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ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 350

San Luis es una urbanización inmersa en un valle verde entre colinas ubicada en el sureste de Caracas, Parroquia El Cafetal (una de las tres parroquias constitutivas del Municipio Baruta del Estado Miranda, Venezuela), que contiene una macro-urbanización del mismo nombre.
El desarrollo urbanístico de El Cafetal (todo un modelo de expansión urbana) se inicia a partir de 1964, en lo que fuera una hacienda cafetalera, cuyo territorio era frecuentemente inundado por quebradas afluentes al río Guaire.
Así, la avenida Principal de El Cafetal, eje de todo el desarrollo, se construye sobre la quebrada homónima, una vez realizada la compra de las tierras por parte de Eugenio Mendoza y Armando Planchart, en sociedad con Venezolana de Inversiones C.A. (VICA) empresa que tuvo a su cargo la realización de la Urbanización Las Mercedes. Tras la quiebra de VICA, Mendoza y Planchart deciden vender los terrenos abriéndose la posibilidad a la participación de diferentes urbanizadores entre los que se encontraban Venezolana de Bienes S.A. y también el Banco Obrero.
Esta avenida central denominada Raúl Leoni, en honor al expresidente que gobernó Venezuela entre 1964 y 1969, y que tradicionalmente conocemos como Boulevard El Cafetal, alimenta distintas urbanizaciones construidas entre los años 60 y 70 cuyo modelo de organización y planificación residencial se extendió desde Chuao, colindante con el rio Guaire, hasta el gran terreno que hoy ocupa el centro comercial Plaza Las Américas.
El éxito de El Cafetal se debió, por un lado, a su planificación urbana y, por el otro, a la posibilidad que se le abrió a la clase media de obtener financiamiento bancario para comprar vivienda. Por otra parte, cada una de las urbanizaciones que lo componen como parroquia, fue desarrollada independientemente a partir del estudio de la geografía de los valles que fueron ocupando para, a partir de allí, proceder a trazar la vialidad y realizar el parcelamiento siguiendo un modelo de desarrollo urbano sustentado en dotarlas de todos los servicios necesarios.

En aquella Caracas, en la que aumentaba de forma vertiginosa la cantidad de automóviles, los centros comerciales (muchos de ellos anodinos, conocidos como “strip center”), se convirtieron en una parte integral de la ciudad, fomentando la economía de escala. Obedecían a una tipología de locales dispuestos en fila con una acera al frente y áreas abiertas de estacionamiento, muy extendida en América del Norte a partir de 1930 y luego repetida en todo el mundo.
En el caso de El Cafetal, donde la movilidad urbana se sustentaba primordialmente en el transporte privado, asumir esta tendencia era una alternativa de desarrollo que acercaba al residente al comercio vecinal sin tener que salir de la urbanización la cual, sumada a la idea de simplemente conducir y estacionar al justo al frente del lugar donde se va a hacer la compra, se convirtió en modelo válido de acceder a bienes y servicios.
Bautizadas con nombres de santos católicos, las nuevas urbanizaciones del sureste se desarrollaron con características singulares. A su vez, en cada una de ellas se previó colocar los equipamientos necesarios para garantizar una mejor calidad de vida sin salir del vecindario: centros comerciales, colegios, iglesias, parques y áreas deportivas, hospitales y, en algunos casos, áreas de oficinas. Todo ello con base en una planificación que sectorizaba los equipamientos y ubicaba los edificios residenciales de densidad media en las partes bajas, y viviendas unifamiliares en las partes altas.
De esta forma surgieron Santa Marta, con un Centro Comercial y edificios en su parte baja, y un eje central arbolado que conduce a diversas calles donde predominan las casas; Santa Sofía cuya concepción se basa en un eje con edificios bajos que conduce a un parque céntrico, centro comercial, clínica, colegio, sectorizada en áreas Norte, Sur y Centro; San Luis, cuyos elementos urbanos más notables son su redoma, y sus áreas verdes; Santa Paula, caracterizada por la toponimia de sus calles con nombres de planetas y signos zodiacales; Santa Ana, concebida como un conjunto de casas ordenadas a partir de la Avenida Santa Ana que conecta con el Boulevard El Cafetal, cuyas calles poseen nombres de las ciudades de Venezuela, y, finalmente, Santa Clara, con un esquema similar.

Dentro de este universo de urbanizaciones rodeadas de una generosa geografía de montañas verdes, San Luis, es quizás una de las que cuenta con mayor cantidad de áreas verdes y tesoros urbanos. El conjunto, cuyo centro comercial recientemente ha cobrado auge gracias a una buena oferta gastronómica es, por su escala, seguridad y accesibilidad un oasis verde al interior de un pequeño valle montañoso, rodeado de frondosa vegetación, con un clima insuperable.
Su estructura se compone de dos zonas claramente diferenciadas: la zona baja de la avenida principal flanqueada de edificios multifamiliares de entre 8 y 10 pisos; y la zona de casas, en las partes más altas.
La imagen que acompaña nuestra postal del día de hoy reproduce el panfleto de venta de San Luis, cuyo desarrollo estuvo a cargo de la empresa Venezolana de Bienes S.A., bajo la dirección de Juan Gabaldón, como Gerente General, y cuyo diseño correspondió a José Antonio Ron Pedrique (1927-2001), miembro de la Sociedad Venezolana de Arquitectos (SVA).


Cabe destacar que Ron Pedrique fue un prolífico arquitecto y urbanista venezolano, egresado de la primera promoción de la Escuela de Arquitectura de la UCV (1948), que junto a Jorge Romero Gutiérrez colaboró en el diseño de las urbanizaciones Prados del Este, Terrazas del Club Hípico y muy activamente en la Ciudad Balneario Higuerote. También desarrolló en 1961 el Proyecto de Centro Cívico para la Avenida Bolívar de Caracas, con formas puras, absolutamente modernas, y vanguardistas. Un plan que, como muchos otros sobre la emblemática avenida de la capital, nunca se llegó a concretar. Asimismo, Ron Pedrique fue el autor de los edificios bajos que se colocaron delante del Centro Simón Bolívar sobre el eje de la avenida Bolívar denominados Camejo y Cruz Verde (1966), transformados luego por Carlos Gómez de Llarena en el inconcluso Palacio de Justicia.
De vuelta a la postal, en la publicidad del parcelamiento se puede leer la oferta de lotes para quintas desde 400 m2, y para edificios de 2.000 m2. Dentro de sus amenidades, la urbanización contaría con una parcela para un centro comercial, un kindergarten, una clínica (afortunadamente no construida), y un club social de 26.000 m2. A su vez, ofrecía extensas áreas peatonales y recreacionales con más de 1.000.000 de m2. El aviso promocional también hace referencia a los permisos aprobados para el urbanismo por parte de la Dirección de Malariología y Saneamiento Ambiental, la Dirección de los Recursos Naturales Renovables, la Dirección General de Ingeniería y Obras Publicas del Distrito Sucre, sumados a los documentos del parcelamiento previamente protocolizados.


Su área recreacional más importante es el Parque La Fila, un bosque nativo protegido por la Ley de bosques y gestión forestal, limitado a actividades conservacionistas, educativas, científicas, recreativas y ecoturísticas que, junto a otras áreas, completa, como ya se adelantó, alrededor de 1.000.000 de m2. La zona ocupa una colina que forma parte de la orografía de la zona y se desarrolla paralela a la avenida principal. El parque, cuyo nombre proviene del hecho de que se puede recorrer la colina por toda su cumbre, presenta características de bosque deciduo, o bosque seco, con vegetación xerófila y árboles caducifolios, con una importante presencia de aves como guacharacas, azulejos, guacamayas, zamuros, gavilanes y hasta búhos, así como perezas, rabipelados y serpientes. Por esta razón el parque se denominó “Refugio Ecológico Parque La Fila”, o “Refugio de Aves Billy y Kathy Phelps” (como constaba en una placa al final del parque que fue removida), en honor a la conservacionista y ornitóloga de origen australiano, que dedicó su vida en Venezuela a estudiar las aves del país, recolectando más de 80.000 ejemplares que hoy formar parte la Colección Phelps, la colección privada más grande de América Latina.
Originalmente el parque La Fila tenía un hermoso y adecuado paisajismo. La actual caminería al borde del cerro que conecta la parte central con la parte alta de la urbanización miraba sobre un área donde predominaba el césped, y sus bancas estaban sombreadas por frondosas trinitarias que, enredadas en pérgolas de metal y madera, por falta de cuidado fueron desapareciendo. Los bancos colocados espaciadamente marcando pausas en un camino aún subsisten en mal estado, y carecen de mantenimiento, y la vegetación se ha desvirtuado con la siembra sin criterio alguno de especies de plantas, arbustos y arboles no aptas para este tipo de espacios por parte de los vecinos y campañas de siembra mal implementadas. Por otro lado, este circuito de senderos y pequeñas plazas con bancos que se extiende sobre la fila del cerro permitiendo vistas al valle de San Luis y de Caracas, hoy está en muy mal estado debido al tránsito constante y sin control de bicicletas montañeras que han removido la capa vegetal.
Estos senderos forman parte, junto a muchos otros, de los tesoros ocultos de San Luis, pues la urbanización se encuentra inmersa en un intricando sistema de caminos y áreas verdes, con escaleras, rutas pavimentadas y plazas en distintos puntos, que permanecen cubiertas por la densa vegetación, que permiten llegar a cotas altas y urbanizaciones vecinas. Es un complejo sistema de sendas único en el sureste, también apreciable en Santa Paula o Santa Sofía (ambas diseñadas por Ron Pedrique), que permite hacer trekking entre urbanizaciones. En el fondo, podemos afirmar que las urbanizaciones están inmersas en una red peatonal, de distinta escala, forma y tipo, que pocos conocen y que han permanecido en el olvido. Un sistema de áreas verdes que aún esperan por ser recuperados, cuidados y mantenidos bajo una adecuada política que administre los parques vecinales para el disfrute de sus habitantes.
La actividad deportiva también tiene cabida en San Luis, donde se ubica el Polideportivo Jesús “Chucho” Ramos (1918-1977), sede de la liga con el mismo nombre, perteneciente a los Criollitos de Venezuela, en homenaje al célebre pelotero venezolano que se desempeñó como outfielder y primera base con los Rojos de Cincinnati, siendo uno de los primeros jugadores venezolanos en la historia en llegar a las grandes ligas norteamericanas.

Sin embargo, lo más representativo de San Luis es la valiosa escultura ecuestre donde se aprecia a un caballero vestido de armadura blandiendo una lanza ubicada en la redoma de acceso a la urbanización: el Monumento a Luis IX, “San Luis Rey de Francia” (1968).
Su autor es el escultor italiano Aldo D’Adamo (Ortona, 1928 – Ortona, 1990). D’Adamo, caracterizado por crear obras monumentales en bronce, se acerca al arte a mediados de la década de 1940, asistiendo a la escuela de Giuseppe Massari. Luego va a Turín y luego a Roma, donde abre un estudio en Plaza Barberini. En Roma asistió a los estudios de Emilio Greco, Pericle Fazzini y Renato Brozzi y expuso en varias «muestras colectivas», junto con Vespignoni, Guttuso, Mazzacurati, Monachesi y De Chirico. Sus obras en via Margutta, Piazza di Spagna y Vigna Clara despertaron inmediatamente un gran interés entre los conocedores y los críticos más atentos. Después de su rica experiencia en Roma, D’Adamo viene a Venezuela, donde, en Caracas, se le abrieron las puertas del Museo de Bellas Artes, bajo el patrocinio del Ministerio de Educación. En la capital venezolana es posible apreciar muchas de sus obras inmersas en espacios públicos: “El amor verde” (1967), ubicada en la redoma de la parte alta de San Luis que representa dos almas que se fusionan; “Don Bosco” (1969) en la Plaza San Juan Bosco de Altamira, y “La familia” en Santa Paula (1970), entre otras. El Monumento a “San Luis Rey de Francia” recientemente restaurado en 2022, fue declarado por el Instituto del Patrimonio Cultural como Bien de Interés Cultural de la Nación, en julio de 2005. El solo hecho de haber incorporado una escultura de esta envergadura al ornato de la urbanización, habla de una conciencia de los promotores y arquitectos en el desarrollo de la ciudad que va más allá de una simple operación inmobiliaria.

San Luis también posee otras dos importantes piezas de arte moderno cuyo autor es el pintor, escultor y muralista venezolano, nacido en Upata, Carlos González Bogen (1920-1992). Sobre la fachada sur del Centro Comercial podemos admirar un mural en relieve integrado a la arquitectura elaborado en mosaico blanco y piezas de concreto, que aborda la abstracción geométrica, mientras que una estructura tridimensional de planos plegados en hierro, desarrollada en la etapa de la abstracción constructivista, se puede apreciar como un elemento plástico útil para ocultar las maquinas del sistema de aire acondicionado del edificio. Ambas obras, a pesar de su importancia, están desatendidas y suelen pasar desapercibidas, incluso dentro de la propia comunidad de vecinos que allí hacen sus compras.
La importancia de estas obras radica en cierta medida, en que son representativas de dos vertientes de trabajo del mismo artista: el mural en relieve, y el trabajo escultórico abstracto de elementos arquitectónicos en hierro como rejas, puertas, portones y muros. Estas dos vertientes hicieron que Bogen se convirtiera entre los años 70 y 80 en el artista y colaborador predilecto de muchos arquitectos para darle una nueva dimensión estética a las áreas de servicio, las instalaciones mecánicas, accesos y halls de entrada de edificios públicos y privados. Una forma de intervención artística, que, por demás, todavía está muy presente en la arquitectura contemporánea de Caracas.

Los mejores ejemplos de la obra de González Bogen son las Puertas del Banco Central de Venezuela, del Centro Profesional del Este, y del edificio de Seguros Orinoco, en Caracas. Por otro lado los murales de González Bogen forman parte de la modernidad caraqueña, y pueden ser apreciadas en el Congreso de la República; Edificio Industrial Laboratorios Ponce y Benzo en Santa Eduvigis; antiguo Banco Ítalo-Venezolano; antiguo Banco de los Trabajadores de Venezuela; Centro Profesional del Este; Ciudad Vacacional Los Caracas; Edificio Angloven; Edificio Centinela; Laguna Beach Club; Teatro del Este; Palacio de Justicia; y Edificio El Universal, entre otros.

Con todos los atributos que hemos señalado, San Luis es una urbanización con un entorno natural privilegiado, que está a la espera de acciones de cariño, cuido, sentido común y valoración por parte de sus propios habitantes, usuarios, comerciantes y autoridades locales. Un recinto que como otros que forman parte de El Cafetal, está urgido de planes de mejoras y renovación bajo la mirada atenta de arquitectos y expertos, así como de campañas que fomenten su identidad y sentido de pertenencia.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal. Colección Iván González Viso
2. Google Earth
3. https://oscartenreiro.com/2013/12/28/una-pequena-historia-necesaria-ii/
4. Revista Integral, nº2, 1956 y Colección Crono Arquitectura Venezuela
5. Colección Iván González Viso y https://www.lavidadenos.com/volver-a-surtsey-a-ser-parte-de-su-fauna/
6. https://noivastesi.blogspot.com/2019/09/la-bagnante-1979-2019-lintensa-attivita.html y Colección Iván González Viso
7. https://patrimoniocuc.wordpress.com/tag/carlos-gonzalez-bogen/ y Colección Iván González Viso
8. http://vereda.ula.ve/wiki_artevenezolano/index.php/Gonz%C3%A1lez_Bogen,_Carlos y https://centroculturalconsolidado.org/arquitectura-y-arte/
9. https://www.lavidadenos.com/volver-a-surtsey-a-ser-parte-de-su-fauna/
CONTACTO FAC 315
CONTACTO FAC 314
CONTACTO FAC 309
ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL Nº 343

Cuando el arquitecto nacido en Vitoria, Álava, Manuel Mujica Millán (1897-1963) hace pública en 1928 su “Propuesta de urbanización de la Plaza Bolívar de Caracas y proyecto de reforma de la Catedral de Caracas”, de la cual el dibujo que ilustra nuestra postal del día de hoy forma parte, tenía 31 años y escasamente uno de haber llegado a Venezuela (octubre de 1927), contratado por el empresario Eloy Pérez para hacerse cargo del refuerzo de la estructura y cimentación del Hotel Majestic, que presentaba serios problemas.
Del proyecto planteado para “urbanizar” el corazón de la capital venezolana, que imaginamos se presentó acompañado de una interesante información gráfica y de una memoria que seguramente lo sustentaba, sólo conocemos este impactante dibujo. Sin tener certeza de si nuestra suposición es cierta, intentaremos, sin embargo, contextualizar y comentar la iniciativa de Mujica de la mejor forma posible.
Quizás para empezar valga la pena apuntar, siguiendo el excelente texto titulado “Manuel Mujica Millán y el urbanismo novecentista en Cataluña, 1917-1927” de Vicente Casals Costa, publicado en Biblio 3W, Revista bibliográfica de geografía y ciencias sociales de la Universidad de Barcelona en mayo de 2011 (visitable en https://www.ub.edu/geocrit/b3w-925.htm), que Mujica, aunque nace en el País Vasco, se traslada desde muy joven (en 1906) con su familia a Barcelona, donde crecerá y desarrollará todos sus estudios, por lo que su arraigo con Cataluña tuvo un peso si se quiere aún mayor que con su lugar de nacimiento. “En 1913, a los 17 años, comenzó las pruebas para ser admitido en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona, lo que le tuvo ocupado durante los cursos 1913-14, 1914-15 y 1915-16. El 10 de octubre de 1916 obtuvo la certificación académica expedida por la Facultad de Ciencias de la Universidad de Barcelona (de la que entonces dependía la Escuela de Arquitectura), que le permitía comenzar la carrera de arquitectura en la referida Facultad”, acotará Casals Costa. Mujica, finalmente, se tituló el 27 de enero de 1925.

Las dificultades económicas que atravesó su familia impulsaron a Mujica a trabajar desde muy joven como ayudante en oficinas de reconocidos arquitectos catalanes. La indagación hecha por Casals Costa lo lleva a afirmar que colaboró con Eusebio Bona desde 1922, con Francisco de Paula Nebot en 1923, con Cayetano Cabañes Marfá, en 1924 y quizás con Fernando Tarragó. “Bona, Nebot y Tarragó eran, además, profesores de la Escuela de Arquitectura, donde impartían, entre otras, las asignaturas de Historia de la arquitectura, Teoría del arte, Composición de edificios (Bona); Detalles, Modelado en barro (Nebot); Proyectos de detalles, Proyectos de conjuntos 1 (Tarragó), en las que Mujica cosechó sus mejores resultados, buena parte, además, en la modalidad ‘libre’. Es fácil adivinar que su facilidad para el dibujo y su habilidad compositiva fue lo que hizo que estos arquitectos buscaran la colaboración de su alumno”.
Además de los efectos que su temprana incorporación al mercado de trabajo trajo en el desarrollo de sus estudios, también Casals Costa deja constancia de los problemas que tuvo Mujica con “las asignaturas de tipo físico-matemático y su mayor facilidad con las de tipo compositivo y de diseño”, siendo su bajo rendimiento en las primeras otro motivo que influyó en su tardanza en licenciarse. Curioso dato este que contrasta con la razón eminentemente técnica que trajo a Mujica a Venezuela y que apoya aún más el valor de la práctica que logró acumular en el campo profesional en Barcelona: tres años como estudiante y dos ya graduado.
Esa valiosa experiencia profesional acumulada por Mujica en Barcelona, además de sus innegables dotes para el dibujo, el diseño y la composición arquitectónica, se convertirán en un importante bagaje que traerá consigo cuando comience a ejercer en Venezuela, aportando referencias para la aproximación a la iniciativa que lo impulsó a hacer su propuesta para la plaza Bolívar y la Catedral de Caracas.

Brevemente, creemos que vale la pena refrescar la importancia que tuvo la aportación de Mujica en el proyecto de la capilla del Palacio Real de Pedralbes trabajando para Eusebio Bona, cuando este fuera contratado por el conde Güell para proyectar todo el edificio en 1922. Luego, “en 1923 trabajó para Francisco de Paula Nebot en el diseño y construcción del cine Coliseum de Barcelona, una de las obras destacadas de la época… En 1924 lo encontramos como ayudante de Cayetano Cabañes Marfá en relación a algún proyecto de la ciudad de Mataró, ciudad de la que fue arquitecto municipal por aquella época (lo era en 1927) Fernando Tarragó Nogué, también profesor de Mujica”. Sólo añadir que Bona y Nebot fueron dos de los más destacados representantes de novecentismo monumentalista en arquitectura, corriente que tuvo particular influencia en la formación de Mujica. También que su colaboración con Nebot en la realización del Coliseum seguramente tuvo mucho que ver, por las características y demandas estructurales del edificio, en la aceptación de su posterior trabajo para el hotel Majestic caraqueño.
Ya como arquitecto, se registra la participación de Mujica en 1925 (a poco de haberse graduado), en el proyecto completo (memoria y colección de planos) de la ciudad-jardín La Florida en Santa Perpètua de Mogoda, promovida por Escolapio Cáncer Duaso, donde también elaboró los planos de dos casas para la urbanización. Más adelante, en 1927, participa en el frustrado proyecto de urbanización y reforma del barrio de Atarazanas, en Barcelona, el cual “constituía la prosecución de una propuesta de Ildefonso Cerdá”, y donde intervendrán también el arquitecto Luis Girona y el comandante de ingenieros Mario Giménez. Así, “… lo que Giménez, Mujica y Girona llamaban barrio de Atarazanas quedaba comprendida por el espacio delimitado por el paseo Colón, la avenida del Marqués del Duero (actualmente avenida del Paral·lel), Santa Madrona y la Rambla de Santa Mónica”.


Del plan para Atarazanas, interesante propuesta que no detallaremos aquí, y que tenía como perspectiva ser un aporte a la ciudad con motivo de la realización de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, señala Casals Costa lo siguiente: “La influencia del proyecto de Atarazanas está presente, por las informaciones que hemos podido obtener, en otra propuesta, no realizada, de Manuel Mujica, para la remodelación de la plaza Bolívar, de Caracas (1927). También parece que algunos de los esquemas compositivos utilizados en el barrio barcelonés lo fueron más adelante en su tardío proyecto de urbanización El Rosario, en Mérida (1961), lo que mostraría la larga pervivencia de la memoria de su experiencia barcelonesa”.
Mujica participaría a finales de 1926 en el concurso de anteproyectos para la construcción del Palacio del Sol dentro de la exposición de 1929 y, en 1927, en el Proyecto de urbanización de la Rambla y plaza de Santa Ana, Mataró, lo que corrobora el interés y experiencia que había desarrollado en temas de renovación urbana.
“Además del ya referido chalet en Sitges, Mujica intervino en algunos otros proyectos, de los cuales tenemos constancia de tres. El primero de ellos es su participación en el concurso para el edificio de la Compañía Telefónica, en Madrid, en el que obtuvo el segundo premio según la referencia que consta en unas cuartillas escritas a mano conservadas en el archivo de la Cátedra Gaudí, aunque no documentación gráfica localizada. El segundo lo constituye su proyecto para un hotelito en la villa cántabra de Laredo, y el tercero lo constituye el proyecto de casa para Marcos Alonso, en la población de Tiana, en la comarca litoral del Maresme, a medio camino entre Barcelona y Mataró”.

El amplio panorama que hemos presentado, sirve de antecedente a la intensa actividad que Mujica comenzará a realizar en Venezuela gracias a la puerta que le abrió el trabajo en el hotel Majestic. Sólo bastaría señalar para corroborarlo que, en 1928, además de la propuesta para la plaza Bolívar y la Catedral, el arquitecto realizó: una residencia “estilo vasco” en Los Chorros, Caracas, para el Sr. Rotundo Mendoza; el proyecto para el concurso de la Sede del Caracas Country Club, Caracas; dentro del trabajo de reforzamiento de las bases del hotel Majestic, aprovecha el sótano para una tasca, entrada, pasillo, comedor, salón y salida a la terraza los cuales proyecta; la reforma completa de la casa de la Sra. Carolina de Herrera Uslar (proyecto, planos y dirección) y el Oratorio para la Sra. Matilde de Salas.
De más está decir que Mujica llega a Venezuela un año antes de que lo hiciera Carlos Raúl Villanueva, encontrando un país provinciano, gobernado por un dictador que se había instalado en Maracay desentendido de la capital y en el que todo estaba por hacerse, con la particularidad de que ya empezaba a notarse paulatinamente el influjo de la aparición del petróleo. Quizás esta circunstancia lo impulsa a proponer una reforma “modernizadora” de la envergadura que plasmó en el dibujo que hoy presentamos.
El ambicioso proyecto el cual, insistimos, seguramente Mujica documentó ampliamente, ofrece dos aspectos a tomar en cuenta: por un lado, se plantea la “urbanización de la Plaza Bolívar de Caracas” y, por el otro, “la reforma de la Catedral de Caracas”.

De lo que se puede cotejar en la representación, con respecto a la urbanización de la Plaza Bolívar, llama la atención la incorporación de una estación y su andén para un ferrocarril subterráneo por debajo del tramo que va entre la esquina de Principal y La Torre, sobre el cual se mantiene el tránsito vehicular y el paso de la línea de tranvías que para ese momento existía en la capital. Esta operación modifica sustancialmente el frente norte de la plaza (donde se amplía la calzada) y los niveles del espacio público, al tratar de obtener un acceso directo a la estación desde el recinto. Así, la plaza contaría con un nuevo frente de dos niveles ubicado prácticamente en su interior, que albergaría en el nivel superior una glorieta neoclásica en forma de balcón que sustituiría a la actual y permitiría no sólo colocar a la orquesta en ocasiones especiales, sino contemplar la totalidad del espacio público. Por su parte, en el nivel inferior de este nuevo cuerpo se ubicaría una galería como transición entre plaza y estación.
Otro aspecto que se pone en evidencia a través del dibujo es la manera agresiva como la nueva construcción se aproxima a la estatua de Bolívar (ahora colocada sobre un alto pedestal), en lo que parece ser una nueva localización más al norte. Ello habla de una alteración importante del trazado geométrico original de la plaza y de un desplazamiento de su principal foco de atención, aspectos para nada menores si de hablar de la memoria urbana de la ciudad hablamos.

En cuanto a lo que pudo haber sido el proyecto para “la reforma de la Catedral de Caracas”, el dibujo que hoy analizamos muestra al fondo del lado derecho de la imagen, detrás del alto pedestal con la escultura de Bolívar, de manera algo difuminada pero legible, la única pista de lo que pareciera ser su posible materialización. Ella consistiría, como mínimo, en modificar la fachada original del principal templo de la capital, cambiándola por otra de rasgos claramente neobarrocos, mostrándonos Mujica de esta manera un adelanto de lo que posteriormente será la remodelación del Panteón Nacional (1930) y la Capilla de Nuestra Señora del Carmen en Campo Alegre (que proyecta en 1932 y se construye entre 1935 y 1936).
La Catedral, valga decirlo, ya mostraba para aquel entonces signos de un visible deterioro a causa del mal estado en que se encontraba su cubierta, el cual tal vez Mujica quiso atender, y que finalmente originaron la polémica remodelación realizada por Gustavo Wallis Legórburu en 1932. Wallis, al igual que Mujica cuando busca intervenir el espacio urbano, actuará en la Catedral “desde una perspectiva ahistórica, moderna y eficientista; elimina los techos y las cubiertas de pares y nudillos, reemplazándolos por placas de concreto armado con el objeto de instalar bóvedas de yeso”, tal y como expresarán Carmen Araujo y William Niño Araque en el texto central del catálogo de la exposición “Wallis, Domínguez y Guinand. Arquitectos pioneros de una época” (1998).
Como información complementaria, de la página Crono Arquitectura Venezuela (https://www.facebook.com/cronoarquitectura/) hemos sabido que, en 1942, Mujica “con los proyectos ya elaborados, plantea a los gobiernos Ejecutivos, Municipales y Nacionales, la remodelación de la Plaza Bolívar de Caracas y la construcción de un tren subterráneo como forma de contribuir a resolver el problema del transporte colectivo de la capital. La necesidad de resolver esta problemática fue para el arquitecto Mujica Millán un tema recurrente a lo largo de su vida”. En este sentido existe plena coincidencia con las inquietudes de otro arquitecto español, en este caso exiliado, que llegará a Venezuela en 1938: Rafael Bergamín.


La impronta de Mujica, tanto en Caracas como en Mérida (donde falleció), fue objeto entre julio y septiembre de 1991 de una primera, y hasta el momento única, exposición antológica titulada “Manuel Mujica Millán. Arquitecto”, organizada en la Galería de Arte Nacional por la Fundación Museo de Arquitectura y la Fundación Galería de Arte Nacional, con la colaboración de las Facultades de Arquitectura de la Universidad de Los Andes y la Universidad Central de Venezuela. La curaduría fue realizada por los arquitectos Bernardo Moncada, William Niño y Martín Padrón, quien además tuvo a su cargo la edición del catálogo de la muestra. El esfuerzo logrado por los curadores, que los llevó a recopilar una cantidad importante de bosquejos y perspectivas dispersos realizados por el notable arquitecto (entre los que se encontraba el que hoy nos ha ocupado), puso de relieve el rol que a lo largo de toda su trayectoria jugó el dibujo como instrumento creativo indispensable y como aproximación a la comprensión del espacio.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal, 6 y 7. Colección Crono Arquitectura Venezuela.
1, 2, 3 y 4. Vicente Casals Costa, “Manuel Mujica Millán y el urbanismo novecentista en Cataluña, 1917-1927”, Biblio 3W, mayo de 2011 (visitable en https://www.ub.edu/geocrit/b3w-925.htm)
5. Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani, Caracas a través de su arquitectura, 1969.
8. Catálogo de la exposición Manuel Mujica Millán. Arquitecto. Galería de Arte Nacional, 1991. (Colección Fundación Arquitectura y Ciudad)


