1932•Después de dos años de construcción se concluye el edificio para el Banco Agrícola y Pecuario y el Banco Obrero, ubicado en la Plaza Girardot, Maracay, estado Aragua. El proyecto original había sido hecho por los arquitectos J. Lambert, G. Saake y P. Bailly y la remodelación realizada entre 1928 y 1931 por el joven Carlos Raúl Villanueva, quien utilizó como base el diseño de los arquitectos franceses.
Actualmente el edificio es sede del Museo de Antropología e Historia.
LA TECTÓNICA EN LA OBRA DE CARLOS RAÚL VILLANUEVA.
Aproximación en tres tiempos
Nancy Dembo
Ediciones FAU UCV/ CDCH
2006
La historia de las publicaciones que se han emprendido desde la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela (FAU UCV) desde su creación en 1953 hasta nuestros días está aún por escribirse. Una iniciativa de ese tipo debería contemplar el amplio abanico que abarca un variado tipo de proyectos: desde aquellos que desembocaron en la realización de revistas a los que se convirtieron en libros; los de claro talante institucional y los de perfil eminentemente académico, que surgen directamente de la actividad investigativa o docente de sus integrantes; los que se debaten entre la costumbre de salir impresos o en formato digital; o, incluso, aquellos, bajo cualquiera de las modalidades señaladas, en los que sus profesores han tenido destacada participación más allá de los límites de la Ciudad Universitaria de Caracas. Pese a la tentación de al menos llevar adelante una crónica sobre el tema no creemos que este espacio dé para tanto. Sin embargo, seguiremos empeñados en la tarea de ir colocando algunos ladrillos que contribuyan a levantar poco a poco la pared que aglutine un buen número de importantes iniciativas.
Como parte de ese relato pendiente, sí se puede detectar cómo desde el año 2003, en momentos en que ya la bonanza económica declinaba, la institución logra consolidar la conformación de un Comité Editorial que no buscaba otra cosa que racionalizar y ordenar el diverso campo de textos, revistas, libros y otras publicaciones que de forma dispersa habían ido conformando tradicionalmente dicho universo. El Comité, que contó con la aprobación del Consejo de la Facultad, permitió abonar el camino para que el año 2005 se produjera el lanzamiento del sello EDICIONES FAU UCV el cual al día de hoy cuenta ya entre emprendimientos propios y coediciones, libros, manuales, agendas y memorias de eventos, publicaciones en papel o digitales con más de 50 productos.
Títulos publicados que, a modo de antecedentes, sirvieron para impulsar finalmente este esfuerzo fueron: la segunda edición de Los hechos de la arquitectura de Fernando Pérez Oyarzun, Alejandro Aravena y José Quintanilla, coeditado con la Pontificia Universidad Católica de Chile (2003) y los números 1, 2 y 3 (2004) de la colección “Incertidumbres y Discordancias” -hoy “Ensayos de Postgrado”- a saber, Arte abstracto y arquitectura moderna de Helio Piñón, Villanueva. Los pasos cubiertos y la idea de ciudad de Rodrigo Pérez de Arce y La caja del arte: los museos de Carlos Raúl Villanueva de Alberto Sato, siendo los dos últimos el ganador y mención de honor del II Concurso Internacional de Ensayos Carlos Raúl Villanueva organizado el año 2000 con motivo de la celebración del centenario del nacimiento del Maestro.
El primer texto que aparece identificado con el sello EDICIONES FAU UCV es Facultad de Arquitectura y Urbanismo UCV. 1953-2003. Aportes para una memoria y cuenta (2005), impulsado desde el decanato con el objetivo de dejar un necesario testimonio vinculado al 50 aniversario de la creación de la institución. Pero el libro con el que se logró cristalizar por vez primera el objetivo fundamental del sello editorial, el de darle difusión y visibilidad a la producción académica que permanentemente se gesta dentro de sus espacios, fue La tectónica en la obra de Carlos Raúl Villanueva: aproximación en tres tiempos de Nancy Dembo, Trabajo Final con el que obtuvo el grado de Magíster en Historia de la Arquitectura, fruto de una coedición con el Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico (CDCH) de la UCV y que gracias al empeño de la autora contó con una versión abreviada en inglés que ocupa sus páginas finales.
La investigación de Nancy Dembo se enmarcó junto con la que le precedió (La relación forma-función en el lenguaje estructural del siglo XX, publicada por el CDCH en 2003) dentro de la línea de trabajo por ella abierta muy vinculada con su labor docente en el área de las estructuras dentro de la Escuela de Arquitectura y se sumó al interés que fue despertándose por estudiar la obra del más importante arquitecto venezolano del siglo XX a raíz de la celebración del centenario de su nacimiento. Apelando a los expresado por la autora en la introducción del libro vale la pena resaltar varios tópicos. El primero se centra en el reto por develar dentro de la obra de Villanueva un asunto que había sido objeto de admiración y reverencia más no de un análisis a profundidad: los aspectos tecnológicos y estructurales y el desarrollo que ambos alcanzaron en sus manos que le permiten asociarlos a una tectónica, concepto desarrollado por Keneth Frampton, que se traduce en “la fuerza expresiva derivada de la interpretación de los materiales y del elemento portante, como recurso que permite la concreción del espacio”.
El segundo, resumen a su vez de la hipótesis del trabajo, tiene que ver con “poder descifrar los criterios que privaron en la definición de las formas estructurales, la selección del material y los procesos constructivos que hicieron posible la materialización de las ideas vanguardistas de este arquitecto”, donde “el proceso de creación de formas estructurales sólo fue posible como resultado de un diálogo diáfano, claro y honesto entre las distintas disciplinas que conforman los equipos de proyecto.”
El tercero apunta a la selección dentro de su extensa obra de los tres momentos que ilustran en Villanueva el “aspecto evolutivo de su producción para la comprensión de las transformaciones del carácter tectónico de su legado” que “de alguna manera ilustran la transición, tanto en el uso de los materiales como en las consideraciones referidas al diseño estructural”. De esta manera se abre un primer capítulo “correspondiente a la década de los treinta, donde la mampostería tradicional prevalece en la configuración del contenedor, cediendo cautelosamente oportunidades al concreto armado; luego, un segundo capítulo dedicado a algunas de las obras producidas por el Arquitecto en los años cincuenta, donde la hegemonía del hormigón reforzado será determinante en la definición del carácter tectónico de las obras de esta década y fundamental para la transición hacia el tercer capítulo, la década de los setenta, donde se concretan los proyectos del Maestro comprometidos con las posibilidades de la industrialización.”La tectónica en la obra de Carlos Raúl Villanueva: aproximación en tres tiempos valió para concretar el objetivo de la joven editorial nacida en 2006 de colocar en manos de estudiantes, estudiosos y público en general un texto de gran valor cultural y didáctico que, además, por el interés y calidad de su contenido, agotó su primer tiraje reeditándose el año 2011, cumpliéndose así no sólo el sueño divulgativo sino el anhelado éxito económico que debe acompañar a toda empresa de este tipo, más allá de su adscripción a una institución pública.
1. Vista exterior del bloque del 23 de enero construido en Cali
A poco que uno se pregunta cuántos edificios proyectó Carlos Raúl Villanueva para ser realizados fuera de Venezuela y, acto seguido, acude a los textos publicados, investigaciones hechas y páginas dedicadas a recopilar su obra, encuentra que con el pabellón de Venezuela en la Exposición Internacional de París de 1937 (autoría compartida con Luis Malaussena), el pabellón venezolano para la Exposición Universal de Montreal de 1967 y la Casa del Estudiante de la Ciudad Universitaria de París (1969), encargada por la Fundación Fina Gómez (en la que contó con la colaboración de Juan Pedro Posani), la lista se agota. Pero cuando se reconoce que de esa corta enumeración los dos pabellones fueron desmantelados y la Casa del Estudiante sólo alcanzó el nivel de anteproyecto, se llega rápidamente a la conclusión de que la obra construida de Villanueva no sobrepasó el ámbito local, más allá de la trascendencia universal que todos sabemos ha alcanzado.
2. Ubicacuón del bloque en la ciudad de Cali
Sin embargo, luce llamativo el poder constatar cómo en el portal del IDESC (siglas de Infraestructura de Datos Espaciales de Santiago de Cali), dependiente del Departamento Administrativo de Planeación Municipal de la capital del Valle del Cauca (tercera ciudad más poblada de Colombia), se encuentra rigurosamente catalogado como “Bien Inmueble de Interés Cultural” (Fichado como BIC N-13), propuesto a ser elevado a «Bien de Interés Nacional nivel 1 Conservación Integral», el “Edificio Venezolano”, “Autores: Carlos Raúl Villanueva y conjunto de arquitectos Banco Obrero de Venezuela ((José Manuel) Mijares, (José) Hoffman y (Carlos) Brando). Fecha 1956”, terminado de construir en 1957. En medio de la magnitud de la tragedia conocida como “La Explosión de Cali”, la donación del gobierno venezolano (presidido por Marcos Pérez Jiménez) al colombiano (que tenía al frente al también dictador Gustavo Rojas Pinilla), del proyecto completo del superbloque que se repitió entre 1955 y 1957 hasta un total de 38 veces (7 de ellos dobles y 7 triples) en las tres etapas en que se dividió la construcción del conjunto 2 de diciembre (hoy 23 de enero) en Caracas, quizás haya pasado a un segundo plano sin que por ello dejara de ser reconocida y reseñada ampliamente por la prensa colombiana de la época, resaltando la importante muestra de solidaridad y generosidad así expresada.
3. Imagen de lo que se conoció como «La Explosión de Cali» ocurrida el 7 de agosto de 1956
Vale la pena recordar que «La Explosión de Cali», accidente que ocupa un lugar preeminente entre los acontecidos en Colombia a lo largo de su historia, ocurrió el 7 de agosto de 1956 y fue provocado por la detonación de siete camiones del ejército cargados con 1053 cajas de dinamita (que se emplearían en la construcción de carreteras en el departamento de Cundinamarca), aparcados en la antigua Estación del Ferrocarril del Pacífico (luego de haber sido movidos desde el Batallón Pichincha), destruyendo al explotar 41 manzanas y dejando un cráter de 50 metros de ancho por 25 metros de profundidad. La onda expansiva acabó con las edificaciones, casas y negocios existentes, y con las vidas de aproximadamente 4000 personas, dejando heridas a 12000 más. Seis barrios (que al día de hoy existen) fueron afectados: San Nicolás, El Porvenir, El Hoyo, El Piloto, Fátima y Jorge Isaacs. Así, el bloque conocido como “República de Venezuela” (fichado, como ya se dijo, bajo el nombre de “Edificio Venezolano”), de 15 pisos de alto, con 11.911 m2 de construcción y 140 apartamentos; clasificado entre los denominados “tipo A” dentro de las dos variantes que existen en el conjunto caraqueño donde se origina, con 10 apartamentos por planta de variable número de habitaciones y con paradas de ascensor cada cuatro pisos que se combinan con un sistema interno de escaleras; ubicado en la avenida número 33, Calle 6 #3a6, en un terreno de 40.000 m2 donado por el médico venezolano residenciado Adolfo Bueno Madrid (extensión que formaba parte de su hacienda “La Flora”), contribuyó significativamente a la reubicación de cerca de 900 afectados por la tragedia. También se convirtió en “el primer ejemplo importante de arquitectura moderna en el campo de la vivienda colectiva en la ciudad” de Cali mostrándole a los que lo ocuparon una manera de vivir muy diferente a la que estaban acostumbrados.
4. El bloque visto a la distancia en su emplazamiento
El emplazamiento del edificio, aislado y posado sobre una generosa superficie predominantemente verde, permite apreciarlo flotando dejando la planta baja libre sin impedir que el espacio circundante fluya recordándonos su parentesco (aunque sea algo lejano) con las unidades de habitación de Le Corbusier. Está complementado funcionalmente por un pequeño centro comercial y una capilla que lleva por nombre “Nuestra Señora de Coromoto”. Su condición laminar, acompañada de una eficiente estructura en concreto armado, tabiquería de bloques de cemento y carpintería metálica modular, asoman algunos de los aspectos que permitieron su construcción (1957) en tiempo récord (menos 6 meses) para asombro de los habitantes de la aún provinciana ciudad capital del Departamento del Valle del Cauca.
5. Plantas6. Fachadas7. Vistas cercanas del edificio.
Tal y como ocurrió con sus clones caraqueños, el edificio estuvo pintado con base en la misma composición de colores prefigurada por el artista plástico venezolano Mateo Manaure, la cual con el pasar del tiempo no fue repuesta mostrando en la actualidad una austera condición monocromática. Si bien el indagar acerca del por qué esta obra no se ha catalogado aún dentro de la trayectoria de Villanueva puede dar pie a un sinfín de conjeturas y a manifestaciones del tipo “ya lo sabíamos, pero…”, lo cierto es que, sin pretender asumir un rol que no nos corresponde, creemos que es hora de que se le preste atención en vista de la copiosa documentación existente y a su condición de pieza única. Ello permitiría, incluso, dar veracidad a la información que se maneja de que el bloque construido en Cali corresponde al nº 8 del 23 de enero, ya que hay quienes afirman que la numeración de dichos edificios dentro de la populosa parroquia caraqueña pasa sin solución de continuidad del 7 al 9, pudiéndose así ir de la leyenda urbana a la información veraz y rigurosa. Para empezar invitamos, como ya nosotros lo hemos hecho, a descargar el documento idesc.cali.gov.co/download/bic_2014/BICN-13.pdf. Luego, presumimos, se empezará a asomar entre los estudiosos el desarrollo de un trabajo que, con las acotaciones del caso, ojalá salde una deuda pendiente.
1957•En poco menos de seis meses se concluye la construcción del que sería el Bloque 8 del Conjunto Urbano 2 de Diciembre de Caracas (hoy 23 de enero), en la avenida número 33, Calle. 6, nº3a6, de la ciudad de Cali, Colombia, proyectado para el Banco Obrero (BO) en 1954 por los arquitectos Carlos Raúl Villanueva, José Manuel Mijares, José Hoffman y Carlos Brando.
El Bloque fue donado por el general Marcos Pérez Jiménez en nombre de la República de Venezuela para contribuir a la reubicación de los afectados de la llamada «Explosión de Cali», accidente provocado por la detonación de cajas de dinamita que eran transportadas a través de la ciudad, que dejo unos 4.000 fallecidos y 1.200 heridos, destruyendo 41 manzanas alrededor de la estación ferroviaria.
El «Edificio Venezolano», como es conocido en Cali, fue levantado en un terreno de 40.000 m2 donados por el venezolano Adolfo Bueno Madrid, extensión que formaba parte de su hacienda “La Flora”.
El Conjunto construido, que fue financiado por el Banco Central de Venezuela, consta del Bloque Residencial de 140 apartamentos, un pequeño centro comercial, una capilla que lleva por nombre «Nuestra Señora de Coromoto» y amplias zonas verdes que lo rodean.
Inicialmente el edificio tuvo una composición de colores en sus fachadas, al igual que los construidos en el 23 de enero, cuya autoría es del artista Mateo Manaure, la cual fue sustituida con el tiempo.
Las edificaciones que conforman este conjunto, probablemente el único existente fuera de nuestro país diseñado por el maestro Villanueva, se encuentran en muy buen estado de conservación y se encuentran en proceso de ser declarados Bienes Inmuebles de Interés Cultural de Santiago de Cali.
1954• Se concluye en la Ciudad Universitaria de Caracas la construcción de la Caseta de bombas y transformadores y el pasillo abovedado en voladizo de acceso desde la Plaza Venezuela, proyectado por el maestro Carlos Raúl Villanueva y la empresa Precomprimido, C.A. (Juan Otaola P. y Oscar Benedetti P.).
Carlos Raúl Villanueva y la arquitectura de Venezuela
Sibyl Moholy-Nagy
Editorial Lectura
1964
Después de Caracas a través de su arquitectura y de Venezuela y el problema de su identidad arquitectónica, Carlos Raúl Villanueva y la arquitectura de Venezuela de Sibyl Moholy-Nagy (Dresden,1903-Nueva York,1971), resultó ser el tercer libro más citado entre quienes respondieron la consulta realizada el pasado año por la Fundación Arquitectura y Ciudad a académicos y profesionales, con miras a llevar a cabo una antología de textos imprescindible sobre nuestra disciplina. Publicado en su primera versión bilingüe por Editorial Lectura en 1964, reeditado en 1999 por el Instituto de Patrimonio Cultural (en el marco de las celebraciones asociadas al centenario del nacimiento de Villanueva el año 2000), el trabajo de Sibylle Pietzsch (nombre de pila de la autora), profesora de Historia de la Arquitectura del Pratt Institute de New York, prestigiosa crítico de arte y viuda del pintor húngaro Lazlo Moholy-Nagy (miembro del cuerpo docente de la Bauhaus), se constituye en el primer texto dedicado de lleno a recopilar, contextualizar y mostrar en toda su magnitud la obra del más importante arquitecto venezolano del siglo XX, lo cual lo convierte en referencia ineludible a la hora de marcar un antes y un después para los estudiosos en la materia. Previo a la aparición del libro de Moholy-Nagy, la obra de Villanueva había empezado a reseñarse en diversas publicaciones periódicas a nivel internacional y sido objeto de atención de parte de aquellos historiadores y críticos que se interesaban (siempre desde fuera) por analizar las manifestaciones de la arquitectura moderna en algunos países de Latinoamérica. Así, Latin American Architecture since 1945 de Henry-Russell Hitchcock (1955), Masters of Modern Architecture de John Peter (1958), Baukunst der Gegenwart (Arte de la arquitectura de nuestro tiempo) de Udo Kulterman (1958), Art in Latin American Architecture de Paul Damaz (1963) y Knaurs Lexikon der modern Architekture de Henrique Mindlin (1963), obras en las que Villanueva se citaba, se convirtieron para la autora en importante material de consulta a la hora de emprender su tarea a lo cual sumó como necesario complemento una serie de visitas al país. Tras la salida de Carlos Raúl Villanueva y la arquitectura de Venezuela un largo silencio, interrumpido esporádicamente por el empeño de Antonio Granados Valdés, Juan Pedro Posani y Mariano Goldberg o por su renovada incorporación en textos recopilatorios, parecía condenar la obra del maestro poco a poco al olvido. Sin embargo, quizás asociado al desarrollo en los años 90 de los estudios de postgrado en nuestras universidades, de una labor crítica más consecuente y, sobre todo, al empuje sostenido se le dió a la declaratoria de la Ciudad Universitaria como Patrimonio Mundial entre 1992 y 2000 (año éste último, como ya se señaló, del centenario de su nacimiento), Villanueva y su obra pasan finalmente a ser objeto de estudio, ampliándose el espectro y catalogación de sus realizaciones y sometiéndola a múltiples miradas que tienen en su gran mayoría a Moholy-Nagy como primera referencia. Hoy se puede afirmar que, tras la labor pionera de la profesora de Pratt, el objetivo de contar con una amplia gama de publicaciones y estudios que dan cuenta de la trayectoria del Maestro se ha cumplido en buena medida, saldándose de esta manera una deuda y llenándose un vacío que corría el riesgo de sumarse a la tradicional amnesia histórica que caracteriza nuestro país. El valor del texto de Moholy-Nagy estriba no sólo en su condición pionera sino en el particular enfoque que imprime a la revisión de la obra del Maestro venezolano. Sin obedecer estrictamente un orden cronológico y apelando más bien a resaltar su carácter evolutivo, son la manera en que agrupa los edificios y realizaciones (protagonistas centrales de la publicación), la forma didáctica como los describe y sobre todo las constantes referencias a la cultura local e internacional de las que echa mano para contextualizar el material analizado, lo que le dan al tono crítico con que se desarrolla el libro un significado especial. La edición que consta de 179 páginas, diseñada cuidadosamente en formato apaisado e impresa sobre papel glasé, se vale del excelente material fotográfico que lo acompaña destacando fundamentalmente el trabajo de Paolo Gasparini así como también el aporte, entre otros, de Graziano Gasparini, Alfred Brandler y de la propia autora, a quien se debe la imagen del conjunto de piscinas de la Ciudad Universitaria que engalana la portada de 1964. Otro detalle nada menor lo constituye la presencia, si bien en un tono muy inferior que las fotografías, de planos de algunas de las obras y valiosos esquemas explicativos de las mismas que hacen amable la lectura para quien no necesariamente es especialista en la materia.
2. Portada de la reedición de 1999
La reedición en 1999 de Carlos Raúl Villanueva y la arquitectura de Venezuela por parte del Instituto de Patrimonio Cultural, que como bien señaló en su presentación Juan Pedro Posani, se buscó dejar intacta, a pesar de las imprecisiones en que se incurre en la versión original, y de las complementaciones y actualizaciones que hubiese requerido, sirvió también para rescatar del olvido esta trascendental obra convertida ya en documento histórico indispensable para entender un momento peculiar del desarrollo del país.
ACA
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