El término diseño ecológico fue acuñado en un libro de 1996 por Sim van der Ryn y Stewart Cowan, en el que los autores abogaron por una integración perfecta de actividades humanas con procesos naturales para minimizar el impacto ambiental destructivo. Sin embargo, el diseño ecológico se remonta a la definición de Ernst Haeckel del campo de la ecología y el manual de Henry David Thoreau para la autosuficiencia. Desde la Segunda Guerra Mundial, al contrario de la posición del diseño ecológico como un llamado para encajar armoniosamente dentro del mundo natural, ha habido un creciente interés en una forma de naturalismo sintético, donde las leyes de la naturaleza y el metabolismo se desplazan del dominio del desierto al dominio de ciudades, edificios y objetos. Con la creciente conciencia de las perturbaciones en el depósito planetario, el campo del diseño ecológico ha significado no solo la integración del objeto o espacio diseñado en el mundo natural, sino también la reproducción del mundo natural en los principios y herramientas de diseño a través de la mediación tecnológica. A diferencia de la argumentación de Van der Ryn y Cowan, que se centró en una profunda apreciación por el equilibrio de la naturaleza, el diseño ecológico podría comenzar con la replicación sintética de los sistemas naturales.
Ha habido muchos relatos sobre la historia de la ecología y otros sobre la migración del pensamiento ecológico al diseño y la práctica de la arquitectura. Sin embargo, el trabajo de una historia enfocada y ampliada de diseño ecológico es muy necesario. Este libro presentará definiciones y conceptos conflictivos de arquitectos y diseñadores y las historias paralelas de sus posiciones intelectuales hacia el pensamiento ambiental desde el siglo XIX hasta la actualidad. Mostrará que el diseño ecológico comienza con la reconceptualización del mundo como un sistema complejo de flujos en lugar de una compilación discreta de objetos, que el artista visual y el teórico György Kepes ha descrito como una de las reorientaciones fundamentales del siglo XX. Para examinar la formación de este campo, la historia del diseño ecológico no se examinará exclusivamente cronológicamente, sino también en las cosmovisiones conectadas, cada una de ellas en evolución de las percepciones de la naturaleza, su relación con la cultura y la ocupación del mundo natural por el mundo natural y no por sujetos humanos.
Al arribar en nuestro número 165 a la postal nº 200 el 8 de marzo de 2020, hacíamos un recuento del camino que hasta entonces habíamos recorrido sin imaginar que hoy hubiésemos podido llegar tan lejos.
Allí recordábamos que, si bien la postal es uno de los elementos que hoy componen el Contacto FAC, fue el vehículo con el que primero la Fundación Arquitectura y Ciudad se fue aproximando a quienes se constituyeron en sus primeros destinatarios por la vía del correo electrónico. Luego vendría la posibilidad de hacer envíos masivos a través de mailchimp y más tarde la de poder consultar todo el contenido publicado, en el blog https://fundaayc.com/.
De elemento fundamentalmente gráfico (contentivo de una foto o dibujo) acompañado de una somera descripción, del logo de la FAC y del número correspondiente elaborados con base en la familia tipográfica Gill Sans, con la que decidimos identificarnos junto al color azul proveniente del tono predominante en el edificio de la FAU UCV, la postal a partir del nº36, coincidiendo con el nº 1 del boletín (30 de octubre de 2016), empezó a ser comentada en un texto aparte y, con ello, a ser ampliado lo que ella sugería o tras ella se encontraba.
También, los temas abordados a través de las imágenes publicadas durante primeros 35 números (edificios ganadores del premio nacional de arquitectura, dibujos de reconocidos profesionales, portadas de los números 1 de publicaciones periódicas, planes urbanos, proyectos ganadores de concursos nacionales, carátulas de textos fundamentales, eventos que marcaron época e incluso una serie de implementos que antaño acompañaban la actividad del arquitecto), fueron paulatinamente ampliados hasta conformarse una pauta que incluyó, entre otros, la cronología de los planos de Caracas contando su evolución urbana; anuncios publicitarios aparecidos en publicaciones nacionales de diferentes empresas vinculadas a la arquitectura dedicados a aspectos ligados a la construcción; casas icónicas; eventos y exposiciones que ha merecido la pena recordar; avenidas y espacios públicos de la capital, la presencia de Venezuela en exposiciones universales y diferentes ferias internacionales mediante pabellones diseñados para ello o edificios notables.
Formateada indistintamente en horizontal o en vertical tratando de mantener siempre el mismo tamaño, la postal no ha buscado otra cosa que darle protagonismo a la imagen que contiene cambiando ligeramente la disposición de los elementos que la acompañan e incluso el fondo. Pese a los intentos que ha habido (y seguirá habiendo) de «mejorar» su diseño, hasta ahora ninguno nos ha permitido superar la flexibilidad que nos ha dado el combinar los cuatro componentes que hasta ahora hemos adoptado por lo que, hasta nuevo aviso, seguiremos así a riesgo de parecer conservadores y alejados al espíritu de los tiempos que transcurren.
En definitiva, son ocho años y, con el de hoy, 400 envíos semanales de nuestra postal… y contando. Poco más de cuatrocientas semanas de contacto ininterrumpido con ustedes, siempre en domingo. El haber alcanzado con la necesaria perseverancia (salud de por medio) este importante número no hace otra cosa que estimularnos y comprometernos aún más con la labor que hemos venido desarrollando desde aquí.
Gustavo Legórburu Rodríguez (1930-2013), arquitecto venezolano de una sólida y dilatada trayectoria caracterizada por la honestidad, la sencillez, la sobriedad, la austeridad y el sabio manejo de las variables espaciales, climáticas y constructivas del lugar, tuvo pocas oportunidades de proyectar edificios de oficinas para el sector privado.
Recientemente reconocida con la publicación del libro Gustavo Legórburu y la conciencia del lugar de José Humberto Gómez y Víctor Sánchez Taffur (2023), primero de una colección dedicada a los Premios Nacionales de Arquitectura, su obra se desplegó fundamentalmente hacia la arquitectura residencial y la institucional, y se alejó de la llamada arquitectura comercial. Sin embargo, la indagación llevada a cabo para la cristalización del valioso texto deja en el ensayo titulado “Sobre la obra de Legórburu”, con el que se inicia el segundo bloque, suficientes elementos de análisis y reflexión como para considerar que, en su conjunto, la obra del maestro presenta rasgos que permiten desmontarla a partir de una mirada que parte de lo global hasta lo local pasando por lo regional, dejando en claro la persistencia de una serie de ideas que a modo de mantra cruzan transversalmente la producción “legorburiana”. Con ello en mente será más fácil comprender primero y describir después la Torre del Banco del Orinoco, edificio cuya potente imagen hoy engalana dignamente nuestra postal nº 400.
1. Cubierta del libro Gustavo Legórburu y la conciencia del lugar (2023) de José Humberto Gómez y Víctor Sánchez Taffur.
Así, el ejercicio teórico que acompaña el acercamiento a la obra de Legóburu realizado por Gómez y Sánchez Taffur se inicia con una hipótesis que permite ubicar su arquitectura como parte de las sutilezas que se esconden en los pliegues de lo que Charles Jenks definió como la “tardomodernidad”. Se trata, dentro de su especificidad, de una arquitectura de las que se apela “al manifiesto moderno, pero en un sentido mucho más puro y regresivo” y se apuesta “por la fortaleza de las formas universales de limpia geometría hundiendo sus dientes, no en el recurso y exceso tecnológico … sino en el carácter de sus espacios, en la materia y en el desarrollo local del lenguaje propuesto por arquitecturas auténticamente modernas de la posguerra”. Dicha arquitectura se distanciará del refinamiento de los volúmenes blancos del período de entreguerras y se decantará a “favor de una arquitectura un tanto más gris, más cruda y áspera, de fachadas espesas, profundas (¿brutalistas?)”.
En otro momento, Gómez y Sánchez Taffur encuadran la obra de Legóburu dentro de lo que califican como “arquitectura abstracta: aquella que proclama la condición trascendental de los sólidos elementales en desmedro de los híbridos; en la que criterios atados a la ética, eficiencia, modulación y al orden matemático prevalecen como una sintaxis propia cerrada que, en la generalidad de los casos, deja por fuera elementos figurativos. No hay espacio para la distorsión, dualidad, ambigüedad o confusión”.
2. Cuatro de los libros utilizados como referencia por Gómez y Sanchez Taffur en su aproximación a la obra de Gustavo Legórburu.
La idea de que nos encontramos ante una obra gobernada por el pragmatismo, “donde la cautela con que se acercaba al uso del material y su alejamiento de cualquier sumisión a priori e irrestricta al contexto” hablan por sí solas, puede sumarse a otra que enfatiza la pulcritud, precisión, limpieza y economía de esfuerzos para lograr el máximo efecto, donde “no hay espacio para la especulación injustificada” ni para los excesos o los alardes estilísticos, materiales o tecnológicos. Dentro de esta línea, las palabras del propio Legóburu resuenan: ““Yo no podía concebir la arquitectura como un divertimento. No era cuestión de regodearme en buscar formas bonitas, presumiblemente impactantes, que elevaran tu ego y el de tu contratante, no; el arquitecto tenía una señalada responsabilidad social, especialmente si era ciudadano de eso que denominan Tercer Mundo, devaluada porción del planeta Tierra, con el mayor índice de aumento poblacional, pero también con los más significativos problemas en salud, educación y vivienda y todo concentrado, en general, en regiones de clima tropical”.
3. Dos referentes considerados por Gustavo Legórburu en el diseño de la Torre del Banco del Orinoco ubicados ambos en Park Avenue, New York. Izquierda: Seagram Building. Mies van der Rohe (1958). Derecha: Lever House. Gordon Bunsshaft/Skidmore, Owings and Merril (1951-1952)
Un último eslabón asumido por Gómez y Sánchez Taffur les permite calificar la arquitectura de Legórburu como “silente porque, contraviniendo a Jenks, lo que en ella se respira es calma, sosiego; incluso cierta soledad”.
Considerado Legórburu como “un creador recurrente” que, aunque “no necesariamente fue siempre el mismo arquitecto” ni buscó realizar “una arquitectura-manifiesto con ataduras ideológicas”, se puede afirmar que la Torre del Banco del Orinoco, reúne gran parte de las señales que Gómez y Sánchez Taffur han logrado tipificar.
4. Banco del Orinoco. Vista axonométrica (izquierda) y despiece (derecha)
El edificio, ubicado sobre la avenida Francisco de Miranda, sector La Floresta, Municipio Chacao, cuya primera versión data del año 1979, tenía por finalidad construirse y venderse sin asumir el rol representativo de empresa alguna. Sin embargo, no renuncia a la importancia de adquirir una identidad propia que se inscribe en la consistente línea de trabajo desarrollada por su arquitecto.
5. Planta baja
Sin poseer la escala para ser considerado un rascacielos, ni la estridencia o la búsqueda de protagonismo que a veces caracteriza a las sedes corporativas, el planteamiento desarrollado por Legóburu busca, por un lado, aprovechar al máximo las variables urbanas permitidas para el desarrollo del terreno, y, por el otro ofrecer una respuesta que incorpora la generación de un espacio público, pese a las apremiantes limitaciones que el contexto establecía, su escaso frente a la avenida Francisco de Miranda y la quebrada que en su parte posterior lo delimita.
6. Planta tipo (izquierda). Planta nivel P.H. (derecha)
Para ello recurre a desarrollar un partido en que se hacen presentes la verticalidad de una torre y la horizontalidad de un cuerpo bajo que le sirve de transición. La torre termina ubicándose en la parte sur del lote que permitía mayor desarrollo mientras el cuerpo bajo, más comprometido con el lindero oeste permite, gracias a su aproximación a la calle, resuelve la segregación entre el acceso peatonal (logrado a través de una pequeña plaza) y el vehicular.
7. Fachada norte (izquierda) y Corte norte-sur (derecha)
La elegante y bien proporcionada estructura vertical aporticada (donde funcionan las oficinas) tiene quince niveles –once plantas tipo y las de base y remate, ambas de doble nivel-. Por su parte, el cuerpo secundario destinado al uso comercial posee sólo dos plantas, ofreciéndose su techo como área visitable abierta a las visuales de los alrededores. El prisma, de base rectangular, orienta y transparenta sus caras más largas al norte y al sur, recediendo sus cerramientos a un segundo plano protegidos por la prolongación del envigado de borde a modo de alero que junto a la partición vertical le dan profundidad y un particular claroscuro a las correspondientes fachadas. El este y el oeste se cierran utilizándose como recubrimiento panelas de arcilla vitrificada que durante el día toma un atractivo tono cobrizo.
8. Cuerpo bajo y acceso al edificio
Puesto en funcionamiento en 1984, el Banco del Orinoco recoge los valores esenciales y atemporales que atraviesan toda la producción de Legórburu. Aquí, consecuente como solía serlo, recurre a uno de los rasgos más consuetudinarios de su ejercicio: la fachada fuerte, profunda y celosamente modulada, usada en otros proyectos, certera apreciación que hacen Gómez y Sánchez Taffur. También apela al uso fuerte y limpio de la geometría desde el punto de vista compositivo que facilita la correcta percepción de la forma, “tal vez pensada … para resistir con solvencia tanto el castigo del tiempo como las intervenciones o modificaciones que, como es natural, van apareciendo gradualmente”.
9. Izquierda arriba: Detalle de la fachada sur. Izquierda abajo: Hall de ascensores. Centro: Fachada este. Derecha: Vista noroeste desde la avenida Francisco de Miranda.
“Definido por una gruesa y elaborada armadura termodinámica pensada en sus cuatro costados para protegernos de las exigentes condiciones ambientales del trópico y, también (si consideramos que la escalera principal al sur de la torre es absolutamente abierta), para coexistir sin tantos prejuicios con él”, como expresan Gómez y Sánchez Taffur, el Banco del Orinoco da así un paso al frente como manifestación de la que puede considerarse como la preocupación más importante dentro de la arquitectura de Legóburu.
Los autores del recomendable libro que hasta aquí nos ha acompañado, cierran diciendo sobre el edificio, ante la tentación de considerarlo como un hito y no como un eslabón dentro de una cadena que “…de una u otra forma, Legórburu va y viene sobre sí mismo, lo que … es también una forma tácita y respetable de decirnos que tal vez no estaba muy interesado en concebir hitos, sino en cuidar la consistencia general de su obra”.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal, 5, 6, 7, 8 y 9. Revista ESPACIO, nº 3, 1988
1910• Juan Vicente Gómez crea por decreto el Instituto de Obras Públicas y Aseo, primera institución nacional dedicada a la limpieza de calles y su mantenimiento, cuya primera sede en Caracas estuvo ubicada en la esquina de Alcabala, San Martín.
El vertedero e incineración de la basura recolectada se hacía en terrenos en donde años después se construiría la urbanización 23 de enero.
A pocos meses de constituida la institución de aseo urbano ya está contaba con una cuadrilla de 225 hombres armados de carritos con pipotes, palas y escobas.
Fuente consultada: La Caracas Inolvidable. Víctor Carrión
2000• La Universidad de Palermo, en su colección “Textos de Arquitectura y Diseño”, conjuntamente con la Librería Técnica CP67, de Buenos Aires, Argentina, publican una selección de los textos de mayor interés escritos por el arquitecto español Alberto Campo Baeza, los cuales utilizó como referencia durante el Doctorado que impartió en el Curso Académico de 1988-1989 en la Escuela de Arquitectura de Madrid, España, titulado La Idea construída.
En la introducción del hermoso libro Campo Baeza afirma que “… la arquitectura, por encima de las formas con las que se nos aparece, es una idea que se expresa con esas formas. Es idea materializada con medidas que hacen relación al hombre, centro de la Arquitectura. Es idea construída. La Historia de la Arquitectura, lejos de ser solo una historia de las formas, es básicamente una Historia de las Ideas Construidas. Las formas se destruyen con el tiempo pero las ideas permanecen, son eternas”.
Este nuevo libro de Alberto Campo Baeza está estructurado en cinco partes, una introducción y al final, una bibliografía básica. Entre estas, las partes sustantivas que llevan por nombre e incluyen
– SOBRE ARQUITECTURA,
ARCHITECTURA SINE LUCE NULLA ARQUITECTURA EST. Sobre la luz / UN MINUTO ANTES DE LA ÚLTIMA EXPLOSICIÓN. Sobre el futuro de la arquitectura / EL BLANCO CERTERO. Sobre el blanco / ESENCIALIDAD. MÁS CON MENOS. Manifiesto / PENSAR O NO PENSAR. ESTA ES LA CUESTIÓN. Sobre el arte de Proyectar y la manera de transmitirlo / JUECES INICUOS E IGNORANTES. Sobre la restauración / IDEA, LUZ Y GRAVEDAD, BIEN TEMPERADOS. Sobre las bases de la Arquitectura / TU CASA, TU MUSEO, TU MAUSOLEO. MI CASA, NI MUSEO NI MAUSOLEO. Sobre el habitar / CAJAS, CAJITAS, CAJONES. Sobre lo estereotómico y lo tectónico.
– SOBRE ARQUITECTOS
LA BELLEZA SALVA. La arquitectura de Alejandro de la Sota / LA BELLEZA VOLCÁNICA. Sobre la Arquitectura de Sáenz de Oíza / LA BELLEZA CINCELADA. Sobre la Arquitectura de Javier Carvajal / LA BELLEZA REBELDE. Sobre la Arquitectura de Miguel Fisac
– SOBRE OBRAS DE ARQUITECTURA
REFLEJOS EN EL OJO DORADO DE MIES VAN DER ROHE. Sobre el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo en Madrid de Francisco de Asís Cabrero / APRENDIENDO DE MIES. Sobre la casa en Magdeburgo de Mies van der Rohe / EL DÍA QUE MIES VISITÓ A SOTA. Sobre el Gimnasio Maravillas en Madrid de Alejandro de la Sota / MAS MAR. Sobre la casa en Puerto Petro-Mallorca de Jorn Utzon / MI CASA EN EL VERANO ES UNA SOMBRA
HVH
Nos interesan temas relacionados con el desarrollo urbano y arquitectónico en Venezuela así como todo lo que acontece en su mundo editorial.