La edición digital número 1 de marzo de 2026 de la revista venezolana de arquitectura Entre Rayas, titulada COTILLARQ: Conversando entre mujeres, apareció con motivo de la celebración el pasado 8 de marzo del del Día Internacional de la Mujer y se enfoca en el liderazgo, gestión de éxito y el panorama de las mujeres arquitectas en Venezuela.
Editorial
El Fin del Pie de Página
Aida Limardo
Hablar de arquitectura ha sido, durante demasiado tiempo, un ejercicio de ventriloquía. Se escuchaba una voz, pero el diseño lo sostenían muchas manos. En esta edición virtual de entre rayas, decidimos que la arquitectura no se puede seguir difundiendo como un hecho cultural si no se reconoce, con nombre y apellido, a la mitad de sus protagonistas.
Durante décadas, la historia oficial de nuestra disciplina se escribió en los márgenes. Los nombres de Denise Scott Brown, Lilly Reich o Charlotte Perriand no eran protagonistas de los capítulos principales, sino sombras persistentes en los pies de página de los “Grandes Maestros”. Se nos enseñó a admirar el ángulo de una silla o la curvatura de una fachada, omitiendo que la ergonomía, la calidez y la funcionalidad de esas piezas nacieron de una visión femenina que entendía el espacio no como un monumento, sino como un escenario para la vida.
Una Genealogía de la Permanencia
No estamos ante una “incursión” reciente de la mujer en la construcción. Estamos ante una presencia histórica que siempre estuvo allí: desde las acuarelas de Marion Mahony que dieron vida al estilo Prairie, hasta el funcionalismo humano de Aino Aalto. Estas mujeres no solo diseñaron estructuras; diseñaron las herramientas para que hoy, en nuestras ciudades, la arquitectura sea un lenguaje de empatía.
En las páginas que siguen, encontrarán entrevistas y proyectos de arquitectas que hoy, en cada rincón de nuestro país, levantan muros y gestionan realidades complejas. La perspectiva de la mujer arquitecta es, por definición, una perspectiva de la complejidad. Es la capacidad de articular el rol de profesional, creadora, gestora y cuidadora en un solo trazo. Esa “mirada enredada” de la que a veces se habla no es más que una comprensión profunda de que la vida no ocurre en líneas rectas.
La Ciudad que nos Incluye a Todos
Una ciudad diseñada por mujeres no es un gueto segregado; es, por el contrario, la ciudad más amable para todos los seres humanos. Es el urbanismo que piensa en el cochecito del bebé, en la seguridad de la acera iluminada, en la distancia caminable y en la escala que no intimida. Cuando la mujer diseña, el centro de la ecuación deja de ser el objeto y pasa a ser el sujeto.
Desde Entre Rayas, bajo la dirección del Arq. Jesús Yépez, reafirmamos un compromiso que no caduca con el calendario. No nos interesa celebrar un día de marzo para luego volver al silencio los otros 364 días. Este número es un manifiesto: la arquitectura del futuro será inclusiva, o simplemente no será arquitectura. Es hora de cerrar los libros de historia que solo cuentan la mitad del cuento. Bienvenidos a una edición donde las protagonistas finalmente ocupan el centro del plano.
Denise A. Miodownik, Jacques Miodownik y Michele Cotter invitan a una nueva edición de
“Diálogos Collectania”.
Fieles al espíritu que ha caracterizado a la firma desde 1998, el próximo 16 de abril se reunirá bajo el título de
Venezuela y sus barrios:
De “deuda” y “reto” a oportunidad y visión
a un grupo de expertos liderado por la arquitecta Josefina Baldó.
El panel, integrado por Domingo Acosta, Beatriz Hernández, María Isabel Peña y Humberto Guerrero, bajo la moderación de Jesús “Chuo” Torrealba, profundizará en el estudio del hábitat en los sectores más vulnerables del país.
Los ponentes compartirán sus conocimientos y vivencias sobre una cultura familiar ejemplar y desconocida por muchos, contribuyendo así a la formación de las nuevas generaciones de talentos.
El encuentro será transmitido en directo a través de la plataforma Zoom.
Transmisión en diferido: Disponible posteriormente en el canal de YouTube CollectaniaChannel
Nota importante:
Dada la amplitud de la temática a tratar, el encuentro ha sido estructurado con base en dos diálogos. El segundo, pautado para el jueves, 07 de mayo de 2026, reunirá a autoridades académicas de diversas universidades, quienes expondrán los enfoques de sus casas de estudio y la transmisión de estos saberes a los estudiantes de arquitectura e ingeniería.
… que en 1961 se diseña y en 1962 se construye el Parque Miranda, Municipio Sucre, Caracas?
1. Parque Miranda (c.1962). Cafetín y sanitarios de la zona deportiva.
El crecimiento urbano de Caracas hacia el este durante las primeras décadas del siglo XX, que en 1934 quedó claramente plasmado en el hermoso “Plano de Caracas y sus alrededores” de Eduardo Röhl, ejemplifica como pocos la transformación de las haciendas que ocupaban esa parte del valle en urbanizaciones que, a modo de eslabones de una cadena, fueron apareciendo enlazadas por el camino que conectaba el casco central con Petare y que en 1947, en el tramo entre Sabana Grande y Los Palos Grandes, dio origen a la Carretera del Este.
2. Captura parcial del «Plano de Caracas y sus alrededores» de Eduardo Röhl (1934).3. Detalle del «Plano de Caracas y sus alrededores» de Eduardo Röhl (1934) con la ubicación de la Hacienda San José.
En el plano de Röhl puede notarse justo al sur de Sebucán, entre el camino y el Guaire, la vasta extensión de terreno que ocupaba la Hacienda San José, propiedad de la familia del escritor Manuel Díaz Rodríguez dedicada al cultivo de café y caña de azúcar, lugar que sería expropiado mediante decreto del 19 de mayo de 1950 para ser destinado a la construcción de un gran parque para la ciudad.
4. Parque del Este. Plano preparado por Roberto Burle Marx y su equipo para ser presentado en la V Bienal de San Pablo, la cual se llevó a cabo en 1959. La franja ubicada al norte, separada por la avenida Francisco de Miranda, que luego se convertiría en el Parque Miranda se encuentra comunicada con el Parque del Este por un puente y se ve trabajada con criterios similares a éste en cuanto a su diseño.5. El Parque del Este en el centro, el Museo del Transporte al este y el Parque Miranda al norte.
La inauguración en 1954 de la avenida Francisco de Miranda sobre el trazado de la antigua Carretera del Este, alargando su extensión original desde Los Palos Grandes hasta Petare; en 1955 de la prolongación de la Autopista del Este (abierta en 1953) entre La Carlota y La California Sur, y luego su correspondiente conexión con la Francisco de Miranda; y la apertura a comienzos de los años 1960, de la avenida El Samán (hoy Rómulo Gallegos), que uniría Los Palos Grandes con La Urbina, dejarían demarcado el terreno que se destinarían al Parque del Este (82 hectáreas al sur de la Francisco de Miranda hasta la autopista y al este de La Floresta hasta la conexión entre la Miranda y la autopista), quedando a la deriva dos franjas residuales: la comprendida entre la conexión autopista-Av. Miranda y la quebrada Agua de Maíz; y la ubicada entre la Miranda y la avenida El Samán desde la intersección de ambas hasta la quebrada. La primera, de aproximadamente 2 hectáreas, ocupada inicialmente por talleres y depósitos del Ministerio de Obras Públicas (MOP), terminaría albergando en sus galpones desde 1970 al Museo del Transporte. La segunda de aproximadamente 7 hectáreas, usada como apoyo a la construcción del Parque del Este y luego abandonada, daría origen al proyecto del “Parque Miranda” al cual dedicaremos la presente nota.
6. Parque Miranda (1961-62). Planta general de anteproyecto.
Así, producto de una estrecha colaboración que se daría entre la Ingeniería Municipal y Obras Públicas Municipales del Distrito Sucre del estado Miranda y la División de Obras Especiales del Ministerio de Obras Públicas (MOP), el diseño y construcción del Parque Miranda, respondería a la necesidad de rescatar unos terrenos que entre 1952 y 1961, luego de delimitar el Parque del Este, definir el trazado de la Av. Miranda y construirse la Av. El Samán, se habían convertido en “basurero público no autorizado y refugio de maleantes”.
Las aproximadamente 7 hectáreas objeto de la intervención, con una longitud de 850 metros lineales y un promedio de ancho de 65 metros, fueron proyectadas por el equipo integrado por los arquitectos Julio Coll Rojas y John Machado, el arquitecto paisajista Eduardo Robles Piquer, el ingeniero agrónomo William Rojas y el ingeniero civil Enrique Samaniego.
7. Parque Miranda (1961-62). Planta general definitiva.
De la detallada descripción titulada “El Parque Miranda o un trabajo en equipo”, publicada en la Revista SVA, nº6 junio-julio 1962, se desprende que “la topografía presentaba accidentes, pero de poca magnitud” y que “la vegetación era abundante hacia el Oeste, nula en su centro y escasa hacia el Este”.
Con las determinantes provenientes de la ubicación y características del lote, “el planteamiento que privó en el grupo, fue el que partía del principio que, teniendo como vecino inmediato al Parque Nacional del Este, cuya característica es semipasiva, se debía proyectar un parque cuya actividad fuese sumamente activa, o sea, un parque donde se puedan hacer deportes, competencias deportivas y grandes áreas destinadas a parques infantiles”.
8. Parque Miranda (1961-62). Zonificación definitiva.
El terreno, que se vio afectado en su lindero norte por la previsión de ensanche de la avenida El Samán, restándole 11 metros a todo lo largo y una disminución de alrededor de 10.000 m2, fue sectorizado en cinco zonas que guiaron su programación definitiva: una deportiva, una para juegos infantiles, una plaza, pasos peatonales y otra para estacionamiento.
Tomando en consideración la importancia de interconectar peatonalmente la zona residencial ubicada al norte en la avenida El Samán con la avenida Francisco de Miranda (eje predominante en cuanto al flujo de transporte colectivo), se decidió proponer dos pasos: uno a la altura de la urbanización Sebucán y otro frente a la urbanización Santa Eduvigis, que serían utilizados para la demarcación de las zonas del parque. “Estos pasos estaban trazados pues ya los habían delimitado los peatones dentro de aquel matorral y basurero…”, señalarán los proyectistas en su memoria.
9. Parque Miranda (c.1962). Zona de juegos infantiles.
Así, al extremo oeste, entre la intersección de las avenidas Francisco de Miranda y El Samán y el pasaje Santa Eduvigis, se desarrollaría una plaza o “zona de descanso para adultos” aprovechando la existencia de un estanque que sirvió de almacenamiento de agua, creándole niveles inferiores y sumándole una buena iluminación junto a bancos donde sentarse.
Moviéndonos hacia el este, entre el paso peatonal de Santa Eduvigis y el de Sebucán, se ubicó la “zona de juegos infantiles” en concordancia con la abundante vegetación existente. Bordeada por una malla metálica que permitía el acceso desde los pasos peatonales, en medio del trazado sinuoso de la caminería diseñada por Robles Piquer para salvar árboles de valor, se colocaron grupos de trapecios, toboganes, sube y baja, túneles y de máquinas pesadas en desuso, acompañados de dos cafetines y kioskos abiertos para la protección del agua y el sol. También se previó reforestar para aumentar la sombra.
10. Parque Miranda (c.1962). Cafetín y sanitarios de la zona de juegos infantiles.11. Parque Miranda (c.1962). Juego infantil construido a bese de troncos de árboles hallados en el sitio.
Entre el paso peatonal de Sebucán y el límite al extremo este (la quebrada de Agua de Maíz), el sector menos arbolado y de mayor superficie, se ubicó la “zona deportiva”. Bajo criterios que respetaban la correcta orientación, generando un sistema de caminerías que los interconectaban, proveyéndolos de un adecuado sistema de iluminación nocturna, separándolos de la calle con una cerca metálica y sembrando una importante cantidad de árboles “netamente criollos”, fueron distribuidos de oeste a este: un campo para juego de béisbol infantil y sóftbol (en la zona del terreno donde no existía ningún árbol); tres canchas reglamentarias de baloncesto; tres canchas reglamentarias de voleibol; una cancha con dos cestas para practicar baloncesto y, en el extremo sureste, cuatro canchas gigantes de bolas criollas. Además, el área fue dotada de vestuario con duchas y sanitarios para damas y caballeros; cafetín con sanitarios para damas y caballeros y una casa para para el guardián del parque.
12. Parque Miranda (c.1962). Izquierda: Brocal de concreto a ras de tierra con secciones de tubos de asbesto de 2, 3 y 4 pulgadas alternadas con viguetas de monte. Derecha: Canchas para el juego de bolas criollas. Brocales de concreto con viguetas de monte embutidas.
Finalmente, como un cuerpo extraño dentro de la trama se insertó, con acceso desde la avenida El Samán, entre el parque infantil y el campo de béisbol, limitado por el paso peatonal de Sebucán, un estacionamiento con capacidad para 150 vehículos. “Aprovechando que esta zona está a nivel de las avenidas se colocaron allí dos diseños de muros en los cuales va puesto el nombre de ‘Parque Miranda’ y un asta de bandera de 30 metros de alto”, acotarán los diseñadores.
13. Parque Miranda (c.1962). Izquierda: Laberinto de escaleras tubulares policromadas. Derecha: Escalera construida con secciones de troncos.
En resumen, el proyecto definitivo que guio la construcción contempló: 28.000 m2 para la Zona Deportiva; 18.000 m2 para la Zona de Juegos Infantiles; 3.000 m2 para la Zona de Plaza; 1.500 m2 para las Zonas de Pasos Peatonales; y 4.500 m2 para la Zona de Estacionamiento, dando un total de 55.000 m2 en los que se aprovechaba la totalidad del terreno disponible.
Ante la proximidad de la temporada de lluvias correspondiente al año 1962 y con base en un estricto cronograma de obras, el parque se construyó en tan sólo 38 días.
14. Parque Miranda (c.1962). Ambiente techado. Piso de canto rodado y baldosas circulares de diferentes diámetros prefabricadas en sitio.
Una vez abierto y puesto en funcionamiento el parque incorporó al sector una considerable vitalidad producto del rescate de una zona en deterioro que se destinó a un uso público, con base en un proyecto realizado sin alardes, basado en la racionalidad, recurriendo al uso de materiales nobles y accesibles, transitable de punta a punta y que tuvo en el respeto a la vegetación existente y la reforestación sus objetivos primordiales.
15. Vista general del Parque Miranda en 1963. En primer plano el campo de béisbol infantil/sóftbol, luego el paso peatonal Sebucán, después el estacionamiento y al fondo la arbolada zona infantil.
Veinte años mantuvo el lugar su fisonomía original teniendo que soportar la falta de mantenimiento y el correspondiente deterioro propio de nuestras obras públicas. Sería a comienzos de los años 1980 cuando a lo anterior se sumaría la canibalización progresiva de las áreas que originalmente conformaban el parque hasta llegar al lamentable estado en el que hoy se encuentra.
16. Vistas exteriores del Gimnasio “José Joaquín ‘Papá’ Carrillo”.17. Vista aérea reciente de la esquina sureste del Parque Miranda con la Plaza Miranda y el Millenium Mall a continuación.
El primer zarpazo le sería dado al decidirse la ubicación en lo que fue la zona deportiva del Gimnasio “José Joaquín ‘Papá’ Carrillo”, construido para albergar la disciplina del voleibol de los IX Juegos Deportivos Panamericanos de 1983. Con capacidad para 3.500 espectadores y sin contar con áreas de estacionamiento, el impacto que trajo a la zona, convertido luego en sede de un equipo profesional de baloncesto, ha sido altamente negativo. Adicionalmente, en el extremo este fue construida una edificación en la que la municipalidad ofrece un servicio de salud.
18. Vistas de la piscina «Alberto Figueredo».19. Vista aérea del “Complejo Deportivo Parque Miranda”.
De 1983, formando parte de las obras para los Panamericanos, data la construcción de una piscina olímpica, conocida oficialmente con el nombre de “Alberto Figueredo”, en el lugar donde antes se ubicó el estacionamiento. La piscina, el gimnasio y el campo de béisbol infantil/sóftbol (única pieza sobreviviente del proyecto original junto al paso peatonal de Sebucán) llevan hoy el pomposo nombre de “Complejo Deportivo Parque Miranda”.
Otra nefasta intervención la constituye la construcción entre el gimnasio y el parque de béisbol infantil/sóftbol de un galpón que eventualmente funge de mercado.
20. La estación Parque del Este (hoy Miranda) vista desde la avenida Rómulo Gallegos.21. Vista desde el oeste del Parque Miranda hoy con la estación Parque del Este en primer plano.
Situándonos ahora en el extremo oeste, otro significativo impacto se produjo al construirse en 1988 la estación Parque del Este (hoy Miranda) de la Línea 1 del Metro de Caracas sobre parte de lo que era la zona infantil. Por tratarse de una de las estaciones de mayor tamaño con una marcada presencia superficial, se procedió a eliminar toda la arborización existente lo cual se terminó de consumar al construirse más hacia el este una escuela (donde antes hubo un preescolar armónicamente integrado al lugar) y un cuartel de guardaparques, de escasa calidad arquitectónica que nada ofrecen a la ciudad.
22. Vista desde el norte del campamento abandonado por Odebrecht en lo que era la zona infantil del Parque Miranda.23. Vista aérea del campamento abandonado por Odebrecht en lo que era la zona infantil del Parque Miranda.
Pero la estocada final a la zona más arbolada del antiguo parque se produjo en 2014 cuando la firma Odebrecht instaló allí el campamento de construcción y la fosa de la estación Miranda II, una obra que forma parte de la Línea 5 del Metro de Caracas y que se encuentra actualmente paralizada. La obra, rodeada por una pared de concreto y cercas metálicas, que solo alcanzó un 54% de ejecución antes de ser abandonada, conllevó la tala de aproximadamente 400 árboles y la desaparición de toda la fauna que allí habitaba. María Isabel Peña, apreciada profesora y vecina de la zona nos ha manifestado que junto a Diana Fernández y John Stoddart lograron documentar el ecocidio e hicieron una propuesta de reforestación (8 árboles por cada uno de los talados), que Odebrecht se comprometió a ejecutar sin cumplir su ofrecimiento, engañando por completo a toda la comunidad circundante.
24. Imagen comparativa de la planta general definitiva del proyecto del Parque Miranda de 1962 (arriba) y una vista aérea reciente. Sólo sobreviven el campo de béisbol infantil/sóftbol y el paso peatonal de Sebucán.
Por si lo anterior fuera poco, el borde sur del parque sobre la avenida Francisco de Miranda y a lo largo de su frente con el Parque del Este, se ha convertido en una parada longitudinal de autobuses que hacen rutas urbanas e interurbanas. También, sobre lo que hoy es la avenida Rómulo Gallegos, María Isabel nos comentó: “El campo de béisbol es muy activo, ¡la gente ve los juegos recostada de la reja y de sus automóviles estacionados en el borde y además tomando cerveza que venden en los comercios del edificio que está enfrente …!”. Además, que “hay otra cosa interesante: de un lado del campo de juego y lindando con el estacionamiento de la piscina hay un pasaje con un kiosko de mucho éxito y donde se reúne gente … A lo largo del muro altísimo levantado por Odebrecht con unos murales pobrísimos, recientemente aparecieron kioskos que ocupan casi toda la acera (uno de chicha muy exitoso) y al lado de los guardaparques un camioncito viejo pintado de negro con terraza en el techo… vende cochino en todos los formatos y tiene hasta acomodadores de puestos para los carros … ¡Todo un eje de entretenimiento pues …!”.
Claro ejemplo que un pedazo de ciudad rescatado en su momento de la desidia y que el tiempo ha hecho que aparezca de nuevo bajo otro formato, el Parque Miranda muestra hoy la cara de un territorio fronterizo anarquizado y degradado que pide a gritos un rescate que le devuelva la dignidad con la que por muchos años acompañó a su noble vecino el Parque del Este.
ACA
Procedencia de las imágenes
1 y 6-14. «El Parque Miranda o un trabajo en equipo». Revista SVA, nº6 junio-julio 1962.
2 y 3. Irma De Sola Ricardo. Contribución al estudio de los planos de Caracas, Ediciones del Comité de obras culturales del Cuatricentenario de Caracas, 1967.
Una historia profunda de los modelos de lenguaje grandes, y lo que significa su ubicuidad, disrupción y creatividad desde una perspectiva sociopolítica más amplia.
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La novela Las horas claras vuelve gracias a abediciones
Nota de prensa
El sello editorial de la UCAB, abediciones, reeditó en noviembre de 2025 la novela Las horas claras, de la escritora venezolana Jacqueline Goldberg, que llevaba más de una década agotada tras un particular recorrido que la convirtió en un libro de culto entre lectores provenientes de la literatura y la arquitectura.
La novela aborda la historia (entre la ficción y la realidad) de la construcción y destino de la Villa Savoye en Poissy, emblemática casa vacacional encargada en 1928 por Eugénie Savoye al arquitecto suizo Le Corbusier.
Las horas claras obtuvo en 2012 el XII Premio Anual Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana. Una vez editado al año siguiente, con un inusual tiraje de mil ejemplares, el libro se agotó de inmediato, resultó finalista en el Premio de la Crítica a la Novela del Año 2013 y fue ganador del Premio Libro del Año 2014 de los Libreros Venezolanos en la mención narrativa. En 2018, fue reeditado por Primer Cuadro, Casa Editorial de la Universidad Metropolitana de Monterrey, México, con un tiraje de 1.500 ejemplares que también se agotó.
Primera edición, Fundación para la Cultura Urbana, 2013.
«Es una obra contundente tanto por el modo como aborda el tema del habitar, de lo irrecuperable, de la pérdida a través de referencias a la arquitectura y la historia, como por su apuesta formal que se arriesga a cruzar géneros diversos con un estilo y lenguaje de una alta calidad literaria. Se trata de un texto transgenérico en sus modos de cruzar referencias, materiales, tradiciones, géneros, y de una indiscutible originalidad. En definitiva, es un extrañísimo, hermoso, inclasificable híbrido que une poesía, historia y novela», señalaba en 2012 el veredicto del XII Premio Transgenérico, cuyo jurado estuvo integrado por Gina Saraceni, Héctor Torres y Joaquín Marta Sosa.
La contraportada de aquella primera edición fue escrita por Victoria De Stefano, quien también presentó el libro: «En Las horas claras se dan cita la ficción novelesca y la historia, historia real, que es el núcleo y corazón de lo narrado, e historia imaginada, la que se desprende como un convincente pudo habersido de ese punto del pasado revivido y revelado. La historia real: la casa vacacional y fallida, sometida a los avatares de las obras construidas por los humanos a la par o contra la naturaleza y el tiempo, que madame Savoye, Eugénie Thellier de La Neuville, hizo construir en Poissy por el afamado arquitecto suizo y teórico de la modernidad en arquitectura Le Corbusier. En septiembre de 1928 la casa será encargada y empieza en paralelo el viacrucis. Pero como Jacqueline Goldberg, aquí en función de narradora, es poeta, tendremos que las imágenes, los símbolos, las asociaciones, además de la línea verbal y la impulsión afectiva de la frase, que no deja de deberle mucho a su estro poético, nos sirven de hilo conductor y multiplicador de significados entre los altos y bajos y las desgarraduras íntimas de madame Savoye y su proyecto edilicio, un utopos como fuga en el tiempo y el espacio en pos de las horas claras. “La luz, muy importante. Y el aire, libre. Quiero una casa sin tiempo, para el tiempo, ni antigua ni moderna. Quiero que en ella el tiempo quede suspendido”.Pretensión vana: no hay eternidad ni tiempo suspendido para las cosas de este mundo, aparte del definitivo de la muerte. Pues la historia seguirá su camino: la guerra, la ocupación, las persecuciones, las expropiaciones, las desgracias colectivas, el envejecimiento, el desgaste, sin contar con los fenómenos climatológicos, las lluvias, el invierno, los crujidos de las temperaturas en alza o en baja, las erosiones… Invito al lector a que concentre su atención en los símbolos que, como un motivo recurrente, acompañan de principio a fin el arco de vida de madame Savoye y la historia que lo cubre, en particular el más contundente: la oronja verde, también llamada cicuta verde, una bella seta de cuello largo y enorme sombrero, irremediablemente mortífera».
La académica y poeta Gina Saraceni ha dedicado varios trabajos a la escritura de Jacqueline Goldberg y muy especialmente a Las horas claras. En su ensayo «Fallas en la máquina de habitar. Arquitectura, botánica, afecto en Las horas claras de Jacqueline Goldberg» (Pontificia Universidad Javeriana-Bogotá) señala: «Las horas claras es la historia de la vida y de la muerte de una mujer; también es el relato de la construcción y destrucción de la modernidad y de la disputa entre cultura y naturaleza. En ambos casos, y esto es lo que la novela de Goldberg también nos muestra, la literatura es el lugar donde la vida se vuelve una “singularidad irreductible” a cualquier expresión verbal al escribir en los límites del lenguaje y en contra del lenguaje. La literatura es la hierba que está entre las cosas como flujo que conecta y vincula estados y cuerpos, para dar cuenta de la variación de lo viviente y de otros modos de la comprensión que no pasan por los órdenes epistémicos logocéntricos sino que atraviesa la tierra y sus proliferantes raíces […] La novela de Goldberg se convierte en una máquina de escritura que falla, que se descompone, que se interrumpe, que se desvía, que se bifurca, que se abre a otras formas de decir, a otros modos de narrar, a otras maneras de habitar. […] Las horas claras es también una novela sobre el duelo, sobre la pérdida, sobre la imposibilidad de habitar el mundo sin que se nos desmorone entre las manos».
Reedición de la Casa Editorial Primer Cuadro, Universidad Metropolitana de Monterrey, México, 2018.
El poeta y narrador Gustavo Valle señalaba en una nota en el portal Prodavinci: «Las horas claras de Jacqueline Goldberg es un libro escurridizo, inaprensible, desafiante. Un libro que es muchos libros. Su trabajada prosa, llena de precisiones y sutilezas estéticas, busca permanentemente el argumento de un relato que a su vez persigue de manera obsesiva su propia estrategia de narración. Hay pues una tensión constante en lo que se dice y cómo se dice, y esta tensión hace parte constitutiva de la propuesta narrativa de este libro. Al leerlo, nos ocurre algo parecido al recordar un sueño: no contamos con todos los detalles, pero nos queda el nervio con que late la memoria. Incluso el contexto histórico en el que se desenvuelve está dado por pinceladas de paisajes políticos y sociales que laten al fondo con sus contornos deliberadamente desdibujados, lo que otorga al conjunto la fuerza de un cuadro impresionista».
Por su parte, el narrador Héctor Torres apuntaba en una entrevista que le hizo a la autora, publicada en Clímax: «Los libros tienen su vida propia y buscan su propio camino. Y, como los sueños, ensayan sus propias simbologías. Las horas claras ha debido posponer en un par de ocasiones su aparición definitiva. No son pocos los agradecidos lectores que, sin embargo, han encontrado en sus páginas un refugio de sosiego y belleza. Atisbos de un horizonte de mayor claridad. Como el del país, el camino de Las horas claras para consumar su destino ha sido tortuoso y lento. Y, como con el libro, por fatigoso que sea el camino, en algún momento se alcanzará esa luz».
Con esta edición revisada por la autora, Las horas claras regresa para reafirmar su lugar entre las obras más originales de la literatura venezolana contemporánea. Su vigencia, como la de la casa que la inspira, abre otros modos de narrar y habitar, y ofrece un refugio de sosiego, belleza y claridad.
La autora
Nacida en Maracaibo en 1966, Jacqueline Goldberg es Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad Central de Venezuela y licenciada en Letras por la Universidad del Zulia. Su pasión por el estudio la ha llevado a cursar diversos diplomados: en Metodología de la Investigación, Gerencia Cultural y Alimentación y Cultura en Venezuela. En 2018, participó como escritora residente en el Programa Internacional de Escritura de la Universidad de Iowa.
Su obra, deliberadamente inclasificable, transita la narrativa, la poesía, la autobiografía y la literatura infantil. También se ha desempeñado como editora y gestora cultural.
Entre sus publicaciones recientes destacan los poemarios Noi, i salvati (Valigie Rosse, Pisa, 2025, traducido por Flavio Fiorani) y Mata de nervios (Oscar Todtmann Editores y Banesco, Caracas, 2025 / Frailejón Editores, Medellín, 2024); la antología Al otro lado del clima. Antología poética personal 2021-1986 (LP5 Editora, Santiago de Chile, 2022); el libro de crónicas Ochenta días en Iowa (Editorial Eclepsidra, Caracas, 2021); la novela Destrucción, ten piedad (Varasek Ediciones, Madrid, 2021); y el premiado y reeditado libro infantil Pitchipoï (Tragalulz, Medellín, 2019).
Su obra autobiográfica, El cuarto de los temblores (Oscar Todtmann Editores, Caracas, 2018), está siendo reeditada por la Universidad CES en Medellín y traducida al italiano por Laura Alicino como Una stanza per tremare para Edizioni Formarti en en Lombardía, Italia.
Nota
Agradecemos enormemente a Jacqueline Goldberg la información que nos enviara y que aquí hemos publicado.
ACA
Nos interesan temas relacionados con el desarrollo urbano y arquitectónico en Venezuela así como todo lo que acontece en su mundo editorial.