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¿SABÍA USTED …

… que el año 1967, en el marco de la III Bienal Nacional de Arquitectura, Tomás José Sanabria (1922-2008) obtiene el Premio Nacional por el Edificio Sede del Banco Central de Venezuela?

1. Vista del edificio sede del Banco Central de Venezuela. Tomás José Sanabria. 1960-1967

El premio otorgado a este emblemático edificio hace ya 50 años, obliga a matizar varios aspectos vinculados por un lado a la historia de la institución que alberga y, por el otro, a su consideración de punto más alto dentro de la producción arquitectónica de su autor.
Así, bueno es recodar que el Banco Central de Venezuela (BCV) se creó mediante una ley promulgada el 8 de septiembre de 1939, durante la presidencia de Eleazar López Contreras. Su primera sede, ubicada entre las esquinas de Veroes y Jesuitas abrió sus puertas al público el 15 de Octubre de 1940 y allí se inició el proceso de unificación que conllevó el canje de billetes emitidos con anterioridad por los bancos comerciales autorizados, por los nuevos billetes emitidos desde la nueva entidad. La inauguración del BCV la lleva a cabo López Contreras el 1° de enero de 1941 siendo aún Presidente de la República.

2. Vista de la segunda sede (primera sede propia) del Banco Central de Venezuela (demolida). Gustavo Wallis L. 1946

El 19 de octubre de 1943, bajo la presidencia de Isaías Medina Angarita, se colocó la primera piedra para la construcción de un edificio propio, de sólida presencia urbana, sobria volumetría y claros rasgos academicistas, proyectado el año anterior por el arquitecto Gustavo Wallis L., ubicado en la avenida Urdaneta, esquina de Carmelitas entre las calles Norte 2 y Oeste 1, el cual se concluye en 1946.
La expansión de las actividades provenientes del rápido crecimiento económico del país, demandaron una mayor capacidad de las bóvedas del edificio proyectado por Wallis y óptimas condiciones de seguridad de las que carecía, lo cual obliga hacia la mitad de la década de los cincuenta a planificar una nueva sede, cuyo proyecto se le asigna, una vez caída la dictadura de Pérez Jiménez, a Tomás José Sanabria.
El propio arquitecto (a través de lo recogido en tomasjosesanabria.com, página que construye con esmero su hija Lolita Sanabria) así nos revela el inicio del proceso de concepción del edificio: “En 1958 fui llamado por el Presidente del Banco Central de Venezuela (BCV) para considerar el proyecto de su nueva Sede. Esta organización veía con preocupación su rol funcional frente a una economía creciente y en extremo exigente. El reto era inmenso y afortunadamente por la gran presión que se cernía sobre ese organismo, pasó un buen tiempo en el cual no hubo más contacto, lapso que aproveché para dedicarme a especular frente a dos realidades ¿Qué hacer con un centro de ciudad tan abandonado? ¿Cómo responder a una demanda tan significativa, carente de programa? Pasado un año me volvieron a contactar y en ese momento ya tenía presente alternativas y proposiciones que presentar. Se elaboró un Programa que nos orientó, tanto para la época como para las futuras expansiones, para la toma de conciencia en un eventual rescate ambiental del Centro Tradicional capitalino”.

3. Boceto de la relación entre la iglesia de Altagracia y el edificio sede del Banco Central de Venezuela. Tomás José Sanabria. 1960-1967

Así, Sanabria, inicia en 1961 el estudio que conllevó la elaboración el plan de diseño urbano para la zona y un “programa base” por etapas, concibiendo la primera (la que se conoce como “sede” del BCV, ubicada sobre el terreno ocupado por el anterior edificio -el cual sería demolido en 1960-), como un cuerpo bajo que fungiría para contener los más altos niveles de decisión del Banco y también parte de las bóvedas de seguridad y otros servicios específicos de la Institución. El edificio, cuya ejecución se inició en el mes de septiembre de 1963, es inaugurado en 1965 por el entonces Presidente de la República Raúl Leoni y finalizado en marzo de 1966. Tiene aproximadamente 27.000 metros cuadrados de construcción que comprenden cinco sótanos en la zona de estacionamiento, tres en la zona seguridad y de oficinas, la planta baja, la mezzanina, tres pisos generales para oficinas y un cuarto piso para comedores y sala de asambleas. Para la realización del proyecto de arquitectura Sanabria contó con la colaboración de su hermano Eduardo (con quien estuvo asociado entre 1963 y 1989) y de José María Freire.
El joven y a la vez experimentado Sanabria tuvo la oportunidad de mostrar en esta pieza cómo había evolucionado su comprensión de las edificaciones entendidas como elementos necesariamente vinculados al desarrollo urbano de la ciudad (“la arquitectura sin diseño urbano… no existe” será una frase que repetía con frecuencia), adaptadas al ambiente que las rodea y construidas con altos índices de calidad.

4. Banco Central de Venezuela. Tomás José Sanabria. 1960-1967. Vista de los jardines perimetrales
5. Banco Central de Venezuela. Tomás José Sanabria. 1960-1967. Vista del acceso

En efecto, cuando el jurado de la III Bienal Nacional de Arquitectura decidió otorgarle el Premio Nacional al edificio sede el BCV, lo hizo reconociendo los valores que esta obra llevaba asociadas al manejo de la escala urbana, del concreto armado como material clave en una tectónica que alcanza niveles de filigrana poniéndolo a trabajar a favor de una impecable racionalidad estructural y de su cuidadosa adecuación a las variables del medio. Podría decirse que junto a Villanueva, Sanabria marca, y la sede del BCV lo confirma, el desarrollo de una arquitectura “bien climatizada” que tiene en el concepto de environment (como diría Juan Pedro Posani) su más cabal síntesis. Es curioso detectar, además, como ambos maestros de nuestra arquitectura alcanzan puntos culminantes de su trayectoria recién cumplidos los 40 años, el primero al concebir el Centro Directivo y Cultural de la Ciudad Universitaria de Caracas y el segundo el edificio que aquí nos ocupa.

6. Segunda etapa de la sede del Banco Central de Venezuela (inaugurada en 1973). Tomás José Sanabria

Sobre la segunda etapa del conjunto BCV, la cual abarca lo que se denomina como la “torre financiera” de 26 pisos, inaugurada en 1973 por Rafael Caldera, valga decir que, sin alcanzar los niveles de calidad espacial y de escala que tiene la obra premiada (manteniendo, eso sí, altos estándares constructivos y ambientales), originalmente estuvo destinada a ser compartida con otros organismos afines al banco, tales como la Bolsa de Valores de Caracas, la Comisión Nacional de Valores y el Fondo de Inversiones de Venezuela y que está interconectada con el edificio sede con el cual forma una sola unidad arquitectónica y funcional, conformando entre ambos un efecto de demostración de la preocupación de Sanabria por dar luces en el desarrollo urbano del centro de Caracas.

ACA

Procedencia de las imágenes

1, 4 y 5. https://tomasjosesanabria.com/2016/07/26/banco-central-de-venezuela-sede/

2. Galería de Arte Nacional. Wallis/Domínguez/Guinand. Arquitectos pioneros de una época, 1998

3 y 6. Galería de Arte Nacional. Tomás José Sanabria Arquitecto. Aproximación a su obra, 1995

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 62

En 1874, durante el primer septenio de gobierno del general Antonio Guzmán Blanco (1870-1877), se realiza un censo que determina que la ciudad contaba con poco mas de 60.000 habitantes. Así, el plano que hoy ilustra nuestra postal, levantado por el Ingeniero francés Esteban Ricard, fue realizado con un doble propósito: servir al censo y estadística del Distrito Federal bajo la dirección del General Andrés A. Level; y evidenciar las principales transformaciones urbanísticas de la ciudad emprendidas por el mandatario para cambiar su fisonomía.
Ricard, ingeniero graduado en Paris, arriba a Venezuela a principios de 1870 para trabajar en tres grandes obras civiles del Gobierno de “El Ilustre Americano” vinculadas a la capital de la república: la construcción del ferrocarril Caracas-La Guaira (estudios del trazado), el plano del acueducto Guzmán Blanco y el proyecto del teatro Guzmán Blanco, hoy Teatro Municipal.
Según señala Federico Vegas en “Una ciudad en sus redes y en sus tramas”, en este plano “Caracas es presentada como la manifestación de una obra de gobierno, como el evento principalísimo de una política. Ya no se trata tan sólo de un episodio más de la historia urbana, estamos ante la consecuencia de una estrategia específica aplicada a una realidad concreta. Nótese que ya no se dibuja una trama ideal de cuadras uniformes, ahora se expresa una topografía fidedigna, una trama real de cuadras con formas y tamaños verdaderos. Caracas ya no es parte de aquella inmensa gramática colonial de dameros ideales, ahora la ciudad comenzará a buscar un estilo propio”.
Guzmán Blanco manifiesta su interés en la transformación de la modesta urbe, introduciendo cambios en lo urbano y en lo arquitectónico de clara influencia francesa a través de la construcción obras públicas impregnadas de un espíritu modernizador. La plaza Bolívar se convierte en un parque arbolado alrededor de la estatua de El Libertador y deja de ser mercado público, mientras que El Calvario pasa a llamarse “Paseo Guzmán Blanco”, incorporándose a la textura urbana luego de ser domesticada su condición natural.
El plano de 1874 refleja la importancia de la arquitectura y en particular de las fachadas, ornamentos y cornisas, los cuales adquieren una mayor autonomía. La cuadra colonial pasa a servir de soporte a nuevos estilos formales plasmados en vistas frontales con principio y final.
Una leyenda hace referencia a las obras públicas construidas después del 27 de abril de 1870 señaladas en el plano, destacando a manera de medallones, las fachadas del Museo Venezolano, la Universidad Central, el Palacio Legislativo y el Templo Masónico, muestras ejemplares de las novedades que se estaban edificando, evidenciándose así por primera vez la importancia del rol que juega la arquitectura en la ciudad, mostrando una formalidad nueva y una relación entre edificio y espacio público que no había sido atendida anteriormente.
El diseño del Paseo Guzmán Blanco, la Plaza Bolívar y diversos espacios públicos, muestra claros criterios de orden y composición clásica. De igual forma se muestra la nueva parroquia Santa Teresa, entre Santa Rosalía y San Pablo. Al este la ciudad se limita por las Haciendas San Bernardino y La Guía, mientras que al sureste, un amplio sembradío cruzado por el río Guaire, se identifica como “Vegas de la Universidad”.  Destaca que el perímetro de las cuadras se encuentra dividido en segmentos, que varían según la manzana, notándose un énfasis en colocar grandes volúmenes en las esquinas de las mismas pudiéndose asumir que representan un catastro utilizando los frentes de las fachadas de las edificaciones que bordean cada manzana.
Para garantizar el sostenimiento y permanencia de la nueva fisonomía de la capital, el proyecto urbano que llevaba a cabo Guzmán Blanco, basado en modelos provenientes de los países industrializados, fue complementado proporcionando a la administración municipal las herramientas jurídicas para llevar adelante los cambios que requería la modernización de la ciudad. Desde el punto de vista geográfico destaca la representación de dos cerros: el Calvario y los accidentes geográfico adyacentes al Rio Caruata (que pasaría a llamarse La Planicie) y la pequeña colina justo en la unión de los ríos Catuche y la Quebrada de Punceles. 
Como dato de interés, Irma De Sola en Contribución al Estudio de los Planos de Caracas, La Ciudad y la Provincia 1576-1967, apunta que “fue un ejemplar de este plano el que se depositó bajo la estatua del Libertador en la Plaza Bolívar, junto con otros documentos significativos de la época, al colocar la primera piedra del monumento”.

IGV

Procedencia de las imágenes

Postal. González Viso I.; Peña M.I.; Vegas F. Caracas del Valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje, 2015

EL ACERVO EDITORIAL DE LA FAU UCV

Guía de edificaciones contemporáneas en Venezuela.
CARACAS.
Parte 1

Mariano Goldberg

CID. FAU. UCV. (Auspiciado por FONDUR)
1982.

Desde su aparición en 1969, Caracas a través de su arquitectura se convirtió en el libro de referencia por excelencia para conocer la evolución de la arquitectura moderna en Venezuela. Su enfoque crítico, así como su copiosa información gráfica dejaron tras de si una estela difícil de superar pero que se sabía necesitaba ser actualizada en la medida que el tiempo transcurriera.
Es por ello que la publicación el año 1982 del libro que hoy nos ocupa, adquirió rápidamente el estatus no sólo de fuente de información complementaria al de Gasparini y Posani, sino de accesible material didáctico para investigadores e interesados en entrar en contacto con la ciudad y las edificaciones que la pueblan.
Su condición de trabajo académico presentado en 1980 por el autor para ascender en el escalafón universitario de la UCV, permite detectar, desde el mismo título que termina adoptando, su alcance, el período histórico que se buscaba cubrir y el criterio utilizado para seleccionar las obras que integran el corpus de la publicación. En tal sentido, el propio Mariano Goldberg acota: “En este trabajo no se pretende realizar una investigación histórica, ni labor crítica; se propone presentar un inventario de edificaciones representativas de las diferentes tendencias que, dentro del marco de los movimientos arquitectónicos contemporáneos, se han desarrollado en Venezuela en los últimos 25 años”. Así, se tomó como fecha referencial de partida la de la graduación de la primera promoción de arquitectos egresados de la FAU UCV.
Goldberg, quien fue el Jefe de la Unidad de Diseño en Avance del Banco Obrero en la década de los 60 del siglo XX (sesgo que reconoce influyó a la hora de escoger algunos edificios presentes en el libro), aclara cómo a pesar de que hay omisiones y desigualdades en la selección, el propósito no era el de “llegar a un catálogo exhaustivo sino el de iniciar una labor de recopilación que podrá ser ampliada en el futuro”. De allí seguramente el interés en calificar el libro como la “parte 1” de una serie que desafortunadamente no continuó.
Su aspiración de ser una guía determina su estructura: 142 fichas de dos páginas cada una dedicadas a otros tantos edificios, ubicados en 14 sectores que abarcan toda la extensión de la ciudad, conformadas cada una de una breve descripción (donde se señalan las fuentes documentales), acompañada por el nombre del proyectista, la fecha del proyecto y la de construcción, el área del terreno y la de construcción, fotografías recientes y algún que otro plano o dibujo de carácter técnico. Son en total 324 páginas fáciles de abordar que cuentan con el apoyo de una nomenclatura acorde al sector de Caracas donde cada edificación se localiza.
La guía de Goldberg, sin duda, asumió durante muchos años el compromiso de llenar un importante vacío que más recientemente ha retomado Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje. Junto al descuido que acompaña su edición, traducido en problemas de encuadernación y desigual manejo de los recursos gráficos y fotográficos, hay que colocar, como aspecto altamente positivo, el hecho de haber puesto en contacto al lector con una Caracas construida por piezas que, sin ser rutilantes, nos permiten explicarnos por qué es como es.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 61

Cuando Inocente Palacios decide a comienzos de los años 50 urbanizar una zona ubicada al sur del río Guaire en los terrenos de lo que fue la hacienda Bello Monte (propiedad de la Sucesión Casanova), fuera de la parte plana del valle de Caracas, debe sortear una serie de importantes obstáculos: el primero tiene que ver con colocar a la recién estrenada Ordenanza Municipal del Distrito Federal y a quienes la concibieron en una posición que llevaba indefectiblemente a modificarla o ajustarla a la inusual situación planteada; el segundo, estrechamente vinculado a lo anterior, sería el asumir una actitud de respeto por la vegetación y las condiciones naturales que privaban en la zona, lo cual obligaba a realizar un trazado vial y una lotificación que implicara un mínimo de afectación; el tercero lo constituía la localización de Colinas de Bello Monte, justo entre el Departamento Libertador del Distrito Federal y el Distrito Sucre del estado Miranda, lo cual dificultaba la aplicación de la propia normativa;  y el cuarto, y no por ello menos importante, era resolver y garantizar el servicio de agua en un lugar cuyas cotas estaban muy por encima de la que el sistema existente permitía surtir.
El interesante diálogo sostenido en octubre de 1990 por Juan José Martín Frechilla con Leopoldo Martínez Olavarría (presidente para la fecha en que Palacios propone sus ideas de la Comisión Nacional de Urbanismo, puesto que ostentó desde que la misma se fundó en 1946 hasta que se liquidó en 1957), recogido en Diálogos reconstruidos para una historia de la Caracas moderna (2004) -particularmente en el segmento “Hablemos de Colinas de Bello Monte-, ilustra de manera diáfana la manera como a cada problema se le fue buscando solución denotando la visión amplia, racional y a la vez flexible que privaba entre quienes tenían en sus manos enfrentar el acelerado crecimiento de la ciudad. De dicha conversación, a cual se inserta parte de otra realizada con el propio Inocente Palacios en abril de 1991, podemos extraer una serie de datos que van desde las licencias que se le dieron al urbanizador hasta el éxito rotundo que significó la venta de parcelas en las colinas. Se trata este texto, sin lugar a dudas, de una referencia imprescindible para entender plenamente en asunto que nos ocupa.
Así, nos encontramos con que la Ordenanza es modificada para permitir la reducción del ancho de vías las cuales por tener un “tráfico mínimo” se diseñan “con una acera pegada al cerro, una calle de 5,50, un brocal y una defensa de tierra, suficiente para hacer eso porque no hay estacionamientos; los carros suben los garajes respectivos, y toda pendiente mayor de tanto por ciento no era construible -no recuerdo cuánto-  y era como una zona de reserva o zona verde pero no construible, como todavía se mantiene”, dirá Martínez Olavarría.
Por otra parte las parcelas (que fueron vendidas según Palacios en tiempo record) oscilaban entre los 1500 y los 2500 m2 localizadas en lugares donde la pendiente mínima fuese del 70%, circunstancia que sumada a lo anterior implicaría un mínimo movimiento de tierra.
Dentro de este contexto, el llamado a un concurso internacional para el diseño de una quinta modelo pensada para una familia promedio de 5 a 6 personas, más tres de servicio, encabezada por un profesional de “posición económica holgada” con amplios espacios para las “relaciones sociales del matrimonio” y lugares para “satisfacer las inclinaciones intelectuales” de algún miembro de la familia, organizado por Inocente Palacios, se asociaba a la idea de proveer a los futuros compradores de una opción moderna y factible que les permitiese imaginar cómo se puede construir y vivir en un lugar atípico que se promocionaba como “una terraza sobre el Ávila” (ver Contacto FAC, nº 12, 29-01-2017).
El jurado del concurso, integrado por Leopoldo Martínez Olavarría, Carlos Raúl Villanueva y Diego Carbonell, luego de considerar 75 anteproyectos elaborados por arquitectos y estudiantes venezolanos y extranjeros (Estados Unidos, Francia, Italia, Holanda, Suiza y Bélgica), decidió otorgar el primer premio al arquitecto José Miguel Galia, en segundo a Gino Ugo Posani y al estudiante Raúl Garmendia el tercero. Vale añadir que la importancia del evento (el primero de alcance global y uno de los primeros realizados de forma abierta en el país), dio pie a que se le diera amplia cobertura. Para ello se pueden consultar la Revista del Colegio de Ingenieros de Venezuela, nº 190, enero 1952 y Cruz del Sur, Nº 10, enero 1953.
La vivienda proyectada por Galia (quien hacía escasos tres años que había arribado al país procedente de su Uruguay natal, ya se había asociado profesionalmente con Martín Vegas y había empezado a dar clases en la Escuela de Arquitectura de la UCV), amén de cumplir con todos los requisitos exigidos, nos coloca ante una proporcionada pieza de unos 500 m2 de construcción que se asocia a los planteamientos de claridad funcional, carácter, riqueza y flexibilidad espacial propios de la arquitectura internacional del momento y que aprovecha al máximo la topografía y las visuales para permitir su disfrute por la casi totalidad de las partes que la componen, cumpliendo con la premisa de ser un pequeño prototipo “montado como un nido de águila en un cerro”, que se muestra discreto hacia la calle y como un balcón hacia la ciudad.
Paradójicamente, la premiación del concurso se llevó a a cabo en la Casa Modelo, ubicada en un terreno «ondulado», proyectada por el arquitecto italiano Antonio Lombardini, quien ubicado desde otra manera de entender la modernidad, se convirtió a la postre en proyectista de una numerosa cantidad de quintas en la urbanización, privilegio con el que no contó el ganador del certamen.
“Colinas”, por su parte, hoy en día se encuentra colapsada en su vialidad y servicios, con escasas aceras y muchos derrumbes, sufriendo las consecuencias de la complaciente permisividad que le permitió nacer sin contemplar su transformación.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal. Revista del Colegio de Ingenieros de Venezuela, nº 190