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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 96

La Expo de Montreal 1967 cuyo lema era «El hombre y su mundo», de la cual acaban de cumplirse 50 años de su apertura, podría decirse que conserva intacto el espíritu de New York 64: la parodia estilística y el abigarramiento formal vuelven a ser las notas sobresalientes. En Montreal, además, se sentirá como en ninguna otra Exposición el rol protagónico de quienes durante el siglo XIX ocupaban el papel secundario: los pabellones nacionales. No es casual que la Expo-67 se recuerde por la presencia casi emblemática del enorme domo que Buckminster Fuller diseñó como Pabellón para los Estados Unidos. Junto a él también brillarán el «habitat» de Moshe Shafdie y las «estructuras tensadas» de Frei Otto representativas de la República Federal de Alemania, mientras las innovaciones tecnológicas y los alardes comunicacionales, por reiterativos, dejan ya de tener interés.

1. Carlos Raúl Villanueva. Pabellón de Venezuela en Montreal, 1967. Planta y elevación del anteproyecto final. Disposición final de los cubos junto con la descripción funcional al interior de cada espacio, incluidos los “milagros” asociados con el proyecto de Obra de Arte Total

También la Expo de Montreal le ofrece a Carlos Raúl Villanueva la oportunidad de reaparecer con una importante obra luego del ostracismo oficial al que se le sometió una vez caída la Dictadura. En efecto, gracias a los buenos oficios de Eduardo Trujillo, uno de sus tantos discípulos, el Colegio de Arquitectos de Venezuela selecciona a Villanueva como proyectista del Pabellón venezolano para Montreal y el Gobierno nacional procede a su contratación. En otras coordenadas se repite el relato Gasparini-Scarpa de Venecia.

2. Carlos Raúl Villanueva. Pabellón de Venezuela en Montreal, 1967. Bocetos

Villanueva intuyendo las características del entorno que la Feria generaría (recargado y exhibicionista hasta el cansancio), opta por hacer una propuesta contrastante con el mismo. Es así como vislumbra una respuesta formal que, independientemente del programa que el edificio fuese a albergar e intentando responderse la pregunta de ¿cómo representar a Venezuela en la Expo?, deje en el visitante una marca indeleble. Se recurre entonces, recordando un viejo croquis de Le Corbusier que éste usaba para definir la escala y su valor, a la utilización del sólido platónico por excelencia: el cubo. De esta manera se daría respuesta al problema de la representatividad arquitectónica del país no por lo que lo diferencia sino por lo que esencialmente lo asemeja al resto, revirtiéndose luego ello mismo hacia lo primero.

Juan Pedro Posani, siempre próximo a Villanueva, relata en «Expo 67. Villanueva, Soto. Un cubo, dos cubos tres cubos» texto aparecido en el Boletín del CIHE, nº 8 (1967), algunos de los dilemas que tuvo que sortear el Maestro en la gestación de la idea: “Representar un país: problema dificilísimo, particularmente cuando en ese país se superponen diferentes estructuras profundamente contradictorias. Dificilísimo porque también está en juego el conocido dilema de la expresividad de la arquitectura: ¿arquitectura como escenografía o arquitectura como solución? Y si una exposición es una escenografía ¿cuáles serán los mejores medios de representación?. Villanueva llegado a este punto decide dejar a los medios audiovisuales la tarea representativa. Separa el contenido del continente como en dos regiones independientes: asume para sí el problema del segundo, deja para otros (¿el Ministerio, una comisión, etc.?) el problema del primero.”

3. Carlos Raúl Villanueva. Pabellón de Venezuela en Montreal, 1967. Arriba: planta nivel acceso. Abajo: fachada
4. Carlos Raúl Villanueva. Pabellón de Venezuela en Montreal, 1967. Sección

La aparición a posteriori del programa diferenciando tres tipos de actividades en otras tantas zonas dará la clave en la formalización y resolución definitivas: “Tres cubos de 13 metros de lado en acero y aluminio, unidos entre sí por una zona de circulación y acceso más baja, policromados de fuertes colores y pulidos como una maquinaria, rojo, azul, amarillo, naranja, negro y verde levantados sobre una ligera plataforma de concreto acabado en obra limpia que permite destacar con mayor fuerza las líneas puras de los cubos”, tal y como expresara el propio Maestro en «Pabellón de Venezuela para la Expo 67 en Montreal”, Revista CAV, nº 23, quien tuvo siempre en mente la posibilidad de que el edificio fuese fácilmente desmontado y posteriormente trasladado a Venezuela.

5. Carlos Raúl Villanueva. Pabellón de Venezuela en Montreal, 1967. La escultura de Soto expuesta en el interior del Cubo Nro. 2

Villanueva logra dar una respuesta clara, contundente y sencilla que se traduce en calma y tranquilidad contrastantes con el bullicio del gran parque de diversiones en que se transformó la Expo. Su localización privilegiada en la Isla de Notre Dame frente al Río San Lorenzo, en un sitio despejado y rodeado de jardines, dentro de un parcela amplia (1.512 metros cuadrados ocupados en un porcentaje del 43 %, tal y como lo muestra la fotografía seleccionada que ilustra la postal del día de hoy), permiten contemplarlo fácilmente a distancia y desde diversos puntos. El acceso a través de rampas al espacio articulador de los tres cubos acrecienta el control del factor sorpresa que el atractivo hermetismo exterior del Pabellón propicia. Un cubo se destinó a la representación de un programa audiovisual (Venezuela hoy) que se proyectaba sobre pantallas ubicadas en cada una de sus caras; otro se convirtió en recipiente y escenario para apreciar una impactante escultura cinética y giratoria de Jesús Soto la cual se fusionó con la obra «Cromovibrafonía » que Antonio Estévez (quien en aquel entonces incursionaba en la música electrónica) compuso para la ocasión; el tercero de tres niveles albergaba las áreas administrativas y de servicios (segundo nivel), depósitos, equipos y máquinas (primer nivel) y espacio de animación y vida acompañado con un restaurant-cafetín donde se servían comidas típicas en la planta baja.

6. Carlos Raúl Villanueva. Pabellón de Venezuela en Montreal, 1967. Vista exterior

Sobre los valores plásticos de esta enorme escultura concebida por Villanueva, enigmática y difícil de precisar en cuanto a su escala que ni siquiera es adivinable a través de la grafía del letrero «Venezuela» que se superpone a cada uno de sus componentes, se ha escrito mucho. Se ha hablado de reminiscencias neoplásticas en la fusión de las letras y los planos de la fachada y la misma combinación cromática utilizada. También se le han atribuido similitudes a ciertas esculturas de Robert Morris, a las esculturas del «Cool Art» e incluso al espíritu «pop» por el uso de la policromía. Más lo cierto es que si alguna coincidencia se aprecia en esta obra es la innata sensibilidad formal de Villanueva y su sentido primordial del color (presentes ya en la Ciudad Universitaria) con el «minimal art» en lo cual se basa Posani para afirmar que “si este Pabellón, como parece suponer Philip Johnson, es un ejemplo auténtico de ‘minimal art’ entonces Carlos Raúl Villanueva, a su edad, podrá estar orgulloso de seguir siendo vanguardia”.

7. Carlos Raúl Villanueva. Pabellón de Venezuela en Montreal, 1967. Vista exterior

Desde París 1937 a Montreal 1967 han transcurrido exactamente treinta años en los que a través de una importante obra construida se puede detectar la evolución y disgresiones del principal arquitecto venezolano del siglo XX. En tal sentido podríamos decir que tal vez ningún otro edificio logra mostrarnos mejor que el Pabellón de la Expo el tránsito de Villanueva de lo figurativo a lo abstracto, así como las dificultades intrínsecas que conlleva el asunto de la representatividad nacional. Al final el rechazo de la solución folklórica, historicista, ecléctica y específica ubica el problema en las coordenadas de lo esencial, lo universal, lo compartido por cualquier ser humano, refrendando en parte las posturas ya planteadas por algunos de sus discípulos. También refrenda una concepción artístico-tradicional de la arquitectura que Villanueva nunca abandona.

La implícita visualización de la arquitectura como invención del programa y de la forma preconcebida como medio de representación sin importar el contenido, permitirían considerar este Pabellón como excepcional dentro del comportamiento de Villanueva. Sin embargo, ha sido el propio Maestro quien ha tomado la decisión de enfatizar en esta edificación efímera uno de los polos entre los que siempre ha oscilado su proceso creativo, logrando plasmar un resultado personal y a la vez memorable que la colocan en el pináculo de nuestras representaciones en feria internacional alguna.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. https://twitter.com/jorgeruizboluda/status/559429322050912256

1 y 5. Archivo Fundación Villanueva

2 y 6. Boletín del CIHE, nº 8, 1967

3 y 4. Alayón J. J. «De la boîte de Le Corbusier al cubo de Villanueva.
El Pabellón de Venezuela, Montreal» en revista DPA, nº 29, 2013

7. Colección Centre Canadien d’Architecture / Canadian Centre for Architecture, Montreal.

1932• Banco Agrícola y Pecuario y Banco Obrero, Maracay

Banco Agrícola y Pecuario y Banco Obrero en Maracay.jpg

Banco Agrícola y Pecuario y Banco Obrero en Maracay 2.jpg

1932•  Después de dos años de construcción se concluye el edificio para el Banco Agrícola y Pecuario y el Banco Obrero, ubicado en la Plaza Girardot, Maracay, estado Aragua. El proyecto original había sido hecho por los arquitectos J. Lambert, G. Saake y P. Bailly y la remodelación realizada entre 1928 y 1931 por el joven Carlos Raúl Villanueva, quien utilizó como base el diseño de los arquitectos franceses.
Actualmente el edificio es sede del Museo de Antropología e Historia.

 HVH

Las publicaciones de Ediciones FAU UCV

LA TECTÓNICA EN LA OBRA DE CARLOS RAÚL VILLANUEVA.

Aproximación en tres tiempos

Nancy Dembo

Ediciones FAU UCV/ CDCH

2006

La historia de las publicaciones que se han emprendido desde la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela (FAU UCV) desde su creación en 1953 hasta nuestros días está aún por escribirse. Una iniciativa de ese tipo debería contemplar el amplio abanico que abarca un variado tipo de proyectos: desde aquellos que desembocaron en la realización de revistas a los que se convirtieron en libros; los de claro talante institucional y los de perfil eminentemente académico, que surgen directamente de la actividad investigativa o docente de sus integrantes; los que se debaten entre la costumbre de salir impresos o en formato digital; o, incluso, aquellos, bajo cualquiera de las modalidades señaladas, en los que sus profesores han tenido destacada participación más allá de los límites de la Ciudad Universitaria de Caracas. Pese a la tentación de al menos llevar adelante una crónica sobre el tema no creemos que este espacio dé para tanto. Sin embargo, seguiremos empeñados en la tarea de ir colocando algunos ladrillos que contribuyan a levantar poco a poco la pared que aglutine un buen número de importantes iniciativas.

Como parte de ese relato pendiente, sí se puede detectar cómo desde el año 2003, en momentos en que ya la bonanza económica declinaba, la institución logra consolidar la conformación de un Comité Editorial que no buscaba otra cosa que racionalizar y ordenar el diverso campo de textos, revistas, libros y otras publicaciones que de forma dispersa habían ido conformando tradicionalmente dicho universo. El Comité, que contó con la aprobación del Consejo de la Facultad, permitió abonar el camino para que el año 2005 se produjera el lanzamiento del sello EDICIONES FAU UCV el cual al día de hoy cuenta ya entre emprendimientos propios y coediciones, libros, manuales, agendas y memorias de eventos, publicaciones en papel o digitales con más de 50 productos.

Títulos publicados que, a modo de antecedentes, sirvieron para impulsar finalmente este esfuerzo fueron: la segunda edición de Los hechos de la arquitectura de Fernando Pérez Oyarzun, Alejandro Aravena y José Quintanilla, coeditado con la Pontificia Universidad Católica de Chile (2003) y los números 1, 2 y 3 (2004) de la colección “Incertidumbres y Discordancias” -hoy “Ensayos de Postgrado”- a saber, Arte abstracto y arquitectura moderna de Helio Piñón, Villanueva. Los pasos cubiertos y la idea de ciudad de Rodrigo Pérez de Arce y La caja del arte: los museos de Carlos Raúl Villanueva de Alberto Sato, siendo los dos últimos el ganador y mención de honor del II Concurso Internacional de Ensayos Carlos Raúl Villanueva organizado el año 2000 con motivo de la celebración del centenario del nacimiento del Maestro.

El primer texto que aparece identificado con el sello EDICIONES FAU UCV es Facultad de Arquitectura y Urbanismo UCV. 1953-2003. Aportes para una memoria y cuenta (2005), impulsado desde el decanato con el objetivo de dejar un necesario testimonio vinculado al 50 aniversario de la creación de la institución. Pero el libro con el que se logró cristalizar por vez primera el objetivo fundamental del sello editorial, el de darle difusión y visibilidad a la producción académica que permanentemente se gesta dentro de sus espacios, fue La tectónica en la obra de Carlos Raúl Villanueva: aproximación en tres tiempos de Nancy Dembo, Trabajo Final con el que obtuvo el grado de Magíster en Historia de la Arquitectura, fruto de una coedición con el Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico (CDCH) de la UCV y que gracias al empeño de la autora contó con una versión abreviada en inglés que ocupa sus páginas finales.

La investigación de Nancy Dembo se enmarcó junto con la que le precedió (La relación forma-función en el lenguaje estructural del siglo XX, publicada por el CDCH en 2003) dentro de la línea  de trabajo por ella abierta muy vinculada con su labor docente en el área de las estructuras dentro de la Escuela de Arquitectura y se sumó al interés que fue despertándose por estudiar la obra del más importante arquitecto venezolano del siglo XX a raíz de la celebración del centenario de su nacimiento.
Apelando a los expresado por la autora en la introducción del libro vale la pena resaltar varios tópicos. El primero se centra en el reto por develar dentro de la obra de Villanueva un asunto que había sido objeto de admiración y reverencia más no de un análisis a profundidad: los aspectos tecnológicos y estructurales y el desarrollo que ambos alcanzaron en sus manos que le permiten asociarlos a una tectónica, concepto desarrollado por Keneth Frampton, que se traduce en “la fuerza expresiva derivada de la interpretación de los materiales y del elemento portante, como recurso que permite la concreción del espacio”.

El segundo, resumen a su vez de la hipótesis del trabajo, tiene que ver con “poder descifrar los criterios que privaron en la definición de las formas estructurales, la selección del material y los procesos constructivos que hicieron posible la materialización de las ideas vanguardistas de este arquitecto”, donde “el proceso de creación de formas estructurales sólo fue posible como resultado de un diálogo diáfano, claro y honesto entre las distintas disciplinas que conforman los equipos de proyecto.”

El tercero apunta a la selección dentro de su extensa obra de los tres momentos que ilustran en Villanueva el “aspecto evolutivo de su producción para la comprensión de las transformaciones del carácter tectónico de su legado” que “de alguna manera ilustran la transición, tanto en el uso de los materiales como en las consideraciones referidas al diseño estructural”. De esta manera se abre un primer capítulo “correspondiente a la década de los treinta, donde la mampostería tradicional prevalece en la configuración del contenedor, cediendo cautelosamente oportunidades al concreto armado; luego, un segundo capítulo dedicado a algunas de las obras producidas por el Arquitecto en los años cincuenta, donde la hegemonía del hormigón reforzado será determinante en la definición del carácter tectónico de las obras de esta década y fundamental para la transición hacia el tercer capítulo, la década de los setenta, donde se concretan los proyectos del Maestro comprometidos con las posibilidades de la industrialización.”La tectónica en la obra de Carlos Raúl Villanueva: aproximación en tres tiempos valió para concretar el objetivo de la joven editorial nacida en 2006 de colocar en manos de estudiantes, estudiosos y público en general un texto de gran valor cultural y didáctico que, además, por el interés y calidad de su contenido, agotó su primer tiraje reeditándose el año 2011, cumpliéndose así no sólo el sueño divulgativo sino el anhelado éxito económico que debe acompañar a toda empresa de este tipo, más allá de su adscripción a una institución pública.

ACA

CARLOS RAÚL VILLANUEVA EN CALI

1. Vista exterior del bloque del 23 de enero construido en Cali

A poco que uno se pregunta cuántos edificios proyectó Carlos Raúl Villanueva para ser realizados fuera de Venezuela y, acto seguido, acude a los textos publicados, investigaciones hechas y páginas dedicadas a recopilar su obra, encuentra que con el pabellón de Venezuela en la Exposición Internacional de París de 1937 (autoría compartida con Luis Malaussena), el pabellón venezolano para la Exposición Universal de Montreal de 1967 y la Casa del Estudiante de la Ciudad Universitaria de París (1969), encargada por la Fundación Fina Gómez (en la que contó con la colaboración de Juan Pedro Posani), la lista se agota.
Pero cuando se reconoce que de esa corta enumeración los dos pabellones fueron desmantelados y la Casa del Estudiante sólo alcanzó el nivel de anteproyecto, se llega rápidamente a la conclusión de que la obra construida de Villanueva no sobrepasó el ámbito local, más allá de la trascendencia universal que todos sabemos ha alcanzado.

2. Ubicacuón del bloque en la ciudad de Cali

Sin embargo, luce llamativo el poder constatar cómo en el portal del IDESC (siglas de Infraestructura de Datos Espaciales de Santiago de Cali), dependiente del Departamento Administrativo de Planeación Municipal de la capital del Valle del Cauca (tercera ciudad más poblada de Colombia), se encuentra rigurosamente catalogado como “Bien Inmueble de Interés Cultural” (Fichado como BIC N-13), propuesto a ser elevado a «Bien de Interés Nacional nivel 1 Conservación Integral», el “Edificio Venezolano”, “Autores: Carlos Raúl Villanueva y conjunto de arquitectos Banco Obrero de Venezuela ((José Manuel) Mijares, (José) Hoffman y (Carlos) Brando). Fecha 1956”, terminado de construir en 1957.
En medio de la magnitud de la tragedia conocida como “La Explosión de Cali”, la donación del gobierno venezolano (presidido por Marcos Pérez Jiménez) al colombiano (que tenía al frente al también dictador Gustavo Rojas Pinilla), del proyecto completo del superbloque que se repitió entre 1955 y 1957 hasta un total de 38 veces (7 de ellos dobles y 7 triples) en las tres etapas en que se dividió la construcción del conjunto 2 de diciembre (hoy 23 de enero) en Caracas, quizás haya pasado a un segundo plano sin que por ello dejara de ser reconocida y reseñada ampliamente por la prensa colombiana de la época, resaltando la importante muestra de solidaridad y generosidad así expresada.

3. Imagen de lo que se conoció como «La Explosión de Cali» ocurrida el 7 de agosto de 1956

Vale la pena recordar que «La Explosión de Cali», accidente que ocupa un lugar preeminente entre los acontecidos en Colombia a lo largo de su historia, ocurrió el 7 de agosto de 1956 y fue provocado por la detonación de siete camiones del ejército cargados con 1053 cajas de dinamita (que se emplearían en la construcción de carreteras en el departamento de Cundinamarca), aparcados en la antigua Estación del Ferrocarril del Pacífico (luego de haber sido movidos desde el Batallón Pichincha), destruyendo al explotar 41 manzanas y dejando un cráter de 50 metros de ancho por 25 metros de profundidad. La onda expansiva acabó con las edificaciones, casas y negocios existentes, y con las vidas de aproximadamente 4000 personas, dejando heridas a 12000 más. Seis barrios (que al día de hoy existen) fueron afectados: San Nicolás, El Porvenir, El Hoyo, El Piloto, Fátima y Jorge Isaacs.
Así, el bloque conocido como “República de Venezuela” (fichado, como ya se dijo, bajo el nombre de “Edificio Venezolano”), de 15 pisos de alto, con 11.911 m2 de construcción y 140 apartamentos; clasificado entre los denominados “tipo A” dentro de las dos variantes que existen en el conjunto caraqueño donde se origina, con 10 apartamentos por planta de variable número de habitaciones y con paradas de ascensor cada cuatro pisos que se combinan con un sistema interno de escaleras; ubicado en la avenida número 33, Calle 6 #3a6, en un terreno de 40.000 m2 donado por el médico venezolano residenciado Adolfo Bueno Madrid (extensión que formaba parte de su hacienda “La Flora”), contribuyó significativamente a la reubicación de cerca de 900 afectados por la tragedia. También se convirtió en “el primer ejemplo importante de arquitectura moderna en el campo de la vivienda colectiva en la ciudad” de Cali mostrándole a los que lo ocuparon una manera de vivir muy diferente a la que estaban acostumbrados.

4. El bloque visto a la distancia en su emplazamiento

El emplazamiento del edificio, aislado y posado sobre una generosa superficie predominantemente verde, permite apreciarlo flotando dejando la planta baja libre sin impedir que el espacio circundante fluya recordándonos su parentesco (aunque sea algo lejano) con las unidades de habitación de Le Corbusier. Está complementado funcionalmente por un pequeño centro comercial y una capilla que lleva por nombre “Nuestra Señora de Coromoto”. Su condición laminar, acompañada de una eficiente estructura en concreto armado, tabiquería de bloques de cemento y carpintería metálica modular, asoman algunos de los aspectos que permitieron su construcción (1957) en tiempo récord (menos 6 meses) para asombro de los habitantes de la aún provinciana ciudad capital del Departamento del Valle del Cauca.

5. Plantas
6. Fachadas
7. Vistas cercanas del edificio.


Tal y como ocurrió con sus clones caraqueños, el edificio estuvo pintado con base en la misma composición de colores prefigurada por el artista plástico venezolano Mateo Manaure, la cual con el pasar del tiempo no fue repuesta mostrando en la actualidad una austera condición monocromática.
Si bien el indagar acerca del por qué esta obra no se ha catalogado aún dentro de la trayectoria de Villanueva puede dar pie a un sinfín de conjeturas y a manifestaciones del tipo “ya lo sabíamos, pero…”, lo cierto es que, sin pretender asumir un rol que no nos corresponde, creemos que es hora de que se le preste atención en vista de la copiosa documentación existente y a su condición de pieza única. Ello permitiría, incluso, dar veracidad a la información que se maneja de que el bloque construido en Cali corresponde al nº 8 del 23 de enero, ya que hay quienes afirman que la numeración de dichos edificios dentro de la populosa parroquia caraqueña pasa sin solución de continuidad del 7 al 9, pudiéndose así ir de la leyenda urbana a la información veraz y rigurosa.
Para empezar invitamos, como ya nosotros lo hemos hecho, a descargar el documento idesc.cali.gov.co/download/bic_2014/BICN-13.pdf. Luego, presumimos, se empezará a asomar entre los estudiosos el desarrollo de un trabajo que, con las acotaciones del caso, ojalá salde una deuda pendiente.

ACA

Procedencia de las imágenes

1. Colección Crono Arquitectura Venezuela

2. http://idesc.cali.gov.co/download/bic_2014/BICN-13.pdf

3. https://latam.historyplay.tv/hoy-en-la-historia/explosion-de-cali

4. https://www.aporrea.org/venezuelaexterior/n303499.html

5 y 7. Edificio Venezolano, Cali, 1957 (https://www.youtube.com/watch?v=BnLlElEY474)

6. Villanueva P. y Pintó M.; Carlos Raúl Villanueva, 2000

1957• El Bloque 8 del Conjunto Urbano 2 de Diciembre de Caracas (hoy 23 de enero) en Cali

Villanueva en Cali.jpg

1957•  En poco menos de seis meses se concluye la construcción del que sería el Bloque 8 del Conjunto Urbano 2 de Diciembre de Caracas (hoy 23 de enero), en la avenida número 33, Calle. 6, nº3a6, de la ciudad de Cali, Colombia, proyectado para el Banco Obrero (BO) en 1954 por los arquitectos Carlos Raúl Villanueva, José Manuel Mijares, José Hoffman y Carlos Brando.
El Bloque fue donado por el general Marcos Pérez Jiménez en nombre de la República de Venezuela para contribuir a la reubicación de los afectados de la llamada «Explosión de Cali», accidente provocado por la detonación de cajas de dinamita que eran transportadas a través de la ciudad, que dejo unos 4.000 fallecidos y 1.200 heridos, destruyendo 41 manzanas alrededor de la estación ferroviaria.
El «Edificio Venezolano», como es conocido en Cali, fue levantado en un terreno de 40.000 m2 donados por el venezolano Adolfo Bueno Madrid, extensión que formaba parte de su hacienda “La Flora”.
El Conjunto construido, que fue financiado por el Banco Central de Venezuela, consta del Bloque Residencial de 140 apartamentos, un pequeño centro comercial, una capilla que lleva por nombre «Nuestra Señora de Coromoto» y amplias zonas verdes que lo rodean.
Inicialmente el edificio tuvo una composición de colores en sus fachadas, al igual que los construidos en el 23 de enero, cuya autoría es del artista Mateo Manaure, la cual fue sustituida con el tiempo.
Las edificaciones que conforman este conjunto, probablemente el único existente fuera de nuestro país diseñado por el maestro Villanueva, se encuentran en muy buen estado de conservación y se encuentran en proceso de ser declarados Bienes Inmuebles de Interés Cultural de Santiago de Cali.

HVH