso, alineado con una fuente ubicada entre la primera y segunda zonas en que se divide la Plaza Bolívar, se ofrece como punto central y a la vez eje de simetría en la distribución del volumen que además ocupa el frente de las dos calles laterales, tomando la planta una forma de “E”. En el extremo suroeste se ubicó la zona de servicios (cocina, lavandería, depósitos) y en el sureste el garaje. Sobre el eje que define la entrada se ubican además, de manera secuencial, corredores y escaleras, un pequeño primer patio, uno segundo más amplio que conducía al bar y al salón de baile, siguiendo con el comedor y los amplios jardines arbolados posteriores que se organizarán a modo de patio central, cerrado al fondo por una pared que lo separa de los lotes vecinos. Para Caraballo, “el eje central es la parte más compleja e interesante del diseño de Villanueva, al crearse una sucesión de espacios techados sin cerramientos laterales, conectados entre sí por una secuencia elaborada de corredores y patios, generando una respuesta tropical y una sucesión de ricos espacios, sin precedentes en el país.”

Contaba el hotel con un total de 100 dormitorios distribuidos por igual en las alas que se desarrollan a ambos lados del acceso: 66 de ellos ubicados entre la planta baja y el primer piso y el resto en el tercero. 

El hotel abrió sus puertas el 19 de diciembre de 1930. Para organizar la gran apertura es llamado el conocido empresario nacido en Alsacia, León Becker quien para entonces administraba también el Hotel Miramar de Macuto. Allí Becker “desarrolló sus mejores capacidades como ‘Cheff’ (sic) y ‘Maestro de Ceremonias’, siendo Maracay, como era, el centro del poder nacional y el Hotel Jardín el principal escenario para los actos oficiales”, apuntará Caraballo. En 1933 Becker “quedaría a cargo de la totalidad de la planta hotelera estatal, pasando a convertirse en ‘Director Administrador de los Hoteles Nacionales’, teniendo como único superior inmediato al jefe del Despacho de Turismo”.

18. Hotel Jardín, Maracay. Carlos Raúl Villanueva (1930). Patio interior con el hotel en pleno funcionamiento (circa 1940)
19. Hotel Jardín, Maracay. Carlos Raúl Villanueva (1930). Foto del año 2015 tomada desde la plaza Bolívar con el edificio pintado en su color original donde se ven las modificaciones incorporadas al convertirlo en sede de la Gobernación del estado Aragua (cerramiento de las columnas de la fachada).

Menos de treinta años funcionó como hotel en manos del Estado la estructura diseñada por Carlos Raúl Villanueva. Tras la muerte de Gómez y la ralentización económica que sufrió Maracay el hotel fue intervenido para modernizarlo en 1939 dotando de sanitarios los dormitorios del tercer piso y construyéndose una siempre esperada piscina. En 1957, una vez que la CONAHOTU abre el nuevo hotel Maracay proyectado por Luis Malaussena con la colaboración de Federico Beckhoff, Klaus Heufer y K.P. Jebens, el Hotel Jardín pasó a ser sede de la gobernación de Aragua y comenzó un proceso creciente de transformación de todos sus espacios, algunos de ellos propiciados por el proyecto de adecuación que le fuese encargado al propio Malaussena. El ejecutivo regional se mantuvo allí hasta el año 2010, cuando se muda al edificio de Corpoindustria.

Como se señala en la página web de IAM Venezuela https://iamvenezuela.com/2018/12/pintan-el-hotel-jardin-de-maracay-sin-el-aval-del-ipc/: “En la gestión de Tareck El Aissami la gobernación anunció que con asesoría de PDVSA La Estancia y del Instituto del Patrimonio Cultural se realizaría una rehabilitación integral de la plaza Bolívar y de la fachada del Hotel Jardín que incluyó friso y pintura, además de la creación del paseo Carlos Escarrá en la calle Miranda. (…) El 29 de diciembre de 2014 el gobernador también anunció la intención de recuperar la edificación para su uso original como hotel, por lo que algunas dependencias gubernamentales que aún funcionaban allí fueron mudadas. (…) Actualmente en el antiguo Hotel Jardín funcionan las sedes del canal del estado Telearagua, la emisora Radio Aragüeña, las oficinas administrativas de Ciudad Maracay, además de una sala situacional que funge de puesto de comando y control del estado. (…) Del regreso de estas instalaciones como hotel ya no se habla”. Sin tener hoy un doliente importante que vele por su salvaguarda, el caer de nuevo en un proceso creciente de deterioro está cantado.

En algún momento de su trabajo Ciro Caraballo afirma lo siguiente: “Para inicios de 1930, el Gobierno Nacional contaba con una naciente red hotelera, iniciada una década antes con el ‘Gran Hotel Termal de los Baños’ de San Juan de los Morros, ampliada en 1928 con la incorporación del ‘Hotel Miramar’ en Macuto y culminada con la inauguración del ‘Hotel Jardín’ en Maracay. A este sistema de hoteles se incorporaría el nuevo ‘Pabellón del Hipódromo’ del Paraíso, en Caracas, el cual si bien no era propiamente un hotel, brindaba una amplia gama de servicios recreativos que estaban en concordancia con la oferta de la red hotelera estatal”. También dentro de esta política se había dado inicio a la construcción del Hotel Rancho Grande en la carretera Maracay-Ocumare de la Costa que atraviesa en parque Henri Pittier. Con esta larga nota dedicada al Hotel Jardín, aunque cerramos nuestra revisión a los que se llamaron los “Hoteles Nacionales” construidos y puestos en funcionamiento durante el gomecismo, dejaremos la puerta abierta para comentar en futuras entregas tanto el “Pabellón del Hipódromo” del Paraíso como la frustrada culminación del Hotel Rancho Grande, responsabilidad ambos del entonces denominado Despacho de Turismo del Ministerio de Fomento.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. https://www.pinterest.com/pin/384917099383070418/

2. Izquierda: https://urbenaragua.blogspot.com/2011/02/la-casona-de-la-trinidad-un-monumento.html y https://www.wikiwand.com/es/El_Lim%C3%B3n_(Venezuela). Derecha: https://es.wikipedia.org/wiki/Gran_Ferrocarril_de_Venezuela

3. https://es.wikipedia.org/wiki/Lactuario_de_Maracay

4, 5, 9 y 10. Colección Crono Arquitectura Venezuela

6, 7, 8, 15 y 16. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

11, 12, 13 y 14. Ciro Caraballo en Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista (1993)

17. https://www.pinterest.com/pin/789607747145275736/

18. https://twitter.com/arquitecturavzl/status/724451054474108929

19. https://iamvenezuela.com/2018/12/pintan-el-hotel-jardin-de-maracay-sin-el-aval-del-ipc/

¿SABÍA USTED…

… que en 1920, en San Juan de los Morros, abre sus puertas el “Gran Hotel Termal”, primogénito de los hoteles nacionales?

1. Gran Hotel Termal, San Juan de los Morros (circa 1920)

Ciro Caraballo Perichi cuyo libro Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista (1993) hemos comentado y utilizado en diversas ocasiones en este boletín, se ocupa de otorgarle un importante espacio a la relación entre las “termas de salud” y la aparición en torno a ellas de lugares destinados al alojamiento que, traducidos en muchos casos en grandes hoteles, han permitido otorgarle al hidrotermalismo un lugar preponderante dentro del desarrollo del turismo a partir del siglo XIX.

En un primer momento, dentro de la “Introducción”, en el apartado titulado “De la terma de salud a la terma de placer”, Caraballo afirma: “El edificio de alojamiento en los balnearios termales, fue una de las estructuras hoteleras de mayor desarrollo durante el siglo XIX. La facilidad de transporte ferrocarrilero puso al alcance de grandes masas de la población numerosas fuentes hidrotermales y termales, cuyo uso había sido altamente ponderado por sus cualidades sanitarias y curativas desde el siglo XVIII. En términos generales, las edificaciones hoteleras en los grandes centros balnearios respondían a uno de los dos conceptos funcionales vigentes: aquellas que surgían como respuesta a la revitalización de los modelos clásicos del baño termal, casi todas de corte neoclásico; y aquellas que respondían a conceptos naturalistas, cuyas edificaciones seguían la corriente arquitectónica del romanticismo, utilizando para su construcción madera y piedra”.

Dado el importante desarrollo de los centros termales como instalaciones hoteleras durante el siglo XIX y principios del XX, Caraballo amplía sus comentarios llevando a cabo un breve pero sustancioso repaso histórico del tema a partir de la consideración de tres momentos. En el primero de ellos, titulado “Del baño como acto purificante a la terma de placer”, se introduce el valor y papel simbólico que ha tenido el agua a través el tiempo, su utilización como agente purificador asociado muchas veces a ritos religiosos, y la detección de la presencia del baño termal en los más tempranos establecimientos poblados de Egipto, Asia Menor, Japón o Mesoamérica, sin dejar de mencionar que si bien es conocido el uso ritual de termas en la Grecia clásica  “cabe a los romanos el haber llevado el edificio termal a su más alto nivel conocido, sólo comparable con algunas instalaciones otomanas del siglo XVI”.

El segundo momento, que lleva por título “La Ilustración: Racionalidad, salud e hidrotermalismo”, da cuenta del impulso tanto en Inglaterra como en Francia a partir del auge de los postulados del racionalismo y la Ilustración a mediados del siglo XVII de “un movimiento de carácter científico que buscaba el mejoramiento de la salud de los pobladores de las grandes ciudades a través del desarrollo de la higiene”, dándole así cabida al surgimiento de nuevas clases de edificios entre los que encontraban grandes hospitales, cementerios extraurbanos y casas de baños públicos. De estos últimos, aquellos que se ubicaran en el campo y de ser posible próximos a una fuente de agua mineral o termal, mejor. De esta tendencia queda el registro de la aparición de criterios formales y funcionales cuyo punto culminante lo establecería la incorporación de las edificaciones balnearias como tema en los concursos de la Academia de Beaux Arts de París.

Finalmente, llega Caraballo a “La Estación balnearia termal del XIX” como tercer momento en el desarrollo del tema en lo atinente a la aparición establecimientos termales con instalaciones permanentes a partir de la finalización en Europa de las guerras napoleónicas. Durante el siglo XIX tanto en el Viejo Continente como en Norteamérica se pone de moda y a la vez se masifican las visitas periódicas a estos lugares, los cuales cambian su carácter sanitario por el de ambientes de esparcimiento y placer. Caraballo no dudará en afirmar que “los sitios termales abrían … uno de los caminos del turismo contemporáneo”.

En nuestro país, de forma más modesta, se puede apreciar cómo el tema también guarda una particular relevancia hasta el punto de ocupar el segundo capítulo del libro que nos sirve de guía, titulado “Salud y alojamiento: Venezuela siglo XIX”. Sin entrar a profundizar en los diferentes apartados que lo constituyen donde se da cuenta de los “Sitios de temperar: el ferrocarril como medio”, de los “Balnearios de mar y río” y de los “Baños hidroterapéuticos y sitios termales”, si nos detendremos en este último a modo de vínculo con el edificio centenario que ha dado origen a esta nota.

Es interesante apreciar como “desde los inicios mismos del siglo XIX, se suceden estudios sobre los recursos termales en nuestro país”, y cómo más allá de las propiedades curativas que se levantan a modo de inventario en casi todo el territorio “en la Capital de la República aparecieron hacia finales del siglo XIX, los baños públicos de carácter hidroterapéutico, de clara inspiración europea” siendo ejemplos destacados los “Baños del Valle” y las instalaciones de Caño Amarillo. Sin embargo “los centros de esta categoría que captaron la mayor atención desde finales del siglo XIX, y que en el transcurso del siglo XX lograron desarrollarse, al punto que con sus altas y bajas, aún permanecen funcionando en nuestros días son: ‘Las Trincheras’ y ‘San Juan de los Morros’ ”, los cuales contarían con el apoyo para el desarrollo de su infraestructura primero de Guzmán Blanco y luego de Juan Vicente Gómez.

Al comienzo del subcapítulo “Los vapores sulfurosos de Guarume y San Juan”, Caraballo señala: “El territorio actual del Estado Guárico, en las inmediaciones de San Juan de los Morros y del poblado de Parapara, existen dos centros de aguas termales que cobrarán mucha importancia al tener como usuario al General Guzmán Blanco; las aguas termales de Guarume y la fuente de Aguas Hediondas en San Juan de los Morros iniciaban, en 1875, su proceso de equipamiento”. Aunque son las poco conocidas aguas termales de Guarume las que Guzmán llegó a visitar, actuando prácticamente como “conejillo de indias” en cuanto a tratar sus dolencias y, por ende, beneficiarse de los efectos curativos que ellas proporcionaban, su paralelismo en cuanto a apertura al publico y construcción de las primeras instalaciones con las Aguas Hediondas de San Juan es total. Se supone que Guzmán seguramente tuvo oportunidad de llegar hasta el pequeño manantial del que surgen las aguas sulfurosas de la hoy capital de Guárico en su viaje a Parapara y Guarume.

2. Baños Termales. San Juan de los Morros, 1918. Fachada oeste (arriba) y planta (abajo)

Las obras que se realizarían en San Juan, registradas en plano anexo a la Memoria del Ministerio de Obras Públicas (MOP) de 1875, consistirían en “la construcción de un estanque para el almacenamiento de las aguas y tres piletas individuales. Gruesas columnas toscanas sostenían una cubierta en pabellón, siendo esto toda la infraestructura construida entonces. El autor del proyecto fue el ingeniero Antonio María Casano López, mientras  que las obras estuvieron a  cargo del ingeniero Serrano”.

Para 1893 las instalaciones de San Juan estaban abandonadas, situación que se prolongó hasta inicios del siglo XX cuando serían rescatadas “contando con el aval científico de las más altas autoridades termales de Europa” reforzado en 1926 con la visita del Dr. Louis Blanc, médico de las instalaciones balnearias francesas de Aix-les Bains. Sin embargo, ya poco antes de 1920 “la mano paternal del Benemérito llevaría de nuevo el progreso a las aguas sulfurosas de San Juan, con la construcción del ‘Gran Hotel Termal’ ”.

3. Gran Hotel Termal. San Juan de los Morros, 1920. Planta (arriba) y fachada (abajo)

En cuanto al hotel propiamente dicho, se le considera el «primogénito» de una red de “hoteles nacionales” que durante el gobierno de Gómez se desarrollaron en virtud de la importante presencia gubernamental tanto en su construcción como en su funcionamiento. Al “Gran Hotel Termal de los Baños” de San Juan de los Morros se le sumará en 1928 el “Hotel Miramar” en Macuto y culminará con la inauguración en 1930 del “Hotel Jardín” en Maracay. Su desarrollo obedece al nexo que desarrollaría Juan Vicente Gómez con el lugar en el que se encontraban las aguas sulfurosas, donde pasaría largas temporadas en su residencia de “Las Adjuntas” (alrededor de la cual “surgirían suntuosas viviendas vacacionales de los familiares y allegados del Benemérito”), lo que lo llevó, en primer lugar, a ordenar “la refacción completa, a la moderna, del edificio del balneario, captando suficiente agua para cien baños diarios, a fin de que los vecinos y los temporadistas puedan, con todas las comodidades apetecibles, gozar de las saludables aguas…”. Las obras le fueron comisionadas al ingeniero Leonardo Jiménez.

Por su parte, la construcción del “Hotel Termal” complementaría la infraestructura del balneario y estaría asociada a la realización de una carretera pavimentada entre San Juan y Maracay, lugar de residencia permanente de Gómez. Las obras se iniciaron en 1919 y fue concebido como “una gran casa de huéspedes” dentro de la familiar urbanización ocupada por Gómez y su séquito. Su proyecto, como señala Caraballo, muy probablemente fue desarrollado en la Dirección de Edificaciones del MOP, quedando la supervisión a cargo de los ingenieros Rafael Díaz y Guillermo A. Salas, siendo este último quien lo finalizaría.

El hotel fue diseñado inicialmente como una edificación de una planta organizada “alrededor de un patio central rodeado de corredores que permitían el acceso directo a las habitaciones, todas con baño privado, las que distribuidas en dos alas alcanzaban un número cercano a la docena. En el cuerpo central del lado norte se encontraban los salones, los cuales abrían a los corredores externos que servían tanto de terraza-estar como de salón de baile y cinematógrafo en las horas nocturnas. Se enfatizaba la fachada principal mediante una doble escalinata, la cual actuaba como pieza ornamental del conjunto, que permitía a los huéspedes disfrutar de la gran terraza…”. En su lado sur como complemento se ubicaron dos pabellones a doble altura que contendrían el comedor y un salón especial con sus áreas de apoyo: cocina, locales y patio de servicio.

4. Gran Hotel Termal. San Juan de los Morros. 2ª etapa. Planta (arriba) y fachada (abajo)
5. Postal del Gran Hotel Termal. San Juan de los Morros (circa 1920)
6. Fotografía de la 2ª etapa del Gran Hotel Termal (circa 1925)
7. Huéspedes disfrutando de las instalaciones del hotel

Rápidamente las doce habitaciones del hotel inaugurado en 1920 resultaron insuficientes debido a la atracción que ejercían las constantes presencias de Gómez, y ya que las dimensiones de los servicios así lo permitían muy pronto (antes de 1927) se procedió a ampliarlo. “La estructura base se conservó, duplicando las habitaciones en planta baja, las cuales fueron construidas en los antiguos corredores laterales. Otro grupo de habitaciones se realizó en la terraza. El esquema general se mantuvo al construirse de nuevo las galerías laterales, a tiempo que se demolía la escalera, duplicando de esta manera el ancho del corredor delantero, el cual pasó a convertirse en el gran hall del hotel. Las galería se repitieron en el segundo piso, a fin de dar acceso a las habitaciones allí ubicadas; el número total de aposentos fue entonces elevado a un total de treinta”.

Técnicas mixtas caracterizaron la construcción, usándose al comienzo una combinación de techos de madera, caña, brava y tejas (propios del hotel original) que se sustituyeron parcialmente con la ampliación por placas de cemento con malla sobre perfiles metálicos.

En parte, gracias al empuje que trajo para la región la construcción del hotel, San Juan de los Morros es decretada en 1933 capital de estado Guárico (desplazando a la señorial población de Calabozo), decretándose desde el Gobierno la construcción de una serie de obras públicas acordes a tal condición, viviendo la instalación una época dorada en la que se promocionaban muy bien sus bondades como lugar terapéutico y de recreación que si por algo se vieron afectadas fue por la notable diferencia de su ocupación entre las temporadas cuando Gómez lo convertía en su “casa de huéspedes” y el resto el año, y por su lejanía de las redes ferrocarrileras a pesar de los esfuerzos que se realizaban por ofrecer transporte terrestre hasta la estación Cagua del Gran Ferrocarril Alemán. En 1929, en las inmediaciones del hotel se niveló un terreno para que sirviera de pista de aterrizaje acercándolo aún más a distancias antes impensables.

8. Diversas imágenes del estado actual en que se encuentran las instalaciones del hotel

Tras la muerte del Benemérito el 1935 todas las villas y edificaciones que se habían construido a sus alrededores fueron expropiadas y el Hotel Termal comenzó a languidecer pasando por etapas de deterioro y abandono como la que lo caracteriza actualmente. Siendo propiedad el Gobierno Regional se ha convertido, tras sucesivas promesas de rescate sobre su muy golpeada infraestructura, en todo un símbolo de la desidia y la incapacidad como si no se tratase de una obra de interés publico y valor patrimonial.

ACA

Procedencia de las imágenes

1, 2, 3 y 4. Ciro Caraballo Perichi, Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista, 1993

5, 6 y 7. Colección Crono Arquitectura Venezuela

8. https://www.eltubazodigital.com/noticias-de-guarico/guarico-huerfano-de-hotel-termal-a-guarida-de-indigentes-y-malandros/2018/11/27/

HOTELES NACIONALES

1. Izquierda: SS Columbus, buque insignia de Norddeutscher Lloyd NDL, desde la rada del puerto de La Guaira en 1930. Derecha: Turistas alemanes del SS Columbus desembarcando en el puerto de La Guaira, 1930

A modo de preámbulo (y II)

En nuestro Contacto FAC nº 146 (06-10-2019) habíamos dejado pendiente, como etapa previa a abordar los Hoteles Nacionales creados durante la dictadura gomecista, el terminar de cubrir el tema correspondiente a la relación entre el turismo y la empresa privada, atendiendo dos instalaciones que fueron diseñadas por importantes arquitectos para tal fin en la década de 1920 del siglo XX venezolano: los hoteles “Palace” proyectado por Alejandro Chataing, inaugurado en 1921, ubicado de Veroes a Ibarras, y “Majestic”, producto de la adaptación de dos edificios destinados a oficinas y comercio realizada por Manuel Mujica Millán cerca de 1927, abierto en 1930.

Sin embargo, siguiendo la pauta que nos establece el libro Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista de Ciro Caraballo Perichi (1993), no estaría de más precisar que, tanto para entender la relación entre turismo y empresa privada como para contextualizar la aparición de hoteles como el “Palace” o el “Majestic”, Venezuela entra al siglo XX con varias asignaturas pendientes que debía aprobar si quería incorporarse al boom de la industria turística que ya empezaba a beneficiar a diversos países de la región. La primera era asimilar justamente la existencia de un individuo que, personificado en el “viajero por placer”, se denominaba “turista”, vocablo que poco a poco se fue insertando en las promociones de hoteles locales que empezaban a aparecer en la prensa. Para ello colaboró de forma importante el hecho de que el venezolano empezase a personificar al mencionado individuo al tener la oportunidad de viajar y vivir en carne propia la forma como era tratado en el extranjero y el tipo de facilidades que empezaban a crearse para hacer más confortable cualquier traslado o estadía.

De tal manera, el comprender al turismo como una red que implicaba la existencia de toda una serie de componentes que permitirían más adelante hablar de una “industria”, donde su comercialización ocupaba un lugar prominente generó la necesidad de incorporar al país al mercado internacional, pese a que ofrecía notables dificultades. Para que Venezuela fuese incluida como destino en los circuitos turísticos, no bastaba poseer innegables ventajas comparativas y tangibles atractivos tales como sus bellezas naturales, su tradición histórica, su clima, su ubicación geográfica, una población hospitalaria, una importante red de carreteras desarrollada por el régimen gomecista para interconectar y controlar el país, un frente marítimo con puertos importantes que lo atienden y hasta un incipiente desarrollo del transporte aéreo. El promotor turístico nacional empezaba a tener claro que para desarrollar todo ello “…necesitamos, como punto previo, amoldarnos al turismo, esto es, crear oficinas de información que le suministren a los viajeros toda clase de informes, hoteles y casas de albergues en el interior del país, apropiados a los diversos gustos. Y luego que hayamos establecido y organizado todo esto, ocurriremos (sic) a la publicidad en revistas y periódicos de aquí y del extranjero”, tal y como señalaba en 1920 Avelino Fuentes  en un artículo titulado “Intereses Venezolanos. El Turismo” aparecido en El Nuevo Diario de Caracas, citado por Caraballo.

2. Avisos aparecidos en la prensa promocionando el turismo en la década de los años 1930

Por tanto, la promoción que del turismo poco a poco se fue desarrollando hizo de Venezuela un país “emisor y receptor”. Su incorporación a la red turística internacional inicialmente se logró a través de la vía marítima, beneficiada por el impacto que causó la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y posteriormente el crash de la bolsa de los Estados Unidos de 1929 en el viajero promedio norteamericano, nuestro principal mercado, quien por razones de inestabilidad política, de costos e incluso climáticas empezó a ver en el Caribe un destino posible.

El toque de buques de turismo en La Guaira de manos de importantes empresas navieras extranjeras, comercializado por nacionales, empezó a hacerse frecuente pese a la limitación del poco calado que el puerto ofrecía y los inconvenientes a ello asociados. Ciro Caraballo hace un interesante recuento de compañías, nombres de buques, paseos que se organizaban y agencias de turismo local que no transcribiremos e invitamos a recorrer en su libro. También señala las razones de “seguridad” por las que el régimen gomecista limitó el turismo fronterizo y da fundamental importancia a la creación en 1932 del “Club de Turismo Venezolano” (junto al eslogan “Conozca Venezuela primero”), para el desarrollo e incremento del desplazamiento por carretera, inicialmente copado por la alta burguesía caraqueña.

3. Gran Hotel Caracas. Vista exterior y anuncio de promoción (circa 1925).

Llegados al punto relacionado con la respuesta que da la hotelería para aprovechar la apertura que se venía dando, Caraballo detecta “una tímida renovación de la planta hotelera”, producto de la desconfianza que en el sector privado aún producía dicha actividad dado su limitado desarrollo. La industria petrolera, que definitivamente convirtió a los Estados Unidos en principal aliado comercial del país sustituyendo a los europeos con quienes se intercambiaban los productos de exportación tradicionales (café, cacao, balatá y plumas de garza), empezaba a demandar para sus empleados y hombres de negocios vinculados a ella y también para el visitante medio, la construcción de un importante hotel en Caracas, asunto que ya tenía tiempo en el tapete. “Desde la construcción en 1895, frente a la Plaza Bolívar, del ‘Gran Hotel Venezuela’ -luego denominado ‘Gran Hotel Klindt’- hasta 1912, no se había realizado ninguna nueva edificación hotelera en la Capital. La recepción de excursionistas de cruceros que tomaban su lunch en el comedor del céntrico Hotel Klindt hacía sentir la demanda por un local más confortable, destinado no ya a los comerciantes, sino a los turistas y veraneantes, preferiblemente situado en las afueras de la ciudad. Todas las iniciativas hoteleras eran vistas aún entonces como un negocio de familia, no sólo en lo que competía al servicio sino además en cuanto a la inversión, lo cual impedía en la práctica la concreción de empresas mercantiles de capital accionario orientadas a satisfacer la demanda”, nos apuntará Caraballo.

4. Proyecto del Hotel Paraíso, El Paraíso, Caracas. Alejandro Chataing, 1913

Dentro del pausado giro que se empieza a dar, buscando atender los requerimientos del nuevo usuario es que se inscribirá la iniciativa frustrada del empresario Heriberto A. De Lima por proyectar y construir en 1912 un gran hotel en El Paraíso que se le encargó al reputado arquitecto Alejandro Chataing.

Finalizada la Primera Guerra Mundial, al incrementarse el flujo de comerciantes y visitantes, se agudizará de nuevo la carencia de una planta hotelera a la altura más allá del ya mencionado Hotel Klindt, el “Gran Hotel” fundado por el Sr. Juan Rodríguez Cordero en 1909 (refundado en 1921 como “Gran Hotel Caracas” luego de ser objeto de una profunda renovación), ubicado en la calle Comercio de Bolsa a Mercaderes, en el mismo inmueble que durante mucho tiempo ocupó la afamada posada “El León de Oro” y, después de 1918, el “Hotel Middleton” localizado de Veroes a Ibarras propiedad del norteamericano Harry W. Middleton dedicado a albergar huéspedes básicamente de esa nacionalidad. “Tan caótica era la situación de alojamiento en la capital, que se recomendaba a los extranjeros el uso de pensiones en vez de los alojamientos llamados ‘hoteles’, dado que en aquellas al menos el servicio de comida era satisfactorio, a tiempo que la atención era más personal”.

5. Hotel Palace. Vista exterior y anuncios publicitarios (circa 1923)

En este contexto debe enmarcarse la segunda ocasión en que Alejandro Chataing participa en el diseño de una instalación hotelera de nueva planta cuando el Dr. Adriano Riera le encarga el proyecto, en un terreno largo y estrecho entre medianeras, de Veroes a Ibarras, del que se conoció como “Hotel Palace”, primero de su tipo que lograba construirse.

Para el diseño del “Palace”, cuya simétrica fachada con tres ventanas a cada lado del acceso responde al lenguaje con que Chataing ya en otras ocasiones había ido manifestando su particular eclecticismo (“molduras, balaustres y cornisas prefabricadas, combinadas con ladrillo visto en los dinteles y el entablamento”), se debió recurrir a la incorporación de una serie de patios necesarios para lograr la adecuada iluminación y ventilación de ambientes y habitaciones. “El edificio culminaba en el fondo en terrazas descubiertas, donde se ubicaban mesas para atender a los huéspedes, mientras que un pequeño kiosko para música, especie de tempietto con cúpula, cerraba axialmente la composición”, nos dirá Caraballo. Su modesto tamaño (40 habitaciones, 23 con baño propio y 17 atendidas por 6 baños generales, además de espacios públicos destinados a salones y comedores, más la cocina y demás servicios), no llegó a cubrir aún las expectativas del hotel que Caracas estaba demandando, pese a convertirse en el más importante establecimiento de este tipo durante la década de 1920 en la ciudad en virtud de su organización como empresa comercial de capital mixto, su buena administración (que compartió de manera conjunta con el “Hotel Victoria” de Maracaibo), la variedad de programas que ofrecía y su correspondiente conversión en lugar de encuentro social, y el menú dirigido fundamentalmente a su casi exclusiva clientela norteamericana.

6. Diversas imágenes del hotel Majestic. Arriba izquierda: primera etapa (circa 1927). Arriba derecha: hotel con la ampliación diseñada por Manuel Mujica Millán (circa 1930). Centro izquierda: vista desde la esquina del Teatro Municipal. Centro derecha: dibujos de detalles del proyecto de Mujica Millán. Abajo izquierda: vista interior del Gran Salón. Abajo derecha: imagen del hotel demolido (circa 1949).

La década de 1930 vio como el “Palace” sería desbancado por el hoy ya mítico “Hotel Majestic”, resultado de la adaptación para ese uso de dos edificaciones recién construidas entre la calle Sur 4 y la plaza José Gregorio Monagas (en diagonal con el Teatro Municipal) para albergar oficinas y comercio. Esta operación permitiría detectar la presencia de un arriesgado empresario-constructor en la figura del Sr. Eloy María Pérez Alfonso y la primera oportunidad en que Manuel Mujica Millán interviene como arquitecto en nuestro país, contratado en Barcelona por Pérez, en principio, para la realización del proyecto de conversión una vez que arriba en octubre de 1927. Así, Mujica “prepararía detallados planos de las edificaciones complementarias, destinadas a nuevas habitaciones y espacios de servicios, ubicadas en el interior del lote, al igual que se ocuparía de unificar las fachadas de los dos edificios (…) un collage de difícil definición…”, que alcanzaría los cuatro pisos y contaría como elemento que reconoce la esquina del lote donde se encontraba con una torre “de fuerte sabor decimonónico” el cual, además de ser el principal ornamento del edificio, se constituyó en su símbolo. Mujica “también realizaría toda la arquitectura interior del hotel, dibujando bocetos, planos y detalles de las decoraciones de los salones”, otorgándole a cada uno una ambientación particular.

Del “Majestic” hay abundantes reseñas y comentarios, muchos de ellos asociados al rol que jugó como verdadero hotel de lujo en la Caracas de entonces, a su condición de ser el edificio privado de mayor altura de la ciudad, a la diversidad de figuras que en él se alojaron (desde Carlos Gardel al torero Manolete) y a las vicisitudes que rodearon la compra del terreno (de 473 m2, con 33,96 m de frente hacia la plaza Monagas y 13,93 m sobre la calle Sur 4), el primer destino de lo que en principio se había construido en el terreno de la esquina según proyecto del arquitecto catalán Marcelino Mari (la sede de la Lotería de Beneficencia Pública y el debate que en torno a ello dividió a la opinión pública), su adaptación y su posterior supervivencia hasta ser demolido a causa de la realización del ala sur del Centro Simón Bolívar, construido siguiendo las pautas del Plan Rotival.

La capacidad del “Majestic” (menos de 100 habitaciones muchas orientadas hacia patios interiores  y otras sin sala de baño integrada al dormitorio, que buscó incrementarse con la aparición parcial de un quinto piso que lució siempre como un añadido), quedaba aún corta para la capital de un país que ya había virado de su condición agrícola a la minera. Sin embargo su fama, glamour, exquisita decoración y lujoso mobiliario, llegaron a opacar las numerosas deficiencias funcionales de las que adolecía colocándolo como la instalación más importante realizada en el país durante los primeros 30 años del siglo XX. Su corta vida entre la apertura el 30 de diciembre de 1930, coincidiendo con la perspectiva de que la ciudad recibiría un crecido número de delegados y visitantes extranjeros, con motivo de la Conmemoración del Centenario de la muerte del Libertador, y su pesarosa demolición el 8 de marzo de 1949, dejaron en la historia de la ciudad y en la vida de sus ciudadanos una leyenda que aún perdura. Con la mención y recuerdo del “Majestic” finalizamos el repaso de la intervención privada en el incipiente desarrollo turístico venezolano a través de la hotelería a lo largo de las tres primeras décadas del siglo XX, para dedicarnos a partir de una próxima entrega del aporte oficial en cuanto a instalaciones de ese tipo auspiciado por el régimen de Juan Vicente Gómez.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. https://twitter.com/GFdeVenezuela/status/1356732790860087297

2, 3, 4 y 5. Ciro Caraballo Perichi, Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista (1993)

6. https://www.pinterest.com/pin/453667362459155395/, https://iamvenezuela.com/2019/05/manuel-mujica-millan-el-espanol-que-modernizo-la-arquitectura-en-venezuela/, https://www.elimpulso.com/2020/05/05/opinion-cronicario-aquiles-nazoa-fue-aprendiz-de-carpinteria-botones-y-telefonista-del-hotel-majestic-5may/, Ciro Caraballo Perichi, Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista (1993) y Colección Crono Arquitectura Venezuela.

1952• Se inaugura el Hotel Nueva Segovia, Barquisimeto

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1952•  Se inaugura el Hotel Nueva Segovia, hotel de categoría construido muy cerca de la Cruz Salvadora de Macario Yépez, para albergar a los esperados visitantes a la conmemoración del cuatricentenario de la fundación de Barquisimeto, capital del estado Lara. Tenía amplias habitaciones, corredores y una piscina, que sin duda alguna era su mejor atractivo. Lamentablemente tuvo escasos 10 años de actividad plena cuando fue abandonado (1962). Hoy es el edificio sede del Rectorado de la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado (UCLA).

HVH

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Perspectiva del proyecto

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El hotel en construcción

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Fachada larga de habitaciones

1952• Hotel Carabobo, Valencia

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1952•  Abre sus puertas el moderno Hotel Carabobo, ubicado en la avenida Bolívar, frente a la Plaza Bolívar, Valencia, estado Carabobo.
Este nuevo hotel, pequeño en tamaño, pero lujoso, de excelente servicio e insuperable localización en el centro urbano de la ciudad lo hizo ser durante muchos años el preferido de los visitantes de la capital carabobeña.
El edificio fue proyectado con una planta baja en donde se colocó el lobby, la recepción, un amplio salón de espera y demás facilidades; estaba complementado este nivel con una serie de locales comerciales con vitrinas y acceso desde el interior del hotel o desde afuera del edificio.
En la mezzanina se ubicó el restaurante provisto de una terraza con vista hacia la arbolada Plaza Bolívar; tres pisos con habitaciones, muchas de las cuales tenían balcones; rematando el edificio con un último nivel de servicio.
En la actualidad el edificio continúa siendo un hotel, sin el esplendor de otros años.

HVH

HOTELES NACIONALES

1. Velorio de Cruz de Mayo. Anton Göering. 1892

A modo de preámbulo

Tal y como apuntásemos en nuestro Contacto FAC nº 143 al reseñar el libro Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista de Ciro Caraballo Perichi (1993), la Red Hotelera Nacional conformada por las 12 instalaciones que llegó a promover y administrar la Corporación Nacional de Hoteles y Turismo (CONAHOTU) desde mediados de la década de los años 1950, de la que fuimos dando cuenta por etapas a través de este espacio, tuvo un antes, un durante y ha tenido un después.

Empeñados en seguirle la pista al tema, tanto desde el punto de vista histórico como tipológico, el conocer los albores del turismo en Venezuela y las características de un proceso lento, dificultoso y modesto que estuvo acompañado de una infraestructura improvisada y precaria, manejada fundamentalmente por privados, muy alejada de los estándares que ya desde el siglo XIX privaban en Europa y los Estados Unidos, quizás permita contextualizar la aparición de una primera política estadal que como bien señala Caraballo surge o más bien se consolida a partir de 1930 cuando “…el Gobierno organizó una red de hoteles nacionales, la cual estuvo estructurada por el Gran Hotel Termal de San Juan de los Morros, el Hotel Miramar en Macuto y el Hotel Jardín en Maracay, además de iniciarse la construcción del Hotel Rancho Grande”.

Pero para llegar aquí, a modo de preámbulo, no estaría de más repasar, como lo hace Caraballo, el camino transitado, de un lado, por la actividad turística hasta convertirse en “industria” o “fenómeno” y, del otro, por las instalaciones que poco a poco le fueron permitiendo asentarse y consolidarse bajo la sempiterna premisa de que nuestro país, aún siendo un destino apetecible por la variedad de ofertas que presenta y por su accesibilidad dada su ubicación geográfica, siempre ha estado a la zaga menospreciando el verdadero desarrollo que su potencial ofrece.

Sin embargo, salvando todas las distancias posibles, si bien existe un proceso que en general permite entender o explicar el camino andado conjuntamente por actividad e infraestructura a nivel internacional, podría decirse que ello igualmente aconteció a nivel nacional.

El seguirle los pasos a la senda que conduce “del albergue para viajeros al gran Hotel”, punto de partida escogido por Caraballo, fija la necesidad de reconocer el papel fundamental que ha tenido históricamente la movilidad de los seres humanos sea por el motivo que fuere. Y dentro de ello no es menos importante el ir destacando el comportamiento de los albergues o posadas que estratégicamente se ubicaban en las rutas, los lugares de entrada y salida, los centros urbanos o los lugares de peregrinación e interés diverso que se constituyeron en destinos. Es justamente el desarrollo de las comunicaciones terrestres y la aparición de medios de transporte cada vez más cómodos y sofisticados lo que permitirá pasar de un compartimiento dominado por la lentitud, predominante desde tiempos remotos, a la reducción de las distancias que a partir de la Revolución Industrial con la máquina de vapor y el ferrocarril como puntales impulsará, como bien señala Caraballo, una verdadera “revolución de la hotelería” urbana puesta al servicio de los viajeros, cuya diversificación y estratificación también empezó a acentuarse.

2. Vista de Valencia. Anton Göering. 1892
3. Izquierda: Estación La Guaira del Ferrocarril Caracas-La Guaira (circa 1883). Derecha: Ferrocarril Caracas-La Guaira pasando por el Viaducto de Paria (circa 1883)

Si bien las ciudades y el atractivo que generaban las convirtió en imán para la llegada de visitantes de todo tipo que buscaban conocer sus encantos, asistir a eventos o consolidar actividades de negocios, cuya imagen más ilustrativa es la aparición del gran hotel (en sus versiones de “lujo” más propias de Europa o más “democráticas” característicos del confort norteamericano), no es menos cierto que las actividades que ellas propiciaban estuvieron en una buena parte compartidas por otros temas como la terapéutica, el esparcimiento y la aventura que no remiten necesariamente a la condición urbana sino que apuntan a un paisaje más rural.  De allí la importancia que se puede encontrar en “el viaje de salud” como un primer detonante de desarrollo del turismo y las instalaciones que la debían servir, pasando a tomar el testigo posteriormente “el viaje de aventura” como gran motor del traslado de personas a lo largo de todo el mundo: balnearios a orillas del mar o de los ríos, zonas con exuberantes o exóticos atractivos naturales, clima agradable que pudiera acompañar la temporada más propicia e incorporación de los países periféricos a una actividad dominada desde un comienzo por Europa, fueron configurando un fenómeno que se encuentra con el siglo XX como su momento de despegue definitivo, convirtiéndose para muchos países, si no en su principal, en una importante fuente de divisas que era necesario preservar, mimar y explotar al máximo a través de un entramado que tuvo en el “paquete turístico” conformado por transporte y hotel (del cual Thomas Coock fue pionero) un punto de apoyo fundamental que incorporó al usuario como necesario protagonista.

Ante este apretado resumen que busca ilustrar cómo durante el siglo XIX en plena Revolución Industrial el turismo en sus múltiples variantes cobra forma poco a poco, la incorporación de Latinoamérica a los circuitos más importantes y dentro de ella Venezuela, puede ser revisada a modo de un espejo que ofrece una imagen algo distorsionada pero que busca replicar lo que sucedía en los centros hegemónicos.

4. Izquierda: Plan del Ferrocarril de La Guaira a Caracas, siglo XIX. Derecha: Los Baños de Macuto, Luciano Landaeta, 1877.

Es dentro de este complejo panorama que entremezcla el desarrollo de vías y medios de transporte con la capacidad cada vez mayor de generar confort al visitante a través de instalaciones bien dotadas, que Caraballo va introduciendo las pistas que permiten vislumbrar el lento progreso de nuestro turismo y la aparición de los primeros hoteles comerciales que, en plena etapa republicana, buscaban superar las posadas y los albergues familiares improvisados en viviendas, apuntando a asemejarse a lo que acontecía en los países que se tenían como referencia. El Macuto Guzmancista con su balneario, la predilección del Ilustre Americano por Antímano o la presencia de aguas termales en Carabobo o el Táchira, se sumarán a la relación comercio-hotelería caracterizada por la precariedad inicial, la limitada oferta, el monopolio de los extranjeros en el negocio, el peso de los puertos de entrada como primeros contactos con el país y el duro inconveniente en el que se convertía contar con un personal incompetente y poco formado para una actividad en la que el buen trato, la educación y el esmerado y atento servicio eran fundamentales, para entender la aparición de los primeros hoteles caraqueños o de provincia proyectados para tal fin.

De esta manera y de la mano de Caraballo nos topamos con que son las vecindades de la Plaza Bolívar caraqueña las que propiciarán el surgimiento de las primeras instalaciones hoteleras planteadas como tales a finales del siglo XIX, destacando “ ‘El León de Oro’ por su carácter pionero en la ciudad; el ‘Saint Amand’, de clara elegancia francesa; y el ‘Hotel Venezuela’, posteriormente llamado ‘Gran Hotel Klindt’, ejemplo de finales de siglo que fijaría las pautas del moderno servicio de hotelería en Caracas.”

5. Mapa hotelero del centro de la ciudad de Caracas representado sobre el Plano Topográfico de la Ciudad de Caracas de 1889 de Vicente Mestre
6. Izquierda: Hotel «El León de Oro», Plaza de San Jacinto. Derecha: Gran Hotel Klindt, Esquina de La Torre.

El mapa hotelero de la capital de 1887 de León Van Praag, en el que se señalan 8 hoteles y 15 pensiones ubicadas en pleno centro de la ciudad, permite detectar hacia el oeste de la Plaza Bolívar el eje mercantil de la ciudad donde estaba ubicado en el nº 50 de la avenida Sur 4 “El León de Oro”, “decano de la hotelería caraqueña” propiedad de los hermanos José y Manuel Delfino desde poco después de 1830, que luego se mudaría en 1890 hacia los alrededores de la Plaza de San Jacinto ocupando una nueva construcción de cuatro plantas, siendo para entonces “el hotel más grande de la ciudad con 50 habitaciones, 22 de ellas con balcones a la calle, comedor para 100 personas y servicio de teléfono”.

Por su parte el hotel Saint Armand, abre sus puertas en 1855 ubicado sobre el Boulevard Este del Capitolio, “fundado por un ciudadano francés recién llegado a la capital” siendo hasta finales del siglo XIX “el alojamiento más elegante de Caracas” y el primero que abrió (en 1880) una “sucursal” en la avenida Sur 4 nº 26 y lanzó una campaña permanente de promoción en los diarios manifestando sus ventajas competitivas todas ellas ligadas a su “chic europeo”, confort de sus instalaciones y buena comida.

Para finalizar esta primera etapa de un preámbulo que, repasando las primeras iniciativas privadas, nos permitirá llegar a la red de hoteles nacionales gomecista, cabría destacar la inauguración y puesta en funcionamiento en 1895 del “Hotel Venezuela”, promovido por el Sr. Pedro Salas, ubicado en la esquina La Torre en diagonal con la Catedral de Caracas, dando su frente de 48 metros hacia la Plaza Bolívar, el cual, diseñado para albergar hasta 100 habitaciones de diferentes características distribuidas en tres pisos, cambiaría de manos tres años después al ser adquirido por Luis Ravasso quien a comienzos del siglo XX lo arrienda al “ilustre hotelero Pedro Klindt, quien le cambiaría el nombre por el de ‘Gran Hotel Klindt’, con el que se conocería por casi dos décadas.” Estas primeras muestras de instalaciones destinadas específicamente al uso hotelero no ofrecen la oportunidad de conocer tras ellas (si los hubo) los arquitectos que las pudieron haber concebido. Ello ocurrirá por primera vez cuando se inaugure en 1921 el “Hotel Palace”, ubicado de Veroes a Ibarras diseñado y construido por Alejandro Chataing, pero tanto a él como al recordado “Hotel Majestic”, producto de la adaptación de dos edificios destinados a oficinas y comercio realizada por Manuel Mujica Millán en 1930, podrían servirnos para redactar otra nota complementaria más adelante.

ACA

Procedencia de las imágenes

  1. Atlas de Tradiciones de Venezuela. Fundación Bigott, 1998

2. https://0212sketches.blogspot.com/2019/12/dibujo-urbano-en-venezuela-ii-viajeros.html

3. http://www.tramz.com/ve/lc/lcs.html

4. https://guiaccs.com/zona-10/

5. Hotelería y turismo en la Venezuela gomecista, Ciro Caraballo Perichi, 1993

6. Colección Crono Arquitectura Venezuela