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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 236

Considerada como otra de las casas emblemáticas dentro de la arquitectura moderna venezolana, la vivienda que Jimmy Alcock (1932) proyectó como su morada en el Alto Hatillo, a las afueras de Caracas, señalada en su cronología como la Casa Alcock I, ha cobrado con el tiempo el gran valor que le otorgan los años de haber sido habitada con gusto y amor, y por lo que ha significado para sus usuarios.

Obra si se quiere temprana de su autor y pensada por tanto para una joven pareja, ubicada en un terreno con una pronunciada pendiente (entre el 35 y el 60%), poblado por una densa vegetación y con espectaculares visuales lejanas hacia la ciudad, es el reto que constituyó la simple toma de decisiones durante el proceso de diseño (el cual fue motivo de la elaboración de al menos tres alternativas), un argumento que habla por sí solo de las bondades alcanzadas por la propuesta definitiva. Se buscaba, ante todo, lograr una solución sobria, concentrada y económica que recurriría en buena medida a la industrialización de las piezas de la compondrían.

1. Casa Alcock I. Plano de ubicación
2. Casa Alcock I. Izquierda: Isometría general. Derecha: Vista del puente de acceso

El partido arquitectónico asumido, que llevó a los curadores de la muestra “La casa como tema. Primera aproximación antológica  de la casa en Venezuela” (Museo de Bellas Artes, 1989), a incorporarla dentro de la categoría de “Casa y Tecnología”, la cual Martín Padrón acompaña con el sugerente texto “La búsqueda de una poética de la construcción”, parte de respetar al máximo las condiciones del terreno mediante una solución que se posa sobre él, recurriéndose a la conformación de un sólido prisma de base cuadrada apoyado en un sistema estructural lógico y racional que conduce las cargas al suelo a través de cuatro grandes columnas.

Si bien la idea esencial remite a la imagen de un galpón a cuatro aguas cuyo techo está sostenido por cerchas metálicas, organizado en torno a un espacio central vinculador, y si bien la variable constructiva fue fundamental para resolver las dificultades de adaptación al lugar, sería equivocado atribuirle a ellas el rol protagónico en la caracterización de una casa donde la luz y la penumbra se equilibran a la hora de lograr una ambientación totalmente acogedora, dotándola de una atmósfera que la aproxima a la arquitectura colonial bajo coordenadas absolutamente modernas.

Otro asunto de interés viene a ser la manera como se accede una vez implantado el volumen en la pendiente. Tras la apariencia de tratarse desde el exterior de una edificación aislada de una planta, cuya cubierta ligeramente sobresale de entre la vegetación que la arropa, el aislamiento alcanzado se salva a través de la aparición de dos ligeros puentes angostos que, partiendo de la zona de contacto con la calle, señalan uno, el lugar de la puerta principal y el otro la entrada de servicio. Desde ellos se puede descubrir cómo la casa se desarrolla en tres niveles “hacia abajo” para luego fusionarse con corredores perimetrales que, a modo de espacios intermedios, resuelven la transición interior-exterior con solvencia y abren la posibilidad de disfrutar “desde afuera” de las vistas lejanas las cuales, a su vez, tienen una particular  consideración “desde dentro”.

3. Casa Alcock I. Arriba izquierda: el jardín vertical. Arriba derecha: el corredor perimetral. Abajo izquierda: el estar íntimo. Abajo derecha: Vista del espacio central.

Dos escaleras de caracol, una interior sumida en el patio de sólo 20 m2 que relaciona los dos niveles superiores y otra exterior que conecta a los balcones perimetrales conforman el sistema de circulación vertical, permitiendo ésta última acceder de forma independiente al nivel suelo y disfrutar del jardín selvático tan esmeradamente cuidado durante años por la Sra. Carolina Alcock.

Para su creador, tal y como se señala en el catálogo de la exposición organizada por la Galería de Arte Nacional (GAN) “Alcock. Obras y proyectos. 1959-1992” (1992), “esta casa con techo de tejas a cuatro aguas, no tiene ‘nada que ver con las tipologías coloniales’. Es, más bien, ‘una terraza’, que tiene que ser explicada como una sección dominada por la vista y por el jardín natural. Reforzando esta idea, el comedor original de la casa no se cerraba del todo. Paneles corredizos colgantes de vidrio y de romanilla de madera se corrían libremente para ver la vista”.

Alcock diseñó más adelante (1988), con más de 25 años de diferencia, otra casa propia, vacacional, en Mitivibó, estado Mérida (denominada como Casa Alcock II), bajo criterios totalmente diferentes, signados en este caso por la adaptación a una vivienda campesina existente encontrada en ruinas con paredes de tapia de 50 cms de espesor que se estaban cayendo, donde vuelven a ser fundamentales las consideraciones del lugar en que se encuentra y el respeto por la preexistencia. “No había ventanas. Nada era ortogonal. Sólo cuatro cuartos con puertas todos con diferentes proporciones. Los antiguos habitantes vivían en la oscuridad, en el páramo. Con ese frío, sin embargo, hicieron un patio”, dirá Alcock en el catálogo de la exposición de la GAN ya mencionado dando pie así a la explicación de la manera considerada y la vez creativa como actuó a la hora de diseñar la remodelación.

4. Casa Alcock I. Vista exterior
5. Casa Alcock I. Vistas del espacio central
6. Casa Alcock I. El estar íntimo

Rememorando a dos arquitectos desaparecidos recientemente, Domingo Álvarez y Juan Pedro Posani, transcribiremos aquí la impresión que en el primero causó la visita a la Casa Alcock I arrancándole expresiones como “¡Es una maravilla! ¡Es increíble! ¡Es la mejor casa del mundo!”, dándole pie al segundo para manifestar lo siguiente a través de su blog El viejito inquieto el 12 de noviembre de 2019:
“En esta casa, durante mas de cuarenta años, se ha escuchado a Beethoven y guarachas, se comió excelente pasta a la amatriciana con un buen vaso de tinto toscano, así como arepas de chicharrón con cerveza. Y en esta casa, así mismo, se leyó a García  Márquez.

Y es que la realidad de esta casa va mas allá y desborda la simple historia de la arquitectura. Es un punto desde el cual observar a la humanidad y la historia del mundo y del cosmos. Pertenece  más al proceso de la evolución de la humanización de América que a la historia de nuestra arquitectura. Esta se advierte en la tibia ternura de las tejas del techo (recuerdo de nuestra arquitectura colonial) o en el gran espacio central (recuerdo de los grandes espacios de las attas, churuatas y shabonos de nuestra arquitectura indígena). Pero en lo esencial lo que plantea esta casa es desplegarse como un molusco en su concha, como un dispositivo de creación de vida. Es esencial entender por qué las fotos de esta casa no equivalen nunca a las formas exageradas y definitivas de la arquitectura del gran éxito internacional. Esta es una de las grandes casas del mundo. Así como la de Niemeyer en Río, la de Murcutt en Australia, la de Aalto en Finlandia y la de Mies en los Estados Unidos, esta casa es una de las mejores del mundo. El Flaco tenia razón y podemos estar orgullosos, como arquitectos y venezolanos, de este enorme aporte de Jimmy a nuestra presencia en América.”

7. Casa Alcock I. Dibujo de una de las alternativas iniciales que formó parte de la exposición Latin America in Construction: Architecture 1955–1980, MoMA, 2015

Bueno es decirlo, la Casa Alcock I fue otra de las obras que representó a Venezuela en la exposición Latin America in Construction: Architecture 1955–1980 organizada por el MoMA en 2015, quedando uno de los dibujos de las alternativas iniciales como parte de la colección del museo.

ACA

Procedencia de las imágenes

Postal, 1, 2, 3 y 5. Catálogo de la exposición Alcock. Obras y proyectos. 1959-1992. (1992)

4 y 6. http://guiaccs.com/obras/casa-alcock/

7. https://www.moma.org/collection/works/176739

LAS PUBLICACIONES DE EDICIONES FAU UCV

TRAMAS CRUZADAS

El rol de la ciudad en el cine venezolano

Guillermo Barrios

Ediciones FAU UCV/ Centro Nacional Autónomo de Cinematografía -CNAC-

2009

El año 2009 tuvo particular relevancia para el mundo editorial venezolano en lo que se refiere a temas vinculados a la arquitectura. Al lapso conformado por aquellos doce meses, hemos podido detectar que pertenecen una serie de títulos, elaborados todos por arquitectos vinculados directa o indirectamente a la academia y, por ende, fruto de acuciosos trabajos de investigación, como: La cuestión de los barrios, una compilación de Teolinda Bolívar y Josefina Baldó, publicado por Monte Avila Editores, la Fundación Polar y la Universidad Central de Venezuela; Carlos Raúl Villanueva, volumen 108 de la Biblioteca Biográfica Venezolana editado por El Nacional con el auspicio de la Fundación Bancaribe, preparado por Juan José Pérez Rancel; Helene de Garay: Vida y Arquitectura, obra de Jeannette Díaz, coeditado entre la Fundación Empresas Polar y Ediciones FAU UCV; Del eclecticismo criollo a un culto sincretísmo, perteneciente a la Colección Ensayos de Postgrado de Ediciones FAU UCV producto de una conferencia que dictó en 1992 Luis Enrique Jiménez Damas como parte del Curso de Ampliación de Conocimientos titulado “Región, cultura y arquitectura en la Perspectiva del fin de siglo”; El Cerrito. La obra maestra de Gio Ponti en Caracas, proyecto editorial de ULTREYA (Milano) y de la Fundación Anala y Armando Planchart (Caracas), de Hannia Gómez; Estructuras metálicas en la arquitectura venezolana 1874-1935. El carácter de la técnica de Mónica Silva Contreras producido por Ediciones FAU UCV con el patrocinio de Siderúrgica del Turbio, S.A. (Sidetur); y, el que hoy nos ocupa, Tramas cruzadas. El rol de la ciudad en el cine venezolano de Guillermo Barrios elaborado por Ediciones FAU UCV con el patrocinio del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) y la Asociación Civil Mirar en Caracas. Como se podrá ver, de las siete publicaciones cinco fueron realizadas por miembros del personal académico de la FAU UCV, dos son producto de sendas Tesis Doctorales realizadas en la institución y cuatro fueron impulsadas directamente o en coedición por su sello editorial, lo que mostraba que se vivía un período de intenso trabajo y verdadera productividad.

Otros dos libros publicados por Guillermo Barrios: Inventario del Olvido, la sala de cine y la transformación metropolitana de Caracas (1992) y Ciudades de Película (1998)

Resultado de la indagación que dio origen a la Tesis Doctoral en Arquitectura (FAU UCV, 2004) de su autor (dirigida por Arturo Almandoz, por la cual obtuvo Mención Honorífica), y de la posterior adaptación de la misma a criterios editoriales que permitieron su lectura fluida por parte del público en general, Tramas cruzadas constituye el punto culminante de las diferentes aproximaciones que Guillermo Barrios ha realizado al mundo del cine desde su condición de apasionado conocedor e investigador sobre el tema, que tuvo como productos que lo antecedieron los libros Inventario del Olvido, la sala de cine y la transformación metropolitana de Caracas (1992) y Ciudades de Película (1998), así como su trabajo de ascenso a la categoría de profesor titular “Circa 1950. El espacio cinemático en el preámbulo del proyecto moderno en Venezuela” (2003), expresadas de forma amena y proverbial en la entrevista que le hiciera Milagros Socorro en junio de 2014 (http://milagrossocorro.com/2014/06/el-cine-segun-guillermo-barrios/). También se trata de una feliz confluencia a la que se ha sumado a su formación de postgrado en Urbanismo (Magister Scientiarum en 1978), la madurez y erudición alcanzada en los tópicos que le interesan lo cual le ha hecho expresar que el libro que nos ocupa «es la unión de la trama narrativa de las películas y el entramado de la ciudad”.

Siguiendo el “Prólogo” del libro, escrito por Arturo Almandoz, descubrimos que Tramas cruzadas fue visualizado inicialmente como un “tríptico caraqueño” para convertirse finalmente en un “fresco venezolano”. Teniendo a La Escalinata de César Enríquez (1950), obra que empezó a desplazar la cinematografía local de los sainetes y cuentos a problemas asociados a la modernidad urbana y sus consecuencias, la exploración se complementaría “con ulteriores visiones caraqueñas y nacionales: la ciudad frenética de la Venezuela saudita, en películas como El cine soy yo (1975, Luis Armando Roche) y Se solicita muchacha de buena presencia y motorizado con moto propia (1977, Alfredo Anzola); seguida de la metrópoli corrompida que Chalbaud venía prefigurando en sus elencos y decorados esperpénticos, hasta la oscura apoteosis de Pandemonuim, la capital del infierno (1997)”.

Manteniendo una estructura basada en tres partes como recuerdo de su primera concepción, subdivididas a su vez cada una de las dos primeras en tres capítulos y la tercera en uno solo, Tramas cruzadas concluyó su andadura como una “gran panorámica de la ciudad y urbanización en el cine venezolano”: un ambicioso recorrido de los 100 años de cinematografía nacional que transcurren entre 1897 y 1997, cuando ya el país se encontraba a las puertas de ser tomado por quienes, sin reconocer los importantes valores y logros acumulados, se dedicaron a convertirlo en un olvido de lo que fue.

Películas venezolanas trabajadas por Guillermo Barrios en Tramas Cruzadas que le permitieron estructurar el guión del trabajo

Las 151 páginas de Tramas cruzadas, contenidas en un formato de 21,5 x 31,5 cms., papel glasé, tapa dura, diseñado por “Latonería y pintura”, impreso por el Grupo “Intenso”, bajo la producción ejecutiva de Dalia Jaén, albergan además del “Prólogo” y la “Introducción”, una primera parte titulada “Planteamiento: circa 1950” que contiene como primer capítulo “Mirada previa: espacio y ciudad en el primer cine venezolano, 1909-1948”; como segundo “Mirada de cabotaje: el país desde La balandra Isabel llegó esta tarde (1949)”; y como tercero “Trama desenhebrada: la Caracas de La escalinata (1950)”. La segunda parte nombrada como “Nudo: circa 1975” está conformada por: “Miradas en tránsito: territorio y ciudad en la instalación del nuevo cine venezolano”; «El cine soy yo (1975): metáfora de la nueva geometría del territorio”; y “Se solicita ciudad de (buena) presencia y con moto propia”. El capítulo final, “Desenlace: circa 2000” está conformado por un único capítulo: “Pandemonium (y otras miradas a) la capital del infierno (1997)”. Además cuenta con una sustanciosa Bibliografía, amplia Filmografía, y dos índices: uno onomástico y otro de filmes.

Será Almandoz quien reconozca, pese al riesgo que se corrió de construir un trabajo “entre lo panorámico y lo comparativo” y, en consecuencia, de “tener vacíos con respecto a ciertos períodos o autores”, como una de las primeras contribuciones de Tramas cruzadas “el hecho de que el imaginario cinematográfico ha sido una vertiente prácticamente inexplorada de los estudios culturales urbanos en Venezuela. Sobre todo si se considera que la mirada y el análisis de Guillermo en esta nueva obra trascienden los siempre desdibujados límites metropolitanos, especialmente de los sectores informales y periféricos, para vislumbrar también el territorio rural y provinciano…”. Y concluye que por el “hecho de que la obra articula un considerable conjunto … de filmes que son tratados como fuentes primarias, la investigación está llamada a alcanzar el valor de referencia en nuestro medio”.

Barrios, comprometido desde muy temprano con la gestión cultural pública donde fue subdirector de la Galería de Arte Nacional, Caracas (1983-1985) y Director General de Museos del Consejo Nacional de la Cultura, CONAC (1999-2001), lugar desde el que lideró el diseño conceptual de la Red Museos de Venezuela, entre las múltiples actividades museísticas en las que ha participado, destaca el haber sido parte del comité internacional de asesores para la producción de la exposición Latin America in Construction: Architecture 1955-1980, el más importante proyecto museístico hasta ahora realizado sobre el tema, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA, 2015), de la cual estuvo a cargo de la visita guiada inaugural. Actualmente dirige un proyecto cultural en la ciudad de Madrid, Cesta República, el cual ha realizado más de un centenar de eventos desde su apertura en octubre de 2016, incluyendo talleres, recitales de música y poesía, encuentros con intelectuales iberoamericanos en diversas áreas del quehacer creativo y exposiciones de arte y artesanía contemporánea.

Tramas cruzadas, como ya se dijo, cierra su periplo con el análisis crítico del film Pandemonium, la capital del infierno (1997, Román Chalbaud) donde se resalta una Caracas que profundiza sus desigualdades y las exacerba a partir del “caracazo” de febrero de 1989. Una ciudad en la que Chalbaud “pone a la desesperanza a caminar en tumulto por las calles del barrio, proyectada al espacio exterior y hacia callejones flanqueados por casas bajo estricta reja… y no sólo encarnada en gente viva, sino en fantasmas”. En sus escenas finales, para Barrios, Pandemonium “anuncia un nuevo orden, el orden del caos”.

Y cierra: “El desastre adelanta lo que los albores del siglo XXI propone a la urbe post-utópica: la paradójica posibilidad de recuperar lo urbano como dimensión perdida a partir de las expresiones del desafuero. La calle es plataforma del enfrentamiento político y la demagogia, escenario de una ‘ciudadanía del miedo’ aderezado (además de la crisis económica y la inseguridad) por los conflictos que tasajean el plano urbano y trazan nuevas coordenadas de la exclusión”. Excelente fotograma que hasta hoy no ha hecho otra cosa que prolongarse y agudizarse.

ACA

Procedencia de las imágenes

Todas. Colección Fundación Arquitectura y Ciudad

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 231

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL

Aunque el concepto de “árbol para vivir” cobra su mayor impacto en el desarrollo del grupo de viviendas proyectado en 1994 para la Cooperativa de Trabajadores de Pequiven en Lechería, estado Anzoátegui, allí José Fructuoso (Fruto) Vivas (La Grita, 1928) no hace otra cosa que volver a poner en práctica a gran escala buena parte de la teoría que había estado esbozando desde su obra más temprana. Dentro de ese marco, la casa diseñada en 1975 para el Dr. Homero Marín ubicada en la urbanización La Trinidad, Caracas, es la que, después de “El Tarantín”, proyectada para su hermana en Barquisimeto, primero recogió una serie de ideas que buscaban, por un lado, aproximar la arquitectura a la naturaleza a través del hecho constructivo-estructural y, por el otro, la convicción profesada por Vivas de que “todo acto humano es político y el de construir lo es de sobremanera” (como bien ha acotado Juan Pedro Posani), cuestiones que van más allá de una preocupación estética por lo impregnadas que se encuentran de innovación.

La casa, cuyo dibujo ilustra nuestra postal del día de hoy, reseñada por primera vez por Posani en la revista Punto nº 61 (junio 1979), luego en Guía de edificaciones contemporáneas en Venezuela. Caracas. Parte 1 de Mariano Goldberg (1980) y más recientemente en la nota elaborada por Iván González Viso dentro de Caracas del valle al mar. Guía de arquitectura y paisaje (2015), aglutina diferentes temas que quizás valga la pena repasar. El primero tiene que ver con una muy particular relación cliente-arquitecto que permitió al primero enorgullecerse de un resultado que satisfizo plenamente sus expectativas básicas y a la vez contar con una “invención” propia de la creatividad de un imaginativo profesional, y al segundo (al arquitecto) aprovechar la oportunidad para poder experimentar con la utilización racional y no necesariamente convencional de los materiales, lo que condujo a la realización de un verdadero prototipo que podría considerarse como todo un manifiesto en el uso de estructuras límite, cabalmente acompañado de calidades espaciales y ambientales verdaderamente ejemplares y, si se quiere, originales.

1. Dos dibujos de Fruto Vivas explicativos de la concepción y construcción del «arbol para vivir» proyectado como vivienda multifamiliar para Lechería, estado Anzoátegui, 1990

Justamente es ese “construir con la materia óptima necesaria, con la forma de máxima eficiencia” que va asociado al concepto de estructura límite, para dar “a la edificación el carácter mutante propio de la vida”, ofreciéndole a la ciudad la oportunidad de que «cambie como cambian los bosques, sin morirse, en un mundo dialéctico de íntima relación pero a la escala gregaria del hombre, donde sea posible el amor social en estructuras urbanas y en armonía con la naturaleza”, lo que se encuentra en el corazón del concepto bioclimático de “árbol para vivir” que Fruto Vivas incipientemente esbozara en la casa Marín y luego desplegara en el edificio multifamiliar de Lechería.

“La estructura límite -dirá Vivas en otra ocasión- está muy ligada a la idea del andamio al ser aplicada a la vivienda. Pongo el ejemplo del andamio para hacer una objetivación de una estructura liviana aplicable en la vivienda. Nosotros llamamos estructura límite a aquella estructura que está en el máximo de su optimización: donde menos material no se puede poner, pero está en su máxima rigidez. Es una estructura óptima”. 

Buckminster Fuller, Archigram, Yona Friedman y hasta Christopher Alexander resuenan para quienes se han aproximado a la búsqueda tanto a escala doméstica como urbana emprendida por Vivas. En el primer ámbito, el planteamiento para la casa Marín se basa en una estructura metálica colgante pensada para que de ella se trepe la vegetación que en principio permitiría al sistema asumido adaptarse a cualquier accidente topográfico. La vivienda, en la cual se utilizaron materiales industrializados disponibles comercialmente, está desarrollada en tres niveles (+0,90, +2,20, +3.50) y dispone de una sala, comedor, cocina-pantry, habitación de servicio ubicados en los dos primeros y, agrupados en el nivel mas alto (+3,50): la habitación principal con vestier y baño; una habitación con el baño incorporado para la hija y otra habitación, compartida, para los dos con el baño afuera.

2. Fruto Vivas. Cortes y fachadas de la Casa Marín, La Trinidad, Caracas, 1975

Formal y volumétricamente, como señalará González Viso, la casa “se plantea como dos grandes módulos en voladizo (comedor y servicios; estar y dormitorios) suspendidos por cuatro apoyos metálicos vinculados por un marco espacial desde donde se desprenden los tirantes que la soportan. Construida con marcos portantes tubulares metálicos, tabiques de resinas fenólicas y pisos de madera, la casa muestra una clara racionalidad constructiva, consecuencia del uso de un módulo geométrico asociado a la prefabricación. Al interior, la luz es protagonista, controlada por ligeras celosías y romanillas, ubicadas en cielos y muros. Con un mínimo grado de sofisticación, Vivas recurre a … formas simples de fácil ensamblaje mecánico, poniendo de manifiesto en esta obra, la tecnología más moderna para su época”.

El deseo de poder convertirse en su momento en modelo de un sistema para el desarrollo masivo de viviendas que debería tener importantes repercusiones a largo plazo, no se cumplió a cabalidad. Tampoco el haber tomado todas las previsiones en el sentido de economizar materiales y optimizar la estructura logró abaratar el costo final de la casa, lo que impulsa a Mariano Goldberg de calificarla de “costoso prototipo”. Esta contradicción es justificada por Posani cuando apunta que los prototipos arrojan por lo general costos elevados: “Emplean poco material, pero la mano de obra relativamente especializada que exigen, es escasa, impredecible y cara. Al salirse mínimamente de la rutina tradicional, aún para reducirla o simplificarla, las empresas aprovechan para elevar sus precios. Al no estar dentro del mercado ‘normal’ de materiales y de mano de obra, el tiempo de construcción -aún siendo obras pequeñas- se eleva paradójicamente hasta convertirse casi en una caricatura de esas grandes obras monumentales que arrastraban su construcción por años y años”. Y cierra: “…al esbozar el futuro, hay que sustraerse a las condiciones normales de trabajo… Al  proponer procesos constructivos ‘anormales’ (menos peso, menos material, menos mano de obra, menos tiempo) el costo sube vertiginosamente”, cosa que si bien ocurre con los prototipos se amortiza cuando los mismos derivan hacia la construcción masiva.

3. Imágenes recientes de la Casa Marín, La Trinidad, Caracas

La relación entre Homero Marín y Fruto Vivas a raíz de la satisfactoria realización de la vivienda familiar del primero, le permite a Posani afirmar que Vivas “sabía lo que el cliente necesitaba y de allí su identificación con lo que se le construyó alrededor, con la alegre y aparente irresponsabilidad de quien domina tanto su oficio que ya se permite la soltura y la audacia del virtuosismo”. Esta actitud fresca, entusiasta y siempre jovial, permite delinear el perfil de este talentoso maestro de la arquitectura venezolana “cuyo mayor éxito, en el fondo, -según Posani- ha sido el promover ideas, el de agitar ideales y de afirmar con júbilo su fe en el Hombre, en los hombres, en cada hombre con quien se ha topado”.

ACA

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  1. https://www.plataformaarquitectura.cl/cl/758152/clasicos-de-arquitectura-arbol-para-vivir-fruto-vivas/54778dbde58ece4c59000006?next_project=no

2. Revista Punto nº 61 (junio 1979)

3. http://guiaccs.com/obras/casa-marin/