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CARLOS RAÚL VILLANUEVA EN CALI

1. Vista exterior del bloque del 23 de enero construido en Cali

A poco que uno se pregunta cuántos edificios proyectó Carlos Raúl Villanueva para ser realizados fuera de Venezuela y, acto seguido, acude a los textos publicados, investigaciones hechas y páginas dedicadas a recopilar su obra, encuentra que con el pabellón de Venezuela en la Exposición Internacional de París de 1937 (autoría compartida con Luis Malaussena), el pabellón venezolano para la Exposición Universal de Montreal de 1967 y la Casa del Estudiante de la Ciudad Universitaria de París (1969), encargada por la Fundación Fina Gómez (en la que contó con la colaboración de Juan Pedro Posani), la lista se agota.
Pero cuando se reconoce que de esa corta enumeración los dos pabellones fueron desmantelados y la Casa del Estudiante sólo alcanzó el nivel de anteproyecto, se llega rápidamente a la conclusión de que la obra construida de Villanueva no sobrepasó el ámbito local, más allá de la trascendencia universal que todos sabemos ha alcanzado.

2. Ubicacuón del bloque en la ciudad de Cali

Sin embargo, luce llamativo el poder constatar cómo en el portal del IDESC (siglas de Infraestructura de Datos Espaciales de Santiago de Cali), dependiente del Departamento Administrativo de Planeación Municipal de la capital del Valle del Cauca (tercera ciudad más poblada de Colombia), se encuentra rigurosamente catalogado como “Bien Inmueble de Interés Cultural” (Fichado como BIC N-13), propuesto a ser elevado a «Bien de Interés Nacional nivel 1 Conservación Integral», el “Edificio Venezolano”, “Autores: Carlos Raúl Villanueva y conjunto de arquitectos Banco Obrero de Venezuela ((José Manuel) Mijares, (José) Hoffman y (Carlos) Brando). Fecha 1956”, terminado de construir en 1957.
En medio de la magnitud de la tragedia conocida como “La Explosión de Cali”, la donación del gobierno venezolano (presidido por Marcos Pérez Jiménez) al colombiano (que tenía al frente al también dictador Gustavo Rojas Pinilla), del proyecto completo del superbloque que se repitió entre 1955 y 1957 hasta un total de 38 veces (7 de ellos dobles y 7 triples) en las tres etapas en que se dividió la construcción del conjunto 2 de diciembre (hoy 23 de enero) en Caracas, quizás haya pasado a un segundo plano sin que por ello dejara de ser reconocida y reseñada ampliamente por la prensa colombiana de la época, resaltando la importante muestra de solidaridad y generosidad así expresada.

3. Imagen de lo que se conoció como «La Explosión de Cali» ocurrida el 7 de agosto de 1956

Vale la pena recordar que «La Explosión de Cali», accidente que ocupa un lugar preeminente entre los acontecidos en Colombia a lo largo de su historia, ocurrió el 7 de agosto de 1956 y fue provocado por la detonación de siete camiones del ejército cargados con 1053 cajas de dinamita (que se emplearían en la construcción de carreteras en el departamento de Cundinamarca), aparcados en la antigua Estación del Ferrocarril del Pacífico (luego de haber sido movidos desde el Batallón Pichincha), destruyendo al explotar 41 manzanas y dejando un cráter de 50 metros de ancho por 25 metros de profundidad. La onda expansiva acabó con las edificaciones, casas y negocios existentes, y con las vidas de aproximadamente 4000 personas, dejando heridas a 12000 más. Seis barrios (que al día de hoy existen) fueron afectados: San Nicolás, El Porvenir, El Hoyo, El Piloto, Fátima y Jorge Isaacs.
Así, el bloque conocido como “República de Venezuela” (fichado, como ya se dijo, bajo el nombre de “Edificio Venezolano”), de 15 pisos de alto, con 11.911 m2 de construcción y 140 apartamentos; clasificado entre los denominados “tipo A” dentro de las dos variantes que existen en el conjunto caraqueño donde se origina, con 10 apartamentos por planta de variable número de habitaciones y con paradas de ascensor cada cuatro pisos que se combinan con un sistema interno de escaleras; ubicado en la avenida número 33, Calle 6 #3a6, en un terreno de 40.000 m2 donado por el médico venezolano residenciado Adolfo Bueno Madrid (extensión que formaba parte de su hacienda “La Flora”), contribuyó significativamente a la reubicación de cerca de 900 afectados por la tragedia. También se convirtió en “el primer ejemplo importante de arquitectura moderna en el campo de la vivienda colectiva en la ciudad” de Cali mostrándole a los que lo ocuparon una manera de vivir muy diferente a la que estaban acostumbrados.

4. El bloque visto a la distancia en su emplazamiento

El emplazamiento del edificio, aislado y posado sobre una generosa superficie predominantemente verde, permite apreciarlo flotando dejando la planta baja libre sin impedir que el espacio circundante fluya recordándonos su parentesco (aunque sea algo lejano) con las unidades de habitación de Le Corbusier. Está complementado funcionalmente por un pequeño centro comercial y una capilla que lleva por nombre “Nuestra Señora de Coromoto”. Su condición laminar, acompañada de una eficiente estructura en concreto armado, tabiquería de bloques de cemento y carpintería metálica modular, asoman algunos de los aspectos que permitieron su construcción (1957) en tiempo récord (menos 6 meses) para asombro de los habitantes de la aún provinciana ciudad capital del Departamento del Valle del Cauca.

5. Plantas
6. Fachadas
7. Vistas cercanas del edificio.


Tal y como ocurrió con sus clones caraqueños, el edificio estuvo pintado con base en la misma composición de colores prefigurada por el artista plástico venezolano Mateo Manaure, la cual con el pasar del tiempo no fue repuesta mostrando en la actualidad una austera condición monocromática.
Si bien el indagar acerca del por qué esta obra no se ha catalogado aún dentro de la trayectoria de Villanueva puede dar pie a un sinfín de conjeturas y a manifestaciones del tipo “ya lo sabíamos, pero…”, lo cierto es que, sin pretender asumir un rol que no nos corresponde, creemos que es hora de que se le preste atención en vista de la copiosa documentación existente y a su condición de pieza única. Ello permitiría, incluso, dar veracidad a la información que se maneja de que el bloque construido en Cali corresponde al nº 8 del 23 de enero, ya que hay quienes afirman que la numeración de dichos edificios dentro de la populosa parroquia caraqueña pasa sin solución de continuidad del 7 al 9, pudiéndose así ir de la leyenda urbana a la información veraz y rigurosa.
Para empezar invitamos, como ya nosotros lo hemos hecho, a descargar el documento idesc.cali.gov.co/download/bic_2014/BICN-13.pdf. Luego, presumimos, se empezará a asomar entre los estudiosos el desarrollo de un trabajo que, con las acotaciones del caso, ojalá salde una deuda pendiente.

ACA

Procedencia de las imágenes

1. Colección Crono Arquitectura Venezuela

2. http://idesc.cali.gov.co/download/bic_2014/BICN-13.pdf

3. https://latam.historyplay.tv/hoy-en-la-historia/explosion-de-cali

4. https://www.aporrea.org/venezuelaexterior/n303499.html

5 y 7. Edificio Venezolano, Cali, 1957 (https://www.youtube.com/watch?v=BnLlElEY474)

6. Villanueva P. y Pintó M.; Carlos Raúl Villanueva, 2000

1957• El Bloque 8 del Conjunto Urbano 2 de Diciembre de Caracas (hoy 23 de enero) en Cali

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1957•  En poco menos de seis meses se concluye la construcción del que sería el Bloque 8 del Conjunto Urbano 2 de Diciembre de Caracas (hoy 23 de enero), en la avenida número 33, Calle. 6, nº3a6, de la ciudad de Cali, Colombia, proyectado para el Banco Obrero (BO) en 1954 por los arquitectos Carlos Raúl Villanueva, José Manuel Mijares, José Hoffman y Carlos Brando.
El Bloque fue donado por el general Marcos Pérez Jiménez en nombre de la República de Venezuela para contribuir a la reubicación de los afectados de la llamada «Explosión de Cali», accidente provocado por la detonación de cajas de dinamita que eran transportadas a través de la ciudad, que dejo unos 4.000 fallecidos y 1.200 heridos, destruyendo 41 manzanas alrededor de la estación ferroviaria.
El «Edificio Venezolano», como es conocido en Cali, fue levantado en un terreno de 40.000 m2 donados por el venezolano Adolfo Bueno Madrid, extensión que formaba parte de su hacienda “La Flora”.
El Conjunto construido, que fue financiado por el Banco Central de Venezuela, consta del Bloque Residencial de 140 apartamentos, un pequeño centro comercial, una capilla que lleva por nombre «Nuestra Señora de Coromoto» y amplias zonas verdes que lo rodean.
Inicialmente el edificio tuvo una composición de colores en sus fachadas, al igual que los construidos en el 23 de enero, cuya autoría es del artista Mateo Manaure, la cual fue sustituida con el tiempo.
Las edificaciones que conforman este conjunto, probablemente el único existente fuera de nuestro país diseñado por el maestro Villanueva, se encuentran en muy buen estado de conservación y se encuentran en proceso de ser declarados Bienes Inmuebles de Interés Cultural de Santiago de Cali.

HVH

1954• Caseta de bombas y transformadores y pasillo abovedado Ciudad Universitaria de Caracas

Caseta de Bombas y Transformadores CUC.jpg

1954•  Se concluye en la Ciudad Universitaria de Caracas la construcción de la Caseta de bombas y transformadores y el pasillo abovedado en voladizo de acceso desde la Plaza Venezuela, proyectado por el maestro Carlos Raúl Villanueva y la empresa Precomprimido, C.A. (Juan Otaola P. y Oscar Benedetti P.).

HVH

 

Textos fundamentales

1. Portada de la edición original de 1964

Carlos Raúl Villanueva y la arquitectura de Venezuela

Sibyl Moholy-Nagy

Editorial Lectura

1964

Después de Caracas a través de su arquitectura y de Venezuela y el problema de su identidad arquitectónica, Carlos Raúl Villanueva y la arquitectura de Venezuela de Sibyl Moholy-Nagy (Dresden,1903-Nueva York,1971), resultó ser el tercer libro más citado entre quienes respondieron la consulta realizada el pasado año por la Fundación Arquitectura y Ciudad a académicos y profesionales, con miras a llevar a cabo una antología de textos imprescindible sobre nuestra disciplina.
Publicado en su primera versión bilingüe por Editorial Lectura en 1964, reeditado en 1999 por el Instituto de Patrimonio Cultural (en el marco de las celebraciones asociadas al centenario del nacimiento de Villanueva el año 2000), el trabajo de Sibylle Pietzsch (nombre de pila de la autora), profesora de Historia de la Arquitectura del Pratt Institute de New York, prestigiosa crítico de arte y viuda del pintor húngaro Lazlo Moholy-Nagy (miembro del cuerpo docente de la Bauhaus), se constituye en el primer texto dedicado de lleno a recopilar, contextualizar y mostrar en toda su magnitud la obra del más importante arquitecto venezolano del siglo XX, lo cual lo convierte en referencia ineludible a la hora de marcar un antes y un después para los estudiosos en la materia.
Previo a la aparición del libro de Moholy-Nagy, la obra de Villanueva había empezado a reseñarse en diversas publicaciones periódicas a nivel internacional y sido objeto de atención de parte de aquellos historiadores y críticos que se interesaban (siempre desde fuera) por analizar las manifestaciones de la arquitectura moderna en algunos países de Latinoamérica. Así, Latin American Architecture since 1945 de Henry-Russell Hitchcock (1955), Masters of Modern Architecture de John Peter (1958), Baukunst der Gegenwart (Arte de la arquitectura de nuestro tiempo) de Udo Kulterman (1958), Art in Latin American Architecture de Paul Damaz (1963) y Knaurs Lexikon der modern Architekture de Henrique Mindlin (1963), obras en las que Villanueva se citaba, se convirtieron para la autora en importante material de consulta a la hora de emprender su tarea a lo cual sumó como necesario complemento una serie de visitas al país.
Tras la salida de Carlos Raúl Villanueva y la arquitectura de Venezuela un largo silencio, interrumpido esporádicamente por el empeño de Antonio Granados Valdés, Juan Pedro Posani y Mariano Goldberg o por su renovada incorporación en textos recopilatorios, parecía condenar la obra del maestro poco a poco al olvido. Sin embargo, quizás asociado al desarrollo en los años 90 de los estudios de postgrado en nuestras universidades, de una labor crítica más consecuente y, sobre todo, al empuje sostenido se le dió a la declaratoria de la Ciudad Universitaria como Patrimonio Mundial entre 1992 y 2000 (año éste último, como ya se señaló, del centenario de su nacimiento), Villanueva y su obra pasan finalmente a ser objeto de estudio, ampliándose el espectro y catalogación de sus realizaciones y sometiéndola a múltiples miradas que tienen en su gran mayoría a Moholy-Nagy como primera referencia. Hoy se puede afirmar que, tras la labor pionera de la profesora de Pratt, el objetivo de contar con una amplia gama de publicaciones y estudios que dan cuenta de la trayectoria del Maestro se ha cumplido en buena medida, saldándose de esta manera una deuda y llenándose un vacío que corría el riesgo de sumarse a la tradicional amnesia histórica que caracteriza nuestro país.
El valor del texto de Moholy-Nagy estriba no sólo en su condición pionera sino en el particular enfoque que imprime a la revisión de la obra del Maestro venezolano. Sin obedecer estrictamente un orden cronológico y apelando más bien a resaltar su carácter evolutivo, son la manera en que agrupa los edificios y realizaciones (protagonistas centrales de la publicación), la forma didáctica como los describe y sobre todo las constantes referencias a la cultura local e internacional de las que echa mano para contextualizar el material analizado, lo que le dan al tono crítico con que se desarrolla el libro un significado especial.
La edición que consta de 179 páginas, diseñada cuidadosamente en formato apaisado e impresa sobre papel glasé, se vale del excelente material fotográfico que lo acompaña destacando fundamentalmente el trabajo de Paolo Gasparini así como también el aporte, entre otros, de Graziano Gasparini, Alfred Brandler y de la propia autora, a quien se debe la imagen del conjunto de piscinas de la Ciudad Universitaria que engalana la portada de 1964. Otro detalle nada menor lo constituye la presencia, si bien en un tono muy inferior que las fotografías, de planos de algunas de las obras y valiosos esquemas explicativos de las mismas que hacen amable la lectura para quien no necesariamente es especialista en la materia.

2. Portada de la reedición de 1999

La reedición en 1999 de Carlos Raúl Villanueva y la arquitectura de Venezuela por parte del Instituto de Patrimonio Cultural, que como bien señaló en su presentación Juan Pedro Posani, se buscó dejar intacta, a pesar de las imprecisiones en que se incurre en la versión original, y de las complementaciones y actualizaciones que hubiese requerido, sirvió también para rescatar del olvido esta trascendental obra convertida ya en documento histórico indispensable para entender un momento peculiar del desarrollo del país.

ACA

1951• Edificio Sede del Instituto Nacional de Higiene

Instituto Nacional de Higiene.jpg

1951•  Se concluye la construcción en la Ciudad Universitaria de Caracas del Edificio Sede del Instituto Nacional de Higiene, proyectado por el Maestro Carlos Raúl Villanueva (1900.1975).
El Instituto Nacional de Higiene había sido creado en 1938 por iniciativa del entonces Ministro de Sanidad y Asistencia Social Dr. Enrique Tejera Guevara y refrendado por Decreto Ejecutivo del Presidente Eleazar López Contreras.
Inició su actividades en una casa situada en la Parroquia San Juan, de Cruz de la Vega a Palo Grande, hasta ocupar su sede definitiva en el campus de la UCV.
Desde 1977 el Instituto es distinguido con el nombre del sabio Rafael Rangel.

HVH

 

Textos fundamentales

1. Portada de la primera edición de Caracas en tres tiempos, Carlos Raúl Villanueva, 1966

Caracas en tres tiempos

Iconografía retrospectiva de la ciudad

Carlos Raúl Villanueva

Talleres de Gráfica Arte C.A.

1966

Formando parte del importante número de publicaciones (de las cuales se cuentan al menos 14), que se impulsaron hace ya 50 años desde el Comité de Obras Culturales de la Comisión Nacional del Cuatricentenario de la Fundación de Caracas, Caracas en tres tiempos. Iconografía retrospectiva de una ciudad de Carlos Raúl Villanueva es, como señala el propio autor, “una reedición de … ‘La Caracas de ayer y de hoy’, editado en julio de 1950 y que con grata sorpresa de mi parte mereció una generosa acogida entre nosotros, puesto que a pesar del tiempo transcurrido y de los cambios que en ese período se han efectuado (políticos, económicos, sociales y hasta internacionales), tienen todavía validez algunos de los conceptos emitidos”.
A dicha obra, que contenía sendos escritos de Carlos Manuel Moller (“Caracas, ciudad colonial”) y Maurice E. H. Rotival (“Caracas marcha hacia delante”), le fueron añadidos otro de Mariano Picón Salas (“Caracas Allí está…”), un incremento importante del registro correspondiente a la arquitectura colonial existente o desaparecida tanto en Caracas como en otras regiones del país, “un estudio sobre la Iglesia de Santa Teresa y el Teatro Municipal a manera de eslabón entre pasado y presente” y el importante artículo firmado por el propio Villanueva titulado “El sentido de nuestra arquitectura colonial”, aparecido originalmente en el nº 3 de la Revista Shell (1952).
Como su título indica, se trata de mostrar desde el contenido una visión de Caracas que abarca su pasado, su presente y su futuro aunque el subtítulo delate una mirada mucho más anclada en el pretérito. Así, Caracas en tres tiempos pasa a ser un libro referencial no sólo por la cuantía y la calidad de la información que incorpora (consistente en fotografías y planos de aquellas obras religiosas, militares y civiles que fueron consideradas como las más importantes acompañadas de sencillos textos explicativos), sino también un libro que denuncia el proceso de destrucción y consecuente pérdida de la memoria de que ha sido objeto la arquitectura del pasado en nuestro país. “Ningún sentimiento histórico ni tampoco religioso ha prevalecido ante la destrucción sistemática de nuestro pasado colonial, que ha sido reemplazado en muchos casos por obras transitorias de poco valor artístico y con todos los defectos del falso lujo, de la poca personalidad, de la imitación servil de estilos pseudo modernos a veces y en otras de copias de ajenas tradiciones”, reclamará Villanueva en la Introducción de la publicación.
Es la Reurbanización de El Silencio, objeto que constituye el corazón de La Caracas de ayer y de hoy con la que se cierra Caracas en tres tiempos, la pieza que Villanueva considera articula el presente de la ciudad con que pudo haber sido su futuro desarrollo y que el transcurrir de los años se encargó lamentablemente de desconocer. Allí y posteriormente en la Ciudad Universitaria se lleva a cabo un proceso claro de interpretación que recobra el sentido de la tradición, tema éste que ha sido objeto de reflexión por parte de reconocidos pensadores contemporáneos.
Caracas en tres tiempos se imprimió en los Talleres de Gráfica Arte C.A., saliendo a la luz en noviembre de 1966 con un tiraje de 3.000 ejemplares. Fue diagramado por Mateo Manaure y colaboraron en las ilustraciones, entre otros: Juan Avilán, Alfredo Boulton, Alfredo Brandler, Graziano Gasparini, Hueck Condado, Carlos Eduardo Misle y Luis Noguera.

2. Portada del relanzamiento de 344 los ejemplares de la primera edición de Caracas en tres tiempos en conmemoración del centenario del nacimiento de Carlos Raúl Villanueva, 2000


Posteriormente, en mayo de 2000, al cumplirse el centenario del nacimiento de Villanueva e incorporado a las Ediciones Conmemorativas que la Fundación Villanueva impulsó para esa fecha, trescientos cuarenta y cuatro ejemplares pertenecientes a la edición original fueron rescatados de los depósitos de Gráficas Armitano, los cuales fueron numerados y remozados con una nueva portada a los que se les añadió una sola página con la dedicatoria de Margot Arismendi de Villanueva a la memoria de su esposo, la cual no puede ser más elocuente con relación al espíritu que recoge la obra: “A la memoria de mi querido Carlos, quien habiendo aceptado el futuro, no rechazó nunca el pasado”.

ACA