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La VIII Bienal Nacional de Arquitectura celebrada entre los meses de febrero y marzo de 1987, se convocó siete años después de la anterior por lo que es concebida con la finalidad de saldar una importante deuda con la arquitectura venezolana realizada en la década de los años 80 del siglo XX.
Su realización se llevó a cabo en los espacios del Museo de Bellas Artes de Caracas y fue auspiciada por el Consejo Nacional de la Cultura (CONAC), el Concejo Municipal y la Gobernación del Distrito Federal a través de la Fundación para el Desarrollo de las Artes (FUNDARTE), y el Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV) presidido en aquel entonces por Ítalo Balbi Toro, quien le da la responsabilidad al Vicepresidente Shully Rosenthal de organizar y presidir el evento. Rosenthal estará acompañado de Mercedes Balbás Rivas como directora, William Niño Araque como curador, Francisco Martínez Díaz como coordinador de eventos, Martín Padrón como coordinador de publicaciones y Damarys Torrealba Aular como secretaria general. Destaca también la asistencia de un total de hasta veintiséis instituciones e individualidades que hicieron posible la realización de la actividad y el agradecimiento en particular a las empresas Cerámicas Carabobo y Vencerámica por su apoyo en la publicación del catálogo.
Llevada adelante con poco apoyo de las instituciones públicas tradicionalmente involucradas en versiones anteriores, escasos recursos económicos y sólo tres meses para su organización, fue gracias a la sinergia surgida dentro del equipo organizador y el importante empuje que le ofrecieron las universidades que dictaban la carrera de arquitectura en el país a través de sus autoridades, de los galardonados con la orden “Carlos Raúl Villanueva”, de los ex-presidentes del CAV y sus agremiados que se logró, influido también por el espacio de tiempo transcurrido desde la convocatoria anterior, una inscripción que se acercó a los 180 trabajos lo cual convirtió la curaduría en todo un reto.

El montaje de la exposición logró acompañarse de un amplio catálogo que dio cuenta de forma detallada de lo presentado y cuerpo a la idea que se movía tras la Bienal recogida a través del título “La arquitectura del lugar”, con el que se buscaba incentivar la posibilidad de reflexionar en torno a lo producido durante los ’80 dentro de nuestra arquitectura. También se presentaron en la publicación tanto a los autores como las obras galardonadas con el Premio Nacional de Arquitectura en las siete convocatorias anteriores y se llevó a cabo un resumen de la totalidad de los premios otorgados, lo que la convierte en referencia a la hora recorrer la historia de estos eventos.
Tal y como expresa Shully Rosenthal en la introducción del catálogo, en aquella oportunidad “se modificaron las bases de confrontación tratando de abarcar todos los campos donde el Arquitecto se desenvuelve” para lo cual se crearon los Premios de Restauración y Conservación, Reciclaje y Acondicionamiento de Edificios, Docencia, Investigación y Crítica e Historia de la Arquitectura.
Así, con base en el amplio abanico de propuestas entregadas, la curaduría de la exposición a cargo de William Niño Araque se abocó a presentar la muestra como excelente oportunidad para verter, por un lado, las reflexiones a las que poco a poco había ido dando forma a través de artículos de prensa en pro de un discurso muy particular y, por el otro, de realizar un balance de lo que a su manera de ver había sido el desarrollo de la arquitectura venezolana durante las décadas de los 60 y 70 para finalmente arribar a los 80, objeto del mayor interés que se desprende de la Bienal convocada.
El texto central del catálogo titulado “La ciudad recobrada”, se inicia con una grandilocuente y optimista declaración donde Niño Araque expone que la arquitectura venezolana de los ochenta “ha adquirido una importancia que atrapa la escala continental pues refleja una clara conciencia proyectual que hace previsible el esplendor de la ciudad recuperada.” Y añade: “En un momento en el que la particular violencia de la proyectación internacional se convierte en el germen nutritivo de amor y odio, hacia el conflicto que implica ‘la diseñación’ (…) la arquitectura venezolana atraviesa una grave pero generosa crisis que -al margen de las obvias contradicciones económicas- la obliga a representar una nueva aptitud en la que se mide, presenta y perpetúa, el mito de la nueva belleza”.

Paseándonos a través de reflexiones que abarcan “La Bienal como escenario de encuentros”, “La arquitectura como arte”, la pregunta “¿Y el juicio estético?” o “La forma y sus amarres simbólicos”, Niño Araque arriba a los años setenta para preguntarse si en esa época no se estaría fraguando algo así como una “Escuela de Caracas”. Dicha “escuela”, desordenada e inconexa, surgida a la par de la aparición de “neovanguardias” en el ámbito internacional y en medio de la falta de creatividad de la “arquitectura de la opulencia” que acompañó el avasallante repunte económico que tuvo Venezuela en los setenta, apelará a la opción individual para constituirse en opción frente a “las abundantes dosis de ‘arquitectura moderna’”, decantándose “por las soluciones concretas a los problemas concretos, por la ausencia de teorización explícita y por cierto desinterés en la difusión pública de sus aportaciones”. De esta manera se producirá una suerte de dislocación “del vocabulario comúnmente establecido” que se hará presente en algunas propuestas innovadoras de gran calidad presentadas en los numerosos concursos convocados, que no correspondían justamente a los proyectos premiados. De no menor importancia fue el impacto que provino de la Renovación universitaria que apuntaba a la formación de arquitectos orientados a resolver las apremiantes necesidades sociales.
La arquitectura desarrollada durante la década de los ochenta, objeto central de la Bienal, a la que Niño Araque dubitativamente considera como “¿Una alternativa?” es rescatada a través de aquellos casos “que difunden concretamente la disciplina como un hecho autónomo y artístico”. Tras el debilitamiento de los espacios donde se puede formar y desarrollar la cultura arquitectónica, serán el taller, los medios escritos, los concursos o las conferencias aisladas, los lugares donde se incube “nuestra arquitectura progresista”, dotada de un particular talante crítico que “con sus riesgos” asume otra posibilidad. Dentro de este sesgo se distinguirán Jesús Tenreiro, Gorka Dorronsoro, Max Pedemonte, Oscar Tenreiro, Pablo Lasala, Gustavo Legórburu o Carlos Gómez de Llarena quienes con su actitud rechazarían “afrontar la propia crisis con remedios interdisciplinarios … pues no esconde en los acontecimientos políticos y tecnológicos la actividad creativa” de acuerdo a lo que propugnaba la crítica marxista de los años sesenta.
Así, “al ‘Potenciar’ los instrumentos propios del conocimiento arquitectónico, se puede identificar durante los últimos años, una línea crítica y reflexiva que no pretende agotarse en los límites de un trabajo concreto, sino que aspira introducir los factores espaciales en el marco más general de una reflexión sobre la identidad artística y los propios instrumentos que la arquitectura puede desarrollar.”

Es a través de esta lente que Niño Araque invita a mirar la producción arquitectónica de los años ochenta y en particular el cuantioso número de proyectos entregados para la Bienal de entre los cuales rescata justamente el trabajo ganador: “El Plan de Recuperación Urbana. Metro de Caracas” a cargo de Max Pedemonte y la División de Arquitectura de dicha compañía, que se alzó con el Premio Nacional de Arquitectura. El jurado calificador que evaluó “todas las obras inscritas concluidas o en proceso de ejecución (etapa de acabado) y realizadas en el territorio nacional”, estuvo compuesto por José Miguel Galia, Leszek Zawisza, Fruto Vivas, Gustavo Legórburu y Celina Bentata y la institución otorgante fue el CONAC.
La idea de saldar los años 80 a raíz de la ausencia durante siete años de Bienales, coincide con el vacío que también se registra en la aparición de la revista Punto la cual, entre 1983 y 1997 sufrió un importante salto que luego permitiría, con la aparición en 2000 del número 68, dar cuenta (con las limitaciones del caso) de lo acontecido en ese dilatado espacio de tiempo y particularmente de la década en cuestión, momento en que eclosiona con algo de retardo la posmodernidad en el medio arquitectónico venezolano, se toma conciencia de la importancia de la memoria, se reflexiona en torno a la noción de lugar y se lleva a cabo una importante recuperación del espacio urbano en la ciudad de Caracas.
Una de las consecuencias más notables derivadas de la realización de la VIII Bienal fue la recomendación que se elevó al CONAC de otorgar el Premio Nacional de Arquitectura anualmente, ya no tanto a una edificación sino a la trayectoria de un individuo, a fin de equiparar el reconocimiento de la disciplina como expresión artística al de todas aquellas que ya para entonces estaban incluidas. El CONAC asumió favorablemente la recomendación y los Premios Nacionales de Arquitectura se han venido otorgando, anualmente, desde 1987 a la actualidad. La segunda recomendación emanada de la VIII Bienal fue que la siguiente se realice por selección a fin de darle el adecuado marco museográfico a una muestra que premia la calidad dentro de la cantidad. Dicha recomendación fue recogida por el noveno evento celebrado en 1998, once años después.
ACA
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Postal , 2 derecha (arriba y abajo) y 3 abajo (izquierda y derecha). Colección Crono Arquitectura Venezuela.
2 izquierda. https://www.pinterest.com/pin/451134087665612073/ (La Historia de Venezuela)
3 arriba izquierda. https://www.archdaily.co/co/966101/el-teatro-teresa-carreno-en-caracas-una-historia-personal-de-dietrich-kunckel
3 arriba derecha. https://prodavinci.com/caracas-brutalista/ (Archivo Fotografía Urbana)

Pocas veces el Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV) se ha propuesto llevar adelante una agenda tan ambiciosa como aquella que planteó entre el 23 de febrero y el 15 de marzo de 1971 cuando se realizaron las “Primeras Jornadas Nacionales de Arquitectura y Urbanismo”. Desarrollado en las instalaciones del Parque Recreacional El Conde, Av. México, el evento, que asumió como lema “Vivamos en los espacios del hombre”, se proponía mostrar de una manera amplia y significativa lo que es la arquitectura y el papel “que ha desempeñado – y desempeñará ahora más que nunca – el arquitecto en la Venezuela moderna”, y tenía como objetivos: producir una imagen pública del papel del arquitecto; concientizar al arquitecto acerca de su responsabilidad social; y clarificar la auténtica contribución y papel del CAV en el desarrollo de la Nación.
En torno a estas Jornadas Nacionales se estructuró el siguiente programa:
Por si fuera poco, Estudio Actual, una de las galerías de mayor influencia en la ciudad desde que de la mano de Clara Diament Sujo había abierto sus puertas en 1968 en el sótano del Centro Comercial Chacaíto, promovió para aquellas fechas, en homenaje a los setenta años de Carlos Raúl Villanueva, un proyecto denominado “Arte en los Espacios del Hombre” que aglutinaba a un importante número de artistas nacionales y extranjeros, y que consistió en pensar un mural tridimensional o pluridimensional para el cual los participantes debían presentar dibujos a mano alzada en pliegos de 100 por 70 centímetros. La exposición a cargo de una comisión del CAV designada al efecto se realizaría en los locales destinados a las actividades de las Jornadas.

Las Jornadas fueron dirigidas por un Comité Central presidido por el arquitecto Guido Bermúdez, presidente del CAV, apoyado en un Consejo Consultivo y en los Comités de las cinco actividades programadas ya señaladas.
De entre los eventos realizados, quizás haya sido el Primer Congreso Nacional de Arquitectos de Venezuela el acto fundamental por el hecho de que al mismo asistieron 430 participantes clasificados así: 12 invitados especiales extranjeros (siendo España el único país con representación dentro del continente europeo); 63 invitados especiales de Venezuela; 201 miembros activos del Congreso; 39 miembros asociados; 52 observadores; y 63 observadores estudiantes.
Presidido por el arquitecto Julián Ferris, el tema central del Congreso fue “El Desarrollo Urbano en función del Desarrollo Nacional” y, según palabras de Ferris en la sesión inaugural: “Tiene como fundamento el crear una conciencia pública respecto de la gran crisis que incide en los problemas espaciales y en el desarrollo industrial incontrolado y que dan lugar a una destrucción progresiva del medio ambiente. Los fenómenos de explosión urbana están íntimamente ligados al proceso de desarrollo económico y social”. Añadió Ferris que el papel que juega el urbanismo en los asentamientos humanos es vital y que el papel del arquitecto no es simplemente técnico debiéndose dirigir a saber interpretar los sentimientos y los deseos de nuestro prójimo.
El también arquitecto y entonces Gobernador del Distrito Federal, Carlos Guinand Baldó, en la misma sesión de apertura, recalcó la importancia de los arquitectos en los problemas de desarrollo urbano e indicó que “en los próximos 30 años tendremos que construir más que en toda la Historia de la Humanidad. Éste es el record trascendental y decisivo y tenemos que estar preparados para admitir este cambio de escala. El arquitecto debe conducir y dirigir todo un grupo que, empleando tecnología nuevas, sea capaz de hacer proyecciones en equipo con un sentido social. Las grandes metas del nuevo trabajo serán la ordenación nacional, el proceso de regionalización, la planificación territorial, el desarrollo urbano y los planes urbanísticos a nivel local”.
Por otra parte, el Ministro de Estado para la Vivienda, presidente del Banco Obrero, ingeniero Alfredo Rodríguez Amengual confirmó en su intervención la preocupación del Gobierno presidido por Rafael Caldera en construir a través de la actuación en tres niveles (nacional, regional y local) un nuevo hábitat para la futura Venezuela “que se encuentra iniciando una etapa de gran despegue hacia un importante desarrollo socio-económico”. También anunció el Ministro el envío al Congreso Nacional del Proyecto de Ley para la creación de un Ministerio de la Vivienda y Desarrollo Urbano cuyo objetivo sería centralizar, en un departamento ministerial, todos los graves problemas que plantean el urbanismo y la vivienda y “que hoy inciden en numerosas instituciones dispersas”. Se daba inicio así al desmembramiento del Ministerio de Obras Públicas (MOP) que se concretaría en 1976. Rodríguez Amengual ofreció en aquellas fechas (31-03-1971) una interesante entrevista para el programa de televisión “Buenos días” conducido por Sofía Imber y Carlos Rangel en la que expuso con detalle las políticas que desde el ejecutivo se tenían en torno al problema de la vivienda en Venezuela que puede consultarse en http://cic1.ucab.edu.ve.
Más allá de las intervenciones en la inauguración, en el Congreso, que como ya adelantamos, tuvo como tema central el dedicado al Desarrollo Urbano, se presentaron, entre otras, las ponencias: “Desarrollo Urbano y Desarrollo Nacional” a cargo del Centro de Estudios para el Desarrollo (CENDES) de la UCV; “Sistema nacional de ciudades. El caso de Caracas” de Alberto Morales Tucker expuesta por Omar Hernández integrantes del Oficina Municipal de Planeamiento Urbano (OMPU); “Desarrollo urbano en Venezuela” de Leopoldo Martínez Olavarría; “Desarrollo regional y nuevas ciudades en Venezuela” de Marco Negrón (perteneciente al CENDES); y “Una nueva ciudad en el Valle del Tuy Medio” de Manuel Corao, Director de Planeamiento del Ministerio de Obras Públicas.
La Exposición Nacional sobre Desarrollo Urbano giró en torno a la idea general de presentar la imagen del lugar donde la comunidad humana habita, se desarrolla, trabaja y se divierte, tratando de responder las preguntas ¿qué es una ciudad? ¿qué sucede en las ciudades venezolanas? ¿qué no debiera suceder? ¿quiénes tienen la responsabilidad del malestar que existe? ¿cómo podemos mejorar el hábitat actual de nuestras ciudades? ¿cuál es la respuesta de la comunidad ante estos planteamientos?
Por su lado, la Exposición de la Arquitectura y la Industria mostró materiales, sistemas o empresas que el arquitecto utiliza en sus concepciones. Se buscaba, asimismo, integrar al arquitecto en los procesos industriales del país, en el diseño y en la investigación de los mismos en función de la arquitectura.

En cuanto a la IV Bienal Nacional de Arquitectura, cabe sólo señalar que se realizó luego de cuatro años de la anterior y que le correspondió el Premio Nacional a los arquitectos Francisco Pimentel, Bernardo Borges y George Wilkie por la obra Edificio El Universal, Caracas; el Premio Colegio de Arquitectos de Venezuela a Ernesto Fuenmayor; el Premio Municipal Distrito Sucre a Antonio Pinzani por el Centro Comercial Chacaíto; el Premio Municipal Distrito Federal a Mario Bemergui, T. Harsham, Gustavo Niño y Gonzalo Vélez por los Proyectos para las Estaciones del Metro de Caracas; el Premio Interés Social a Mario Bemergui, Isaac Abadí y Mariano Goldberg por el Conjunto Hebraica (1ª etapa); el Premio Vivienda Unifamiliar a Mario Bemergui por la Quinta “Fetechana” ubicada en la urbanización Cumbres de Curumo; el Premio Mejor Tesis a Carlos Díaz Porta por “Sistema constructivo viviendas en pendiente”; y el Premio Nacional de Urbanismo le fue otorgado a Leopoldo Martínez Olavarría.

Es de destacar que las Jornadas y muy en particular el Congreso, fueron cubiertos por la Revista ARQUITECTURA, año 14, número 158, febrero 1972, órgano del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), la cual estuvo dedicada en su totalidad a Venezuela (de quien presentaron una semblanza general), siendo la entrega organizada por el arquitecto Rodolfo García-Pablos uno de los delegados enviados por España a asistir al evento. De la revisión de esta publicación hemos extraído gran parte de la información que nos ha servido para preparar esta nota.
ACA
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Postal, 1 y 2. Colección Crono Arquitectura Venezuela

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La Exposición Panamericana de Ingeniería e Industria celebrada, entre los meses de septiembre y octubre de 1970, en Buenos Aires, evento cuyo catálogo ilustra nuestra postal del día de hoy constituye, si se quiere, una manifestación menor dentro de las programaciones de este tipo que se desarrollan a lo largo del mundo, tanto por su carácter regional como por la especificidad en cuanto al objeto al que iba dirigida. A pesar de ello y de las limitaciones que hemos tenido para encontrar información más detallada, no deja de ser importante el resaltar varios aspectos que giran en torno a la realización de esta muestra.
En primer lugar el hecho de que la convocatoria haya abarcado el ámbito continental y que, a su vez, haya sido auspiciada por la Unión Panamericana de Asociaciones de Ingenieros (UPADI) y su filial local (la Unión Argentina de Asociaciones de Ingenieros), es lo que justifica que se haya llevado a cabo en el predio de la Sociedad Rural de Palermo, Buenos Aires, ámbito que paradójicamente estaba asociado al tradicional patriciado ganadero argentino, donde un mes después se inauguraría otra importante exposición denominada Exposhow “una exhibición que ponía en escena la expansión contemporánea de la sociedad de consumo, los medios masivos y las nuevas tecnologías de la comunicación en Buenos Aires”, y albergaría 20 años más tarde la conocida Feria del Libro, una vez que ocupara desde 1970 el recién fundado Centro de Exposiciones de Buenos Aires. Hoy, la capital argentina cuenta con un novedoso Centro de Exposiciones y Convenciones ganado por concurso, auspiciado por el Gobierno de la Ciudad y la Sociedad Central de Arquitectos, por el arquitecto Edgardo Minond en 2012, proyectado luego de superar algunos obstáculos, y terminado de construirse a finales de 2017 habiéndose asociado para entonces Minond con la arquitecto Ana Bulla.

También resulta revelador el que Venezuela se haya presentado a la Expo con un pabellón (stand) diseñado por el joven arquitecto Julio Coll Rojas, quien además de su interés por la actividad profesional y docente ya asomaba un claro compromiso con la actividad gremial lo que seguramente lo levó a ser considerado por el Colegio de Ingenieros de Venezuela como el profesional idóneo para llevar adelante el proyecto.

Y por si fuera poco, también resalta el hecho de que la propuesta de 540 m2 materializada por Coll (de la cual lamentablemente no tenemos información gráfica ni fotográfica), caracterizada por su alta carga audiovisual (manifiesta a través de permitir proyecciones simultáneas con un equipo de hasta 16 proyectores de diapositivas y 4 proyectores de películas), que apoyaba su fin didáctico y promocional, haya sido acreedora del Premio Mayor en competencia con otros 450 expositores de numerosos países del continente, galardón que le fue entregado ni más ni menos que por el Presidente de la República Argentina del momento, General Marcelo Levingston, otro dato interesante que permite ubicar la relevancia del acontecimiento.

Julio Coll Rojas (1933-2002) (FAU UCV promoción 10/1960), inicia su actividad como arquitecto con el proyecto de su propia casa (1960-1963) en la que, sumándose al espíritu experimental que una parte de la formación de arquitectos inducía por aquel momento, construye utilizando cúpulas de concreto alabeadas, de planta cuadrangular (paraboloides hiperbólicos), soportadas por esbeltas columnas, que le permitieron a Rafael Gerardo Páez expresar en la ponencia presentada en las XXXIII Jornadas del IDEC FAU UCV (2015), titulada “Análisis geométrico y estructural de viviendas construidas con paraboloides hiperbólicos por Eduardo Catalano en Estados Unidos, Félix Candela en México y Julio Coll Rojas en Venezuela”: “Esta casa habitación constituye una de las más significativas muestras de innovación tecnológica en materia de viviendas solucionadas con paraboloides hiperbólicos en Venezuela. De hecho después de esta propuesta habitacional, no hubo algún otro ejemplo relevante hasta que el arquitecto Álvaro Coto Asenjo, diseñó y construyó (parcialmente) su vivienda en Porlamar, estado Nueva Esparta”. La vivienda de Coll, por tal motivo, debió confrontar y resolver problemas con trabajadores que no poseían entrenamiento idóneo para elaborar este tipo de construcción y técnicos relativos al espesor inusual (4 cms) que se lograban obtener con este tipo de superficie el cual no estaba permitido por las normas vigentes.

Un poco más adelante Coll, producto de la estrecha colaboración entre la Ingeniería Municipal y Obras Públicas Municipales del Distrito Sucre y la División de Obras Especiales del Ministerio de Obras Públicas (MOP), participa junto al arquitecto John Machado, el arquitecto paisajista Eduardo Robles Piquer, el ingeniero agrónomo William Rojas y el ingeniero civil Enrique Samán, en el diseño y construcción del Parque Miranda, ubicado en la estrecha faja de terreno que restó luego de delimitar en Parque del Este y definir el trazado de la Av. Miranda, en cuyo programa se establecieron 5 zonas: una deportiva, una para juegos infantiles, una plaza, pasos peatonales y otra para estacionamiento. El parque construido en un lapso de 38 días dejó de nuevo a las claras la utilización de sistemas ligeros y fáciles de armar como parte de su lógica proyectual.
Otra incursión temprana a otra escala y no por ello exenta de polémica la constituyó el proyecto del edificio de oficinas Nuevo Centro, ubicado en la Av. Libertador, Chacao, diseñado por Coll en el año 1963 y concluido en 1966. La edificación que ocupa una parcela de 2.700 m2, tiene 14.000 m2 de construcción y cuenta con un estacionamiento mecánico en la parte posterior del terreno, denotó tras la búsqueda de una cierta originalidad y dinamismo en el diseño de los elementos de protección solar de sus fachadas norte y sur, una evidente desproporción con relación a su verdadero propósito, que hicieron expresar a Mariano Goldberg en la Guía de edificaciones contemporáneas en Venezuela. Caracas. Parte 1 (1980), al presentar el edificio, “los quiebrasoles, quizás excesivamente frágiles aparentan más decoración que elemento funcional”.

Sin pretender describir minuciosamente su trayectoria, debemos hacer otras dos paradas dentro de ella. La primera en la participación de Coll en el diseño y construcción del edificio Sede de la Compañía Anónima Venezolana de Navegación CAVN (hoy Universidad Alejandro Humboldt), ubicada en la Av. Rómulo Gallegos, Los Dos Caminos, donde contó durante la realización del proyecto con la estrecha colaboración del artista plástico Carlos Cruz-Diez, quien creó varias obras que se incorporaron al edificio. Y la segunda más tarde (1993) cuando se decide la creación del Centro Ambiental de Venezuela (CAV), una de las muchas propuestas presentadas a través de los años para reutilizar El Helicoide de la Roca Tarpeya, asociado en este caso con el arquitecto Jorge Castillo a través del Taller JC – JC. La idea se originó en la necesidad de mudar el Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables de su sede en el edificio Camejo (Centro Simón Bolívar) que sería ocupado por el proyectado Palacio de Justicia, dando pie a un ambicioso plan de renovación urbana y saneamiento ambiental que incluía áreas hasta el Jardín Botánico y 38.000 m2, dentro de El Helicoide.


Por último como una curiosidad de lo polifacético de la actividad de Coll como diseñador hay que señalar que fue el ganador por concurso en 1971 del logotipo de la Federación Panamericana de Asociaciones de Arquitectos (FPAA), con el cual la entidad se identifica desde entonces hasta el día de hoy. Coll, quien en vida siempre mencionó la necesidad de que todo arquitecto orientara su actividad hacia tres frentes: la participación gremial, la docencia y la actividad profesional, las que cumplió a cabalidad al ser presidente del Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV) y pieza clave dentro de su historia, como profesor de diseño en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV particularmente en los semestres iniciales de formación y autor de diversas obras de arquitectura. Fue distinguido en la VIII Bienal Nacional de Arquitectura con el Premio CAV y aunque reconocía su formación “moderna”, no negó su condición ecléctica, su respeto por el post-modernismo y su convicción en la importancia de la integración de las artes a través de la arquitectura
ACA
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Todas. Colección Crono Arquitectura Venezuela

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