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LA NOTICIA DE LA SEMANA

Tenemos ganadores del Concurso de Ensayos “Caracas 1567-2017”

El pasado lunes 9 de octubre el jurado evaluador del Concurso de Ensayos «Caracas 1567-2017», integrado por Rafael Arráiz Lucca, Marco Negrón y Juan Pedro Posani, Miembros Honorarios de la Fundación Arquitectura y Ciudad, decidió por unanimidad, luego de revisar los 15 trabajos entregados e intercambiar opiniones al respecto, otorgar el Primer Premio al texto titulado «Posciudades. Manual de uso para ciudadanos nostálgicos y esquizofrénicos», firmado con el seudónimo “Un peatón del aire”. Asimismo decidió otorgar el Segundo Premio al ensayo «TRANSICIONES. Tiempos, espacios, ciudades y ciudadanos en la ciudad de Caracas», identificado con el seudónimo “Eugenio Barazarte”.

Develadas las identidades de los ganadores podemos informar que el Primer Premio le correspondió a Diego Augusto Rojas Ajmad, profesor del Centro de Investigaciones y Estudios en Literatura y Artes (CIELA) de la Universidad Nacional Experimental de Guayana (UNEG), en Puerto Ordaz, Estado Bolívar. El Segundo Premio recayó en Enrique Larrañaga, arquitecto de la Universidad Simón Bolívar, Caracas, profesor titular de dicha universidad y Master of Environmental Design, Yale University.

El profesor Rojas Ajmad según nos revela en la breve nota biográfica enviada, es autor de varios libros y artículos de investigación relacionados con temas de historia, teoría y crítica literarias. En 2006 ganó el premio único de la Bienal de Ensayo Enrique Bernardo Núñez por el trabajo «Mundos de tinta y papel. La cultura del libro en la Venezuela colonial», publicado por la Editorial Equinoccio, de la Universidad Simón Bolívar (2007). Adicionalmente, ha publicado los libros Estampitas merideñas (2010), Revista válvula: edición facsimilar (2011) y Para una historia literaria desde la complejidad. La historiografía de la literatura venezolana y sus tramas (2017). Actualmente es candidato a doctor por la Universidad de Los Andes.

Como resumen del texto con el que ha ganado el Concurso de Ensayos, Rojas Ajmad señala: “‘Posciudades. Manual de uso para ciudadanos nostálgicos y esquizofrénicos’ es un ensayo que reflexiona acerca de la pérdida de los valores identitarios de la urbe, pérdida que transformó a la ciudad y la llevó de ser un lugar natural de modernización, razón, bienestar y progreso a un contexto distópico de desasosiego y pesadumbre. Se parte de la idea de que las formas de la ciudad no son un simple y azaroso elemento físico exterior, sino que están en realidad configuradas por la subjetividad y por lo tanto íntimamente vinculadas a nuestra cultura. Lograr entender ese nuevo lugar que seguimos llamando ciudad –quizás por no tener otro nombre y que aquí designamos como posciudad– pasa por auscultar sus signos ya no en los manuales de urbanismo y arquitectura, que dan cuenta de una urbe que ya no es, sino en los enigmáticos pliegues del arte, la música y la literatura de hoy”.

Enrique Larrañaga quien en su currículum abreviado indica que ha sido invitado a diversas universidades del país y del continente además de actuar como conferencista y expositor en distintos eventos nacionales e internacionales, y que prefiere pensarse como «ciudadano en permanente estudio de la materia y esperando no llegar a graduarme nunca …», es autor de los libros LO ÓPTICO Y LO HÁPTICO. Obras y proyectos de Enrique Larrañaga y Vilma Obadía (1998) y CASA AMERICANA (2003). También ha firmado numerosos ensayos y capítulos en libros nacionales e internacionales entre los que destacan: “La Ciudad Universitaria de Caracas y la arquitectura moderna venezolana” en OBRAS DE ARTE CIUDAD UNIVERSITARIA DE CARACAS (1992), “De la paradoja a la multiplicidad” en SANTIAGO DE LEÓN DE CARACAS, 1567-2030 (2004) y “Education in the  already present future” en PROJETAR 2015 (2015). Ejerce la profesión en sociedad con Vilma Obadía con quien ha elaborado trabajos de variada escala y propósito y ha participado en numerosos concursos nacionales e internacionales en los que ha obtenido variados premios y reconocimientos.

Larrañaga acota sobre su ensayo lo siguiente: “Las transiciones, en sus distintas acepciones y manifestaciones (políticas, culturales, urbanas y arquitectónicas), se exploran a partir de acontecimientos del último siglo y medio de Caracas y de las distintas ciudades que en ese tiempo se han formado en ella, (…) cuyas contradicciones ayudan, sin embargo, a entender esta colección de fragmentos que habitamos, los modelos que cada sección evoca y los procesos que los generaron.

Se distinguen momentos políticos significativos y sus acciones o ausencias en la ciudad; las oleadas de inmigración y sus aportes al tejido cultural caraqueño; propuestas urbanas emblemáticas y, como modelos de formas distintas de manejar las transiciones espaciales, los proyectos para ‘El Silencio’ y la Ciudad Universitaria de Caracas de Carlos Raúl Villanueva.

Si el siglo XX comenzó en Venezuela en 1935 (Mariano Picón Salas dixit), se aspira sepamos enfrentar las transiciones que nos aguardan cuando, finalmente, accedamos al siglo XXI; un arribo nuevamente postergado por vicisitudes políticas”.

El acto de premiación, dadas las actuales condiciones del país, seguramente se transformará en oportunidad para contar con la presencia en Caracas durante el mes de noviembre del ganador quien junto al segundo premio se han ofrecido para conversar acerca de los tópicos tratados en sus respectivos ensayos. La Fundación Arquitectura y Ciudad además de congratular a los galardonados, agradecer la fundamental colaboración del jurado, valorar el alto nivel de los trabajos entregados y congratularse por el éxito del concurso, anuncia desde ya que institucionalizará con periodicidad anual el llamado a un evento de similares características abierto a todas las disciplinas y a múltiples visiones cuya temática versará sobre temas que le competen. Ahora nos corresponde cumplir con el compromiso de publicar en el transcurso de un año los textos ganadores, tal y como ofrecimos en las bases del concurso, apostando a su éxito editorial. Calidad les sobra.

ACA

ALGO MÁS SOBRE LA POSTAL nº 83

El Hotel Prado del Río (o Prado Río) que Tomás José Sanabria proyecta en 1954 con la colaboración de Julio Volante a las afueras de la ciudad de Mérida, al igual que el Llano Alto (ver Contacto FAC 44, 10-09-2017), ofrece, dentro del grupo de 12 nuevas instalaciones de la “Red Hotelera Nacional” gestionadas directamente por la CONAHOTU, la oportunidad de detectar una clara proximidad entre lo regional y lo internacional o, en otras palabras, encontrar en las entrañas de lo local la presencia de lo universal.

Sanabria, quien completa su formación como arquitecto en Harvard University y regresa a Venezuela en 1947, realiza entre 1949 y 1953 en sociedad con Diego Carbonell (graduado en el MIT en 1944) una interesante y variada experiencia que marcará una importante etapa en su carrera, pues en ella se conjugarán los principios funcionalistas y racionalistas adquiridos en los Estados Unidos con las referencias a las formas, los materiales y los sistemas constructivos de la arquitectura tradicional venezolana. A esta etapa y como parte de esa conjunción pertenecen una serie de hasta doce viviendas unifamiliares (de las que se construirán siete), verdadero laboratorio en la que estos arquitectos pusieron además en práctica criterios de confort ambiental que se prolongarán (al menos en el caso de Sanabria) a lo largo de toda su carrera. La utilización de dispositivos de protección climática y la integración organicista entre arquitectura y paisaje se sumarán a la de cubiertas inclinadas, onduladas, grandes aleros, combinación de materiales texturados con frisos lisos y diseño de ventanas en las que se cumple el propósito por un lado de iluminar y ventilar y por el otro de protegerse del sol y la lluvia, todo lo cual dota de un particular carácter a esta experiencia. Ella, además, permitirá a Juan Pedro Posani introducir el capitulo titulado “La arquitectura populista” en Caracas a través de su arquitectura (1969).

Por su parte Julio César Volante, arquitecto argentino egresado de la Universidad de Buenos Aires, arriba a Venezuela en la década de los años 50 (Reválida FAU UCV promoción 16F/1967), realiza un Master of Science en la Universidad de Columbia y desarrolla en nuestro país una dilatada trayectoria docente y profesional, llegando a ser Jefe de Taller de Composición en la FAU UCV y profesor invitado en la USB. En 1954 se asocia puntualmente con Sanabria para la realización del diseño del hotel Prado del Río correspondiéndole redactar la breve nota que aparece en la revista Integral nº 6 como acompañamiento de la presentación del proyecto en toda su extensión. Cabe acotar que Volante, quien siempre se caracterizó por realizar una arquitectura donde lo funcional, traducido en corrección técnica y racional diseño estructural, cobró un claro protagonismo, justamente proyectó ese mismo año para la empresa C.A. Urbanizadora Colinas de Bello Monte, cuyo propietario fue el empresario venezolano Inocente Palacios, la Concha Acústica de dicha urbanización, llamada en su momento a ser sede artística de la Orquesta Sinfónica Venezuela.

1. Ubicación dentro de la ciudad

Así, cuando Sanabria se separa de Carbonell ya tiene, por tanto, labrado un importante surco dentro de sus prioridades a la hora de proyectar edificios, gobernado por la consideración de las variables que hemos mencionado que seguramente se complementó con los conocimientos aportados por Volante. De esta manera al contratársele en 1954 (al año siguiente de ser nombrado Director de la Escuela de Arquitectura de la recién creada Facultad de Arquitectura y Urbanismo) el diseño para el hotel Prado del Río, a localizarse en la entrada este de la ciudad de Mérida, no duda en hacer una proposición que toma en cuenta las condiciones topográficas del terreno, la vegetación, el clima templado de la zona y la tipología proveniente de los esquemas de las casas de hacienda tradicionales merideñas. Todos ellos cobran cuerpo a través de una solución extendida, formada por volúmenes separados de acuerdo a su función, organizados dentro de una estricta ortogonalidad e interconectados a través de pasillos techados, en la que la altura no sobrepasa nunca los dos pisos y donde contrasta la campestre quietud exterior con el dinamismo espacial de los bloques que albergan las actividades sociales. La idea de crear grandes «islas funcionales» que permitieran separar el área de motel (conformada por 15 viviendas o cabañas previamente construidas cuyo destino original era servir de residencias para una colonia vacacional obrera a ubicarse en el terreno) de las habitaciones del hotel (13 y dos suites), generando áreas comunes a ambas, se halla claramente expresada en la planta de conjunto.

2. Corte longitudinal del conjunto
3. Planta de conjunto

El Prado del Río, cuya perspectiva aérea protagoniza la postal del día de hoy, es un hotel para ser paseado y para que el paseante en el camino sea sorprendido. Su composición, en función de un eje que sigue la dirección de la pendiente del terreno hacia el río Milla, presenta en su extremo sur (inicial) el volumen que contiene en planta baja la recepción, administración y comercios y en planta alta las habitaciones en contacto directo con el acceso, y en el extremo norte (final) la piscina como remate. Otro eje perpendicular ubicado en plena zona recreacional une el cuerpo donde funcionan el bar, estar, fuente de soda, dancing y comedor, con el que alberga la sala de juegos.

4. Izquierda: Cuerpo sur con recepción y comercios en planta baja y habitaciones en la planta alta. Derecha: patio interior
5. Izquierda: interior de el salón de juegos. Derecha: pasillo cubierto que une el salón de estar con la recepción

Recorrer este hotel significa disfrutar por un lado del paisaje y por el otro de una arquitectura de rasgos tradicionales. También significa gozar del contacto con la vegetación y los materiales del lugar, de la transición, la sombra y la combinación de la estructura de madera de los techos con elementos metálicos para las vigas y columnas, de la pequeña escala de los pasillos, corredores o balcones y de las grandes luces de los locales sociales, del valor de la línea recta por su contraste con la inclinada. salón

6. Vista del volumen correspondiente a las áreas sociales desde la piscina con la Sierra Nevada al fondo
7. Cuerpo norte. En planta baja: estar, bar y fuente de soda. En planta alta: dancing y comedor

Son muchas, por tanto, las similitudes que ofrece el Prado del Río con el Llano Alto (Carpio & Suárez, 1954-56) en cuanto a la actitud asumida por los respectivos arquitectos, y de ambos con las experiencias que en Brasil realizó Lucio Costa en los hoteles de Ouro Preto (1940, junto a Oscar Niemeyer) y Friburgo (1944), tomadas también en cuenta por Fruto Vivas al proyectar el Moruco (1955-56), como parte de la “Red Hotelera Nacional”. En todos los casos se reafirma una clara vocación de reinterpretación del lenguaje local y adaptación a las condiciones del sitio de un programa resuelto dentro del espíritu de la modernidad.

El Prado del Río que abrió sus puertas en 1956, pasó un largo período de decadencia (similar al de muchos de los construidos durante la década de los años 50 del siglo XX), para luego ser convertido en 1988 en hotel-escuela destinado a la formación de jóvenes con vocación hacia la hotelería y el turismo que cursan sus estudios en el Colegio Universitario Hotel Escuela de los Andes Venezolanos, quienes bajo la premisa de «aprender haciendo» llevan a cabo actividades administrativas y de servicio dentro de la instalación. El número de cabañas se ha incrementado a 84 y recientemente ha sido remodelado, ampliados sus servicios y actualizadas algunas de sus instalaciones.

ACA

Procedencia de las imágenes

Revista Integral, nº6, 1957

NOVEDADES EDITORIALES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

CARACAS EN 450

Un homenaje a Caracas en su aniversario

Mirelis Morales Tovar (compiladora)

Biblioteca Digital Banesco

Colección: Patrimonio

2017

El Proyecto #CcsEn450 (http://caracasen450.com/) que lleva adelante la periodista Mirelis Morales, fue creado a comienzos de año para conmemorar los 450 años de la fundación de la ciudad rindiéndole homenaje, ya que “puede que muchos nos quedemos con las ganas de celebrar su quincentenario”. Mirelis, a quien le encanta vivir su oficio “como un servidor público” y que por ello “recorre la ciudad en busca de buenas historias para compartir”, convencida de que “sólo fomentando el sentido de pertenencia tendremos menos habitantes y más ciudadanos”, se planteó el reto de completar para antes del 25 de julio, fecha del aniversario de Caracas, una recopilación de “450 maneras de vivir la ciudad ya sea a través de sus lugares, sus personajes, sus restaurantes, su historia, sus curiosidades y demás datos peculiares, para publicarlas en un libro que perfectamente podrá servir como una guía de la ciudad”. Y lo logró. CARACAS EN 450 es el fruto.

Como ella misma señala en el prólogo: “Este libro es una dosis de ‘caraqueñidad’. Sus 450 historias concentran la esencia de nuestro gentilicio, pues sus páginas responden entre líneas a las preguntas de dónde venimos, qué somos y hacia dónde queremos ir.

Trajimos de vuelta las anécdotas de nuestros tiempos de grandeza. Aquellas que hablaban de la ciudad más prometedora de América Latina. No con intención nostálgica, sino con el propósito de concientizar sobre el potencial humano y creativo que existe en Caracas, el cual constituye un patrimonio tangible y valioso para los años de reconstrucción que están por venir.

Hicimos una selección de lugares de interés y de espacios públicos para guiar a los lectores a un reencuentro con la capital y, de esa manera, romper con el cerco que ha impuesto la violencia. Esta lista constituye una invitación a salir en grupo para retomar los parques y las plazas, donde se produce naturalmente el encuentro con el otro, donde nos identificamos, compartimos y retroalimentamos como ciudadanos.

Sacamos a relucir los grandes aportes que ha hecho un grupo de venezolanos –unos de nacimiento, otros de corazón– en el desarrollo de esta ciudad. Reconstruimos sus historias de vida y resaltamos sus contribuciones, con miras a que las nuevas generaciones conozcan a quienes impulsaron a Caracas a convertirse en una metrópoli. Y así, no pase al olvido el esfuerzo de personalidades como José González Lander, Sofía Ímber, Roberto Burle Marx, Tomás Sanabria, William Niño Araque, entre tantos otros.

Reunimos los sabores más representativos de nuestra mesa, como un homenaje al esfuerzo que realizan cientos de familias que están detrás de cada restaurante de la ciudad. A simple vista podría parecer una guía de gastronomía, pero los relatos que reunimos en esta sección hablan más bien de emprendimiento, de herencia culinaria, de tradición familiar, de comunidades de inmigrantes, de fusiones y, sobre todo, de superación.

Visibilizamos la labor de organizaciones civiles, que han encontrado en la capital su razón de ser y que su mayor retribución consiste en aportar en la construcción de una Caracas más amable. El surgimiento de estos grupos nos hacen creer que existe una nueva conciencia dentro la sociedad, que impulsa a los caraqueños a ser cada vez más ciudadanos y menos habitantes.

Estas páginas constituyen un homenaje a la ciudad que ha delineado nuestra manera de ser y que ha determinado nuestra relación con el mundo a partir de sus marcos de referencia. Pero, al mismo tiempo, estas 450 historias responden a un momento país que nos obliga, como venezolanos, a hacer un aporte con miras a un proceso de reconstrucción. Como periodistas, sentimos además la responsabilidad de buscar puntos de encuentro, de conseguir caminos que nos lleven a la reconciliación y de hallar aquello que nos haga sentir un mismo pueblo.

Y creemos que nuestro sentido de pertenencia, ese que nos hace sentir caraqueños, puede ser ese lugar que marque el comienzo de lo que vendrá”.

CARACAS EN 450 forma parte de la Biblioteca Digital Banesco y puede ser descargado libremente en http://www.banesco.com/somos-banesco/colecciones/patrimonio/caracas-en-450-un-homenaje-a-caracas-en-su-aniversario.

ACA