El libro cuestiona cómo el “artificio” y el “mundo social” pueden integrarse mutuamente y constructivamente para que el espacio urbano contemporáneo pueda ser compartido por todos. Tomando el ejemplo de Tokio, asimila los dos rasgos principales en la transformación urbana – el modelo de desarrollo a gran escala por un lado, y el modelo a pequeña escala de desarrollo o preservación del vecindario por el otro – y en su lugar busca ideas alternativas y nuevas estrategias. Un grupo diverso de colaboradores presenta una variedad de prácticas innovadoras, incluidos académicos, arquitectos, urbanistas y fotógrafos de renombre de Japón y EE. UU., y el equipo de investigación de la Escuela de Graduados en Diseño de la Universidad de Harvard. Si bien los discursos y las obras arquitectónicas presentadas tratan sobre la especificidad de Tokio, fueron cuidadosamente seleccionados para formular juntos una colección de ideas, nuevas perspectivas y experimentos especulativos en urbanismo y arquitectura que también pueden usarse en otros contextos.
Con aportes de: Mustafa K. Abadan, Shin Aiba, Homi K. Bhabha, Kenta Hasegawa, Kozo Kadowaki, Hiroto Kobayashi, Masami Kobayashi, Equipo de Iniciativa de Investigación de Japón en Harvard GSD, Jouji Kurumado, Seiji M. Lippit, Mitsuyoshi Miyazaki, Mayumi Mori, Mohsen Mostafavi, Jo Nagasaka, Erika Nakagawa, Don O’keefe, Yoshihiko Oshima, Kayoko Ota, Jordan Sand, Yoshihiko Sone, Tsubame Architects, Riken Yamamoto, Shun Yoshie.
Los memoriales se estudian comúnmente como parte de la infraestructura conmemorativa de la sociedad moderna. Con la misma frecuencia, se entienden como sitios de disputa política, donde las personas luchan por el significado de los eventos. Pero la mayoría de las veces, no lo son. En cambio, toman su descanso como objetos ordinarios, y como parte del mobiliario urbano de la vida urbana. La mayoría de los monumentos conmemorativos están “encendidos” solo en días especiales, como el Día de los Caídos, o en momentos acalorados, como en agosto de 2017, cuando el monumento a Robert E. Lee en Charlottesville fue superado por una vorágine política. El resto del tiempo están apagados. Este libro trata sobre la vida cotidiana de los memoriales. Explora su relación con los pulsos de la vida cotidiana, su significado dentro de este contexto cotidiano y su lugar dentro del desarrollo de las ciudades modernas. A través de las lecturas históricas detalladas de Andrew Shanken de los memoriales, tanto conocidos como oscuros, se unen dos líneas distintas de erudición: el estudio de lo cotidiano y los estudios de la memoria. Desde la introducción de los monumentos conmemorativos modernos a raíz de la Revolución Francesa hasta la reciente destrucción de los monumentos confederados, los monumentos conmemorativos han oscilado entre lo cotidiano y lo “no cotidiano”. De hecho, los memoriales han estado implicados en la estructura misma de estas categorías.
The Everyday Life of Memorials explora cómo los monumentos terminan donde están, se vuelven invisibles, luchan contra el tráfico, se mueven, se ensamblan en zonas conmemorativas y se ven atraídos nuevamente a conmemoraciones y torbellinos políticos que sus patrocinadores originales nunca podrían haber imaginado. Finalmente, explorar cómo se comporta la gente en los monumentos conmemorativos y qué piden los monumentos a las personas revela cuán extraña es la infraestructura conmemorativa de la modernidad.
Shigeru Ban Architects, en colaboración con Voluntary Architects’ Network, ha producido una versión mejorada de la vivienda temporal desarrollada para ayudar a los afectados por el reciente terremoto de Turquía-Siria. El nuevo prototipo representa una actualización del sistema de tubos de papel implementado en el noroeste de Turquía después del terremoto de 1999. Esta nueva versión tiene en cuenta cuestiones de eficiencia y la necesidad de minimizar el tiempo de construcción en el sitio.
Este nuevo sistema utiliza paneles de madera para construir las paredes entre las columnas de tubos de papel colocadas cada 1,2 metros. Esto permite un tiempo de construcción más corto. La base se compone de cajas de cerveza llenas de sacos de arena, mientras que el techo está hecho de marcos de tubos de papel y cubiertas de madera contrachapada. Se cortan agujeros grandes en la madera contrachapada para garantizar la seguridad durante la construcción y permitir que las personas trabajen a través del agujero en lugar de tener que subirse al techo. Como respuesta al clima frío, se agrega un aislamiento adecuado al piso, las paredes y el techo.
La estructura final está prevista para medir 3,6 m por 6 metros en planta. El equipo ha ensamblado un prototipo más pequeño de la solución de vivienda temporal, que mide 3,6 m por 3,6 m, en Tokio, con planes para implementar el sistema en Turquía. Shigeru Ban también proporcionó su sistema de partición de papel (PPS) para transformar rápidamente los edificios existentes en centros de evacuación de emergencia para albergar a las víctimas del terremoto. El sistema consta de un marco de ocho tubos de cartón individuales con grandes orificios perforados en los extremos, conectados por tubos más pequeños y tela que cubre la estructura para garantizar la privacidad.
Shigeru Ban desarrolló los primeros refugios de papel en 1994 para ayudar a las personas desplazadas por el genocidio en Ruanda. En 1995, el arquitecto fundó la Red de Arquitectos Voluntarios para coordinar trabajos humanitarios y promover los esfuerzos de socorro en casos de desastre en todo el mundo. Durante más de tres décadas, la compañía, dirigida por el ganador del Premio Pritzker de 2014, ha continuado implementando refugios de alta calidad y bajo costo para las víctimas de desastres en todo el mundo.
El mismo sistema se montó cerca de la frontera de los países vecinos de Ucrania para ayudar a los refugiados ucranianos desplazados por la guerra. Desde marzo de 2022, Shigeru Ban Architects y VAN han instalado PPS en Polonia, Eslovaquia, Francia y Ucrania, en colaboración con arquitectos locales y estudiantes voluntarios. También se han establecido refugios de emergencia en varias ciudades de Ucrania, con la ayuda de los arquitectos Mykhailo Schevchenko, Oleksandr Anisimov y Oleg Drozdov, para proporcionar viviendas de emergencia a los desplazados internos.
Con la aparición de la revista veintiuno. Cultura y tendencias, cuya portada correspondiente al número 1, octubre-noviembre 2004, ilustra nuestra postal del día de hoy, la Fundación Bigott, sumó a su ya tradicional Revista Bigott otra publicación cultural en este caso con intenciones claramente innovadoras.
Dirigida por el narrador, ensayista y crítico Antonio López Ortega (director a su vez de la mencionada Revista Bigott), editada por Edmundo Bracho, con la coordinación editorial de Miriam Ardizzone, la dirección de arte y diseño gráfico de Manuel González Ruíz y Alejandro Calzadilla y la edición de fotografía a cargo de Nelson Garrido, veintiuno nace prácticamente con el siglo (de allí su nombre) con altas ambiciones pero consciente también de que “en materia de revistas culturales, cualquier momento del pasado venezolano fue mejor -más próspero, más acucioso- que el momento en que vivimos”, como bien señalará López Ortega en el primer editorial. Y es que superar el legado forjado por “íconos institucionales como la Revista Shell, El Farol, Revista M, Revista Bigott; … hitos de hondo alcance educativo como Tricolor; … tribunas propiamente literarias como Sardio, Techo de la Ballena, CAL, Zona Franca, Falso Cuaderno, y tantas otras que marcaron promociones y apuestas estéticas” no constituía tarea fácil. Más aún si se tomaba en cuenta de que “el país contó con revistas especializadas en teatro, danza contemporánea, cine, televisión, música”, casi todas desaparecidas ya en 2004, que dejaron el listón muy en alto y una tradición difícil de rescatar.
1. Página del Editorial del nº 1 de veintiuno.
Sin embargo, como siempre suele ocurrir en estos casos y más allá de los diagnósticos sombríos que en el campo editorial se pudieran establecer, los editores de veintiunoapostaban al futuro, a los nuevos desafíos y a explorar nuevos esquemas de interpretación dentro de una Venezuela que mostraba una realidad compleja y muy politizada. Para ello buscó ser “expresión de los nuevos tiempos: reflejar el país que vivimos, reflejar su diversidad cultural, reflejar el debate de ideas, reflejar lo que nos trasciende como colectivo más allá de las coyunturas”. Y añade López Ortega en el Editorial: “Nuestro discurso cultural debe acompañarse de la crítica si quiere valorarse a sí mismo, pues nada hacemos con aplaudir ciegamente todo lo que se presenta en escena”.
Para alcanzar tan altas aspiraciones se apuntaría a lograr el mejor periodismo venezolano, se contaría con destacados investigadores y se recurriría a “los mejores escritores, columnistas y críticos, consciente de que en ellos está el mejor pensamiento del país”.
Así, “Veintiuno no será ajena a ningún signo o género de la cultura venezolana, sino que más bien arrojará una necesaria mirada cultural sobre otros campos del conocimiento; Veintiuno querrá ser vitrina de la cultura venezolana hacia el mundo pero también vaso comunicante a través del cual el mundo pueda acercarse a nuestras particularidades y limitaciones”, señalará López Ortega para terminar diciendo: “El templo del espíritu se construye en la diversidad de las ideas y la modernidad en democracia es inconcebible sin ejercicio crítico. Veintiuno quiere abonar todo terreno que contribuya a ese propósito”.
2. Índice y página de créditos del nº 1 de veintiuno.
Sin lugar a dudas, el nº1 de veintiuno y la totalidad de las 17 entregas bimensuales que estuvieron en nuestras manos entre 2004 y 2007, cumplieron a cabalidad con los objetivos fijados por sus creadores. Baste decir que en aquel primer ejemplar participaron, entre otros: Juan Villoro, Ana Teresa Torres, Edgardo Rodríguez Juliá, José Carvajal, Armando Coll, Fernando Yurman, Tulio Hernández, Elías Pino Iturrieta, Gisela Kozak Rovero, Hugo Prieto, Luis Laya, Omar Hernández, Marcelino Bisbal y Sebastián de la Nuez.
Su gran formato de 32,4 por 24,9 centímetros, la calidad de su papel e impresión a cargo de La Galaxia, y el innovador diseño gráfico que la caracterizó (siempre acompañado de un impecable trabajo fotográfico y un bien dosificado despliegue de color), sirvieron, junto al alto nivel de sus contenidos para formar una colección de alto valor estético. El costo de veintiuno al momento de salir a la luz era de Bs. 6.000 y al aparecer por última vez en junio-julio de 2007 su precio ya se había colocado en Bs. 8.000, signo claro de la inflación que el país ya empezaba a padecer. El primer número tuvo 88 páginas (cifra que pronto se redujo a 80 y se mantuvo así a través del tiempo) y contó, a pesar de ser una revista institucional, con una alta carga de publicidad donde destacaba la presencia de anuncios, entre otros, de bancos, vehículos, licores, sitios nocturnos, líneas aéreas y telefonía celular.
Las secciones que estructuraron la revista en su número 1, que sufrieron pocas modificaciones en el tiempo, fueron: Editorial, Opinión, Zona Franca, Reportaje, Dossier, Entrevista, Portafolio, Arte(s), Urbanismo, Crónica(s), Relato, Poesía, Libros, Discos, y Perfil.
3. Páginas interiores del nº1 de veintiuno.
Siempre contó veintiunocon un tema central que se anunciaba en la portada y era desarrollado por diferentes autores en el Dossier. El correspondiente a la primera entrega llevó por título “DEMASIADA IDOLATRÍA. El culto a la personalidad” y fue trabajado a través de diferentes ensayos realizados por Fernando Yurman (“EL OJO DEL ESPEJISMO. Personalidad y personalismo en una patria de paternidad atrofiada.”), Tulio Hernández (“POSESIÓN E INSTRUMENTALIDAD DEL HÉROE CRIOLLO. El mito bolivariano de Guzmán Blanco a Chávez Frías”), Elías Pino Iturrieta (LA ETERNA FESTIVIDAD DE SAN SIMÓN. Puesta en escena de los ‘hombres salvadores’ de las repúblicas”), y Gisela Kozac Rovero (“DE LAS MISSES A LAS ANTIMISSES. Recorrido por un culto fuera de la mujer venezolana”).
4. 6 de las 17 portadas de veintiuno.
En las otras 16 entregas los temas centrales, siempre expresados en un tono provocador, serían: A PURA PIEL. Discursos del cuerpo (nº2); ESTO NO ES UN LADRILLO. Hábitat y vivienda (nº3); LENGUA. Sistema y comunicación (nº4); SEXO. Del dicho al hecho (nº5); ¿CUÁL IZQUIERDA? (nº6); Y TU, ¿QUÉ PECADO ERES? Edición Aniversaria (nº7); EL GUSTO VENEZOLANO EN TIEMPOS DE CRISIS. Lo bello, lo malo y lo feo (nº8); TAN GRANDE COMO UNA MINORÍA (nº9); ALGO HUELE MAL EN VENEZUELA. Miradas sobre la corrupción (nº10); EN LA RECTA DEL ÉXITO (nº11); SOBRE EL HUMOR Y OTRAS COSAS IGUAL DE SERIAS (nº12); VIDA FUTURA. Visiones y versiones de lo que viene (nº13); ESTO NO ES BRUJERÍA. Los nuevos credos (nº14); LIBERTAD VS IGUALDAD (nº15); EL GRITO AL CIELO. Formas y razones del miedo en Venezuela (nº16); y CARACAS. Ciudad que no se ve (nº17).
Como se podrá notar, muchos de los títulos como, por ejemplo, el del nº9 son premonitorios. También cabría destacar que desde el nº10 comienza a parecer parte del Índice en la portada y que ya desde el primer número se nota un particular interés por abordar temas urbanos: allí la sección titulada “Urbanismo” le permitió a Omar Hernández escribir el artículo “Dilemas de carrito” donde expone: “Sobre políticas deficientes resumidas en el maltrato al usuario, el transporte público de la metrópolis viene haciendo un recorrido harto excluyente. Frente al diario deterioro del servicio, ¿cómo queda parado el ciudadano de a pie?, ¿acaso se dilucidan soluciones desde el parabrisas?”.
5. Cuatro números de veintiuno en los que se hacen presentes temas de arquitectura y ciudad.
El interés por lo urbano y su construcción será la excusa para centrar la atención de los números 3 y 17. La sección de “Fotografía” del nº12 estará protagonizada por Ramón Paolini, Marco Negrón será uno de los nueve entrevistados del nº13 con relación al tema de la ciudad, y Hannia Gómez será la protagonista de la sección “Entrevista” del nº17, CARACAS. Ciudad que no se ve, acompañada de Luis Brito, Jean Herrera, Andrés Manner, Nicola Rocco, Antolín Sánchez quienes coparon la sección “Fotografía”.
Veintiuno. Cultura y tendencias de la Fundación Bigott fue galardonada en la III edición del Premio Nacional del libro de Venezuela 2005 como“Mejor revista cultural que reseñe obras de autores venezolanos”, reglón dedicado a toda “Revista editada por institución, colectivo cultural o particulares, enfocada en el ámbito cultural y que difunda y promueva la lectura de escritores nacionales”. Dicho premio lo compartió con la Revista Plátano Verde editada por A&B.
En resumen, se trató veintiuno de otra interesante experiencia que desarrolló una intensa actividad y puso en práctica la “vigilancia crítica por encima de la pereza y los fáciles preceptos (y la) valoración crítica por encima del gesto intrascendente”. Tuvo, si se quiere, corta vida, corroborando los sombríos presagios que fueron asomados por sus editores desde un comienzo en cuanto al acontecer nacional que la terminó arropando como a otros tantos emprendimientos similares. Sin embargo, marcó una tendencia y se convirtió en referencia de un nuevo periodismo mostrando otra manera de enfocar el tema cultural. A pesar de su breve existencia ofrece un valioso aporte al legado hemerográfico venezolano.
ACA
Procedencia de las imágenes
Postal, 1, 2 y 3. Revista veintiuno, Fundación Bigott, nº1, octubre-noviembre 2004